Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Masami Kurumada y de Shiori Teshirogi. Únicamente Helena (OC) es de mi autoría.
Aclaración: Three-shoot, AU, TLC, Asmita x OC.
"Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta." - Sam Keen
El reloj despertador sonó de manera habitual a las 7:00am, abrió los ojos lenta y pesadamente, se sentía fatal por lo que de antemano le avisó a su jefe que por motivos de salud no podría ir a la oficina ese día, ya después buscaría la manera de obtener un certificado médico que comprobara su excusa.
Había estado llorando toda la noche y parte de la madrugada, por lo que sentía que su cabeza iba a explotar. Se levantó de forma cansina y se dirigió de inmediato al espejo para observar su rostro, una mueca de desaprobación surcó su cara en cuanto notó lo mal que lucía con sus ojos tan rojos e hinchados, cualquiera pensaría que la habían golpeado.
Decidió darse una ducha y desayunar algo ligero, no quería protagonizar un espectáculo el día de su cumpleaños terminando en el hospital por no comer y con una depresión tan profunda como causa.
Apenas empezaba el día y ya le habían llegado un montón de felicitaciones de parte de su familia y amigos. Suspiró derrotada, el primer mensaje y llamada el día de su cumpleaños siempre era de parte de el.
De cierta forma se sentía perdida, estaba tan acostumbrada a pasar ese día con Asmita que no le veía sentido a celebrarlo sin él.
Mientras terminaba de comer escuchó que llamaban a la puerta, en su interior sintió un rayo de esperanza el cual procuró desechar de manera instantánea; el no regresaría, ya lo había perdido para siempre.
-¿Y esto?-se preguntó asombrada ya que al abrir la puerta se encontró con un gigantesco ramo de rosas rojas y blancas el cual venía con una tarjeta sin remitente, lo único que decía era "Feliz Cumpleaños" escrito con una caligrafía que no reconoció.
Una vez mas el rostro de su amado acudió a su mente, mas regañándose a sí misma, se aseguró que Asmita jamás haría algo como eso, y mucho menos ahora con semejante beldad pelirroja a su lado. Caminó de regreso al comedor luego de cerrar la puerta, y se quedó contemplando el hermoso ramo, intentando adivinar quien podría tener un detalle tan hermoso para con ella.
El ruido del timbre volvió a sonar y Helena, abandonando su ensoñación con el ramo, se dirigió de nueva cuenta a abrir la puerta para ver de quien se trataba. Al hacerlo se encontró con Yuzuriha cargando un oso de peluche y gritándole feliz cumpleaños.
-¿Y esa cara? Helena hoy es tu cumpleaños, solo sucede una vez al año, tienes que disfrutarlo.-animó la rubia castaña entrando al departamento y cerrando la puerta tras de si, entregándole el oso de peluche a su amiga quien con un abrazo le agradeció el gesto.
-Yuzu, sabes perfectamente porque estoy así. Jamás podría celebrar después de lo que vi ayer. Si Asmita buscaba destrozarme el día, cumplió a la perfección con su cometido.-replicó, volviendo a tomar asiento en el comedor, sosteniendo su rostro con sus manos mientras observaba nuevamente el ramo con el peluche entre sus piernas.
-¡Wow! ¿Y ese ramo tan bonito? ¿Quien te lo regaló?-indagó Yuzuriha haciéndose la desentendida. Ella sabía a la perfección quien lo había enviado, pero era un secreto así que procuró mantenerse callada.
-No tengo la menor idea, hace poco alguien llamó a la puerta y lo dejó allí. Ni siquiera tiene remitente.-contestó Helena sintiendo cada vez mas curiosidad al respecto, intentando no engañarse así misma imaginando que cierto rubio lo había enviado.
-Bueno, ¿porque no vamos por ahí a celebrar tu cumpleaños? Pedí el día libre así que tenemos 24 horas para disfrutar.-propuso Yuzuriha consciente de que tenía que entretener a Helena durante todo el día hasta que llegara la hora indicada por Asmita para ejercer el plan trazado la noche anterior.
-No se Yuzuriha, no me siento muy animada... no es fácil, fueron cinco años de mi vida echados a la basura.-respondió la pelinegra caminando a su habitación seguida de la rubia castaña quien no pretendía dar su brazo a torcer.
