N.A.: Hello, otro capi de esta cosa random. Como dije, esta cosa es lenta, xD y más si no tengo como subirla de manera seguida. Siento la demora.

RESUMEN: Daiki es un poderoso monje que se vuelve cazador de Yokais. Siendo asediado por viejos recuerdos del pasado, se coloca en la encrucijada de eliminar a cualquier ser del mundo espiritual con quien se encuentre, sin contemplaciones. O eso pensó hasta toparse con un personaje que se encuentra en medio de la barrera de los dos mundos, haciéndolo tambalear en una encrucijada…

Los sentimientos no son algo que creyó que se vieran en vueltos luego de una extraña cacería.

Pero aquel hanyou podrá hacerle saber que no todo en el mundo puede ser tan malo.

PAREJAS: Futuramente Aokaga. Otras: regalo sorpresa.

ADVERTENCIA: AU del Japón fantástico (?). Situaciones raras. Momentos tensos. Malas palabras. Posible OCC. Palabras raras al final

Disfruten.

Ninguno de los personajes me pertenecen, yo solo les empleo para mis mezquinos usos.


Capítulo 2: El viajero.

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El sol estaba en todo lo alto para cuando Aomine ya se encontraba a las afueras del pueblo.

Esta vez, iría en dirección norte y vería si tenía suerte en conseguir algún desdichado lugar con problema de plagas espirituales; y luego, tomaría una ruta alterna para volver a la capital. Y en caso de que no resultara tener suerte, simplemente se iría con lo que tuviera. La Villa Seirin de todas maneras no era el único lugar en que fueron solicitados sus servicios en el transcurso de ese mes, por eso no le había temblado la mano en despilfarrar algunas monedas en un buen almuerzo y provisiones para el viaje; y fue así, con el estómago lleno y bien pagado, Aomine emprendió marcha.

Luego de unas horas de caminata, y bajo el ardiente sol, Aomine decidió buscar un sitio donde descansar de aquel astro. Había tenido suerte en encontrar una buena sombra de unos grandes robles cerca de la orilla del inmenso lago que conectaba a las afueras de Seirin con el valle. Se sentó un rato viendo el agradable paisaje, mientras desenrollaba una cantimplora de cuero de su cinto para dar un sorbo.

Para Aomine, quien no tenía gran dilema con la soledad, aquel lugar le pareció perfecto para pasar el rato, el agua del lago se veía cristalina y a pesar del abrasante sol, había una refrescante brisa. Era una linda tarde de verano.

A lo lejos divisó a una carreta se acercaba por el camino que había recorrido. Se levantó presuroso para pedir aventón. Cosa que no le negaron al ver su atuendo de monje. Daiki no solía aprovecharse tan a menudo de las personas por lo que reflejaba su imagen, pero tampoco solía quejarse de ello.

El sujeto quien iba al mando de la carreta era un joven de su misma edad, o al menos que rondaba entre los 21 y 25. Era lo suficientemente hablador como para que Aomine se arrepintiera de haber subido por el viaje gratis, o eso pensaba él. Ya que la misma persona que mantenía el extenso monólogo, de nombre Takao Kazunari, decía que eso era parte de su encanto y carisma.

—Ah, por cierto, ¿A dónde se dirige? —preguntó Takao de manera risueña.

— ¿Hasta dónde llegas? —comentó en un suspiro. —No tengo rumbo fijo.

—Oh, un hombre misterioso, ya veo—comentó Takao con obviedad. —Pues yo me dirijo al pueblo que está rodeado por el bosque; ya sabe, Shutoku. —dijo con tranquilidad. —Debemos llegar antes del ocaso, al parecer muchos viajeros se han vistos atacados en el camino.

— ¿Ladrones? —dijo Daiki sin mucho interés. La risita de Takao se dejó escuchar.

—Es difícil decir que son ladrones cuando estos parecen seres salidos de pesadillas.

— ¿Así que tienen un problema con Yokais?—preguntó, esta vez, interesado.

— ¡Vaya, al parecer ese es tu interés! —rezongó Takao. — ¿En serio eres un simple monje? —un golpe con la funda de la espada de Aomine en la cabeza del pelinegro fue lo que obtuvo como respuesta — ¡Ay, ay, joder! —se quejó. —Y-ya comprendo.

Aomine solo sonrió con disimulo.

