¡Lo he hecho, lo he hecho! Y con media hora de sobra, jajajaja. ¡Os traigo un especial de halloween... y un golpetazo brutal a la historia. Desde el capítulo 5x05 de la serie (El primero decente en mucho tiempo), he querido hacer algo como esto. Y por fin está listo. No sé si os gustará más que los anteriores... menos... pero a múi me flipa. De modo que si no os gusta... Os daré el truco en lugar del trato. Espero que este capítulo compense la espera.


Regina Mills

Observaba aquella nota que había llegado con el correo aquella mañana. Iba dirigida a mí. ¿Cómo sabía la alcaldesa que yo estaba en casa de Emma? Esa mujer me daba verdaderos escalofríos. Habría hablado sobre ello con Emma, pero ella había salido para trabajar. La alcaldesa me invitaba cordialmente a la fiesta de Halloween que se celebraría en su casa. Juraría que había pasado más de un mes desde aquella celebración, y sin embargo estaba decidida a celebrarla aquella noche.

Y la verdad es que me apetecía ir. Si iba a tener que pasarme allí bastante tiempo, lo cierto es que una fiesta era la mejor forma de conocer a las personas que habitaban la ciudad… de dejar de ser una extraña para ella. Además, así olvidaría todo lo que me pudiese quedar de la historia de Graham. Tendría que pasar por la tienda y por la peluquería.

Todo ello suponía decirle a Henry que viniese conmigo. No iba a dejarle sólo, a fin de cuentas me pagaban por encargarme de él. No como una niñera, pero estaba a cargo de él. Sin embargo no esperaba su reacción. Cuando le dije lo que iba a hacer poco más que se lo tomó como si le hubiese dicho que iba a arrojarme a un estanque de piraña.

_ ¿No ves que es una trampa?_ Me apremió._ Zelena es la reina… quiere deshacerse de ti. Y la fiesta es el lugar perfecto.

_ Henry… sé cuidarme sola._ Llevaba días hablándome sobre las distintas historias de su libro de cuentos, sobre mi papel como salvadora. Parecía una historia muy sólida para haber sido creada por un niño._ Yo me ocuparé de todo. ¿Vale? Descubriré sus intenciones.

Era mucho más sensato mantener su mundo de fantasía e irlo desligando poco a poco de él que intentar sacarlo de golpe. Quizá aquella noche, cuando Zelena no tratase de matarme, se diese cuenta de que no era una bruja perversa de piel verde como sostenía.

Emma Swan

Estaba nerviosa, lo confieso. Zelena había tramado una fiesta… y no me había invitado. Eso sólo podía significar que lo hacía con un motivo oscuro. En principio creía que mi última advertencia habría bastado para que recapacitara… pero esa mujer era de ideas fijas. ¿Acaso pensaba que no me daría cuenta de lo de su fiesta? Estaría allí a mi hora, por supuesto.

Confieso que mi tienda era un verdadero desastre, pero eso no significaba que las cosas que estuviesen apiladas en ella de mala manera fueran inútiles. Había muchos recuerdos en aquella estancia, de todos los habitantes de Storybrooke. Alguno incluso estaba atrapado dentro de aquella sala.

¿?

_ Es el día._ La voz mecánica del étero ser que me observaba atentamente me devolvió a la realidad._ El héroe despertará de su letargo.

_ ¿Y podré ver a Regina?_ Le pregunté, desesperada.

¿Acaso me pareció verla sonreír? Sabía que no podía, puesto que aquella entidad, carecía de sentimientos. Era una de las cosas que me había hecho saber cuándo nos habíamos encontrado por primera vez. Cuando me encontró en el orfanato me dijo que pasaríamos mucho tiempo a solas, y que sin embargo, me prometió que vería a su héroe… y más tarde a Regina.

Regina Mills

Estaba un poco descolocada. Nadie me había dicho que era una fiesta temática sobre cuentos de hadas. Allí estaba yo, con mi disfraz de vaquera, tan fuera de sitio. Pero igualmente estaba decidida a hacer amigos en aquella fiesta. Me iba presentando a todos, y trababa algunas conversaciones. Confieso que, habitualmente, mi trabajo no me había dejado mucho tiempo para fiestas. Sin embargo en aquel entonces estaba relajada, y me dejaba llevar. No se podía negar que Emma era una gran jefa al dejarme tanta libertad.

