Disclaimer: Naruto no me pertenece, es de Masashi Kishimoto.
El jarrón cayó como si fuese el mismísimo Ícaro bajo los efectos del potente sol. Sakura intentó tomarlo en el aire, pero le resultó imposible, se estrelló y la mujer se tiró al piso para recoger los pedazos intentando no gritar de la impotencia. El jarrón costaba cinco de sus mensualidades y se había tardado tanto buscando empleo, que si lo perdía se iba a sentir como la peor madre del mundo. Además, Kakuzu le había advertido que tuviese cuidado con aquella vitrina. Suficiente tenía con que se la pasara criticando su ropa barata y sus zapatos viejos, como para que ahora se le sumara la torpeza.
A media mañana, Kakuzu llegó con una taza de café negro y un abrigo azul marino. Su departamento quedaba justo arriba del local y Sakura creía que ahí guardaba las cosas más caras, aunque no podía comprobarlo. Él nunca la había invitado a pasar. La bodega estaba llena de joyas y obras de arte, sin embargo, Sakura estaba segura de que él tenía las mejores piezas arriba. A veces sentía miedo de que algún ladrón entrara y la matara para llegar a su objetivo. La seguridad era ridículamente escasa.
—Buenos días, Kakuzu-sama.
—Hm.
No pasaron quince minutos cuando el hombre dejó de escribir cuentas y miró el estante, notando el jarrón faltante.
—Lo rompiste.
—Sí, lo siento. Yo… no tuve el suficiente cuidado, ¡pero puedo pagarlo! Podría descontarlo de mi paga…
Kakuzu emitió un largo suspiro, y Sakura no sabía si sentirse amenazada o no. Las manos comenzaron a sudarle en cuanto el hombre clavó sus fríos orbes negros sobre ella.
—No es suficiente castigo —murmuró levantándose—. ¿Acaso crees que puedes romper lo que sea y salir bien librada? ¿Qué te asegura que no te puedo despedir?
—Nada me lo asegura, p… pero he trabajado duro, usted lo sabe. Por favor, Sarada necesita ropa, y…
—Cállate, no me interesa tu hija. Vuelve al trabajo.
Los artilugios colgados del techo sonaron al moverse con el viento. Sakura se mordió la lengua y siguió limpiando lo que le faltaba. Consciente de que su estabilidad recién adquirida pendía de un hilo, hizo todos sus deberes al pie de la letra, sin dejar rastros de polvo en el lugar.
Para completar sus turnos, Kakuzu le había dicho que además de limpiar debía recibir a quienes llegaran y en caso de que fuera necesario, entretenerlos hasta que él estuviera libre, les daba los papeles que debían rellenar y despedía a quienes llevaban artículos electrónicos, pues el pelinegro no empeñaba ese tipo de cosas, decía que en caso de hacerlo, le darían un aspecto barato a su tienda. Sakura hacía café todos los días y compraba galletas. Guardaba cada ticket y entregaba cada centavo de cambio a su jefe. Kakuzu le había advertido de que cada comprobante faltante lo descontaría de su sueldo. Casi nunca le sobraba tiempo, pero se sentía bien e incluso se divertía. Y Sarada parecía más tranquila.
Al final del día, se despidió de Kakuzu, quien no le había dirigido la palabra en toda la jornada laboral, a pesar de que en el poco tiempo que llevaba trabajando ahí él la regañaba o le pedía que hiciera cosas adicionales. Como era de esperarse, él no respondió. Por el rabillo del ojo, Sakura creyó verlo sonreír.
…
La sala se llenaba con la voz monótona y aburrida del noticiero hablando sobre asesinatos en el centro. Sakura se encontraba recostada en el sofá, al borde del sueño, cuando de pronto tres golpeteos en la puerta la hicieron despertar. Frotándose los párpados, preguntó quién era a media voz.
—Tengo un mensaje de Kakuzu para Sakura Haruno.
Abrió tan pronto como pudo, pensando en que era demasiado tarde para enviar un mensajero, pero Kakuzu le había dejado bien en claro que al aceptar el empleo su tiempo completo le pertenecía; a pesar de que casi nunca la molestaba después de las seis de la tarde. Sujetando su bata sin correas con las manos, se sorprendió al ver a un joven de cabello plateado sonriéndole desde el otro extremo del pasillo. La luz ámbar tintineante de la bombilla vieja, sus ropas negras y su estructura muscular lo hacían ver extremadamente peligroso. Un colgante pendía de su cuello; era una figura de un triángulo encerrado en un círculo. Sakura jamás lo había visto, pero supo quién era al instante.
—Hidan…
—Debo llevarte conmigo. Mueve el culo.
—Es demasiado tarde —protestó sin pensarlo, sintiendo escalofríos.
—Mira, perrita. Sé que tienes una preciosa hija. ¿Tiene quince años? ¿Eh? Es una buena edad. Ya es toda una señorita, ¿verdad? Ya puede tener novio…
La voz burlona de Hidan se derramaba como aceite caliente sobre la piel de Sakura, quien reaccionó al instante cerrando el departamento tras de sí. Hidan asintió en aprobación y la empujó con los dedos hacia abajo por la escalera. Al llegar al final, Sakura recordó que no se había cambiado de ropa, ni traía sus llaves. Pero era más importante que Sarada estuviera segura.
