Capítulo 9. ¡Snape es un bocazas!

Hermione luchó contra Malfoy. El miedo se apoderaba de ella a medida que el joven seguía metiéndole la lengua en la garganta. Hermione logró liberar una pierna y usó la rodilla para golpear a Malfoy en un lugar estratégico. Se derrumbó por el dolor, sosteniendo sus magulladas partes íntimas.

—¡PUTA SANGRESUCIA! —chilló mientras Hermione salía corriendo por el pasillo. —¡Pagarás por esto! —le gritó cuando daba la vuelta por una esquina.

Hermione corrió hasta que se encontró frente a la entrada a la Sala Común de Gryffindor. Dijo entrecortadamente la contraseña y entró lo más rápido que pudo al lugar al que consideraba su casa. Se apresuró a cruzar la Sala vacía y llegó hasta su dormitorio, donde se ocultó bajo la seguridad de su edredón. Allí fue donde Lily encontró a la conmocionada joven después de clases.

—¿Hermione? —preguntó. —¿Estás bien? ¿Por qué no asististe a clase?

Hermione no respondió. Miraba a la pared opuesta mientras Lily le daba un cálido abrazo. Se reflejaba la preocupación en sus ojos color esmeralda.

—Vamos —dijo. —Los chicos están preocupados por ti y me preocupa que hagan algo estúpido si no pueden reprimirse. ¿Quieres bajar? —le preguntó tranquilamente.

—Dame un minuto. Bajo enseguida.

Lily asintió en silencio y abandonó la habitación dejando a Hermione sentada en la cama.

—¿Estaba allí? —preguntó James cuando Lily llegó a la Sala Común.

—Sí. Parecía conmocionada, pero no quiso hablar de ello.

Peter se mofó desde la esquina atrayendo la atención de los demás. —¡Eso no es nada nuevo! ¡Nunca quiere hablar de nada y no sabemos nada sobre ella!

Los ojos de Lily se ampliaron y le miró cabreada. Los demás lo observaban con sus mejores miradas de deseo de muerte

—¿Recuerdas el día que llegó aquí? —le preguntó Remus, que ya había regresado de la enfermería y se sentaba cómodamente en uno de los sofás. Peter asintió. —¿Recuerdas su condición? —Peter asintió de nuevo. —Entonces muestra un poco de sensibilidad. Hermione ha pasado por muchas cosas horribles.—

Sirius, quien hasta ahora había permanecido callado, habló desde la otra esquina. —La conozco —dijo tranquilamente, con sus ojos grises brillando. —Y confío en ella. Si tú no lo haces, Peter, no es mi problema. Pero no lo menciones cuando pueda oírte.

—¿Por qué no? —saltó el pequeño Merodeador. —Tengo derecho a dar mi opinión.

—O no me haré responsable de mis actos —dijo Sirius de forma amenazante, endureciendo sus ojos. Peter agachó la cabeza y asintió.

—Fue Malfoy. —dijo Sirius. —Estoy seguro de ello.

—No lo podemos saber, Sirius. —razonó Lily.

—¿Es que acaso lo viste en la clase, Lily? —le contestó.

Cualquier comentario que fuera a decir Lily fue interrumpido por la aparición de Hermione en la parte inferior de las escaleras. Estaba vestida con una blusa de manga larga para cubrir los moratones de sus muñecas.

—Hermione, ¿estás bien? —preguntó Sirius acercándose a su lado. —No apareciste en clase.

—Es que... no me encontraba muy bien —dijo, deseando no pensar en lo que Malfoy podría hacerle si le dijera a alguien lo que había intentado hacerle en el pasillo.

—Eso, —dijo Lily. —probablemente sea debido a la cantidad de alimentos que comes.

Hermione miró a Lily, sorprendida de que incluso se fijara en sus hábitos alimenticios.

—Nos fijamos, Hermione. No pienses que no lo hacemos —dijo James. —Tienes que comer más.

Hermione se limitó a asentir y los demás dejaron el tema, obviamente incómodo. Hermione tomó prestados los apuntes de Lily y se puso al corriente de lo que le faltaba en una esquina tranquila de la Sala Común. Sirius, sin embargo, frunció el entrecejo cuando vio su mano temblar ligeramente mientras escribía, pero decidió dejarla tranquila de momento.

Fue James quien finalmente rompió el silencio. —Vamos a Hogsmeade este fin de semana. —dijo. —¿Vas a venir, Hermione? Es un pueblo genial.

Hermione palideció ligeramente. —Me lo pensaré. Creo que tengo demasiado trabajo por hacer.

—Pero es Hogsmeade —dijo Peter. —Te perderás el viaje a Hogsmeade.

—Si Hermione no quiere ir no podéis obligarla.—bramó Lily. —Deja de molestarla.

—¿Y tú, Lily? ¿Vas? —preguntó James.

—Probablamente.

