Bah... todos sabemos que Zelena es un poco tonta... más en este capítulo XD. Esto no va tan rápido como me gustaría, pero tenemos otro capítulo más.


Regina Mills

Fue como si un rayo hubiese golpeado todo mi cuerpo. Abrí mis ojos, aún sintiendo los labios de Emma sobre los míos. No entendía lo que había sucedido. Me había desmayado. Emma me miraba, con una expresión de alivio en los ojos. Notaba mi corazón palpitar lentamente, recuperando poco a poco el ritmo normal. Emma me ayudó a levantarme, pero sentía cómo temblaba.

_ ¿Estás bien?

Era Emma la que había preguntado. El resto de personas, a excepción de Zelena, parecían terriblemente confusas. Esta última gimoteaba que no una y otra vez mientras la gente la encaraba, le gritaba… la insultaba.

_ Sí…_ Dije, aún algo temblorosa, pero dispuesta a aceptar lo que estuviese pasando.

Al parecer, Henry tenía razón. Realmente daba la impresión de que todas las personas allí encerradas eran los personajes de cuento que Henry había defendido que eran. Noté como Emma tiraba de mí y dejé que me sacase de aquella locura. Cuando tomé un poco de aire me serené.

_ La verdad… pensaba que Henry había construido toda es historia._ Confesé._ Ahora empiezo a temer que la tenga un problema pueda ser.

_ Sé lo difícil que es asumir todo esto de golpe. De primera mano._ Emma me sonrió, tratando de parecer conciliadora.

Noté un temblor y al girarme vi lo que parecía una enorme pared de bruma morada que se dirigía en nuestra dirección.

_ Y eso… ¿Qué se supone que es?_ Pregunté.

_ Magia…_ La voz de Emma se endureció.

_ Vaya… eso suena tranquilizador._ Ironicé._ ¿Qué hacemos?

¿?

La vaina de la espada había aparecido en mi espalda. La enfundé y me miré las manos. Estaba viva, entera… y unos segundos antes ni tan siquiera era capaz de pensar. Mis ojos se elevaron hacia aquel espectro que, por algún motivo, había hecho aquello posible. Sus ojos, que eran poco más que una fina línea marcada en un rostro sólo perfilado, me observaron, y por un segundo me pareció ver lo que parecía el amago de una sonrisa.

_ Confirmo que la resurrección del héroe ha tenido éxito. Le doy la bienvenida de vuelta… Amo._ Concluyó, dirigiéndose hacia mí.

Iba a hacerle una pregunta, cuando una vocecilla infantil, gritando, me sacó de mi ensimismamiento. Una chica de unos 15 años salió corriendo en mi dirección y se me abrazó como si fuese un koala. Confieso que me resultó bastante incómodo. A fin de cuentas, no conocía a aquella chiquilla de nada.

_ Hola…_ Saludé, un poco cortada._ ¿Quién eres tú?

_ Soy Tsaritsa._ Se presentó, sonriendo de oreja a oreja._ Voy a acompañarte en este viaje.

_ No creo que sea seguro para una chiquilla como tú acompañarme._ Dije._ Enfrentarse al cisne negro no es que sea una excursión precisamente.

_ Amo…_ Intervino el espectro, una vez más._ Confirmo que las posibilidades de que sea derrotada por el cisne negro en las circunstancias actuales son del 99.99%. Recomiendo encarecidamente devolver a la espada sagrada su poder antes de aventurarse a una misión suicida. La presencia de Tsaritsa puede ser requerida para esta tarea.

_ ¿Noventa y nueve por ciento, eh? Bueno… si tú lo dices. ¿Cómo se supone que te llamas?_ Le espeté, de mala manera.

_ Mi nombre es Fay, Amo._ Hizo una reverencia que, confieso, no me gustó._ Mi deber es ayudarla y asistirla en la tarea de derrotar al cisne negro.

_ Bueno saberlo._ Comenté, casi sin darle importancia._ Y bien… ¿Cómo le devolvemos su poder a la espada?

