Disclaimer: Naruto no me pertenece. Es de Masashi Kishimoto.


¿Por qué entró a aquél local a pedir trabajo? Pudo entrar a cualquier otro lugar. El mundo estaba lleno de negocios, de caminos, ciudades, avenidas. Y entre todos ellos, tuvo que encontrarse con él. Quizá sí estaba maldita, quizá merecía saber. El conocimiento era doloroso. Era una cicatriz que no dejaba de doler, porque entender lo que había pasado y el cómo Kakuzu y Sasuke estaban relacionados no la hacía sentir mucho mejor, ni más aliviada.

—¿De quién es el bate?

Sakura miró por segundos a su jefe, quien observaba el objeto recargado en la pared. Supo que su tono irritado era a causa de la colección de muñecas que había roto. La mujer no tenía ganas de hablarle, apenas habían dejado el despacho, y todavía no aclaraba todas sus dudas. Sin embargo, ahora tenía información valiosa; las punzadas de miedo en el corazón no dejaban que se tranquilizara. ¿Por qué su vida tenía que ser tan difícil? La mayoría de personas no tienen que lidiar con aquellas cosas, tienen empleos normales, familias normales. Sakura quisiera ser una más del montón. Trabajar en el hospital con Tsunade, salir a almorzar los domingos sin temor a que escupieran su comida. Quería ser libre y darle la mejor vida a Sarada. Que nadie la hiriera; ni siquiera el sol.

—De algún vecino, lo dejaron olvidado en el portón.

El día transcurría tranquilo. Apenas algunas personas pasaban a curiosear el lugar, atraídos por la belleza de lo antiguo. Un hombre compró una caja musical para su hija y un brazalete para su esposa, una joven apenas unos años mayor que Sarada vendió una pintura al óleo, y un par de niños entraron a mirar una colección de libros sobre dragones. A Kakuzu le desagradaba que los niños entraran a su negocio; aunque no lo dijera en voz alta, Sakura lo sabía, por eso les vigilaba de cerca, esperando que no rompieran nada. Cuando se fueron, apenas eran las cuatro de la tarde.

—¿Para qué te sirven los contratos? No es como si pudieras demandarme por incumplimiento. Haces cosas ilegales todo el tiempo —razonó Sakura recordando el papel que había firmado hacía algunos días, cuando golpeó a aquél padre de familia.

Le dio escalofríos al pensar en lo que diría Naruto si supiera que había firmado algo sin leerlo bien, y sin su supervisión. El contrato sólo hablaba de la participación de Sakura como médico a cambio de un sueldo y la protección de Kakuzu y sus socios para ella y su hija. Decía de manera muy clara que Sakura no haría más que desempeñar sus conocimientos medicinales y que no tenía acceso a ningún tipo de información sobre sus pacientes, sus deudas, ni la causa de sus heridas.

—Soy un hombre de palabra —contestó desinteresado en la molestia de Sakura—. Tienes razón en que no podría demandarte. A estas alturas sabes qué es lo que pasa cuando no cumplen su parte del trato.

—Obviaste a Sarada a propósito.

—Sarada no está involucrada, ni siquiera sabe que trabajas como mi médico. Déjalo ir, Sakura. Así podré vigilarla más de cerca.

A Sakura le costó no sentirse como un peón en un juego de ajedrez. Si algo había aprendido, era dudar de las apariencias. Kakuzu era un hombre duro y peligroso, aunque parecía que estaba bien confiar en él, ella no quería arriesgarse.

—¿Vas a protegernos? ¿En serio?

Sus palabras habían salido como susurros. Kakuzu alzó la vista, encontrando a Sakura frente a su escritorio con la frente arrugada y las manos apretadas. El vendaje de sus rodillas era tan blanco que llegó a creer que las heridas que ocultaban eran inexistentes. Los amuletos colgados del techo se movían ligeramente. Sintió los dedos vacíos y decidió tomar un cigarrillo.

—Escúchame bien, mujer, porque será la única vez que te lo diga. Si tengo que repetirlo, te cobraré. No me importa la lealtad, ni cosas estúpidas como la amistad, o el amor. El dinero es lo único sincero en este mundo, es lo único en lo que creo. Te dije que soy un hombre de palabra, y mi palabra vale oro. ¿Sabes lo que significa? Mientras puedas pagarla, mi protección será tuya.

—Pero yo no te estoy pagando —refutó procesando lo que su jefe acababa de decir.

Kakuzu echó el humo fuera, queriendo revisar el cabello rosa para ver si era verdad lo que Sakura alegaba; que era natural.

