N/A: Aquí os traigo el primer capítulo. Muchas gracias a Ana-List, JuliaGOG y Lady Lunera por los reviews del anterior capítulo, animan a escribir más.
….
Dos horas después sobrevolaban ya el océano. Todos se entretenían como podían, aún quedaba bastante de vuelo.
—¿Tendremos algo de tiempo libre? —Preguntó el psicoanalista mientras leía una guía de Madrid. —Dicen que el museo de la facultad de medicina es genial. —Prentiss y Morgan miraron a Spencer como si realmente fuera de otro mundo.
—Spence, deberías salir más. —Bromeó J.J. que no había podido evitar escuchar la conversación, así que se sentó con ellos.
—¿Sabéis que en España hay dos bares por cada habitante? —Volvió a intervenir Reid, quizá intentando arreglar su anterior intervención.
—Eso es lo que más me gusta de ese país.
—Claro Morgan, cómo te iba a gustar a ti la cultura o el idioma. —Se metió con él Prentiss.
—Yo sé español.
—¿Y tú qué no sabes Reid?- El comentario de J.J. hizo reír a todos hasta que su teléfono sonó. La cara de la agente cambió con solo escuchar las primeras palabras de su interlocutor, sus compañeros, todos sin excepción, esperaban a que ella compartiera con el equipo lo que tenía que ser, casi sin ninguna duda, una mala noticia. —Está bien…—Finalizaba Jareau la conversación. — Iremos directamente allí. Nos vemos agente Rodriguez. — Colgó entonces el teléfono y confirmó la noticia. — Ha habido otro asesinato.
Hotch y Rossi se levantaron de sus respectivos asientos, donde jugaban al ajedrez, y se acomodaron cerca del resto del equipo.
—Está bien, repasemos la victimología. —Ordenó Hotch.
—Me han dicho poco de la primera víctima. —Empezó Jennifer. — Su nombre era Álvaro Gutierrez, veinticuatro años. Estudiaba en la facultad de matemáticas. Su cuerpo fue hallado en los contenedores de basura que se encuentran cerca del Parque botánico. Como la mayoría de cadáveres, tenía un pinchazo en la nuca.
—¿Los tiraron a los contenedores? —Preguntó David Rossi.
—No desde el principio. Las primeras cuatro víctimas, Sara García, Alejandra Santisteban, Diego Medina y Teresa Sancristan, fueron encontrados entre arbustos del Parque botánico del campus. —Intervino Prentiss.
—Y al mantener la vigilada estrechamente la zona tuvo que resignarse a dejar los siguientes cadáveres en otros sitios. Eso lo cabrearía. —Aportó Morgan. —Por eso el siguiente cadáver tardó menos en aparecer.
—Yo no lo creo. —Lo contradijo Rossi. — No me parece que el lugar donde los deja sea relevante.
—¿A no?
—No, simplemente quería esconderlos. —Dijo Reid.
—Por favor, tomen asiento, vamos a aterrizar. No olviden abrochar sus cinturones. —La voz del piloto interrumpió la conversación de los agentes que tomaron asiento.
Llegaron a Madrid muy pronto. Eran aún las ocho de la mañana cuando el grupo entero, maleta en mano, montaron en el pequeño minibús que les esperaba en la T1 del Aeropuerto Adolfo Suarez Barajas para llevarlos directamente a la escena del crimen. No pudieron apreciar mucho de la capital, más que los pocos rascacielos que se notaban en el relieve al rodearla y la majestuosa Estación Norte.
Los llevaron sin esperar ni un momento a la escena del crimen.
—No hay mucho que ver. —Les iba contando el agente Rodriguez a medida que se acercaban a los contenedores.
—Creo que eso lo decidiremos nosotros. —Le objetó Hotch. —Le presento, con la agente Jareau ya ha hablado, estos son los agentes Morgan y Rossi, el Doctor Reid y la agente Prentiss. —Hotch notó como el agente Rodríguez, un policía joven y alto, que hablaba con un inglés fluido, musculado, una copia latina de Morgan, miraba a Prentiss con los ojos brillantes, notablemente interesado. —¿Quién ha encontrado el cuerpo?
