Los personajes del excelso maestro Masashi Kishimoto no me pertenecen.
Espero que disfrutéis de la historia.
Capítulo tres
A pesar de lo confortante que era el calor del fuego, Naruto no conseguía sentirse cómodo. Si antes había pasado por alto la desnudez de Hinata, ahora no podía parar de pensar en ella. Especialmente desde que había ido a vestirse tras los matorrales. La idea de pillarla en mitad de la tarea de ponerse el pijama le tentaba demasiado.
Ella salió, apartando algunas ramas. Se había puesto un pijama rojo de manga larga. Por lo menos iba bastante cubierta, si hubiera traído algo como un camisón, Naruto se hubiera lanzado a su cuello.
-¿Mejor, Hinata? –preguntó. Ella asintió con timidez y se sentó junto a Naruto en su saco de dormir. Él sonrió con nerviosismo y se quitó la sudadera. Su cuello alto de lana lo ahogaba.
Hinata le miró preguntándose por qué estaba tan inquieto. Quizá se sentía incómodo con ella al lado. Su mirada se volvió tan triste que Naruto se olvidó de sus precauciones y la rodeó los hombros.
-¿Ocurre algo? –dijo. Ella sólo miró hacia otro lado, juntando los dedos.
-Yo… si no estás a gusto… no hay ningún problema… me iré.
-¿Qué? No me pasa nada, Hinata, ni se te ocurra irte, nosotros… -perdió el hilo al mirarla a los ojos. Sus pestañas estaban húmedas, y tenía las mejillas algo menos rojas que de costumbre. Naruto pensó que si no tocaba esa piel tan suave y blanca, se moriría. Despacio, se inclinó y la besó en la mejilla.
Hinata se llevó la mano a la cara, sorprendida y definitivamente ruborizada. Él despertó de golpe y se levantó, revolviéndose el pelo, sin saber cómo salir bien parado de esa situación.
-Lo…lo siento, Hinata. No sé por qué lo he hecho, yo…
Hinata le cogió del borde de la camiseta y tiró para que regresara a su sitio junto a ella. Naruto la miró sorprendido, pero se arrodilló de nuevo en el suelo.
-No te disculpes, Naruto-kun –dijo, antes de acercar su cara a la de él. Tras un segundo de espera, Hinata le besó.
Ambos eran bastante inexpertos, pero no salió muy mal. Se separaron bruscamente para tomar aire y volvieron a besarse, con algo más de lentitud.
Casi sin darse cuenta, él la empujó para que se tendiera sobre su espalda. Los besos fueron cambiando, dejaron de ser exploratorios y se volvieron saciantes, las caricias fueron más audaces y traspasaron el límite de la ropa. Sus respiraciones se entremezclaban, pesadas y calientes, y pronto el contacto les pareció insuficiente. El deseo de rozarse, piel con piel, les superó.
Naruto desabrochó los botones del pijama de Hinata, sin dejar de mirarla a los ojos. Ella levantó la mano para hundirla en el pelo de él. Su mano agarró con fuerza esos mismos cabellos cuando sintió una lengua caliente saboreando su cuello, su clavícula, su pecho. Fue lo último que recordó Hinata antes de sumergirse en una nebulosa de escalofríos y gemidos.
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Shikamaru estaba en problemas. En graves problemas. ¿Cómo había llegado a esa situación? Malditas hormonas y maldita Temari.
"-Mierda, estoy perdiendo esta batalla" – pensó. Todavía no había conseguido reunir fuerzas para ponerse encima de ella. Pero es que ya estaban en la recta final, y era tan agradable sentirla encima suyo, moviéndose sobre él y haciendo todo el trabajo… Encima le había empezado a mordisquear el lóbulo de la oreja, el cuello, el hombro… Era como si Temari le rodease por completo, abarcando todas sus terminaciones nerviosas.
Pero él era el hombre, maldita sea, y no iba a ser el primero en tener un maldito orgasmo. Lo último que quería era que le acusaran de eyaculador precoz. Mascullando un "-Mendokusai…", comenzó a rodar, hasta quedar encima de Temari. Ella gruñó, molesta. Estaba llevando perfectamente la situación, ya casi lo tenía. Si él se mostraba más participativo podía acabar perdiendo.
