Los personajes del excelso maestro Masashi Kishimoto no me pertenecen.
Espero que disfrutéis de la historia.
Capítulo unoNaruto se despertó por el fuerte rugido de su estómago. No era un despertar muy elegante, pero sí efectivo. Se levantó de un salto, sin quitarse siquiera el gorro de dormir, para buscar un bote de ramen instantáneo.
Sacó la cabeza del fondo del armario con un suspiro. No le quedaba ni un sólo envase. Sus tripas protestaron con fuerza y él se dobló abrazándose la cintura.
-Creo que es hora de ir al Ichiraku.
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Los dos tazones de ramen le habían dejado el monedero vacío, pero Naruto se sentía feliz y repleto. No era un chico muy problemático en ese sentido.
-Ohayo, Naruto -Iruka-sensei apartó el toldo del restaurante y tomó asiento junto al chico – Te veo más hambriento de lo normal.
-Hoy no puedo invitarte, sensei –dijo Naruto antes de eructar.
-Como si pensaras hacerlo… En fin, he oído por ahí que pensabas entrenarte.
-Siempre me entreno –dijo él.
-Ya pero ibas a hacer un viaje, ¿verdad?
Hinata sintió que el suelo se hundía bajo sus pies. Había permanecido escondida tras la pared del Ichiraku, escuchando la conversación, intentando armarse del valor suficiente como para comer junto a Naruto. Y ahora llegaba Iruka-sensei y decía que Naruto se iba, cuando hacía apenas unos meses que había llegado a la aldea.
-Sí. Me voy a la frontera. Dicen que es un buen sitio para entrenarse, además creo que hay unas fuentes termales increíbles. ¿Quieres venir, Iruka-sensei?
-¿Y qué pasaría con la Academia?
Hinata estuvo a punto de presentarse voluntaria para acompañarle. Casi, porque la idea de caminar, entrenar y vivir junto a Naruto durante tanto tiempo le resultaba tan embarazosa que se quedó clavada en el suelo, completamente roja. Naruto salió del restaurante tan entusiasmado con su viaje que ni se percató de la figura vestida de negro que estaba al lado.
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Hinata caminó arrastrando los pies hasta su casa. Comió en silencio con su familia, lo cual no era extraño, ya que ni su padre ni su hermana Hanabi eran muy habladores. Por eso le gustaba tanto entrenar con Kiba, porque era agradablemente ruidoso. Igual que Naruto…
Pidió permiso para levantarse y subió a su cuarto. Si Naruto se iba, quizá ella no tendría nunca las agallas suficientes para decirle cuánto le gustaba. Tal vez debería… No, era impensable, su padre nunca se lo consentiría. Aunque no tenía por qué decírselo, ya no era una cría, tenía casi dieciocho años. Neji entraba y salía de la casa siempre que quería y nadie le preguntaba nunca nada. Pero Neji era un chico y pertenecía ya a los Anbu.
Aun así no era justo. Llena de determinación, Hinata comenzó a preparar una bolsa de viaje. La duda le asaltó al llenarla por la mitad, pero sacudió la cabeza con fuerza y siguió con su tarea. Chocó con alguien al salir por la puerta.
-¿Dónde va Hinata-sama? –la fría y profunda voz de Neji la hizo encogerse.
Él también llevaba una bolsa de viaje pequeña. Hinata observó que no llevaba la ropa de los Anbu ni la máscara.
-¿Dónde vas tú, Neji-niisan? –preguntó ella. Él no contestó, sólo la miró fijamente, esperando que ella respondiera primero.
-Voy… de entrenamiento –dijo ella. Bueno, no era una mentira total.
Neji se dio por satisfecho con esa respuesta. Habían aprendido a protegerse el uno al otro para que las costumbres de Hiashi –bastante chapadas a la antigua- no les asfixiasen, y hacer la vista gorda con algunas de sus actividades había dado resultado siempre.
-Yo tengo una misión con Tenten y Lee. Algo aburrido, pero Gai Sensei me lo ha pedido como un favor.
