Sí, Love. Zelena es una psicópata. Y por eso es divertido haberla puesto en el lugar de Regina... precisamente por lo diferentes que son. Pero en fin, que te perdono por ahora. Emma no puede evitarlo... ya verás XD. Este capítulo me ha gustado... tiene su puntillo siniestro.


Regina Mills

La verdad es que estaba un tanto asustada. Esas cosas las esperaba en Nueva York… pero no en un pueblecito tan apacible. Había despertado sintiendo aún el calor de una mano sobre mi trasero. Tenía suerte de que Emma hubiese visto al agresor para que así pudiese identificarlo. No iba a encontrarme tranquila hasta que el causante estuviera identificado. Porque si había podido tocarme, habría sido capaz de hacer muchas otras cosas de no ser por Emma.

Le había preparado un té y ahora estábamos esperando. Había algo en la forma en la que Emma me observaba que me ponía nerviosa. Había algo en su mirada que no encontraba en la de nadie más. La forma en la que observaba mis ojos, sin un solo pestañeo. Me costaba mantenerle la mirada. Escuché el coche patrulla aparcar delante de la puerta y me sentí más relajada.

Zelena Miller

_ Creo que la orden que te he dado es bien sencilla._ Le espeté a Leroy._ Incluso alguien tan estúpido como tú debería ser capaz de entenderlo. Dale a la palanca… y cuando te lo pida, desde abajo, vuelves a darle. Es simple.

_ ¿No debería ser tu perrito faldero el que hiciese esto?

Sí, debería, pero estaba ocupado. No sabía dónde diablos se habría metido Graham. En ese pueblo no solía pasar nada nunca a menos que yo lo orquestase. Pero algo me decía que tenía algo que ver con Emma, y por eso quería hablar con una de las pocas personas con las cuales aún podía recordar el pasado. El ascensor traqueteó mientras descendía hacia lo más profundo de la biblioteca.

Al abrir la puerta del ascensor, me encontré con lo que parecía ser un pequeño campamento. A decir verdad no solía ir allí más de una vez al mes para dejar suministros, y para eso no necesitaba que me ayudasen con el ascensor. La verdad es que, con todo, Maléfica estaba en un estado mejor que el que habría esperado. Quizá la mimaba demasiado.

_ ¿Qué te ocurre, Zelena? Acaso te aburre el mundo exterior.

_ A veces._ Dije, sin darle importancia._ Pero no estoy aquí por eso. Estoy aquí por un enemigo que tenemos que común… que empiezo a sospechar que se está escapando a mi control.

_ Si buscas ayuda por mi parte…_ Hizo una pausa._ Temo que puedes esperar sentada.

_ De modo que no te interesa enfrentarte al cisne negro… bueno, puedo comprenderlo. Es natural que te de miedo.

_ Odio al Cisne Negro más que nadie, Zelena. Me arrebató a la persona que más amaba._ Maléfica hizo una pausa._ Pero ni yo estoy tan loca como para meterme en su camino. Nada bueno puede salir de allí. Tú mejor que nadie, deberías saberlo.

Emma Swan

_ ¿Podría describir al agresor, señorita Swan?_ Me preguntó, libreta en mano.

Graham me traía recuerdos incómodos. No es que sintiese afecto por él, pues hacía largo tiempo que sólo tenía verdaderos sentimientos hacia mi reina. Pero, durante un breve lapso de tiempo, tuvimos una historia que acabó bastante mal. Y eso lo convertía todo en un tormento.

_ Debía medir metro ochenta._ Comenté._ Moreno. Pasó muy deprisa, apenas pude verlo.

La verdad es que le estaba describiendo a él. Era al que tenía más cerca y ahora mismo mi mente no estaba precisamente despejada. Aún sentía el calor de Regina en mis manos, el olor de su piel. ¿Sabía ella si quiera lo atractiva que era?

_ Si me disculpáis ahora tengo trabajo que hacer._ Dije, poniéndome en pie._ Me gustaría ayudar pero… el inventario no espera por nadie.

Necesitaba pasar por mi casa y darme otra ducha fría. Eran demasiados años perdidos que me pasaban factura. Necesitaba tener la cabeza despejada para saber cuál era el siguiente paso. Además, Henry podría notar que no estaba en casa y empezar a hacerse preguntas. No quería que se metiese en medio. Eso nunca salía bien.

Rumpelstiltskin (Flashback)

_ Sigo esperando entender el motivo por el que me has traído aquí, Zelena._ Dije, mientras observaba el desfiladero ante el que nos encontrábamos. La cima de una montaña no solía augurar nada bueno.