"-Piensa en algo anti-erótico" – se dijeron los dos a la vez.
"-Las marionetas siniestras de Kankurô" –pensó ella.
"-Ino por las mañanas, con esa mascarilla de pepino en la cara" –pensó él.
"-Los escorpiones".
"-Las serpientes".
"-Uñas sobre pizarra"
"-Asuma Sensei en los baños públicos".
"-Gaara en tanga".
"-Una buena partida de shôgi" –por desgracia, eso le resultó más excitante de lo que pensaba. Shikamaru apretó los dientes e intentó moverse más despacio. Temari no iba a consentírselo. Apretó más las piernas en torno a su cintura y le clavó las uñas en los hombros. Acercó los labios a su oído con una sonrisa maquiavélica.
-Shikamaru… -susurró, medio gimiendo.
Fue lo único que hizo, pero toda la concentración de Shikamaru se fue a la mierda. Él maldijo en silencio a esa manipuladora de Temari por usar juego sucio. Shikamaru creyó que iba a morirse. No podía aguantar toda esa presión, y además ella no paraba de tocarle por todas partes. Como último recurso, usó el Kagekubishibori no jutsu en sus muñecas, para mantenerla quieta un segundo. Era un gasto inmenso de energía en esas circunstancias, pero llegado a ese punto, pensó que era necesario.
Temari estaba ahora contra las cuerdas. No era sólo que él hubiera tomado el control de toda la situación, sino que, además, todo ese rollo del sometimiento y el bondage le excitaban bastante. Antes de darse cuenta, Temari se contrajo, abrazando a Shikamaru con toda la fuerza de su clímax.
-Joder, Temari, ya era hora –dijo Shikamaru ahogadamente, al liberar toda la tensión del momento. Si no hubiera sido tan vago, hubiera soltado un grito de victoria, pero en esos momentos sólo abrazó a Temari y… se dejó llevar.
Ella se apartó de él, cabreada, pero todavía la sacudían los escalofríos y la respiración irregular. Shikamaru miraba las estrellas con una media sonrisa, intentando recuperar el aliento. Unos segundos después se tumbó mejor sobre el saco de dormir. Temari se mantenía algo alejada, con los ojos cerrados y el ceño profundamente fruncido. Shikamaru pensó que se volvería a su propio saco, y eso le molestó bastante. No quería que ella se cabreara, todo ese lío había empezado por su manía de tocarle las narices.
Pero Temari dejó a un lado la soberbia y se acercó a él. Tenía frío, qué demonios. Él extendió el brazo para que se tumbara sobre su pecho y la abrazó. Habían firmado una tregua de momento.
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Sakura se despertó con brusquedad y automáticamente se sintió mal. No es que tuviera resaca, era más bien algo emocional. Recordaba vagamente que había bebido mucho, que Lee la había traído a la habitación.
Y luego, en medio de sus sueños, había aparecido Sasuke. Cómo en la mayoría de sus escapadas oníricas, Sasuke la había besado.
Y de repente había aparecido Lee. Sólo un segundo, un electrizante segundo, pero había bastando para confundirla. ¿Lo había soñado? En ese caso, ¿por qué lo había soñado? Sasuke era el protagonista indiscutible de sus ensoñaciones, no Lee. Lee no podía besarla en sus fantasías.
Pero el racionalizar la situación no la ayudó en absoluto. Se vistió sintiéndose perdida y triste, y bajó a la entrada de la pensión. Tardó un rato en reconocer a la figura que estaba tumbada en el suelo, de lado, acurrucada como un niño.
¿Cómo es que Lee estaba dormido en el recibidor y no en su habitación?
Se acuclilló a su lado y le miró dormir. Una sonrisa llena de dulzura fue curvando su boca, y tocó suavemente su pelo, apartándoselo de los ojos. Sintió su respiración en el dorso de la mano, cálida y gentil. Cuando iba a rozarle la mejilla con la punta de los dedos, él gimió dolorosamente, asustándola.
-¿Sakura-san? –dijo, mirando a su alrededor, confuso. Se llevó la palma de la mano a la frente. Nunca le había dolido tanto la cabeza.
