Disclaimer: La presente historia es mía, usa sin ánimo de lucro los personajes y locaciones de la obra de JK Rowling, no se tiene intención de vulnerar sus derechos de autor, sólo de entretener al público.

"Oro y Plata: Desobedeciendo al Destino"

Clasificación: T

Aleksast, 2015

II

Con miles de pensamientos acerca de cómo serían las cosas ahora en la casa rival, Draco se fue a dormir, cerró el dosel de su cama y Morfeo le accogió en sus brazos. Harry y Ron hablaban de las prácticas de Quidditch, quizás habría suerte y lograrían la Copa de Quidditch este año, esperando que Voldemort no volviera a aparecerse nunca más. Harry logró volver a tener el puesto de buscador, Draco tuvo ciertas complicaciones para hacerse como guardián, Ron quedó como reserva, era ya bastante que dos jugadores tan jóvenes estuviesen en el equipo titular pero Weasley demostró que no se iba a quedar atrás.

La primera semana se ha ido rápido, es sábado y Draco no ha tenido noticias de sus padres, no sabe si eso es buena o mala señal, pensar en ello le recuerda los dolores de los golpes propinados por su progenitor, así que decide mejor echar un vistazo por la ventana al paisaje, intentando distraer sus pensamientos. Vio el pijama que traía puesto, color esmeralda, en contraste con el resto que solía tenerlo escarlata, no importaba, le gustaba el color verde desde siempre y eso no cambiaría.

Harry se levantó al poco tiempo y lo vio pensativo frente a la ventana, se acercó a él, intentando seguir su mirada... seguía viéndose intranquilo, tenso, y no quiso imaginar por lo que habría pasado para que estuviese continuamente tan preocupado, aunque después del momento en el tren, no había mucho que indagar para saber lo que Draco sufría en su propia casa, con su familia.

–Ha sido una semana rara ¿no? Lockhart y su examen acerca de él mismo, aunque nos ha ido bien en las pruebas para el equipo de Quidditch y...– Harry vio que él asentía, apretaba los labios, y volvía a dirigir su mirada hacia el horizonte –No ha sido fácil para ti ¿Verdad?

–No, Harry, no creo que sea fácil ahora y menos conforme pase el tiempo aquí en Gryffindor... tengo mucho miedo, presiento que varias cosas terribles van a pasar–. El rubio suspiró, como si fuese a prever que Lord Lucius, su padre, le haría pagar su insolencia al deshonrar a la familia. –Pero... ahora creo que te tengo a ti de mi lado, no estoy sólo.

Harry sintió esas palabras profundas en el fondo de su ser, sonriendo, le abrazó amistosamente –Me tienes a mí, a Ron y a Hermione... no pensamos dejarte sólo nunca más–.

–Yo prometo hacer lo mismo por ustedes, aunque a los demás les cueste hacerse a la idea– le respondió Draco, observando a su alrededor. Probablemente a la mayoría le costaría asimilar el hecho de que Malfoy fuese la cuarta pieza del conjunto de los Gryffindors quizás más relevantes o conocidos.–Sin embargo, ahora recuerdo que mi padre tomó los libros de... la nueva Weasley...

–Se llama Ginny –le corrigió Harry–, Ginny Weasley.

–De acuerdo, Ginny– Draco enarcó las cejas, volvió la mirada a la ventana, recordando el encuentro en el Callejón Diagon–, me pareció raro que mi padre tomase siquiera los libros de segunda mano que ella traía, con lo que le repulsan esas cosas baratas, pero se veía que traía algo entre manos. Quizás debamos advertirle. Es... ¿Cómo le dicen los... muggles? Intuición.

–Creo que debemos decirle a Ron–, Harry fue a cambiarse, Draco asintió y lo imitó, abrió su baúl mágico y entornó los ojos, Dobby le había puesto guardarropa y medio, por lo cual un movimiento en falso y quedaría un mar de ropas regado en el dormitorio. Sin más, bajaron a desayunar en el Gran Comedor donde Hermione ya los esperaba con dos platos recién servidos de cereal con leche.

–¿Qué pasa?– preguntó Hermione, adivinando que ambos tenían algo que no los dejaba tranquilos.