Al subir al auto de Hidan, Sakura notó que había dos hombres en la parte posterior. Sin embargo, no dijo nada. Hidan no sintió la misma necesidad de quedarse callado y entre blasfemias y risotadas, le pidió a Sakura que hablara más.
—Vamos, di algo. El cabrón de Kakuzu no quiso decirme qué quiere de ti. ¿Eres su nueva putita?
Los hombres se rieron, Sakura con la vista fija al frente veía los autos como si fuesen lo más interesante del mundo. Hidan no se preocupaba por la velocidad y se pasaba las señales de auto cada que podía.
—¡Habla, maldita perra! —gritó asustando a la de cabello rosa.
—Soy su asistente —dijo de manera inmediata, temblando y furiosa por no poder golpearlo.
—Oh, ya veo. ¿Y por qué mierdas quiere que te lleve? Nunca hemos llevado chicas… Al menos no mujeres tan bellas como tú. ¿Quiere cogerte nada más? ¿O qué?
—Es el premio al empleado del mes —dijo una irritante voz desde atrás, causando otro estruendo de risas.
—No sé para qué me quiere —se sinceró, esperando que el lugar quedara cerca. Al menos cerca de Kakuzu no se sentiría tan amenazada.
Hidan volvió a reírse y desvió su camino de la autopista hacia un camino empedrado. La luz de los faros no le dejaba a Sakura ver más allá de tres metros, escuchaba los sonidos nocturnos del bosque, las hojas secas quebrándose ante el paso del automóvil, y el corazón retumbándole en el pecho como muestra clave de que se había metido en problemas. Al llegar a un granero de color azul deslavado se detuvieron en seco. Hidan salió y los hombres le imitaron. Sakura llegó a sentir más curiosidad que miedo; entre los murmullos de los varones, se abrió paso hasta la puerta, donde Kakuzu ya los esperaba con los brazos cruzados. El segundero del reloj se escuchaba potente y Sakura quería tomarlo del brazo. Resistió el impulso de sus dedos, y aguardó a que le dijera algo.
—Entren.
En el centro del lugar, había un hombre con la boca llena de sangre y múltiples heridas en el cuerpo. Un hombre rubio y de cabello largo se reía mientras en el suelo el otro agonizaba. Sentado a la derecha, un hombre con cicatrices en la parte derecha de su cara observaba en silencio. Sakura quiso correr a socorrer al herido y al mismo tiempo robarse el auto y escapar, pero se quedó congelada en su sitio, haciendo que Hidan la empujara al pasar.
—¿Quién es esa? —preguntó el rubio, limpiándose los nudillos con un trapo blanco.
—Es la nueva médico.
—¿Qué?
La mujer sorprendida veía a Kakuzu con la boca abierta. Él optó por cerrar los ojos y encender un cigarrillo.
—Te he investigado. No entregaste tu tesis y por lo tanto, no terminaste tu carrera, pero estoy seguro de que tienes todo el conocimiento debajo de esos estúpidos cabellos rosas. Ahora, si no quieres que te despida, harás este trabajo extra. Ese jarrón no sólo era caro, también era irremplazable. En otras palabras; o haces lo que te digo, o vuelves a mendigar para que tu hija pueda comer.
—Esto… esto es ilegal. ¡Voy a denunciarte! No sé de qué se trata, pero estoy bastante segura de que…
—¿Y qué si es ilegal? —preguntó Hidan alzando las cejas con una sonrisa amplia en la boca— ¡Este bastardo no pagó a tiempo! Jashin no tiene piedad. No tiene piedad ante basuras como esta…
Hidan siguió murmurando maldiciones mientras aplastaba la cabeza del hombre inconsciente con el pie.
—Estás perdida —dijo el joven de la cara cicatrizada—, no tienes oportunidad de salir de esto.
Con la mente marchando al ritmo de una locomotora, Sakura empezó a hacer múltiples conclusiones de cómo podría resultar. Si renunciaba, de nuevo tendría que buscar trabajo. Kakuzu no sólo le pagaba bien, también le resultaba placentero a pesar de los críticas de su jefe. Además de que parecían sicarios profesionales. Recordó de manera nítida la escena de Hidan fuera de su departamento, hablando sobre Sarada en un tono nada agradable. Tendrían que mudarse de nuevo y volver a empezar, sin dinero, sin contactos.
Pero si aceptaba… Quizá las cosas no resultaran tan mal.
—Tengo… condiciones —dijo con las cejas bastante juntas, apretando los puños.
Nadie la interrumpió mientras enumeraba las oraciones. No quería que Sarada se viera involucrada de ninguna manera, ni haría nada además de curar a los pobres desgraciados que —al parecer— no habían pagado sus deudas a tiempo.
—Empieza a curarlo de una buena vez. Si se muere, no podrá pagarme. —sentenció Kakuzu mientras se daba la vuelta y salía.
Sakura lo tomó como un trato hecho.
Hola :D
Tarde —como siempre—, pero seguro. Ahora hay más gente de Akatsuki en la historia, pero no se emocionen porque realmente no importan demasiado a largo plazo (?), o al menos no tengo nada planeado para ellos. Sólo para Hidan *inserte corazones*. Espero que este capítulo les guste, y Crim, ojalá que haya valido la pena la larga espera, y aunque por ahora no nos adentremos mucho en el romance askjksdk, lo habrá. Muy duro y muy fuerte. XD
Bueno, es todo por ahora. Dejen sus reviews, hasta luego.
