Disclaimer: Naruto no me pertenece. Es de Masashi Kishimoto.
Con la lluvia calándole los huesos, Sarada miraba fijamente el aparador de una zapatería. Sus ojos tenían el aspecto de un demonio que soñaba; las pupilas azabaches tomaban un color rojizo por culpa de las luces en la ciudad alzadas sobre anuncios y semáforos. El sonido era inexistente en su cabeza, no sentía sus cabellos cortos pegados a su nuca, ni era consciente de sus labios rosados que temblaban entreabiertos. Las personas que pasaban junto a ella con paraguas y botas, especulaban que la joven se sentía atraída por el par de zapatillas deportivas blancas expuestas en la parte más alta, pero Sarada sólo miraba el cristal sin parpadear; aterrada, confundida y curiosa.
Al ser empujada por una mujer apurada, la pelinegra regresó a su realidad. Emitió un duro suspiro y comenzó a correr a su casa llorando. El vidrio le había gastado una buena broma. Pensó que había visto a su padre, cuando en realidad sólo se estaba mirando a sí misma.
…
Sakura y Sarada tomaban café por la mañana. Era aún temprano y disfrutaban de su desayuno antes de irse de casa; una al trabajo y la otra a la escuela. Sakura parecía más retraída de lo normal, mirando las migajas de pan en la mesa sin prestar atención a las noticias.
—¿Mamá?
—¿Hm?
Sarada rió y sacudió la cabeza con una mirada suspicaz. Jamás había visto a su madre así, pero tenía una vaga idea de lo que podría tratarse.
—¿Estás enamorada?
—¿Qué? —preguntó entre risas, con las cejas muy alzadas— ¿Qué te hace pensar eso?
—Estás distraída…
Sakura calló y comenzó a jugar con el alambre del pan de molde.
—No estoy enamorada, pero soñé algo muy extraño. No me juzgues —advirtió preparándose para contarle el sueño—. Soñé que besaba a mi jefe.
—¿Qué? ¡Mamá! ¡Cuéntame bien!
—Nada, sólo nos besábamos en la bodega. Realmente no sé por qué soñé eso, nunca lo he visto de esa manera.
—¿Es guapo? ¿Cuántos años tiene?
—Es… bien, podría decirse que es atractivo. Tiene entre cincuenta, cincuenta y cinco… No importa.
—Uh, así que te gustan mayores, ¿eh? Vamos, mamá. Si soñaste eso, debe haber algo entre ustedes.
—No hay nada, creo que soñé eso porque ayer me tocó de una manera extraña… De una manera de la que no me habían tocado en mucho tiempo.
—¿Fue acoso sexual? —preguntó precavida.
—¡No! Sucede que estaba en su camino, y para poder pasar, puso su mano en mi cadera. Se sintió extraño, pero no fue acoso ni creo que él lo haya hecho con esa intención. Es demasiado asexual, sólo le importa el dinero.
Un cómodo silencio sobrevino después de ello, Sarada bebió café antes de volver a hablar.
—Está bien si te gusta, o si te llega a gustar. Podrías conquistarlo, eres tan joven aún… Sólo tienes treinta y siete años y él parece un buen tipo. Incluso me gustaría tomar ese trabajo de medio tiempo que dijiste que estaba vacante. El de las entregas.
—¡No!
Sakura recordó en este instante el por qué no podía confiar al cien por ciento en su jefe. La razón por la cual no podía pensar en él como amigo o amante —la idea de pensar en él como amante seguía lejana, sólo en sueños—. Era peligroso, un usurero capaz de destrozar dentaduras y quebrar huesos por no recibir sus pagos a tiempo. Y sabía que había algo detrás de todas esas cicatrices, estaba segura de que ella no tenía todo el conocimiento sobre los movimientos de Kakuzu y sus hombres. Sospechaba miles de cosas, pero le temía a lo que pudiese encontrar debajo de la punta del iceberg. Sobre todo de Hidan, a quien se le encargaban trabajos especiales con información sellada y un encendedor para quemar las evidencias. No quería que Sarada se involucrara con Kakuzu, no quería que se conocieran jamás.
—Sarada, no puedes trabajar para Kakuzu-sama, es muy peligroso.
—Mamá, por Dios, no seas extremista. Además necesitamos ahorrar, no debemos acostumbrarnos a la buena suerte. Si consigo este empleo, podré comprar cosas que necesite para la escuela. Incluso podríamos darnos un gusto de vez en cuando, como ir al cine o a pasear por ahí.
La mirada suplicante de Sarada le estrujó el pecho a Sakura, quien negó mientras recogía las tazas y se disponía a lavarlas.
