Disclaimer: La presente historia es mía, usa sin ánimo de lucro los personajes y locaciones de la obra de JK Rowling, no se tiene intención de vulnerar sus derechos de autor, sólo de entretener al público.
"Oro y Plata: Desobedeciendo al Destino"
Clasificación: T
Aleksast, 2015
I
Draco apuñó sus manos, respiró profundamente y miró a los ojos al director – Quiero cambiarme de casa – solicitó con voz clara y fuerte de modo que todos los presentes escucharan – No pienso estar en Slytherin nunca más.
Silencio total, incluso el gran hechicero, el más poderoso de todos los tiempos, Albus Dumbledore, estaba sorprendido de que este muchacho, el hijo de Lucius, le pidiera tal cosa como si por derecho divino fuere acreedor a tal prestación, le asombró sobre todo el hecho de que repudiara la casa donde toda su familia había estado, la de Salazar Slytherin. Lo meditó con McGonnagall, la más impresionada de todos los docentes, Snape por otra parte prefirió guardar la compostura y bajar la mirada, analizando las posibles razones; Draco jamás osaría ir contra los planes de su propio padre a sabiendas de las severísimas consecuencias que eso le traería, ni siquiera un desplante de adolescente sería lo suficiente para tal atrevimiento. ¿Qué pudo ser, entonces? Las pocas veces que pasaba a ver a la familia en la mansión era para conversar con Lucius, el señor, la cabeza de la familia, nunca se fijaba realmente en Draco hasta el momento en que lo tuvo como alumno, el año pasado apenas. Desconocía de la rigidez, de la violencia y temperamento de su padre, hombre respetado cuya palabra pesaba mucho en el medio, la Familia Malfoy era como esos linajes aristocráticos, tratados como nobles, como señores feudales; otra familia de gran abolengo a veces referida y tratada como tal era la Black, caída en desgracia por los derroches y excesos de la última generación hasta el momento.
– Joven Malfoy, me apena decirle que la decisión del sombrero es inapelable – le contestó Albus, con una mirada comprensiva, respondida por una de decepción en la cara del estudiante.
Harry se levantó, no se iba a quedar de brazos cruzados, algo tenía que hacer, y dijo lo primero que cruzó por su mente – Si no cambia a Malfoy de casa, nosotros nos iremos a Slytherin – provocando que el gran comedor se llenara de murmullos, muchos se sorprendían que el niño-que-vivió ahora defendiera la causa de un Slytherin, de su rival.
Hermione se vio sorprendida por tal propuesta hecha por su famoso amigo, no le importaría escuchar el insulto de "sangre sucia" si eso compensaba el proteger y hacerse amiga de Draco, sobre todo para evitar que éste sufriera más abusos de los que en casa le propinaban.
Ron iba a decir algo sobre su responsabilidad de cuidar a su hermanita, pero recordó que Fred y George habían prometido, vagamente y probablemente cruzando los dedos por detrás de la espalda, ayudarlo en ese menester, Ginny no era una niña perdidiza, pero quizás ingenua y demasiado inocente para dejarla sola, era la menor de todos los Weasley, de su generación, al menos.
Un carraspeo se escuchó desde la mesa de docentes, Severus Snape dejó su mutismo y se puso de pie, inspeccionando con la vista a todos los estudiantes que callaron al verlo erguido – Profesor Dumbledore, si la regla es cierta y la decisión es incuestionable ¿Por qué no permitirle al sombrero seleccionador que repita su veredicto? Aunque perdemos un valioso tiempo, creo que quedaría claro que las reglas son eso, y no son caprichos de un montón de mocosos insolentes.
– Está bien Severus, pero sólo por esta ocasión permitiré molestar al viejo sombrero para que dé su punto de vista, si es verdad que su decisión es inamovible, ni siquiera se moverá, de lo contrario… deberemos considerarlo como punto a revisar en la siguiente sesión del consejo académico, sólo si otra ocasión distinta a esta resulta en un cambio de veredicto – respondió el anciano, haciendo una seña para que el joven Malfoy se sentara en el banco de selección bajo el mágico sombrero que parecía inerte, sin vida.