—Unos chicos que iban a correr al parque. Ni siquiera se molestaron en tirar el cuerpo al contenedor, lo dejaron tirado de mala manera junto a él, envuelto sin esmero en unos plásticos, así que cuando los chicos pasaron a su lado uno de ellos tropezó con su mano. —En ese momento llegaron junto al cadáver.
—No creo que fuera por falta de molestia, —Intervino Morgan.— creo que sería mejor decir que fue por falta de fuerza.
—Buscamos a un chico menudo entonces. —Dijo Rossi.
—Si es menudo, ¿cómo arrastro los primeros cadáveres hasta el parque? —Objetó Prentiss.
—Los cadáveres estaban siempre en los arbustos junto a las puertas, no hay tanta distancia de ahí a un coche que aparque justo en la entrada. —Aportó Hotch.
El cadáver estaba tal cual les había contado el agente Rodríguez, envuelto en plásticos, excepto un brozo y parte del rostro.
Prentiss se agachó para examinar el cuerpo y, siempre con los guantes puestos, tocó con su dedo pulgar el trozo de rostro que el plástico dejaba al aire.
—Es maquillaje. —Dijo Emily, notablemente sorprendida al encontrar aquella sustancia en una joven.
—Puto loco. —Dijo el agente Rodríguez en español. — Será para las fotos.
—¿Qué fotos?-Morgan parecía indignado por la falta de esa información.
—Me dijeron que no les contara nada de eso hasta que llegaran. — Empezó a explicarse el agente español. —Nos preocupaba que la información llegara a los medios y se hiciera una leyenda de todo esto.
—¿Qué fotos agente Rodríguez? —Insistió Hotchner, que también parecía bastante molesto.
—Ese cabrón envía fotos de sus víctimas. Bueno, aparecen colgadas en el Edificio de alumnos, en el pasillo donde se cuelgan las orlas y las fotos de los mejores alumnos de cada promoción.
—Creo que ya tenemos todo lo que queríamos. —Interrumpió Rossi a la rabieta que se avecinaba por parte de Morgan.
—Sí, será mejor que se vayan a descansar. —Dijo el agente español, que parecía no darse cuenta de lo crispado que estaba el ambiente.
—No, iremos a la central. Cuanto antes terminemos con esto mejor. —Hotch había sido claro, todos emprendieron de nuevo el camino al minibús, la central de operaciones se había instalado en el propio campus.
Se acomodaron en una de las salas del Edificio de alumnos, en la Avenida Puerta de Hierro, la espina de ciudad universitaria. Habían pedido lo típico, una pizarra y un tablón, teléfono con línea directa a García a expensas de un ordenador con acceso a internet e intimidad. Ni siquiera dejaron pasar al agente Rodríguez, de todos modos, el resto de personal estaba demasiado ocupado investigando la fotografía de la última víctima que, contra todo pronóstico, había vuelto a aparecer en ese mismo edificio.
—Muy bien, nos dividiremos. —Dijo Hotch en cuanto estuvieron en la sala, sin dejarles siquiera oportunidad de sentarse. —Ried, te quedarás aquí, te encargarás de la victimología. J.J. no quiero que nada de todo esto se filtre a los medios, en la medida de lo posible no quiero que sepan que estamos aquí, la presencia internacional puede preocupar a la civilización. Morgan y Prentiss, os encargaréis de hablar con las familias, saber si las víctimas tienen algo en común además de estudiar en la misma universidad. Este es un centro muy grande, es posible que ni siquiera se hayan cruzado en su vida, pero tenemos que asegurarnos. Rossi, tú y yo hablaremos con sus profesores, sus compañeros… cualquier cosa que nos ayude a hacernos una idea de porqué y quién es nuestro SUDES. —Todos atendían a las palabras de su jefe, que cogió el teléfono y llamó a la analista. —García.
—Sí, señor. — Contestó Penélope desde el otro lado de la línea.
—Quiero que investigues lo que tenemos hasta ahora. Céntrate en las víctimas, edad, lugar de residencia, hobbyes, de todo. Necesitamos realizar la victimología lo antes posible.