_ Antaño la espada fue bendita por la gracia de tres divinidades._ Me explicó._ En la actualidad, dichas bendiciones descansan en manos de los tres dragones, repartidos a lo largo de los mundos con el propósito de salvaguardar los secretos que poseen. Sugiero adentrarnos en estos mundos y localizar a los dragones usando la habilidad del desgarro.

_ ¿El desgarro?_ Preguntó Tsaritsa… que, afortunadamente, parecía tan perdida como yo.

_ Si el amo concentra la energía sagrada en la espada y realiza una estocada sobre mí podré abrir un corte en la realidad que nos trasladará a través de los mundos.

_ Como un portal._ Comenté._ Muy bien. Adelante con la primera parada.

Emma Swan

Cuando la bruma me atravesó pude sentir como la magia negra volví a bullir en mis entrañas. Durante aquellos años había estado libre de su influjo… pero en aquel momento la notaba más dentro de mí de lo que había estado nunca. Sin embargo, podía luchar contra los oscuros deseos que bullían en mi interior. Ver a Regina ante mí no era fácil. Mi apariencia no había cambiado, pero sin embargo el brillo de mis ojos hablaba por sí mismo.

Fue entonces cuando escuché los gritos. Y vi a Zelena, seguida de una turba enfurecida. Estaba claro que tenían intención de hacérselo pagar. Cuando aquello le pasó a Regina yo fui a protegerla. Ignoraba mis propios sentimientos entonces, pero estaban allí. Zelena, en cambio, no me merecía más que desprecio… y estaba ansiosa de ver cómo le arrancaban la piel de los huesos. Si mi lógica no estaba errada, no podría usar su magia hasta que no tocase el libro de su magia.

_ ¡Swan!_ Exclamó, cuando llegó a mi altura._ ¡Quítame a esta gente de encima!

_ ¿Por qué querría hacerlo?_ Exclamé, sin pestañear._ No te debo nada. Acabas de intentar matar a Regina. Es justo que tú tengas el mismo trato.

Mis ojos se volvieron hacia la morena, que me miraba, un poco intimidada por cómo estaba hablando a la alcaldesa.

_ Precisamente por esa morena que te acompaña._ Zelena sonrió, una sonrisa torcida._ No querrás que le cuente lo que has hecho.

_ Mi pasado está escrito en el libro. No hay nada que tú sepas y que no pueda averiguar por sí misma._ Miré a Regina._ No hay nada que pueda ocultarle… ni que quiera ocultarle.

_ ¿Ni tan siquiera lo que hiciste la semana pasada?_ Mi corazón dio un bote._ ¿Quieres que se lo cuente, Emma?

_ Cállate…

_ ¿Qué hiciste la semana pasada?_ Regina dio un paso, apartándose de mí.

_ Regina…_ Mi voz se quebró.

_ ¿Quién iba a decirlo?_ Zelena era la única que se atrevía a seguir hablando. La turba se había quedado en silencio, mirándonos._ El cisne negro temblando de miedo ante mis palabras. Si muero hoy… al menos podré llevar ese placer a la tumba.

_ ¡Cállate!_ Exclamé, elevando la voz. Sonó un trueno en la lejanía.

_ Emma. ¿Qué hiciste?_ Regina sonaba verdaderamente angustiada, mirándome fijamente.

_ Sólo… hice lo que tenía que hacer._ Murmuré.

_ Zelena… ¿Qué ha hecho?_ Se volvió hacia la alcaldesa.

_ ¿Recuerdas las fotos que encontraste en el despacho de Graham? ¿Crees que un Sheriff de pueblo tendría el tiempo, el dinero y el ansia como para mandar a alguien para seguirte?_ Regina abrió mucho los ojos._ Eso parece más propio de la persona más rica de este pueblo… la misma que te hizo venir en primer lugar para que tratases a un niño sano… ¿Quizá la que se ha encargado de que no tuviese clientes en los meses antes de venir?