El transcurso del camino todo fue en calma hasta que empezó a oscurecer. Takao se encogió en su asiento mientras se frotaba los brazos sobre la tela, pero sin soltar las riendas del par de caballos que iban en frente. Aomine también sintió un escalofríos recorrerle la espina, cosa que lo mantuvo alerta. Escuchó a Takao soltar una exclamación, por lo que volteó a prestarle atención.

— ¿Qué ocurre?

—Hay un viajero allá al frente. —fue lo único que dijo.

Aomine vio hacia donde Takao había señalado y notó a un chico caminar en su misma dirección, pero pasos adelante.

Tenía un traje simple de Hakama color negro y un kimono color borgoña con pétalos blancos en las mangas; sobre esta iba un haori color blanco. Era difícil verle el rostro, ya que cargaba un sombrero de paja, pero podía notar las puntas de una cabellera rojiza atada en una coleta alta. ¿Sería un Rounin? Fue lo primero que pensó, pero luego confirmó al ver que debajo de su haori sobresalía la punta de una funda color negro. Si, probablemente fuera uno.

—Probablemente va al pueblo. —comentó Takao.

—Probablemente. —secundó.

A medida que se fueron acercando al sujeto, Aomine detalló que el extraño era alto, aunque no tanto como él. Por otro lado, a pesar de escucharse el sonido de los cascos del caballo, el extraño no se inmutó, sólo siguió su rumbo sin problemas; o eso fue hasta que Takao abrió a boca.

— ¡Hey chico! —dijo cuando ya estaban a la par. — ¿Vas a Shutoku?

El sujeto asintió escueto, evitando hablar. Aomine frunció el ceño por ello.

— ¡Nosotros también! ¿Quieres un aventón? Casi anochece y estos lugares son peligrosos. —comentó jovialmente Takao. A lo que el chico negó —Aah, vamos.

—Takao, déjalo así. Deja de ser tan molesto. —dijo Aomine un poco hastiado de la situación. Aquella persona no le dada buena espina.

—No podemos dejarlo solo, Aomine. —el tono de Takao era de molestia e indignación.

—En serio, no es necesario... —escucharon decir a duras penas al extraño, quien se había detenido. Mirando hacia algunos árboles adentro. Luego giró rostro —o lo poco que se podía ver de él—hacia los otros dos, dejando ver una leve sonrisa tranquilizadora, que pasaba a teñirse de una mueca ansiosa. —Será mejor que se apresuren, ya casi anochece.

Takao observó con resignación al joven que había hecho una corta reverencia, y había seguido su camino. Kazunari movió las riendas de los caballos para que se pusieran en marcha otra vez; ya que los había instado a detenerse cuando el chico lo hizo. Aomine observó con recelo como el desconocido se acomodaba el sombrero, ocultando aún más su faz.

Siguieron por el sendero, viéndose rodeados de más árboles altos y frondosos, hasta que perdieron de vista al extraño. Aomine resopló con desconfianza. Recargándose en la superficie de madera.

—No deberías ser tan confiado. —dijo con molestia. Takao suspiró con fastidio.

—No era mala persona—aseguró. —Incluso prefirió irse a pie.

—Eso no lo hace buena persona, solo lo hace aún más raro y sospechoso. —rectificó el moreno.

Takao no protestó. Así que siguieron en silencio hasta llegar a las afueras de Shutoku. Como el pelinegro había dicho, era un pueblo rodeado por árboles, difícilmente podía tener un contacto con cualquier otro lugar, pero al poseer un pequeño lago como fuente de agua y terreno de cultivo, era lo suficientemente sustentable para los habitantes. Aomine vio que Takao saludaba a algunas personas conocidas. La noche los recibió ya dentro del pueblo, el cual se veía levemente animado, con algunas farolas encendidas en sus calles y uno que otro mercader vendiendo su mercancía.

— ¡Bueno, hasta acá llegamos! —dijo Takao, deteniendo a los caballos a las afueras de una casona. Aomine estiró la espalda haciendo sonar algunos huesos. —Supongo que no tienes donde pasar la noche ¿Eh? Si quieres puedo ofrecerte asilo en mi humilde morada.

Aomine observó el "humilde" lugar al que Takao apuntaba. No era un lugar tan ostentoso como los terrenos de la familia Aida, pero seguían siendo de buen ver.

— ¿No hay posada cercana? —preguntó Aomine, bajándose de la carreta y tomando sus cosas. —No quisiera incomodar. —dijo por mera cortesía.

—No te preocupes por esas nimiedades, estoy ofreciéndote mi hospitalidad—Takao le hizo una seña con la mano para que lo acompañara a pie hasta la entrada. Aomine solo lo observó unos segundos con seriedad, para luego seguirle el paso.