—Sarada, no me gustaría que trabajaras ahí, puedes conseguir un empleo en una cafetería, o en otro lugar, no lo sé. Pero ahí no, Kakuzu-sama es… demasiado estricto y pesado, no quiero que te cargues de trabajo. Además, que el empleo sólo sea de entregas no significa que no sea peligroso. Pueden atropellarte, o asaltarte, ¡o violarte! —se santiguó al pensar cualquiera de esas opciones— No me agrada la idea. ¡Y no es buena suerte! Es retribución.
—Como sea. Apúrate.
—¿Hm?
—Quedaste en que nos iríamos juntas, para que te informaras de la excursión.
—Cierto. —recordó Sakura.
…
Mentiría si dijese que no se reconocía a sí misma, pues lo que había hecho era tan sólo un efecto colateral de toda la rabia acumulada dentro de sí. Las manos le temblaban, una extraña sensación placentera le fundió los sesos. Sarada ya no estaba con ella, había entrado a su clase veinte segundos antes de que arremetiera contra un padre de familia que había mascullado insultos para su hija y su apellido. Le encajó un puñetazo en la mandíbula y cuando el hombre estuvo en el suelo, le encestó un par de puños más en las costillas. Las personas que estaban cerca la habían detenido, y el hombre sorprendido no pudo hacer más que levantarse y mirarla enfadado. Mientras alguien llamaba a la policía, Sakura se dirigió a un teléfono público, siendo escoltada por un par de hombres para que no escapara. Marcó el teléfono de la tienda con los dedos trémulos, pensando en los posibles escenarios que le depararía la vida. No sabía qué diablos haría si el hombre presentaba cargos.
—Kakuzu-sama, llegaré tarde al trabajo —esperó un momento, aclarándose la voz—, acabo de golpear a un hombre frente a la escuela de mi hija y llamarán a la policía.
Kakuzu sólo contestó una pequeña oración y después colgó.
Cuando llegó el auto policial, Sakura comprendió la frase. Al volante se encontraba el joven de las cicatrices en la cara que había visto aquella noche cuando aceptó ser la médico de ese grupo extraño de matones, mientras su compañero era un hombre pelirrojo al cual no conocía.
—Suban —dijo el de cabello azabache, mostrando su placa al hombre golpeado, apenas miró a Sakura cuando entró al auto.
…
—¿Qué pasó? —preguntó Kakuzu con los ojos cerrados y un cigarrillo en la boca.
La mujer no supo responder. Aún se sentía confundida. Si Kakuzu tenía conexiones en la policía o no, aquello no le explicaba por qué la había salvado, ¿qué significaba lo que acababan de hacer? Sakura estaba segura de que no era algo legal y definitivamente, sus actos tendrían fuertes represalias. Podrían incluso suspender a su hija de la escuela.
—Creo que tus empleados amenazaron al hombre, el de las cicatri…
—No me refiero a eso. Quiero saber por qué mierda golpeaste a ese hombre y tuve que mandar a Obito para salvarte el culo.
Sakura calló y luego sacudió la cabeza, bajando la mirada, sintiendo que lo había decepcionado de una u otra forma.
—Fui a la escuela de Sarada para revisar los precios y el itinerario de una excursión a la que quiere asistir. Luego de que ella entrara a clase, él empezó a decir que Sarada no merecía existir, que era una maldición para quienes estuvieran a su alrededor. Iba a empezar a hablar mal sobre Sasuke cuando lo golpeé.
El humo del cigarrillo llegó a la cara de Sakura en medio de todos los amuletos de la buena suerte. Kakuzu abrió los ojos y se erigió para mirarla frente a frente.
—No puedo permitir que tu nombre se manche más. En este negocio, es necesario mantener un bajo perfil. Así que dejarás de hacer este tipo de estupideces. No me importa lo que digan sobre ti o tu familia, callarás, bajarás la cabeza, y si de verdad te molestan las habladurías, le dirás a Hidan. Él sabrá qué hacer.
Los ojos sorprendidos de Sakura se abrieron más en mención del religioso. Asintió confundida.
—¿Tienes abogado? Necesito que te asesore para que firmes un acuerdo. O si deseas firmarlo ahora mismo, mejor dímelo ya para no perder tiempo.
La mención del abogado hizo que a Sakura se le erizara la piel. Hacía muchísimo que no veía a Naruto, y ese distanciamiento fue hecho a propósito. No soportaba mirarlo, le daba vergüenza hacerlo.
—Puedo firmarlo sin asesoría.
—Eres una gatita con suerte —interrumpió Hidan entrando al lugar.
Sakura bufó y apretó el brazo de Kakuzu, esperando que el prestamista le dijese a Hidan que dejara de llamarle por ese apodo.
—¿Qué sucedió? —preguntó Kakuzu ignorando la mirada de queja que le dirigió Sakura y dándole los papeles que debería firmar en el acto.
