La verdad es que a mí también me gusta mucho cómo está siendo Emma en este fic. No le voy a dar mucho fuelle a los charming, no se lo merecen. Lo cierto es que casi no escribo este cap después de ver el último episodio de la serie. Tenéis suerte de que viera cierto vídeo en youtube que me motivase. Ahí va otro cap.


Zelena Mills

Emma me había devuelto la voz. Y ahora salía de entre mis labios, convertida en un chorro de gemidos y gruñidos inconsistentes. Había intentado luchar con todas mis fuerzas, pero aquella mujer tenía un talento para el placer que escapaba a mi humana comprensión. Gemía con furia, dejándome llevar por el placer que la forma en la que arremetía en mis entrañas provocaba.

El consolador de Emma entraba dentro de mí, y sus manos se clavaron en mis pechos, dejándolos marcados por la rudeza que empleaba en su tarea. Grité cuando el látigo rozó mi espalda, gemí, sin reprimirme, mientras ella se dejaba caer sobre mí, e hincaba aquel bendito trozo de plástico otra vez dentro de mí. Agotada, me dejé caer sobre la cama que Emma había traído para mí, y ella se tumbó a mi lado.

Me había vencido por completo. Ya no quedaba en mí el más mínimo deseo de resistir. Incluso me había acostumbrado a la apariencia de Regina. Sabía que sólo era un mal sustituto… pero carecía de importancia para mí. Nunca nadie me había tratado de aquella manera.

_ Sabes… no entiendo por qué necesitas a Regina…_ La miré a los ojos._ Puedes tenerme a mí.

_ No lo entenderías, Zelena._ Me susurró._ El amor no suele tener sentido.

No lo entendía. Regina la había rechazado. Sus padres la habían abandonado, asqueados. Y yo, sin embargo, sí que quería quedarme con ella. ¿Por qué era ella la que me rechazaba a mí?

Regina Mills

Era mi turno. Dormir en aquel frío castillo se me antojaba difícil, y por ello casi prefería tener que pasar el tiempo junto al fuego, ocupándome de él, para que no se apagase y nos mantuviese a todas calientes. No me fiaba demasiado de Tsaritza para esa tarea. Fue entonces cuando escuché aquel ruido. Un sonido que en circunstancias normales lo más probable es que hubiese pasado completamente desapercibido, pero que en el silencio de un castillo helado, el sonido de aquella capa me llamó la atención.

Me puse el pie, tomando la espada que mi madre me había dado, aunque dudaba que fuese a servirme de mucho. El castillo estaba en penumbra mientras avanzaba por él. El frío secaba mis labios, y mi aliento se condensaba ante mis ojos. Quizá debería haberme quedado en la sala principal.

Empezaba a pensar que me lo había imaginado, cuando observé el borde de una capa en una esquina. Alcé la vista y mis ojos se tropezaron con los de una mujer que me miraba con fijeza. Sus ojos azules me miraban con temor. Me acerqué, despacio y con mucho cuidado.

_ Tranquila. No voy a atacarte._ Le dije._ Soy Regina. ¿Y tú?

_ Elsa…_ Dijo, en un susurro.

Llevaba el cabello enmarañado, y tenía grandes ojeras. Daba la impresión de que no había dormido en semanas. Se me acercó, mirándome, y puso la mano sobre mi hombro como si tuviese que comprobar si era real. Su mano estaba helada como un témpano.

_ Hola… ¿Qué haces aquí?_ Le pregunté.

_ Yo vivo aquí…_ Me dijo, en un susurro.

_ ¿Suele estar así de helado?_ Pregunté._ ¿Qué ha pasado?

_ Tuve que… congelarlo todo._ Dijo, en un susurro tembloroso.

Noté frío en mi hombro y tuve que apartarle la mano. El abrigo se me había llenado de escarcha. ¿Realmente tuvo que hacerlo ella? A la vista estaba que tenía capacidad como para hacerlo. Y sin embargo, me resultaba difícil de creer.

_ ¿Lo hiciste por el dragón?_ Pregunté, mirando la entrada por el ventanal.

_ Alguien… robó el fuego del dragón… y lo usó para atacarnos a todos._ Dijo, temblando._ No pude detener esto de otro modo.

_ Ven conmigo._ Le pedí._ Mi madre arreglará esto.

