Bueno, aquí estamos. Este capítulo es algo rápido, pero espero que guste. Me ha costado lo mío escribirlo, y es que en estas fechas uno nunca puede tener claro cuando podrá escribir y cuando no. Espero que se revuelvan todas las dudas con esto. Ya veré si leo ese fic, Love. Últimamente no tengo mucho tiempo.


Emma Swan

Había caído en una espiral. Para mí podrían haber pasado días desde que Regina y yo hablamos en aquel banco. Pero aún sentía el calor de sus labios sobre los míos. Cuando abrí los ojos. Me encontré a mí misma en una habitación de hospital. Me resultaba difícil ubicarme realmente. Tenía puesto un gotero y el pitido del escáner me distraía un poco. La respiración asistida, por otra parte, no me parecía necesaria.

_ Así que te has despertado por fin.

Mover la cabeza para ver quién me estaba hablando me resultó difícil. Sin embargo, lo lamenté cuando vi que se trataba de Tsaritza. Esperaba poder contar con algo más de tiempo antes de poder hablar con ella. O, al menos, poder pensar en cómo decirle las cosas.

_ Hola, pequeña._ Le dije, en un susurro.

_ No me vengas con "hola, pequeña"_ Me dijo. Me sorprendía ver que sólo estaba enfadada._ No soy pequeña. Tengo quince años. ¿Te acuerdas? Fue entonces cuando me dejaste tirada a la puerta de aquel orfanato. Y desde entonces, no volví a verte.

_ No, no lo hice._ Dije, en un susurro._ Pero no me necesitabas. Podrías haberte quedado con los Mason. Ellos te querían.

Tsaritza dio un respingo. Suponía que no sabía que yo conocía esa parte de su parte. De hecho, conocía la mayor parte de ella. La había estado espiando, por supuesto.

_ Pero eres justo como tu madre._ Continué._ No podías conformarte. Tenías que estropearlo.

_ Es lo que ocurre con los niños del orfanato. Somos prescindibles. Incluso para ti._ Su mirada estaba encendida._ Por eso me dejaste.

_ No te dejé porque fueras prescindible. Ni porque fueses… mala._ Suspiré._ Te dejé porque no podías estar en mi historia. Te dejé porque te habría convertido en una villana.

_ ¿Y qué pasa con Henry? ¿Acaso él es lo bastante bueno y yo no?_ Dio un paso hacia adelante, cerrando el puño.

_ Henry debía estar aquí cuando Regina llegase._ No podía seguir mirándola a la cara._ Fue algo estudiado… planeado durante siglos. Era parte de la historia.

_ De modo que me dejaste porque no forma parte de tu plan._ Miró al suelo y se dio la vuelta, con intención de irse.

_ Me temo que no te das cuenta de lo que implica lo que dices._ La miré, y ella se giró, devolviéndome la mirada._ Henry era parte de un elaborado plan. Le extrañaba, le necesitaba, es cierto. Pero si está aquí, es a causa del ser oscuro.

_ Sí, de ti. Al igual que yo._ Dijo, aún más ofuscada.

_ No… tú no eres hija del ser oscuro… eres hija mía._ Nuestros ojos relampaguearon a la vez._ Eres una maravillosa coincidencia que el oscuro no esperaba. Y por eso te apartó de mí.

_ Supongamos por un momento que creo que sólo una parte de ti quería deshacerme de mí._ Habló en voz baja._ ¿Por qué?

_ Porque tenías quince años._ Le dije._ Y eso es mucho más de lo que Henry tenía.

_ ¿Quince años? ¿Para qué?

_ Para romper la carcasa… y sacarme a mí.

Regina Mills

Fay había sido clara. Había una amenaza, una que se acercaba directamente en dirección hacia mí. Debía ser alguien que buscaba la espada. Mi madre me la había dado, y seguramente esperaba que se la devolviese después de haber "vencido", a Emma. Pero ya había pasado demasiado tiempo en peligro. Y por eso me había retirado al bosque.

