Desayunos y platicas madre hija
Aunque era la primera vez que dormía en casa de Dawn, fue una noche muy cómoda y desperté totalmente rejuvenecido… aunque ya había dormido varias horas antes de volverlo a hacer. Vi la hora y apenas pasaba de la cinco de la mañana, así que decidí seguir acostado un rato más. Fue ahí, en la cama, cuando volví a recordar el hermoso cuerpo de Johanna… no podía sacarlo de mi mente… aunque trataba de no pensar cosas sucias referente a ella. Me levanté con mucho cuidado y sin hacer ruido salí de la habitación para ir al baño a darme una ducha, ahí hice una fuerza sobre humana para no ver la ropa interior de Johanna… (sí, en ese entonces era un joven algo desesperado y hasta ver la ropa interior de una mujer me podía calentar)
-¿Vitaly, ya estas despierto? –preguntó Dawn mientras salía de su habitación y me encontraba saliendo del baño.
-Creo que está claro que sí… ¿Por qué te levantaste tan temprano? No recuerdo que en mi casa te levantaras a esta hora –me froté los ojos mientras cerraba la puerta.
-Iba al baño; pensaba ir después a una tienda por algo de provisión –Dawn aun vestía su ropa de dormir: un camisón corto y rosa, el cual la hacía ver algo infantil pese a su edad-. Pareces sorprendido por verme con esto.
-Creo que te queda algo pequeño y estoy seguro que nunca lo había visto –traté de recordar cuantas veces había visto esa pieza, pero estaba segura de que nunca lo había hecho. Y aclaro, conocía perfectamente casi toda la ropa de Dawn, menos la interior, así que podía decir si era algo que ella se ponía por primera vez.
-¿Me queda bien? Lo encontré en mi armario, es algo viejo, cuando era más pequeña. Siempre me quedo grande, pero ahora me queda algo pequeño.
-Te queda bien, algo pequeño… aunque casi toda tu ropa te queda así.
-No me da risa esa broma –Dawn me dio un golpe en mi brazo, claro, fue entre amigos.
Dawn entró al baño y yo volví a mi habitación, aún estaba pensando en Johanna… por mi mente pasaba algún forma de llamar su atención o quedar bien ante ella… lo primero que se me ocurrió fue cocinar. No es por presumir, pero yo siempre fui un buen cocinero, era de las mejores cosas que podía hacer. Pensé que: tal vez haciendo un buen desayuno, Johanna podría verme de una manera diferente y quedar bien ante ella. Me vestí lo más rápido que pude y esperé que Dawn saliera del baño para decirle que quería hacer el desayuno.
-¡Dawn, tengo una idea! –halé a la linda peliazul cuando salió del baño-. ¡Una sorpresa para tu madre, yo haré el desayuno!
-Me parece una muy buena idea; nadie ayuda a mi mamá. Así que imagino que debe haber pasado años desde que alguien le preparara el desayuno –Dawn corrió a su cuarto-. Me cambiaré y luego vamos a la tienda, espero que ya esté abierta. ¡Tenemos que apurarnos para que sea una sorpresa!
Salimos de la casa en cuanto Dawn terminó de cambiarse de ropa. Sólo tomamos algo de dinero y las llaves de la casa. Esa mañana Dawn vestía algo diferente de lo usual; ella solía usar minifaldas y medías, pero ese día llevaba un lindo vestido blanco y sandalias del mismo color. Las calles del pueblo aun lucían solitarias, aunque algunas personas iban y venían a lo lejos, al igual que algunos Pokémon que corrían aprovechando que no habían muchos humanos a esas horas. A lo lejos se podían ver algunas colinas cubiertas con algo de niebla y unos Starlys volar sobre el lugar.
Caminamos por las rusticas calles de tierra del pueblo, por nuestra mala suerte las pocas tiendas parecían estar cerradas a esa hora; apenas iban a ser las seis de la mañana. Ya casi entrando al bosque encontramos una pequeña y vieja cabaña, la cual despedía olor a leña siendo quemada en una fogata y el del chocolate caliente, algo muy bueno para una mañana ligeramente fría como la de ese día. Nos acercamos con la esperanza de que fuera una tienda; Dawn había dicho que antes, cuando ella aún no había salido de ese pueblo, ahí había una tienda muy humilde. Al llegar a la puerta estaba un anciano de una barba blanca y ligeramente mal cortada sentado al lado de la puerta.
-Buenos días jóvenes –nos saludó el anciano con una gran y cálida sonrisa.
-Buenos días –respondimos Dawn y yo.