—Está listo. No levantará cargos aunque le rompió la mandíbula. Me parece que Jashin comienza a protegerla.
Hidan comenzó a hablar de su religión, diciendo maldiciones y groserías como era su costumbre. Sakura tomó la lista de compras que Kakuzu le dejó en el bolsillo de su delantal, y salió para no retrasarse más. No vio a Sarada que caminaba al otro extremo de la calle, la Uchiha entró a la tienda cuando su madre ya se había alejado.
—Buenas tardes, Kakuzu-sama.
Hidan se calló y rió divertido. Kakuzu no dijo nada al anclar su mirada en ella.
—Soy la hija de su asistente, me llamo Sarada Haruno. Vengo por el empleo de repartidora —resumió acercándose a ambos, mirando de reojo los estantes y las muñecas de porcelana al fondo de la tienda.
—Creí que tu apellido era Uchiha —dijo Kakuzu apagando su pitillo.
—No suelo utilizar el apellido de mi padre —explicó sin más detalles.
—¿Uchiha? —preguntó Hidan inclinando su pesado cuerpo para estar a la altura de Sarada.
—Te veré luego, Hidan.
—Como sea —dijo el de cabello plateado para salir a paso lento.
Sarada siguió en silencio, esperando que Kakuzu le dijera algo más. Sin embargo, él sólo la observaba, prestando atención sobria a su cabello y sus zapatos.
—El trabajo consiste en entregar café, mensajes, tarjetas y algunas veces también mercancía. Irás en bicicleta a lugares muy específicos, no podrás detenerte en ningún lugar, ni tomarte el café, mucho menos perder la mercancía. Si lo haces, no sólo te despediría, tu madre saldría afectada. Trabajarás cuatro días a la semana. Eres fácil de ignorar.
Sarada no sabía si eso último había sido dicho como un cumplido o no, ni el por qué lo había dicho. Se conformó con asentir.
—Mi madre no quería que tomara el empleo, así que si ella le pide que me despida; no lo haga por favor. Ya soy suficientemente grande para tomar mis decisiones, ¿no es así? Ella cree que debe trabajar sola, pero ambas podemos contribuir, y ella cuando iba a la escuela hacía lo mismo, trabajaba para ayudar a sus padres.
Calló por unos momentos, esperando recibir respuesta.
— Ahora veo porqué mi madre dice que es atractivo —añadió esperando romper el hielo.
—Vete. Hablas demasiado.
Sarada sonrió y asintió.
—Gracias, Kakuzu-sama, no le fallaré.
Kakuzu la ignoró, empezando a escribir cifras en su gran libro. Sarada salió, esperando no haber hablado de más, y a los pocos minutos llegó Sakura. Al cruzar miradas, ella le sonrió, él volvió a sus cuentas.
Mujeres.
Estaba seguro de que Sakura le reclamaría, sin embargo, había un vacío en las condiciones que le había dado para ser la médico, y él lo aprovecharía.
…
La lluvia no cesaba, Sakura miraba desde la comodidad de la tienda a las gotas estamparse sobre el vidrio caro. Hacía media hora que debió retirarse.
—Es hora de que te vayas —apuntó Kakuzu, moviendo de manera circular su taza de café.
—Está lloviendo, ¿pretende que me vaya así? Faltaría al trabajo si me enfermo.
Un timbre de voz cantarín fue el utilizó en su última oración, sabiendo que lo molestaría. Kakuzu no añadió nada más y encendió otro cigarrillo.
—No debería fumar.
—Hm.
—¿Sabía que…?
—En lugar de hablar, deberías usar esa boca para otras cosas.
Sakura se giró justo en el momento que Kakuzu la estampaba contra la pared, desabrochando su pantalón.
De pronto, la mujer despertó. La lluvia sonaba contra su ventana. Con la respiración agitada, apretó las piernas.
Este sueño no se lo contaré a Sarada.
¡Hola! Una rápida actualización, muchos diálogos... en fin. Necesitaba subirlo. Ojalá les haya gustado el capítulo, apareció el nombre de Naruto por ahí, Sakura rompió una mandíbula, vimos de nuevo a Obito, Hidan sigue siendo jashinista, Sarada trabajará para Kakuzu y Sakura aún no lo sabe... ¿Qué creen que ocurra? Más importante, ¿qué creen que haya pasado con Sasuke? Por favor, no se olviden de Sasuke. El romance avanza lento, muuuy lento. Así es en la vida real, que nadie los engañe. XD
¿No les ha pasado que de repente sueñan algo sobre una persona y después del sueño ya no lo ven de la misma manera? A mí sí, muchas veces. Muchas. Cuéntenme en su review sus impresiones del capítulo, y si ven un error o cualquier cosa, no duden en decirme. Hasta luego.
