Los personajes del excelso maestro Masashi Kishimoto no me pertenecen.

Espero que disfrutéis de la historia.

Capítulo dos

Neji y Tenten habían terminado con éxito su misión. El embajador estaba en lugar seguro y ellos podían regresar a Konoha. Sin embargo, lo primero era buscar a Lee y ver si estaba bien.

Neji iba delante, con el Byakugan activado. Tenten estaba preocupada por Lee, pero más le preocupaba estar a solas con Neji, sobre todo después de su comportamiento el día anterior. Era como si Neji no se estuviera portando correctamente y lo supiera. Y le gustara.

Neji localizó a Lee a treinta kilómetros al norte, y también detectó el chakra de la figura que estaba junto a él. Era chakra curativo. Bueno, así que Lee estaba bien acompañado. Una cosa menos de la que preocuparse.

Tenten no se había percatado, y Neji tuvo ganas de reírse diabólicamente ante la oportunidad que se le presentaba.

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Sakura había insistido en hacerle otro chequeo al día siguiente, y Lee la dejaba sin oponer resistencia. Sus manos suaves le tocaban de vez en cuando, haciendo latir su corazón con fuerza. Ella miró con sus ojos expertos la columna de Lee y la recorrió con dos dedos, haciendo que los escalofríos treparan por su espalda.

-Creo que está todo bien. Es cierto que eres un chico fuerte –dijo, con una sonrisa. Se sentó y se sirvió un té. Era genial compartir un té amargo con alguien en medio de la naturaleza.

-El mérito es tuyo, me curaste perfectamente, Sakura-san –dijo él, tomando su propia taza. Esa misma mañana había podido entrenar tan duro como siempre, y ya había tomado prestada la ropa necesaria a los ninjas derrotados.

Sakura estaba algo desilusionada por ello. Esa mañana se había despertado al escuchar los rítmicos golpes del puño de Lee en la madera. Él se había detenido un segundo, el tiempo suficiente como para que ella pudiera ver mejor su torso cubierto por el sudor y el contraste de sus brazos vendados con el resto de su piel brillante.

-Siento haberte despertado, Sakura-san – le había dicho. Pues ella no lo había sentido en absoluto. Ahora él estaba cubierto por unos pantalones y una camiseta negros. Que lástima.

-¿Vamos a seguir nuestro camino hasta Konoha? –preguntó él. Ella salió de su ensimismamiento con más rapidez que la noche anterior.

-Es lo mejor, ¿verdad? –dijo, aunque se le ocurrió una idea – De camino a Konoha hay una aldea muy famosa por su sake. ¿Te gusta beber, Lee?

Él empezó a negar con vehemencia, pero ella no se desanimó.

-Bueno, pues yo probaré ese sake y tú me acompañarás – Lee sonrió, sintiéndose el chico más feliz del mundo. Acompañar a Sakura a tomar una copa era prácticamente una cita, ¿verdad? Ah, la primavera de la juventud estaba floreciendo…

Llegaron por la tarde a la aldea. Lee caminaba por las callejuelas temiendo emborracharse sólo con el intenso olor a alcohol que flotaba en el aire. Entraron en la primera taberna que encontraron y Sakura pidió una botella de sake frío para empezar. Lee sintió algo de envidia por no poder compartir del todo el momento, pero la taberna era demasiado bonita como para estar destruida al día siguiente. Tener un talento innato para el suiken(1) acarreaba una gran responsabilidad.

A la hora Sakura estaba de un humor excelente, y charlaba animadamente con Lee sobre entrenamientos extraños.

-Una vez esa vieja loca –dijo ella, refiriéndose a Tsunade – me hizo resucitarle unos doscientos salmones sólo para dar un banquete de sashimi fresco a los dueños de una casa de juego. Esa Tsunade tiene unas deudas horribles…

Dos horas después, Sakura estaba sumergida en la depresión más espantosa de toda su vida.

-Sasuke, eres un cerdo… Toda la vida queriéndote por encima de todo, y tú ni me has mirado –balbuceó, absolutamente borracha. Lee no sabía qué hacer, los demás clientes ya estaban haciendo un motín para hacerla callar. Y él estaba ya un poco harto de tanto Sasuke.

