Odiaba aquella sensación de no saber que iba a suceder, era una sensación que siempre sentía cuando estaba junto a Shinya, uno nunca podía estar seguro de lo que iba a hacer en un segundo ni de lo que pasaba por su cabeza.

Y habían acabado en su casa, no es que fuese la primera que iba pero estaba en el territorio suyo y estaba en desventaja.

Desventaja porque esta dolorido por la caída y congelado por el frio.

Este lo había dejado algo adormilado y aunque verdaderamente no estaba cansado estaba luchando por mantenerse despierto, no le apetecía dormirse en casa de Shinya, capaz era de sacarle fotos mientras dormía o peor, pintarle algo en la cara y luego hacerle las fotos.

Se había hecho bola en el sofá mientras escuchaba a Shinya trajinar en la cocina, haciendo el chocolate caliente y quizás buscando algún dulce. Al final su amigo había conseguido lo que quería, como siempre y la culpa era suya por ser tan blando.

-Shinya, ¿estás haciendo el chocolate o te estás echando una siesta? -le preguntó Guren.

-Ten paciencia Guren -le contestó él desde la cocina- ¿por qué no pones algo de música?

-¿Y para que voy a poner música? -le preguntó de nuevo.

-Para animar el ambiente -le contestó Shinya como si fuese algo obvio.

De mala gana, Guren se levantó y se acercó a la estantería donde suponía que Shinya tendría su música, podría no haberlo hecho pero como siempre sabia que de no hacerlo su amigo no iba a dejar de insistir hasta que lo hiciese, así que era mejor ahorrarse el dolor de cabeza.

Pero por algún motivo, todo lo que tenia eran villancicos. Vale que la Navidad esta a la vuelta de la esquina, pero se negaba a creer que Shinya escuchase esa música infernal a todas horas, ¿no era suficiente con tener la casa adornada cm un anuncio navideño de los que antes se emitían?

-Maldita sea -protestó el moreno- ¿es que solo tienes esta mierda navideña? ¿No tienes jazz?

-Gureeeen, es Navidad, sé un poco más amable -le dijo el otro.

-¿Navidad? Pfff…aun faltan semanas, idiota -replicó él-solo porque nieve no quiere decir que sea Navidad.

-Eres un aburrido -le dijo Shinya saliendo de la cocina y dejando algo, Guren imaginó que las tazas, en la mesa.

-A mí se me quitaron las ganas de celebrar la Navidad hace unos cuantos años -replicó Guren.

-¿No crees que debemos de celebrar por aquellos que ya no están? -le preguntó Shinya.

Por alguna razón Guren detectó un cierto tono de amargura en la pregunta que su amigo le había formulado, lo que lo confundió completamente, hasta que entendió que de algún modo Shinya había pensado que hablaba de Mahiru y si bien también pensaba en ella en esas fiestas también recordaba a su padre y aquellos muertos en aquel día.

-Siempre es ella…-murmuró su amigo en voz baja.

Aquello le hizo ver que justamente su teoría era cierta.

Estuvo a punto de decir algo para romper la leve tensión que de golpe había aparecido en el ambiente pero Shinya se le adelantó, sonriendo tontamente como siempre y ofreciéndole su mano.

-¡Vamos, vamos! El chocolate se va a enfriar -le dijo empujándolo.

Guren sacudió la cabeza, intentando olvidar el hecho de Shinya estuviese, probablemente, molesto por aquella tontería, porque por una vez no pensaba en Mahiru, cuando estaba con él le costaba mucho pensar en su novia muerta, no sabía porque, pero con el paso del tiempo el pensar en Mahiru se había convertido en algo que se reservaba para sí mismo y en contadas ocasiones hacia referencias a ella en voz alta. Se había convertido en un tema tabú.

-Shinya…

-No, Guren -le dijo el otro- sé que vas a decime y prefiero que hoy sea un día feliz.

-Pero…

-He dicho que no.