Después de hacer una inclinación a Hinata, desapareció en una cortina de humo. Ella sólo intentó salir sin ser vista, tras dejar una nota a su padre. Sus pies descalzos no hacían el más mínimo ruido en el tatami, pero con Hiashi había que tomar triples precauciones.
El aire fresco del exterior no consiguió tranquilizarla, pero sí se sintió exultante y frenética por empezar su misión personal.
-¡Byakugan! –dijo. Su mirada atravesó el bosque, barriendo cada centímetro de madera y follaje, hasta que vio la figura de Naruto. Sólo echó una última mirada a su casa antes de empezar a caminar.
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Era la misión más aburrida que Neji había realizado desde hacía mucho tiempo. En los Anbu todo era emoción y peligro de muerte, pero escoltar a un embajador desde el País del Fuego hasta el del Viento no era algo que él hubiera llamado "emocionante". A los 12 años sí se lo habría parecido, pero ahora tenía que contener los bostezos.
Lee y Tenten iban a los lados del embajador, mientras que él se mantenía en la retaguardia. Ni siquiera necesitaba tener el Byakugan activado todo el rato, habría supuesto un gasto innecesario de chakra.
Tal vez fue ese completo aburrimiento lo que le hizo fijarse en el trasero de Tenten. Lo cierto es que era lo más interesante que había visto en todo el día, y en Lee no iba a fijarse, por supuesto –esa era, al menos, su justificación-.
Tenten había crecido un poco, pero en general seguía siendo la misma chica delgada y fibrosa, con sus camisas orientales y sus moñitos. ¿Sería su punto de vista lo que había cambiado? Ahora le parecía mucho más interesante, desde luego. Se le marcaba un poco la ropa interior a través de los pantalones, y Neji sintió la urgente necesidad de usar el Byakugan y ver de qué color era.
Tenten escuchó a Neji murmurar un apagado "-Byakugan". Comenzó a mirar a todos lados, en busca de posibles enemigos.
-¿Has visto algo interesante, Neji? –le preguntó. Él sólo esbozó una media sonrisa y giró la cabeza.
-Quizá –dijo, pero siguió andando tranquilamente. Tenten no supo por qué, pero un intenso escalofrío le recorrió la columna vertebral.
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-Si no doy 1200 saltos a la comba, daré 300 patadas al tronco.
Rock Lee se lanzaba gritos de ánimo mientras saltaba con agilidad. Una ligera capa de sudor le cubría. El brillo del sudor en la piel era increíble a la luz del amanecer. Dio los 1200 saltos, pero aún así comenzó a dar patadas al tronco. El entrenamiento le hacía sentir bien, la revitalizaba, aunque acabara arrastrándose por el suelo a causa del cansancio. La primavera de la juventud no esperaba a nadie, después de todo.
Neji, Tenten y el embajador dormitaban unos metros más allá. Era lo máximo que podían permitirse durante una misión, unas ligeras cabezadas y luego seguir su camino. Partirían en una hora, a Lee todavía le sobraría tiempo para dar 250 puñetazos al tronco –que ya estaba suplicando misericordia – y darse un baño en el arroyo que había visto. Unos minutos bajo su pequeña cascada tal vez le harían tener su revelación.
Para variar, empezó a pensar en Sakura, sus pensamientos acompañados por el rítmico golpeteo de su pierna en la madera. Si ella estuviera allí, viéndole entrenar, animándole... Se ruborizó suavemente mientras su sonrisa se acentuaba y pasaba a golpear el tronco con los puños.
-¿Tan pronto y ya haciendo ruido innecesario? –los agradables pensamientos de Lee fueron interrumpidos por Neji.
-Ohayo –dijo, interrumpiendo los golpes - ¿Por qué no has despertado también a Tenten? Si salimos en menos de una hora, tal vez podamos estar de vuelta en Konoha por la noche.
