Mientras todos, o casi todos, dormían, el corazón de Clarke gritaba desesperado.
Le había prometido a Bellamy y a su madre que no se iba a ir hasta la mañana siguiente. Realmente le hacía falta dormir en un sitio donde su corazón volviese a sentirse tranquilo pero después de la información que Bellamy le había proporcionado, no era el caso.
¿Cómo era posible que Lexa hiciese eso por ella? La dejó en la estacada, sin ayuda en un mundo que aún, en este momento, no llegaba a entender. Su madre le dijo que debía entenderla, que era su gente, que era como se había criado, los suyos ante todo y aún así la había antepuesto de aquella forma. Realmente tenía sentido pero no aliviaba el peso de su corazón.
Pensó en sus palabras "Todos tenemos que hacer cosas que no queremos Clarke", había tantas preguntas por responder que no sabía si sería capaz de hacerlas, no sin que sus instintos y su rabia quisieran atacar a Lexa.
Entre tanto pensamiento y tanta duda se quedó dormida. A la mañana siguiente se sintió como nueva, su descanso había sido reparador, la necesidad de dormir en un sitio algo más cómodo que la tierra y hojas. Mientras se incorporaba para levantarse, apareció Abby.
- Buenos días cariño, ¿cómo te encuentras? – preguntó acercándose.
- Bien – tocó el brazo de su madre en señal de cariño – Realmente lo necesitaba, ¿cuánto he dormido?
- Cuando apareces, duermes bastante – Clarke la interrogó con la mirada – Un día y poco, acaba de amanecer.
Clarke no se sorprendió ni se molestó, sabía que tenía asuntos pendientes que, con el corazón tranquilo, podían esperar un poco. Necesitaba a su gente.
Clarke salió del Arca para observar los últimos resquicios del amanecer, aprovechando para saludar a los que ya estuviesen despiertos. Había unos guardias y otros que se iban de caza, a lo lejos divisó a Marcus, que levantó su cabeza con gesto amable. Regresó dentro con su madre para ayudarle con el hospital, ordenarlo y, de paso, asearse y cambiarse de ropa, si es que encontraba algo.
El primero en aparecer por el hospital, esperando verla despierta, fue Jasper. Sin darse cuenta de su presencia, el joven habló.
- Ya creía que Bellamy te tendría que cambiar el mote.
Clarke se giró poco a poco, con miedo de esa voz, le había arrebatado a alguien importante, le había llenado la mirada de odio.
- Por la Bella Durmiente, si me lo preguntas – hizo un amago de sonrisa.
- Hola Jasper – se acercó a él - ¿Cómo estás?
- He estado peor, ¿a que sí Abby? – Abby se giró, presa de aquel intento de ironía, respondiendo solo con sus ojos - ¿Tú como estás?
- Jasper… De verdad, lo siento.
Jasper negó con la cabeza y se abalanzó sobre Clarke, en un abrazo. Le susurró un 'me alegro que hayas vuelto' y, al terminar, se fue.
- Solo necesita tiempo, está mejor créeme – lanzó Abby al aire, sabiendo qué pensamientos surcarían la mente de su hija.
- Voy a salir a ver a los demás.
Sus amigos estaban fuera de la tienda esperándola, sabían que ya había despertado y tenían tanto que agradecerle aunque ella creyese lo contrario. Uno por uno fueron abrazándola, transmitiéndole todo su cariño, su gratitud, animándola a seguir adelante y que no se marchara de nuevo. El corazón de Clarke se fue llenando poco a poco, ¿cómo podían haberla perdonado? Eso pensaba ella, había matado a más de trescientas personas y seguía siendo parte de ellos, era increíble aunque era real y quizás podría vivir con ello.
El resto de la mañana pasó tranquilo, ayudando, volviendo a la rutina, sintiéndose como en casa por primera vez en mucho tiempo, sin tener que preocuparse más que por su corazón, sin pensar en guerras, sin pensar en tantas cosas que llegaba a odiar.
Poco después de comer, los guardias avisaron de la llegada de un terrestre. Clarke no puedo evitar sentirse abrumada, sin saber por qué.
