Capítulo 3:
Compras.
"Agua cien por ciento purificada" Se leía en el estante que contenía sinfín de botellas de agua de distintos tamaños, formas y nombres.
-Mira esto, Cruella, es agua en una botella que no es de cristal ni de piel.
-Bueno, mete varias, ¿Qué esperas? – Ordenó señalando el interior del carrito de súper mercado. De no ser porque habían observado a tres mujeres y dos hombres adultos tomar un carrito antes de incursionar en la tienda no habrían sabido dónde poner las cosas.
-¿Crees que con cuatro sea suficiente para llegar a Boston? – La mujer se las apañaba para detener cuatro galones de agua con sus dos brazos mientras le mostraba.
-No tengo idea, sólo mete el agua y camina, la gente nos mira… Oh… observa. –Señaló al horizonte, sorprendida. –Esa pintura en el techo, es una criatura como Lilly bebiendo de una botella con un… cosa. -¡Hey! –Gritó causando sobresalto en una mujer con un infante en su carrito de compras. -¿Dónde consigo uno de esos?- Inquirió señalando la publicidad en el techo.
-¿Un bebé? –La mujer inquirió sin entender.
-No, el frasco del que bebe.
-Oh… claro, claro, en el siguiente pasillo. –Respondió un tanto sorprendida por el enorme abrigo blanco y negro de Cruella y sin hacer otro comentario siguió caminando.
-¿Por qué en este mundo hay tantas variedades de la misma cosa? –Quiso saber Úrsula mientras sostenía dos marcas distintas. -Esta dice "La mejor opción para su bebé" ¿Qué opinas?
-Son exactamente iguales.-Exclamó exasperada. –Estoy segura de que no importa… oh… ropa, ropa pequeña, Úrsula, como Lilly. –Mientras caminaba se daba cuenta de que la sección de ropa infantil parecía no tener fin. –Creí que tendríamos que comprar tela y hacerlo nosotras mismas. – Declaró metiendo un par de conjuntos de color rojo, blanco y negro, vestidos y zapatos, abrigos y cobijas. –Aquí hay un bolso grande "Pañalera", ¿Por qué el bolso tiene un nombre diferente? ¿La mujer dijo que debíamos comprar pañaleras?
-Creo que dijo pañales…
-¡Hey tú! – Le gritó a uno de los dependientes de chaleco azul que contenía el logo de la tienda. -¿Dónde están los pañales?
-Pasillo siete, señora. – La mirada del joven era baja y temerosa ante la fuerte voz que imponía Cruella.
-Escuchaste al joven, vamos al pasillo siete. –Indicó mientras empujaba y al llegar al se dieron cuenta de que era igual que con el agua y las botellas: Sin fin de formas, tamaños y empaques.
-Estos dicen "Recién nacido", llevemos estos Cruella.
-¿Qué más falta?
-Leche de fórmula. Sea lo que sea que eso signifique… No grites, no quiero que llamemos más la atención. - ¿Disculpe? Leche de fórmula para bebé. –Le preguntó a una dama que trataba de decidir entre Huggies y Pampers (al parecer nisiquiera las personas de este mundo se adaptaban a la inmensa variedad).
-Claro, al final del pasillo. –Sonrió al verlas tan comprometidas con el asunto. Lilly finalmente se había cansado de llorar, o tal vez no tenía más energía para hacerlo y la pequeña, aun sin ropa se limitaba a succionar su puño y a gemir con suavidad.
-Gracias, una pregunta más: ¿Cuál debemos comprar para un recién nacido?
-Le recomiendo la de la tapa azul y el empaque dorado, si su bebé es muy chico consíganla en "Etapa inicial".
-Lo tengo. –Respondió mientras caminaba hasta el fondo del pasillo y se apresuraba con la lectura de latas de leche. –Aquí esta, ¿Nos falta algo más?
-No tengo idea…
-Oh… esto tiene sentido. –Declaró aún con la lata en sus manos y leyendo las instrucciones.
-Saca una botella especial para bebés de su empaque. –Solicitó mientras ponía la lata en el interior y sacaba un galón de agua. –Sostenla, la llenaré.
-¿Le vas a dar agua a la criatura?
- No, voy a preparar la formula, es como hacer una poción. - A penas tuvo la botella llena de agua, se dispuso a abrir la lata y poner cuatro cucharadas de fórmula antes de cerrarlo y agitar. -¿Ves? Tal como el cuadro en el techo, ponlo en su boca, veamos si funciona. –Le pidió con seguridad y Cruella tomó el frasco y lo puso sobre los diminutos labios de la niña quien al instante empezó a succionar con fuerza, bebiendo lo más rápido que su pequeño ser le permitía.
-Oh vaya, funciona. –La voz de la mujer dejaba sonar su impresión mientras la alimentaba.
-Bien, al parecer todo viene con indicaciones. –Mira, los pañales dicen que el dibujo va al frente. –Explicó sacando uno del empaque y se lo colocó lo mejor que pudo sin retirarla de los brazos de su compañera. -¿Le ponemos un traje?
-¿Tu qué crees? No es de gente decente ir por la vida desnuda. Ponle ese vestido suave de color negro, yo detengo sus hombros y tú la metes.
-No lo creo… la puedo vestir en esa posición en la que está. –Dijo mientras le quitaba la etiqueta al vestido y lo metía por las diminutas piernas y enseguida los brazos. –Enderézala un poco para abotonar y estará lista.
-¿Lo tienes?
-Lo tengo. –Le hizo saber mientras le permitía recostarla de nuevo y la envolvían en una de las mantas que habían tomado. –Bien, estamos listas para ir a pagar por lo que hemos usado.
-Bien, no soporto este lugar, es demasiado brillante. –dijo mientras le entregaba a la niña que aún comía y empujaba con ambas manos el carrito. –Ohhh chocolates. –Exclamó tomando las golosinas que guiaban a la caja. –Quiero todo esto. –le hizo saber al cajero.
-Muy bien madame, ¿Algo más? Claro, todo esto. –Expresó mientras sacaba del compartimento el empaque abierto de pañales, las botellas de agua… e incluso a la pequeña para que identificara el vestido que le habían puesto.
-Oh… vaya, bien, le sugiero que la próxima vez espere a salir de la tienda antes de empezar a hacer uso de los productos…. Claro solo es una sugerencia. –Concluyó intimidado ante la desaprobación de ambas mujeres.
