Capítulo 5
En realidad Bilbo se encontraba en más problemas de los que quería admitir. Porque ahora que había aceptado la compañía de Thorin, había descubierto que aquel rey era verdaderamente encantador cuando se lo proponía. Y era una tortura verlo sonreír, ¡injusto! ¿Cómo era que se le permitía a una persona atractiva volverse más atractiva sólo por sonreír? Era verdaderamente ridículo.
Desgraciadamente, Thorin no era su único problema. Porque, no sólo él tenía su encanto, sino toda su familia. Y Bilbo se entristecía cada vez que pensaba en la soledad que le esperaba cuando regresara a su casa, en Inglaterra. Tal vez había sido un error venir en primer lugar, pero ahora que ya se encontraba en Erebor no podía hacer nada para regresar el tiempo atrás y fingir que no los conocía... aunque probablemente era mejor así, haberlos conocido, por lo menos así sabría a quien extrañar. Antes de ellos ni siquiera había tenido a alguien a quien extrañar... bueno, a sus padres... pero ellos se habían ido hacía mucho tiempo.
-Te compré un traje -anunció Dis, repentinamente, cuando todos estaban sentados en la sala, todos a excepción de Thorin, quien, de acuerdo con Balin, tenía mucho papeleo que hacer.
En un principio Bilbo no tenía idea de que se estaba dirigiendo a él, hasta que todos en la sala se quedaron callados y dirigieron sus miradas hacia él, esperando una respuesta.
-¿Qué? ¿A mí? ¿Por qué? Es decir, no es que no lo agradezca, pero...
Se interrumpió cuando los brazos de Frerin comenzaron a asfixiarlo.
-Me alegra que seas parte de la familia ahora, eres demasiado adorable.
Dis puso los ojos en blanco. Bilbo se ruborizó.
-Voy a hablarle a Thorin si sigues así -dijo ella, observando a su hermano con severidad-. Así que mejor compórtate. Me gustaría que les dieras un buen ejemplo a mis hijos por una vez.
Frerin resopló, fingiendo estar molesto y se alejó del hombre rubio y pequeño inmediatamente. Tal vez era momento para reconsiderar si en verdad Bilbo estaba tan encariñado con aquella familia, parecía que todos estaban locos, nunca podía entender la mitad de lo que decían, incluso cuando hablaban en su idioma.
-Por favor, ignóralo, Bilbo, jamás superó la infancia -se disculpó la princesa, ofreciéndole una amplia sonrisa-. Bueno, como te decía, te compré un traje, creo que te vas a ver muy apuesto con él. ¿O es que pensabas ir con eso al baile?
Bilbo parpadeó. ¡Por supuesto, el baile! Siempre se le escapaba de la mente, quizás porque estaba muy ocupado pensando en el día que tendría que partir.
-Gracias... aunque yo pude habérmelo comprado, no tenías que...
Dis hizo un gesto con la mano y negó con la cabeza.
-No debes preocuparte por eso, además yo quería hacerlo. Quiero que luzcas muy bien ese día, es importante para todos nosotros que asistas.
Frerin se inclinó hacia ella y dijo algo en Khuzdul, que, por supuesto, fue escuchado por todos y causó un brote de risas en la sala. Y, para sorpresa de Bilbo, la princesa no pudo evitar reprimir la sonrisa que apareció en sus labios.
-Eso es ser cruel, hermana -comentó entonces el rubio, utilizando otra vez el idioma de Bilbo-. Pero me agrada cómo trabaja tu cabeza. Si eres una Durin después de todo.
-Ya quisiera que fuera el baile, quiero ver la expresión de... -pero Kili se interrumpió cuando su hermano lo golpeó con fuerza en las costillas.
-¿Se puede saber de qué se trata todo esto? -preguntó Bilbo, una vez que tuvo suficiente de tanto secretismo, no le gustaba sentirse así, no cuando presentía que, de alguna manera, su conversación lo involucraba a él.
-En verdad, Bilbo, no es nada, no les hagas caso.
Suspiró, pero decidió hacerle caso a Dis y dejarlo pasar.
-¿Entonces, qué dices? ¿Te lo pruebas?
-¿En este momento? -preguntó Bilbo, un poco confundido. Aunque sabía, por la expresión entusiasmada de Dis, que a pesar de que no se sintiera con ánimos de hacerlo lo iba a hacer. No podía decirle que no.
Así que cuando la vio asentir y levantarse no tuvo más opción, afortunadamente nadie más los siguió. Subieron las escaleras que conducían al pasillo principal; la habitación de Dis y Vili se encontraba en las primeras puertas y era de las más grandes. Dis inspeccionó su armario antes de entregarle el traje, cubierto con una bolsa para cubrirlo del polvo y evitar que se dañara; Bilbo comenzó a preguntarse cuánto era exactamente lo que la princesa se había gastado en ello.
-Te esperaré afuera, me dices cuando estés listo -dijo, sin darle tiempo de hacer preguntas.
Suspiró. Entre más pronto lo hiciera, más pronto terminaría. Sin embargo, cuando abrió el cierre de la bolsa, se quedó sin aliento. El traje estaba hecho de una tela azul oscuro y los botones se veían plateados, en realidad, no era nada como lo que él había visto a las pocas fiestas que había ido. Aunque estaba seguro que el estilo y diseño eran característicos del país, creía que era algo demasiado elegante para él... en verdad, el traje parecía diseñado para alguien de la realeza y sí, él estaba ahí como un invitado de la familia real, pero aquello le parecía demasiado. Pero sabía que Dis no iba a descansar hasta vérselo puesto, por lo que decidió acceder a sus deseos.
