Capítulo 2
Bilbo estaba seguro de que no quería estar ahí cuando Thorin contaba la historia. Así que se dirigió a Vili y le lanzó una mirada suplicante.
-¿Quieres que te lleve a tu habitación? –preguntó él.
Bilbo asintió, agradecido, pero Thorin intervino, tomándolo del brazo gentilmente.
-Yo te llevaré.
No, él no, por favor. Pensó, no quería estar tan cerca de él, no ahora que su cabeza estaba llena de pensamientos extraños. No en ese momento que su corazón latía tan fuertemente dentro de su pecho. Thorin no debía de ser tan atractivo y ciertamente él no tendría por qué pensar de esa manera acerca de un rey.
-No, hermano, me debes una explicación y no te puedes ir de aquí hasta que hables conmigo –intervino Dis y Bilbo se sintió profundamente agradecido con ella.
-Además tienes que arreglar el problema que tenemos debido a las reuniones que cancelaste. Recuerda que uno de los comerciantes del norte quería presentarte a su hija…
Thorin gruñó, como si aquello fuera una tortura. Bilbo se atrevió a observar su rostro, mientras él estaba distraído mirando a Balin con un ceño fruncido; por supuesto, su vida debía ser así todos los días, con ese físico y la posición que tenía uno de sus problemas tendría que ser el hecho de que probablemente todas las personas querían hacer que sus hijos e hijas desfilaran frente a sus ojos, esperando que él los eligiera.
Probablemente cualquier persona querría tener un familiar emparentado con la realeza.
No tardaría la persona que trajera a la pareja indicada y Thorin se decidiera, era sólo cuestión de tiempo, pensó Bilbo y no supo porque aquella sensación lo dejó triste.
Todo eso era, sencillamente, ridículo. Él sólo iba a pasar unos días ahí y regresaría a su vida normal y aburrida de siempre. Lo único que tenía que hacer era mantenerse alejado de Thorin.
-Parece que estás muy ocupado, así que mejor iré con Vili… -comenzó Bilbo, alejándose del rey, quien no parecía muy contento con ello.
-Espera, Bilbo…
-¡Nosotros lo llevamos!
Thorin se interrumpió al escuchar unas voces jóvenes provenientes del pasillo; Bilbo supuso que aquellos debían ser los hijos de Dis. El más grande se parecía más a su padre, con el cabello rubio, mientras que el otro tenía los ojos de su madre y el cabello oscuro aunque no tanto como el de Thorin. ¿Por qué todos en esa casa tenían que ser tan atractivos? Bilbo comenzaba a sentirse más como un insecto, una mancha que no queda en un lienzo en blanco.
Sin preguntar, los jóvenes se acercaron a Bilbo y lo tomaron de los brazos.
-Así que… tú debes ser Bilbo –dijo el rubio-, mi madre nos ha hablado de ti. Yo me llamo Fili.
-Y yo soy Kili –sonrió el otro, acariciando el cabello de Bilbo-, ¿todos los ingleses son como tú?
-¿A qué te refieres? –preguntó Bilbo, tratando de alejarse de los hermanos.
Sin embargo, Kili no pudo decir nada más, porque Thorin soltó una especie de gruñido a su espalda.
-No creo que esta sea la forma correcta de darle la bienvenida al amigo de su madre –dijo rechinando los dientes. Los tomó del brazo y los alejó de Bilbo.
Los hermanos parecían un poco intimidados, porque lo que Bilbo se preguntó si Thorin era demasiado duro con ellos.
-Sólo estábamos demostrándole que lo apreciamos –aseguró Kili, sonriendo con inocencia.
-La próxima vez asegúrense de no poner sus manos sobre él de esa manera –replicó Thorin.
Bilbo arqueó una ceja hacia ellos, sí, era cierto que no estaba acostumbrado a que alguien se acercara tanto a él cuando apenas lo conocía, pero no le parecía que aquellos dos hubiesen hecho algún daño tomándolo de los brazos o tocando su cabello.
Dis se rió y observó a su hermano con lo que parecía una expresión de compasión.