Por una vez en su vida, Hyuga Neji se quedó sin habla. ¿Qué podía decirle a Lee, que no había querido despertarla porque le gustaba verla profundamente dormida? Esa era la verdad, Neji había decidido salir del estado de duermevela porque había notado la cabeza de Tenten en su brazo. La había mirado dormir, había notado su respiración tibia a través de la tela de su camisa. Y no había podido soportarlo más, si hubiera permanecido más tiempo junto a ella seguro que habría acabado lamentándolo. Una cosa era mirarle el trasero y otra implicarse físicamente con una compañera de equipo.
-Da igual, déjala dormir un rato –dijo Lee, sin esperar ninguna explicación. Sólo cogió una toalla de su bolsa de viaje y se dirigió al arroyo.
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Nara Shikamaru había tenido la mañana más espantosa de toda su vida. No sólo su madre le había sacado de la cama a puntapiés, sino que había invadido su habitación para limpiarla, descolocándole una partida que tenía a medias en el tablero de gô y le había obligado a limpiar toda su ropa, que estaba cómodamente tirada por el suelo, al alcance de cualquiera.
No hemos mencionado que Shikamaru llevaba cuatro meses viviendo en su propio apartamento, lo cual entrañaba algo de intimidad. O eso creía.
Vale, la casa estaba hecha una cuadra, pero nunca le había gustado que le metieran prisa para nada. Si él quería vivir como un cerdo, ¿no tenía derecho a ello? ¿Seguiría su madre mangoneándolo toda la vida?
-No sé cómo lo aguanta papá. Ahora está sólo todo el día con ella, un día se matarán el uno al otro –le dijo a Chôji, que estaba sentado enfrente de una de las lavadoras de Lavanderías Kirei, metiendo la mano de vez en cuando en una gran bolsa de patatas fritas.
-Venga, tu madre se preocupa por ti, no creo que eso sea tan malo –dijo.
-Aaah –suspiró Shikamaru – pero estoy harto. Me gustaría que me dieran una misión para largarme un tiempo. Nada demasiado complicado, ya sabes.
-Deseo cumplido –la voz rotunda de Tsunade sama les hizo dar un brinco – Hay que llevar un pergamino a la aldea de al lado, y ya que te ofreces voluntario, aquí tienes –dijo, dándole el rollo a Shikamaru y yéndose en dirección al salón de mah jong (a perder unas cuantas partidas, sin duda).
Chôji miró a Shikamaru con una sonrisa gentil, pero éste parecía no estar del todo contento.
-¿De qué te quejas ahora? Tienes la misión que querías, ¿no?
Shikamaru sonrió sarcásticamente mientras miraba por encima el pergamino.
-Sí, pero sigue sin gustarme que una mujer me dé órdenes. Mendokusai…
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Haruno Sakura respiró hondo en medio del aire pesado y húmedo del invernadero. Llevaba una semana en la aldea de la Arena estudiando las propiedades de sus venenos y antídotos por orden de la vieja Tsunade. La verdad es que tenían una extensa variedad de flores venenosas, sobre todo para tratarse de una aldea en medio del desierto.
Pero ya estaba cansada. Había copiado los pergaminos más importantes y experimentado con plantas suficientes como para escribir un tratado, que era lo que le había encargado Tsunade. Como si esa vieja no tuviera ya bastantes libros… Ella hubiera preferido dedicar esa semana a alguna otra cosa, como a pensar en Sasuke. ¿Dónde estaría? ¿Estaría pensando en ella?
Seguro que no. Dando un suspiro pesaroso, comenzó a subir las escaleras que conducían a su habitación. Le habían dado el cuarto sobre el invernadero para que no anduviera dando vueltas por la torre del Kazekage todo el día. De todas maneras Gaara no era una persona muy habladora, así que todos contentos.
Dos horas después Sakura empezó a caminar en dirección a Konoha, tarareando una melodía triste, muy acorde con su estado anímico.
La arena iba desapareciendo a medida que los grandes espacios de hierba aumentaban. Ya se iba viendo algún árbol y acumulaciones de matorrales.
Y de pronto Sakura notó algo agarrando su tobillo. Se apartó y sacó tras kunais de su cartuchera, lista para atacar. Quien la había agarrado permanecía en el suelo, medio enterrado por la arena y los matorrales secos.