Pasaron un par de segundos y Draco murmuraba, casi como Harry en su ceremonia de selección, un ruego para que el coso mágico despertara de su letargo y concediese al menos una sola oportunidad. El trío de Gryffindor pedía para que el deseo se le concediese a Draco y así poder hacer el cambio hacia la casa del león, en vez de la de la serpiente. La profesora McGonnagall, después de un tiempo, acercó la mano para retirar el sombrero de la cabeza del rubio, sin embargo un movimiento hizo que declinara y le dejara ahí, era el sombrero que se sacudía despertándose de nuevo.
– ¿Qué sucede? ¡Ah! Esta cabecita la conozco perfectamente, ojos grises, cabello rubio, piel blanca como la nieve que cae en invierno y el mentón alzado, símbolo de superioridad… Mmm… ¿Qué hace un estudiante de segundo año como tú bajo mi copa? Veo mucha determinación en ti, Draco Malfoy, muy diferente a como te conocí, con tanta sed de triunfo pero también con muchísimo miedo por desobedecer a tu padre.
– Quiero estar en Gryffindor – le susurró, hizo una breve pausa y masculló de manera apenas entendible un "por favor".
– Un Slytherin pidiendo ser un Gryffindor… Mmm… pero ¿sabes? las reglas dicen que eso no se puede hacer…
– Usted evitó que Harry Potter fuera a Slytherin, yo… yo nunca he estado tan seguro de lo que voy a hacer, no quiero estar más en Slytherin – le respondió, recordando la larga sesión de selección del año pasado.
– Tienes agallas para pedir que rompa las reglas, muchacho, bien… en tu mente veo valor y claridad… muy bien… irás a tu nueva familia – asintió el sombrero, para luego soltar un enorme grito agitando sus alas laterales – ¡GRYFFINDOR!
Todos parecían haber sido petrificados de la impresión, sin más, Draco colocó el sombrero sobre el banco, de nuevo inanimado, y se dirigió al hueco que le hiciera Ron para sentarse junto a sus nuevos amigos.
– Lo lograste – dijo Harry emocionado, en contraste con Draco que sonreía apenado y nervioso, aquello había sido mucha tensión para un niño de doce años, realmente pensó que había una posibilidad de cambiar su camino y la tomó, suficiente prueba de valor para justificar el cambio.
– Felicidades Draco – secundó Hermione, feliz de tenerlo en casa, ahora podrían defenderlo en el colegio y abogar por él, y con ello evitar que sufriera como en el tren, le lastimaba verlo así de débil, vulnerable, solitario.
– Así es, ya no estarás con esos brutos de Crabbe y Goyle, ni con nadie que te moleste por ser diferente a ellos – dijo Ron, dándole palmaditas en la espalda en señal de apoyo.
– Tienen razón, yo espero ser su amigo, de verdad… ya no quiero que mi padre me obligue a hacer cosas que no deseo hacer y afrontar eso sólo… supongo que ahora confiaremos uno del otro – le contestó Draco – perdónenme por lo que les hice el año pasado. Y por mi comportamiento en Flourish y Botts.
– No importa, ya ni nos acordamos de eso – Ron le ofreció el plato de piernas de pollo fritas que Draco tomó con delicadeza, sirviéndose un par junto con un poco de puré de patatas.
Malfoy no obstante recordó lo que su padre en el verano le dijo – Pero… hay una cosa… que no les he dicho, mi padre hizo que me nombraran buscador del equipo de Quidditch, y les dio a ellos escobas nuevas, Nimbus 2001.
– ¿Nimbus 2001? Es cierto, hace poco hicieron un evento y las presentaron con el equipo nacional de Irlanda, lo leí en El Profeta – apuntó el pelirrojo, recordando que en la foto mágica aparecía el capitán volando en una de ellas.
– No debes preocuparte de eso… de hecho en Gryffindor necesitamos un guardián, por si están interesados – dijo Oliver Wood, que se acercaba al nuevo miembro – así que estarás de nuestro lado, Malfoy, será interesante ver tus habilidades… ahora, recuerden, los entrenamientos son por la mañana, en el campo.