Cuando terminó la ardua tarea de ponerse la ropa y abotonar todo adecuadamente, decidió mirarse en el espejo con mayor atención. Su reflejo le arqueó las cejas desde el otro lado. En realidad... no se veía mal. Casi hasta podía decir que lucía elegante; Dis sí sabía lo que hacía después de todo.
-Creo que tengo... -comenzó Bilbo cuando se dirigió a la puerta para abrirla, el problema fue que se vio interrumpido cuando giró la perilla y se dio cuenta de que Dis no era la única que estaba esperando del otro lado.
-Lo siento, ellos querían verte -se disculpó Dis cuando Fili, Kili, Frerin y Vili entraron en la habitación.
Frerin sonrió.
-Thorin tiene que ver esto...
Bilbo quiso preguntarle qué tenía que ver él en todo esto y que no, él prefería que el rey no estuviera ahí porque sólo lo haría sentirse más nervioso, aunque todas esas miradas no ayudaban mucho. Por un momento llegó a pensar que en verdad se veía ridículo, que tal vez la ropa elegante no se le veía bien a alguien como él y el espejo le había mentido, pero Kili se acercó a él rápidamente y le pasó un brazo encima de los hombros.
-Te ves muy bien, en verdad -comentó el joven. A quien su hermano secundó asintiendo insistentemente.
Él no estaba muy seguro de ello, por lo que se giró hacia Dis, quien le sonrió ampliamente.
-Te ves absolutamente perfecto -dijo ella y sonó tan natural, que Bilbo se permitió creerle por un momento.
-¿Vas a bailar conmigo, entonces? -Kili le guiñó un ojo juguetonamente.
-¿Bailar? -preguntó él, casi asustado.
-Sí, es parte de la tradición. Todos tenemos que bailar -respondió Fili-. ¿Reservarás un baile para nosotros?
-Ehhh... sí -contestó, después de un rato, presentía que se metía en problemas. Hacía mucho tiempo que no bailaba.
Entonces Dis puso los ojos en blanco y negó con la cabeza, antes de mirar a sus hijos severamente y decir algunas palabras en Khudzul.
-Por supuesto que el primero no -contestó Fili utilizando la Lengua Común-, sabemos lo importante que es para...
Pero el joven se interrumpió cuando se escuchó que alguien más entraba a la habitación; Kili se alejó de él inmediatamente, pero en su rostro se dibujó una sonrisa divertida.
Thorin comenzó a decir algo, dirigiéndose a Dis, parecía distraído, sin embargo, cuando se dio cuenta de todos los que se encontraban en la habitación de su hermana, se detuvo y miró a su alrededor, como si quisiera preguntar algo, mas es pregunta murió en sus labios cuando sus ojos se encontraron con la figura de Bilbo. Y él comenzó a pensar que quizás había sido mala idea acceder a las peticiones de la princesa en primer lugar. Porque ahora los ojos del rey lo estaban recorriendo atentamente de pies a cabeza. Entonces el rey se quedó como petrificado y Bilbo creyó ver un repentino rubor extenderse por sus mejillas.
-¿Qué opinas de nuestro invitado, hermano? -preguntó Frerin reprimiendo una risa-. ¿Se ve adorable, no es cierto?
Pero Thorin parecía estar en otro lugar, porque no escuchó las palabras de su hermano. En lugar de ello, parpadeó varias veces y, cuando recuperó el movimiento de sus extremidades, caminó directamente hacia Bilbo. No sin antes tropezar con la mesa que se encontraba al lado de la entrada, provocando que casi se cayera la lámpara que se encontraba sobre ella. Dis puso los ojos en blanco, aunque su esposo fue mucho más amable; Vili pareció mirar al rey compasivamente.
Bilbo trató de moverse, pero antes de que pudiera dar un paso, el rey ya se encontraba frente a él. Thorin lo tomó de las manos y él sintió su corazón dar un repentino vuelco.
-Te ves hermoso -comentó Thorin, mirándolo fijamente a los ojos. Y, por supuesto él, quien parecía tener una debilidad por los reyes de ojos azules, se ruborizó sin poder evitarlo.
-Gra-gracias.
-¿Bailarás conmigo durante la celebración, verdad? -Thorin preguntó y de pronto la pregunta se convirtió en una mucho más seria que la que habían hecho sus sobrinos.
-Yo... sí -respondió, porque, aunque la perspectiva lo llenaba de nervios y su mente le decía que era mala idea seguir ese camino si es que tendría que irse... su corazón no entendía de razones.
Y entonces Thorin miró hacia al suelo, y suspiró, como si tratara de aclarar sus ideas antes de hacer la siguiente pregunta:
-Pero... ¿reservarás el primer baile de la noche para mí?
Bilbo asintió. Y al ver la sonrisa en el rostro del rey, no pudo más, de pronto fue muy consciente de que no estaban solos y que todos estaban muy callados, como si aquella escena entre ellos fuese lo más interesante del mundo.
-Será mejor que vuelva a cambiarme para no arruinar el traje antes de la celebración -soltó y sus palabras salieron tan apresuradas, que ni siquiera le dio tiempo a Thorin de decir algo más. Se fue lo más rápido que pudo hacia su habitación.