A veces sentía esos impulsos; quería saber más sobre ella, mirar dentro de su mente y entender por qué se comportaba así. No es que Sakura fuese especialmente difícil de leer; la mujer era como un libro abierto en ocasiones, tan transparente que agobiaba. Sakura no estaba hecha para ocultarse. Demasiado bocona y agresiva, demasiado exasperante. Llamaba la atención de inmediato. No le gustaba.

Y ese cabello de chicle, ¿por qué no lo tiñe?

—Depende de la perspectiva —dijo volviendo su mirada a su libro de cuentas. Sakura no se atrevió a interrumpirlo.

A Sakura le faltaba fe. Sarada lo sabía porque se preocupaba demasiado por ella, y por su nuevo trabajo. Pero Sarada se sentía bien yendo en bicicleta a todos lados. Había pasado por tres negocios a dejar café y tarjetas, e incluso había ido a casa de una mujer quien le ofreció un vaso de jugo de naranja y le mandó saludos a Kakuzu. La mujer parecía ser un ama de casa común y corriente, le dio una caja de madera y la despidió con una gran sonrisa. El trabajo no sólo la hacía sentir útil; también sentía que era una chica normal, aunque eso no fuera cierto. Sakura podía ser sobreprotectora y a veces más que resguardarla, la dañaba. No era de cristal. Era fuerte, como su madre.

Le sobraban cuarenta y cinco minutos antes de la hora en que Kakuzu le había dicho que debía volver —independientemente si había terminado el trabajo o no— y paró a comprar una hamburguesa. No pudo evitar sorprenderse a ver a alguien familiar en una mesa cercana. Feliz por su suerte, se acercó y lo abrazó.

—¡Tío Naruto!

El hombre la miró con los ojos muy abiertos y luego le regresó el abrazo, era evidente que también estaba sorprendido y muy feliz. Los gritos de ambos hicieron que algunos clientes los miraran mal, y entre carcajadas se sentaron.

—¡Sarada! Mírate, has crecido tanto, ¡tanto! No puedo creerlo, dattebayo, eres tan alta y tan guapa, ¿cómo has estado? ¿Y tu madre? ¿Ya has ordenado?

—Apenas iba a ordenar, tío. Hemos estado bien, gracias, ¿y tú? ¡No te he visto en años! Sigues igual de fuerte y hasta pareces más joven. Te queda bien el azul.

—¡Claro! —dijo entre risas— Soy un Uzumaki y nosotros no envejecemos. Pero tú me has dejado anonado, te pareces tanto a tu padre. Pero con el buen humor de Sakura-chan, ¿verdad?

Sarada dejó pasar el comentario sobre su padre y se encogió de hombros. Estaba demasiado feliz como para que su mención le arruinara la comida. Antes de que siguieran hablando, un hombre pelirrojo se sentó en la mesa, observándola de manera profunda. Lo único que Sarada quería preguntar era sobre el tatuaje en su frente. Al igual que Naruto, el pelirrojo vestía de traje, era probable que se tratara de un compañero de trabajo.

—Gaara, ella es Sarada, la hija de Sasuke, ¿verdad que se parecen? Es más guapa, claro.

Gaara asintió y le tendió la mano, de manera amable. Sarada le correspondió y le sonrió un poco tímida.

—Buenas tardes, señor.

—Llámame Gaara.

—¿Y qué haces por acá, Sarada?

—Estoy trabajando cerca, en una tienda de antigüedades. Mamá también trabaja ahí, su jefe es muy bueno.

El mesero tomó la orden de Sarada y siguieron charlando sobre su trabajo. Después de que les llevaran las hamburguesas y sus bebidas, Naruto también le habló un poco sobre su trabajo, sabiendo que Sarada quería ser abogada algún día. Hacía unos cinco años que no habían hablado, y se pusieron al tanto de manera atropellada. Gaara intervenía en algunas ocasiones; mostrando especial atención a lo que Sarada decía sobre el jefe de su madre.

—Si Sasuke te viera, estaría orgulloso de ti, de que le ayudes a tu madre. ¿Recuerdas cuando los tres íbamos al parque? Eras tan pequeña y Sasuke te vigilaba como un halcón. Ojalá volvieran esos tiempos, ¿verdad?

Sarada asintió, sin saber por qué le dolía tanto el pecho al hablar de su papá, y sin entender cómo es que le hacía feliz recordarlo empujando de su columpio, y mirando mal a los niños que la molestaban. Sarada no entendía por qué lo amaba tanto. Por qué a pesar de todo —de la tragedia, la sangre, el viento frío bajo sus pies descalzos y Sakura luchando contra las lágrimas en medio de la cocina con el teléfono descolgado—, su padre seguía causándole tanto cariño. No podía desecharlo de su corazón. Y la verdad es que —muy dentro de su alma— tampoco quería hacerlo.