-Vamos Helena, salir te hará sentir mejor. No puedes quedarte aquí encerrada toda la vida lamentándote.
-¿Sabes que estás siendo un poco insensible?
-¿Sabes que estás siendo un poco exagerada? Helena, llorar no hará que vuelva, así que arréglate y salgamos, aplica lo que tu misma dices siempre: "Si hay dolor, que no se note".
Exhalando de forma abrupta en señal de rendición, Helena se dirigió a su habitación para ducharse y arreglarse, conocía perfectamente a la rubia castaña y sabía que no se detendría hasta lograr su cometido. Además, por mas que le doliera, Yuzuriha tenía razón, encerrarse a llorar no traería a su amado rubio de vuelta.
-No puedo creer que ese desgraciado nos tenga de secretarios llamando a todos para cancelar después de que fue el quien organizó toda esta locura.-se quejó Aspros revisando la lista de personas a las que tenían que contactar para avisarles que la fiesta sorpresa de Helena había sido cancelada.
-Tiene sentido que cancele todo después de lo que nos contó.-opinó Defteros mandando mensajes a las amistades en común que habían sido invitadas para notificarles acerca de la cancelación.-Ya puedo imaginar el espectáculo que habrían montado con tan solo llegar a la fiesta; imagínate, Helena y Yuzuriha moliendo a golpes a la pobre Annia por algo que no hizo.
-Es cierto, pero yo desde un principio le dije que no hiciera tanta algarabía, ahora mira como hemos quedado.-prosiguió el gemelo mayor preparándose para realizar una nueva llamada.
-Tienes razón Aspros, pero por una parte lo comprendo...-dijo Defteros, volviéndose a sumir en el teléfono celular para cumplir con su tarea.
-Pues yo no sé tu, pero de que me cobro esta, me la cobro. Me tortura en una tarde de compras, me obliga a preparar una fiesta, después la cancela porque una vez mas Helena volvió a hacer uso de su creativa y variopinta imaginación y para colmo, se atreve a mandarme a notificarle a todos sobre la cancelación. No Defteros, esto no se queda así...
-Habla hermano mío, tu gemelo escucha...-replicó Defteros con una sonrisa macabra, recibiendo el mismo gesto de parte de su gemelo; hacía mucho que no hacían una de las suyas.
Helena y Yuzuriha se encontraban en la heladería favorita de ambas, la pelinegra tenía la costumbre de atiborrarse de cosas dulces cuando de enfrentar una depresión se trataba, como si la azúcar fuera sinónimo de felicidad y pudiera influir de alguna manera positiva en toda la situación.
-Y dime Helena, ¿Que has pensado de todo esto?-preguntó Yuzuriha disfrutando de su malteada favorita.
-Aun no lo puedo creer... siento que en algún momento despertaré de esta pesadilla y estaré pasando este día junto a el, pero cada vez que intento convencerme a mí misma de que eso es posible, viene a mi mente esa imagen para torturarme una vez mas...-replicó Helena con la mirada perdida en el sundae de fresa que estaba degustando desde hace unos segundos.
-¿No te has puesto a pensar que quizá todo tiene una explicación? Porque, vamos, solo estaban bajando paquetes, quizá lo malinterpretamos todo...-opinó la rubia castaña sin dejar de observar el gesto de añoranza que se posó en el rostro de su mejor amiga.
-Si, pero la verdad es que no tendría el valor para enfrentar a Asmita y pedirle explicaciones al respecto.-respondió la pelinegra con los ojos abnegados en lágrimas.-Y-yo no merezco a Asmita... me di cuenta que he sido egoísta; siempre con mis excentricidades y mi inmadurez, esperando que el siempre arregle el desorden que yo causé... no es justo para él, se merece algo mucho mejor, y si lo encontró en alguien mas te juro que intentaré alegrarme por ello...
-Helena...-susurró Yuzuriha sin poder creerlo, iba a empezar a pensar que Asmita tenía un manual sobre la pelinegra o algo así, porque ni siquiera la madre la conocía tanto.