_ ¿Está disfrutando la fiesta?_ Sentí un escalofrío al volverme y toparme con Zelena.

_ Sí, alcaldesa, gracias._ Dije, sonriendo forzadamente. Aquella mujer me daba escalofríos, más vestida de bruja.

Parece que iba a acercarse, cuando la puerta se abrió con un estruendo y me estremecí. Mis ojos captaron a Emma, que entraba como si se quisiera comer el mundo. Su pelo se había teñido de blanco, y llevaba una casaca negra. Sabía el personaje al que representaba, al cisne negro. Un personaje que antes sólo había leído en el libro que Henry me había mostrado. Y… madre mía, era exactamente igual que el dibujo.

La gente parecía tenerle incluso algo de miedo. Pero ella, a diferencia de mí, no parecía interesada en conocer a otras personas, porque se encaminó directamente en mi dirección, extendiendo la mano e inclinándose ceremonialmente.

_ ¿Me permitiría usted un baile, doncella de otras tierras?

Estaba claro que se había metido en el personaje. Y yo pensé que no había motivo para decirle que no. A fin de cuentas, no había sido capaz de dejar de observarla desde que había entrado en la habitación. De modo que la tomé de la mano, olvidando lo torpe que era bailando y me dejé llevar.

Emma me tomó por la cintura y, con una soltura envidiable, me ayudó a deslizarme por aquel enorme salón, ante la atenta mirada de la gente que dejó lo que estaba haciendo para observarnos. Emma bailaba tan bien, con tanta gracia y talento, que llegaba a tapar lo ridículamente torpe que era yo. Esquivando lo que iban a ser pisotones con una celeridad que yo creería imposible. Y todo ello sin dejar de mirarme a los ojos. La forma en la que brillaban casi me estaba hechizando.

Noté como se acercaba a mí, y la imité. Habíamos parado de bailar con tanta suavidad que casi no me había dado cuenta. Notaba como nos quedábamos a pocos centímetros y ladeé la cabeza instintivamente. Notaba mi pulso desbocado, desenfrenado. Iba a besar a Emma. Era totalmente consciente, y no quería detenerme. No sabía si era la emoción del momento, o si había perdido la cordura.

_ ¡Bravo!_ Exclamó una voz.

Fue Zelena. Escucharla hablar me devolvió al mundo real, y di un paso atrás, sintiéndome ruborizada. La alcaldesa se acercó, y fui recuperando poco a poco el sentido del oído. Me acordé de que prácticamente todo el pueblo estaba allí, y sentí como se me hacía un nudo enorme en la garganta al escuchar los cuchicheos… Bien hecho, Regina.

_ Auch._ Noté un pinchazo en la espalda y me volví para encontrarme con Zelena. Parecía que algo en su intrincado vestido de bruja me había pinchado.

_ Una lástima la interrupción, ¿No crees?_ Emma estaba otra vez pegada a mí. No sabía de dónde había salido.

_ Sí… una pena._ Comenté, dándole un trago a la copa que acababa de coger.

Repentinamente sentí cómo me fallaban las piernas. La copa se me cayó de las manos y caí al suelo. Mis brazos no me respondieron cuando intenté parar la caída. Llegó la oscuridad, que hizo presa de mi mente, de mi alma. Hasta que no quedó nada.

Maléfica

El ascensor había funcionado sólo… sin ayuda de nadie más que de mí misma. Llevaba mi huevo dorado entre las manos, y una indicación muy clara para qué hacer con él. Me dirigí hacia el pozo, tal como aquel espíritu me había dicho. Había muchas otras cosas que me apetecía hacer estando en el exterior, y sin embargo, aquello era más importante. Abrí el huevo, tomé el pequeño frasquito que había en su interior y dejé caer el contenido del frasco en su interior.

Hubo una explosión… y acto seguido una humareda morada se elevó por encima del pozo, trastabillé y caí al suelo, siendo incapaz de impedir que me envolviese.

Emma Swan

La vi caer como a cámara lenta. Me moví lo más rápido que pude para atraparla en el aire antes de que tocase el suelo. Yo me llevé el golpe. Pero ella quedó ilesa. Me volví inmediatamente hacia Zelena, que sonreía de oreja a oreja. No había podido evitarlo. No había podido evitar que su plan, uno que sin embargo debió habérseme hecho obvio, hubiese tenido éxito. Y no podía volver a retroceder en el tiempo… yo mis había roto la espada que había utilizado la primera vez en esta realidad.