—¿Quieres ir con alguien? —

—Me encantaría —respondió ella. James casi se cae de la silla y los otros cuatro abrieron mucho los ojos.—Pero no significa que quiera precisamente tu compañía.

La cara de James se entristeció y Hermione sintió lástima por él. Decidió que trataría de convencer a Lily para que fuera con los Merodeadores.

o

Cuando el fin de semana de Hogsmeade llegó, Hermione se levantó y se despidió de sus amigos después de haber convencido a Lily, para deleite de James, de ir con los chicos.

Hermione se alegró de ver a Malfoy y sus imbéciles ir a Hogsmeade también. Así podría estar sola para leer algunos libros más.

Cuando llegó a la biblioteca se dio cuenta de que ya había utilizado la mayor parte de los recursos. Agarró los pocos libros que le quedaban por leer y encontró un rincón tranquilo para ponerse manos a la obra.

Unas horas más tarde Hermione suspiró y cogió el último libro que quedaba, Guía para viajeros en el tiempo. Esperó que pudiera encontrar en él algo de ayuda, ya que la mayoría de los que ya había leído estaban incompletos o eran inservibles o anticuados.

Miró la hora y decidió llevarse el libro a su dormitorio. Antes, preguntó a Madame Pince si había nuevo material sobre los viajes en el tiempo, pero no tuvo suerte.

Al entrar en los dormitorios, Hermione colocó el libro bajo su edredón y, desanimada, fue a darse una ducha. Se impresionó cuando vio su reflejo en el espejo. Había oscuros círculos bajo sus ojos, todavía carentes del brillo que tenían en el pasado. Su piel era pálida y la mayoría de su ropa le parecía gigante, haciendo ciertos los temores de sus amigos. Y, para colmo, tenía moratones en las muñecas. Se preguntó, como ya había hecho anteriormente con Lily, por qué no podía llorar.

o

Una noche, después de hablar sobre sus hechizos favoritos, Sirius llevó a Hermione dormida hasta el dormitorio de chicas. Le dio una patada al trozo de madera para poder desactivar la escalera y comenzó a subirla. Sin embargo, lo que no esperaba era que los escalones desaparecieran debajo de él. Lo siguiente que supo era que estaba en el suelo enredado con Hermione.

—¿Estás bien? —le preguntó, mirándola a sus ahora abiertos ojos avellana. Asintió somnolienta. Sirius siguió hablando —Creo que Lily ha adivinado nuestro secreto, ¿eh? —sonrió ampliamente.

—Creo que sí —dijo Hermione, un poco decepcionada de que su rutina se hubiera roto. Se desenmarañó de Sirius y volvió al sofá.

—¿No vas a la cama? —le preguntó.

Hermione negó con la cabeza. —No sería capaz de volver a dormir ahora.

Sirius transfiguró un trozo de pergamino en una manta para ella.

Hermione sonrió en agradecimiento. La puso sobre ella y se trasladó a uno de los sofás.

Nadie despertó a los dos jóvenes por la mañana. Sus compañeros les sonrieron se dirigieron en silencio a desayunar.

o

Una semana antes de Halloween Hermione caminaba con los Merodeadores por los pasillos cuando se tropezó con Snape.

—Quejicus —le dijo Sirius. —¿Acaso intentas enfrentarte a nosotros? —preguntó.

—No soy tan estúpido, Black —se mofó él. —Aprendí la lección en quinto año. No volveré a retarte mientras esté en desventaja numérica. —su mirada se posó en Hermione. —Eres buena en defensa. Estoy seguro de que sabes todo acerca de criaturas peligrosas.

Hermione podía sentir la tensión de los Merodeadores detrás de ella.

—Dime, ¿cuál es tu opinión sobre los hombres lobo?

Los otros no reaccionaron. Tenían curiosidad de saber lo que diría Hermione.

—Están malditos —dijo la joven. —Pero no es culpa suya. Son normales siempre excepto un día al mes.

—Pero son bestias peligrosas. ¿No tienes miedo de ellos?

—Son bestias peligrosas solo una noche al mes. Así que solo les tendría miedo esa noche.—dijo Hermione, sintiendo cómo aumentaba su ira. —Pero los demás días son humanos. Incluso más que otros que ni siquiera están malditos.

Hermione podía sentir el alivio de los chicos cuando pronunció estas palabras.

Snape se mofó. —¿Seguirías diciendo eso si conocieras a uno? —preguntó.

Lo miró con curiosidad. "No creo que vaya a decirlo". —¿Qué quieres decir? —preguntó, con sus ojos parpadeando.

—Que deberías tener miedo —le dijo con malicia. —Tienes uno detrás de ti.

Hermione vio cómo los chicos alzaban con ira las varitas, pero antes de que cualquier hechizo fuera lanzado dijo dos palabras que conmocionaron a los cinco muchachos.

—Lo sé.