-Asmita se ha esforzado tanto, siempre pensando en nuestro futuro y luchando por el, en silencio, sin hacer tanta algarabía, sin dar muchas explicaciones, hablando con hechos y no con palabras, ¿y yo que? Actuando como una completa idiota pidiéndole que fuera un poco mas como yo deseaba, tratando de convertirlo en algo que no es y que jamás será, incapaz de darme cuenta de que el es perfecto tal y como es, incapaz de amarlo en la forma en la que el se merece porque me empecinaba en creer que el amor era de la manera en la que yo lo imaginaba... ¡Dios! Que estúpida he sido...
-Helena, de verdad me alegra que hayas abierto los ojos...-musitó Yuzuriha con una sonrisa.-Asmita es en verdad alguien especial, podrá parecer un poco tosco al principio, pero después te das cuenta de su gran valía como persona... quizá el no te expresaba sus sentimientos de la manera tradicional, pero lo hacía de una manera muy especial, aunque quizá tu no fueras capaz de apreciarlo en esos momentos...
-Y eso es lo que mas me duele de todo: no supe apreciarlo y ahora lo he perdido. La que acabó necesitando la separación para darme cuenta del valor que tiene en mi vida y de lo perfecto que es para mí, fui yo...
-¿Y que harías si de alguna manera todo lo que vimos resultara tener una explicación? ¿Que harías si pudieras volver con Asmita?
-Te juro que desecharía mis miedos e inseguridades y comenzaría a darle lo que se merece: lo mejor de mí...-respondió la pelinegra con una sonrisa y unas cuantas lágrimas aun recorriéndole las mejillas.
Ansioso, así se sentía. Era la palabra perfecta para definir su estado actual de animo. No lograba concentrarse en nada a pesar de que demostraba todo lo contrario. Observaba el reloj una y otra vez, deseando que el tiempo de duración de aquella sesión psicológica llegara a su fin. Revisó disimuladamente su celular encontrándose con un mensaje de parte de la mejor amiga de su -aunque estuvieran "separados"- novia, y actual cómplice en ese plan, que si analizaba bien era muy impropio de su parte, pero bien dijo alguien que a situaciones desesperadas, medidas extremas.
Yuzuriha: Voy a empezar a pensar de que eres algún tipo de deidad hindú, joder, conoces a Helena demasiado bien. Te envío lo que me dijo. Mi amiga está madurando xD. -Nota de audio-.
Los labios de Asmita se curvaron en una sonrisa; una deidad no era, pero si había algo que practicaba con Helena -sin que ella se diera cuenta, claro está- era el psicoanálisis. Incluso tenía una carpeta donde guardaba todos los informes de cada sesión camuflada como una simple conversación de pareja.
Ahora se sentía impaciente, sumamente impaciente, y si aquel tipo que sufría de delirios de grandeza no se callaba de una buena vez y lo dejaba a solas para poder escuchar la grabación, el mismo lo echaría a patadas de su consultorio. De esa grabación dependía una decisión muy importante.
Quince minutos después el hombre terminó de hablar y después de notificarle cuando sería su próxima sesión lo despidió. Corrió en busca de sus audífonos y se sentó a escuchar lo que Yuzuriha había logrado grabar.
-Helena, mi querida Helena...-susurró luego de escuchar la grabación con una sonrisa llena de satisfacción en el rostro.-Margaret no me pase mas pacientes, necesito salir a comprar algo.- le informó a la recepcionista por teléfono, y tomando su saco salió a paso rápido de su oficina en dirección a los estacionamientos. Se montó al auto y después de revisar que tenía todo lo que necesitaba manejó en dirección al centro comercial mas cercano. Su objetivo: una joyería.
*Mas tarde, Departamento de Helena*
-¡Dios Yuzu, estoy tan cansada!-exclamó Helena acostándose en el sofá después de un largo día junto a su mejor amiga recorriendo la ciudad como dos adolescentes.- Jamás pensé que haría tantas cosas hoy después de como me sentía.
-Pues esa era la idea, que te despejaras un poco. Además aun no hemos terminado, tengo una sorpresa para tí, así que ve a darte una ducha y ponte super sexy y bonita que volveremos a salir.-ordenó la rubia castaña empujando a la pelinegra fuera del sofá y tomando asiento en el.