-De acuerdo, tío –dijeron los dos jóvenes al unísono, agachando la mirada.
Bilbo sólo quería llegar a su habitación y descansar.
-Vamos, te llevaré –le dijo Vili y esta vez Bilbo no esperó a que hubiese otra interrupción y lo siguió.
La habitación en la que iba a dormir los días siguientes se encontraba en la planta alta, casi al final del pasillo, cerca de las habitaciones de Fili y Kili. De alguna manera, saber que la habitación de Thorin se encontraba lejos lo hizo sentirse más tranquilo.
Bilbo se sorprendió al llegar y encontrar sus maletas ahí; Vili le explicó que habían llegado unas horas antes que él y que las habían dejado ahí.
-Si no te gusta tenemos más habitaciones –dijo él.
-No, es perfecta, gracias –replicó Bilbo, porque sólo podía ver la cama y pensar en dormir. Había tenido un día tan largo que ni siquiera tenía energía para desempacar.
-Te dejaré para que descanses un poco –dijo Vili antes de irse.
Y lo primero que hizo Bilbo fue tirarse sobre la cama.
Se despertó dos veces aquella noche, una para cambiarse de ropa a algo mucho más cómodo y la otra porque tenía hambre. Pero la segunda vez que sus ojos se abrieron era de madrugada. Y se preguntó si podría escabullirse por el pasillo y llegar hasta la cocina para comer algo. Normalmente no haría algo tan irrespetuoso como aquello y se esperaría hasta la hora del desayuno, pero siempre había sido de buen apetito y se había saltado varias comidas por haberse quedado dormido.
Aquello era casi cuestión de vida o muerte.
Bilbo salió de su habitación sin hacer ruido, podría decirse que era una habilidad que tenía, si quería pasar desapercibido podía hacerlo. Así que se las arregló para llegar hasta las escaleras sin despertar a nadie, además no traía zapatos por lo que se le hizo más fácil llegar hasta el vestíbulo sin ningún incidente. El piso estaba frío, pero él estaba acostumbrado a andar descalzo en su casa, así que no fue ningún problema.
Sin saber cómo, logró llegar hasta la cocina, él único inconveniente era que la luz estaba encendida, lo que significaba era que alguien ya se encontraba ahí. En otras circunstancias se hubiese regresado por donde venía, sin embargo, tenía demasiada hambre, así que decidió arriesgarse.
Por supuesto, tenía tan mala suerte que no le sorprendió al notar que la figura que estaba sentada frente a una mesa alargada, cerca del refrigerador y bebiendo lo que parecía café, perteneciera a quien menos deseaba encontrarse.
Se aclaró la garganta para hacer notar su presencia, ya que el hombre estaba volteado en otra dirección y parecía sumido en sus pensamientos. Entonces parpadeó y su cuerpo completo se giró hacia Bilbo. Y él recordó que probablemente era un completo desastre, su cabello siempre se veía desordenado cuando se levantaba, los pants que usaba para dormir le quedaban un poco grandes, así como la playera que traía en esos momentos y que se había deslizado de un lado, dejando descubierto uno de sus hombros. Si quería impresionar, ese era el peor momento para ello. Aunque, por supuesto, no le interesaba impresionar al rey de Erebor.
Los hermosos y profundos ojos azules de Thorin lo recorrieron lentamente de pies a cabeza y Bilbo se estremeció ante aquella mirada tan fija, que ni siquiera se molestó en tratar de arreglarse un poco. De pronto, Thorin tosió, como si se hubiese atragantado con el café y su rostro comenzó a adquirir una tonalidad rojiza.
-¿Estás bien? –le preguntó Bilbo, acercándose un poco.
-Sí, sí, gracias –dijo él, después de un rato. Bajó la mirada, como si quisiera evitar verlo de nuevo.
¿De verdad se veía tan mal? Sin embargo, Bilbo levantó la barbilla y decidió tragarse ese sentimiento de vergüenza que subió por su garganta. Se sintió más intimidado al darse cuenta de que, a pesar que Thorin estaba vestido informalmente, él lucía increíblemente atractivo. Volvió a carraspear y trató de ignorarlo. Se acomodó la playera, esperando que no se resbalara de nuevo y se acercó al refrigerador.
