N/A: Os dejo aquí el primer Epílogo, con la parte final del caso y, para los amantes del romance, mucho Reid con Sonia y un atisbo de los sentimientos de Hotch. Espero con ansia vuestros comentarios.

….

Todos excepto J.J. estaban en la puerta de la habitación que habían habilitado como sala de interrogatorios. Estaban inquietos, esperando la llamada de la rubia del grupo, que había prometido avisar en cuanto la informaran del estado de Prentiss.

—¿Quién va a entrar? —Preguntaba Morgan, que deseaba ser él el que se encontrara frente al mal nacido que había llevado a su amiga al hospital.

—Yo. — Dijo Hotch sin ninguna duda. Sentía tanta rabia, había esperado a la ambulancia con el rostro de Emily entre sus manos, veía cómo ella luchaba por mantener los ojos abiertos, pero llegó un momento en el cual no pudo aguantar más y calló inconsciente, poco después aparecieron los sanitarios que lo alejaron de ella tras informarles Hotch de lo que él mismo le había inyectado.

—¿Solo? —Le preguntó Rossi indeciso.

—Sí. —Contestó Hotch como si fuera obvio. —No quiero a nadie más dentro. —Entró en la sala sin decir nada más. Francisco de Frutos estaba sentado mirando a la mesa, con las manos esposadas, su mirada era fría, no había miedo ni inquietud. —¿Sabe usted inglés? —Preguntó Hotch, cayendo entonces en la cuenta de que quizá las propias circunstancias le prohibían estar ante ese mal nacido. Pero entonces lo vio asentir y siguió con el interrogatorio. —Hemos encontrado un laboratorio fotográfico en su taller. Y esto. —Hotch puso entonces sobre la mesa un servilletero de madera que había sido adaptado para ser una cámara estenopeica.

—¿Un servilletero? —Preguntó De Frutos con una sonrisa cínica en el rostro.

—Sabe perfectamente lo que es. —Le dijo Hotch, pero el asesino ni siquiera se inmutó. —Por qué les fotografió. —Seguía sin obtener una contestación. Entonces Hotch estampó contra la mesa los negativos de las fotografías de las víctimas y gritó. —¡¿Por qué los fotografió?!

—Fue primero el huevo que la gallina. Agente Hotchner. —Aaron entornó los ojos y prefirió darle a entender que era él el que tenía el control.

—¿Qué quiere decir?

—Las estenopeicas no son cámaras, son mágia… Pero ya sabrá que son necesarios tiempos de exposición muy largos. —Empezó a explicar él, con una voz muy débil y pausada. —Intenté hacerles las fotos, pero se movían mucho… siempre andando, siempre moviéndose, traslúcidos. Parecían fantasmas frente a la cámara, siempre salían movidos. —Hubo un momento de silencio, hasta que dijo— Así que tuve que matarlos para fotografiarlos vivos. —Realmente ese hombre estaba mal de la cabeza, no había más explicación. Hotch decidió que era suficiente, anduvo hacia la puerta, dispuesto a irse, cuando el asesino volvió a hablar. —Sabes, es una pena. Esa chica morena… la agente Prentiss, seguro que se graduó con honores. Una foto suya habría quedado genial colgada en el Edificio de Alumnos. ¿Me dejarías hacerle u…?—Hotch había notado como le hervía la sangre al escuchar sus palabras, hasta que no pudo más y se giró, le cogió de la pechera y soltó un puñetazo directo a su mandíbula.

—¡Ni lo pienses! ¡¿Me escuchas?!

—¿Qué ocurre? ¡Hotch! —Rossi y Morgan entraron corriendo para separar a su jefe del asesino, el agente había perdido el control y, como hizo con Foyet, golpeaba a De Frutos sin parar.

—¡Jamás volverás a verla, me encargaré de que no salgas de prisión en tu vida! —Aaron seguía gritando mientras se lo llevaban arrastras.

—¡Aaron, tranquilízate! —Le gritó Rossi cuando al fin consiguieron sacarle de la sala, pero Hotch seguía intentando volver a entrar. —Ha llamado J.J. —Solo entonces paró y le miró con toda la atención puesta en él. —Está bien, la salvaste Hotch. — Respiró, dejando salir todo al aire que había en sus pulmones, como si le hubieran quitado el peso del mundo de encima. Se apoyó en la pared y se dejó resbalar hasta que se sentó en el suelo, sentía como si llevara semanas sin dormir, estaba tan cansado.

Reid estaba en la puerta del hospital puerta de hierro junto con Sonia, que había insistido en acompañarlos, preocupada por Emily que, aunque no la conocía demasiado, era una de las que le había sonreído e infundido valor cuando expuso sus conclusiones ante el grupo.

—¿Qué tal está Emily? —Preguntó la joven, con esos nervios que tanto sentía cada vez que se encontraba frente a Spencer.

—Bien, teníamos razón, así que en cuanto Hotch le inyectó el Glucosmon estaba fuera de peligro. La van a tener esta noche en observación por si acaso, pero está bien. —Reid hablaba con una tristeza en gran parte incomprendida, sabía que sus horas en España estaban contadas a partir de ahora.

—Entonces supongo que os iréis en breve. —Reid asintió, Hotch quería volver lo antes posible.

—Seguramente salgamos mañana por la mañana. Todos tienen ganas de volver, este caso nos ha afectado bastante.

