Antonio se había llevado mucho tiempo observando al inglés, podría decir que incluso siglos. Arthur tenía algunas facetas que difícilmente dejaba entrever. De hecho, el moreno estaba seguro que si en otrora no se hubieran dado los casamientos por parte de sus superiores y por los encontronazos en el mar seguramente ni tan siquiera él las hubiera visto. El pensar que solo él conocía un poco más al inglés que el resto del mundo lo hacía sentirse especial en cierto sentido pues el rubio era hermético con sus sentimientos y siempre portaba una máscara de arrogancia que hacía más ardua la tarea de conocerlo. Precisamente por eso, desde que se conocieron gracias a Roma, comenzó a tener la costumbre de observarlo.

Inglaterra conocido también por el nombre de Arthur Kirkland es un hombre, como ya se ha comentado, arrogante y prepotente por lo que a veces, gracias a estas características, se ha ganado el rechazo de los demás. Además contaba con una astucia e ingenio ejemplar, a esos ojos esmeraldas pocas cosas se les escapaban y eso le ha salvado el pellejo en varias ocasiones. Arthur tiene los pies sobre la tierra, no es de esos que soñaban con imposibles y que preferían lo conocido a lo desconocido. Antonio había pensado que esto tal vez se debía a que el rubio amaba la estabilidad y que algo nuevo puede destruirla arrastrándolo a un terreno desconocido e inestable para él como está el fatídico ejemplo del encontronazo que tuvo el propio español con el Nuevo Mundo. Ese descubrimiento cambió el mundo y en parte la vida del inglés dado que este se convirtió en un temido pirata para emprender una de sus actividades preferidas: molestar en todo lo posible al reino de España. Otra forma en la que cambió su vida fue el tener al cuidado una colonia a la que llegó a querer como si fuera su propio hermano menor. España dudaba que ese amor fraternal se hubiera dado antes por parte del inglés, al igual que dudaba que se volviera a dar viendo el cómo acabaron los dos.

El castaño odiaba la actitud del rubio algunas veces y en esa época aún más pero no deseaba volver a ver como el otro se rompía de aquella manera.

El inglés era una persona atractiva, tal vez no del tipo de belleza que haga que las féminas caigan rendidas a sus pies con solo mirarle como la de Francis si no ese tipo de atracción misteriosa que tardas un poco más en desenmascarar pero que a la vez no sabes la causa de tal atracción, es como si simplemente te atrajera como si fuera un imán y que cuando no está presente su rostro se colara en tu cabeza diciéndote un claro no lo olvides. Esa belleza a veces es más peligrosa que la belleza tradicional dado que a la que damos el significado de belleza común puede olvidarse ya que hay muchas personas a la cuales le otorgamos esa cualidad pero el tipo de belleza que contenía Arhur no se veía a simple vista, debía descubrirse.

-Sabes Spain, a pesar de todo agradezco las desilusiones que me han ocurrido en mi vida. Gracias a ellas he aprendido a vivir sin culpas. Sí, he tenido que acorazar mi alma y cegar mi corazón pero al menos he conseguido vivir tranquilo.

-Eso suena más como un premio de consolación que un triunfo ¿No crees?

Inglaterra se encogió de hombros.

-Algo es algo.-Hizo una pequeña parada para tomar otro sorbo.-La vida es una mierda y le importa poco el cómo estés. Todo puede derrumbarse en un segundo y hay que seguir adelante de la forma que sea, sobre todo nosotros que vivimos tanto tiempo.

-¿Y qué gracia tiene el vivir a la defensiva?

-Pregunta mejor ¿Por qué vivimos? Hemos llegado a este perro mundo por mero azar y para colmo nos obligan a danzar al son de una orquesta borracha que siempre tocan otros.

-Borracho estás tú ya. Anda vámonos antes de que sea yo el que te tenga que arrastrar.

Su pareja bufó y se terminó su vaso de un trago. Tenía la cara de un color rojizo, síntoma de que el alcohol ya comenzaba a surtir efecto. La sonrisa de superioridad que ya estaba acostumbrado a ver apareció en su rostro.

-¿Qué pasa Antonio? ¿Estaba haciendo que tu cerebro ejecutara esa acción tan compleja que es pensar en otras cosas que no sean tomates?

En cierto modo Arthur había atinado. Estaba comenzando a pensar en cosas que no quería pensar en aquellos momentos y por ello propuso que salieran del local. Él ya tenía suficiente cuando los miedos aparecían por la noche, cuando todo estaba en silencio y oía sus pensamientos atormentándole con las sombras de su pasado. Entendía como se sentía la otra nación. El inglés había dejado que la vida le ganara la partida y que, como vencedora, hiciera lo que quisiera con él que ya se encargaría de afrontar lo que le echara mientras que el español se rebelaba e intentaba construir su propio futuro.

Antonio se había llevado mucho tiempo observando al inglés, podría decir que incluso siglos. Arthur tenía algunas facetas que difícilmente dejaba entrever y Antonio estaba dispuesto a intentar descubrirlas aunque para ello tuviera que pasar el resto de los siglos que le quedaban junto al rubio de ojos esmeraldas.