Una vez dentro de los terrenos, Takao dejó a Aomine cerca de la entrada interna mientras él iba a las caballerizas a dejar a los potros. Mientras esperaba por el pelinegro, una voz conocida para el moreno le habló desde las espaldas.

— ¿Qué haces acá?

Aomine maldijo internamente, para luego girarse lentamente, viendo a un sujeto que hace años no se topaba.

—Midorima. — saludó sin ánimos aparentes. —Solo estoy de paso. Takao Kazunari me ha ofrecido asilo en este lugar.

Vio como el alto sujeto de lentes lo taladraba con la mirada, mientras se cruzaba de brazos. Bajo la luz de las farolas de aceite, notó un brillo resplandeciente en la muñeca derecha de aquella persona. Eso lo hizo fruncir el ceño.

— ¿Así que sigues con eso?—preguntó Midorima con una calma superficial, notando la funda de la espada de Aomine amarrada en su cintura.

Aomine chasqueó la lengua con fastidio, notando el tinte de reproche en la voz contraria.

—No es algo que te incumba.

—Tienes razón. — Aceptó —No me compete.

Un tenso silencio se instaló en medio. Aomine había desviado la mirada a un punto distante del jardín, mientras tanto, Midorima solo se mantenía al pie de la puerta de entrada, detallando al moreno con seriedad.

— ¡Vaya! Ya te hacía cenando, Shintaro. —dijo Takao cuando llego por uno de los costados. El silencio entre ambos hizo que Kazunari entendiera. —Llevaré a Aomine a su habitación, ¿Puedes decirle a Otsubo-san que tendremos un invitado?

—Díselo tú mismo, yo iré a mi habitación. —fue la respuesta que obtuvo antes de marcharse por donde vino.

Takao solo resopló.

—Maldito tsundere.

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Takao llevó a Aomine hasta su cuarto temporal, una habitación sencilla con un futón doblado en una esquina; una pequeña cómoda y una mesa baja con cojín para la escritura, la cual poseía papel y tinta sobre esta.

—Dentro de la cómoda podrás hallar yukatas ligeras por si deseas algo más cómodo para dormir. — Explicó Takao. —Puedes dejar tus cosas acá y venir a cenar, si quieres. He preguntado a algunos sirvientes y aún faltan unos minutos. — acotó. —… O si deseas tomar un baño antes hay uno al final del pasillo, siempre está equipado con toallas y lo demás, así que no es necesario que lleves algo. Tu ropa será lavada de inmediato.

Aomine solo asintió, viendo desinteresadamente la instancia.

—El baño suena bien. — murmuró para sí mismo, mientras dejaba sus cosas en una esquina. Takao asintió.

—Bien, entonces sígueme.

El camino fue silencioso pero ameno hasta el baño, sólo se toparon con algunos sirvientes a medida que pasaban, los cuales solo les brindaban unas cortas y rápidas reverencias antes de salir apresuradamente. Takao carraspeó antes de hablar.

— ¿Así que conoces a Shin-chan, eh?— el tono era curioso, y Aomine no se sorprendió de ver aquello venir. Aunque la familiaridad con la cual Takao llamaba a Midorima le pareció curiosa.

—Desde hace muchos años. — fue lo único que dijo.

Takao siguió caminando, hasta que dejaron las puertas shoji atrás y se adentraron en un pasillo con paredes de madera, el cual era iluminado por lámparas de aceite. Kazunari señaló la puerta de madera donde salía un agradable vapor.

—Ya llegamos. — Dijo. —Hay un estante con toallas y yukatas al entrar, la ropa la puedes dejar en un cesto que hay en el piso. Lo demás va por tu cuenta. —le explicó risueño, palmeándole la espalda.

Aomine asintió adentrándose a la instancia, sin molestarse en cerrar la puerta; ya que Takao había hecho un ademán de cerrarla. Empezó desanudar el nudo de su cintura antes de que el más bajo hablara.

— ¿Tú también eres un aprendiz de los monjes de Teiko, no?— tanteó Takao. —Shintaro tiene un brazalete igual a ese. —señaló su muñeca.

El moreno dejó su tarea y tapo el amuleto con su mano, aplicando presión. El ceño de Aomine estaba fruncido, portando una mueca de seriedad extrema en su rostro.