-Sakura, será mejor que nos vayamos, ya has bebido suficiente –dijo, cogiéndola del brazo con suavidad. Ella se dejó guiar dócilmente. Llegaron a la habitación que habían alquilado dando tropezones porque ella seguía un recorrido completamente errático. Lee consiguió abrir la puerta de la habitación y la cogió en volandas, para dejarla suavemente en la cama.

Sakura estaba preciosa incluso en su estado de total embriaguez. Tenía las mejillas sonrojadas, la boca entreabierta, los brazos apoyados en la almohada y las piernas un poco dobladas. Parecía que se había quedado dormida.

Lee se sentó en la cama y la miró con ternura. Se acercó un poco más, notando como el corazón le golpeaba las costillas. Extendió la mano para recorrer todos sus rasgos con las yemas de los dedos. Sus pómulos, su barbilla, sus párpados… Todo su rostro era suave como un pétalo.

Cuando él tocó tímidamente la comisura de su boca, ella abrió los ojos perezosamente, sobresaltándole. Pero antes de que Lee pudiera musitar una disculpa, ella se levantó apoyándose en el codo y puso la mano en su nuca, atrayéndole hacia sí. Sus labios se conocieron lentamente, y Lee se sintió invadido por la humedad de la boca de Sakura. Su estómago se contraía en revoloteos de mariposa. Ella puso fin al beso y le sonrió suavemente, dejándose caer de nuevo sobre la almohada.

-Sasuke-kun…

Las mariposas del estómago de Lee se convirtieron en plomo y le hicieron sentirse mareado. Sólo pudo marcharse de la habitación e irse al bar más cercano.

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Hinata disfrutaba profundamente las aguas termales. Que gran idea había tenido Naruto. Él estaba sumergido en otro pozo unos metros más alejado, y la animaba con su charla. Aunque le hubiera prometido a Hinata que no miraría, ella todavía esperaba que él sintiera el suficiente interés por ella como para espiarla. Era tener demasiadas ilusiones, pero soñar era gratis.

Y entonces escuchó cómo Naruto salía del agua. El tiempo se paró un instante para Hinata, y un montón de demonios la aguijonearon instándola a mirarle de nuevo. Se giró a tiempo de ver el trasero de Naruto antes de que se pusiera una toalla alrededor de la cintura.

"-Lástima" –pensó Hinata, sorprendiéndose enormemente.

Naruto giró la cara un segundo y la sorprendió mirándole. Antes de que ella viera que él la había descubierto, Naruto giró la cara y disimuló. Una gran sonrisa diabólica se esculpió en su cara. Caminó alrededor del fuego, recogiendo alguna cosa, y dejó caer la toalla. La volvió a poner en su sitio con lentitud deliberada y se giró ligeramente para ver los frutos de su acción.

Hinata no estaba en la terma. Naruto se acercó desconcertado y la vió sumergida en el fondo, inconsciente.

-¡Maldita sea! –exclamó, saltando al agua para sacarla. En ese momento no tenía muchos pensamientos eróticos en su cabeza, la idea de que Hinata se hubiera ahogado por su culpa bastaba para dejarle mentalmente castrado.

Ella recuperó la conciencia en cuanto salió del agua. Naruto respiró aliviado mientras la sacaba con cuidado, apoyando los pies en las rocas suaves del fondo. Hinata no se sentía capaz de decir una palabra, sólo dejó que él la cubriera con una gran toalla amarilla y se quedó sentada, esperando que él se pusiera furioso por haberle espiado.

-Debe haber sido el calor del agua, ¿verdad, Hinata? –dijo, sorprendiéndola. Lo mejor, pensó él, era dejar el tema, bastante nerviosa se había puesto ya. Dos desmayos en un día eran suficientes.

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Shikamaru se estiró apoyando las manos en los riñones. Había montado el campamento, pescado algo para cenar, encendido el fuego y aguantado todas las quejas de Temari.