-Espera, te traeré algo –dijo Sakura. Regresó a los pocos minutos, con un vaso grande de té de cebada helado. Lee lo apuró en tres grandes tragos, sintiéndose un hombre nuevo. Pero al recordar lo que había pasado la noche anterior, sus rasgos se ensombrecieron. Sentía una angustia amarga en el pecho al mirar a Sakura. Ella se dio cuenta de que las vendas de los puños de Lee estaban manchadas de sangre.
-¿Se te han abierto las heridas? –dijo, cogiéndole la mano. Él la retiró enseguida, con una sonrisa forzada.
-No es nada, Sakura-san, estoy bien –su puso en pie enseguida y subió las escaleras a toda velocidad. No quería explicarle a Sakura que lo que manchaba sus vendas era la sangre de otras personas.
Había sido una mala idea irse a un bar después de su desengaño. Muy, muy mala idea. Lee se había sentado en la barra y había pedido una botella de sake tibio, esperando ahogar sus penas. No había empezado a usar el suiken ni a destrozar el local inmediatamente. Sólo perdió la calma cuando un borracho se chocó con él. Lee le había mirado, notando cómo su ira aleteaba alrededor de él, rebasándole y a punto de desbocarse. Y además el tipo había sido terriblemente maleducado. Si se hubiera disculpado, Lee podía haberse controlado. Al parecer su depresión actuaba como tranquilizante, apagaba la euforia que normalmente le infundía el alcohol. Pero las cosas no habían sido tan sencillas.
-Apártate de en medio, mocoso –esas habían sido las palabras fatales. Lee se había levantado de su silla con los puños apretados - ¿Quieres pelea, niñato?
No le había dado tiempo a decir más, porque Lee le había mandado fuera del local de una patada, para salir tras él y terminar de darle una paliza.
El otro le había mirado con odio y se había levantado. Había dado una palmada y diez hombres más habían rodeado a Lee. El tipo debía ser alguien importante, pero a Lee eso le dio igual. Comenzó a dar golpes hasta que se vio sólo, de pie y jadeante, en medio de los cuerpos esparcidos por el suelo. No creía haber matado a ninguno, a juzgar por lo mucho que lloriqueaban. Había regresado dando tumbos hasta la pensión y se había dejado caer en el recibidor.
Y lo siguiente había sido Sakura. Lee volvió a sentir ese dolor en el pecho. No se veía capaz de afrontar el resto del viaje a su lado, queriéndola tan intensamente, pero sabiendo que no tenía ni la más mínima posibilidad. Si después de tanto tiempo ella seguía queriendo a Sasuke…
Sakura le esperaba al pie de las escaleras con la mochila al hombro, lista para salir. Él respiró hondo antes de bajar. Sakura tampoco parecía muy contenta, y eso le hizo sentir peor.
¿Era egoísta mostrarse frío con ella? De acuerdo, él estaba hecho polvo, pero ella pasaba por una situación similar, Sasuke la ignoraba completamente, y eso debía deprimirla. Vaya pareja… pensó Lee. Ambos víctimas de un amor no correspondido.
-Vámonos, Sakura –dijo él, antes de sumirse en un mutismo algo más que reflexivo. Ella se sumergió en un silencio igual sin añadir una palabra.
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Ino estaba anonadada. Chôji había regresado a la tienda a por más flores, con una expresión de felicidad que tiraba por tierra todos los pensamientos pesimistas que había tenido. Y no había nada más molesto para Ino que descubrir que estaba equivocada. ¿O sería otra cosa lo que le molestaba? Antes de sacar algo en claro sobre esta nueva reflexión, Chôji la tocó en el brazo, devolviéndola a la realidad.
-Ino, te he dicho que me pusieras otro ramo –dijo con una sonrisa satisfecha.
-Ah, sí, claro. Bueno, casanova, ¿cómo te fue con ella? –dijo ella mientras cogía unas cuantas rosas amarillas.
-Bien… -dijo él, sonrojándose bajo las marcas de sus mejillas. Eso dejó a Ino todavía más desconcertada. Una profunda arruga marcó su entrecejo mientras entremezclaba las rosas con unos lirios púrpuras. Pues vaya… Tenía que alegrarse por él, ¿no?