Shinya raramente se ponía serio, solo en plena batalla le había visto de ese modo y ahora de golpe había pasado de ser el de siempre con esa estúpida sonrisa que lo sacaba de quicio a estar tan serio que sus ojos azules, los cuales cuando a veces los miraba era como mirar directamente al cielo, ahora lucían tan fríos y helados que daban miedo.

De algún modo a Guren le recordaron a los auténticos ojos de un francotirador y se planteó que esos hubiesen sido los ojos que aquellos niños con los que fue obligado a luchar por sus vidas viesen antes de morir. Seguramente ninguno de ellos hubiese sido capaz de aguantar la mirada.

Pero Guren si podía, mas por curiosidad que por otra cosa, para desafiar a Shinya y ver que hacia qué otra cosa, él también podía fastidiarlo si quería.

Ambos mantuvieron la mirada durante un par de minutos, esperando a que otro hablase, Guren de nuevo quería decirle que estaba equivocado pero estaba demasiado cansado para entrar en la conversación que aquello generaría.

-Lo siento -dijo Shinya de golpe.

Su mirada se había vuelto a suavizar y de no haber sido porque la centró en el suelo, como si no quisiese mirarle de nuevo, habría sido el Shinya de siempre.

-Tú has venido aquí pese a que no querías venir porque sabias que eso me haría feliz y yo lo he fastidiado todo -murmuró Shinya.

-Idiota, ni siquiera estaba pensando en ella -le dijo Guren dándose la vuelta y saliendo del apartamento.

Aquello descolocó al de cabellos blancos que vio como después de aquella pequeña rabieta suya y esa pésima disculpa, su amigo de marchaba. Se sentía como un idiota, ya sabía de sobras que tras tantos años Guren aun no podría olvidarla pero él lo había intentado, durante todo aquel tiempo había estado a su lado, animándolo y molestándolo porque sabía que así lo haría reaccionar de algún modo, callándose todo cuanto quería decirle de verdad y esperando a que el otro se diese cuenta.

Y sin querer la había fastidiado por los estúpidos celos. Su intención había sido pasarlo bien junto a él, pero se le había ido de las manos.

-¡Guren!

Shinya corrió hacia la puerta la cual el moreno había dejado abierta y con todas sus fuerzas gritó su nombre.

Aunque nadie contestó.

-¡Guren!-volvió a gritar.

Hubo un breve silencio en el cual Shinya se sintió más miserable que nunca.

-¿Qué coño te pasa, pesado? -le preguntó una voz a su lado.

-¡Gure…!

Antes de que pudiese terminar de decir por tercera vez en menos de cinco minutos el nombre de su amigo, algo frio golpeó contra su cara y lo hizo retroceder y agarrarse al marco de la puerta para no caerse.

Una vez recuperado de la sorpresa, se limpió la nieve de la cara y vio que a su lado se encontraba Guren, como si nada hubiese pasado y dedicándole la clase de mirada que solía echar cuando encontraba algo divertido.

-Te la debía -le dijo.

-¡Pero Guren! -exclamó el otro- Pensaba que…

-¿Qué me había afectado tu rabieta y me había ido como hacen los niños de cinco años? -dijo Guren, terminando la frase por él.

-Exacto -afirmó Shinya.

-Sí que me ha molestado -le informó Guren- porque detesto cuando te pones celoso de Mahiru, me haces sentir que debo de elegir entre los dos y no me gusta esa idea.

-Lo siento -de disculpó él de nuevo.

-Lo sé -le dijo el otro- sé que no quieres hacerme sentir mal y te lo agradezco -añadió dedicándole una sonrisa.

Era extraño que Guren sonriese de esa manera tan sincera, tanto que Shinya no pudo evitar sonrojarse levemente.

-¿Sabes una cosa? No sé porque pero cuando estoy contigo suelo olvidarla -le dijo Guren- no en ese sentido, siempre será una parte importante de mi vida, pero cuando estas cerca me haces sentirme mejor, casi siempre acordarme de ella me hace sentirme mal por todo, ya lo sabes, pero pensar en ti me ayuda a animarme.