–Buenos días Hermione, ¿y Ron? No estaba en los dormitorios, o no lo vi–. Harry se sentó a su lado, Draco frente a ellos reservando un lugar para el pelirrojo.

–Yo no me dí cuenta si salió o no...– confesó Draco, sintiendo un cosquilleo raro al tener la atención de algunos compañeros de casa que lo veían atentamente, supuso que era parte del precio de estar con el famoso niño-que-vivió, quizás no sabían que él lo veía no como una celebridad, sino como a un amigo.

–Está con la profesora McGonnagall, al parecer vino su hermano Bill a felicitarlo a nombre de su familia por lo del equipo de Quidditch– respondió ella, que aún los observaba con cierta preocupación–. Tienen una cara... ¿Qué sucede?

–Creo que mi padre ha puesto algo en el caldero de Ginny Weasley– arrastró cada sílaba de ese nombre al no estar acostumbrado a llamarle por su nombre.

–No me di cuenta, estábamos discutiendo ¿recuerdas?– Hermione recordó la forma en que casi el señor Weasley y el señor Malfoy comenzaran una pelea tras la presentación del nuevo libro de Gilderoy Lockhart en la librería –Por cierto ¿ya le contaste lo que te pasó antes de venir aquí, Harry?

–No, bueno... ¿La parte en que Ron y sus hermanos fueron a casa de mis tíos o... lo de Dobby?– preguntó dubitativo, frunciendo el ceño.

–¿Dijiste Dobby? ¿Desde cuándo conoces a mi elfo?– Draco reaccionó al momento, eso era nuevo.

–¿Es tuyo? ¡Casi logra que me expulsen de Hogwarts!– Harry estaba también exaltado al saber que el elfo que hizo levitar el pastel y que provocó que fuese encerrado en su habitación por su tío Vernon, quien le restregaba en cara la advertencia del Ministerio de Magia.

–Tampoco me grites, Potter– contestó Draco, molesto por ese arranque –, Dobby es el único que no me trataba mal en casa, quizás sea torpe, pero no creo que pueda hacerle mal a nadie. Aunque... ahora que lo mencionas, un par de días antes de encontrarnos en el tren, ese elfo había quemado la cena por estar dándose de azotes a la cabeza, y como a mi padre no le gusta la comida arruinada, ya te imaginarás cómo le fue... además, sólo debería cumplir lo que se le ordena, y el que haya hecho lo que sea para sacarte del colegio al menos que sepa, no fue ni orden mía ni de mi padre.

–Los elfos son esclavos de las familias, Draco... no actúan por sí sólos– reviró Hermione, sintiendo lástima por estas criaturas y sus conocidísimas precarias condiciones de vida.

–Me extraña que Dobby haya salido de la mansión, sí... alguna vez desobedeció las órdenes de mi padre, sobre todo cuando era pequeño, me llevaba un poco de comida cuando me castigaban encerrándome todo el día, pero no creo que haya querido hacerte mal–. Draco comenzó a comer el cereal que tenía un agradable sabor a canela, Harry lo imitó, pensando en sus palabras.

–Bueno, Harry nos dijo que quería protegerlo, que venir al colegio era un peligro para él– comentó ella, que ya había acabado con su plato.

Draco alzó los hombros, sin responder nada más. A los pocos minutos Ron venía con una enorme sonrisa en el rostro y escoba en mano.

–¡Tengo una escoba propia! ¡Ya no usaré esa escoba que me presta Madame Hooch! ¡Tengo escoba propia!– Ron estaba eufórico, causando que todo mundo volteara a verle dado que sus gritos rebotaban en todo el comedor.

–Ronald, tranquilízate por Merlín– solicitó Draco, haciendo un ademán con la mano para que se callara o bajara la voz –Tenemos que hablar contigo.

El aludido sacudió la cabeza, desconcertado por esto último, puso su escoba a un lado y se sentó en el lugar reservado –¿Por qué esa seriedad? ¿Pasa algo? Y a propósito ¿Han visto a Ginny por alguna parte? Bill quería saludarla pero no apareció.

En ese momento, los otros tres se miraron con consternación, y junto con Ron fueron a buscar a su hermana, corriendo, si lo que Malfoy había dicho era cierto, probablemente estaba en peligro, muy grave peligro.