-Aquí tienes, Chôji, espero que le gusten –dijo, con una mueca en la cara que transparentaba demasiado sus sentimientos. Él la miró con preocupación, apoyando su mano vendada en la de Ino. Ella le miró a su vez, sintiéndose un poco agitada.
-¿Estás bien, Ino? –preguntó, acariciando su piel distraídamente.
-Perfectamente –dijo ella, notando algo raro en el estómago – Venga, no está bien que te preocupes sin motivos por mí teniendo a esa chica estupenda esperándote.
Chôji cogió el ramo y se marchó con una expresión inescrutable en la cara, dejando a Ino detrás del mostrador. Todavía notaba el calor en sus mejillas y en el dorso de su mano, donde antes había estado la de él.
"-Yamanaka Ino, creo que estás perdiendo el control de la situación". Eso es lo que le hubiera dicho su "Ino Interior", si es que hubiera tenido una. Pero la dualidad de personalidades era algo exclusivo de Sakura.
¿Por qué le molestaba tanto que sus amigos conocieran otras chicas? Bueno, Shikamaru parecía no tener ningún interés en las mujeres, hasta rozar la misoginia. De todas formas, no le costaba tanto trabajo aceptar a una hipotética amiguita de Shikamaru. Pero Chôji…
El sonido de la campana de la puerta difuminó sus pensamientos, pero no su desconcierto.
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Hinata abrió los ojos con dificultad sólo para ser cegada por el sol. Apretó la cara contra la espalda de Naruto, hasta que sus ojos se acostumbraron a la luz. Naruto se despertó al notar la punta de la nariz y el flequillo de Hinata contra su piel. Se giró con un bostezo y fijó en ella sus ojos hinchados por el sueño.
-Ohayo –le dijo con voz ronca. Ella se ruborizó intensamente. Naruto se comportaba como si toda aquella situación fuera lo más natural del mundo. Todavía estaban desnudos, parcialmente tumbados sobre la hierba, y él la abrazaba, manteniéndola cerca y disfrutando de su calor femenino y dulce.
-Naruto-kun… Yo… tengo que bañarme –dijo ella, juntando sus índices con dificultad entre los brazos de él.
-Es una idea genial, Hinata –dijo, levantándose con energía. Le tendió la mano para ayudarla a levantarse, pero Hinata estaba demasiado avergonzada por su desnudez como para ponerse en pie.
Así que Naruto la levantó en volandas y la llevó hasta uno de los manantiales de agua caliente, donde la dejó caer sin muchos miramientos. Ella salió jadeando, pero no tuvo tiempo de protestar. Naruto ya estaba dentro del agua y la besaba con fuerza, encantado con la sensación de sus labios mojados y calientes. Hinata superó el sonrojo y le abrazó con suavidad, acariciándole y provocándole escalofríos con las puntas de los dedos.
-Hi…Hinata-chan –jadeó él contra su boca. Ella sonrió sorprendida. Era la primera vez que escuchaba a Naruto tartamudear.
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El otro miembro de la familia Hyuga no estaba tan contento como Hinata. Neji caminaba sin parar por la habitación que había conseguido, como una pantera enjaulada. El rechazo de Tenten le había dolido más de lo que hubiera querido admitir. Ya no era sólo que no pudiera satisfacer un deseo físico, sino que había perdido un gran apoyo moral. Durante años los inagotables gritos de ánimo de Tenten le había ayudado, y esos sentimientos que sentía por él le hacían sentir especial.
Pero ella había demostrado estar por encima de esos sentimientos. Algo digno de la kunoichi legendaria que quería ser.
Un par de golpes impacientes en la puerta le sacaron de sus cavilaciones. Neji asomó la cabeza y vio la espalda de Tenten.
-La recepcionista me dijo que estabas en este cuarto –se giró y le miró con un enfado muy mal disimulado - Será mejor que dejes de hacer el vago y te pongas en marcha, porque yo me voy ya a buscar a Lee.
-Lee está bien –dijo Neji. Ella le miró extrañada – Le vi con el Byakugan ayer, y estaba rebosante de chakra.
