Disclaimer: Nada me pertenece, todo es de George R.R. Martin, yo sólo tomo prestados sus personajes para que sean felices un ratito. ¡Nada es mio, no me demanden!

Cap.2

Los preparativos fueron sencillos, al menos en Desembarco del Rey. Debido a la salud de Lord Baelor y el peligro que suponía exponer a sus hijas más pequeñas a un viaje peligroso por el mar, se decidió que Lady Alerie viajaría acompañada de una dama de compañía y una comitiva de espadas juramentadas para entregarla en el septo. La dote de Alerie era extraordinaria, Lord Baelor no reparó en gastos. La novia llevaba grandes baúles repletos de vestidos, vajilla, joyas de oro y plata, la mayoría fabricada en los talleres orfebres de las resplandecientes ciudades libres. Alerie no estaba muy contenta con la dama que se escogió para acompañarla. Era la hija bastarda de Lord Cuy, Falyse. Nunca le había agradado, pero los Cuy eran vasallos de los Hightower, y si se deshacían de una hija incómoda, mejor para ellos.

Antes de partir, Alerie guardó en su corpiño el único tesoro que le importaba, un pañuelo que le había dado su madre antes de morir. En su lecho de muerte, llamó a su hija y con un cuchillito se sangró el dedo y vertió tres gotas de sangre sobre un pañuelito blanco de amatista. Su madre sabía que de todas sus hijas, Alerie era la más sumisa, débil incluso, tímida y callada, a pesar de ser mucho mayor que sus hermanas. Al entregárselo le dijo:

— Querida niña, guarda bien este pañuelo, que debe acompañarte a lo largo de tu vida, mientras lo tengas piensa en mí y recuerda que en este pañuelo está toda la valentía y ferocidad que necesitarás para tomar tu lugar en el mundo y hacerte escuchar.

Desde entonces, Alerie no salía a ningún lado sin su pañuelo, recordando "mientras lo tenga, seré valiente", y lo repitió tantas veces que llegó a convencerse de que era verdad. En alguna ocasión decidió salir a visitar a un librero que se decía que tenía los tomos más raros del mundo. Su padre reprobaba que dedicara tanto tiempo a la lectura por lo que se escabulló de la fortaleza vestida con sus ropas más humildes. Al dar la vuelta en un callejón desconocido se encontró con un aprendiz de maestre que ahogado de borracho la acorraló contra la pared. Seguramente intentaría violarla y cuando el terror la invadió y pensó que no tendría fuerza para luchar, escuchó claramente una voz que venía del pañuelo que guardaba en el bolsillo. Las gotas de sangre le dijeron: "¡Si tu madre lo supiera, se partiría su corazón de pena!" En ese momento una fuerza desconocida la invadió y pateó al villano entre las piernas con tanta fuerza que cayó al piso gimiendo de dolor, con lo que pudo escapar de regreso al castillo. Desde entonces, cada vez que dudaba de su propio coraje, le hablaba a las gotas de sangre y ellas le respondían.

Cuando abordaron el barco, lo primero que hizo Falyse fue acomodarse en el mejor lecho del camarote. Como vio a Alerie sorprendida le dijo:

—Soy una dama de compañía, no una sirvienta y soy tan noble como tú, yo también necesito descansar —Alerie estaba cansada y nerviosa, por lo que no quiso discutir y cambió la conversación. Al poco rato sintió sed, y pidió a su compañera:

—Falyse, tengo sed, ¿podrías servirme un poco de vino?

— Si tenéis sed —dijo la Camarista, —sírvela usted misma. Yo no soy vuestra criada.

Como tenía mucha sed, la Princesa se levantó y se sirvió vino, cuando regresaba a su lecho escuchó a las gotas de sangre que le dijeron:

— ¡Oh, si tu madre lo supiera, se partiría su corazón de pena!..

Pero no dijo nada y regresó a descansar.

