Disclaimer: Si algo de esto fuera mío, sería una persona feliz y millonaria, pero en lugar de eso debo trabajar casi todo el día como las personas normales, cobrar cada mes y llenar el hueco de mi corazón pidiendo prestados los personajes de Canción de Hielo y Fuego para creer que puede haber un final feliz en la venganza. George R.R. Martin es dueño de todo. No gano dinero con esto, es pura terapia.

Cap.4

— ¿Qué quieres que haga?—le preguntó Gendry a su esposa. Él había pasado el día esperanzado recibir una recompensa en brazos de su salvaje esposa por su arduo trabajo en las audiencias del día, pero en lugar de lanzarlo de un empujón sobre el lecho de plumas para demostrarse su aprecio se había encontrado con una reina muy enojada. Habían pasado tantos años juntos y sin embargo seguía sin saber en qué estaba pensando. La había conocido como una niña disfrazada de hombre y después, como una doncella florecida con rostros desconocidos hasta que la hizo recordar, la obligó a recordar. Todavía podía oler la humedad del bosque nevado cuando recordaba su reencuentro y el olor a madera quemada de la cabaña destartalada donde se refugiaron en su camino al norte. Esa noche se había convertido en "su" Arya. Después de tantos años, guerra, muerte, intrigas y trabajo la seguía queriendo y deseando tanto como esa noche.

—Deja de sonreír como idiota y escucha, esto es importante— lo interrumpió Arya. Sí, aunque los embarazos le hubieran ensanchado las caderas y la edad le hubiera sumido un poco las mejillas seguía siendo esa muchacha menuda del bosque que tanto amaba, la misma molestia en el trasero de siempre.

—Estaba pensando en ti— le respondió Gendry.

—Lo que deberías estar pensando es en la carta que debemos enviar a los Hightower. Hay que exigir que venga algún representante de la familia. La escolta se ahogó y necesitamos estar seguros de que tenemos a la novia verdadera.

—Arya, ya casi es la hora del lobo, ¿no podemos… disfrutar lo que queda de la noche?

— Escribe a Antigua y tal vez la noche mejore.

—Pero la prometida de Yoren pidió, no, exigió la muy mandona que no se invitara a su hermanas.

— ¿Y no se te hace extraño?

—Tal vez no quiere que la hagan ver mal, podrían ser más bonitas que ella.

—Bien, tengo un plan.

—No, por favor, no Arya, tus planes suelen terminar con alguien degollado. ¿No hemos tenido suficiente sangre en Desembarco del Rey?

— ¿Si te juro que no le cortaré el cuello a nadie me ayudarás?

— ¿Puedo agregar un beso al trato?

—Puedes.

La mañana siguiente, el rey llamó a Conrado, debía acompañar a la pastora de gansos una vez más, sólo para explicarle sus obligaciones a la doncella que lo sustituiría. El pobre muchacho se dirigía a su destino cuando encontró a la reina. No iba con escolta, esa loba gigantesca que aterraba a todos era toda la protección que necesitaba. Lo asustó. Oh, los norteños podían ser aterradores. Lo que más le daba miedo de la reina Arya eran sus ojos, profundos y grises, nunca se podía adivinar si estaba complacida o molesta. Como las nevadas veraniegas del norte, eran engañosas.

—Su majestad— Conrado hizo una reverencia pero Arya le insistió que no era necesario.

—Conrado, como la pobre Alicent se quedará sola, he decidido que una de mis doncellas le haga compañía de hoy en adelante. Su majestad me ha dicho que no quieres seguir cuidando de los gansos.

—Es que, verá usted, lo que pasa...

—No importa... —lo interrumpió Arya. Una de mis doncellas irá con ustedes para que le digas todo lo que necesite saber y pueda acompañar a Alicent de hoy en adelante.

—Muchas gracias, su Alteza, digo, no, su Majestad, es decir...

—Ve a descansar muchacho, mañana te hará falta.

La Reina desapareció en los pasillos mientras el pobre Conrado se quedaba confundido. Era una Stark del norte en verdad, pero lo que en verdad lo asustaba era el no poder adivinar nada en su cara. ¿Estaba satisfecha, molesta, indignada? Nadie los sabía. Era hielo, frío y duro de romper.

Al siguiente día, Alicent estaba a punto de salir de la fortaleza por la puerta del lodazal cuando vio aparecer a Conrado y una muchacha que nunca había visto, debía tener más o menos su edad y a juzgar por el vestido debía ser una de las damas de la reina. Los tres emprendieron el camino, la nueva doncella no hablaba y cuando llegaron al prado se excusó diciendo que tenía que ir a los arbustos, había bebido demasiada agua. En ese momento, aprovehando que sería la última vez que estaría solo con Alicent Conrado volvió a pedirle encarecidamente que le diera algunos de sus cabellos. La doncella, por supuesto, no tenía ninguna necesidad de orinar, pero se escondió detrás de unas matas para ver con sus propios ojos como la doncella "Alicent" se comenzaba a peinar los cabellos y al empezar a cantar, el sombrero de Conrado salía volando. El pastorcillo tuvo que correr detrás de él y cuando regresó, "Alicent" ya había recogido y guardado sus cabellos bajo una cofia, entonces la supuesta doncella salió de su escondite y se unió al grupo.

