N/A: Aquí estoy de nuevo, con el último capítulo(Tranquilos aún quedan dos epílogos), y la resolución del caso.
…..
—Ya tenemos un perfil claro Aaron. —Le decía David a su amigo. Se habían quedado solos en la sala mientras los demás investigaban las nuevas pistas que Sonia les había proporcionado. Hotch no podía evitar estar preocupado por el comportamiento de Morgan, había perdido los estribos con aquella chica.
—Lo sé. García.-Llamó el jefe de equipo a la analista.
—Aquí Penélope, su pitonisa personal.
—Quiero que busques a hombres, de entre veinticinco y treinta años, estudiantes de Bellas Artes, que estén en el último año y se estén especializando en fotografía. —Le dictó Hotch mientras la rubia metía todo los datos en su bola mágica. —Llámanos en cuanto tengas algo.
—Ya tengo algo señor. —Le interrumpió García justo cuando Aaron iba a colgar. — Me salen cuatro resultados, todos con esos parámetros.
Reid se encontraba aún con Sonia, la chica se sentía tremendamente culpable por el numerito que había protagonizado delante de toda esa gente, que realmente sabían el triple de cosas que ella, sin contar la experiencia.
—Spencer, de verdad lo siento mucho— Se disculpaba la artista por enésima vez. —Yo, no sé lo que me pasó. A ver realmente sí lo sé, —Hablaba rápido, nerviosa, repitiendo una vez más todas las escusas que pasaban por su mente. — soy orgullosa por naturaleza, estaba tan segura de mis conclusiones que no pude evitar defenderlas. Y ese compañero tuyo, es tan… tan…—La chica buscaba algún adjetivo que no fuera demasiado hiriente.
—Morgan resulta impertinente a veces. —La animó Reid con una sonrisa, no podía evitar la ternura que estaba sintiendo al ver a aquella chica realmente preocupada por todo lo que había sucedido unos minutos atrás. — Seguramente él esté tan arrepentido de todo esto como tú.
—¿Tú crees? — Ella al fin lo miró, había estado evitando su mirada. — Dios, lo siento tanto. — Realmente tenía ganas de darse cabezazos contra la pared.
—Ahora mismo tengo que trabajar pero, cuando todo esto acabe…—Ahora era Spencer el que estaba nervioso. — Si nos quedamos al menos unas horas en España… ¿te gustaría que tomáramos algo? — Ella le miró, habían cambiado las tornas, era él el que miraba al suelo, nervioso.
—Claro. Déjame que…—Dijo la joven cogiendo la mano del chico y empezando a apuntar su número en ella.
Entonces salió Hotch, habían estado hablando en la puerta del edificio, iba acelerado y no tenía cara de buenos amigos.
—Reid, te quiero dentro ya, con García. Han encontrado otro cuerpo, cerca de la facultad de Bellas Artes.
—Yo me voy entonces. —Dijo la chica, notando que sobraba.
—No Arzac, quédate, esta vez ha dejado la foto sobre el cuerpo. —Dijo Hotch, parando a la chica. — Me gustaría tener tu opinión. — Y entonces salió camino al coche, con Rossi detrás. Morgan y Prentiss ya estaban allí.
—Oooooh, sois monísimos juntos. —Dijo la analista al ver entrar a ambos en la sala.
—¿Qué me he perdido? —Preguntó Reid ignorando el comentario de Penélope, aunque estaba notablemente sonrojado.
—Gracias a los datos de la joven Sonia, hemos buscado a un hombre que estudie en Bellas Artes y que esté estudiando su último curso en fotografía. Hemos encontrado cuatro nombres, pero no hemos conseguido reducirlo a uno. — Reid pensó unos segundos, mientras Sonia se sentaba en un extremo de la mesa, intentando no molestar.
—¿Todos tienen buenas notas? — Preguntó el joven, que parecía haber llegado a alguna conclusión.
—Tres de ellos sí, pero Francisco de Frutos, de treinta años no tiene tanta suerte. Es más, no consigue sacar la carrera, lleva tres años intentando entregar un trabajo de fin de carrera digno de un aprobado, pero nada, siempre suspende.