_ No… no puede ser._ Regina me miró, esta vez con pánico en la mirada. Yo asentí, bajando la cabeza. Estaba avergonzada.

_ Pero eso no es nada… ¿Verdad, Emma?_ Zelena estaba envalentonada… y después iba a terminar pagándolo._ Bueno… compara con el hecho de que fueses tú la que le quitó la vida. ¿Cómo fue, Emma? ¿Estrujaste su corazón de una sola vez? O acaso te deleitaste haciéndole sufrir mientras lo hacías. Sé que te gusta torturar a los que se meten en medio.

Cuando Regina volví a mirarme a los ojos vi una expresión que jamás había visto en los suyos, una que hizo que hasta la última fibra de mi ser se sintiese dolida. En su mirada había asco, desprecio. Regina y yo habíamos sido rivales pero, sin embargo, nunca había tenido esa mirada hacia mí. Ni tan siquiera cuando nos llevamos peor.

_ Regina… Puedo explicarlo._ Susurré.

_ No quiero oírlo._ Me dijo, apartando la mirada.

_ Regina… por favor._ Me acerqué, intentando tranquilizarla._ Escúchame.

¡Clap! La palma de Regina había impactado sobre mi mejilla, y el calor de la bofetada había atravesado los vasos sanguíneos de mi rostro, tiñendo la piel de rojo. Me había dado con todas sus fuerzas, y me había dolido. No tanto en el rostro como en el alma.

Regina no dijo nada más. Simplemente se dio la vuelta y se echó a andar. Entendí el mensaje, y no pude hacer otra cosa que mirarla mientras se dirigía al coche y se marchaba. Hubo un instante de calma. Y entonces la ira se extendió por mis venas. El cielo se cubrió de nubarrones, y el sonido de los truenos inundó el ambiente.

_ Largaos._ Dije, dirigiéndome a la turba. Hubo un estremecimiento generalizado._ He dicho… ¡Que os larguéis!

Mis palabras provocaron un temblor de tierra que sirvió para el propósito que quería. Todos se movilizaron. Todos salvo Zelena, que se elevó en el aire producto de mi magia. Su magia estaba inhabilitada y, había cometido el mayor error de su vida. Sin embargo, esperé hasta que todos se hubieran ido para dejarla caer al suelo y, de un doloroso tirón, arrancarle el corazón del pecho.

_ Abre la boca._ Le ordené.

Ella lo hizo y yo, sin ninguna delicadeza, le metí la mano por la garganta. Se escucharon gemidos de dolor ahogados por mi brazo y, después, ningún sonido. Cuando saqué el brazo, Zelena hizo todos los esfuerzos para intentar que algún sonido, por mínimo que fuese, saliese de entre sus labios. Pero fue totalmente inútil.

_ No volverás a estropearle la vida a nadie con tus sucias palabras…_ Mi tono sonó rígido.

Hice un gesto con la mano y aparecimos en su cripta familiar. Todos sus artículos mágicos habían desaparecido, y en su lugar, había los enseres justos y necesarios para que viviese una persona. Alcé la mano y una bruma negra envolvió a Zelena. Cuando se despejó, su aspecto había cambiado para tomar el de Regina. Se miró en el espejo, y una expresión de asco apareció en su rostro.

_ ¿Oh? ¿Acaso no te gusta?_ Mi tono seguía siendo frío._ A mí me parece que el cambio es para mejor. Me has quitado algo… y hasta que lo recupere… lo único que vas a hacer en esta vida… será tratar de suplirlo. Sé que serás una copia penosa… pero será divertido aunque sólo sea para hacerte pagar lo que me has hecho.

Hice un gesto con la mano y me dirigí a la tienda. Tendría que empezar otra vez desde el principio. Volver atrás y reparar lo que había hecho. Estaba revisando entre mis libros, entre todos mis objetos. El hechizo para volver al pasado no era sencillo.