-¡¿QUE?! No bromees, ya no puedo mas. Además ya han sido suficientes emociones por el día de hoy.-rezongó la pelinegra de pie haciendo ojos de cachorros para intentar apelar a la bondad de la rubia castaña.
-Nada de eso. Ahora ve a hacer lo que te dije, o me veré en la obligación de hacerlo yo misma, y te juro que no usaré agua caliente.-ante la amenaza, Helena corrió a su habitación, si había algo que detestaba era bañarse con agua fría después de un día tan ajetreado como el que tuvieron.
Tomó una medianamente larga ducha mientras escuchaba que Yuzuriha conversaba por teléfono con alguien, suponiendo que se trataba de Yato no le dio importancia y siguió en lo suyo. Entre su ropa rebuscó hasta que encontró un vestido color rojo pasión que le llegaba hasta la mitad de las piernas de cuello halter y que se le ajustaba al cuerpo, por lo que resaltaba sus atributos que aunque no fueran voluptuosos, resultaban agradables a la vista.
Le dio un poco de forma y volumen a su siempre lacia cabellera, se maquilló sus adorados smokey eyes y se calzó sus tacones negros a juego con su bolso tipo sobre y unos sobrios accesorios. Se miró al espejo y no pudo evitar la mueca en la que se transformó su cara, se había arreglado pensando en él.
-Ya estoy lista, mejor vámonos antes de que me arrepienta.-dijo Helena haciendo su aparición en la sala de estar y dirigiéndose a la cocina por un poco de jugo.
-Te vas a morir cuando la veas, está bellísima...-susurró Yuzuriha a su interlocutor antes de cerrar la llamada.-¡Vaya, pero mira nada mas! ¡Te vez preciosa!-halagó la rubia castaña guardando su teléfono para no levantar sospechas.
-Gracias Yuzu, aunque la verdad es que me arreglé pensando en él...-respondió Helena cabizbaja.
-No te preocupes, es normal al principio...-aconsejó disimulando una sonrisa mordaz ante lo dicho por la pelinegra.-Ahora si, vámonos...-anunció animada arrastrando a Helena fuera del departamento.
Una vez en el auto, propiedad de Yuzuriha y Yato, la rubia castaña rebuscó entre los asientos hasta encontrar una cinta gruesa con la cual taparía los ojos de su mejor amiga para que no viera hacia donde donde se dirigían porque de seguro se acobardaría.
-¿Y eso para que se supone que es?-inquirió Helena observando la cinta con desconfianza.
-Esto es para que no puedas ver tu sorpresa, tengo que ponértela desde ahora porque sino adivinarás todo apenas lleguemos.
-¿Me puedes decir por lo menos a donde nos dirigimos?
-No, y mejor démonos prisa porque nos están esperando.-dijo Yuzuriha dando por terminada la conversación y cubriendo los ojos de su mejor amiga con cuidado de no arruinarle el maquillaje.-¡Ahora si, vámonos!
Yuzuriha manejó de prisa consciente de todas las cosas que podrían estar pasando por la mente de su mejor amiga, pero tranquila porque sabía que después de esto ella estaría mucho mejor que antes.
Mandó un mensaje de texto anunciando su pronta llegada cuando se vio obligada a detenerse gracias a un semáforo. Recibiendo el visto bueno de su cómplice manejó aun mas rápido que antes ganándose un ¡No me quiero morir! De parte de Helena quien inmediatamente volvió a sumirse en sus pensamientos intentado imaginar de que se trataba todo aquello.
-¡Hemos llegado!-anunció Yuzuriha luego de unos minutos.-Espera que te ayudo a bajar, porque aun no te puedo quitar la cinta.
Bajó rápidamente del auto frente al conocido edificio y ayudó a Helena a bajar. Se encaminaron al lobby donde después de hacerle señas al seguridad para que no abriera la boca -porque de seguro Helena le reconocería la voz y saldría huyendo- tomaron el ascensor para llegar al departamento indicado.
-¿Yuzu donde estamos?-preguntó Helena sintiendo como sus sentidos de alerta se disparaban y su corazón empezaba a latir con fuerza.
