La lluvia caía silenciosa a medida que la noche avanzaba. Rey estaba todavía digiriendo los acontecimientos de la última reunión con la hermana de su maestro mientras se perdía en los rítmicos sonidos de la lluvia. Aspiro el suave aroma de la tierra mojada. Algo que la maravillaba y llenaba su pecho de un sentimiento de gozo indescriptible. Eran sensaciones muy nuevas, y con cierta aura mágica para una habitante de las arenas que solo conocía el sol ardiente y el aire seco.

Luke Skywalker tomó asiento a su lado, en las escaleras que conducían a la pequeña casa que ambos compartían. Permanecieron durante unos minutos en silencio con la mirada fija en el horizonte.

- ¿Qué piensas, Rey?- rompió abruptamente el silencio el maestro Luke.

- A donde irá a parar todo esto. Y en que no se si quiero ir, Maestro

- ¿Tienes miedo? – la miro en hito. La muchacha dio la callada por respuesta, algo que incómodo a su Maestro- Rey, háblame. ¿A qué le temes?

- Lo sabes perfectamente. Tengo miedo a encontrarme con él.

El maestro Jedi la miro extrañado dibujándose la incertidumbre en los contornos de su mirada.

- ¿Con Kylo Ren? ¿Has tenido alguna premonición que deba saber?- Rey negó con la cabeza - ¿Entonces…?

- Es una certeza. No sé si tiene algún fundamento o solo es mi alocada imaginación….pero es como si algo en mi supiera que allí nos encontraremos. Por eso preferiría no estar.

- Pero iremos. Mi testaruda hermana ha decidió ser ella misma la embajadora en esta ocasión y como comprenderás, no la voy a dejar partir sola. Llevará el respaldo de lo que quedan de los Jedis. Es nuestro deber.

- Lo sé- mustio.

- Pero, volviendo a nuestro asunto. ¿Por qué le temes?

- No lo sé, siento que no quiero verle. No quiero oír su voz, ni ver su rostro. Ni recordar el momento en el que atravesó a su padre de lado a lado ¿Cómo pudo?

- La cuestión ahora no es el por qué, Rey. Si no lo que provoca en ti. Si crees que te enfrentaras con él, debes ir preparada. Y tu corazón debe ir libre de temores, porque los miedos son los que nos hacen tomar caminos oscuros.

Rey cerró los ojos. Sabia a lo que se refería su Maestro, lo había oído miles de veces. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio al sufrimiento… En definitiva, el miedo es el camino hacia el lado oscuro. Suspiro tratando de acallar sus propios temores para poder compartirlos con su Maestro.

- Me avergüenza admitirlo. Es más, siempre pienso que si no lo digo en voz alta, eso no ha tenido lugar.

- Tranquila. Yo no soy quien para juzgarte.

- Quería matarlo. Y lo hubiera hecho de no haber sido por que la tierra se abrió en dos. Lo odiaba. Me parecía tan monstruoso, tan horrible… Quería hacérselo pagar. Quería que la sangre derramada fuera pagada con más sangre. ¿Por qué no iba a ser distinto ahora? ¿y si termino matándole?

- Rey, mírame. Ya no eres la misma. Has cambiado y creo que tu entrenamiento te ha dado otra perspectiva ¿crees que la venganza es la solución?

- No, creo que no. Pero sigue siendo un monstruo.

- No siempre fue así…- susurro el Jedi con pesar- ¿le odias?

- No, no le odio. Pero me sulfura.

- ¿Estas segura de eso? Ya te he dicho que no voy a juzgarte.

- Le odie en ese momento. Ahora odiarlo no. Pero…- clavo la mirada en los ojos azules de su maestro- ¡me enerva el pensar que lo tuvo todo y no supo apreciarlo! Y yo, me pase la vida esperando a una familia que nunca llego. Me dejaron tirada en un planeta de mierda a sobrevivir de la inmundicia de la guerra. Lo pase muy mal. Y nunca tuve a quien contarle mis penas, ni a quien pedir ayuda. Y el…- se detuvo a coger aire para continuar- Tenia un padre que lo quería, tiene una madre increíble y un tío… que para mí es el mejor hombre que he conocido en este universo….Tenía una familia. Pero no, a él no le fue suficiente, se unió a la Primera Orden, comenzó a matar por ira y acabo con la vida de su padre a sangre fría. No lo entiendo, maestro. Y es injusto.

- ¿Así que es eso? Tu enfado no es con él, sino con la situación que te ha tocado vivir. ¿Has tratado de comprender a tu oponente? ¿No crees que estas siendo un poco egocéntrica?

- ¿Egocéntrica?- pregunto extrañada.

