Hola a todos.

Bien, tengo que ser sincera. Últimamente he tenido algunos problemas y quiero disculparme si me ausenté por algún tiempo (sé que solo han sido algunos días, pero siendo honesta me ha parecido una eternidad).

Escribir fanfiction es sin duda de las cosas que más he amado hacer en éstos últimos dos años, por ello me esfuerzo tanto porque sea de su agrado ya que a mí también me llena en cierta forma. Temo que estoy llegando a una etapa límite como fanática; esa fase en que ya has visto tantas veces lo mismo que -no es que te aburras, eso lo tengo claro- sino que el fanatismo se vuelve un poco monótono. Quiero seguir escribiendo fanfiction, quiero seguir dibujando fanart, pero ahora que tengo la capacidad de hacer ambos es como si toda esa emoción y fanatismo se hubiese agotado. Me duele mucho el ya no poder sentir lo mismo cada vez que veo algún video emotivo referente a la serie o que de verdad ya no me llenan muchas cosas que hace tiempo me sacaban lágrimas. Es algo así como topar con pared en el mundo del fanatismo.

Quiero dejar en claro que esto no es una despedida ni nada por el estilo, solo quiero que lo sepan, porque todos ustedes merecen saberlo. Avatar: La leyenda de Aang es algo que me ha formado tanto como persona que el solo hecho de pensar en dejarlo de lado es como si me arrancaran una parte de mí. He sido parte de muchos fandoms; sin embargo, cada vez que llegaba uno nuevo el otro era olvidado por completo, aún así, te apostaría lo que sea a que jamás ocurrirá con Avatar, y eso puede en parte ser un problema ya que la serie está tan bien elaborada que un anime o cualquier otra cosa se hacen polvo para mí si trato de reemplazarla.

Haré un especial de San Valentín para hacer la prueba y creer que todo volverá a la normalidad, aunque sé que no será así. De todas formas, me esforzaré por continuar hasta donde pueda.

De antemano te agradezco por leer mis historias y de igual forma temo que ésto suene patético, pero necesito de su apoyo más que nunca, en parte también son mi familia, se les quiere mucho, avateros.

Dejando mi posiblemente deprimente discurso de lado, como siempre, espero que disfrutes de la historia.

Ésta está basada en una escena de la película "Mis vecinos los Yamadas." del Studio Ghibli, solo la vi e inmediatamente pensé: "Wow, ésto tiene que ser un fanfic..." De verdad la recomiendo. ^^

Avatar: El último maestro del aire no me pertenece.

Clasificación: K

-o-o

Distraídos.

-Había algo más, estoy segura.- Comentó Katara, sus manos aferradas al borde de la montura de Appa.-…Ugh lo tengo en la punta de la legua.

Aang dejó salir un suspiro mientras tomaba las riendas del enorme bisonte.

-Papá, ¿por qué tienes tanta prisa por volver a casa?- Preguntó Bumi a la vez que se cruzaba de brazos y se apoyaba en el respaldo.- Esa tienda tenía la mejor colección de bumerangs que he visto.

-Tengo que llegar a la junta cuanto antes.- Soltó un suspiro de frustración.- Kya es la única que viene callada, ¿cierto?

Los ojos de Katara se abrieron lentamente para después encontrar los grises ojos de Bumi observándole con el mismo temor.

-Uh… ¿Papá?...- Llamó mientras su madre aún digería lo ocurrido.- Kya no está aquí.

-Aang, aterriza.- Ordenó Katara, aunque para cuando se dio cuenta Appa ya había tocado tierra.

Aang giró la cabeza en dirección a quienes iban sentados en la montura, en sus ojos presente la sorpresa.

-Katara…- Le llamó, su voz sacándola de su trance.-… ¿Dónde está Kya?


Los parpados de la pequeña de apenas tres años se abrieron lentamente. Miró a su alrededor, sintiendo la dura madera de la banca en la cual se había sentado a esperar a que su madre terminara de elegir las verduras en el puesto frente a ella.

Las altas figuras pasaban delante de ella. Se incorporó y frotó uno de sus ojos con aire somnoliento.

Entonces se dio cuenta que su madre ya no estaba. Volteó a distintas direcciones, buscando el radiante color celeste del vestido de su madre o la llamativa capa roja de su padre. Se puso de pie tan rápido como pudo, sus movimientos siendo un poco torpes todavía.

-¿Mamá? ¿Papá?


-Esto no puede estar pasando...simplemente no puede estar pasando.- Comentó Katara, su rostro oculto bajo sus manos.

-Amorcito, tranquilízate.- Murmuró Aang mientras le rodeaba los hombros con un brazo, su otra mano tomando la de Bumi firmemente.- Seguro la encontraremos.

-A éste paso lo dudo.- Murmuró Bumi.

-Bumi.- Llamó en voz queda.

-Solo escúchenme.- Sugirió zafándose de la mano de su padre mientras se ponía de pie frente a ellos.- Podemos separarnos y buscarlo.

Aang y Katara intercambiaron miradas.