-Cálmate Helena ya estamos llegando. Vamos, camina.-y con una sonrisa abandonaron el ascensor quedando justo frente a la entrada del lugar acordado, donde ya su cómplice le esperaba apoyado al marco de la puerta y cruzado de brazos.
-Yuzuriha, dime donde estamos. ¿Ya puedes quitarme la cinta?- Asmita tuvo que morderse los labios para contener la risa ante la impaciencia de la pelinegra y que esta notara su presencia. Se hizo a un lado para que ambas chicas entraran, y le indicó a Yuzuriha que la sentara en el lugar que había preparado justo en el centro de la habitación.
La rubia castaña hizo lo indicado y luego de un gesto de asentimiento por parte de Asmita, se despidió del rubio dándole un abrazo y deseándole suerte en un susurro que solo el escuchó. Con una sonrisa de satisfacción Yuzuriha abandonó el departamento habiendo cumplido con su parte del plan, lo demás ya le correspondía al rubio.
De un leve portazo cerró la puerta y se dirigió hasta donde se encontraba la pelinegra, quien no había dejado de llamar a Yuzuriha y de pedirle explicaciones. Se encaminó hacia donde ella estaba y se sentó frente a frente sintiendo de golpe el aroma a frutas que siempre la acompañaba.
-¿Yuzuriha? Déjate de bromas, y dime de una vez en donde estamos.-preguntó Helena con la voz temblorosa, su sexto sentido le decía exactamente en donde se encontraban y el característico olor a incienso se lo aseguraba. Su corazón palpitó con mas fuerzas que antes cuando sintió aquel perfume acercarse.
-Lamento decirte que Yuzuriha ya se ha ido...-susurró Asmita al oído de Helena observando con una sonrisa el respingo que le había provocado y como se le erizaba la blanca piel al instante en que escuchó su voz.-Y dime, ¿te han gustado las rosas que te envié?
-Asmita...-musitó Helena de manera casi inaudible cuando el mencionado le retiró la cinta que cubría sus ojos. Su mirada viajó al rededor: todas las luces estaban apagadas y solo podía distinguir su rostro gracias a la tenue iluminación de algunas velas ágilmente colocadas por toda la habitación. Ambos estaban sentados sobre una suave y gruesa alfombra con estampado hindú y muchos pétalos de rosas habían sido esparcidos por todo el lugar complementando hermosamente la sobria decoración.- Algo en mi corazón me decía que habías sido tu, pero me negaba a creerlo...
-Lo sé... como siempre, volviste a crearte una película en donde tu y yo somos los protagonistas de una tragedia amorosa...-replicó el rubio a escasos centímetros de distancia entre sus rostros, disfrutando de la estupefacción reflejada en su amada.
-Asmita yo...-intentó decir Helena, quien aun no era capaz de procesar todo lo que estaba sucediendo.
-Antes que digas nada, quiero aclarar que la chica con la que me vio Yuzuriha en el aeropuerto y luego aquí bajando paquetes del auto es Annia, la novia de Aspros. Vino conmigo desde Irlanda, en donde fue mi capacitación, porque no le gusta viajar sola desde que perdió a sus padres en un accidente de avión. Y no, no vive conmigo, vive con los gemelos hasta que ella y Aspros se muden juntos. Y los paquetes que bajábamos eran las cosas que había comprado para prepararte una fiesta de cumpleaños sorpresa, fiesta que tuve que cancelar por todo este problema que armaste.-explicó Asmita con su habitual rostro estoico.
-¿Que?-fue todo lo que Helena pudo articular luego de recordar como meses anteriores Asmita le había comentado sobre Annia cuando ella y Aspros estaban planeando mudarse juntos. Sintió una pesada carga abandonar su pecho, instalándose en su lugar una profunda vergüenza. Otra vez había hecho de las suyas.-Asmita lo siento mucho, perdóname por juzgarte de esa manera...
-Tienes que aprender a no dejarte llevar de las apariencias conmigo, porque sino siempre nos veremos en esta situación.-respondió el rubio acariciando levemente el rostro de Helena que ya comenzaba a ser bañado por las lágrimas que escapaban de sus orbes verde esmeralda.
-Perdón...-exclamó la pelinegra arrojándose al rubio, quien la recibió envolviéndola rápidamente entre sus brazos. Le acarició el rostro con delicadeza llevándose así las lágrimas en el proceso.
