Disclaimer: La presente historia es mía, usa sin ánimo de lucro los personajes y locaciones de la obra de JK Rowling, no se tiene intención de vulnerar sus derechos de autor, sólo de entretener al público.

"Oro y Plata: Desobedeciendo al Destino"

Clasificación: T

Aleksast, 2015

IV

A la mañana siguiente, Draco se hallaba leyendo el libro de Hogwarts: una historia, buscando algún elemento o indicio que hablara del heredero de Slytherin o de la Cámara Secreta, por la mañana antes de clases en el Gran Comedor, justo a la hora que las lechuzas entregaban el correo. Inesperadamente una carta cayó en sus manos, éste, sorprendido, frunció el ceño y se apresuró a abrirla, aprovechando que sus amigos no estaban presentes aún, al ver la elegante caligrafía inconfundible de su madre un temblor le recorrió de la cabeza a los pies, y poco a poco fue leyéndola, sintiendo en cada trazo de pluma como las palabras rasgaban y herían profundamente su corazón.

Draco,

Tu padre reprueba terminantemente el que te hayas cambiado de casa, en estos días ha estado enviando lechuzas al Colegio para que te expulsen en caso de no regresar a tu verdadero hogar, Slytherin, sin éxito alguno, Dumbledore ha apelado al ministerio para obtener tu custodia de manera temporal y se la han otorgado. En resumen y para que te quede claro, ya no eres bienvenido en la Mansión Malfoy, tendrás que arreglártelas sólo, todas tus pertenencias salvo tu ropa y tu lechuza, junto con tus libros, se te retiran definitivamente. Has deshonrado a nuestra familia y es justo que pagues por eso. Esta es la última carta que recibirás de mi parte.

Atentamente,

Narcissa Malfoy

Sus ojos se llegaron de lágrimas anegadas que comenzaron a desbordarse por su rostro, tomó la carta y el libro y se fue rápidamente hacia los baños más cercanos, encerrándose en un cubículo, tirando el libro abruptamente y con él, el vil papel que lo desvinculaba de su familia. Sabía que podría pasar, incluso era de las cosas que pensaba y vislumbraba días antes pero nunca pensó que doliera de tal manera. Tenía la ligera y tonta esperanza de que al menos su madre no fuera tan drástica, tan dura, pero esa esperanza acabó por lastimarlo más.

Hermione, Ron y Harry llegaron a la mesa de Gryffindor, tratando de encontrar a Draco, al no verlo Hermione fue preguntando a cada uno de los ahí presentes si es que le habían visto, hasta que dieron con Seamus Finnigan, quien asintió cuando se le cuestionó si le había avistado.

–Lo vi salir aprisa, no sé que sucedió pero al parecer le llegó una lechuza y tan pronto la leyó salió algo alterado... no sé que le suceda– contestó con cierta indiferencia, pero luego repuso con curiosidad –¿Pero no es el que te dijo sangre sucia, Hermione?

–Es una larga historia, Seamus, pero ahora es importante encontrarlo– contestó ella, con cierto desespero en la voz.

–Debemos saber si encontró algo sobre el heredero– comentó Harry con apremio–. Debemos separarnos, nos vemos en clase de pociones en media hora.

El trío se dispersó para buscar a su nuevo compañero de casa. Ron fue a buscarlo a los dormitorios de chicos, Hermione a la biblioteca y Harry a los baños, siendo éste quien le encontrara, escuchando los sollozos que su rubio amigo emitía, escondido y destrozado.

–Draco– llamó Potter, buscando con la mirada el cubículo exacto donde él se encontrase.

–Ahora no, Harry, déjame un momento a solas– respondió el chico.

–Pero... sabes que no puedo dejarte así como así ¿Sucedió algo?

–Casi nada, me han echado de casa– contestó Malfoy con un tono de sarcasmo.

En ese momento, Harry abrió la puerta del cubículo donde estaba el rubio, con las mejillas enrojecidas al igual que sus ojos, un libro y una carta tirados a un lado. Draco tragó saliva y se volteó, no le agradaba para nada verse así de mal frente a nadie, a la fuerza había adquirido ese temor de mostrar lo que sentía y por ello el girarse y cubrirse la cara, respirar profundamente y hacer todo lo posible por quitar cualquier huella de llanto era un reflejo más obedeciendo a la forma de ser forjada en casa.

–Dumbledore ahora tiene mi custodia, me he quedado sin hogar ¡y todos se burlarán de mí por eso!– prosiguió con voz desesperada, cuando sintió la mano de Harry en su hombro.

–Draco, yo tampoco tengo familia, al menos una de verdad, pero... aquí en Hogwarts, siento al menos que tengo algo similar, y desde hace días tú formas parte de esa familia– le comentó en tono consolador, logrando que el rubio se girara para verlo de frente, con expresión confundida –Verás, cada verano es volver a la triste realidad, a lo que estuve acostumbrado desde que nací. Si crees que en esos días hay quien me espere de brazos abiertos con al menos una pequeñísima pizca de amor familiar, estás equivocado.

–Pero... eres una celebridad, todos te alaban en el mundo mágico, se supone que debes vivir como héroe y que todo el mundo te quiera.

–Pero no vivo en el mundo mágico, ni la "familia"– enfatizó esto último haciendo un gesto con las manos –que se supone que tengo y con la que vivo, no tiene ningún aprecio por mí. Soy poco menos que un mueble de la casa. Mis padres están muertos, sólo me tenía a mí, por eso, cuando llegó la lechuza con mi carta de admisión al colegio, fue la oportunidad que tuve para salir de ese lugar. Es una larga historia.

–Entonces ¿No eres ningún niño mimado que disfruta de su fama y hace todo cuanto quiere, ni tienes un hogar propiamente fuera del colegio?– un largo suspiro dio una pequeña pauta mientras Potter negaba categóricamente poseer alguno de esos beneficios –Qué terrible.

–No es tan malo– repuso Harry –, al menos aquí algunos me quieren y no por quien soy, sino por ser yo, nada más. Desearía no volver en el verano a esa casa ¿sabes?

–Me siento tan torpe al juzgarte mal todo este tiempo– dijo Draco, limpiándose la cara –, podrías intentar convencer a Dumbledore de que te quedes aquí, a vivir.

–Sería genial, pero volviendo al tema... creo que es hora de irnos, si te sientes mejor.

–Bueno, no es sencillo perder a mi familia de un día para otro, pero... ahora sé que tengo una aquí– repuso el rubio, con media sonrisa en su cara, levantando el libro, entregándoselo a Harry –. ¿Sabes? Creo que hay algo que me hará sentir mejor– en ese instante recogió la carta, la miró fijamente con enojo y comenzó por partirla a la mitad, y así siguió rompiéndola hasta que los pedazos regados de papel fuesen chicos e imposibles de juntar para reconstruirla –Seré un Malfoy en Gryffindor, aunque mi familia quiera desentenderse de mí, que lo hagan, pero no podrán quitarme jamás mi apellido y el resto de ellos deberá hacerse a la idea que uno de ellos estuvo en la casa que tanto odian.

–Me alegra saber que estás mejor, ahora andando a pociones, luego hablamos de la cámara, de seguro Snape no se pondrá feliz de vernos juntos y llegando tarde– apresuró el chico de la cicatriz, seguido por Malfoy que tenía cierta curiosidad por volver a ver a su padrino. ¿Qué le diría? Era un misterio, pero saber que Potter no era el niño mimado fue toda una revelación.