-¿Qué haces aquí? –le preguntó Thorin. Parecía como si de pronto su café se hubiese convertido en la cosa más fascinante del mundo, porque no apartaba su mirada de él.
-Tengo hambre –respondió simplemente Bilbo, lo cual arrancó una espectacular sonrisa de los labios de Thorin.
Aquello era completamente injusto.
-¿No hay problema si preparo algo? –preguntó entonces. Apenas acababa de llegar y ya quería usar la cocina como lo hacía con la suya, probablemente su padre estaría avergonzado de él en aquellos momentos.
-La cocina es toda tuya –respondió Thorin, sonriendo. De pronto parecía que el café se había vuelto aburrido porque ahora sus ojos estaban completamente sobre Bilbo.
Bilbo hizo su mayor esfuerzo para ignorarlo, pero tenía que admitir que era una tarea difícil. Así que se concentró en sacar el pan y los huevos. Pronto, con la mantequilla y el sartén encendido fue mucho más fácil fingir que no había ningún rey con los brazos sobre la mesa, descansando la barbilla sobre sus manos y observándolo como si se tratara de un niño pequeño viendo su programa favorito de televisión. Thorin tenía una sonrisa en los labios que debía estar prohibida.
-¿Quieres un poco? –le preguntó, a lo que Thorin parpadeó, como si lo tomara desprevenido y después asintió, lentamente.
Así que terminó haciendo pan francés, huevo revuelto y algo de tocino. Llenó dos platos y sacó un poco de jugo de naranja del refrigerador. Sabía que el rey lo había estado observando todo el tiempo, pero se concentró en su desayuno, por lo menos hasta que vio a Thorin probar un poco de su platillo y cerrar los ojos.
Después los abrió y observó a Bilbo con un brillo diferente en la mirada.
-Está delicioso.
Thorin lo había dicho con tanta sinceridad, casi como si las palabras hubiesen luchado por salir de sus labios, como si fuese algo inevitable que Bilbo luchó por no reírse. Sabía que cocinaba delicioso, le había comentado eso muchas veces, sin embargo, el cumplido de un rey siempre era bien recibido.
-Gracias.
Después de eso permanecieron un rato en silencio y Bilbo descubrió que no era incómodo estar junto a Thorin. Su presencia era suficiente para sentirse acompañado. Lo cual, por supuesto, era algo que estaba mal. Se suponía que evitaría su presencia no que lo invitaría a desayunar junto a él. ¿Por qué le pasaban estas cosas?
-¿Tienes pareja?
La pregunta fue tan inesperada que Bilbo casi escupe el jugo de naranja que traía en la boca. Tuvo que concentrase para poder tragárselo y observar a Thorin, quien ya lucía arrepentido por haber preguntado eso.
-Quise decir… sólo me dio curiosidad, saber si tenías familia –trató de aclarar.
Bilbo negó con la cabeza.
-He tenido un par de relaciones, pero no terminaron bien –dijo-. ¿Familia? Sí, pero casi no los veo. Mis padres murieron hace tiempo y las únicas personas que valen la pena de todos los parientes que tengo son mi prima y su esposo. Son buenas personas. Y amigos… bueno, digamos que nunca tengo tiempo de salir con nadie, así que…
Se encogió de hombros, sabía que su vida era triste, pero no era como si se quejara todo el tiempo. Aquello podría ser peor, o por lo menos eso era lo que pensaba.
-¿Y qué me dices de ti?
-Yo no tengo ninguna relación en estos momentos –dijo Thorin-, y mi familia… bueno, a ellos ya los conoces.
Bilbo sonrió.
-Tu familia es increíble.
-Eso es porque sólo has estado con ellos un día –bromeó el rey, aunque Bilbo sabía que los quería mucho. Se notaba en el brillo de sus ojos.
