Clarke seguía allí plantada en medio de una conocida plaza de su ciudad esperando a que su amiga Lexa decidiera presentarse en algún momento. Clarke siempre había sido una persona muy puntual y odiaba llegar tarde a clase, algo que a su amiga no parecía importarle mucho. Mientras miraba como un chico paseaba a sus dos sharpeis, notó que una mano le rodeaba la cintura.

- ¿Qué hace aquí sola una chica tan guapa?

Clarke no pudo evitar sonreír mientras apartaba la mano de Lexa e intentaba mirarla con una cara que reflejase un poco de enfado por su parte, algo que siempre le había resultado imposible. No sabía por qué pero era incapaz de enfadarse con ella. Bueno, hacía ya un tiempo que había empezado a sospechar que no podía enfadarse con Lexa porque la… Bueno, porque Lexa era como era.

- ¡Llegas tarde! La próxima vez avísame y así aprovecho para dormir un poco más.

- Bueno no te enfades rubia. He pasado la noche con un chico impresionante y ya sabes… La ducha se nos ha hecho un poco larga – Dijo Lexa mientras le guiñaba un ojo.

Clarke se podía imaginar cómo había sido esa ducha. Había visto desnuda a su amiga muchas veces, memorizando cada centímetro de su cuerpo y, sinceramente, no le extrañaba en absoluto que los chicos se volvieran locos por ella. Era la mujer más sexy que había visto nunca pero claro, eso Clarke no lo decía en alto, eran pensamientos que solo dejaba libres cuando estaba sola en su cuarto.

Las dos entraron al metro de camino a la universidad mientras Lexa le contaba a Clarke como había conocido al chico de turno. Su amiga Lexa nunca había sido una chica de relaciones duraderas e iba de chico en chico, o más bien de cama en cama. En cambio Clarke siempre había sido muy tradicional en ese aspecto y solo había tenido una relación duradera con un chico que conoció en su último año de instituto. Un chico muy guapo llamado Wells que siempre se había portado muy bien con ella. Sin embargo, cuándo empezaron la carrera la distancia hizo que las cosas se complicasen y, después de dos años y medio de relación los dos decidieron ponerle fin.

Ese día transcurrió como otro más, un día cualquiera en el que Clarke se pasaba las horas esperando a salir de clase para reunirse de nuevo con Lexa. A la salida de la última asignatura, se reunieron con Raven en un bar del centro. Llevaban mucho tiempo sin verse porque ella estudiaba Ingeniería Industrial en otra universidad y quedaban pocas veces al mes pero cuando quedaban sabían que acabarían saliendo y haciendo mil locuras.

- Esta noche Finn y yo damos una fiesta en nuestro apartamento y, por supuesto, las dos estáis invitadas. No hace falta que traigáis nada de bebida, Finn ha dicho que lo pone todo él para celebrar su ascenso.

La verdad es que las cosas les iban muy bien, Finn trabajaba en la empresa de su padre y, por supuesto, tenía mucho dinero. Vivían en uno de los pisos del padre de Finn, un dúplex ático en el centro de la ciudad, ¡con piscina climatizada y todo en la parte de arriba! Lo que les permitía a los dos poder estudiar y vivir como quisieran.

- ¡Cuenta con nosotras! Allí estaremos, ya sabes que Clarke nunca se pierde una fiesta – Dijo Lexa mientras la miraba y se reía recordando cómo había acabado Clarke la última noche a causa de unos cuántos chupitos de tequila.

- Iremos Raven, tenemos muchas ganas de volver a ver a Finn, pero no cuentes con que yo beba mucho, que ya sabemos cómo acabé la última vez – dijo mirando a Lexa y devolviéndole una sonrisa a su amiga, una sonrisa que a Lexa le encantaba ver.

Eran las nueve de la noche y Clarke y Lexa estaban llamando al timbre de la casa de Raven. De repente Finn abrió la puertas y les dijo que por favor entrasen, se pusieran cómodas y se sirviesen lo que quisieran. Raven seguía arreglándose, así que ambas se dirigieron a la barra y se sirvieron dos gin tonics perfectamente preparados.

Ya en el salón vieron como Raven salía de su habitación y se dirigía a ellas con una expresión atónita y con la boca abierta.

- Vaya, vaya, Lexa. ¡Estás despampanante! Menudo vestido.

Clarke no se había percatado hasta ese momento de que Lexa se había quitado su abrigo. Llevaba un vestido de gasa que realzaba su cuerpo y sus increíbles curvas y que dejaba entrever una de sus piernas. Clarke la miró de abajo a arriba deteniéndose en sus caderas y en su escote, para después encontrarse con sus ojos. Esos ojos verdes que tantas veces la habían mirado y que ahora estaban perplejos por la manera en que Clarke examinaba su cuerpo, sin embargo, Lexa no dijo nada y ambas se limitaron a seguir bebiendo un gin tonic tras otro.

La noche pasaba y Clarke estuvo hablando todo el rato con los amigos de Finn, poniéndose al día con su amigo y con Raven, que le contaban sus planes de futuro. Ante lo que ella se sentía bastante agobiada y solo podía seguir bebiendo, mientras observaba como Lexa, en el fondo de la sala coquetaba con todos los chicos de la fiesta y seguía tomando más gin tonics.

Lexa era la persona más heterosexual que Clarke había conocido nunca y sabía que jamás se le había pasado por la cabeza el hecho de acostarse con una chica o si quiera liarse. Mientras fingía poner interés en lo que Finn y Raven le contaban, Clarke seguía pensando en Lexa y en lo guapa que estaba esa noche. Preocupándose por esos pensamientos que cada vez eran más frecuentes en ella y que, aquella noche a causa del alcohol estaban aflorando cada vez más y sentía miedo de no poder contenerse.