Siguiendo las indicaciones de Fay, había llegado hasta una entrada, en lo más profundo de la espesura. Había bajado unas escaleras desvencijadas y erosionadas por el tiempo y, finalmente, había llegado a lo que parecía un pequeño templo, oculto por los árboles. Me encontraba en una sala circular, amplia. En el centro de esta había un lugar en el que clavar la espada, un pedestal, como el que me había descrito mi madre. Aquel del que sacó la espada en primer lugar.

Y había esperado, pacientemente, a que esa amenaza llegara. Escuché el sonido de una capa y finalmente me puse en pie para hallarme justo frente a mi rival. Nos miramos unos segundos, y pude ver como sus ojos azules relampagueaban de furia, de odio y de rencor. Sujeté la espada con ambas manos, y aquella malvada mujer hizo lo propio con Excalibur.

_ Por fin nos vemos cara a cara._ Zelena extendió una cruel sonrisa por sus mejillas de color esmeralda.

Cora Mills

No me importaban en lo más mínimo las protestas de Mary Margaret, que insistía en entrar primero porque Emma era su hija… de poco le había importado eso cuando era el ser oscuro. El caso es que las cosas habían salido de una manera en que yo no había esperado. Pero esa fue la razón por la cual le di la espada a Regina. Porque ella sabía las decisiones correctas. Unas que a mí se me escapaban. Salvar a Emma era una de ellas.

Cuando entré en la habitación nos quedamos mirando durante unos instantes, antes de que yo desviase la mirada a otro punto distinto.

_ ¿Eres Emma Swan?_ Le pregunté.

_ ¿Pero qué? Pues claro que soy Emma Swan. Ya me conoces._ Contestó, algo ofuscada.

_ ¿Eras el ser oscuro?_ Volví a preguntar.

_ Pues claro qué…_ Fue entonces cuando siguió la dirección de mi mirada y se dio cuenta de lo que pretendía._ Eres terrible. ¿Lo sabías?

Aparté un momento la mirada del pulsímetro y sonreí. Sí, eso me lo decían mucho, a decir verdad. Normalmente cuando te van a someter al detector de mentiras te avisaban. Pero yo no lo estilaba.

_ Haz la pregunta que quieres hacer de verdad de una vez._ Me espetó, apartando la mirada.

_ ¿Quieres a Regina?_ Le pregunté, directamente.

_ Creo que ya lo he dejado más que claro._ Me contestó, ofuscada.

_ Eso no es una respuesta._ Le dije, manteniendo la calma.

_ Pues claro que la quiero. Es la mujer de mi vida. ¿Eso era lo que querías oír?_ Me preguntó.

_ Sí, más o menos._ Le dije, acercándome._ Hazme un favor, ¿Quieres?

Nos quedamos mirando unos segundos, mientras ella esperaba a que le pidiese lo que llevaba bullendo en mi cabeza desde que me había enterado de los sentimientos de Emma por Regina, bastante antes de que ella me lo llegase a confesar.

_ Cuida de ella, ¿Podrás?

Regina Mills

El cielo se había ensombrecido por completo. El cabello de Zelena, pelirrojo, brillaba como si se trataba de una llamarada. Sus ojos habían adoptado un tono sanguinolento, y el verde de su piel se había oscurecido. El ser oscuro. Emma nunca había sido como ella, al menos que yo supiese. Zelena parecía estar sencillamente dejándose llevar. Y por eso me daba bastante más miedo.

_ Maldita chiquilla._ Murmuraba._ Siempre se trataba de ti, ¿Sabes?

_ ¿De mí…?_ Pregunté Sujetando la espada con fuerza.

_ Sí. Eres la chica perfecta. Siempre en la cabeza de Emma. Regina esto… Regina lo otro. ¡Nunca serás como Regina! ¿Pues saber qué? Si yo no puedo serlo… ¡Tú tampoco!

Dio un pisotón y todo el suelo tembló. Tropecé y rodé por el suelo, pero de algún modo conseguí mantenerme en pie en el momento adecuado para bloquear su tajo, que iba directo hacia mi cuello. Se había teletransportado.

