Cuando desperté me encontraba en un hospital, recostada sobre una cama y conectada a multitud de máquinas, No pude evitar recordar la última visión que tuve antes de perder la consciencia y por ello el miedo se apoderó una vez más de mi.
¿Será ese el destino que me espera a mi también? Esa pregunta rondaba en mi cabeza una y otra vez, mi pulso se aceleró y eso alertó a los médicos, quienes acudieron enseguida a la habitación. "¿Dónde estoy?" Les pregunté, tratando de calmar mis pensamientos. "Es el hospital general de la Imperio, te encontramos inconsciente en tu habitación.
"¿Mi habitación?" Pregunté incrédula, pensaba que me había desmayado en la habitación de Jeremías tras ver aquella espantosa escena. Algo estaba ocurriendo en este lugar. "¿Jeremías está bien?" Ahora sé que nunca debí haber hecho esa pregunta. Esa maldita pregunta fue el inicio de todos mis problemas.
Los médicos se miraron entre sí con fingida incredulidad para luego responderme con un "Jeremías está en su cámara, como siempre" No podía ser posible, ¿entonces eso que vi fue solo un sueño? Imposible. "Déjenme hablar con él." impuse levantando la voz. "No podemos, ahora debes descansar"
Esas fueron las últimas palabras que oiría de aquellos médicos.
La noche comenzó a caer y mi perturbada mente seguía guardando aquella imagen en mi retina, no podía aguantar más en ese lugar, debía volver a casa. Sin pensarlo claramente me levanté de la cama y salté por la ventana, era un primer piso pero aún así me hice bastante daño en el pie.
Corrí y corrí por toda la nave, descalza y con los pies adoloridos, hasta alcanzar el muelle de atraque. "¿Podría llevarme a la Éxodo por favor?" preguntaba a toda persona que pareciera a punto de tomar un transporte. Nadie parecía querer llevar una desconocida a bordo.
Mis ropas me delataban, obviamente no pertenecía a la Imperio, obviamente no poseía riquezas, y obviamente no sería capaz de pagarme ningún viaje. ¿Qué persona adinerada en su sano juicio querría viajar a la Éxodo?
El tiempo pasó y la cepe me encontró perdida en aquel muelle de atraque. "Te llevaremos con nosotros" Me dijeron aquellos hombres trajeados nada más acercarse a mi. "No puedo, mi madre está sola y necesito volver para ayudarla. Ella no puede cuidarse por sí misma." A ellos no pareció importarles, me tomaron por la cintura y me llevaron en dirección a la sede de gobierno.
Al acercarme al edificio comencé a darme cuenta de la grandeza del lugar donde me encontraba. Un gran cristal dejaba ver un despacho pulcro y perfectamente ordenado. La piedra del edificio brillaba con la tenue luz de las farolas eléctricas. En el exterior, un jardín enorme, con plantas que solo había podido ver en libros y en mis sueños. Mis ojos de abrieron, tratando de captar toda la belleza que pudieran, tanto que por unos minutos me olvidé completamente del horror que pasadas unas horas tuve la mala suerte de presenciar.
Me llevaron a aquel despacho que se veía desde el cristal. Allí se encontraba el presidente de la Imperio, sentado en aquel sillón con pinta de ser demasiado cómodo. Nada más entrar, e ignorando todo a mi alrededor, no pude evitar correr hacia la gran ventana, y asombrarme una vez más al ver los vistosos jardines y maravillosos edificios de los que aquella nave disponía.
Al percatarme de ante quien me encontraba, finalmente me di la vuelta y me disculpé con el presidente. Aquel hombre, de cabello y barba cana no podía parar de reír ante mi vergüenza.
"No te preocupes Ishtar, sé que es la primera vez que vienes aquí. Tengo una petición que hacerte." Me sorprendió que el presidente tuviera algo para pedirme, después de todo, es el presidente ¿Qué podría querer de una niña pobre como yo? "¿Qué puedo hacer por usted?" Respondí finalmente al salir del asombro en el que yo misma me había metido.
"Me gustaría que te quedases a vivir aquí en la Imperio" La sorpresa se desvaneció para convertirse en una total alegría. ¿Yo? ¿En la Imperio? Era como un sueño hecho realidad. Por desgracia, la realidad no es como un sueño. "Se lo diré a mi madre y nos mudaremos aquí de inmediato" Sí, tendría que dejar atrás mi antigua escuela y a mis amigos pero mi madre podría al fin tener el cuidado que necesita. Pensaba en ese momento. "No, no, no. Me has entendido mal, quiero que te quedes a vivir tú en la Imperio"
Mi sonrisa se desvaneció al instante. "Lo siento, pero no puedo abandonar a mi madre" ¿Dejar sola a mi madre? Eso jamás, ni por todos los jardines de la galaxia. "¿Estás segura? Puedo dejarte regresar con ella ahora mismo, pero ella está enferma y nosotros tenemos los medicamentos necesarios. Claro, eso sólo si permaneces aquí." Mis ojos se abrieron una vez más, tanto que me dolieron. Esta vez no solo de sorpresa, sino de ira ¿De verdad he oído lo que creo que acabo de oír? ¿Era eso un chantaje? ¿A una niña de quince años que solo quiere cuidar de su madre?
Fue en ese mismo momento cuando comencé a odiar a alguien por primera vez.
No tuve más remedio que aceptar. "Al menos ellos cuidaran de mi madre, he incluso podrá curarse" repetía esas palabras una y otra vez tratando de reconfortarme, mientras pensaba repetidamente, que quizá nunca más me dejarían volver a verla.
Antes creí que las personas que el gobierno llamaba a vivir en la Imperio vivían una vida feliz y llena de gozo. Vivir en una nube, como leí en algunos libros que mi profesor me dejaba en la escuela. Pero comencé a preguntarme si eso era realmente cierto.
Me llevaron a un edificio alto en la zona baja de la nave. Atrás quedó la grandeza de la nave. Esta zona se parecía demasiado a la Éxodo. Sólo había una diferencia. Aquí no estaba mamá.
Pronto descubriría los horrores que se esconden a las miradas de los niños. Los horrores que solo los humanos son capaces de cometer.
