Observé como Irina dejó caer su arma al suelo, absorta en sus pensamientos. Con lentitud, se acercó a uno de los tubos donde un hombre, de cabello largo, flotaba en el tanque. Ninguna burbuja salía de su nariz o boca. Lo más probable era que hubiera muerto. Irina colocó su mano sobre el frío cristal, tratando de acariciar su rostro, y una lágrima resbaló por su mejilla. Estaba segura de que sólo quiso susurrar, pero pude oír perfectamente como, con la voz rota, decía: "Lo siento"

Irina se encontraba sumida en su tristeza, pero eso no quitaba el hecho de que necesitábamos encontrar dicha información, para que una atrocidad como ésta no vuelva a repetirse. Y, lo qué es más, no era capaz de seguir observando a Irina, la que siempre actuaba tan segura de si misma, llorar de aquella forma, tan callada, tan inexpresiva, fría al igual que el cristal que su mano tocaba. Realmente acababa de conocerla, pero alguien capaz de llorar así sin duda no podía ser una mala persona.

Comencé a buscar, cajones, archivadores, estantes, pero nada, todo había sido llevado o quemado. Fue entonces cuando me percaté de un botón tras una de las estanterías, cubierto casi por completo por una placa quemada de hierro. Lo pulsé sin reparar en lo que aquello supondría. La estantería se hizo a un lado para mostrar una visión aún más perturbadora que la sala dónde me encontraba.

Una sala enorme, llena de filas y filas de tubos exactamente iguales a los de la sala anterior que se disponían en orden dejando un gran pasillo en el centro. Pero en ellos no se encontraban personas, o al menos, ya no eran personas.

"Híbridos" Dije en voz alta, unas profundas náuseas me indujeron al vómito, perdí el único alimento que había podido tomar en todo un día. Demasiadas emociones juntas, demasiadas razones para perder el apetito. Irina salió de su trance, como si nunca hubiera sucedido, "es peor de lo que había imaginado" dijo en voz baja mientras apoyaba su mano en mi espalda.

"¿Sabes usar un ordenador?" Preguntó, observándome mientras me reponía. Asentí con la cabeza y ella señaló un ordenador intacto al final del pasillo. Era extraño, la sala anterior no poseía documentos, pero ésta estaba conservada a la perfección, demasiado extraño. No reparé demasiado en ello, o no tanto como debiera haber hecho al menos. Estaba más concentrada en evitar las miradas de aquellos cadáveres sumergidos en los tubos.

Todos ellos tenían características de animales que había visto antes en libros de esta misma biblioteca. Un hombre con el rostro hundido y la nariz achatada, gordo hasta casi ocupar todo el recipiente. Una mujer cuyos sus brazos, sangrantes, estaban cubiertos de una gruesa capa de plumas, y sus labios se encontraban extendidos hacia adelante, simulando un pico de ave. Esas fueron solo dos de las cientos de espantosas imágenes que mi vista y mi casi perfecta memoria fueron capaces de retener.

Alcancé el aparato y lo encendí, no me dio ningún problema, ni siquiera había una contraseña, todo era demasiado conveniente. Accedí a la base de datos y ahí lo encontré todo; experimentos humanos con el fin de repoblar la nave con animales como los que se encontraban en nuestro antiguo planeta, con el fin de poder suministrar carne animal a la población y aumentar la variedad de alimento.

No pude negar el bien que haría a la población el hecho de que animales pudieran poblar la flota, pero esto estaba mal, terriblemente mal. Un listado de personas, pude reconocer algunos nombres, ¿así que aquí es dónde iban a parar quienes llamaban para vivir en La Imperio? Un espeluznante registro de las actividades databa y recogía paso a paso cómo ocurría el proceso de transformación. Mutilaban y destrozaban a las personas; las drogaban, las medicaban y les hacían experimentos horrendos. Una imagen apareció en pantalla, grité al verla, no pude evitarlo, eso fue demasiado para mí.

Una antigua compañera, Alexia, salía en la imagen, sus brazos habían sido torcidos hacia atrás, su cabello había sido cortado y gran parte de su cuerpo se encontraba cubierta de vello. FRACASO, podía leerse en rojo, en enormes letras, bajo aquella imagen. Irina me apartó de inmediato de la pantalla e introdujo un disco en el ordenador. "No es necesario que veas nada más" Me observó a los ojos, que lloraban sin poder hacer nada para remediarlo, de tristeza y de horror.

