De forma inesperada, el interior del edificio tenía buena pinta. Un mueble en un lateral llamó mi atención. "¿Qué es eso?" pregunté con algo de entusiasmo a quienes me llevaron al que sería mi nuevo hogar. Ellos se miraron, extrañados por la pregunta, mientras en mi interior me preguntaba si habría preguntado algo fuera de lo común.
"Un armario" se dignó a exponer uno de ellos con cierta desgana. ¿Un armario? Pensaba en mis adentros mientras intentaba imaginar la cantidad de ropa que podía entrar en aquel inmenso mueble de metal, de tal forma que mi cabeza estaba a punto de explotar.
Por supuesto no era la primera vez que veía un armario, en casa, madre y yo compartíamos uno pero ni de lejos era tan grande.
"No tengo tanta ropa para llenar ese armario" comenté en mi ignorancia.
Antes de que me diese cuenta, al grito de: "¡ni pienses que te voy a dejar llenarlo tú sola!" Una chica a quién nunca había visto antes entró. Sostenía en sus manos un lápiz labial de color rojo y su desaliñado aspecto me hacía pensar que se había levantado en ese mismo instante, ¿pero era eso acaso posible siendo tan tarde? Aún quedaban unas cinco horas hasta que apagasen las luces.
Nada más verla quedé impactada por su cabello. "¿Cómo has podido pintarte el cabello de ese color?" dije fascinada mientras señalaba con descaro su larga melena verde.
Ella se me quedó mirando de forma bastante grosera, tras unos segundo e ignorando mi pregunta se dirige a personas que me trajeron. "¿Quién es esta cría? ? ¿Por qué la traéis aquí? ¿No estaréis pensando en que cuide de ella verdad?" Y así continuó durante unos minutos, tal ametralladora de preguntas harían perder la cabeza a cualquiera; por supuesto, aquellas personas no eran unas excepciones.
"Son órdenes de arriba" Comentaron los hombres interrumpiendo la sarta de preguntas, que comenzaban a perder sentido.
Aquella chica se cayó de inmediato y suspiró a modo de aceptación. "Pues bien déjennos un poco de tiempo de chicas" Finalizó mientras empujaba a aquellos grandes hombres hacia la salida. No pude evitar soltar una risa ante tal cómica situación. Reconozco que al inicio me daba un poco de miedo, pero no parecía tan mala persona cuando comenzó a hablar.
Hablamos de varias cosas, bueno, hablé. Ella no consintió en contarme nada sobre sí misma, desconozco por qué. "Irina" dijo en cuanto terminé de responder sus preguntas, que si bien no fueron formuladas como una ametralladora, seguían siendo bastantes.
Al oír su nombre me di cuenta de quién era en el acto. "¿Irina, el quinto oráculo?" dije emocionada, colocando mis manos entre mis piernas que se encontraban cruzadas en el suelo. Por la fuerza dada por la emoción me balanceé demasiado hacia adelante, de forma que mi cabeza chocó de lleno contra la frente de Irina, produciendo un extraño sonido.
Ella me miró con algo de enfado y luego se levantó dando un suspiro. "sígueme" Exhortó con la voz profunda. Pensé que iba a hacerme algo horrible. Pero me llevó a una sala extraña, solo una silla con numerosos cables se encontraba allí.
"Aquí podemos hablar tranquilas" No comprendí a qué se refería ¿Hablar tranquilas? ¿No podíamos en la sala? "¿En serio no te has dado cuenta aún? Comentó de forma súbita, no pude evitar dar un respingo del susto. Ella suspira ante mi cara de: ¿a qué te refieres?
Estamos siendo vigiladas. ¿Vigiladas? Miré atrás una y otra vez, tratando de buscar una posible persona tras nosotras, escuchando lo que hablamos. "Mira que eres ingenua, ahora sé por qué te trajeron aquí con tanta facilidad. Escucha atentamente."
El siguiente discurso se quedó atrapado en mi memoria a fuego, aún recuerdo cada palabra, cada gesto, cada inspiración y sobre todo, mi decisión: "El gobierno nos está controlando, hace tiempo que nuevas personas tomaron el poder. La destrucción de la Leva no fue más que parte de su plan. Redujeron los escudos de la nave y pasaron a través del campo de asteroides a propósito para destruir el gobierno. El actual presidente, Steff Vvidarn está amasando grandes fortunas a costa de los más necesitados. Nosotros, los oráculos, tenemos el poder de cambiar esto. ¿Tu también lo viste verdad? La destrucción del décimo círculo y por consiguiente de su oráculo. ¿Qué crees que pasaría si la gente se enterase? El pánico cundiría, las personas pedirían defensas, las aglomeraciones pedirían respuestas a la presidencia y eso acabaría destituyendo al actual gobierno. Por eso nos mantienen aquí, por eso nos vigilan y por eso nos mantienen amenazadas. Estoy segura de que también a ti te amenazaron de alguna forma."
Quedé congelada al instante, no podía procesar tal información, ¿de verdad fueron capaces de acabar con cerca de seis mil personas por hacerse con la presidencia? ¿Todo por dinero? De tanto pensarlo no pude retenerlo más me giré comencé a vomitar, dejando salir todo de mi interior. Antes de que me diera cuenta de mis ojos comenzaron a brotar lágrimas recordando una experiencia que jamás habría podido recordar de no ser por mi condición de oráculo. "Mi padre..." logré articular palabra entre el llanto y las nauseas del vómito. "Mi padre estaba allí, ¡mi padre murió allí!" Perdí los estribos por completo y golpeé la pared con toda mi fuerza.
"Lo siento" Dio sus condolencias Irina, tratando de calmarme. La miré con furia, con lágrimas. Nunca antes había estado tan furiosa con todo, siempre había resistido, pero ese día simplemente no pude aguantar más. "¿Lo sientes? ¿¡Lo sientes!?" cuán ridícula me sonó esa frase. "Tenía solo tres años, pero tengo la imagen en mi cabeza como si aún estuviera allí. El cadáver de mi padre, lo recuerdo. Las lágrimas de madre, las recuerdo. ¡Recuerdo perfectamente cómo todo se trunco desde aquello que dijeron fue un accidente, recuerdo perfectamente como pasamos de ser una familia feliz a ser tan solo una familia, recuerdo...! Era incapaz de continuar, las lágrimas llenaban mi rostro, la congestión me impedía articular palabra alguna.
Ella mantuvo sus ojos cerrados todo el tiempo, dejándome desahogarme sola, dejando que me hundiera en mi miserable vida. "¿Quieres vengarte?" No sé si fue el calor del momento, mi furia, o ambas, quizá ninguna. Pero mi respuesta a esa pregunta fue un inmediato sí. No con palabras, sino con la mirada.
Irina se levantó del suelo donde nos sentamos cuando comenzó a dar su discurso "Entonces siéntate aquí y prepárate para lo que estás a punto de experimentar. Seguí sus órdenes sin titubear y me senté en aquella extraña silla. Unos electrodos en mi cabeza y el tirar de una palanca, mis ojos se cerraron y esos fueron los únicos sonidos que pude apreciar entonces. Tras eso, todo se volvió negro para mí, y unas imágenes comenzaron a bombardear mi cabeza.