-Aww Guren, ¿ves como puedes ser un cielo cuando quieres? -le preguntó Shinya abrazándolo.

-Que sepas que me animo porque pienso en las tonterías que haces constantemente por animarme -le dijo Guren.

-Eso ha sido cruel -replicó él.

-Qué pena, porque así soy yo -le dijo el moreno.

-Te odio -le dijo Shinya.

-Y por eso has salido corriendo gritando mi nombre como si temieses que fuese a abandonarte -replicó Guren.

Shinya hizo amago de protestar pero Guren le dio unas palmaditas en la espalda y entró de nuevo al apartamento.

-Vayamos dentro a tomarnos el chocolate de una vez -le dijo- que aquí fuera se me van a congelar hasta los calzoncillos.

Shinya asintió, sin embargo no se movió de la puerta.

-Oye Guren -le dijo- ¿tú me quieres?

-¿A qué viene esa pregunta ahora? -le preguntó él.

-Tú contéstame -le pidió el otro.

Guren sabía que tenía que ser rápido en la respuesta, era obvio que no lo odiaba si no hubiese sido incapaz de soportarlo, por lo tanto, lo apreciaba, ahora el grado de esto era algo que no era capaz de precisar.

-Mierda -pensó- ¿por qué Shinya tiene que joderme de este modo? ¿Y por qué tiene que ser todo tan jodidamente confuso?

Si era sincero consigo mismo, era diferente a lo que sentía por Mahiru y a lo que sentía por los miembros de su escuadrón, su familia, o por el mocoso de Yuu, Shinya era todo eso y mas pero no podía precisar la magnitud de todo aquello.

-¿En serio tengo que decirlo en voz alta? -le preguntó.

-Si -afirmó Shinya.

-Tú de verdad me odias -sentenció Guren.

-Sí, te odio tanto que a su vez adoro la cara que pones cuando sé que he tocado tu fibra sensible -le dijo él- pero no cambies de tema, Guren, contesta.

Guren resopló y se pasó una mano por el pelo.

-Supongo que sí -le contestó- de odiarte desde luego no estaría aquí.

Dicho esto, se encontró con que su amigo se le había colgado del cuello y tenía su mejilla, la cual estaba completamente helada, contra la suya.

-¿Ves como no era tan difícil? -le preguntó Shinya- ¿a qué no te has muerto por decirlo?

-Cállate -replicó el moreno apartándolo con suavidad.

La risa de Shinya resonó por el apartamento mientras caminaba hacia el sofá y de golpe Guren supo que había caído de nuevo en uno de sus estúpidos e infantiles juegos, de verdad estaba en su territorio y ahí no podría ganar nunca más.

Al entrar vio que Shinya ya estaba con su taza de chocolate en las manos y tapado por una manta, Guren recordaba aquella manta como la única que este tenía en su casa, así que sabía que tenían que compartir, por lo que se sentó a su lado, tiró de la manta y se tapó también con ella.

-Oh Guren, ¿tienes frio? -le preguntó con una sonrisita- ¿quieres que nos abracemos bajo la manta como las parejitas?

-Cállate, idiota -le dijo el otro suspirando.

Pero haciendo caso omiso a lo que el moreno decía, Shinya dejo la taza en la mesita y se acerco lo suficiente a Guren como para abrazarlo.

-Listo -le dijo- te daré calor, así no te pondrás malo.

Guren resopló y no dijo nada, sabía que era mejor callarse, además tenía que reconocer que no se estaba tan mal pero claro, jamás diría eso en voz alta y ante Shinya.

Después de todo era el territorio de Shinya y siempre ganaría.


No bromeaba cuando dije que el fluffy y yo no somos buenas amigos xDDD

Bueno, FELIZ AÑO NUEVO (?) Se supone que deberia de haber terminado esto antes del 25 pero este año las Navidades para mi no están siendo divertidas y entre que no tenia cuerpo para cositas lindas y que mayormente paso mi tiempo traduciendo la novela de Guren pues lo he atrasado hasta hoy, que ya me he puesto las pilas xD

Como siempre, espero que os guste ;;