— Eso vientos son raros en el sur, a menos que estés en el Valle, pero en el Norte son muy normales.

— ¿Eres del norte?— preguntó "Alicent".

— Sí, ¿y tú?

— De Antigua…—no tenía caso esconderlo, Alerie estaba tan cansada por el trabajo que no tenía fuerzas para inventar algo.

— ¿Es bonito? Yo conozco muchos lugares, viajé del norte hasta Desembarco del Rey, luego estuve en las Tierras de los Ríos y hasta Braavos.

— ¡Braavos! Oh, cómo me gustaría ver sus canales. Solo he visto Antigua, y ahora Desembarco del Rey, aunque me gusta mucho mi hogar, las ciudades empedradas, Torrealta… no te imaginas que vista tan bonita tiene, en especial desde los salones superiores, es una gran fortaleza de piedra negra que resplandece con la luz del faro que está en los más alto de la torre, y al atardecer, el sol ilumina la desembocadura del río vinomiel y pareciera que está hecho de todos los metales conocidos en lugar de agua…— Alerie no pudo evitar su entusiasmo, recordar su hogar y a su familia. Su hermanitas eran muy pequeñas como para ser sus compañeras de juego, pero le contó todo sobre ellas con una mezcla de alegría y añoranza, sus primos, los sirvientes y hasta las peleas entre los guardianes que estaban encargados de mantener vivo el fuego del faro. Alerie continuó con su historia aunque Conrado estaba aburrido y decidió que era hora de marcharse. No se imaginaba que había compartido la mañana en compañía de la misma reina.

Esa noche, Arya pudo anunciarle a su marido que, como siempre tenía razón, pero Gendry estaba tan acostumbrado a que así fuera que no le importó mucho. Al contrario, aceptó formar parte de la siguiente parte del plan de Arya, que esta vez sí se lo agradeció con lujo de afecto.

Tan contento estaba el rey por la mañana que no reparó en las escoltas de capas doradas que lo seguían por toda la fortaleza. Estaba buscando a la pastora de gansos y dejó dicho en la cocina que en cuanto regresara fuera enviada a su despacho. Comenzaron las especulaciones. ¿Habría hecho algo el príncipe Yoren? ¿Ya le habría dejado un bastardo en la barriga? Pero no era ninguno de esos casos. El rey estaba decidido a que la niña confesara, ¿quién era la impostora y dónde estaba la verdadera novia?

Mientras tanto, en las habitaciones de Caeta, Yoren había optado por tirarse boca abajo en el piso para quejarse amargamente de sus desgracias, afortunadamente la habitación de su hermana mayor tenía un mullido tapete con decorados florales sobre un fondo negro que le resultaba bastante cómodo cuando quería maldecir su "infeliz suerte".

— Lamentarte todo el día y escondértele a tu novia no va a detener la boda. Yo que tú escapaba. Podríamos fingir tu muerte, que Orys se case con ella y tú podrías vivir en el bosque.

— Cat, mi querida Cat, eres mi hermana preferida, por favor no digas necedades que me hagan cambiar de opinión.

— Con unos libros y un arco podrías sobrevivir, Madre y Padre pasaron cosas peores cuando salieron de la Capital con la Guardia.

— A ver, a ver Cat, vamos estableciendo algo. No soy tú, no puedo matar un animal ni aunque mi vida dependa de ello. Vaya, no podría atinarle a un conejo ni aunque me loe entregaran ya muerto sobre una bandeja.

— Pero no le pones reparos al jabalí que te prepara Pastel Caliente.

— Tal vez si me dejo morir de hambre como Baelor el Santo podría librarme de esto. ¡Por favor, dioses, todos, mátenme ya!

— No seas dramático— Caeta estaba entretenida puliendo su arco, era un arma preciosa, regalo del rey en su último día del nombre, en madera de árbol corazón, blanca y grabada con ciervos, leones y un montón de cosas más que a Yoren le importaban un cuerno porque lo iban a casar con una bruja. ¡Eso era, una bruja, una de esas maegis que los dothrakis odian tanto! Si fuera Caeta podría escapar y unirse a los dothrakis, ella sí que sabía cabalgar y usar el arco mientras andaba a galope tendido. Su hermana lo miró, el pobre estaba tan desesperado que llevaba días sin asearse y traía la misma túnica que no se había quitado ni para dormir, aunque el cinturón y el venero habían desaparecido. Tal vez ni siquiera había comido.

— Vamos, no estés así. Tú mismo dijiste que no te importaba, papá te dio la opción de decidir y te negaste…

— Es que, veras… no es tan sencillo, las cosas, bueno, en realidad, no todo es tan sencillo ahora, lo que pasa es…

— Es la pastora— declaró Cat sin el menor atisbo de sorpresa. Había dejado su arco y se había sentado en el piso junto a Yoren.

— ¡Lo sabes!— el pobre desgraciado se incorporó en el acto.

— Todos lo sabemos.