- ¿Por qué viene? – preguntó Clarke a Bellamy, sentado a su lado.
- ¿No te lo dije anoche?
- Mmm..¿no? – contestó confundida.
- Vaya, se me habrá pasado – pasó la mano por su pelo – Viene a ver si estás aquí.
- ¿¡Qué!? – contestó más confundida.
- Lo manda Lexa. Desde el día en que fue a por ti, siempre manda a su más fiel guerrero a preguntar por ti. Te buscó por el bosque y no te encontraba, a él siempre lo mandaba aquí por si habías vuelto a casa – miraba como el guerrero llegaba a la puerta.
- Dile a mi madre que me voy con él a hablar con Lexa, lo necesito.
Bellamy simplemente asintió y la observó marcharse hasta la puerta, decir un par de palabras y subirse junto a él en el caballo. Realmente Clarke era una chica valiente, o eso pensaba Bellamy.
Durante el viaje, aferrada al torso de un desconocido, Clarke pensaba en todo aquello que quería preguntarle a Lexa, qué hacer, cómo reaccionar. Y no se le ocurría nada. La había echado de menos en este tiempo, haciendo odiarse a sí misma un poco más, echar de menos a quien te traicionó sin pensarlo dos segundos. O eso creía ella hasta hace dos noches.
Llegó a TonDC dónde no fue recibida como ella esperaba. Ella esperaba odio, cómo había sido hasta un mes atrás, no todos estaban de acuerdos con la tregua. El hombre que la llevaba decidió hablarle, como si leyese su pensamiento.
- Piensan que sin ti y la tregua, jamás hubiesen recuperado a los suyos. Eres bienvenida Clarke del pueblo Celeste.
- Gracias – susurró, una vez más asombrada por lo que sucedía. Nada era como ella pensaba.
Llegaron hasta la tienda de Lexa, el pueblo aún no estaba reconstruido pero avanzaban de manera rápida.
- Le avisaré de tu llegada – dijo aquel hombre bajando del caballo.
- No, por favor – bajó ella también – Dejadme entrar directamente a mi sola – suplicó a los guardias apostados frente a la tienda.
Se miraron y dudaron, pensaron en todas las veces que Clarke había entrado antes sin permiso y no había pasado nada, pensaron en el tiempo que su comandante llevaba buscándola. No había motivo por el que no dejarla entrar.
Respiró hondo, sin saber lo que pasaría y entró.
La tienda estaba perfectamente montada igual que cuando estaban asentados delante del arca. Cerca de su cama la vio, impasible, de pie y de espaldas, sin haber notado su presencia. Las ganas de abalanzarse contra ella, pegarle y pedirle explicaciones crecían en su interior pero no quería actuar así, no quería aparentar que no le importaba la vida.
Carraspeó, esperando llamar su atención, lo hizo pero no de la manera esperada.
- ¿Estaba allí? – su voz rota.
Clarke se quedó pensando una eternidad, o eso pensó ella, su voz, realmente la había echado de menos.
- Sí, solo que ahora estoy aquí.
Lexa se giró como un huracán a punto de chocar contra el más grande de sus obstáculos, dispuesto a destrozarlo o dispuesto a desaparecer por hacerlo. La observó e intentó no sonreír, inspeccionó con la mirada cada parte de su cuerpo y de su piel, al menos lo visible, para asegurarse que estaba bien.
- Pensé que no te volvería a ver – logró decir con una entereza que le sorprendió a ella misma.
- Yo pensé que no soportaría verte cerca de mí, y mírame.
Clarke se declaró estúpida en ese instante, decirle eso a Lexa y levantar sus brazos como si fuese una niña después de una travesura. Lexa se acercó a ella, a paso lento, observándola.
- Clarke, realmente necesito contarte por qué hice aquello – suplicó, intentando alcanzar su mano, siendo rechazada.
- Habla – todo su odio había vuelto de golpe, su mirada encendida en rabia.