Un disparo se oyó a mi espalda y ambas nos giramos de inmediato. Un par de hombres con armas apuntándonos, junto a aquel chico que nos había traído en la nave, se encontraban a poca distancia de nosotras. "Entréganos lo que acabas de descargar" Impuso con un solo movimiento de su arma.

Irina, de nuevo serena como siempre, arrojó a sus pies el disco sin dudarlo un momento. "Nunca pensé que tú fueras una rata traidora, Mercer" Espetó al chico que apenas conocí hace unos minutos. "Todos tenemos que vivir de algo Irina, no puedo vivir solo de utopías" Se jactó con una sonrisa de oreja a oreja. "Y bien, ¿dónde esta mi pa...?" Antes de que pudiera finalizar su frase, uno de los hombres le disparó a la cabeza, salpicándolo todo de sangre.

Aprovechando el momento, Irina soltó una bomba de humo denso, que se dispersó rápidamente por la habitación, actos seguido rompió uno de los cristales disparando con su arma atomizadora. Una de esas criaturas cayó de él y emitió un berrido ensordecedor. Realmente no esperé que aún siguiesen vivas. Volví a gritar ante tal aberrante sonido. Los hombres dispararon a ciegas al tiempo que Irina me tomó de la cintura y comenzó a correr hacia el rincón de la habitación.

"¡Esto tendrá consecuencias!, ¡¿lo sabéis verdad?!" Gritó uno de los hombres. "¡Afuera!" Gritó Irina al tiempo que soltó un mechero en el suelo, pude ver antes de desaparecer cómo el humo se comenzaba a prender.

Aparecimos afuera de la biblioteca y una explosión a nuestras espaldas confirmaba lo que mis ojos vieron. "Eso fue..." susurré sorprendida. "Prometo que luego te lo contaré todo. Lamento mucho el haberte metido en todo esto" Se disculpó mientras corría cargándome en sus brazos, en dirección a la nave. Por suerte, aún seguía allí.

Montamos apresuradamente e Irina tomó los mandos. Con determinación y sin demasiado conocimiento comenzó a tocar botones. "Mierda, hace mucho que no manejo uno de estos. Te llevaré a nuestro cuartel, la casa donde nos encontrábamos ha dejado de ser segura. Agárrate fuerte" No estaba aún segura de lo que estaba pasando, demasiadas emociones se habían juntado en apenas unos instantes, miedo, incertidumbre, confianza, ira... Demasiadas para enumerarlas todas.

Mi mente se aclaró un instante y recordé unas palabras que parecía haber olvidado hasta ese momento. Las palabras del presidente retumbaron en mi mente, seguidas de las de aquel hombre armado. "¡Madre!" Grité lo más fuerte que pude, creo que ese fue uno de los días en los que más grité de toda mi vida. Me acerqué a Irina y giré los mandos con brusquedad. Ella me apartó molesta. "¡¿Qué demonios haces?! ¡¿Quieres matarnos a ambas?!" Replicó muy molesta. "La Éxodo, llévame allí, madre... ¡no puedo abandonar a madre sabiendo que pueden ir a por ella!" Le rogué con lágrimas en los ojos. Chasqueó la lengua y giró los mandos en dirección a la nave.

Llegamos lo más rápido que pudimos y corrí a mi casa, a pesar de apenas tener fuerzas. En el camino, uno de mis compañeros de escuela me detuvo completamente impactado. "Ishtar, ¿eres tú? Dijeron que habías muerto" me giré exhausta hacia él y, sin reparar en lo que tenía que decirme, pregunté acerca del paradero de madre. "¿Tú madre...?" Su rostro se oscureció de inmediato. "La señora Maya cometió suicidio en cuanto oyó la noticia de tu muerte. Pensé que lo sabrías."

Sacudí su cuerpo, pero al instante caí en la cuenta de que pelear con él no traería nada bueno, corrí de nuevo, agotada, con los ojos empapados de lágrimas, con los pies adoloridos, en dirección a casa. Finalmente llegué, apenas podía respirar. Irina llegó poco después y me encontró arrodillada en el suelo, mi cuerpo estaba cubierto de suciedad y lágrimas, la casa se encontraba desvalijada, y yo lo único que hacía era repetir "No está"

En ese momento, lo único que Irina pude hacer fue abrazarme.