-Puede ser –concedió él, riendo. Nuevamente cayó el silencio sobre ellos, aunque Bilbo no lo soportó por mucho tiempo, tenía curiosidad, mucha y aunque sabía que no debía meterse en la vida del rey, no pudo evitar decir:- Aunque no tengas a alguien ahora, supongo que pronto llegará, es decir… por lo que alcancé a escuchar ayer debes tener muchas propuestas de matrimonio.
Thorin hizo un sonido exasperado.
-Si te refieres a todos esos padres que tratar de presumirse a sus hijos para que yo elija entre ellos entonces estás equivocado, no creo que eso pueda funcionar alguna vez. A veces me gustaría encontrar a alguien sólo para eso se detuviera. Si los medios se enteraran de que tengo una pareja tal vez… Me alegra que mis problemas te diviertan tanto.
Bilbo había tratado de ocultar su sonrisa, pero era imposible. Sus ganas de reírse eran superiores a su sentido de educación.
-Lo siento, Thorin, lo siento… -trató de controlarse, pero no funcionó- es sólo que no puedo evitar imaginarse las reuniones que tienes con ellos…
-Sí, es insoportable. Casi pienso que me están leyendo una lista de las mejores cualidades de sus hijos, es desagradable, como si me trataran de vender algo: "Mi hija es experta en esgrima…", "Mi hijo sabe cinco idiomas…"
Por extraño que pareciera, Thorin no parecía molesto, sino divertido al observar cómo Bilbo trataba de evitar reírse. Sin embargo, su autocontrol se rompió cuando Thorin comenzó a imitar, con voz aburrida y monótona a aquellos padres que trataban de presumir a sus hijos. Bilbo se mordió el labio inferior, pero no lo soportó más y soltó una carcajada.
-Bilbo, eres tan cruel –comentó el rey, pero estaba sonriendo, observando atentamente al hombre de cabello rubio sentado frente a él.
-Lo lamento, en verdad lo lamento, no puedo evitarlo –dijo, una vez que su respiración se normalizó, aunque sabía que lucía terrible: sus mejillas debían estar rojas y sus ojos con lágrimas que no pudieron evitar salir mientras se reía. Trató de controlarse.
Thorin lo miraba fijamente, aunque Bilbo no lo culpaba, debía de lucir ridículo en aquellos momentos. De pronto, el rey se puso más serio y desvió la mirada, como si le lastimara ver a aquel hombre con esa sonrisa radiante.
-No deberías reír tanto.
-¿Por qué no? –preguntó Bilbo, sonriendo de todas maneras, ya que todavía se imaginaba aquellas reuniones. No podía evitarlo.
-Es injusto –comentó Thorin simplemente, mirando a Bilbo con intensidad.
De pronto todo el humor se esfumó del rostro de Bilbo, no debía estar en ese lugar, no debía estar disfrutando tanto de la compañía de alguien que podría tener a quien quisiera, de alguien que sólo vería unos días y que después se olvidaría de él. Thorin pertenecía a la realeza y él sólo era Bilbo, un simple hombre que no tenía nada que ofrecer.
Así que Bilbo se levantó inmediatamente, era mejor alejarse de aquel hombre tan atractivo y agradable antes de que algo irremediable pasara en su corazón.
-¿Bilbo? –Thorin parecía preocupado y se levantó para acercarse. Pero él no se lo permitió, retrocedió inmediatamente.
-Recordé que no he desempacado, mejor lo hago ahora antes de que Dis decida que es momento de salir a mostrarme la ciudad –dijo, sin mirar al rey ni una sola vez.
-Espera… ¿Por qué…? ¿Qué pasó? ¿Qué fue lo que dije? –pero las preguntas de Thorin no fueron escuchadas porque Bilbo prácticamente corrió hacia las escaleras.
Dis y Balin alcanzaron a ver cómo el hombre se alejaba y a Thorin con una expresión de confusión y desolación terrible.
-¿Te levantaste con el pie izquierdo, eh? –dijo la mujer, arqueando una ceja a su hermano.
Thorin gruñó y salió de la cocina.
-Te lo dije, siempre comienza mal –comentó Balin a la princesa, quien asintió en comprensión.
