Los personajes del excelso maestro Masashi Kishimoto no me pertenecen.
Espero que disfrutéis de la historia.
Capítulo cuatro
-Bueno, ya estamos en casa.
-Sí… Por fin.
Sakura y Lee miraban al suelo abatidos. Seguramente esas dos frases eran las más largas que habían pronunciado desde que habían salido de la aldea del sake.
Lee apoyó la frente en la puerta de su apartamento una vez la hubo cerrado. Sakura seguía al otro lado, pero tras unos segundos de espera silenciosa, se marchó.
Probablemente seguía preocupada por su salud, pero por nada más. Lee sintió un pellizco en el corazón al escuchar sus pasos alejándose.
Su apartamento nunca le había parecido tan vacío. Fue a la cocina y comenzó a hervir agua para un ramen instantáneo, aunque no tenía mucha hambre. La tristeza llenaba eficientemente su estómago.
Sakura caminaba lentamente hasta el despacho de la Godaime, sin dejar de pensar en Lee. Le había visto inusualmente desanimado, e igual de extraña había sido su preocupación por él. ¿Desde cuándo le importaba tanto ese chico? La tristeza en sus ojos oscuros casi le había hecho llorar, y eso no era normal. Sasuke la había hecho llorar infinidad de veces, y ella pensaba que esa catarsis emocional era una prueba de lo mucho que le quería. Un chico no te despierta ciertas emociones si no te gusta mucho.
Ahora su teoría le parecía ridícula e infantil. La preocupación y el desasosiego por una persona no implicaban… el amor. Tal vez su reciente atracción física por Lee le estaba haciendo ver las cosas de manera equivocada.
En ese caso, ¿era ella tan voluble? ¿Tan veleidosa? ¿Un cuerpo bien esculpido le hacía olvidar tan rápidamente al chico que había amado hasta la adoración durante tantos años? Porque estaba comenzando a olvidar a Sasuke, por lo menos esa faceta sentimental que acompañaba siempre a su imagen en la mente de ella.
Lee siempre había sido amable con ella.
Sasuke no.
Lee le había dicho que la protegería hasta la muerte.
Ella ya no estaba segura de que a Sasuke le importase mucho si moría o no.
Lee le había pedido salir, la había dicho que la quería.
Sasuke… no era necesario comparar.
Nunca se había sentido tan confusa. Llegó hasta la torre del Hokage en un estado de semi-inconsciencia. Tsunade estaba tomando un té mientras contemplaba la aldea a sus pies. Sakura dio un par de golpes al marco de la puerta antes de entrar.
-Ah, Sakura, ¿qué tal? ¿Has encontrado material interesante sobre venenos en la Arena? –ella asintió con una sonrisa triste – No pareces muy contenta.
-Bueno, es que el viaje ha sido un poco duro –dijo ella. Tsunade asintió y dio un sorbo a su té, mirándola por encima de la taza.
-Entiendo. Bueno, entonces creo que esto te alegrará.
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Ino se había despertado con un humor excelente. El día era perfecto, las risas de los niños llenaban el aire, el aroma a flores primaverales flotaba suavemente en la brisa. Y lo más importante, Chôji no había ido a comprar flores esa mañana. Al parecer sus líos con esa chica misteriosa habían acabado.
Su madre la había enviado a comprar un montón de cosas, pero había obedecido con una sonrisa. Y ahora, caminando por la calle, encontró otro motivo para sonreír.
Chôji estaba parado delante de la frutería, haciendo el enorme pedido semanal de la familia Akimichi. Se acercó tras peinarse un poco su melena rubia con los dedos.
-Ohayou, Chôji –le dijo.
-¿Tú también tienes que hacer la compra, Ino? Pensaba que se encargaba tu padre.
-No ha podido venir, está en una misión –contestó ella – Un kilo de pimientos y dos daikon, onegaishimasu – pidió.
Después fueron a comprar arroz. Ino se dio una bofetada mental por no haber traído el carro de la compra. El saco pesaba unos veinte kilos.
-Yo te lo llevo –dio Chôji, cargándoselo a la espalda – Nuestra compra la envían a casa, es demasiado para llevarlo en un viaje.
Ella asintió, notando la tibieza del rubor en las mejillas. Cogió unas pocas bolsas y empezó a caminar junto a él. ¿Y si la gente creía que eran pareja?, pensó, pero eso no le importó en absoluto.