—Oído señor. —La analista colgó, dando por hecho que ya le habían asignado todos sus quehaceres.
—Hoy nos centraremos en la victimología. Nos reuniremos a la hora de la comida en la puerta del hotel. En España se realiza una parada entre las tres y las cinco de la tarde, así que nosotros también utilizaremos esas dos horas para comer y descansar un poco del viaje. Tampoco queremos molestar a las familias, ¿todo entendido?
—Hotch, sé que el agente Rodríguez no se ha comportado del todo bien, pero tampoco es todo culpa suya, no creo que tengamos que dejarlo de lado en la investigación. Ni siquiera todos dominamos el idioma. —Intentó convencer J.J. a Aaron.
—Emily domina el idioma perfectamente y Rossi y yo nos comunicaremos con el profesorado, que todos dominan el inglés. No tendremos ningún problema. Además, Reid también habla español. No creo que necesitemos ayuda. David, nos vamos. —Dijo el agente Hotchner, dando por terminada la conversación y saliendo de la sala con Rossi tras suya. — Si tanto quieres la colaboración de Rodríguez, J.J., que nos consiga internet de una vez.
—¿Pero qué narices le pasa a Hotch con Rodríguez? —Preguntó Morgan, sorprendido.
—Lo preguntas tú, que casi lo matas con la mirada cuando nos contó lo de las fotografías. —Dijo Reid.
—Pero es él el que siempre insiste en que estamos aquí como invitados y que debemos respetar el trabajo de la policía local. — Sentenció Morgan mientras se levantaba y salía también de la habitación, Prentiss le siguió resignada, sabiendo que este caso no iba a ser tan ameno como otros anteriores.
Andaban de camino de la facultad de Ciencias de la Información donde estudiaba la primera víctima, que se encontraba justo al lado del Edificio de Alumnos, cuando Rossi se atrevió a hablar, pensando quizá que Hotch ya estaría más calmado.
—No crees que te has pasado un poco. —Empezó a tantear el terreno Dave.
—No
—No puedes echar del caso de esta manera a la policía española. Ahora mismo están demasiado ocupados como para darse cuenta, seguramente Rodríguez haya pensado que necesitábamos tiempo para adaptarnos, pero en cuanto intente ser partícipe del caso y no le dejes, tendremos problemas.
—Yo no he dicho en ningún momento que no vaya a dejar participar a la policía local en todo esto. —Dijo Hotch sin apartar la vista del frente ni un segundo. — Solo creo que por ahora están bien las cosas como están. No saques las cosas de quicio David.
—No saco las cosas de quicio pero… ¿Crees que Emily se habrá dado cuenta de cómo le miraba? —David era muy consciente de por dónde estaba llevando la conversación, no era un cambio de tema, aunque así lo pareciera.
—Crea lo que yo crea, no es asunto nuestro.
Entraron poco después a la facultad por una de las puertas traseras del edificio principal, de modo que se sintieron un poco desorientados y tuvieron que preguntar dónde se encontraba el despacho del decano.
—Decano Aparicio. — Saludó Hotch al entrar en el despacho, estrechando la mano del hombre que se encontraba tras la mesa.
—Agente Hotchner, Agente Rossi. —Saludó el decano. — El agente Rodríguez me ha avisado de su visita. —Los dos compañeros del FBI se miraron sorprendido y Rossi no pudo evitar reír, estaba claro que el agente español no estaba tan fuera de ese caso como Hotch quería tenerlo. — Siéntense por favor. Todo lo que está pasando estos últimos meses nos tiene muy preocupados a todos. Cualquier cosa que necesiten de mí o de mi facultad solo tienen que pedirlo. — Hotch y Rossi se sentaron frente al decano y comenzaron sus preguntas.
—Conocía usted a Sara García.
—No personalmente, pero había oído hablar de ella. Como entenderá, hay cientos de alumnos en esta facultad, y no se puede conocer a cada uno de ellos. —Comenzó a explicarse el docente español. — Pero todo el profesorado ha escuchado en algún momento de estos cuatro años el nombre de Sara García, su expediente está lleno de matrículas de honor.