-¿Lee-san? –dijo, al reconocerle. Él sólo levantó la cabeza, murmuró algo y se dejó caer, inconsciente.
-Unas horas antes-
Neji, Lee y Tenten escucharon un ruido simultáneamente. Lee se situó delante del embajador y Neji activó el Byakugan. Tenten sacó un par de rollos de pergamino de los cuales sacaba sus armas.
-Son cinco –dijo Neji – Puedo acabar con ellos.
-No será necesario –dijo Lee – Llevaros al embajador, yo os seguiré en cinco minutos.
-Pero… -dijo Tenten. Lee la interrumpió con un movimiento de su mano derecha. Levantó el pulgar y giró la cara para ofrecerle una genuina "nice guy pose".
-Sólo tengo ganas de hacer ejercicio, Tenten, estaré bien.
Tras un momento de duda, los tres se marcharon. Lee se situó, esperando que los atacantes se atrevieran a salir de la maleza. Cogió al vuelo dos kunais que volaron certeros hacia su cara, y barrió una andanada de shuriken de una patada.
Finalmente dieron la cara, y Lee se preparó para el combate.
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Lee despertó de su inconsciencia al notar el calor de una hoguera. Se levantó, pero automáticamente fue devuelto a su posición original por un par de manos suaves. Enfocó la vista y tuvo que restregarse los ojos, sin creerse lo que veía.
-¿Sakura-san? –ella sonrió y su estómago dio un brinco - ¿Dónde estoy?
Le dolía todo. El combate con los cinco ninjas había resultado demasiado duro, no eran contrincantes normales. Tras sus máscaras y embozos todos tenían las marcas de la maldición de Orochimaru. No había sido un combate muy justo.
-He visto los cuerpos de esos ninjas en el bosque –dijo ella – No están muertos, pero no podrán moverse en un par de días. Aunque podemos arreglarlo, si quieres –dijo, mientras cogía una de las muchas botellas de veneno que había traído.
Lee sólo negó con la cabeza. Se hizo un examen corporal durante unos segundos. Debía tener una costilla rota, además de la muñeca derecha dislocada y la pierna izquierda completamente destrozada. Eso sin contar los numerosos cortes y quemaduras.
"-No podía haberme presentado ante Sakura con peor aspecto", pensó.
-¿Cómo te sientes? –preguntó ella.
-Me pondré bien, soy un chico fuerte –dijo, intentando parecer optimista.
-Eso no es lo que te he preguntado, Lee-san. ¿Te duele algo?
-Todo –dijo, sucumbiendo ante la presión de su mirada severa. Ella sólo asintió con la cabeza y sacó un kunai para romper el traje verde de Lee. Él intentó levantarse para impedírselo.
-Tranquilo, sólo voy a cortar lo justo –rasgó la tela por la mitad desde el cuello hasta la cintura, también cortó las mangas y las vendas de su mano derecha. Antes de que se diera cuenta, Lee notó como ella le colocaba bien el hueso con un golpe seco. Se encogió un poco y comenzó a relajarse a medida que ella concentraba su chakra en la zona, curándola lentamente. Pasado un rato ella remangó la tela del pantalón hasta la rodilla. El hueso asomaba por la piel, que ardía febrilmente. Concentró el chakra en el centro de sus manos y las apoyó suavemente en la zona fracturada. El hueso comenzó un retroceso hasta quedar de nuevo soldado, la piel se cerró y volvió a su estado normal. Lo mismo ocurrió con la costilla rota y con los cortes más grandes.
-Bueno, creo que ya está –dijo entre jadeos y secándose el sudor de la frente.
-Eres la mejor ninja médico que he conocido, Sakura-san –dijo él, levantándose y moviendo la muñeca en círculos.
-Siento lo de tu traje – dijo ella. Lee miró la tela verde de su traje cayendo sin forma por sus hombros – Tal vez puedas coger algo de ropa mientras los otros ninjas estén inconscientes.
Él asintió y terminó de cortar la parte superior del traje hasta la cintura. La banda protectora con el símbolo de Konoha le iba muy bien de cinturón, al menos de momento.
