N/T: Para los que aún no se han dado cuenta, cada capítulo tiene por nombre el título de una canción de Bon Jovi.
CAPÍTULO 1. DESTINATION ANYWHERE
Hogsmeade. 1977.
Sirius suspiró mientras se apoyaba en la pared de la librería, esperando a que Remus comprara el libro que tanto había estado esperando. El Merodeador del pelo negro se alegraba de que su amigo por fin pudiera permitirse el lujo de comprar dicho libro, tras numerosos intentos por parte de Sirius y James de ofrecerle un préstamo, los cuales fueron rechazados por el hombre lobo. James y Peter habían abandonado a Sirius y Remus y estaban en esos momentos comprando todos los dulces que podían de Honeydukes, que se encontraba al otro lado de la abarrotada calle llena de estudiantes preparándose para el verano.
Vestido con unos vaqueros negros y una chaqueta azul de pana para combatir la brisa fría de la primavera, el pelo negro de Sirius caía en capas sobre sus hombros, flotando ligeramente por el viento. Para un desconocido, aquel alumno de casi séptimo año parecía relajado sobre la polvorienta pared del edificio. Sin embargo, si uno se fijaba con más atención en la posición de sus hombros, la ligera inclinación de cabeza y en su mandíbula, vería que la aristocracia corría por sus venas.
Sirius sonrió y guiñó un ojo a algunas chicas de quinto año de Hufflepuff, quienes rieron sofocadamente y apartaron la mirada mientras pasaban de largo. Él continuó mirando esperando que le devolvieran la mirada de nuevo y rió entre dientes cuando la chica rubia del grupo giró la cabeza y captó su mirada mientras giraban por una esquina.
—Eres incorregible, Canuto. —dijo Remus saliendo de la librería con una bolsa en la mano y una sonrisa irónica dibujada en la cara.
Sirius le dedicó una sonrisa arrogante a su amigo.
—No es culpa mía si les gusta mirarme.
—No. —dijo Remus dándole la razón mientras comenzaban a caminar hacia la salida de Honeydukes para encontrarse allí con James y Peter. — Pero no hace falta que las animes.
—Pero Lunático, entonces no es tan divertido. —respondió Sirius, palmeando a su amigo en el hombro y mirando a dos chicas de séptimo mientras pasaban por su lado saboreando su última visita a Hogsmeade.
Remus puso los ojos en blanco a la vez que llegaban a la tienda de dulces. Era un poco más alto que Sirius, habiendo sorprendido a sus amigos por el estirón que había dado el delgado adolescente de dieciséis años durante el último verano.
Alto y delgado, Remus era diferente a Sirius. No había aristocracia en él como en su amigo (quien trataba, sin suerte alguna, esconderla), y la desgarrada túnica marrón que llevaba puesta daba fe de ello.
—Hay más cosas en el mundo además de diversión. —comentó Remus, sonriendo a Lily Evans mientras pasaba por su lado. La pelirroja le devolvió la sonrisa antes de hacer una ligera mueca al ver a Sirius.
—Evans. —la saludó Sirius, asintiendo y guiñándole un ojo coquetamente.
—Black. — Le devolvió el saludo la bruja. —¿Potter está ahí? —preguntó, señalando Honeydukes.
—¿Ahora te interesa saberlo? —preguntó Sirius, levantando de forma elegante una ceja.
Lily se giró hacia Remus y esperó a que le respondiera.
Remus asintió.
Bien, entonces—dijo Lily girándose hacia otra dirección—que tengáis un buen verano, chicos.
Sirius y Remus vieron cómo se alejaba.
—Volverá. —comentó Remus mirando hacia la tienda mientras James y Peter salían.
—Me gustaría ver llegar ese día. —contestó Sirius. —¿Todo bien, Cornis? —preguntó cuando James y Peter llegaron hasta ellos. —¿Hechizado por Evans, como siempre?
James sonrió, metiendo la mano en su mochila y lanzándole una barrita de Honeydukes a Remus.
—Primero, nada de Cornis. Es Cornamenta. Y segundo, las cosas van mejorando con Evans.
Remus levantó una ceja. —Oh, ¿y a qué te refieres cuando dices que las cosas van mejorando?
La sonrisa de James creció. —Bueno, Lunático, mi peludo amigo, Evans dijo que yo, James Harold Potter, tenía la sensibilidad de una maceta, así que debo decir que esa es una enorme mejora. Al menos si comparamos con la semana pasada.