Estas palabras sólo tuvieron por recompensa otra bofetada más fuerte que la de la noche anterior. La cara de ella era una máscara de furia.
-¿Sabías que Lee estaba bien y no me dijiste nada? –Neji no contestó, sólo se tocó con cuidado la mejilla – Eres el hombre más rastrero que he conocido.
Estupendo, pensó Neji, más "elogios".
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Shikamaru no sabía cómo sentirse. El enfado era una opción bastante válida, teniendo en cuenta que había tenido que defender su masculinidad de la única manera posible, y esta manera requería demasiado movimiento para tratarse de Shikamaru. El hastío era otra alternativa, porque había ido a líarse con una de las mujeres más mandonas del mundo, quizá superando incluso a su madre.
Y luego estaba la satisfacción que inundaba su pecho y que dejaba fuera de lugar a las otras dos sensaciones. Estaba contento consigo mismo por varias razones. Una, había demostrado con creces su hombría. Dos, había ganado la batalla con Temari, la había hecho sucumbir al clímax. Tres, él también había disfrutado enormemente.
Y, por último, estaba siendo abrazado por una de las chicas más guapas que había conocido, una chica que no sólo era un estímulo visual, sino que también constituía un constante reto intelectual.
Lo único que empañaba este sentimiento era el miedo a la reacción de Temari. Seguro que ella no estaba precisamente contenta. En fin, de momento Shikamaru la miraba dormir, con un brazo detrás de la cabeza y el otro rodeándola, sintiendo la respiración suave y acompasada de ella sobre su pecho. El aroma de su pelo le había rodeado por completo, y el calor que desprendía su cuerpo le hubiera hecho ronronear.
Temari se despertó, pero no abrió los ojos. Quería esperar unos segundos más a su encuentro con la realidad. Se sentía, como mínimo, descontenta consigo misma. Sí, vale, había sido increíble, pero una derrota era una derrota. Y perder contra Shikamaru le resultaba especialmente difícil de aceptar. Era mucho más sencillo permanecer tumbada sobre él, escuchando los latidos del corazón bajo su piel cálida, que abrir los ojos y ver una mueca de superioridad.
Cuando al fin abrió los ojos y le miró, Temari se encontró con una mirada sencilla y cálida, algo somnolienta, quizá, pero en absoluto prepotente.
-¿Cómo estás? –preguntó él, cogiendo el montón de ropa desechado para usarlo de almohada. Así tenía los dos brazos libres para cerrarlos en torno a ella.
-Bien –dijo ella, notando un molesto rubor en la cara. Se suponía que él no iba a ser atento o dulce. Él iba a aprovecharse de su victoria, la iba a cantar a los cuatro vientos, eso era lo que hacían los chicos, ¿no?
-No me sorprende –dijo él, permitiéndose una sonrisa satisfecha. Temari pasó de la confusión a la ira en un tiempo récord. Se levantó de golpe arrastrando el saco de dormir y cubriéndose con él. Miró a Shikamaru, que se había quedado sobre la hierba, sorprendido y desnudo.
-¿Conque te sientes muy satisfecho de ti mismo, eh, genio? –dijo, sujetando con fuerza la tela alrededor de su cuerpo – Pues será mejor que os deje a ti y a tu enorme ego masculino a solas, para que comentéis la actuación de anoche.
Dicho esto, se giró para irse, pero Shikamaru se levantó y la adelantó tras ponerse la ropa interior, con la mochila en la mano. Se paró frente a ella, enfadado y bastante desilusionado. Que estúpido por su parte pensar que las cosas podían ser sencillas, que no tenía que medir sus palabras antes de pronunciarlas.
-No hace falta que te vayas, ya me voy yo. Cualquier cosa con tal de no tener que discutir contigo, porque no hay quien te entienda. Ayer me acusabas de no ser lo bastante hombre, y hoy me hablas de "egos masculinos". Pues bien, mi ego y yo nos vamos, a ver si estando sola te tranquilizas.
Shikamaru encontró difícil caminar con dignidad, porque tenía unas agujetas horribles en músculos que ni sabía que existían. Aún así, se las compuso para llegar hasta la terma. El agua caliente casi le despega la piel de los huesos, pero se sintió mejor. Maldita mujer… Esperaba que a ella le doliese todo tanto como a él.