Tal vez fuera el cansancio después del gasto de chakra, pero Sakura encontró particularmente difícil apartar los ojos del torso de Lee. Era realmente fibroso, los músculos se le marcaban suavemente en los brazos y el pecho. Sakura escuchó un murmullo lejano. Tardó un rato en comprender que Lee le estaba preguntando algo.
-¿Decías algo? –preguntó. Lee parecía desconcertado.
-No tiene importancia, Sakura-san.
De repente Lee se sentía bastante orgulloso de sí mismo, aunque no sabía por qué. Se echó boca arriba en la hierba y contempló las estrellas.
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Chôji se despidió de un malhumorado Shikamaru y comenzó a caminar hacia Flores Yamanaka. Ino se giró tras el mostrador al escuchar la campanilla de la puerta.
-Ah, eres tú, Chôji –dijo, ajustándose el delantal un poco más - ¿Ya se ha ido ese perezoso de Shikamaru? Ni siquiera se ha despedido, el muy… Pero en fin, ¿querías algo?
Chôji tragó saliva y miró alrededor intentando parecer serio y tranquilo.
-Quería un ramo de flores –dijo, al fin.
-El día de la madre está un poco lejos todavía, ¿no crees?
Chôji se irguió enfadado y comenzó a irse, pero Ino le detuvo poniéndose delante.
-Venga, no me digas que es para una chica –dijo ella con malicia - , porque eso sí que sería un cotilleo importante.
-Pues sí, es para una chica –dijo él, ruborizándose – Quiero… el ramo más bonito que tengas.
Ino parpadeó, perpleja, y luego su mirada se volvió compasiva. Pobre Chôji, ¿quién sería la chica de la que se había enamorado? ¿Cómo se lo tomaría él cuando le dieran calabazas?
-Bueno, pues háblame un poco de ella, así podré hacerle un ramo acorde con su personalidad y todos esos rollos.
Él pensó un poco antes de contestar, sin que el rubor desapareciera de sus mejillas.
-Es muy guapa –empezó - . Aunque está demasiado delgada, se obsesiona demasiado con el tema.
-Bueno, eso demuestra que sabe cuidarse, pero cogeremos un par de orquídeas. Es una flor a la que le cuesta mucho marchitarse por los malos cuidados. Se mantiene fresca bastante tiempo aunque no la riegues y si, al contrario, la riegas demasiado, sigue estando igual de bonita. Con una orquídea le estás diciendo que no hace falta que se preocupe, porque siempre estará preciosa.
-También es muy alegre, no para de hablar nunca –continuó él.
-Entonces añadiremos algunas margaritas rojas –dijo, cogiendo tres ejemplares medianos.
-Creo que eso es todo –dijo él.
-Parece que no la conoces muy bien, ¿no, Chôji? Sólo me has dicho que es bonita, que se cuida mucho y que es una parlanchina.
-Añade lo que quieras para que sea un ramo muy especial.
Ino completó el ramo con unas ramas finas de bambú. Minimalista pero alegre, con las orquídeas blancas, las margaritas rojas y el verde desvaído de las cañas. Las ató con celofán y un lazo y se las dio a Chôji.
-Esta vez de las doy gratis –dijo ella. "-Bastante mal lo vas a pasar cuando te diga que no", pensó, sin una pizca de esperanza para él.
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Naruto estaba disfrutando demasiado de su entrenamiento. De momento había practicado taijutsu con algunas de sus copias, había invocado a algún sapo de tamaño mediano y comido ramen instantáneo mirando las estrellas.
Y todavía le quedaba sumergirse en una de las termas que salpicaban el paisaje. Comenzó a desvestirse mientras tarareaba una cancioncilla ("Japanese People"de Orange Range).
Hinata había conseguido darle alcance. Estaba realmente cansada, no había sido nada sencillo localizarle, porque estaba tan entusiasmado que caminaba erráticamente, a veces en zigzag o en círculos durante un rato. En otros momentos simplemente echaba a correr, y ella tenía que seguirle jadeando.