-¿Me extrañaste? Fueron tres meses sin saber nada de tí.-inquirió Asmita, refiriéndose al otro tema que faltaba por zanjar antes de que se decidiera a hacer lo que tenía planeado.
-¡Perdón! ¿Que mas puedo decir? Me comporté como una verdadera idiota todo este tiempo. Pero te juro que esta separación y el haber pensado que te había perdido, me sirvió para darme cuenta de muchas cosas Asmita...
-Interesante...-contestó y sacando su celular del bolsillo, buscó la grabación que había recibido hacía unas horas por parte de Yuzuriha.- ¿Te refieres a estas cosas, querida Helena?
-¿No te has puesto a pensar que quizá todo tiene una explicación? Porque, vamos, solo estaban bajando paquetes, quizá lo malinterpretamos todo...
-Si, pero la verdad es que no tendría el valor para enfrentar a Asmita y pedirle explicaciones al respecto.Y-yo no merezco a Asmita... me di cuenta que he sido egoísta; siempre con mis excentricidades y mi inmadurez, esperando que el siempre arregle el desorden que yo causé... no es justo para él, se merece algo mucho mejor, y si lo encontró en alguien mas te juro que intentaré alegrarme por ello...
-Helena...
-Asmita se ha esforzado tanto, siempre pensando en nuestro futuro y luchando por el, en silencio, sin hacer tanta algarabía, sin dar muchas explicaciones, hablando con hechos y no con palabras, ¿y yo que? Actuando como una completa idiota pidiéndole que fuera un poco mas como yo deseaba, tratando de convertirlo en algo que no es y que jamás será, incapaz de darme cuenta de que el es perfecto tal y como es, incapaz de amarlo en la forma en la que el se merece porque me empecinaba en creer que el amor era de la manera en la que yo lo imaginaba... ¡Dios! Que estúpida he sido...
-Helena, de verdad me alegra que hayas abierto los ojos... Asmita es en verdad alguien especial, podrá parecer un poco tosco al principio, pero después te das cuenta de su gran valía como persona... quizá el no te expresaba sus sentimientos de la manera tradicional, pero lo hacía de una manera muy especial, aunque quizá tu no fueras capaz de apreciarlo en esos momentos...
-Y eso es lo que mas me duele de todo: no supe apreciarlo y ahora lo he perdido. La que acabó necesitando la separación para darme cuenta del valor que tiene en mi vida y de lo perfecto que es para mí, fui yo...
-¿Y que harías si de alguna manera todo lo que vimos resultara tener una explicación? ¿Que harías si pudieras volver con Asmita?
-Te juro que desecharía mis miedos e inseguridades y comenzaría a darle lo que se merece: lo mejor de mí...
-¿Como es que...?-indagó Helena, para luego entender que Yuzuriha había sido su cómplice durante todo ese tiempo.-No puedo creerlo, Yuzuriha y tu...
-Si, ella me ayudó para solucionar todo esto. Anoche le escribí y fue ella quien me explicó lo que estaba pasando contigo después de que le había pedido ayuda para lo de tu fiesta sorpresa.-explicó Asmita volviendo a guardar el celular después de apagarlo, no quería que nadie lo interrumpiera cuando empezara a hacer lo que tenía planeado.- Ahora dime, ¿todas esas cosas que dijiste, son ciertas?
-Si...-contestó inmediatamente.-Asmita, me di cuenta que te amo, y amarte implica que debo aceptarte tal y como eres, así como tu has hecho conmigo. Si lo pienso bien, la verdad es que soy afortunada de tenerte, eres el hombre perfecto para mí y me dí cuenta que no puedo imaginarme la vida sin tí a mi lado. Te admiro Asmita, porque solo el amor podría haberte hecho soportarme durante tanto tiempo...
-Y estoy dispuesto a seguir haciéndolo. ¿Sabes porque? Porque aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.-recitó Asmita levantando con su dedo pulgar derecho el rostro de Helena para que lo mirada a la cara.-Yo ya llegué a ese punto, ahora has llegado tu. Ambos somos imperfectos, por el simple hecho de ser humanos, pero bajo nuestra propia opinión, ambos somos perfectos el uno para el otro.