—Y también suele tener la misma reacción… —Murmuró Takao, para luego soltar un suspiro. —Lo siento, no quería incomodar. Sólo pensé que sería agradable para Shin-chan tener a un viejo amigo por acá. — confesó culpable, para luego explicar: —Vi tu brazalete cuando me golpeaste con la funda. Por eso creí que sería buena idea que te quedaras un tiempo por acá.

Aomine miró a Takao, resignado.

—Eso sólo te hace más metiche. — comentó alzándose de hombros. —Y no somos amigos… solo somos conocidos. — refunfuñó luego de unos segundos de silencio.

Takao rio por eso.

—Bien, te dejaré tranquilo. ¿Irás a cenar?— Vio que le moreno negó. —… De acuerdo. Ya sabes el camino de regreso. Enviaré a alguien que te lleve la cena.

—No es necesario. — interrumpió.

— ¡No era una sugerencia!~— fue lo que escuchó antes de que cerraran la puerta.

Aomine contó hasta diez.

Abrió la mano que aún presionaba el brazalete fue poco a poco soltando el agarre, hasta tener su muñeca empuñada por la mano contraria, observando con emociones contradictorias el amuleto de plata que envolvía su morena piel. Tomó una bocanada de aire y exhalo con fuerza, reprimiendo sus emociones.

Luego de eso, prosiguió desvistiéndose para tomar un merecido baño con aguas cálidas. Su ropa, como había dicho Takao, fueron dejadas en un cesto de mimbre que se encontraba al pie del estante de toallas. Tomó una toalla pequeña y la colgó al hombro, para luego pasar al cuarto contiguo y cerrar la puerta.

Tomó asiento en uno de los pequeños bancos para lavar su cuerpo cansado por el viaje y las batallas, untando suaves esencias en su piel y cabello, para posteriormente sacarlas con un pequeño cubo de agua que tenía en uno de sus costados. Luego de eso, pasó a relajarse un rato en una bañera de considerable tamaño con agua tibia. La toalla que cargaba en su hombro fue doblada y colocada sobre sus ojos; y su nuca, al igual que sus brazos se apoyaron al borde de la tina, haciendo que soltase un quejido por la tensión en sus hombros.

Pasaron unos cortos segundos en los cuales él se creyó dormido, pero los murmullos de los sirvientes acomodando el cuarto contrario lo mantuvieron en vilo, sobre todo el tema que tocaron al azar.

—… ¿Y qué han dicho sobre atraparlo?— comentó uno en voz baja, Aomine tuvo que concentrarse lo suficiente para poder escuchar con atención.

—He oído que es muy astuto para las trampas simples, y según Masaaki-sama los cuidadores del templo han puesto varios conjuros de protección en las afueras, pero aún se le ve rondando. — explicó el otro con notable nerviosismo. —Creo que es muy poderoso para eso, y más si mantiene monstruos tras sus pasos. Nunca había escuchado nada igual.

—Tienes razón. — acotó. —Pero es muy extraño que haya aparecido por estos lares. No es común ver a Shutoku ser asediado por monstruos estas épocas del año.

Los murmullos se hicieron tan bajos esta vez que Aomine no pudo seguir el hilo de la conversación, imaginó que los sirvientes ya habían salido del cuarto contiguo; pero se puso como meta preguntarle lo acontecido a Takao cuando amaneciera. Por los momentos, solo se relajaría y disfrutaría de su baño.

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Se había pasado la mañana fuera de su habitación, sentado a las orillas del piso de madera, contemplando el frío clima y nubes grises que se mostraban en el cielo del jardín central de la mansión. Había despertado con el alba, algo raro debido a sus malos horarios nocturnos y diurnos, pero lo hizo con esfuerzo. Sus ropas, como había dicho Takao la noche anterior, ya se encontraban secas y limpias, dobladas en una pequeña cesta para que, cuando despertara, hiciera usos de estas. Pero él prefirió andar con una ligera yukata color negro con verticales y casi imperceptibles líneas claras.

No fue sorpresa toparse con Midorima o Takao un par de veces en el transcurso de la mañana, sobre todo si habían desayunado en conjunto con los demás habitantes del lugar, con los cuales, tuvo que presentarse; recibiendo como respuesta ligeras muecas de sorpresa al reconocer su nombre. Al parecer había uno que otro rumor esparcido sobre el desempeño de Aomine como cazador, cosa a lo que el no dio mayor importancia, aunque internamente estaba sorprendido de lo lejos que podían llegar las habladurías.

