CAPÍTULO 4. SUEÑOS Y UNA PRUEBA DE VERANO.

Hermione miraba su reflejo en el espejo del baño de Lily y apenas se reconocía. Atrás había quedado la bruja adolescente cuyos ojos brillaban de un modo especial. En el lugar de la antigua Hermione se encontraba una joven que tenía un gran corte en la mejilla y otro en la ceja izquierda. No eran sus cicatrices de batalla lo que más la afectaban, sino su mirada. Lo que expresaban sus ojos la impresionó en un principio. El brillante color chocolate parecía haber sido reemplazado por uno avellana claro.

"Esto es lo que debe sucederle a la gente que ha perdido a un ser querido." pensó. Lo había notado también en los ojos de Sirius. El Sirius joven tenía los ojos brillantes en comparación con el Sirius que ella conocía.

La Hermione lógica trataba de evaluar la situación. Debía haber algún motivo que no había encontrado aún por el cual no había podido llorar.

Un sollozo escapó de su boca, pero las lágrimas no cayeron, mientras su mente vagaba por los recuerdos de la batalla. Todavía no había llorado, y se preguntaba si se había vuelto insensible o indiferente. Quería llorar, pero encontraba imposible liberar las lágrimas. Simplemente no salían.

Regresó silenciosamente a la habitación que compartía con Lily. La otra chica le sonrió cuando entró y se sentó sobre la cama que los padres de Lily habían trasladado para ella.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó Lily.

—Sola —se escuchó responder.

Lily golpeó su cabeza por esto y con los ojos llenos de preocupación le ofreció:

—Sé que no me conoces bien, pero si quieres hablar estaré aquí para escucharte, ¿vale?

Hermione le ofreció una pequeña sonrisa. —Gracias —dijo tranquilamente mientras se acostaba y deseaba que esa noche pudiera descansar.


El pacífico sueño de Lily fue interrumpido a tempranas horas de la mañana por gritos ahogados del otro lado de la habitación.

—Hermione —dijo Lily y la sacudió levemente. —Despierta —la sacudió un poco más fuerte. —Venga, Hermione, despierta.

Hermione se revolcaba en su sueño. —¡NOOOOOOOOOOOOO! —gritó y se levantó de golpe. Sus ojos estaban como platos y su corazón latía muy deprisa.

—Está bien, solo ha sido un sueño, solo un sueño —le dijo Lily tranquilizándola mientras abrazaba a la temblorosa joven.

—Los mataron. —susurró Hermione.

—Está bien, tranquila. Trata de no pensar en ello —dijo Lily con la tentativa de calmar a Hermione.

—Los Mortífagos atacaron a los estudiantes. Mataron a uno de mis mejores amigos —susurró Hermione. —Duele tanto. —gimoteó.

—¡Oh, Hermione! Lo siento mucho. Vamos, túmbate y trata de descansar un poco —dijo Lily.—Me quedare contigo hasta que te duermas.

Hermione se recostó lentamente. Sus ojos no encontraron nada interesante en lo que centrarse. —¿Quieres saber lo peor de todo? —le preguntó a Lily. Cuando llegó la falta de respuesta dijo: —Ni siquiera puedo llorar por mis amigos.

—Eso es porque aún estás en shock.—Lily comenzó a hablar pero se dio cuenta de que Hermione se había vuelto a dormir.— Oh, Hermione, ¿Qué es lo que te ha pasado?— le susurró a la muchacha dormida. Se levantó y se dirigió silenciosamente a su propia cama.


Durante las próximas semanas Hermione y Lily se hicieron más amigas y Hermione comenzó a comprender por qué la gente de su tiempo idolatraba a la pelirroja. Descubrió también que tenían mucho en común cuando estaban estudiando un día en el jardín para su prueba de aparición.

Lily se rió de repente. Hermione la miro extrañada y la pelirroja habló; —Apuesto lo que sea a que los chicos aún no han estudiado para esto —reflexionó.

Hermione levantó una ceja. —Supongo que te refieres a James y Sirius, ¿no?

Lily sonrió y asintió. —¿Por qué no has mencionado a Remus?

Hermione sonrió ligeramente. —Por lo que me has dicho de él, parece ser el único responsable del grupo.

Lily asintió otra vez. —De hecho me retracto de lo que dije si Remus está con James. Estoy segura de que los ha obligado a estudiar.

Hermione estuvo de acuerdo con eso. Si Remus era como el profesor Lupin que ella conocía, entonces Sirius y James habrían estudiado durante el verano.

Lily observó a Hermione mientras regresaba a su lectura. Su nueva amiga no había hablado más sobre lo ocurrido después de la primera noche, y parecía que las cosas mejoraban. Ya no tenía pesadillas. Esperaba que el próximo año escolar y la compañía de algunas personas más pudieran ayudarla. Lily no quería admitirlo pero consideraba que los Merodeadores se convertirían en un elemento principal para ayudar a Hermione.