_ Voy a matarte, Regina… y una vez que lo haya hecho… me aseguraré de borrarte de la memoria de los que alguna vez llegaron a conocerte… especialmente de Emma Swan.

Lancé un grito y le di una patada, provocando que trastabillase y yo pudiese lanzar otro tajo, que impactó sobre su cara. Una herida apareció en su rostro… sin embargo, resultó totalmente inútil porque, con parsimonia, pasó su mano izquierda por encima de la herida y esta sanó.

_ Creía que tu espada era más poderosa._ Se rió._ Quizá lo fuese antes de Emma. Pero ahora hay demasiada oscuridad a la que combatir. Me temo que estás perdida.

_ ¡Fay!_ grité_ ¿Cómo se supone que la venzo?

_ Señorita Regina._ La espada brilló._ Me temo que dadas las circunstancias mi información es insuficiente. Desconozco la forma de derrotar a Zelena.

_ Ni siquiera tu espada tiene confianza en ti. ¿Qué pena que no puedas llamar a tu mami para que te ayude, verdad?

Alzó la mano, generando una gigantesca bola de fuego con facilidad pasmosa, y la lanzó sobre mí. Fue un acto instintivo golpearla con la espada. Mi arma brilló, y las llamas se extendieron. Pude ver a Zelena en mitad de las llamas, y entonces fue cuando vi mi oportunidad. Cargué con el arma y la atravesé con ella. Zelena, sin embargo, me dio un empujón y se disipó la bruma.

La vi, intentando en vano arrancase el arma, pero sus manos ardían cuando lo intentaba, y si bien toda la zona circundante a la herida sanaba sola, resultaba imposible que la propia zona de la espada se curara. Estaba atrapada en un bucle infinito.

_ ¡Sácame esta cosa!_ Bramó, con sangre escapando de sus labios._ Sácame esta cosa o juro que destruiré toda esta ciudad.

Fue en ese momento en el que mi mente finalmente pudo comenzar a trabar por sí misma. Me acerqué un par de pasos, hasta quedar en el centro del claro. Zelena se acercaba, con paso lento y agónico debido al dolor. Se colocó delante de mí y nos miramos a los ojos. Sonreí.

_ ¿De qué te ríes?_ Bramó, casi en un gruñido.

_ De cómo te has dejado ganar tú sola.

No le dio tiempo a asimilar lo que le había dicho antes de que le hiciera la zancadilla. Sujeté la espada durante la caída, y esta se clavó en la hendidura del suelo. Zelena comenzó a gritar, mientras intentaba con todas sus fuerzas separar la espada del pedestal. Pero el arma no cedió. Por el contrario, comenzó a brillar con intensidad, cegándome por completo.

Para cuando el brillo se desvaneció, Zelena había desaparecido. La oscuridad había intentado escaparse, pero había terminado por convertirse en una roca negra, atrapada por el arma. Excalibur y mi espada habían quedado cruzadas sobre dicha roca. Me dejé caer el suelo, en silencio, y aspiré furiosamente, sin poder creerme del todo lo que acababa de hacer.

2 semanas después

Emma Swan

_ Está bien… me iré a vivir contigo._ Dijo de mala manera._ Pero sólo por la comida gratis y por la cama. Y no esperes que te haga caso, ¿Has entendido?

_ Me conformaré con eso de momento, Tsari._ Le dije, guiñándole un ojo.

Ese día me daban el alta. Lo cierto es que me había sentido recuperada desde que Cora me había pedido que cuidase de Regina. Imaginé que tendría algo que ver con sus poderes de bruja, pero lo cierto es que en ese entonces me daba igual. El viaje en el escarabajo amarillo, de hecho, me lo tomé con calma. No obstante, me preocupaba no haber visto a Regina todos esos días.

Cuando le indiqué a Tsaritza dónde estaba su cuarto y comprobé que Henry estaba dormido, me puse un traje y salí. No era lo más adecuado, pero quería que cuando Regina me viese, estuviese guapa. Ya no tenía el encanto del ser oscuro. A saber si le seguiría pareciendo igual de atractiva. Pasé horas pululando por el pueblo. De hecho, muchos me decían haberla visto, pero nadie sabía a ciencia cierta dónde estaba, o en qué lugar había estado durmiendo.