Tras unos días de viaje, una tormenta espantosa se desató y el buque estaba al borde del naufragio. Las escoltas de espadas juramentadas, pusieron a Lady Alerie y a la doncella en una barca, con el baúl que contenía sus mejores ropas y joyas, una ración de agua y comida para varios días y las dejaron en altamar donde pudieron ver como la nave que debía llevarlas a Desembarco del Rey se hundía. Alerie intentó calmar a su compañera: —Ya verás, alguien nos encontrará, la princesa de Dorne también naufragó y un buque de comerciantes la llevó hasta Desembarco del Rey, donde se casó con el príncipe Eddard, los dioses nos protegerán también.

— ¡A los siete infiernos con tus dioses, vamos a morir! — Falyse no se caracterizaba por ser muy piadosa.

Entonces Alerie sugirió que tiraran sus cofres por la borda para que la carga no fuera tan pesada, pero la doncella se negó en redondo y en lugar de eso le contestó:

—Si quieres ir más ligera, tírate tú al mar, yo me quedo aquí.

Pasaron un par de lunas en altamar, preguntándose hacia dónde las llevaría la barcaza. Pronto, lady Alerie se llenó de ampollas por el sol, ya que su doncella había usado su capa para cubrirse, dejándola sin protección. No podían abrir los baúles ya que no tenían la llave. A la distancia, divisaron un barco y aunque la doncella se alegró, Alerie notó que no llevaban estandartes, lo que significaba que bien podrían comerciantes o incluso piratas. Intentó mantenerse quieta pero Falyse se levantó y haciendo señas atrajo la atención de la tribulación. Por la misericordia de los dioses se trataba de unos comerciantes braavosis que las ayudaron a subir a bordo, y al saber que se trataba de la prometida del hijo de la reina Arya, se pusieron serios y dijeron: "Valar Morghulis". Falyse se quedó muda, no sabía qué significaba eso, ¿les estaban cobrando por el viaje, las maldecían? pero Alerie había leído lo suficiente para saber que la respuesta eras: "Valar Dohaeris", con lo que aceptaron llevarlas sanas y salvas a Desembarco del Rey. A la distancia, Alerie escuchaba que los marineros las miraban con miedo y se deshacían en cortesías al verlas pasar. Su braavosi no era muy bueno, pero lo escuchaba murmurar algo sobre la reina Arya, la casa de blanco y negro y otras cosas que no alcanzó a comprender. Entendió la palabra "rostro", pero no pudo adivinar nada más. Al llegar, Alerie miró aterrorizada la gran ciudad y sacando el pañuelo con las gotas de sangre de su madre murmuró: "Mientras las tengas a ustedes, nada me dañará". La doncella notó esto y se alegró mucho, pues ahora tenía poder sobre Lady Alerie, que sin la protección de su amuleto, quedaría débil y desamparada. Esperaron en el puerto a que uno de los marineros corriera a buscar una de las capas doradas para auxiliarlas. Cuando al fin vieron acercarse a un grupo de ellos con una bellísima yegua color miel para llevar a la prometida, lady Alerie se adelantó pero Falyse la detuvo:

—Ahora yo soy la hija de Lord Baelor y tú serás mi doncella, si dices otra cosa nadie te creerá y te azotarán. Alerie iba a protestar cuando Falyse la sujeto del brazo con mucha fuera y le dijo al oído:

— Si te niegas, te juro que te mataré, en lo que el príncipe se tarde en averiguar quién dice la verdad te ahogaré mientras duermas, soy mucho más fuerte que tú y te juro que lo haré. Es más, te cortaré el cuello ahora mismo. Que me cuelguen, no me importa, estoy harta de las doncellas de alta cuna consigan maridos importantes mientras que las bastardas no podemos aspirar a ningún príncipe.

— Voy a gritar— dijo Alerie, pero la doncella le dijo— hazlo, para cuando lleguen estarás muerta.

— ¿Qué quieres?

— Ya te lo dije.

— No lo haré, lo contaré en cuanto lleguemos a la fortaleza. Se lo diré a las capas doradas.

— No lo harás, júrame antes todos los dioses que no dirás nada a ningún ser viviente o morirás aquí mismo, júralo por los siete y por la sangre de tu madre— y metiendo la mano en el corpiño de Alerie le quito el pañuelo.