Físicamente Hermione se sentía mejor. La mayoría de sus golpes habían desaparecido y sus heridas fueron convirtiéndose en pálidas cicatrices.

Emocionalmente estaba agotada. Cuando se sentía mejor era cuando estaba en compañía de Lily, pero tan pronto como se quedaba sola su mente volvía de nuevo a la batalla. Estos eran los momentos más difíciles, los momentos de soledad.

El día de su prueba de aparición, Hermione amaneció nostálgica. Debería estar haciendo esto con Harry y Ron. Casi todo lo que habían logrado lo habían hecho juntos.

Lily entró en la habitación. —¿Estás lista?

Hermione asintió.

—Vamos a ir al Ministerio con polvos flu —le dijo haciéndola bajar las escaleras.

—¿Has estado en el Ministerio antes? —preguntó Hermione.

—No, pero estoy segura de que averiguaremos el camino —contestó Lily mirando a Hermione, con una sonrisa de confianza en sí misma.

Hermione creía que recordar el encuentro en el Ministerio seria luchar de nuevo contra otra ola de dolor, ya que le haría recordar a su amada profesora de Transformaciones.

—¿Sabes cómo usar los polvos flu? —preguntó Lily sacando a Hermione de sus pensamientos.

—Sí, lo he hecho un par de veces.

Lily asintió. —¿Quieres ir primero?

Hermione hizo una pausa y luego asintió. —Está bien —entró en la chimenea y unas llamas verdes la envolvieron cuando gritó; —Ministerio de Magia.

Apareció en el vestíbulo del Ministerio y su mirada aterrizó de inmediato en la fuente de oro que había en el centro del gran pasillo, con las estatuas que en un futuro ayudarían a salvarle la vida a Harry.

Lily apareció y fue junto a ella.

—¡Woow!—dijo con asombro.

—Sí, wow.

—¡Eh! ¡Lily, Hermione, por aquí! —una voz familiar las llamó.

Las chicas dirigieron sus miradas hacia la voz y vieron a Remus caminando hacia ellas. Las dos chicas sonrieron al joven Merodeador.

—¿Qué tal?

—Bien —respondió Lily. Hermione simplemente asintió y sonrió. —¿Y tú? —preguntó Lily.

—Bien también. Se supone que había quedado con James, Sirius y Peter aquí, uhh… hace diez minutos. —dijo con una mueca, mirando alrededor del gran pasillo con sus intensos ojos color ámbar.

Dos jóvenes con el pelo negro, uno perfectamente cuidado y otro revuelto, aparecieron por una chimenea. Hermione colocó una mano sobre el brazo de Remus y señaló a los dos chicos. Remus sonrió y los llamó para llamar su atención.

—¡Eh! ¡Canuto, Cornamenta, por aquí! —los jóvenes se giraron en dirección al grupo.

—Hola, Lunático —lo saludó Sirius mientras se acercaban. —Hermione, ¿todo bien? —preguntó cuando alcanzaron al grupo.

—Bien, gracias —contestó sonriendo. Sin embargo, Sirius notó que sus ojos no reflejaban esa felicidad.

James, por otra parte, fue directo hacia Lily.

—¿Lily , todo bien? —preguntó.

—Bien, James —contestó mirándolo con cautela. —¿Y tú?

—Bien. ¿Me has echado de menos?

Lily puso los ojos en blanco y se dio la vuelta para saludar a Sirius, que se encontraba hablando con Hermione y Peter, el cual acababa de llegar.

Remus golpeó a James en la cabeza. —Gran idea, Cornamenta, gran idea— y sonrió con satisfacción.

—¿Sabéis a dónde hay que ir? —preguntó Hermione a los Merodeadores.

—Sí, una vez tuve que venir con mi prima Bellatrix por este mismo camino.

Los ojos de Hermione se endurecieron tras la mención de la mujer responsable de la muerte de la profesora McGonagall.—¿Hermione? —preguntó Sirius suavemente. —¿Estás bien? —y la miró mientras caminaban a través del pasillo de suelo de mármol.

—Sí, tranquilo. Solo un poco nerviosa.

—Ahh, tranquila, todo irá bien. Vamos, es por aquí—dijo liderando al grupo hacia un conjunto de puertas.


La prueba no fue difícil, y menos con todo lo que Lily y Hermione habían estudiado. Al final hasta Peter logró pasar, aunque casi se aparece incompleto.

—Entonces, chicas, ¿os veremos en el tren? —preguntó James.

Esta vez Lily esperó a Hermione para responder.

Hermione sonrió. —Eso estaría bien.

Los cuatro jóvenes les sonrieron y se desaparecieron a sus casas.

—Bien —dijo Lily con los ojos centelleándole. —¿Te veo en casa?

Hermione asintió y miró a su nueva amiga desaparecer ante sus ojos, antes de que ella misma se desapareciera de vuelta a casa de Lily.