-Los sacos de dormir están orientados hacia el norte(2) –dijo ella. Él la ignoró deliberadamente. Temari quiso levantarse y hacerlo ella misma, pero sólo consiguió marearse, y el olor del pescado asándose lentamente al fuego la hizo sentirse más débil todavía. Bueno, pues se pondría al revés cuando fuera a dormir.

-Normalmente, si uno está siendo atendido por otra persona, le deja hacer con la boca cerrada, sin quejarse por todo –dijo Shikamaru, dándole la vuelta al pescado. De repente el estómago de Temari manifestó su opinión con un rugido ensordecedor. Él sonrió y sacó el saco de arroz que llevaba.

-¿Dónde se supone que vas a hacer el arroz? –preguntó ella. Él contestó sacando una especie de lata rectangular con tapa y asa.

-Es algo rústico, pero funciona muy bien –dijo. Había descubierto un manantial detrás de los árboles que rodeaban el claro, además de unas aguas termales un poco más lejos. Sería genial darse un baño caliente antes de cenar..., pensó, acuclillado a la orilla del manantial.

-¡Oye, genio, ¿tendremos arroz o no?! –gritó ella desde el campamento. Él suspiró y cogió el agua.

-Vale, vale, ya voy –dijo – Mendokusai…

Temari creía que se iba a morir de hambre. Necesitaba comer algo o empezaría a devorarse a sí misma. Dios, se comería hasta las espinas del pescado en cuanto lo tuviera en su poder. La boca se le hizo agua cuando Shikamaru puso las truchas en los platos.

-El arroz tardará un poco más, pero ve comiéndote esto –dijo, apiadándose de ella. Parecía que iba a desmayarse de hambre. Temari no necesitó que se lo dijeran dos veces, limpió el pescado perfectamente y esperó con ansia el arroz después de chuparse los dedos. Por lo menos ya no se sentía al borde de la inanición. Hasta tenía ganas de hablar.

-¿Qué hacías tú por aquí? –le preguntó.

-Tenía una misión –dijo él, removiendo el arroz – Algo muy fácil. Y entonces me caíste encima.

Temari se removió incómoda. Se quitó una pelusa inexistente del kimono y miró erráticamente de un lado a otro.

-Si lo que quieres es que te dé las gracias…

-No hace falta –le interrumpió él – Toma.

Temari comió su arroz con bastante más delicadeza que antes (hasta usó los palillos). Aún se sentía un poco incómoda, no le gustaba depender de nadie, y toda esa situación la superaba.

Terminaron de comer al ponerse el sol. Una hora perfecta para darse un baño, pensó Shikamaru. Se levantó deseando que ella no dijera nada. Sólo veinte minutos de paz, sólo eso.

-¿Dónde vas?

Mierda.

-Hay un manantial de agua caliente detrás de los árboles –admitió él – Voy a darme un baño.

Ella no dijo nada durante un segundo. Cuando Shikamaru creía que iba a poder disfrutar de un momento de tranquilidad, escuchó el resoplido malhumorado de Temari. Se giró bruscamente, enfadado de verdad.

-¿¡Qué te pasa ahora!? –preguntó.

-Nada. Pero es realmente considerado por tu parte el no decirme que podía darme un baño.

-Bueno, no me pareció importante. ¿Es que te quieres bañar conmigo?

Ella se giró como un resorte.

-Joder, no.

-Pues entonces me voy. Ya te llevaré después, así podré olvidarme por un momento que tengo a una maldita mujer cerca.

-¡Eso, lárgate!

Todavía le escuchó maldecir mientras se alejaba. Que imbécil… Ella sólo quería sentirse limpia. Había estado cinco días de misión, sin poder parar el tiempo suficiente como para bañarse a fondo. Además, debía tener sangre y polvo por todas partes. También quería cambiarse de ropa… No era justo, ahora dependía casi completamente de ese capullo de Shikamaru.

El capullo de Shikamaru se soltó el pelo antes de sumergirse por completo en el agua caliente. Se sentía un hombre nuevo. Aunque no había podido disfrutar del todo de su baño, no mientras Temari estuviera esperando que llegara su turno.