—Era una buena estudiante. — Le animó a seguir Rossi.
—Excelente, diría yo.
—Tuvo algún problema alguna vez… algún incidente con otros chicos, o incluso con algún profesor. — Fue esta vez Hotch el que preguntó.
—No puedo decirles, si tuvo algún problema con alguien al menos no fue lo suficientemente importante como para llegar a mí. Pero, sinceramente, dudo que sucediera algo así.
Hotch y Rossi abandonaron el despacho del decano sin sacar nada en claro, nada al menos que fuera diferente a lo que el expediente de la propia víctima pudiera decirles. Preguntaron a algunos compañeros y todos coincidieron en que era una gran chica, social, amiga de todos, gran estudiante, perteneciente a un club de debate, la típica chica popular.
—Era demasiado perfecta, y lo peor es que ella lo sabía y se gustaba. — Hotch hablaba con unas chicas que le habían llamado la atención. Eran dos y habían estado apartadas del resto de la clase durante toda su estancia allí.
—¿Por qué dices eso?
—Se lo tenía muy creído. — En las palabras de la segunda chica, que era la que hablaba ahora, había autentico asco reflejado. — Era como si se hubiera dejado el mercedes en la puerta. —Esto la chica lo dijo en español, por lo que Hotch solo entendió la palabra "mercedes" — Cierto, lo siento. — Dijo la chica al darse cuenta de que había cambiado de idioma. — No sé decir lo mismo exactamente en inglés, no controlo tanto el idioma, pero podría decirse que era muy altanera.
No sacaron mucho más de los demás alumnos, y tampoco mucho de las demás facultades, cuando llegaron al restaurante donde iban a comer todos solo tenían una cosa clara.
—Las víctimas tenían algo en común. Todas eran muy buenos estudiantes y, además, eran narcisistas. Lo que despertaba el desagrado de algunos compañeros. —Comentó Rossi mientras se sentaba en la mesa junto a Morgan.
—¿Ya habéis dejado vuestras cosas en el hotel? — Preguntó Jennifer. Hotch y Rossi asintieron mientras se disponían a mirar la carta.
—No lo hagáis, Reid ha pedido una paella para seis. — Dijo Prentiss con una sonrisa.
Todos estaban ya allí, les habían alojado en el Hotel Callao, cerca de la plaza homónima. Así que se adentraron en el primer restaurante donde ponía paella por culpa de Reid, que se moría por probarla. Ni siquiera se pararon en mirar lo precios, después de todo pagaba el FBI.
—Yo no he llegado mucho más allá con la victimología. — Corroboró Reid. — Todas son mujeres y hombres de entre veinticuatro y veintisiete años. Todos con unas notas perfectas. Iban a graduarse con honores y todos terminaban su carrera este año.
—Lo único que hemos sacado en claro entonces es que se lo tenían muy creído. —Sentenció Prentiss.
—Y que no se conocían entre sí, o al menos eso han dicho sus amigos. Algunos han coincidido en alguna fiesta, pero en ninguna han coincidido todos. —Aportó Hotch.
— De todos modos hay que seguir investigando esas fiestas. Es posible que sea el lugar donde el SUDES elige a sus víctimas. —Intervino Morgan.
—Yo no creo eso, está claro que el SUDES los busca por su expediente académico, no por las fiestas a las que va. — Sentenció Hotch, dejando claro que eso sería parte de la victimología y nos las fiestas.
—Relajémonos un poco, ¿eh chicos? —Les animó J.J. — Estas son nuestras dos horas libres, habrá que aprovecharlas. — En ese momento la gran paella inundó la mesa y todos tuvieron que aceptar que se morían de hambre, empezaron a comer sin más palabras ni discusiones.
…..
N/A: ¿Qué os ha parecido? ¿Qué tendrá tan de los nervios a Hotch? ¿Cuáles serán los planes de SUDES? Tendréis que esperar al próximo capítulo, intentaré no tardar mucho, lo suficiente para mantener la intriga.
Saludos.
Letraherida.