Finalmente pasé por su casa, la que en su día le di, y comprobé que no estuviese allí. Tomé una manzana del cesto tras comprobar que la casa estaba vacía y le di un bocado. En ese momento sentí un escalofrío que me puso el pelo de punta.

Toc. Toc.

Se me aceleró el pulso y caminé hasta la puerta, dejando la manzana a un lado. Al pasar por el espejo me arreglé un poco mi desordenado cabello rubio y abrí la puerta.

Allí estaba ella, mirándome, con una sonrisa pícara en los labios, como si supiera lo mucho que la había estado buscando. Nunca la había visto así vestida. Llevaba unos vaqueros, unas zapatillas casuales y una camiseta blanca. Y sobre todo ello… una cazadora de cuero rojo.

_ ¿Qué pasa, Emma?

_ Es sólo que… tu ropa._ Susurré.

_ ¿Esto? Bueno… lo compré por el camino. Mi ropa se hizo jirones en el bosque._ Dijo, mirándome._ ¿No te gusta?

_ Parece el vestuario ideal para una heroína._ Susurré.

Nos quedamos mirándonos durante unos instantes, hasta que finalmente me atreví. Me lancé sobre ella y la besé en los labios, afanosamente. Ella me empujó dentro y cerró la puerta con el pie.

_ Me gustaba la señorita Swan…_ susurró._ Pero creo que prefiero a Emma.

Sentí el impulso de llorar ante sus palabras, pero ella no me lo permitió, sus labios besaron mi cuello delicadamente. Yo, en cambio, no tenía tanta paciencia después de tantos años. La tomé por la cintura y la elevé para sujetarla. Ella se aferró a mi cuello y me miró a los ojos.

_ ¿Deduzco mal si pienso que quieres llevarme arriba, Emma?_ Me dijo, remarcando mi nombre.

_ ¿Deduzco mal si pienso que quieres venir, Regina?_ Le dije, mientras comenzaba a subir escaleras arriba.

Nuestros labios volvieron a cruzarse, ansiosos. Lancé a Regina sobre la cama y me desprendí de mi americana. Ya no tenía magia, porque de tenerla lo más probable es que hubiese terminado por usarla en lugar de quitármela tan torpemente. Para cuando me deshice del pantalón de traje, Regina ya estaba desvestida, sobre la cama, mirándome con una sonrisa en los labios.

_ Odio los trajes._ Le dije, y ella se echó a reír.

_ Pues no los uses._ Me dijo, haciéndome un gesto con el dedo para que me acercara._ Por mí no tienes que ponerte nada.

Me lancé sobre ella y nos besamos una vez más. Esta vez, ella tomó la ventaja y acarició mi trasero con una delicadeza inusitada. Por un momento mi vista se nubló. Por fin era como en mis recuerdos. Aquella era una sensación que ninguna copia podría darme jamás. Nos besamos con calma, explorando el cuerpo ajeno. Ella lo hacía en busca de algo nuevo, yo confirmaba que todo lo que recordaba seguía allí.

Mis labios bajaron hasta sus pechos, y dediqué un momento sólo a mirarlos. Sentía que estaba un sueño, uno maravilloso del que no querría despertar. Regina acarició mi pelo, y eso me despertó para llevar finalmente uno de sus pezones a mis labios y morderlo cariñosamente. Fuimos despacio, sin prisas. Había esperado mucho por aquello y no quería estropearlo.

La forma en la que Regina me acariciaba era gloriosa. Sus manos aferraron mis pechos, con decisión, y los sobaron con lujuria. Yo gemí entre sus pechos, mordiéndolos un poco, y escuché a mi reina gemir, como música para mis oídos.