-Entonces, ¿porque hiciste todo esto? Es una de esas cosas que solía desear que hicieras...-inquirió confundida.
-Para que vieras los resultados que esta separación causó en mi. Así como tu tuviste cambios, yo también los tuve. Quería demostrarte que a mí manera también puedo complacerte. Jamás me verás hacer alguna cosa de estas en público porque ese no es mi estilo, pero en la intimidad querida, es otra cosa...
Acortó lenta y tortuosamente el espacio entre sus labios. Depositando un suave y delicado beso en los labios de Helena. Se deleitó en ellos, dejando leves mordiscos y un rastro húmedo por toda la extensión carnosa. Buscando profundizar el beso, introdujo su lengua con delicadeza dentro de la cavidad oral de la chica siendo cálidamente recibido por la de ella; la recorrió a su antojo, mientras acariciaba su cuello y rostro con su mano izquierda.
Haciendo uso de su propio cuerpo, empujó el de Helena para ayudarla a erguirse y así poder utilizar su mano derecha para acariciarla con libertad. Recorrió sus hombros desnudos y bajo lentamente por toda la extensión de sus brazos, posó ambas manos en la cintura de la chica acercándola lo suficiente a su cuerpo para profundizar el contacto. Teniéndola así, a su merced, doblegada, recorrió a su antojo la piel desnuda de sus piernas provocándole un sonoro gemido que no hizo mas que dibujar una sonrisa en su rostro.
-Helena, quiero hacerte una pregunta.-susurró sin dejar de saborear cada centímetro de su boca de aquella manera tan sublime. Helena extasiada no pudo mas que responder un débil si en señal de que había escuchado.-¿Quieres casarte conmigo?
-¡¿QUE?!-contestó Helena separándose de golpe y rompiendo el contacto. Sus ojos prácticamente se salían de sus órbitas sin poder creer lo que estaba escuchando.-Asmita, ¿hablas en serio?
-Muy en serio.-respondió el aludido clavando su mirada azulina en la verde esmeralda de la pelinegra. Vio como gruesas lágrimas surcaban nuevamente su rostro y como se dibujaba una sonrisa de sincera alegría en sus labios ya rojos e hinchados debido a la intensidad del beso compartido.
-¡Si, claro que si!-replicó abrazándose de nueva cuenta a su ahora flamante prometido. Sintió como Asmita deslizaba un hermoso anillo en su dedo y no pudo evitar concentrar su atención en aquella preciosa joya.-Sigo pensando que no me lo merezco...-susurró volviendo a concentrar su mirada en las orbes azules del rubio.
-Nadie merece nada en esta vida porque si Helena, todo se gana...-musitó apoderándose nuevamente de los labios de la pelinegra quien correspondió gustosa al gesto tan íntimo y que tanto disfrutaba.
Las manos tibias de Asmita se pasearon por la piel descubierta de su espalda en busca del cierre de aquel vestido, que tal como dijo Yuzuriha, ya lo estaba enloqueciendo. Cuando al fin lo encontró, deslizó suavemente el cierre hasta descubrir por completo la anatomía trasera de su amada, rozando extasiado esa blanca piel que desde tiempos inmemoriales le hacía perder la razón.
La tomó por la cintura y la ayudó a girarse, quedando de espalda entre sus piernas. En esta nueva posición terminó de retirarle por completo la parte superior del vestido, quedando únicamente protegida por su sostén de encaje negro. El rubio dejó un camino de besos desde su cuello hasta la zona media de la espalda, causándole una marea de espasmos que no hacían mas que desconcertar a Helena quien ya no podía reprimir sus intensos gemidos.
Sus manos viajaron hasta sus pechos, los cuales estrujó sin compasión demostrando así la pasión contenida durante tanto tiempo. Helena, a punto de enloquecer, logró tener un momento de lucidez, y en un ágil movimiento abandonó la posición, colocándose a horcadas sobre el rubio quien la observaba de manera provocativa, buscando que ella también abandonara la sumisión y desatara su propia pasión interior, para así poder ambos perderse en ese abismo de deseo que amenazaba con consumirlos.