Entonces el valor de Lady Alerie desapareció y juró en nombre de los siete y la sangre de su madre.

Las capas doradas encontraron a las dos jóvenes y viendo que las dos vestían ropas arruinadas por su accidente en altamar no supieron a quién dirigirse, hasta que Falyse se adelantó y dijo: Soy Lady Alerie Hightower y exijo que me lleven ante el rey. Mi doncella puede caminar. Falyse montó sobre la yegua dorada y Alerie caminó en silencio sin saber qué hacer. Había jurado.

Las capas doradas llevaron a las jóvenes hasta la fortaleza Roja. Falyse iba en la yegua que debía ser el primer regalo de su prometido, pensó con tristeza Alerie. Tal vez era un joven considerado. Por un momento, intentó consolarse pensando que ya no tendría que casarse con un desconocido y supuso que toda la situación podría tener sus ventajas. Llevaría una vida tranquila y le dejaría al príncipe bruto a Falyse, ya que tanto lo quería.

El rey, la reina, los príncipes y princesas que aun vivían en la capital las esperaban frente a la Fortaleza Roja. El rey llevaba un jubón completamente negro y la corona que había sido del Rey Robert, mientras que la reina Arya usaba un vestido gris que se iba oscureciendo al llegar a la bastilla. Las mangas estaban bordadas con perlas grises y llevaba una corona delgada de plata cuyo único adorno era la cabeza de un lobo huargo con rubies en los ojos. Las princesas llevaban vestidos dorados, muy parecidos, aunque la mayor no llevaba ningún adorno mientras que la más pequeña llevaba una pequeña tiara de ópalos y un collar de perlas. Entonces vio a los príncipes. Sí que eran guapos. Se decía que el heredero pasaba la mayor parte del tiempo en los Jardines de Agua, pero los menores compensaban su ausencia. Los dos eran altos, con el cabello negro carbón y los ojos azules, sólo que el más delgado, también tenía la cara alargada de los Stark, mientras que el fuerte tenía una gran quijada cuadrada y estaba sonriendo como si le hubieran contado algo muy divertido, a diferencia de su padre y hermano, llevaba un vistoso jubón de brocado dorado y café. El príncipe que estaba a su lado parecía sombrío. ¿Cuál sería su prometido? Pero entonces recordó que ya no era lady Alerie, sino una simple doncella.

Los reyes recibieron a las dos y aunque Ser Davos dio el discurso formal de bienvenida, muy pronto fue interrumpido por el reina.

— Bueno, ya tendremos tiempo para ser formales, ahora hay que llevarlas adentro. Ser Davos, usted debe saber lo que han sufrido estas dos muchachas solas en el mar, necesitan comida y abrigo.

La reina Arya les dirigió una sonrisa amable, aunque algo fría a las dos muchachas, y Falyse se adelantó para ir a la par del que ella creyó que era el prometido, el más alegre y guapo, hasta que una de las princesas la tomó sutilmente del brazo y le dijo:

—Él es mi hermano Orys, Yoren se ha quedado atrás.

Y así fue. Yoren dejó que marchara la comitiva cuando se fijó por casualidad en la doncella de su prometida, que se encontraba parada en el patio sin saber qué hacer. Conmovido por ver una joven tan delicada en total desamparado se acercó a ella y le pregunto:

— ¿También sobreviviste al naufragio?

— Sí, es que… yo.

— No te preocupes, te encontraremos un buen lugar para que descanses.

En ese momento, mientras los sirvientes conducían a Falyse a los bellos salones que ocuparía, Alerie ocupó un pequeño camarote anexo a las habitaciones de la falsa novia. Como era la doncella a su servicio, tenía que estar cerca de ella, para atender cualquier cosa que le pidieran.

Sin embargo, Alerie había cambiado de opinión sobre su matrimonio. El príncipe Yoren parecía amable, y su delgadez y seriedad le parecieron mucho mejores que la algarabía de su hermano.

Tal vez habría podido ser feliz.