—Debo irme, tío Naruto, espero verte otra vez. ¿Quieres que apunte el teléfono de casa?

—¡Sí, también su dirección para visitarlas! Le dije mil veces a Sakura que podía ayudarle a conseguir un buen lugar, pero no quiso.

—Ni siquiera deja que la abuela Tsunade nos mande dinero. Mamá es muy orgullosa.

Al terminar de anotar los datos, recogió su mochila, revisando que todo estuviera bien, y se despidió de ambos. Gaara no dejó que pagara por su hamburguesa y ella le agradeció feliz.

—¿Tomaste clases de boxeo?

—De lima-lama, hace años de eso —dijo sin prestarle demasiada atención. Ya habían cerrado y la lluvia arreciaba fuera. Al menos sabía que Sarada ya estaba en casa; una preocupación menos—. ¿Por qué?

Kakuzu no la escuchó; o sólo no quiso contestarle. La escena se le antojaba familiar, de una manera curiosa. Recordó su sueño y un escalofrío la recorrió. Sakura se enfadó. No necesitaba más de Kakuzu que lo que tenía ahora, no quería involucrarse de manera sentimental con él, ni con nadie. Estaba bien así. No quería volver a depender de nadie.

La lluvia comenzaba a menguar, y Sakura tomó su abrigo, decidida a irse. Aún estaba un poco húmedo por la lluvia de la mañana, pero aguantaría el recorrido hacia su casa. Sin decir una palabra, llevó a Kakuzu la taza de té que le había ofrecido más temprano. Creyó ilusa que se trataba de una muestra de cortesía; hecho que el hombre aclaró de inmediato.

—Es té medicinal, no quiero que te enfermes por imprudente y faltes al trabajo. Toma unas pastillas. Es una orden.

La mujer le había obedecido a regañadientes.

Dejó la taza en el escritorio de su jefe y agradeció, antes de que se girara, Kakuzu le ofreció un paraguas sin mediar palabra. Sakura lo tomó y volvió a agradecerle antes de irse. Tan sólo quería llegar a casa y darse un baño. Las calles no eran especialmente peligrosas; al contrario, pero ella estaba acostumbrada a caminar rápido y sin mirar a la cara a nadie. Después de muchos años, todavía la reconocían y murmuraban a sus espaldas, le afectaba más de lo que debería. Pero esa tarde decidió ir mirando las vitrinas y los negocios. Sarada desde hacía tiempo que le había dicho que necesitaba un par de zapatillas deportivas para la escuela y lo recordó al mirar un par en un aparador lujoso. Decidió entrar y comprarlas.

Al día siguiente, el par blanco de zapatillas le esperaban en la mesa de la cocina. Sakura tiró un poco de café al sentir el abrazo de Sarada repentino.

—¡Gracias mamá! Las cuidaré mucho, lo prometo.

—Eso espero. Ve a peinarte, se nos hará tarde.

Hace tanto que no se sentían tan felices.


¡Hola!

Pues no, aún no puedo aclararles nada, o no mucho, pero espero que hayan disfrutado el capítulo. Espero que hayan notado cosas interesantes, como por ejemplo: Sakura tomó lecciones de lima-lama (?). Creo que Sakura es una mujer fuerte, que a pesar de sus errores, hace lo que cree necesario. Que puede ser orgullosa y algo terca, y que ama a Sarada y no desea involucrarse sentimentalmente porque ha tenido una mala experiencia. Y creo que es necesario que sepan que los seres humanos estamos llenos de claroscuros, hay luz y oscuridad en cada uno de nosotros.

He cambiado la foto de portada por unos converse. En capítulos anteriores he hablado un poco sobre los tenis, en el primer capítulo los menciona Sarada, luego se vuelve a hablar de ellos cuando Sarada mira su reflejo pensando que ve a Sasuke. Y ahora de nuevo al final. Al final (espero) tendrá más sentido. No es la gran cosa, pero... Bueno. xD

En fin, ¿qué les ha parecido Naruto en este episodio? ¿Tienen alguna idea sobre la relación entre Kakuzu y Sasuke? ¿Gaara fue introducido sólo porque es mi personaje favorito? ¿Kakuzu suele prestar paraguas a todo el mundo? (Crimela, sé que me adoras, perdón por tardar con el romance). ¡Algunos me han preguntado sobre Sasuke y su pasado! Todavía no está todo dicho. Dejen su review, críticas, dedazos, errores, ya saben. Sin pena.

Besos y abrazos para todos.