Se levantó del fondo rocoso con un suspiro de hastío. ¿La herencia genética le obligaba a ser un calzonazos? Porque así era como se sentía, presionado por una mujer hasta el punto de no poder relajarse.

Se secó lo suficiente y se puso los pantalones. Temari todavía estaba sentada, esperando. Le miró con una ceja alzada, como si nunca hubiera esperado que él fuera a buscarla. ¿Por quién le tomaba?

-¿Puedes andar? –ella asintió con fuerza y se puso en pie, pero sus piernas empezaron a temblar violentamente. Él la cogió antes de que se cayera – No sé por qué estás tan débil.

-Bueno, aparte de que he perdido mucha sangre, he comido poco y dormido menos aún durante esta misión, me alcanzó uno de los ninjas del Sonido y me colocó un sello en las rodillas. Pero puedo llegar sola al agua, no necesito tu ayuda.

Shikamaru sólo la cogió, ignorándola, y la llevó junto a las aguas termales.

La dejó en el suelo y durante un momento sólo permaneció callado, con las manos en las caderas y el ceño fruncido.

-¿Qué pasa? –preguntó ella.

-¿Cómo hacemos? –dijo Shikamaru – ¿Puedes bañarte sola?

-No te hagas ilusiones–dijo ella – Puedo hacerlo perfectamente.

-¿Y lavarte el pelo con una sola mano?

Temari calculó sus posibilidades. No podía, pero no pensaba decírselo.

-Eres una estúpida –dijo él. Temari fue a replicarle, pero la interrumpió – No mires.

-¿Qué? –preguntó ella, mirándolo con desconfianza.

-Cierra los ojos, a menos que sientas una particular curiosidad por mi trasero desnudo. Aunque eso no me extrañaría –añadió con una sonrisa sardónica.

Temari cerró los ojos con fuerza. Escuchó ruido de ropa y comenzó a alarmarse. ¿Es que Shikamaru pensaba bañarse con ella? ¿Desnudo? Quería abrir los ojos y quitarle esa idea de la cabeza, pero no quería descubrirle con los pantalones por los tobillos.

-Ya puedes abrirlos – lo primero que vio Temari fue la ropa de Shikamaru en el suelo, doblada. Miró arriba con desconfianza, pero él llevaba su toalla alrededor de la cintura – Venga, entra en el agua.

-No pienso desnudarme –dijo rápidamente.

-No tienes que hacerlo. Sólo voy a ayudarte con tu pelo y luego te dejaré sola durante media hora. ¿Te parece bien? De todas formas tenías que lavar la ropa, así que no protestes –dijo mientras se metía en el agua.

Temari dudó un poco, pero comenzó a quitarse las sandalias. Antes de poder intentar deslizarse hasta el agua, Shikamaru ya la había cogido por debajo de las rodillas y la estaba sentando en su regazo.

-Hey, más despacio, genio –dijo, envarándose. Él se sentó en el fondo y la colocó de lado, para que apoyara la espalda en su brazo izquierdo si se cansaba mucho. Dudando un poco antes de hacerlo, tiró de las gomas que sujetaban las coletas de Temari. Ella deseó por un momento que él hundiera los dedos en su pelo, para desentumecer su cuero cabelludo. Casi se le escapó un ronroneo cuando él lo hizo, desenredando algún nudo que interrumpía su caricia.

Shikamaru la cogió con cuidado por el hombro y apoyó los dedos en su frente para que echara la cabeza hacia atrás. La hundió suavemente en el agua durante unos segundos. Temari regresó a la superficie con un resoplido, y se sacudió deprisa el agua de los ojos para poder controlar a Shikamaru. Él cogió el bote de champú de Temari (¿de donde lo habría sacado?) y aplicó una buena cantidad en su rubio y espeso cabello.

-Cierra los ojos –le dijo de nuevo, pero esta vez su voz sonó extrañamente ronca. Se aclaró la garganta y siguió con su tarea, la cual no estaba resultando sencilla. El olor a frutas del champú, el tacto cremoso del cabello enjabonado entre sus manos, el peso grávido de Temari sobre sus muslos, la manera en que el kimono se le pegaba al cuerpo por el agua, todas esas sensaciones le estaban volviendo loco. Y Shikamaru no era un chico que perdiese la calma por nada, y mucho menos por una mujer.