-¿Necesitan algo? –el anciano se puso de pie y luego sacudió las rodillas de sus pantalones, luego tomó un bastón que estaba detrás de la silla–. El frío no hace nada bien para mi edad –el señor rio un poco y luego nos dirigió la mirada.
-Buscamos una tienda –dijo Dawn mientras se acercaba al señor.
-Están de suerte; esta es una tienda. La Abarrotería del Starly Gritón –el anciano señaló con su bastón un viejo anunció de madera con el… particular nombre de su tienda –Es extraño tener clientes tan temprano. ¡Nataly, sírveles dos tazas de chocolate caliente a nuestros clientes!
-No es necesario; no queremos molestar, sólo buscamos unas pocas cosas para cocinar –respondí amablemente a la invitación del señor de barba blanca, del cual aún no sabíamos el nombre.
-No molestan, sólo es una bebida mientras compran, además, insisto en que tomen algo; no todos los días tenemos clientes por nuestra ubicación y además porque tenemos muy pocas cosas a la venta.
-Nos encantaría el chocolate caliente –Dawn me hizo una señal para que aceptáramos la invitación del señor. Luego entramos a la tienda mientras el hombre de la barba blanca se iba detrás del mostrador para atendernos.
-¡Abuelo, no olvides tus modales; aún no te has presentado! –dijo una joven que traía las tazas con chocolate.
-¡Lo olvidé! Jóvenes, yo soy Angus y ella es mi nieta, Nataly –Aungus rio y le dio las gracias a su nieta por traernos las tazas de chocolate, luego Dawn y yo nos presentamos.
Empezamos a pedirle varias cosas a Angus, aunque desgraciadamente no tenían la mayoría de cosas que yo necesitaba, así que tuve que improvisar con otros ingredientes, aunque muchos de los más importantes si los tenían a la venta, lo cual fue algo para agradecer. Terminamos de comprar y nos despedimos de Angus y Nataly, quien estuvo ayudando a traer todo lo que nosotros necesitábamos.
Mientras iba pensando en el desayuno que le prepararía a Johanna, Dawn me agarró del brazo y lo abrazó con fuerza. Ella estaba extrañamente alegre esa mañana, además se veía muy linda con su vestido.
-Vitaly, me gusta mucho que hayas venido conmigo aquí –ella me abrazó con más fuerza y luego se arrecosto en el.
-Gra-gracias, supongo… a mí también me gusta haber venido contigo aquí –en ese momento me puse algo nervioso; aunque era amigo de Dawn, era la primera vez que ella decía algo así.
-Aprecio mucho que estés a mi lado y no me gustaría alejarme de ti –Dawn se ponía cada vez más melosa y como mi experiencia con chicas no era la mejor, estaba confundido y no podía entender lo que ella trataba de decirme.
-Ni a mí me gustaría alejarme de ti, eres mi mejor amiga después de todo y quiero que lo sigas siendo –apoyé mi cabeza sobre la de Dawn y seguimos caminando a llegar a casa. Ella se quedó callada cuando dije lo de mejor amiga, sólo se limitó a soltar un suspiro.
Cuando llegamos a casa mi bella y hermosa Johanna aún seguía durmiendo, así que desempacamos todo y sin hacer ruido me puso a cocinar, con la asistencia de Dawn. Preparamos diversos platillos, aunque nada complicado, dado a la sencillez de los ingredientes. Mientras cocinábamos escuchamos ruido venir desde el segundo piso, así que apresuramos el paso… lo cual no tenía mucho sentido, ya que el tiempo para que se terminara de cocinar el desayuno no se podría apresurar. Cuando escuchamos pasos sobre las escaleras supimos que se nos acabó el tiempo, así que Dawn subió a entretenerla por unos minutos, luego yo le daría una señal para que ambas bajaran. Con una velocidad casi sobre humana coloqué los platos en la mesa y serví el desayuno, al igual que unos vasos llenos de jugo de naranjas recién exprimidas y después le di la señal a Dawn para que bajara con Johanna… pude escuchar como las dos chicas venían hablando mientras bajaban las escaleras.
-… descuidada por dejarlas tiradas; imagina que él las hubiera visto –murmuró Johanna mientras se acercaba al comedor sin saber la sorpresa que le esperaba.
-Fue un accidente, te prometo que no lo volveré hacer –Dawn parecía estar avergonzada por alguna razón.
-No hay problema, sólo debes tener más cuidado y ser un poco más ordenada –los pasos se detuvieron-. Huele muy bien por aquí, deben estar comiendo muy bien en algún lugar. Dile a Vitaly que la comida estará lista en media hora.
-Eso no será necesario –Dawn corrió hacia la entrada de la cocina-. Pues… nosotros… -di un pasó y me puse al lado de la chica-. Te preparamos un desayuno sorpresa.