_ El cisne negro ha compartido conmigo el último ingrediente necesario para lanzar mi hechizo oscuro._ Zelena me miró, seria._ Debo sacrificar al que más amo… y en este caso, eres tú.

De entre sus ropas sacó mi daga y se acercó con ella en mi dirección. Estaba entre la espada y el foso. Sin embargo, en este caso, para mí la decisión era sencilla. Me lancé al vacío sin más y, antes de tocar el fondo, me transporté arriba una vez más, tras Zelena que, en su despiste, no pudo evitar que le arrebatara la daga.

_ ¿Quién se ríe ahora?_ Le espeté, colocando la daga sobre su pecho.

_ Creo que yo._ Dijo una voz a mis espaldas.

Me giré, encontrándome cara a cara con el Cisne Negro. Ella sonreía, como si todo aquello formase parte de su plan. Pocos sabían lo que era en realidad. Yo era de los que podía discernir que, a fin de cuentas, era exactamente lo mismo que yo. No obstante, ignoraba cómo era posible que el ser oscuro existiese dos veces… O cómo es que ella no tenía una daga como yo la tenía.

Alcé la mano y le arrojé un chorro de lava, que se solidificó a su alrededor. No obstante, hubo una explosión y ella salió, sin más daño que un poco de polvo sobre su atuendo. Ella se rió, con ganas, y extendió las manos, como invitándome.

_ Adelante… lánzame todo lo que tengas._ Me desafió._ No me caes mal… ser oscuro. Pero no eres rival para mí.

Le lancé un relámpago y este se deshizo al entrar en contacto con ella. La ataqué con la daga, y ella me bloqueó usando sólo el meñique. Toda la fuerza de mi mano era incapaz de superar la de aquel pequeño dedo extendido. Con una sonrisa me golpeó con el pulgar de la otra mano en la cara y me quedé cegado por un momento.

Ella seguía sin alterarse. Pensé en encerrarla, usando unas cadenas que, como serpientes, se ciñeron a su cintura y atraparon sus brazos. Pero estas se quebraron con facilidad, emitiendo un tintineo, cuando ella pestañeó. Y fue entonces cuando se acercó y, sin que yo pudiese hacer nada, me la quitó de las manos.

_ Lo siento… pero has perdido._ Aquello lo dijo con seriedad, lanzándole la daga a Zelena. Me atrapó entre sus brazos y, antes de que yo pudiese decir nada más, sentí el pinchazo de la daga y perdí el sentido.

Emma Swan

Había aclarado mis ideas, y me dirigía una vez más a la mansión. Sin embargo, tuve que detenerme ante la entrada al ver el coche patrulla de Graham aparcado dentro. Me bajé del coche, cerrando la puerta de mala manera y me acerqué a hurtadillas para poder observar por la ventana. Y los vi, hablando y riendo mientras compartían una cena.

Noté como los celos me invadían, como un monstruo rabioso y furibundo que clamaba venganza por haber tocado aquello que era mío. Mi primer impulso habría sido entrar y matar a aquel desgraciado allí mismo. Pero sabía que Regina no me lo perdonaría. Tenía que buscar de quitarlo de en medio para que no me costase el cariño que Regina pudiese llegar a tenerme.

Me serené y volví al coche. Pensé en ir a la comisaría. Allí podría montar mi plan para lograr que Graham desapareciera, o al menos, dejase de ser un problema. Aparqué y entré en el edificio, que esperaba encontrar en silencio a aquellas horas. La puerta se abrió con un giro de mi llave maestra y estuve dentro. Lo que no me esperaba fue que hubiese una mujer sentada sobre la cama de uno de los calabozos.

_ ¿Se ha perdido, señorita Swan?_ Se rió un poco.

_ Digamos que sí. Harías bien en dormirte, Mary._ Le espeté._ No te conviene meterte en mis asuntos.

_ Jamás osaría._ se apartó la melena negra del rostro._ Pero si me sacas de aquí me encantaría ayudarte.

_ Lo siento, trabajo sola.

No tenía verdaderamente deseos de inmiscuirme en tratos madre e hija. Ella no sabía que yo fuera la suya, desde luego, pero no tenía ganas de remover aquello. A fin de cuentas, mantenerme existiendo ya había sido un horror, había tenido suficiente de Blancanieves y su principito para cinco vidas más. Abrí el primer cajón de la mesa de Graham y dejé el sobre que había llevado conmigo.

_ Es por un chico… ¿Verdad?_ Me preguntó._ Tienes celos en la mirada.

_ Algo así._ Le concedí._ Quieren quitarme lo que es mío.