Subí una vez más y la besé. Fue ella la que tomó la iniciativa y se colocó sobre mí. La abracé y besé su cuello, al tiempo que ella empezaba a frotarse contra mí. Pegada a mí, sentía que veía las estrellas. Regina me mordió la oreja, y yo me estremecí. La Regina que recordaba siempre se imponía sobre mí, y esta vez no era distinto. Rodamos sobre la cama y ella cambió de postura, dando un giro para tomar mi sexo entre sus labios. Acaricié su pelo, mientras la miraba a los ojos. Yo estaba en el borde de la cama, y ella debajo de mí.

La imagen que contemplaba no tardó en hacer que me derramase sobre su rostro. Regina, sin perder su sonrisa obscena, pasó su lengua por su rostro, limpiando la parte más cercana a sus labios. Yo no perdí el tiempo, y cogí uno de los juguetitos que había dejado allí, escondidos bajo un doble fondo. Regina no tenía idea de que en su casa había bastantes objetos de ese tipo.

Pero no hizo preguntas, se colocó el arnés y me puso de espaldas. Caí sobre la cama, y ella entró dentro de mí, lanzando un grito de triunfo que yo continué. Me aferró con facilidad y empezó a tomarme lentamente al principio. Yo giré la cabeza y nos besamos, mientras sus manos acariciaban mi pecho muy despacio. Pero luego comenzó a acelerar ambos movimientos, hasta que finalmente mis suaves gemidos se convirtieron en gritos de genuino placer que ella acompañaba.

Nos derramamos a la vez, y tuvimos un instante de silencio en el que Regina se quitó el arnés y lo dejó a un lado. Me rodeó con sus brazos y nos miramos a los ojos. Y supe que todo por lo que había tenido que pasar para recuperarla, había merecido la pena.

_ Bueno… has roto el tiempo para tenerme a tu lado… y ahora que lo has hecho… ¿Qué esperas de nosotras?_ Me preguntó.

_ No lo sé… y eso es lo mejor de todo._ susurré, dándole un suave beso en los labios antes de cerrar los ojos.

Cora

La espada hizo un curioso sonido al separarse de la roca negra. Excalibur hizo uno similar, y finalmente se quedó en el centro de la roca. Yo miré la hoja, que brilló una vez más, liberando a Fay de su prisión una vez más. Regina llevaba ya dos semanas ocultando dónde la había dejado. Pero finalmente la había encontrado. Su historia había terminado. Pero a mí aún me quedaba mucho por hacer. Maléfica se me acercó, me di un suave beso en los labios y finalmente abrí otra brecha, buscando otro lugar donde se me necesitase. Uno que visitar juntas. Regina no necesitaba saber más de mí por el momento, ni tan siquiera cuando la visitara. Ni sobre mi oscuro pasado… ni sobre mi verdadero nombre. Eso era Algo que Mallory y yo nos guardaríamos.

Cruzamos la puerta juntas, y dejamos una Storybrooke que estaba segura de que tendría una larga época de paz, teniendo a Regina y a Emma juntas para asegurarlo.


Fin

Bueno, hemos llegado hasta aquí, lo cual es bastante. Soy consciente de que este último capítulo ha sido un poco rápido, pero creo que este fic ya lo he extendido innecesariamente. Diría que he perdido unos cuantos lectores por el camino… y es que siempre hablo de lo mismo, me lo tengo merecido. Pero bueno, supongo que aunque lo intente no puedo aprender de esos errores… ¿O sí? ¿Lo intentamos otra vez?


Trailer

¿?

La expectación se palpaba en el ambiente. El juzgado estaba en total silencio. El acusado, David Nolan, se mordía las uñas mientras su señoría, Sarah Fisher, observaba a la fiscal Blanchard. La mujer me miraba fijamente, mientras aferraba sus conclusiones con fuerza. Estaba aterrada, eso estaba claro. Yo mantenía los brazos cruzados mientras esperaba que hablase.

_ De modo que, tal y como la policía nos ha presentado en el informe de la autopsia, la muerte se produjo debido a un disparo en el corazón. Lo cual produjo una muerte inmediata. Tal y como muestran las fotos de la cámara de seguridad del cajero de la esquina adyacente, el señor Nolan se encontraba junto a la víctima cuando esta fue asesinada, portando una pistola en sus manos.