—Sí, tu jefe no tenía muy buena cara.

—Son las cuatro de la mañana. Realmente ninguno tenemos muy buena cara. —Dijo Reid intentando cortar la tensión entre ellos. —Es una pena que el museo de medicina no esté abierto por las noches, al final me voy sin verlo. — Sonia lo miró entonces entornando los ojos, y luego los abrió excesivamente, como si hubiera tenido una revelación.

—Espera un momento ¿vale? Tengo que llamar a alguien. —Reid vio como la joven se alejaba un poco sin comprender del todo a quién tenía que llamar tan de repente.

—¿No vas a ir a dormir? —Preguntó J.J. saliendo del hospital para que le diera un poco el aire.

—No creo. Estoy totalmente develado y mañana tendremos mucho tiempo de dormir en el avión. —J.J. miraba también a la chica que unos metros más allá hablaba por teléfono.

—Es guapa. —Comentó la rubia, buscando un poco de diversión picando a Reid.

—¿Eh? Sí, supongo.

—¿Supones? —Dijo Jennifer divertida viendo como el joven empezaba a adquirir un color rojizo.

—Ya está. —Dijo la española volviendo a acercarse a los dos agentes. —Nos vamos.

—¿Os vais? —J.J. estaba sorprendida ante lo lanzada que era la chica.

—Sí, he llamado a un par de amigos y me han hecho un enorme favor. —Se explicó la joven. —Pero es una sorpresa. —Entonces cogió a Reid de la mano y, despidiéndose de J.J. con una sonrisa lo arrastró hasta el metro.

El museo de la facultad de Medicina estaba completamente en silencio, en plena noche resultaba realmente inquietante ver toda esa exposición de anatomía. Sonia tenía verdadero miedo pero se le pasaba completamente al ver los ojos de Reid brillando ante las vitrinas.

—Esto es realmente genial Sonia. —Empezó a decir sin apartar la mirada de lo allí expuesto.—¿Cómo lo has conseguido?

—Bueno, tengo un amigo que es primo de un amigo del tío del conserje y me han hecho un pequeño favor.

—Yo diría que esto es un gran favor.

—Sí, es cierto, un gran favor. —Sonia estaba disfrutando de verle a él disfrutar, estaba como un niño en el día de reyes.

—Nunca voy a olvidar esto, no todo el mundo puede decir que ha estado en el museo de la facultad de Medicina a las cuatro y media de la madrugada.

—Yo no sé tanto de datos como tú, pero me arriesgaría a asegurar que nadie ha estado aquí a estas horas.

—Sí, la posibilidad es realmente grande. —Al fin, cuando ya estaban en la última sala y Reid había inspeccionado cada rincón de ella, se giró a mirarla. —Ha sido una autentico detalle. —Estaban uno frente al otro, no sabían muy bien qué hacer ni decir. Sabían que tenían que irse, que estaban abusando, pero no querían. Aquella noche se despedirían para, seguramente, no volver a verse nunca más, habían sido solo tres días y sentían que habían creado un vínculo doloroso de romper.

—Me siento como cuando fui al Louvre por primera vez.

—¿A sí? No esperaba que te gustara tanto el museo. —Comentó Reid inocentemente.

—No es el museo, eres tú quien me hace sentir así. Entré allí con diez años, el arte me gustaba pero no pasaba por mi cabeza el dedicarme jamás a nada referente a ello. Pero salí de esa gran pirámide de cristal con la sensación de que había creado algo nuevo en mí y, aunque sabía que tardaría mucho tiempo en volver, y que en mi vida quizá solo volvería a verlo unas cuantas veces, yo sabía que siempre sería en parte suya. —Reid entendió el mensaje, entendió lo que Sonia le quería decir, pero… no era capaz de contestarle, algo había colapsado en su interior.

—Jamás me hubiera imaginado que fueras tan cursi. —Sonia miró a Reid sorprendida, sin esperarse para nada esa contestación, mas no pudo evitar romper en carcajadas.

—Yo tampoco lo hubiera imaginado. —Le contestó ella, mientras intentaba comprender cómo aquel chico la había conquistado en tan poco tiempo.

—¿Tan difícil es decir que te gusto? Tú me gustas. —Reid no había utilizado un tono de voz profundo ni sentimental, simplemente lo dijo como si fuera una verdad absoluta. Sonia volvió a mirarlo como si no pudiera creerse lo que le había dicho. —¿Puedo besarte?

—Cla-claro. —Dijo la chica sin creerse de verdad que todo aquello estuviera ocurriendo. Entonces Spencer se acercó, posando sus manos en la cintura de Sonia, y la besó suavemente, como si tuviera miedo a que, haciéndolo más fuerte, fuera a romperla.

—Mañana me voy. —Dijo el agente del FBI al separarse, cuando aún seguían muy juntos, con sus frentes pegadas.

—Lo sé. —Le contestó ella en un susurro.

—¿Y qué vamos a hacer? —Hubo un solo segundo de silencio antes de que Sonia encontrara la respuesta.

—Solicitaré el erasmus, el próximo año me tendrás allí, te lo prometo. —Y entonces ambos sonrieron, abrazados en medio de ese museo silencioso.

…..

Ya solo queda el segundo epílogo, la última parte de este mi primer fic medianamente largo de Criminal Minds, me da penita, pero como sé que querréis saber el final intentaré no tardar mucho en subirlo.