Pero esta vez no pensaba fracasar. Esta vez iba a salvar a Regina, y sabía exactamente cómo. Ya había roto aquella maldición una vez, y pensaba hacerlo otra. De modo que ignoré por completo a Zelena y miré a Regina. No haría florituras, ni charlas, porque eso sólo atormentaría mis dudas. Acababa de conocer a esta versión de Regina, y tenía claros mis sentimientos. Pero ignoraba qué pensaría ella de mí.

Posé mis labios sobre los suyos, con mucha delicadeza, y la besé. Noté un cosquilleo conocido en ellos, y esperé, de verdad que lo esperé con toda mi alma, que no fuese una simple ilusión.

Tercera persona.

La figura azulada aquella entidad representa elevó su mirada hacia el infinito, repentinamente. Llevaba horas flotando sin más, como esperando. La chiquilla no entendía por qué había hecho eso. Y mucho menos cómo, repentinamente, desapareció, emitiendo una explosión de luz azul. Se quedó observando la espada, que emitía un brillo similar al que había dejado el espectro.

Aquel espectro, aquella alma desprovista de emociones, andaba ahora por el cementerio. Ante ella flotaba la sangre que en su momento le pidió al dragón, y que en aquel momento brillaba. Se dirigió ante una tumba, una más entre muchas, cuyo texto estaba rayado por algún gamberro… probablemente recientemente, dado que había flores a un lado.

Las gotas cayeron y atravesaron la tierra. Se escuchó el sonido de un crujido, la madera del ataúd al romperse, y finalmente las gotas llegaron a su destino, atravesando las ropas del, en aquel momento, maltrecho cadáver. Ninguna magia podía revivir a los muertos por sí sola. Ni tan siquiera el poder del amor verdadero… pero había ciertos atajos, ciertos atajos que aquella criatura conocía.

La tierra se desplazó ante el sonido de la voz de aquel ser, que cantaba simplemente manteniendo la boca abierta. Una mujer, presa de la ancianidad más extrema, consiguió de algún modo ponerse en pie y apartar la cubierta del ataúd. La mujer, que parecía más un cadáver que un ser humano, andaba de algún modo siguiendo al ser que estaba ante ella. Su cerebro no estaba lo bastante vivo como para pensar por sí misma.

Si cualquiera la hubiese mirado, habría dicho sin el menor temor a equivocarse que se trataba de un zombi. En gran parte, era eso, nada más. La figura que la guiaba se detuvo frente a una puerta, y esta desapareció. La mujer entró arrastrando sus pútridas piernas, y sus ojos enfocaron a la chiquilla que se hallaba dentro cuando entró en la sala, pero sólo debido al grito que esta produjo cuando la vio.

_ La maldición se ha roto._ La voz del espíritu recobró la atención de la cadavérica mujer._ Ahora es vuestra hora, heroína. Sacad la espada del pedestal… y reclamad su magia como vuestra.

Sin demasiada elección, aquella criatura salida de una pesadilla, puso su huesuda mano alrededor de la empuñadura de la pequeña espada que reposaba en su pedestal. Dio un tirón y, contra lo esperado, la espada cedió antes que la podredumbre. La espada, no demasiado grande a decir verdad, había aceptado a su dueño… si es que se puede considerar como tal al montón de carne y piel podrida que la sostenida.

_ Amo…_ Intervino al espíritu._ Sugiero elevar la espada a los cielos y recibir así el poder de la luz.

En un último gesto de inconmensurable voluntad, aquel ser elevó la espada a pesar de que todo su cuerpo temblaba al hacer fuerza para hacerlo. Un haz de luz azul envolvió la espada y se escuchó lo que parecía ser un gemido de aquella garganta vacía. La luz la envolvió y poco a poco, toda la anatomía pareció rellenarse en una exhalación. Carne rellenó los huesos mohosos… surgieron las uñas y los ojos rellenaron sus cuentas. Una larga melena pelirroja hizo acto de presencia. Y unas ropas, de un tono verde oscuro, cubrieron a aquella mujer que abrió sus ojos con una expresión decidida.

_ Muy bien._ Dijo, en un susurro._ Encontremos al Cisne Negro…