- Estas viendo las cosas solo desde tu perspectiva. Pero Rey, ya no eres la niña solitaria de Jakku. Eres un padawan. Y tu mente debe expandirse, aprender a mirar las cosas desde todas las perspectivas posibles para tratar de comprender y encontrar una solución.

- No sé a dónde quieres llegar- escupió frustrada.

- ¿Sabías que Ben no conoció el rostro de su madre hasta los 5 años? ¿o que la persona a la que creía su madre no era más que una niñera a la que se le pagaba? Hay muchas cosas que desconoces.

- ¡Pues cuéntamelas!- demando inmediatamente

- Todavía no puedo hablar de ello. Creíamos que lo hacíamos lo mejor posible…

- Como sea. Seguro que teníais una buena razón. ¿Sabes lo que de verdad le sucede a tu sobrino? Que a sus 25 años todavía tiene la edad del pavo.

Se levantó y se metió en la casa dando por zanjada la conversación. Subió las escaleras y se encerró en su habitación. Se desvistió y se metió en la cama. Estuvo dando vueltas durante un par de horas sin poder conciliar el sueño mientras su cabeza era un hervidero de pensamientos. Escucho a su maestro trastabillar en la planta baja durante unas horas antes de acostarse. Se preguntó varias veces que estaría haciendo ese hombre para armar tanto alboroto, pero no se levantó para comprobarlo. Opto por dejarse estar tranquila en su cuarto. Ya lo averiguaría mañana.

Finalmente el cansancio y las emociones del día pudieron más que su inquietante mente, y cayó en un sueño pesado y profundo. Y en algún punto de la silenciosa madrugada comenzó a soñar vívidamente; como si fuera un testigo silencioso de algún suceso acaecido años atrás. Quizás cuando todavía ni había nacido.

Estaba oscuro. Solo una tenue luz amarilla se colaba por una rendija de la puerta. Había una pequeña cama en una esquina, donde alguien sollozaba con fuerza. Se acercó a tientas sin saber muy bien que se iba a encontrar. Palpo a través de la mantas un cuerpecito y una vez que sus ojos se acostumbraron a la tenue luz de la habitación, distinguió una pequeña cabeza de pelo negro y enmarañado.

La puerta se abrió de golpe y entró una mujer apresuradamente y con rostro preocupado. Se acercó a la cama y acarició el cabello del pequeño.

- ¿Por qué lloras?- preguntó dulcemente la mujer de largo cabello castaño.

- Por que echo de menos a mí mamá- susurro una entrecortada voz infantil.

- Pero…yo soy tu mamá. ¿Quieres dormir con mamá?

- ¡No! Tú no eres mi mami ¡Mentirosa!

La mujer guardó silencio. Dos lágrimas se estrellaron silenciosas en las sabanas. Se levantó apretando los puños y salió cabizbaja cerrando la puerta tras de si.

El niño continuó llorando tapando todo su cuerpo con las sabanas. Sintió miedo, mucho miedo. Y también odio. Y abandono. Pero era el temor lo que más apremiaba en su alma. Algo que la ahogaba con manos invisibles.

Se despertó tratando de coger aire. Respiro profundamente durante un par de veces para asegurase de que el aire entraba sin dificultades en sus pulmones. Aparto la colcha verde de su pequeña cama y se incorporó. Con los pies descalzos, acariciando suavemente la arcilla fría del suelo; de dirigió al cuarto de baño. Abrió el grifo y dejo que corriera un rato perdiéndose en el sonido del agua al caer sobre la loza blanca. Después, se refrescó el rostro y la nuca. Clavo la mirada en el pequeño espejo que colgaba de la pared. Dio un respingo hacia atrás que casi termina con sus huesos en el suelo. La imagen que le había devuelto el espejo no era la suya, si no la del rostro sudoroso y crispado de Kylo Ren. Volvió a mirar al espejo. Ahora había una imagen más pálida de sí misma.

Y lo comprendió. Ese niño era Ben Solo. Se llevó la mano al corazón en un intento vano de calmar su alocado corazón. Todavía podía sentir en su piel el miedo, la sensación de abandono y la tristeza del niño de su sueño. ¿Qué había pasado en la vida de Ben? Comenzó a hilar su sueño con lo que le había contado su maestro. Por algún motivo, Ben había sido apartado de sus padres hasta la edad de 5 años. Y se había criado creyendo que sus padres eran otras personas. Eso, para una mente infantil, tuvo que ser muy confuso. Se incorporó y volvió a su cuarto. Se dejó caer pesadamente en la cama y fijo la vista en el techo. Ahí fue cuando Ben Solo abrazo el miedo como opción.