Con fiereza buscó los conocidos labios y en un arrebato los devoró siendo salvajemente correspondida por Asmita; con dificultad intentó retirarle la camisa blanca manga larga que cubría su esculpido torso terminando por arrancarla, haciendo volar los botones en el proceso, dejándola inútil para un nuevo uso.
Lo besó desde el cuello hasta el inicio de los marcados abdominales, lo haló por los hombros obligándolo a sentarse y acomodándose ella sobre su pelvis realizando movimientos rítmicos que amenazaban con acabar con el autocontrol de Asmita quien ya no podía contener las ansias con las que le gritaba su entrepierna.
-Ya n-no a-aguanto mas...-exclamó el rubio con voz entrecortada por el placer.-¿Estas lista?
-Siempre...-replicó Helena igual de enloquecida por el deseo. Ambas miradas se encontraron por breves segundos en señal de acuerdo para lo que estaba a punto de ocurrir y ambos asaltaron la boca del otro con fiereza al mismo tiempo.
De repente un golpe seco se escuchó asustando a los amantes quienes liberaron los labios contrarios al instante intentando descifrar que pudo haber sido.
-¿Escuchaste eso?-indagó Helena preocupado y con la mente mas despejada.
-Si al parecer proviene de la cocina... ¿Quieres que vaya a ver?-Helena asintió ante lo propuesto por Asmita, y justo cuando estaban poniéndose de pie e intentando acomodar sus ropas con la idea de continuar con lo que habían dejado inconcluso hace algunos segundos en otro lugar del departamento después de revisar la cocina, se dieron cuenta que aquello no sería posible.
-¡SORPRESA!-la quijada de Helena se desencajó cuando las luces fueron encendidas de repente y vio a los amigos de ambos congregados llenos de silbatos, gorros, y demás artículos decorativos de cumpleaños riendo de forma burlona con un pastel en mano. Asmita por su parte, sintió unos deseos incontenibles de partirle el cuello a el par de gemelos que le observaban con expresión maliciosa dejándole saber quienes habían orquestado aquella broma.
-Feliz cumpleaños Helena y felicidades a ambos por el compromiso.-dijo Yuzuriha quien se las había arreglado para regresar al apartamento después de hablar con el vecino para que le dejase cruzar por la ventana con la ayuda de los gemelos.
-Por cierto, lindo sostén, como se nota que te preparaste para la ocasión...-inició Defteros con lascivia y burla en la mirada, haciendo a la aludida reaccionar y correr a arreglarse el vestido con la ayuda de Asmita.
-Lamentamos interrumpirles el momento, pero también teníamos ganas de celebrar...-secundó Aspros dándole una probada al pastel para después sonreír victorioso, recibiendo un codazo por parte de Annia que estaba completamente avergonzada por haber interrumpido un momento tan íntimo como el que Helena y Asmita estaban compartiendo.
-Celebremos entonces...-dijo Helena animada para despejar la tensión del momento y con una sonrisa intentó disipar el mal humor que de seguro debía estar carcomiendo a Asmita; si había algo que el rubio odiara era el que lo interrumpieran a mitad de camino.
-Después de todo esto te quedas a dormir... tengo unos cuantos conocimientos acerca de un conocido libro que me gustaría compartir contigo...-susurró Asmita con una sonrisa que le hizo tragar en seco a Helena, ella sabía exactamente a lo que se refería. Para calmarla el rubio depositó un besos en labios de la pelinegra y tomándola de la mano la llevó junto con el resto del grupo para celebrar su cumpleaños, ya después se encargaría de los gemelos y por supuesto de culminar lo que había empezado hacía poco en la sala con su amada.
FIN
¡Y eso es todo! Quise hacer lemmon, pero bueno, después decidí que no, espero no haberles decepcionado, yo sí lo estaría xD
Espero que les haya gustado este three-shoot y que dejen sus reviews con sus comentarios al respecto, los estaré esperando encantada.
Como les dije el que sigue en mi lista es Sísifo de Sagitario, pronto estaré subiendo este OS aprovechando esta racha de inspiración.
Una vez culminados esta serie de OS, me dedicaré a mi nuevo longfic el cual tendrá como protagonista a Regulus de Leo.
Gracias por leer,
¡Saludos!