Aprovechando el tiempo que tenía disponible, ya que aún no había podido pillar a Takao desocupado para hablar a solas con él, decidió darle mantenimiento a sus armas mientras el clima aún estuviera fresco. Fue por eso que sacó su ballesta, algunas flechas y pequeños cuchillos para asegurarse de que su filo no se hubiera dañado por los días de viaje, o los conjuros siguieran intactos. Cuando tocó el turno de hacerle mantenimiento a su espada, alguien se sentó a su lado en silencio.

Gran sorpresa se llevó al ver Midorima sentado a su lado con un colorido molino de papel en sus manos.

— ¿Qué demo…?—musitó el moreno con cara de haber visto un fantasma.

—Oha-Asa proclamó que hoy sería un día especial, en donde caminos se fusionarían inesperadamente. — recitó aquel sujeto con gesto serio. Aomine lo seguía mirando como a un loco. — También un día en donde no se debe anteponer el orgullo para pedir ayuda a un conocido si se quería salir victorioso…— Midorima suspiró, sabiendo que el moreno no había entendido la mitad de lo que había dicho. —Alístate, estaremos reunidos en la sala principal para hablar de una emboscada. Necesitamos tus habilidades.

— ¿De qué demonios hablas, Midorima?— preguntó Aomine desconcertado. — ¿Quién es Oha-Asa?

—Eso no compete ahora. — respondió. —Sólo ten presente que hoy le daremos muerte a un monstruo. ¿No deseas eso?

Aomine miró con el ceño fruncido a Midorima, quien miraba con gesto solemne hacia el cielo. Aquel tono más cortante de lo usual no había pasado desapercibido.

—Iré a prepararme. — informó mientras recogía sus cosas y las acomodaba en sus estuches; al igual que la espada en su funda. Midorima empezó a levantarse cuando Aomine volvió a hablar. — ¿Qué sabes de los demás?

Midorima paró en seco, para luego recomponerse, y ajustar sus gafas sobre el puente de su nariz con sus dedos vendados. Aomine había aprendido que eso era un manía suya desde hace años.

—Ellos… están bien. — dijo con cuidado, mirando de reojo al moreno, para luego añadir. —Al menos tienen un sentido de conservación mejor que otros.

Aomine chasqueó la lengua con fastidio, sabiendo a quien se refería. Y Midorima tomó eso como señal para dar el tema por zanjado.

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Fue obvia la sorpresa que adquirió su rostro al ver a un escuadrón de más de 40 personas reunidos en aquella estancia. Todos con armaduras ligeras, quienes permitían un movimiento rápido, pero protegía puntos vitales. La gran mayoría estaba haciendo fila al frente de Midorima, quien rezaba unas cortas palabras para pasar a la próxima.

"Conjuro de protección" dijo en su mente, notando la situación un tanto tensa. Aquello sólo servía si todos portaban un amuleto semejante, cosa que notó al instante, al ver un colorido molino de papel sujeto cual decoración en sus armaduras, como el que Midorima portaba hacia no mucho.

— ¡Aomine! —le saludó Takaó cuando venía hacia él.

Al igual que los demás, el pelinegro portaba una Do-maru negra, encargada de proteger su pecho hasta los muslos, sujetada con correas de cuero, y kotes de igual color en ambos brazos, que rodeaban ambos hombros; bajo ésta, un uniforme de colores naranjas y ocres los vestían, con botas reforzadas desde las rodillas, hasta los pies con placas metálicas.

Aomine pensó que aquellos sujetos irían a la guerra.

— ¿Dónde está tu amuleto?— preguntó el moreno con intriga.

Takao desenganchó el casco que tenía en su cintura para mostrar que el molino de papel se encontraba adherido a este, haciendo que pareciera que fuera una flor e medio lado.

— ¡No sabes lo que tuve que hacer para que Shin-chan no lo quitara de allí!— Se burló el pelinegro, haciendo que Aomine reprimiera las ganas al imaginarse tal escena. — Pero fue gracioso verlo ponerse rojo cuando dije que era un lindo regalo de su parte. Los demás también parecieron pensarlo. — Takao dejó de sonreír para luego ver de reojo al sitio donde Midorima terminaba de bendecir el último amuleto. —No es usual verlo tan nervioso, pero él cree que algo grande está a punto de comenzar. ¿Te ha dicho algo?— preguntó.

—Sólo que necesitan mi ayuda. —masculló. —No sé mucho sobre el tema. ¿Tú sabes algo?