—Es él. Mata a alumnos de matrícula, les odia, están consiguiendo lo que él ansía desde hace tres años. Busca todo lo que puedas sobre Frutos mientras llamo a Hotch. — Spencer salió de la sala para llamar a su jefe, dejando a Sonia y a Penélope "juntas" en la sala. Pero la estudiante no podía dejar de darle vueltas a algo.
—¿Pasa algo cielo?
—Tendría que haberlo supuesto. —La analista la miró sin comprender, animándola a compartir sus conclusiones. — Las estenopeicas eran realmente malas, una fotografía estenopeica bien hecha puede competir fácilmente con una cámara réflex analógica, es posible no notar la diferencia, pero se veía claramente al mirar las fotos, no eran nítidas, se veía el grano a simple vista… Ese hombre es conocido por su torpeza, nadie se explica cómo ha llegado a cuarto. Lleva tres años presentando un proyecto de fotos estenopeicas. Lo he tenido delante de las narices y no me he dado cuenta.
—No te preocupes, es normal, no te dedicas a esto. No estás acostumbrada a dudar de todo y de todos, — Se la escuchó teclear y…—Lo tengo.
—¿Qué tienes? —Preguntó Reid entrando por la puerta.
—La dirección. Es uno de los talleres que se prestan a los estudiantes de Bellas Artes. Son como becas.
—Muy bien Penélope, mándasela a Hotch, están muy cerca de allí. —Le dijo Spence. — Frutos ha perdido seguridad, aún así ha tenido a la víctima un día entero en su poder. Pero no se ha arriesgado a dejarlo tan apartado como en otras ocasiones ni a dejar la fotografía aquí como en los demás casos, tiene miedo y, seguramente, se esté desesperando. — Empezó a cavilar Reid en alto. — Aunque hay algo de todo esto que no me encaja. ¿Has averiguado algo más de él?
—¿Lo dudabas cerebrito? —Dijo la analista jocosa. —Por lo visto no tuvo una infancia demasiado agradable. Su padre era esquizofrénico, por lo que su madre pasaba la mayor parte de su tiempo centrada en su cuidado, eso lo mantuvo muy solo hasta que, un verano, comenzó a trabajar por unas pocas pesetas para un vecino suyo que era fotógrafo, se dedicaba a realizar orlas de graduación. ¡Vaya, de ahí lo de las fotos! En fin, en el colegio reportaron en varias ocasiones que el pequeño llegaba con moratones, pero en esa época no era tan extraño, por lo visto en España eran de mano dura. Así que no llegó a nada importante. Al crecer vino a estudiar a Madrid, sabía manejar una cámara, así que entró en la facultad de Bellas Artes, como ya sabemos, sin muchos frutos.
—En algún momento de los últimos meses Frutos ha debido sufrir un detonante, algo que le haya hecho tener un brote psicótico.
—Si tiene algún tipo de enfermedad mental no aparece en su ficha médica, lo que sí aparece es que es diabético. Hace dos meses su madre falleció y él ingresó a su padre en un centro psiquiátrico. Ellos viven en Humanes, un pueblo de la periferia de Madrid, no podía hacerse cargo de su padre y seguir estudiando.
—Ahí está el detonante. — Entonces Reid calló en algo. — Espera, ¿has dicho que es diabético?
—Sí, ¿por qué? —Preguntó García, preocupada por haber pasado algo por alto.
—Aún no se sabe cómo murieron las víctimas, solo que tenían un pinchazo en la nuca. —Empezó a explicar Spencer exaltado. — Si el SUDES es diabético puede que ese sea su modo de matar. Le interesa que los cadáveres estén intactos, para conseguir una buena foto, les inyectaba su propia insulina, de este modo consigue que mueran de una hipoglucemia. Luego los sube a su coche y los lleva a su taller, les hace la foto y los tira. Ya no los necesita. —Reid cogió el teléfono y llamó a su supervisor. —Hotch, ¿estáis ya camino del taller de Frutos?
—Íbamos a salir ya. Prentiss y Morgan ya están de camino. ¿Ocurre algo?
—Pedid Glucosmon a la ambulancia, deben llevarlo siempre encima.
—¿Cómo? —Hotchner no entendía nada.
