~Racimo
—...Nueve, diez, once, doce... no espera, no te muevas... ¡Cielos! Otra vez tendré que comenzar. Uno, dos...
—Sofía, no me digas que otra vez te has puesto a contar los Sunflora.
—Es uno por cada año que llevamos juntos.
Marcelo se acercó a su compañera de casi toda la vida, besó su frente y la tomó de la mano de la misma forma que cuando le pidió la primera cita en compañía de un Sunflora. En aquel vallecito bajo las montañas debían haber al menos unos cincuenta; pero el número exacto no importaba porque cada flor en su memoria conformaba el magnifico racimo de sus vidas.
Aún se preguntaban si vendrían más antes de que las flores se marchitaran.