- ¡Ronda de chupitos! Que nadie se escape – Dijo Raven mientras se dirigía a la cocina a por una botella de José Cuervo y traía muchos vasos de chupitos.

Todos se pusieron alrededor de la mesa grande del salón, sirviendo sus chupitos y preparándose la sal y el limón.

- ¡Por Finn y por Raven! – dijeron todos mientras alzaban los vasos y bebían, poniendo algunos unas muecas raras a causa del tequila.

Mientras Clarke y Lexa se bebían el chupito no pudieron evitar mirarse la una a la otra fijamente a los ojos. Clarke nunca había visto una mirada así en su amiga, desafiante y se atrevería a decir que incluso sexual. Mientras Lexa chupaba su rodaja de limón, seguía manteniendo el contacto visual con Clarke, que sentía como todo le daba vueltas y como su corazón se aceleraba con esa mirada tan penetrante.

- Buenos chicos, espero que hayáis traído bañador o bikini porque ahora vamos a seguir la fiesta en la piscina – dijo Raven mientras cogía la botella de tequila y algunas más y se empezaba a quitar la ropa rumbo a la planta de arriba.

Todos la siguieron, quitándose la ropa y quedándose en ropa interior. Clarke empezó a ponerse nerviosa mientras veía como Lexa se quitaba la ropa quedándose solo con un conjunto de lencería increíblemente sexy y mientras se repetía a sí misma que no estaba bien que pensase esas cosas de su amiga.

¿Qué pensaría Lexa de ti si supiera esto? – Se repetía una y otra vez mientras se quitaba ella también la ropa y se quedaba en braguitas y sujetador.

Siguió a Lexa hasta la planta de arriba y ambas entraron a la piscina con el resto de la gente. Siguieron bebiendo y riendo durante las siguientes horas. Horas en las que tuvo que beber como los babosos de la fiesta le pedían el número de móvil a Lexa y esta, por supuesto, mientras coquetaba se lo apuntaba en sus teléfonos.

Se había hecho tarde y todos habían vuelto dentro del apartamento, sin embargo, Clarke seguía allí apoyada en el bordillo de la piscina. Era de esas piscinas de efecto infinito en las que podías ver todos los edificios de la ciudad. Sabía que había bebido mucho y solo quería despejarse un poco, cuando sintió que alguien se acercaba por detrás. Se dio la vuelta y vio que Lexa la miraba fijamente.

- Que, ¿te lo has pasado bien rubia?

- La verdad es que si pero otra vez he terminado bebiendo mucho, aunque creo que no tanto como tú – dijo con dificultad a causa de tantos chupitos de tequila.

Lexa continuó mirándola mientras se apoyaba a su lado en el bordillo. Clarke podría quedarse así toda la vida, solo ellas dos, hablando como lo hacían cada día. Hablando de su vida y compartiendo momentos que nadie más compartía. Sintiéndose estúpida y odiándose a sí misma por tener esos sentimientos hacia Lexa.

- Y tú, ¿te lo has pasado bien? ¿Has fichado ya a tu próximo polvo?

- La verdad es que he fichado a unos cuantos – dijo Lexa mientras reía – Y tengo que decirte, aunque no te va a gustar, que más de uno me ha preguntado si estaríamos dispuestas a hacer un trío.

Clarke se giró para mirarla, sin dar crédito a lo que acaba de oír y sin poder evitar mirar a los labios de Lexa.

- Ya les he dicho que no es para nada tu estilo, pero han insistido bastante.

- ¿Y tú qué sabes cuál es mi estilo? – Dijo Clarke mientras, sin saber cómo, se había acercado un poco más a su amiga.

- Venga Clarke, eres más tradicional que mi madre.

Y, aunque Clarke sabía que era verdad miraba desafiante a su amiga esperando una respuesta.

- ¿Serías capaz de hacer un trío conmigo? No serías capaz ni de darme un beso – dijo la morena mientras quitaba la mirada y se concentraba en la ciudad.

Clarke estaba perpleja y paralizada pero sin saber cómo, su cuerpo la guio hasta quedarse a escasos centímetros de su amiga. Las dos se miraban fijamente a los ojos, sin saber muy bien qué hacer. Clarke no dejaba de mirar a los labios de Lexa que se entreabrían y que de vez en cuando su amiga humedecía con su lengua. En su interior algo le gritaba y la empujaba a que rompiese esos pocos centímetros que las separaban, mientras su cabeza intentaba detenerla. Sin embargo, cuándo ya no podía más extendió su mano hasta la cintura de Lexa y la empujó hasta ella a la vez que le daba un beso.

- ¿Así que no era capaz verdad? – dijo Clarke mientras se separaba de Lexa, que se había quedado totalmente inmovilizada.

Cuándo todavía seguían mirándose fijamente a los ojos. Aunque sabía que su amiga estaba bromeando, Lexa no pudo evitar acercarse de nuevo a Clarke, puso su mano detrás de su cabeza acariciando su pelo y acercó su cara hasta la suya. Totalmente atónita, Clarke se limitó a cerrar los ojos y a besar a su amiga. Un beso tímido al principio que se fue transformando y Clarke notó como la lengua de Lexa se introdujo en su boca, buscando la suya. Con sus dos manos, rodeó la cintura de la morena, sintiendo cada centímetro de su piel y agarrando sus caderas. Lexa empezó a bajar lentamente las manos desde su cabeza, recorriendo su espalda…