— ¿Te conté sobre los ataques en el camino, ayer?— Aomine asintió. —Parece que van en dirección a algún lugar. — Dijo, para luego acotar. — Somos parte de una pequeña brigada de protección de Maasaki-sama, el señor de este lugar. Esta es nuestra base. Normalmente Shutoku es un lugar calmado, pero los ataque empezaron hace un par de semanas, y a pesar de no haber víctimas serias, esto podría subir de nivel. —explicó. —Masaaki-sama pidió a Otsubo-san que ayudara a los monjes del templo Shuto a mantener a raya los ataques hasta averiguar que los ocasiona. — Takao vio que en los ojos de Aomine algo cambiaba.

— ¿Ya saben que es?— Takao fue a contestar, cuando la voz de un sujeto se hizo oír al fondo de la habitación.

— ¡Escuchen!— exclamó Otsubo, un gran sujeto de cabello negro, inclusive más alto que Midorima.

El comandante de la brigada especial del señor Masaaki Nakatani, estaba colocado en una posición que denotaba seguridad y confianza: pies paralelos a los hombros y manos en la cintura.

—Esta tarde, antes del ocaso, nos dividiremos en 2 escuadrones, quienes se dirigirán a las salidas principales de Shutoku. Los capitanes de brigadas se encargarán de organizar a sus subalternos al llegar al lugar. — varios murmullos se escucharon alrededor antes de que Otsubo los callara. —Como ya saben, cierto ataques se han efectuado en las cercanías de Shutoku, y para proteger nuestro pueblo, el señor Masaaki-sama nos ha encomendado la tarea de resguardas las puertas Norte y Sur como precaución. Los monjes del templo Shuto nos estarán dando apoyo en los laterales de la zona. — carraspeó un poco antes de continuar. El aire a su alrededor se volvió un poco lúgubre. —Hemos, recibido… reportes, de que algo se anda moviendo por el bosque. Damos por hecho de que es eso lo que atrae a los monstruos menores… Puede que sea un Yokai de alta categoría, ya que las barreras de los monjes Shuto, a pesar de ser realmente poderosas, esta… cosa, las pasa sin problemas.

Un murmullo colectivo de voces preocupadas se hizo escuchar, pero Otsubo no se molestó en callarlas esta vez.

— Es por eso… que hemos idea un plan simultáneo de dos partes, los cuales requieren a dos expertos en materia espiritual. —indiscretas miradas colectivas pasaron de Midorima a Aomine. —Tanto Midorima como Aomine se desplegarán individualmente en cada escuadrón, ambos preparan un hechizo de atadura que anulará los poderes del ser espiritual, y así podremos atacar y destruirlo por completo. Es un plan riesgoso, ya que lo más seguro es que sólo tengamos una oportunidad, y aquella cosa no esté sola. Pero por la seguridad de Shutoku es algo por lo cual creo que estamos dispuestos a correr.

Otsubo soltó un suspiro a ver que nadie parecía querer negarse.

— ¡Bien, los quiero en las caballerizas alistando todo! —exclamó. — ¡Armas bendecidas, ya sean garrotes o espadas! Debemos de asegurarnos que ganaremos.

Cada uno de los presentes se alzó en un "¡Sí!" general, excepto Aomine y Midorima.

Por otro lado, el moreno esperó a que todos se marcharan para dirigirse a donde el peliverde aún se mantenía estático. Con rudeza cogió el cuello de la ropa del más alto y lo jaló hacia sí, encontrándose con los ojos verdes de su compañero.

—Espero que estés contento con lo que has hecho. — susurró con ira el moreno. —Sé que esta cosa la propusiste tú, pero te creí el más sensato de nosotros. —el ceño de Midorima se frunció mientras desviaba la mirada y se soltaba bruscamente de Aomine. —Si esto no llega a funcionar, espero que estés dispuesto a vivir con la muerte de estas personas.

Aomine no espero respuesta del peliverde, así que emprendió camino hacia la salida. Pero se detuvo al ras de la puerta al escuchar lo que el otro decía.

—Ellos no morirán. — dijo con convicción. —Me aseguraré de eso. La suerte estará de nuestro lado. — aseguró.

El moreno suspiró al ver el realmente el estado en que se encontraba el otro.

—Reza a los dioses para que esta cosa funcione, Midorima. — comentó con gesto sombrío. —Recuerda que ellos confían en ti.

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See ya~ comentarios y lo demás seran bien recibidos.

Palabras raras:

Rounin: Samurái sin amo durante el periodo Feudal de Japón.

Do-maru: Evolución de la armadura de los soldados de infantería, mucho más sencilla y cómoda a la hora de la lucha sobre el terreno.

Kote: Protector de brazos.