Temari se había relajado por fin y había dejado de fruncir el ceño. Sus rasgos se habían suavizado y parecían curiosamente exóticos a la luz rojiza del atardecer. Shikamaru miró sus labios, húmedos por el agua, sus mejillas sonrojadas por el vapor caliente. Sintió ganas de inclinarse y besarla. ¿Qué haría ella? ¿Y si respondía a su beso? ¿Y si entreabría su boca hasta darle la oportunidad de saborearla de verdad?

Él notó como el calor se le agolpaba en las mejillas cuando ella abrió un ojo, extrañada.

-Deja ya de enjabonar. ¿Otra vez quedándote ensimismado?

Él se sintió particularmente descubierto con la última frase, así que volvió a hundirla en el agua antes de que pudieran ocurrírsele más ideas absurdas sobre sus labios.

-Bueno, a partir de aquí puedes seguir tú sola, ¿no? –dijo con brusquedad tras dejarla sentada en el fondo del manantial. Se aseguró de agarrar bien la toalla mojada para no perderla por el camino y salió del agua.

Temari se dio cuenta de que nunca había visto a Shikamaru tan escaso de ropa y con el pelo suelto. Que curioso… El efecto fue absolutamente demoledor. Casi podía escuchar como su razón se resquebrajaba y cedía al deseo físico.

Por suerte, Shikamaru desapareció entre los árboles antes de que Temari dijera algo de lo que podía arrepentirse.

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La lluvia había sorprendido a Neji y Tenten, pero habían encontrado una pensión para pasar la noche. Neji, llevando hasta el final sus planes maquiavélicos, había reservado una sola habitación, alegando que no había tanto dinero como creía en un principio. Tenten no dijo nada en contra. ¿Acaso no habían pasado un montón de noches durmiendo juntos en la tienda de campaña? No tenía por qué pasar nada.

Pero a las once de la noche se hizo patente que Neji no pensaba lo mismo. Tenten estaba tumbada en la cama del fondo, mirando las gotas de lluvia que se deslizaban por el cristal de la ventana, cuando él se sentó junto a ella, mirándola intensamente, recorriéndola con sus ojos blancos de arriba abajo.

-Neji, ¿qué…?-empezó a decir, pero él se inclinó y la besó en la comisura de la boca, preparando sensorialmente el terreno antes de besarla con fuerza.

Tenten forcejeó un poco, pero la habilidad de Neji la volvía débil. Sus manos la cogían por los hombros, apretándolos para que no escapara, su boca se deslizaba hacia su cuello, atacando su piel con besos húmedos que la estremecían. Tenten sólo podía quedarse quieta, actuando como el elemento paciente de la acción, dominada por los escalofríos.

Una de las manos de Neji soltó el hombro de ella y comenzó a moverse bajo su camiseta, activando todas las alarmas de Tenten.

-¿Qué haces? –preguntó, apartándose de él. Neji sólo esbozó una sonrisa suficiente y volvió a acercarse a ella, pero Tenten le dio una bofetada.

-¿Qué-haces-Neji? –volvió a preguntar, apretando los dientes y pronunciando con furia cada palabra.

-Venga, Tenten, no hace falta que te hagas la difícil, sé que te he gustado siempre. Y ahora ¿por qué no seguimos…?

Un kunai pasó peligrosamente cerca de su ojo derecho y se clavó en la pared detrás de él. Tenten sostenía otros tres entre sus dedos.

-¿Que sabías que me has gustado siempre? Claro, y el conocer esa información te ha hecho creer que yo iba a recibir con los brazos abiertos cualquier "iniciativa" tuya. –él fue a decir algo, pero ella le interrumpió – No, cállate. Has cogido mis sentimientos, los has amoldado a tus necesidades y me los has tirado a la cara. Yo creo que no estás en posición de decir nada, Hyuga Neji.