-Mamá.- Llamó, su madre se descubrió el rostro.- Ve por la zona de frutas, verduras y todo lo que sea comida, yo registraré el resto del área. Papá.- Llamó volviéndose hacia el sorprendido Avatar.- Tú ve por Appa y búscala desde el cielo. Tenemos que ser discretos.- Agregó desviando la mirada con leve sospecha. Bajó la voz.- Nadie debe saber que la hija del Avatar está perdida.

Aang y Katara asintieron al mismo tiempo. Bumi asintió de vuelta antes de correr en dirección a uno de los callejones que se formaban entre los puestos.

-Vamos a encontrarla, amorcito.- Le animó Aang antes e plantar un beso sobre su frente.

Katara se limpió las lágrimas tan rápido como pudo, una mirada de determinación fija en su rostro.

-Vamos.


Kya miraba los puestos a su alrededor cuando una gran sombra pasó por encima de su cabeza. Alzó la mirada para encontrar un despejado cielo azul, el brillo del sol haciéndole arrugar la nariz.

Pasaron cerca de diez minutos en los que la pequeña caminó sola, sin rumbo alguno. Eso hasta que una voz llamó a sus espaldas.

-Hola, pequeña. ¿Estás perdida?

Kya se volvió para encontrar la figura de una joven mujer a solo unos metros de ella. La pequeña negó con la cabeza.

-No es así. Mi papá, mi mamá y mi hermano.- Dijo señalando a cada uno de ellos con los pequeños dedos de sus manos.- Ellos están perdidos.

Una sonrisa cruzó por los labios de la extraña.


Bumi ha de haber chocado con unas 10 mujeres y hombres de edad mayor mientras intentaba abrirse paso entre el mar de personas.

-Vamos, Kya...- Murmuró para sí.


Katara abandonó la zona de alimentos luego de algunos minutos y optó por acercarse a la entrada del lugar.

-Disculpa,...- Llamó a una anciana que había colocado su puesto a la entrada del laberinto de mercancía.-... ¿de casualidad vio a una niña pequeña pasar por aquí? - Cuestionó un tanto alarmada.- Tiene tres años y llevaba un vestido azul, el cabello castaño y le llega poco abajo del hombro.

La mujer se quedó pensando un momento.

-Creo que la vi salir de aquí hace un momento.- Respondió señalando con un delgado dedo la salida.- Iba acompañada de su madre.

Una profunda ira hizo estremecer el cuerpo de Katara.

-¡¿Qué dice?!- Exclamó víctima de la rabia. - ¡Su madre soy yo!

-Lo lamento, es solo que esa mujer parecía conocerla y yo pensé...

-No está aquí.- Interrumpió la voz de Bumi.

Una prolongada sombra pasó por encima de sus cabezas y en segundos Aang estaba junto a ellos.

-¿Qué ocurre?- Preguntó.- ¿La encontraron?

-Esta señora dice que salió hace un rato.- Respondió Katara, su ira transformándose en preocupación.

-Iba de la mano con una mujer joven, de cabello corto a la altura del hombro.- Respondió la anciana sabiendo que los ojos de todos ellos estaban centrados en ella.

-Un momento...- Interrumpió Bumi.- Kya tiene llaves, ¿no es cierto?

El rugir de un bisonte volador se propagó por los aires y la familia se encaminó a la Isla del Templo del Aire.


Katara fue la primera en bajar, sus manos temblando mientras intentaba abrir la puerta de la entrada.

-¡Kya!- Gritó azotando la puerta.- ¡¿Kya estás aquí?!

Los pasos de Katara y Aang hacían eco entre los pasillos. Bumi se había quedado de pie, recargado en el umbral de la puerta.

Los alarmados padres se reencontraron en la sala.

-No está aquí.- Dijo Aang con un aire de tristeza.

-Por supuesto que no.- Respondió Bumi un tanto irritado.- La puesta estaba cerrada.

La pareja intercambió miradas.

- Donde sea que esté Kya, no pudo ir lejos.- Añadió volviendo la vista a Ciudad República, el sol se estaba poniendo.

El corazón de Katara dio un vuelco al escuchar el teléfono. Caminó tan rápido como pudo y levantó la bocina.

-¿Hola?

Aang y Bumi intercambiaron miradas y Katara soltó un suspiro.

-Oh, gracias a los espíritus.- Dijo llevándose una mano al pecho.- Te la debo, en serio.


-He llamado a tus padres, Kya.- Se escuchó la dulce voz de Suki mientras salía de la cocina.- Estaban muy preocupados.

-Gracias tía Suki.- Respondió sonriente antes de llevarse otra cucharada de ensalada de fruta a la boca.

-Por nada.- Respondió sentándose sobre el mueble.- Vendrán en unos minutos.

-Sí. - Contestó dejando el plato sobre la mesa.- Ya quiero oír su versión de la historia.

Katara fue la primera en amarrar a la pequeña en un fuerte abrazo para luego ser acompañada por el resto de su familia.

Tomaron asiento algunos minutos después, Aang y Katara intercambiaron miradas luego de que Suki preguntara qué había ocurrido.

-Es una larga historia.- Respondió Katara, su mano sujetando la de Aang lentamente.

-o-o

Gracias por leer.