El Instituto Furinkan, tenía un ambiente de fiesta pues como cada año el festival de halloween comenzaba a cubrir todos los espacios con sus macabros colores, los preparativos mantenían muy ocupados a casi toda la población estudiantil, sin embargo algunos alumnos tenían problemas sobre la temática de sus stands.
—Ranma ¿de qué va a ser tu stand?
—La verdad…no había pensado en eso.
De camino al Dojo, Akane le mencionaba a Ranma cuantas ideas le cruzaban por la mente, pero él perecía poco convencido, pues casi todos los puestos estaban ocupados; comida, bebidas, golosinas, bromas, etcétera.
—Oye, Akane, tú no me has dicho que vas a vender en el festival.
—Va a ser muy original—decía con mirada ensoñadora
—Seguramente van a hacer esos intentos de peluches, todos deformes y mal cosidos, pero en esta ocasión serán perfectos, todos creerán que son las mascotas de Frankenstein.
—¡Cállate!, siempre me esfuerzo mucho en hacerlos y quedan muy bonitos.
La curiosidad del joven artemarcialista se disparó por los aires ante la zozobra de su prometida, y ante su insistencia por satisfacer su duda siempre recibía una respuesta negativa y contenida de más curiosidad.
El día del festival llegó, Akane esta acostada sin ánimos de nada, el tic-tac del reloj parecía desesperado en su andar. Ni siquiera las insistencias de su hermana lograron sacarla de su estado casi vegetativo.
—Anda, vamos hermanita te aseguro que te divertirás— Nabiki sonreía al imaginarse las grandes ganancias que obtendría de los ilusos que no dudarían en pagar cualquier descabellada cantidad con tal de saber cómo iba disfrazada Akane.
—¡No! ya no insistas déjame en paz, esas cosas no son para mí—contestaba mientras sacaba a empujones a su hermana.
Los gritos hicieron despertar a Ranma, volteando de reojo.
"Qué demonios tramara Nabiki"
Se incorporó, asomándose al filo del tejado para poder ver con más claridad que le pasaba ahora a su prometida.
Un disfraz reposaba sobre la cama, pero estaba deshecho, pero lo que el artemarcialista no podía entender es que había pasado, pues hasta donde el sabia Akane estaba muy animada con la dichosa fiesta. Velozmente a su mente vinieron las locas que se decían a sí mismas prometidas, tal vez ellas lo hicieron con el afán de fastidiarla.
Sin pensarlo dos veces recorrió los tejados hasta llegar al Nekohaten. Mousse estaba terminando de limpiar algunas mesas que acaban de desocuparse.
—¿Dónde está Shampoo?—pregunto sin preámbulos
—¿Para qué quieres a mi amazona?
—Airén, venir a verme—frotaba su voluptuoso cuerpo en el chico Saotome
—¡Basta!, solamente quiero saber, ¿por qué rayos destrozaste el disfraz de Akane?
—Shampoo no haber hecho eso, pero tal vez otra chica hacerlo—parecía contestar con sinceridad.
Ranma salió del restaurante, y siguió la búsqueda del culpable. De Kodachi y Ukyo recibió la misma respuesta negativa, Akane no tenía otras enemigas, así que no se le ocurría alguien más. Sin respuesta a sus dudas regresó al Dojo para preguntarle directamente a ella que había pasado.
Cuando se disponía a tocar la puerta del cuarto de la chica, escuchó sus sollozos, Ranma sintió un leve crujido en su pecho y se sintió muy culpable pues su gran "bocota" una vez más había hecho llorar a su prometida haciendo que arremetiera en contra de su disfraz de brujita.
El joven artemarcialista sabía de antemano que una simple disculpa no serviría en esta ocasión, después de meditarlo algunos segundos, decidió pedir un poco de ayuda.
—Kasumi, ¿estás muy ocupada?— emitió el chico con algo de vergüenza.
—No mucho, pasa Ranma— contestó la mayor de las Tendo—creo que al no saber por dónde empezar, lo que te pasa tiene que ver con mi pequeña hermana, ¿cierto?
—emmm, veras…—se sonrojó al verse descubierto de una forma tan exacta.
—Tranquilo, sólo dime ¿qué hiciste esta vez?
—Le dije a Akane que realmente parecía una gorda y fea bruja metida en ese disfraz, que tal vez la confundirían con un costal de papas embrujado y ella terminó destrozando el disfraz.
—¡Ay! Ranma, ahora si te pasaste, ella tenía mucha ilusión con ese festival, tanto que me pidió hacerle algunas calaveritas de chocolate—Kasumi le mostró los dulces perfectamente acomodados en una cajita de madera.
—Soy un idiota—dándose un palmazo en la frente—por eso ahora quiero arreglarlo, pero no tengo mucho tiempo y no sé qué hacer.
Kasumi, ya estaba enterada de algunas cosas del problema y no dudo en ayudar un poco. Le entregó un paquete a Ranma.
—Coloca esto sobre la cama de Akane—ordeno señalando el paquete.
Ranma asintió.
Durante la comida, el joven Saotome evitó cualquier retraso, por primera vez en su vida comió una sola vez. Al tener nuevamente esa caja entre sus manos no pudo evitar que la curiosidad lo abordara y la abrió. Sus ojos quedaron fijamente sobre aquel hermoso atuendo de calaverita, vaya que Kasumi pensaba en cada detalle, la falda, la blusa y la preciosa careta.
Sin dudarlo, torpemente escribió sobre trozo de papel.
Akane, perdóname…
La hora del festival casi llegaba y todos en casa de la Familia Tendo, los jóvenes comenzaban a ir y venir apresuradamente. Por lo menos Ranma y Nabiki. El primero perfectamente arreglado como un vampiro con unas cartas en la mano.
—Desconocía que los vampiros predijeran el futuro—reía una interesada Cleopatra.
—Y yo no sabía que las chicas egipcias fueran pésimas contando chistes
—¡Akane!, diablos quieres darte prisa vamos a llegar tarde—gritaba a todo pulmón el vampirito, pero su mirada quedo prendada ante aquella sexy calaverita de azúcar que se posó junto a él.
—Hermanita, estas lindísima, y muy dulce, "las ganancias que me va a dejar"—Cleopatra ya podía verse rodeada de yenes.
El vampiro adivino ni parándose de puntas podía ver a su calaverita, pues entre tanto monstruo peleando frente a ella por una cita.
Centenares de chicos pasaban frente a él relamiéndose los labios disfrutando de cada dulce bocado y pues obviamente ya se imaginaban de donde venían.
Un fastidioso Frankenstein se acercó a Ranma para saber su futuro.
—Quiero saber si esa sexy calaverita aceptará salir conmigo
—En las cartas lo veo muy claro…—el adivino había perdido todos los estribos en un santiamén, pues la mayoría se acercaba para preguntar eso.
—Ah sí, vamos dímelo
—Si veo muy claro, un puño que te va a mandar a volar muy lejos de aquí—clavando sus falsos colmillos en su piel.
—No va a querer salir conmigo—Frankenstein hacia pucheritos
—No, el que no quiere soy yo y ¡lárgate de aquí!—golpeándolo haciendo que volara por los aires a aquel esperpento—"Tranquilízate, Saotome va a ser una larga noche y lo importante es que Akane está disfrutando el festival, después de todo en un principio tu arruinaste todo"—ahora veamos si las cartas me dicen si tal vez quisiera salir conmigo…