Pero al fin había llegado al claro donde se entrenaba. Se acercó despacio, intentando no hacer ruido. Y lo que vio la dejó convenientemente sin habla.
Naruto cogió agua en un cubo y se la echó por encima, enjabonándose sentado en una roca. La espuma se escurría por su cuerpo torneado y bronceado, humedeciendo su piel, y Hinata notó como se le secaba la boca.
Él cogió más agua en el cubo y se aclaró. Ahora no había ni rastro de espuma para cubrirle parcialmente, sólo el agua resbalando por su espalda, sus abdominales, su… Hinata comenzó a ponerse roja hasta llegar al nivel "ebullición". Antes de que Naruto se sumergiera en la terma, se desmayó musitando un débil "-Na… Naruto-kun".
-¿Mmm? –él se giró y parpadeó sorprendido al ver a Hinata en el suelo. Se acercó sin molestarse en cubrirse y se acuclilló frente a ella, agarrándola por los hombros.
-Hinata, ¿qué haces aquí? –ella empezó a abrir los ojos, pero al ver a Naruto tan cerca sintió que la sangre se le agolpaba en las sienes. Evitó el desvanecimiento dándole un golpe accidental a Naruto en un lado de la cabeza y girándose con los ojos tapados.
-¿Te importaría… taparte un poco, por favor? –musitó bajo sus manos.
Por primera vez él se dio cuenta de su desnudez. Corrió a por sus pantalones y su camiseta negra, y ya más decente, se acercó de nuevo a HInata.
-¿Qué has venido a hacer aquí, Hinata? –volvió a preguntar. Ella sintió ganas de confesarle su verdadera razón, pero no pudo. Era demasiado pronto.
-Estoy en un viaje de entrenamiento –dijo. Él asintió, mirándola de arriba abajo, su pelo enredado y lleno de ramitas por recorrer el bosque, su cazadora rota y manchada en algunos puntos. Sonrió ampliamente y le señaló otra fuente termal a cierta distancia de la que había escogido él.
-¿No te apetecería darte un baño, Hinata? Yo estaba a punto de hacerlo, dicen que estas aguas tienen poderes curativos – ella comenzó a negar con la cabeza – Te prometo que no te espiaré mientras te bañas – le dijo, ofreciéndole su meñique – Si rompo mi promesa, tragaré mil agujas.
Ella unió su meñique al de él y asintió con una sonrisa tímida. Después de todo, Naruto nunca le había dado razones para desconfiar de él.
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Shikamaru había terminado su misión con éxito. No era nada digno de elogio, tan sólo había tenido que llevar ese pergamino mohoso a una aldea de montaña. Lo difícil era regresar a casa tan pronto, especialmente después de haber salido corriendo sin despedirse de su madre.
Había comenzado a entrar en el bosque cuando escuchó un sonido de ramas rotas. Aguzó el oído y se llevó la mano lentamente a la bolsa de los shuriken.
Aquello que producía el sonido estaba justo encima de su cabeza. ¿Un abanico gigante? Antes de reaccionar vio cómo se separaban en el aire el abanico y su portador. Avanzó un par de metros para coger al vuelo a quien caía del cielo.
Temari abrió los ojos dolorosamente y vio la cara de Shikamaru. Antes de poder preguntarle qué demonios hacía allí, un objeto cortante rozó la mejilla de él. Un hilo de sangre partió verticalmente su piel. Shikamaru se situó delante de Temari e hizo el sello del Kagenui no Jutsu. Cuando los dos ninjas del sonido que perseguían a la chica salieron dispuestos a atacar, su sombra se extendió y se alzó en forma de tentáculos, atravesándolos limpiamente. Todo acabó en un visto y no visto, y Temari tardó un rato en sentirse molesta por el hecho de que él le hubiera salvado el culo.
-No hacía falta que… -empezó a decir, pero le faltaba el aliento y terminó con una tos ahogada. Shikamaru se fijó en sus cortes y en el hombro dislocado que hacía que el brazo de Temari cayera inerte en un ángulo extraño.
Ella sólo se levantó y se golpeó el hombro contra un árbol cercano. El golpe hizo que el hueso se colocara, aunque seguía doliéndole implacablemente.