—Frutos es diabético. Inyectaba su propia insulina a sus víctimas, no es tan tonto como sus notas representan. Si fuera así no habría matado a tantas personas. Es organizado y obsesivo. — Comenzó a explicar Reid. — Cuando lleguéis allí va a intentar defenderse del mismo modo que lleva atacando a sus víctimas estos dos meses.
—Está bien Reid. —Dijo Hotch colgando el teléfono y avisando a Rossi de que se iban inmediatamente, antes pidiendo el Glucosmon a la ambulancia.
—¿Qué ocurre, por qué te has acercado a la ambulancia? —Preguntó Rossi mientras se subía al coche y se ponía el cinturón de seguridad.
—Penélope ha descubierto que el asesino es diabético. Reid dice que inyecta su propia insulina a las víctimas, provocándoles una hipoglucemia. —Explicó Hotch. —He ido a pedir algo que contrarreste el efecto, por si lo necesitáramos.
—¿Piensa que se va a intentar defender con ello?
—En España se necesitan permisos muy restringidos para tener un arma, y no ha demostrado ser muy agresivo. Sí, creemos que se va a intentar defender de la misma forma que ha matado a todos esos chicos.
Cuando llegaron al taller de Frutos ya había allí dos coches de policía además del coche en el que se habían estado moviendo Morgan y Prentiss, que no estaban allí.
—¿Dónde están mis agentes? —Preguntó Hotch preocupado al no verlos, les había ordenado que esperaran a su llegada para irrumpir en el taller del SUDES.
—Entraron junto a dos agentes más hace dos minutos. —Le contestó uno de los agentes. Rossi y Hotch se miraron y no lo dudaron ni un segundo, entraron al edificio.
Estaba anocheciendo cuando comenzaron a subir las escaleras, no encendieron la luz para no llamar la atención, si es que sus compañeros no habían entrado ya. Cuando llegaron ante la puerta del taller esta ya estaba abierta. Se miraron un segundo antes de entrar. Los policías españoles tenían inmovilizado a Frutos en el suelo, mientras Morgan se encontraba agarrando la cabeza de una semiinconsciente Prentiss.
—¡Mierda! —Dijo Rossi. Hotch notó como su respiración empezaba a acelerarse sin control y se acercó al cuerpo de su subordinada rápidamente.
—Cuando entramos todo estaba en silencio y oscuro. —Empezó a explicarse Morgan, que estaba al borde de las lágrimas. — Yo entré delante y Prentiss tras de mí, cubriéndome. Esto es realmente pequeño, no sé ni siquiera de donde salió. Solo sé que saltó a la espalda de Prentiss y clavó una jeringuilla en su cuello. —Hotch le levantó la manga de su camiseta y abrió la jeringuilla que le habían dado en la ambulancia, sin ningún tipo de tacto la clavó en su brazo y comenzó a vaciar el contenido en el cuerpo de la mujer, de prisa pero no de sopetón. —Prentiss se lo quitó enseguida de encima, pero ha matado tanto de esta forma que en un segundo tenia… lo que sea que les inyecta dentro. —Rossi llamaba a una ambulancia mientras Aaron rezaba porque las conclusiones de Reid fueran acertadas, no podían hacer mucho más.
—Morgan, ve abajo. —Le dijo David al ver como Hotch miraba a su subordinada, esperando que recuperara el color que había perdido en los últimos minutos, que empezara a respirar con fuerza. Había comenzado a acariciar tiernamente su mejilla y, aunque David lo sabía desde hace mucho tiempo, no quería que Morgan notara el comportamiento extraño de su jefe. —Espera a la ambulancia y tráelos aquí rápidamente. —Morgan aceptó dudando un poco, no quería dejar a su compañera allí, pero ya estaban ellos.
—Vamos Emily. —Susurro Aaron, dejando caer una lágrima por su mejilla. Rossi miraba la escena de pie, atento pero sin acercarse demasiado. —No nos hagas esto ahora, por favor. —Siguió susurrando. Pero Emily no daba respuesta ninguna, seguía tendida en el suelo, luchando por no cerrar los ojos.
….
Espero que os haya gustado, quiero muchos comentarios con vuestras opiniones.