Y Shikamaru no se equivocaba. Cuando Temari empezó a vestirse, casi escuchó a sus músculos gritar. "-Tanto esfuerzo anoche para acabar cabreados" –pensaron los dos al unísono. Ella siguió recogiendo sus cosas, pero, súbitamente, sintió un pinchazo agudo detrás de las rodillas. El sello iba fortaleciéndose, bloqueando su circulación allí donde la había alcanzado. Maldita sea… No quería seguir dependiendo de Shikamaru, sobre todo después de haber perdido contra él. Cuando apareció entre la maleza, vio que Temari estaba sentada en el suelo, apretando los puños y agachando la cabeza.
-¿Qué pasa ahora? –preguntó, no sin preocupación. Ella miró hacia todas partes menos a su cara, intentando no parecer indefensa.
-Nada grave, este maldito sello está empeorando –dijo – Estaré bien en unos minutos.
-No puedes andar, ¿verdad? –dijo él, acuclillándose frente a ella. "-No me mires con compasión" – pensó ella. Él sólo parecía terriblemente molesto.
-Mendokusai… -musitó, mientras recogía lo que quedaba en el campamento, incluido el abanico de Temari – Mira, sólo quedan un par de kilómetros para llegar a Konoha, así que será mejor que nos pongamos en marcha.
Temari parpadeó sorprendida. Él seguía enfadado, pero al parecer había decidido comportarse con madurez.
-¿Y para qué voy a querer ir a Konoha? –dijo.
-Para que te quiten ese sello y puedas volver tú sola a tu villa – ella asintió – Bien, es agradable ver un poco de colaboración.
Shikamaru se colgó la mochila por delante y esperó a que ella se pusiera la suya. Luego se agachó para que subiera a su espalda. Temari le agarró de los hombros y movió las piernas hasta rodearle la cintura, lo cual fue bastante doloroso.
Él agarró el abanico de Temari y se lo apoyó horizontalmente en los riñones, para que ella pudiera apoyar el trasero y no se cansara. Iban a ser un par de kilómetros horribles, pensó Shikamaru. Debía llevar unos ochenta kilos a la espalda.
Llevaban veinte minutos andando cuando a él se le presentó otro problema. Pese a estar todavía enfadado con Temari por ser una aguafiestas sin remedio, el tenerla tan cerca, sintiendo sus piernas alrededor y su pecho contra su espalda, estaba trayéndole recuerdos muy agradables de la noche anterior. Shikamaru empezó a sudar conforme la excitación se hacía más y más insoportable.
"-Malditas hormonas… Pueden hacer que un hombre retroceda en la cadena evolutiva" – pensó. Temari se agarró más a su cuello, hasta que él notó el calor de su respiración en su nuca. Estaba demasiado cansado como para pelear contra el deseo físico, pero después de la pelea que habían tenido, no podía decirle sin más a Temari que quería volver a hacer el amor con ella. Con eso sólo conseguiría una fractura craneal. Kuso, los hombres estaban realmente supeditados a las mujeres.
Temari también estaba bañada en sudor, pero en su caso era el dolor agudo en sus piernas lo que lo provocaba. Como ninja de la Arena, tenía un umbral del dolor bastante alto, pero le estaba costando trabajo no gritar.
Shikamaru notó como le clavaba las uñas en los hombros, justo donde se las había clavado la noche anterior, y notó como se le doblaba la rodilla izquierda. La miró de reojo con la respiración agitada.
-Perdón –dijo ella, apretando los dientes. Él se dio cuenta de lo que ella estaba sufriendo, lo cual ayudó en parte a rebajar su excitación. Pero todo se fue al traste cuando ella, sin poder aguantar más, le mordió en el cuello mientras gemía dolorosamente.
Las puertas de Konoha aparecieron ante ellos, rescatándolos de su infierno personal.
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Y ahí va el tercer capítulo. Sigamos con el resto, me he propuesto subir todo el fic de golpe, lo estoy revisando a toda velocidad para que lo tengáis completo lo antes posible. Mata ne.