Cora Mills

La historia que Regina me contaba, y su relación con aquella puerta que había delante de mí, me tenían extremadamente confusa. Al parecer, el fuego del dragón se hallaba tras aquella puerta. Me disponía a utilizar la espada para abrirla, rompiendo los candados que bloqueaban semejante portón cuando, justo ante mí, envuelta en bruma negra, apareció Emma y detuvo mi estocada atrapando la hoja con ambas manos. Me hizo un quiebro y me obligó a apartarme.

_ Lo siento, pero no puedo dejarte que cruces esta puerta._ Me dijo, alzando la mano y señalándome con el dedo._ No sin que sepas todo lo que te juegas al hacerlo.

Dirigió la mirada hacia Regina, pues parecía que yo no le importaba en absoluto, y sin embargo era a mí a quien había detenido. Suspiró largamente y se dirigió a mí finalmente. Parecía que lo hacía con miedo, sin ganas de hacerlo.

_ Si entras ahí… tendrás que enfrentarte a tus recuerdos._ Me dijo, mirándome._ Y no te gustará lo que vas a ver.

_ No hay nada en mi memoria a lo que tenga que temer, ser oscuro.

_ Eso es lo que tú crees._ Me dijo._ Pero lo cierto es que hay mucho que has olvidado. Y es por mi causa.

_ ¿Borraste mis recuerdos?_ Mentiría si dijese que aquello me sorprendía._ ¿Para qué?

_ Quería que Regina tuviese una madre que la quisiera. Y sabía que tú lo harías mucho mejor que la que tuvo la primera vez.

No entendía lo que estaba diciendo. Pero Regina era mi hija, eso lo sabía. Y nadie podría quitarme eso. La mano que mantenía cerrada sobre la espada estaba blanca por la fuerza que estaba empleando.

_ Así que… borré la parte de ti que había sufrido._ Dijo Emma, mirándome a los ojos._ Y dejé a la mujer amable y generosa que sabía que eres. La madre que Regina necesitaba.

_ De modo que mi pasado es falso…_ Dije, en un susurro.

_ Sólo hice por ti lo mismo que Regina hizo por mí una vez. Ella no lo recuerda, claro… en realidad no lo ha hecho._ Suspiró._ Pero si entras ahí… todo se romperá. Te cambiará para siempre.

_ Acepto eso…_ Dije, bajando la mirada.

_ Mamá…_ susurró Regina, poniéndome la mano en el hombro._ No tienes que…

_ ¿Qué sacrificarme por ti? ¿Por conseguir que vivas en un mundo seguro?_ Sonreí._ Es lo que he hecho siempre, ¿recuerdas?

_ Podemos irnos. Buscar un lugar en el que estemos seguras._ Le dije._ No quiero perderte otra vez.

_ No lo harás._ Le dije, muy segura. Extendí la espada y apunté con ella a Emma._ Déjame pasar.

Emma se esfumó, y los candados cayeron al suelo. Las puertas se abrieron y, tras ellas, una inmensa negrura se extendió, ocultando todo lo que pudiese en el interior de la sala. Miré a Regina una última vez y tragué, sacando fuerzas de flaqueza.

_ Regina… quiero que recuerdes que… pase lo que pase. Te quiero.

Regina Mills

No dejaba de pensar en lo que Emma había dicho. En que insistía en que ella se había asegurado de darme una vida feliz. Y bien es cierto que no podía quejarme de ello. Había vivido una infancia en el circo que nadie podía entender, pero que había sido feliz. Mi madre había estado conmigo en todo momento, y me había ayudado a cumplir mi sueño de ser psicóloga.

Y ahora veía a esa misma mujer dejar la espada en el suelo y adentrarse entre las sombras. La oscuridad la devoró. Tsaritza, Elsa y yo nos quedamos en silencio. La niña, en realidad, llevaba un buen rato callada, y se había quedado pálida. Yo estaba esperando a ver qué sucedía. Aquello me recordaba a la primera vez que había estado a punto de perderla. Recordaba, y dudaba que nunca olvidase, cuando los médicos me habían dicho que no habían podido hacer nada.

_ Regina…_ Me giré hacia Tsaritza._ ¿Conoces a esa mujer? ¿A la que acaba de aparecer?

_ ¿A Emma? Sí, nos conocimos en Storybrooke._ Dije, mirándola._ ¿La conoces?

_ Es mi madre…

Cora Mills

Observé a mi alrededor, las tinieblas no parecían ser nada más. Sólo la oscuridad. Nunca había tenido miedo a lo desconocido. Sin embargo, había algo en todo aquello que me escamaba. Y fue entonces cuando ocurrió, como una sombra, una figura se acercó y me golpeó, lanzándome por los aires. Sentí como atravesaba lo que parecía un largo salón, y finalmente impacté con la pared.