Hice un encantamiento a un espejo de la pared y pude ver que Regina estaba haciendo sus maletas. Se iba. Por supuesto que se iba. ¿Para qué iba a quedarse después de lo que había hecho? Quizá no debía haber matado a Graham. Lo había hecho en un arranque de celos y porque estorbaba.

Ya ni sabía qué objeto estaba colocando en la estantería, porque mi mirada seguía fija en el espejo. Cuando saliese de Storybrooke mi magia ya no llegaría hasta ella. Y lo más probable era que la policía interviniese si intentaba acercarme.

_ Yo sólo desearía que pudieses llegar a entender por qué hice lo que hice. Quizá entonces pudieras perdonarme.

El objeto metálico que llevaba en las manos se calentó repentinamente, y comenzó a vibrar. Bajé la mirada, y me encontré observando la lámpara de aceite que contenía al genio. Un segundo después la tienda se había llenado de bruma y él había hecho acto de presencia.

_ Tus deseos… son mis órdenes.

Mi mirada, que durante un segundo había estado en el susodicho genio, se volvió hacia Regina, que acabó envuelta en humo azulado que la hizo desaparecer. Miré la lámpara y luego al genio, que sonreía de oreja a Oreja. En esta ocasión, no había llegado a conocer a ninguna reina… y no se había visto encerrado en el espejo. No había prestado atención… en el peor momento.

_ ¿Qué le has hecho?

_ Tú pediste que pudiese entenderte… y yo la he enviado a un lugar para que lo haga.

¿?

Cruzar el desgarro había sido… cómo decirlo… extraño sería la palabra que se me ocurría. Había sentido frío, y tenía una vaga sensación de mareo. Pero nada comparable a lo que le pasó a Fay cuando lo cruzó. Primero emitió algo que supuse que era un grito, pero que con su voz, sonaba más como algo parecido a una impresora atascada. Su cuerpo emitió un brillo cegador y, finalmente, cayó al suelo.

Cuando lo hizo, había adoptado el aspecto de una joven de cabellos azules. Su ropa se asemejaba a lo que antes había sido su piel, que ahora formaba una capa y unas medias que la cubrían casi por completo. Se la notaba mareada mientras intentaba levantarse.

_ ¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado?_ Le pregunté.

_ Amo…_ Su voz seguía sonando con eco metálico._ La magia de este mundo es insuficiente para mantener mi verdadera forma. Por ello he tenido que adoptar una que me permita moverme en él. Lamento profundamente este contratiempo.

_ Eh… no te disculpes por todo._ Le sonreí, tratando de animarla._ Lo resolveremos. ¿De acuerdo?

_ ¡Hey, heroína!_ Tsaritsa llamó mi atención._ Aquí hay ropa. Creo que hemos aterrizado en un armario.

Aquello me devolvió a la realidad y entonces empecé a notar un traqueteo. Nos movíamos. Mis ojos enfocaron un ventanuco que había a uno de los lados de lo que, en primera instancia, había supuesto que era una habitación. Sin embargo, el paisaje agreste que se movía a gran velocidad, me demostraba que estaba en un error. Aquello era el vagón de un tren.

_ Toma… poneos esto._ Dijo la niña, pasándonos algo de ropa a Fay y a mí._ Debemos pasar desapercibidos.

Estaba de acuerdo con eso. Además, la gabardina que me había pasado era enorme, y podría esconder la espada en el cinturón. El tren comenzó a ralentizar su marcha y finalmente llegó a la estación. La ropa que la gente llevaba no se correspondía a la época en la que vivíamos. Debía ser del siglo diecinueve, aproximadamente. Y el acento era británico.

_ ¡Os juro que no sé cómo he llegado aquí!_ Una voz con acento americano se adelantó al resto, porque además, me resultaba familiar._ ¡Sólo quiero volver a casa! ¡Dejádme en paz!

Me volví y vi a un grupo de hombres, al parecer trabajadores de la estación, que habían rodeado a una mujer. Esa mujer era Regina. Sentí que el corazón me daba un vuelco… pensé que nunca la volvería a ver. Y sin embargo, allí estaba. Casi como una señal del destino.