- Clarke, estaba dispuesta a todo en ese momento por ti, por mi gente y por la tuya – empezó a caminar, levemente, de un lado a otro mientras se explicaba – Perdí hombre cuando fui a matar a los tiradores. De repente el apareció, ese Emerson, estaba a punto de degollarle el cuello cuando empezó a hablar de que te matarían, de que nos matarían a todos. Le dejé hablar, decía que tenía más armas como la que mandaron aquí, al poblado, y me asusté. Me ofreció una tregua, me ofreció liberar a los míos, no acercarme al monte, todo si me iba. – Clarke creía poder divisar lo que eran lágrimas ahogarse en los ojos de Lexa – Pero no iba a aceptar, no podía dejarte atrás, saber que me odiarías para siempre pero de nuevo el empezó a decir que entonces nos matarían a todos, que sufrirías y eso no lo podía permitir. Lo pensé mejor. Les dije que me marcharía si te dejaban vivir, pasase lo que pasase. Aceptaron.
Lexa volvió a colocarse frente a Clarke, que estaba con los ojos llenos de rabia y amor.
- Puede sonar duro pero prefería perder a toda tu gente antes que perderte a ti. Supe que ganarías pero no pensé que lo harías de esa forma, es una carga que, lo creas o no, llevo conmigo también.
El silencio se hizo entre los dos cuerpos, Clarke no era capaz de decir nada, cientos de pensamientos se cruzaban fugaces por su mente, sabía que Lexa decía la verdad, que no tendría por qué mentirle, ni por qué buscarla durante tanto tiempo. Creyó en que fue así, ya la había creído sin haberla escuchado, cuando se lo dijo Bellamy.
Y, sin saber cómo ni qué impulso la llevó a ello, se encontró besando a Lexa de una manera más brusca que aquella vez. Lexa no pudo reaccionar, al menos no de repente, sus ojos abiertos observando como Clarke le demostraba todo en aquel beso, su incapacidad de odiarla y sus ganas de quererla- O eso deseaba.
Respondió a ese beso como si su vida dependiese de ello. Era verdad, su vida acababa de tomar un sentido que ella creía haber perdido hacía demasiado tiempo. En un corto espacio para respirar, gritó a sus guerreros que nadie la molestara y volvió a hundirse en aquellos suaves labios. No sabía que pensaba Clarke, que haría después de aquello pero no podía dejar aquella oportunidad, había soñado despierta con eso desde aquel beso.
No quería moverse, no quería que aquello se acabase. Notó como Clarke se iba moviendo sin dejar de besarla, llevándola hasta esa cama que ambas deseaban compartir. Quizás era hora de desnudarse para desnudar sus sentimientos. Lexa, por primera vez, se dejó llevar, quería que Clarke hiciese lo que fuera con ella, quería demostrarle que una vez más sería lo que ella quisiese. Cada una se quitó sus ropas ante la mirada fija de la otra, degustando sin probar cada parte de la piel expuesta, esperando para acariciarla.
Los segundos se hacían eternos en cada beso, en cada caricia, en cada gemido. Lexa le demostró a Clarke todo el amor que le podría dar si fuese capaz de perdonarla, se lo demostró besando cada centímetro de su blanquecina piel, acariciándola como nadie antes lo había hecho, con deseo, con pasión, con todo lo que se merecía.
No sabían cuánto tiempo había pasado cuando por fin dejaron sus cuerpos caer sobre la cama, exhaustos, vacíos de placer. Sus respiraciones eran entrecortadas, intentando llevarse a la boca, en cada bocanada, el aire que les diera fuerza para poder solucionar todos sus problemas. Lexa, aún con miedo, no sabía si aún podía tocar a Clarke.
Clarke no lo dudó y se abrazó a ella, escondiendo su cara en aquel dulce cuello.
- ¿Algún día estaremos seguras? – en una simple frase desplomó sus miedos, el miedo a matar, a sufrir, a vivir.
Lexa dejó un beso en su cabeza, apoyó su barbilla y susurró: Yo te protegeré.
Bueno, siento haber tardado más de lo que había prometido pero he estado algo liada y casi siempre de imprevisto. Espero os haya gustado este TwoShot.
Muchas gracias por leerlo y por comentar :)