_ Las pruebas encajan, es cierto._ Determinó su señoría._ Si nadie tiene nada más que decir, daré mi veredicto. Este juzgado declara al acusado, David Nolan…

Se produjo un silencio incómodo silencio en el tribunal, aún más de lo que ya lo había sido, mientras la jueza elevaba el mazo. Yo sonreí, con tranquilidad pasmosa. Y eso ponía de los nervios a Mary Margaret Blanchard, cuya miraba pasaba del mazo a mí, con una velocidad que le provocaría un mareo en apenas unos segundos.

_ ¡Protesto!

Alcé el dedo, apuntando directamente hacia Mary, que dio un salto hacia atrás y lanzó un grito, como si hubiese sido yo la que le hubiese disparado a ella. Lo admito, con los años me había hecho completamente adicta a aquella sensación. La jueza bajó el mazo y se me quedó mirando.

_ ¿A qué se debe la protesta de la defensa?_ Exclamó._ Espero que no esté intentando ganar tiempo, señorita Mills. De lo contrario, tendré que acusarla de desacato.

_ ¿Ganar tiempo? Por favor._ Dije, ofendida, mientras apartaba mi cabello de delante de mis ojos._ Confieso que lo que estaba haciendo, era más bien lo contrario.

_ ¿Lo contrario? No la comprendo, señorita Mills._ Dijo, mirándome._ ¿A qué se refiere?

_ Intentaba dar tiempo a la acusación para hablar sobre la prueba que ha estado ocultando a este tribunal._ Dije, sin amilanarme._ Le sugiero que revise su copia del informe de la autopsia, su señoría.

Hubo un intenso cuchicheo entre el público al tiempo que la jueza y la fiscal Blanchard, que estaba tan pálida como su apellido indicaba, cogieron sus copias del informe.

_ ¿Qué es lo que se supone que tengo que ver, señorita Mills?_ Me espetó la jueza.

_ En el informe que se nos ha dado, en las observaciones._ Dije, mientras pasaba mi dedo por la línea correspondiente de mi copia._ Se especifica que no se encontraron quemaduras en la herida de bala de la víctima. Lo que significa que el asesino debía estar al menos a dos metros de la víctima. Supongo que ya sabe lo que significa eso, fiscal Blanchard. ¿Es usted extremadamente torpe o debo suponer que ha obviado esta parte del informe a propósito?

_ ¡¿Qué?!_ Mary se abrazó a sí misma, incapaz de aceptar que había olvidado algo tan evidente.

_ Por tanto, y basándonos en las pruebas que la acusación a presentado._ Sonreí, cruzándome de brazos._ Ha quedado demostrado, sin lugar a dudas… ¡Que David Nolan no pudo cometer el crimen!

El público en la sala comenzó a cuchichear aún más, los cuchicheos llegaron a un volumen tan alto que resultaba imposible no sentirse molesta por ellos. Yo mantuve la calma, pero Mary, una novata en su primer juicio como fiscal, sudaba copiosamente y parecía a punto de desmoronarse. No era una rival para alguien como yo, que llevaba ya veinte años en el negocio.

_ En vista de las nuevas pruebas._ La voz de la jueza me sacó de mi ensimismamiento._ Este tribunal decide declarar al acusado, David Nolan… No culpable.

_ Excelente._ Murmuré, con una sonrisa.

Poco después salía del juzgado, con el estigma de la victoria y los Paparazzi acompañándome. Ser una abogada famosa tenía sus problemas. Aquel no había sido un juicio complicado. No después de haber pasado toda mi carrera sin fracasar en uno sólo. Puesto que seguía una regla sencilla. Jamás defender a alguien en quien no creía. Si mi cliente es inocente. ¿Cómo iba a perder?

Tardaría aún algo más en darme cuenta de cómo podía llegar a pasar algo así. Cuando me enfrentase a una fiscal que realmente resultase temible, cuando el caso fuese algo cuyo resultado pudiese afectarme. Entendería lo que era el verdadero pánico a la derrota en el caso que le daría un giro de ciento ochenta grados a mi vida. El juicio de Emma Swan.