Shikamaru tuvo que admitir que ella los tenía bien puestos. Se acercó al ver que se le doblaban las rodillas. Era evidente que sus atenciones la molestaban, pero de momento las admitió.
-Será mejor que nos movamos –dijo ella – Podía haber algún ninja más siguiéndome – intentó caminar, pero no pudo. Los numerosos cortes que tenía parecían evidenciar que había perdido mucha sangre.
Shikamaru la cogió en brazos sin hacer caso de sus protestas. La obligó a rodearle el cuello con su brazo izquierdo y comenzó a correr, dejando atrás a posibles enemigos.
Pararon un kilómetro más adelante. Él la dejó caer en la hierba, respirando con dificultad y sudando a mares. Además de llevarla a ella, había tenido que coger su pesado abanico, y eso era demasiado esfuerzo para Shikamaru.
-¿Por qué te seguían esos tipos? – fue lo primero que le preguntó.
-Secreto nacional –dijo tan sólo. Él tuvo que contentarse con eso, un secreto nacional era algo muy serio. Dejó caer la mochila al suelo y buscó una pomada de hierbas que le había regalado Ino. Venía muy bien para las inflamaciones y los cortes. Ella sólo le miró hurgar en el saco, preguntándose que sería lo siguiente que haría.
Shikamaru no se molestó en explicarle nada, tan sólo empezó a desabrocharle el delantal que cubría su kimono. Temari reaccionó dándole un bofetón.
-¿Estás loca? –él la miró con el ceño profundamente fruncido mientras se tocaba con cuidado la mejilla.
-¿Qué pretendes que haga cuando un niñato como tú empieza a desnudarme?
Se miraron el uno al otro en silencio durante unos segundos. Finalmente él dejó la pomada cerca de ella y se marchó para darle un poco de intimidad y escapar de la ira de esa mujer.
Temari le vio alejarse. Esperó hasta que desapareció en la maleza para quitarse el kimono. De todas maneras llevaba vendas bajo la ropa, pero era una cuestión de principios. Se aplicó con cuidado una gruesa capa de crema en toda la zona del hombro y la clavícula, suspirando aliviada al sentir su frescor. En los cortes también era efectiva, al menos la hemorragia cesaba y mitigaba el dolor. Escuchó los pasos de Shikamaru y se cubrió el pecho con su kimono, demasiado deprisa como para parecer informal.
-Maldita neurótica –dijo, sentándose de golpe junto a ella – Eh, ¿quién te dijo que podías usar tanta? –dijo, quitándoselo de las manos.
Temari iba a soltarle una amarga respuesta, pero él empezó a extender la pomada por los cortes a los que ella no llegaba. Había una tensión evidente entre ellos, aunque las atenciones de Shikamaru no resultaban ya tan molestas. Temari respiró aliviada cuando todas sus heridas superficiales comenzaron a cerrarse.
-Ya puedes vestirte –dijo él. Ella se puso el kimono con dificultad, pero decidió no ponerse la manga derecha. Lo mejor sería hacerse un cabestrillo que le mantuviera el brazo doblado y pegado al pecho. Empezó a buscar un rollo de venda en la bolsa de los shuriken, pero él la apartó y le tendió unas vendas más anchas. Antes de poder decir una palabra, él estaba vendándola.
-¡Deja ya de portarte como mi enfermera! –exclamó, incómoda.
-¿Así me lo agradeces? Te he salvado el pellejo, maldita sea –contestó él.
-Vale, así me pagas la vez que YO te salvé a ti.
Ante eso Shikamaru no tuvo respuesta. Tal y como había dejado la pomada, dejó la venda al alcance de Temari y empezó a montar el campamento. Si había aprendido algo de su padre, era que cuando una mujer se empeñaba en cabrearse, había que dejarla sola con su mal humor.
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Bwahaha, he aquí el primer capítulo. Este es el primer fic de Naruto que escribí, así que no seaís crueles en vuestros reviews si lo encontráis ingenuo o torpe. Mata ne!