-Creo que estás exagerando –dijo él, con su frío tono de voz habitual. Tenten se marchó de la habitación, sintiendo como su furia crecía y ponía en ebullición su chakra. Cerró la puerta antes de que la tentación de arrojarle todas sus armas fuera demasiado fuerte.

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Temari nunca había estado en una situación tan embarazosa. Había conseguido bañarse, pero cuando iba a salir, se dio cuenta de que Shikamaru no había traído su ropa.

-Ese estúpido se trae el champú y no me deja aquí la ropa limpia –masculló, regresando otra vez a agua. Ya estaba peligrosamente roja por el calor, pero no tenía otra cosa que hacer. La media hora de intimidad que le había prometido él estaba terminándose, debía estar a punto de llegar. Al fin escuchó sus pasos sobre la hierba, y se dio la vuelta deprisa. Shikamaru esperaba encontrarla vestida. Había rezado por encontrarla convenientemente cubierta. Era lo único que podía evitar que sus pensamientos volvieran a circular por terreno peligroso.

Lamentablemente, en lugar de encontrarse a una Temari envuelta en siete capas, se la encontró absolutamente desnuda, aunque metida en el agua hasta el pecho y dándole la espalda.

-Temari –dijo, tapando su nerviosismo con un tono de voz apático – Creo que te dije que en media hora estaría aquí.

-Si no hubieras olvidado mi ropa limpia junto al fuego, esto no habría pasado, genio – contestó ella, cada vez más incómoda. Para él era fácil, no estaba dentro de una charca con el trasero al descubierto.

Shikamaru se dio un golpe en la frente y fue a por la maldita mochila de Temari. Era mejor llevarle la bolsa entera, no quería toparse con cosas como ropa interior al rebuscar dentro. Temari no se movió hasta que estuvo segura de que él se había marchado. Miró dentro de su mochila y lo que vio la dejó sumida en la desesperación. "¿Pero qué demonios...?", pensó.

Unos minutos después, Temari llamó a Shikamaru. Él volvió junto a la terma y tuvo que contener una sonrisa, porque sabía que Temari le mataría si no lo hacía.

-Bonita camiseta –dijo, tan sólo. Le sentaba bien el rosa y los conejitos.

Ella miró la ropa, roja como una cereza. Maldita sea, iba a matar a Kankurô por gastarle esa broma. Tenía la costumbre de cambiarle cosas en la mochila, pero con la camiseta de conejitos había llegado demasiado lejos. Todo su orgullo clamaba venganza.

-Cállate y ayúdame –dijo ella, cogiendo su ropa húmeda y alejándola de su cuerpo para no mojarse. Shikamaru cogió la mochila y una toalla pequeña que ella había usado.

-¿Puedes andar? –ella asintió. Todavía le fallaban las piernas de vez en cuando y no se sentía lo suficientemente fuerte como para manejar su abanico, pero al menos podía caminar con algo de dignidad. Además, la crema de hierbas que él le había dado y el agua caliente le habían bajado la inflamación del hombro.

Antes de sentarse, le dio la vuelta al saco de dormir, para orientar la cabecera al sur. Él no dijo nada, pero Temari sabía que se estaba guardando algún comentario sarcástico. Ya dentro del saco, Temari le observó hacer algunas tareas, como dejar más leña junto al fuego y colgar su ropa húmeda en las ramas de los árboles. Ella agradeció el gesto, pero no dijo nada.

Shikamaru sacó una camiseta de la mochila, para luego empezar a quitarse el chaleco, su camisa negra y la camiseta de red. Se sentía tonto, podía haberse puesto la ropa de dormir inmediatamente después del baño, pero en esos momentos no había razonado mucho. Temari le miraba desde el otro lado del fuego, seria. En realidad ella estaba teniendo una batalla interna para que su cara no reflejara lo que estaba pensando. Él no sospechó nada, sólo pensó que a ella le ponía nerviosa su continuo deambular. Se cambió y se tumbó en el saco boca arriba, mirando las estrellas. Escuchó cómo ella se movía y la miró. Temari también estaba mirando al cielo. El resplandor anaranjado del fuego le iluminaba el perfil y hacía que su pelo brillara con reflejos extraños. Se lo había dejado suelto, y se le alborotaba hasta tumbada. Había sido muy agradable hundir los dedos en él…

Recordó la curva de sus hombros dentro del agua caliente, cómo tenía la cabeza ligeramente girada hacia él, el aspecto de su piel entre el vapor.