— No puedo casarme con ella, pero, pero…

— Dilo.

— ¡Nunca!— Gritó Yoren, que al levantarse descubrió que traía la túnica desgarrada de una manga. No tenía idea de lo que había sucedido, de repente sintió muchas ganas de beber algo — ¿Qué quieres que te diga, que soy un idiota, que me enamoré de una pastora y quisiera escaparme con ella cuando YO fui el primero que le soltó a Naed y Cassie miles de discursos sobre la responsabilidad, el honor y la necesidad de afianzar la Casa Baratheon para proteger el reclamo de nuestro Padre? No soy un hipócrita.

— Entonces eres un vanidoso y eso es peor. Estás tan a gusto en su autoridad moral que te aterra aceptar que eres sólo un hombre y que no eres inmune a lo que le pasa a todo el mundo. Cuando madre conoció a papá ninguno sabía que él era hijo del Rey Robert. Y cuando se volvieron a ver ni siquiera lo habían reconocido, eso no evitó que se casaran frente a un árbol corazón y naciera Ned. Si estás tan enamorado de la muchacha, di que quieres hacerte maestre, desaparece, obliga a Orys a casarse con tu novia y así todos estaremos contentos.

— ¿Para que Orys me mate con su martillo? ¡No me quieras tanto Cat!

— Basta, anda, acompáñame a la bahía, tengo ganas de nadar y tú necesitas diversión. Vamos a buscar a Elenei, nos caería bien que nos cante algo.

— No quiero salir, no quiero vivir. — Pero al final Caeta arrastró a Yoren y Elenei, que bajaron a la bahía de Aguasnegras donde Cat nadó, Elenei cantó y Yoren se preguntó cuáles eran las probabilidades de fingir su muerte por ahogamiento.

Un toque tímido avisó a Gendry de la llegada de la pastora.

—Adelante— gritó Gendry.

La pastora hizo una cortesía elegante y delicada y sin levantar la cabeza dijo:

—Su majestad.

— La doncella de la reina me cuenta que no eres feliz entre nosotros. ¿Te ha tratado mal la servidumbre? ¿quisieras otro trabajo? ¿regresar a tu hogar?

— No, no, lo que pasa es que… no es que no sea feliz, es que…

— Mentirle al rey es un delito.

— Es que, tengo algunas tristezas pero todos las tenemos.

— Pues bien, dime las tuyas y veré si puedo remediarlas.

— Es que, no puedo decirlo, ni a vuestra Majestad, ni a ninguna persona viviente en este mundo, lo juré antes los siete y si faltara a mi palabra perdería la vida.

Gendry insistió e insistió, pero no logró que dijese una palabras más, entonces se le ocurrió algo.

—¿Sabes? Algunas veces me gusta visitar la forja donde fui aprendiz, pero hace mucho que no voy y debe estar muy sucia y abandonada. ¿Qué te parece si la arreglas un poco? Te distraerías con un trabajo menos tedioso que andar persiguiendo pájaros todo el día. Además, como sabes creo en el dios rojo R'hollor, y mi forja tiene una buena hoguera, tal vez podría contarle tus penas a él, no romperías tu promesa y tal vez estarías más tranquila.

La doncella no pudo negarse, y se dejó llevar a la forja por una escolta de tres de los hombres de confianza del Rey.

— Aquí es pequeña— le dijeron cuando llegaron a la calle del acero. La pastora entró al pequeño espacio, estaba lleno de ollin.— Volveremos por ti por la noche. El rey aprecia mucho este lugar, déjalo bien ordenado y tal vez te de unos venados de plata, o incluso un dragón.

Los caballeros se marcharon y la doncella comenzó su trabajo, hasta que vio el fuego del hogar, estaba lleno de leños, algunos quemados, pero recordó lo que le dijo el rey y decidió intentar. Debajo de los leños había una ligera chispa. Alerie sopló un poco primero, y con lo que había aprendido sobre prender fuegos, encendió pronto una buena hoguera. La habitación se calentó y entonces recordó su hogar, no pudo evitarlo y se puso a llorar, entonces se acercó a la chimenea y comenzó a rezar. Si los Siete la habían olvidado, tal vez R'hllor sí la escucharía. Le pidió que la librara del yugo de Falyse, pidió por la salud de su padre y el bienestar de sus hermanas, se desahogó y contó al fuego todo lo que había pasado, hasta la ternura que sentía por el príncipe que había perdido.

— Aquí estoy yo, olvidada de todo el mundo, cuando me enviaron para ser esposa. ¡Ay, si mi madre lo supiera, el corazón se le partiera!

Lo que no sabía es que Gendry estaba escuchando todo en la pequeña habitación en las que habían dormido alguna vez los aprendices, cuando era sólo un muchacho. Entonces esperó a que la doncella terminara de ordenar el lugar y al anochecer, cuando los caballeros aparecieron para escoltarla de regreso a la Fortaleza Roja, Gendry salió de la misma forma en que había entrado, en silencio, cruzando atajos y callejones que recordaba de su juventud como aprendiz. Tenía muchas cosas que contarle a Arya.