_ Bueno… yo soy un desastre pero… supongo que lo tendrías más fácil si intentases demostrarle que le quieres… en lugar de hacer lo que quiera que estés haciendo.

_ ¿Demostrarle que le quiero?_ Bufé. En el pasado no había sido tan difícil.

_ Bueno… ya sabes… apoyarle… estar con él en los malos momentos.

_ En los malos momento… ¿Eh?_ Una sonrisa torcida apareció en mi rostro._ Parece que… al final… me has ayudado, después de todo.

_ Entonces… ¿Me sacas de aquí?_ Me preguntó.

_ No.

Regina Mills

La verdad, al principio me había parecido algo inapropiado que el Sheriff me invitase a cenar para "protegerme", pero me lo estaba pasando bien. Era un hombre atractivo y sus historias bastante interesantes. Podríamos quedar otro día, quizá. A fin de cuentas, había estado sola demasiado tiempo. Al finalizar la cena se dirigió a la puerta. Yo lo tomé por los hombros y me disponía a darle un beso cuando, de sus labios, emergió un sonido agónico. Le temblaron las piernas y lo sujeté antes de que se cayera al suelo. Se desplomó como si de un muñeco se tratara. Presa de los nervios cogí mi móvil y llamé a la ambulancia.

Emma Swan

El polvo cayó una vez más sobre la caja, que cerré sin prisas y volver a colocar en su sitio. Estaba claro que Zelena no tardaría en averiguar que me había colado en su cripta, que había buscado aquella caja en específico y que había hecho polvo el corazón de Graham. Para mí, ya estaba muerto desde hacía muchísimo tiempo, a fin de cuentas. Salí de aquella habitación, recoloqué la tumba de Henry Mills y me dirigí hacia el hospital donde auguraba que Regina se encontraría.

Regina Mills

Por algún motivo, me culpaba. Los médicos me confirmaron que ya estaba muerto cuando llegaron, y sin embargo sentía que podía haber hecho algo más. Me encontraba en aquel momento en la sala de espera, pues me tocaría ir andando a casa y no me veía con fuerzas. Escuché pasos que se acercaban, corriendo, y cuando me giré vi a Emma correr en mi dirección. Se la notaba agotada, haciendo un esfuerzo por respirar. ¿Cuánto habría estado corriendo?

_ Lo siento… he venido en cuanto me he enterado._ Dijo, sentándose a mi lado.

_ No han podido hacer nada._ Le dije, bajando la mirada._ Graham ha muerto de un paro cardíaco.

Me rodeó con los brazos y me sentí reconfortada. Eso era justo lo que necesitaba, una amiga que me apoyase en aquellos momentos. Solía tener buenas amistades en Nueva York, pero allí estaba prácticamente sola. Emma era la única persona a la que conocía.

_ No es culpa tuya, ¿Vale?_ Me dijo, acariciándome el pelo, aquello me relajaba._ Graham llevaba una mala vida. Hacía mucho que no ocurría nada en el pueblo. Se había dejado ir.

Asentí ligeramente, demasiado triste para llevarle la contraria. La miré a los ojos y eso me hizo sentirme mejor.

_ Emma… no creo que pueda ayudar a Henry en unas semanas._ En el fondo buscaba una excusa para alejarme.

_ No te preocupes._ Me dijo._ Puedes quedarte el tiempo que te haga falta, Regina. No voy a echarte. Lo que sí deberíamos hacer es ir a recoger sus cosas. Quizá eso te ayude a pasar página.

_ Sí, quizá._ Emma se puso en pie y yo la seguí.

Graham no tenía familia. Nadie que le echase de menos. Eso era triste. Era como si su muerte hubiese quedado vacía. Si yo me muriese mis amigos me extrañarían, pero tampoco tenía familia. Desde que había perdido a mi madre me había quedado completamente sola.

Emma me dejó vagar por mis pensamientos mientras conducía. Pensaba en que me hacía mayor, en que debía dejar de estar sola. Lo que había pasado con Graham me había hecho entender eso. Emma iba sin demasiadas prisas, y yo lo agradecía. Iba a ser una larga semana.

¿?

_ La maldición se está debilitando… ¿Está preparada?

_ Aún no._ Contestó aquella voz, más propia de un androide que de un ser vivo._ Según mis cálculos, estará lista para cuando se rompa.

_ Más vale que lo esté. Nos estamos jugando mucho.

_ Mis escáneres indican que sus reacciones se basan en factores emocionales. El retraso está dentro de lo esperado._ Indicó aquella voz.

_ Que te den…