"-Necesito una ducha fría" –pensó. Se levantó bruscamente y removió el fuego hasta que quedó reducido a unas ascuas. No quería verla tan claramente, era peligroso. Ella se sobresaltó. ¿A qué venía tanta oscuridad? Se apoyó sobre el codo y le miró con las cejas arqueadas.

-¿Qué? –dijo él, hostil.

-Ni se te ocurra intentar nada raro –dijo ella, agarrando un kunai. Shikamaru se sonrojó profundamente, pero la escasa luz ayudó a mantener su reacción en el anonimato.

-¿Y qué querría intentar yo contigo? Eres tú la que pagaría por estar conmigo.

Temari se irguió, sintiéndose ligeramente pillada en falta.

-No seas tan presuntuoso –dijo, acercándose a él. – Todavía me pregunto por qué "se te ha olvidado" llevarme la ropa para cambiarme.

-Cómo si a mí se me ocurriera hacer algo tan rastrero –contestó él, acercándose también a ella. Estaban a medio metro de distancia – Eres tú la que se me come con los ojos.

Esto era pura hipótesis, pero la manera en que Temari bajó la mirada le hizo sentir que había dado un paso más hacia la victoria.

-Que más quisieras –dijo ella, apretando los dientes – O quizá estoy equivocada. Después de todo, esa manía que les tienes a las mujeres resulta ligeramente sospechosa –añadió, extendiendo el pulgar(3).

Fue la gota que colmó el vaso. Una cosa era que atacaran su comportamiento, pero otra era que lanzaran dardos a su masculinidad. Shikamaru apoyó con brusquedad su mano en la nuca de Temari y la atrajo hacia sí, besándola con crudeza. Ella retrocedió un poco al principio, pero el desdén con que él la besaba la puso furiosa. ¿Cómo se atrevía a permanecer indiferente? Se apretó más a él y correspondió hambrientamente a su contacto, dispuesta a hacerle confesar lo mucho que la deseaba. Era un juego peligroso, pero no estaba dispuesta a rendirse. Y, por supuesto, Shikamaru no podía perder ante una mujer.

Ninguno de los dos tenía los ojos cerrados, sino que permanecían con la vista fija en el "enemigo". Temari le empujó para que se sentase y luego se colocó encima de él, rodeándole la cintura con las piernas. Si eso no hacía que se rindiese, nada lo haría.

A Shikamaru le costó permanecer impasible, pero espantó la agradable sensación del trasero de Temari sobre su regazo quitándose la camiseta y preguntándose cómo se la quitaría a ella. No quería hacerle daño en el hombro, así que la rasgó con un kunai de arriba abajo. Temari jadeó sorprendida. Él mordió suavemente el punto donde se unían su cuello y su hombro mientras le deslizaba los restos de la camiseta por los hombros. Temari le agarró con fuerza del cabello para no gemir, pero no funcionó, aunque al menos hizo que él también gruñera con satisfacción. Alentada por esa pequeña conquista, continuó dándole tirones suaves mientras le besaba, a veces con suavidad, a veces con furia.

Finalmente, ella le dio un empujón enérgico para que se tumbara. Disfrutando del control que ejercía de momento, Temari continuó torturándole.

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Jeje, os voy a dejar con las ganas... Pero que par de malos perdedores son Shikamaru y Temari... La historia continua, así que no os entretengo más con mis estúpidos comentarios, ¡seguid leyendo!

Aclaraciones :

1.Suiken : el puño borracho.

2.En Japón se considera que orientar la cabecera de la cama al norte es un mal augurio, porque allí entierran a los muertos de esa manera.

3.En Japón, cuando se extiende el meñique, das a entender que el tema que tratas va sobre mujeres, y si extiendes el pulgar, sobre hombres. O sea, que Temari está diciendo a Shika que le van los tíos. Normal que se cabree, el pobre.