-¡No lo puedo creer! –dijo Johanna sorprendida cuando le dimos la noticia-. ¡No era necesario que hicieran esto por mí!
-Es una forma de agradecerte por aceptarme en esta casa… además Dawn pensó que sería lindo hacerle el desayuno a su madre –me puse a un lado de la entrada de la cocina e hice una reverencia cuando Johanna se acercó, luego Dawn la tomó de la mano para llevarla hasta su asiento.
Con mucho cuidado corrí una de las sillas de caoba del comedor para que Johanna se sentara. Luego le serví una copa llena de jugo de naranja (pensé que usar copas era algo elegante, algo que una mujer como ella merecía) a lo que ella me agradeció con una cálida sonrisa.
-Mamá, espero que disfrutes tu desayuno; Vitaly se esforzó como nunca para prepararlo –Dawn me dio un codazo de broma-. Parecía desesperado cuando en la tienda no encontramos algunos ingredientes.
-¡No, no fue tanto así! –me sobresalté y traté de negar todo lo que dijo Dawn-. ¡Es una exageración; yo no estaba desesperado!
-Ahora lo estas –la peliazul infló sus mejillas mientras sonreí y ponía sus manos sobre mis hombros-. Pero mejor me cayó, luego te puedes poner más nervioso.
-Me parece bien… pero tampoco me pongo más nervioso –dije mientras movía una silla para que Dawn se sentara-. Siéntate mejor; yo serviré el desayuno tal como ustedes dos merecen que se los sirvan.
-Que caballeroso, es bueno ver un chico tan atento como tú –Johanna me elogió, luego trató de verme a la cara, ya que justo en ese momento me giré-. Además la comida se ve muy deliciosa, serías un buen novio para la chica correcta.
-Gra-gracias –respondí mientras sentía que mi cara se llenaba de sudor y se enrojecía por las palabras de tan bella mujer, agradecí que Dawn tampoco me viera la cara; hubiera sido muy vergonzoso que ella se diera cuenta de mi estado en ese momento. Aunque en ese momento, por mi casi nula experiencia con mujeres, sentía que esas palabras eran casi una declaración de amor de parte de Johanna, por suerte su hija rompió ese momento.
-Siempre selo he dicho, cualquier chica sería feliz con un novio como él… aunque es la primera vez que actúa de esta manera… -Dawn bajó su mirada hacia el vaso que tenía enfrente de ella-. Me siento algo celosa de que otra chica se lo pudiera llevar.
-¿Celosa? Dawn… -iba a preguntarle sobre porqué se sentiría celosa, pero en ese momento Johanna nos interrumpió.
-¡El juego esta delicioso! –exclamó ella.
-¡Gra-gracias! ¡Me alegro que le guste! –respondí.
El desayuno transcurrió entre risas y recuerdos de los viajes de Dawn junto a mí e historias de Johanna sobre su linda hija. En poco más de media hora los platos quedaron vacíos y tanto Johanna como Dawn estaban satisfechas. Como yo serví todo el desayuno, además de prepararlo, ellas decidieron lavar los platos mientras yo miraba algo de televisión. Luego de un rato viendo una extraña serie llamada Digimon, decidí ir a ver a las chicas; ya llevaban un buen rato lavando los platos. Cuando me acerqué a la cocina pude escucharlas murmurar algo… y aunque era incorrecto, traté de escucharlas cuando mencionaron mi nombre en su plática.
-… pero creí que a ti él no… -dijo Johanna, aunque el ruido del agua saliendo del grifo me dificultaba escucharla correctamente-. ¿De verdad?
-Te dije que… un poco… -Dawn bajó la voz, ella se escuchaba en ese momento algo molesta-… segura, pero… … nada.
-…tu madre… … gusten… …. Vitaly es muy atractivo…
Me esforzaba por escuchar más que nunca en la vida, pero mi Gallade apareció detrás de mí (convenientemente en el momento menos indicado) y me dio un golpe en el costado; él entendía lo que estaba haciendo, así que me detuvo. Volví al sillón a ver televisión, ahora venía un programa muy bizarro de juego de cartas en motocicletas… pero lo ignoré; en ese momento sólo pensaba en lo que Johanna dijo de mí… ¿Ella me veía como alguien muy atractivo?
Disculpen que tardara tanto en subir este capitulo, pero mis obligaciones me mantuvieron alejados de la escritura por un buen tiempo. También quiero aclarar que cuando subí el capitulo 1, accidentalmente le puse capitulo 2, así que este capitulo será contado como el capitulo 3, mientras que el prologo contará como el primer capitulo.