Sirius sonrió ante estas palabras mientras sus ojos grises brillaban con picardía. —Estoy de acuerdo contigo. Eso es una gran mejora después de que casi te lanzara una biblioteca entera a la cabeza. Perdí la cuenta de todos los libros que te tiró en la Sala Común la semana pasada.
—Mira, Canuto, creo que a ti te golpeó uno directamente en la cabeza. —respondió James golpeando afectuosamente el hombro a su amigo.
—Bueno, con todo este progreso, yo creo que tendrás a Evans... dentro de cincuenta años. —le dijo Sirius.
James miró a su amigo.
—Gracias por el apoyo, Sirius.
—De nada, tío.
Antes de que James pudiera responder, Sirius y Remus ladearon la cabeza simultaneamente.
James y Peter intercambiaron una mirada y esperaron. Quizás los caninos habían oído un conejo en un arbusto o un pájaro comenzando a volar.
—¿Lunático? —preguntó Peter, el más bajo de los merodeadores. —¿Qué ha sido eso?
—¿No podéis oírlo? —preguntó Sirius sacudiendo la cabeza como si intentara deshacerse de una pulga.
James frunció el ceño y sacó su varita por si estaban en peligro.
—Mierda. —dijo Sirius, parpadeando mientras una brillante luz blanca inundaba el cielo.
—¿Sirius? —lo llamó James, de cuclillas en el suelo. —¡No puedo ver nada!
—Ooff.
—¡Sirius! —gritó Remus mientras la luz se desvanecía. A su alrededor había magos y brujas con las varitas levantadas, preguntándose qué ocurriría cuando aquella luz desapareciera por completo.
James, Remus y Peter se enderezaron y vieron a Sirius con una bruja que no conocían en los brazos.
—¿Sirius? —preguntó James. —¿Estás bien?
—Siempre he dicho que las chicas me caen del cielo, pero nunca pensé que ocurriría literalmente.
Remus suspiró, en cuclillas junto a sus amigos.
—Está bien. Sigue siendo un idiota pero no lo han herido. —murmuró mientras llegaba hasta él y retiraba los rizos de la cara de la bruja.
Tenía los ojos cerrados y la piel pálida. Sirius sintió que su ropa estaba húmeda y se movió ligeramente para revelar su mano, roja y pegajosa de sangre.
—Necesitamos llevarla a Hogwarts —dijo mientras los demás miraban con horror la sangre de su mano
—¿Qué ha ocurrido? — preguntó Peter mientras Remus y James ayudaban a Sirius a levantarse.—¿De dónde habrá venido?
Movió a la bruja en sus brazos en una posición más cómoda y comenzó a caminar hacia la escuela.
—No lo sé. —respondió Sirius. —Pero estoy seguro de que Dumbledore sí, así que vamos al castillo.
Cuando empezaron a caminar, Sirius sintió que la bruja se sacudía y de repente saltó de sus brazos, quedando de pie y apuntando con la varita a los cuatro merodeadores.
—¿Dónde está Harry? —preguntó parpadeando e intentando mantener el equilibrio.
—No sabemos quién es Harry. —respondió James cogiéndole las manos para calmarla. A su lado, Remus metió la mano en su bolsillo para tocar su varita mientras Peter imitaba a James.
—Estás herida. Necesitamos llevarte a la enfermería.
—¿La enfermería? —preguntó. Se llevó una mano al corte de su cara y se contrajo de dolor. —¿Dónde están Ron y Harry?
—No lo sabemos. —repitió Sirius, dando un paso hacia ella.
—¡NO! —Gritó, apuntando a Sirius con la varita, haciéndolo parar y levantar las manos para que las viera. —¿Quién eres?
—Me llamo Sirius. —comenzó señalándose a sí mismo y después a los demás conforme los iba presentando. —Y estos son mis amigos James, Remus y Peter.
La brujo se quedó inmóvil con los ojos entrecerrados mientras intentaba visualizar las caras que tenía frente a ella. Parpadeó negando con la cabeza mientras sus rizos ondeaban alrededor de su cara.
—No. —susurró aflojando los dedos alrededor de la varita mientras vio que el mundo empezaba a girar.
Sirius saltó hacia delante y la cogió antes de que cayera al suelo desmayada.