_ ¡Tú!_ Exclamó una voz femenina.

Me puse en pie y mis ojos se toparon con la mirada de unos ojos castaños. Sin embargo, el blanco del globo ocultar se hallaba completamente enrojecido. Llevaba unas coletas completamente deshilachadas, y un vestido completamente roto. Sus manos estaban llenas de quemaduras.

_ Tú eres la mujer de mis pesadillas…_ Alzó la mano, generando una esfera de fuego, de un color rojo intenso, que lanzó en mi contra.

Fue entonces cuando terminé de entender que estaba pasando allí. Al parecer, los recuerdos que Emma había sacado de mí, los había tenido que guardar en un lugar… y esa pobre chica había sido la última víctima. ¿Estaría así de loca cuando volviesen a mí?

Sabía que debía hacer todo eso sola. Pero aún así me lamentaba de haber dejado a Fay y a la espada detrás de mí mientras esquivaba la bola de fuego. No tenía ni idea de cómo iba a enfrentarme a aquella mujer. La sala, la única que no se encontraba helada en todo el castillo. Trataba de pensar en cómo eso podía ser una ventaja mientras esquivaba las bolas de fuego que me lanzaba.

Y entonces pensé en la alfombra que la luz me había enseñado. La cogí y, sin pensarlo demasiado, se la lancé encima. La alfombra ardió, y el ambiente se llenó de gritos. La oscuridad de la habitación se desvaneció, y fue entonces cuando, tras un fogonazo de luz, comencé a ver una hilera de recuerdos. Cientos de ellos, miles, demasiados para una vida.

Pero fue entonces cuando la vi. De entre todos los recuerdos, apareció una vez más aquella mujer. Una a la que ahora sí que era capaz de poner nombre. Regina entró en la habitación, y se me quedó mirando. Tenía pánico en la mirada. Se me acercó y me rodeó con los brazos.

_ Tranquila… estoy bien. ¿Acaso crees que unos pocos recuerdos van a arruinar lo que pienso de ti?_ Le dije, mirándola._ Eres mi hija… eso es lo que cuenta.

Tomé la espada de manos de Regina y la alcé al cielo. La espada absorbió las llamas que envolvían a aquella pobre chica. Cambió de color a un tono más claro de verde y además se afiló su filo. La luz roja se extendió a través de las ventanas, y el hielo comenzó a derretirse y a escurrirse hacia el río. La chica se puso en pie y sus heridas comenzaron a sanar antes de que llama roja la abandonase.

A lo lejos, el dragón se alzaba sobre todos, como recompensando su liberación. El sol brillaba en el cielo y tuve la necesidad de quitarme el abrigo. Me volví hacia la chica. Al parecer era la hermana de la mujer que Regina había encontrado. En cualquier caso, esa historia ya no nos correspondía.

_ Amo…_ La voz de Fay me devolvió a la realidad._ Lamento informarle que desconozco por completo la ubicación de la tercera llama.

_ Eso no será un problema._ Dije, llevándome un dedo a la frente._ Yo sé dónde está. De hecho, me sorprende que tú no lo sepas.

Me pareció que incluso Fay pareció mostrar algo de sorpresa cuando dije eso. Pero para mí era algo completamente lógico, en especial ahora que todos mis recuerdos volvían a estar en su sitio. Tomé la espada y abrí yo misma la grieta, que llevaba directamente a Storybrooke.

_ Presupongo que la llama que buscamos es verde._ Dije, sin perder mi sonrisa._ Y ya he visto antes un dragón con ese tipo de fuego.

_ Maléfica._ Contestó Fay._ No figuraba entre mis conocimientos que ella fuese uno de los dragones.

Maléfica

Golpeaba con fuerza los barrotes de aquella celda en la que Emma acababa de encerrarme. El mausoleo de Zelena parecía ser significativamente más espacioso de lo que yo era capaz de recordar. De hecho, la propia Zelena, a la que era bien capaz de distinguir aún con su mágico disfraz de Regina, parecía sorprendida de encontrar este sitio mientras esperaba a Emma.

_ ¿Entonces no se va a quedar nadie para asegurarse de que no me escape?_ Me burlé.

_ Puedes intentarlo._ Dijo Zelena._ Pero dudo que escaparse del oscuro sea fácil.

_ Oh… De modo que ahora estás de su parte.

_ Quizá_me contestó._ O quizá sólo me mantenga en el sitio que me conviene.