-Qué curioso… -musitó. Chôji se giró extrañado.
-¿El qué? –dijo.
-Eh… esto… digo que es curioso que… me haya olvidado de un encargo especial de mi madre –improvisó ella – Tengo que ir a recoger un esqueje de una flor específica.
Chôji asintió y comenzaron a caminar hacia las afueras de Konoha. Las flores estaban empezando a abrirse, especialmente las campanillas azules y los narcisos.
Ino, fastidiada por su metedura de pata, se arrodilló bruscamente y comenzó a extraer unas pocas flores. Ojalá se hubiera mordido la lengua. Él, tras dejar el saco de arroz en el suelo, se sentó junto a ella. La cara de Ino se puso roja como el atardecer.
-¿Puedo ayudarte? –dijo él. Ella asintió y él comenzó a usar su kunai para desenterrar las raíces de las flores. Ino pensó que los latidos de su corazón la delatarían, pero Chôji siguió con su tarea sin percibir su nerviosismo.
Cuando reunió un ramo pequeño, se lo ofreció a Ino. El momento era tan perfecto que ella casi lo percibía a cámara lenta. Alargó la mano para coger las flores, y tocó accidentalmente los dedos parcialmente vendados de Chôji. Ambos se ruborizaron ligeramente.
-Ino, yo…
-Vaya, vaya, creo que estoy interrumpiendo algo, ¿no?
Ino miró a Shikamaru con furia creciente. Él estaba frente a ellos, con una media sonrisa y las manos en los bolsillos. Seguramente no tenía ni idea de lo que había interrumpido. La verdad es que ni ella sabía lo que había podido ocurrir, pero esa no era la cuestión.
-Has tardado un poco en llegar de tu misión –dijo Chôji – Se suponía que era algo sencillo.
-Y lo era, pero me he encontrado algunos… problemas por el camino –dijo él – Acabo de dejar a Temari en el hospital.
-¿Temari? ¿Cómo está? –preguntó Ino.
-No lo sé –la voz de Shikamaru traslucía verdadera preocupación – Cuando la dejé con ellos se había desmayado.
-¿Qué pensará hacer la Hokage con ella? –preguntó Chôji.
-La verdad, no sé si quiero saberlo…
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Naruto había decidido dejar su entrenamiento y regresar a la hoja. Hinata no estaba muy contenta con esa decisión. Tenía la impresión de que su relación no sería lo mismo una vez hubieran llegado a la ciudad.
Quizá era sólo que no quería compartir a Naruto con todos los amigos que tenía en Konoha. "-¿Cómo puedo ser tan egoísta?", pensó, mordiéndose el labio.
-Hinata-chan, ¿en qué piensas? –dijo él, cogiéndola de la mano. Ella se ruborizó y sonrió. Naruto no era de los que dejaban de lado a la gente. Sólo había que recordar cómo la había vengado en su lucha contra Neji.
Y hablando del diablo, Hinata vio la figura de su primo acercándose.
-Neji-niisan –dijo. Él la miró y soltó un suspiro de alivio.
-Ohayo gozaimasu, Hinata-sama –dijo – Menos mal que habéis aparecido, ya no podía soportarlo más –dijo en un susurro.
Tenten caminaba un poco detrás de Neji, obviamente enfadada. Sin embargo, al ver a Naruto y Hinata se tranquilizó. Se acercó con una sonrisa y le pasó el brazo por los hombros a Hinata.
-Hola, chicos, ¿qué os trae por aquí? –preguntó.
-Venimos de entrenamiento –dijo Naruto. En ese mismo instante, Hinata se dio cuenta de que seguía cogiéndola de la mano. Tenten tomó nota de esto y les miró con la malicia pintada en la cara.
-Vaya, así que de entrenamiento, ¿eh? Me pregunto qué clase de entrenamiento estabais practicando…
Naruto sólo sonrió y atrajo a Hinata hacia sí. Neji no dijo nada, sólo asintió a la muda declaración de Naruto. El chico estaba un poco a la defensiva y le miraba con ojos retadores, temiendo una reacción negativa por parte del Hyuga.
-Muy bien –dijo Neji, poniendo fin a la conversación – volvamos a la villa, ya no queda mucho camino.
"-Y con suerte no tendré que soportar este silencio tenso al que me tiene sometido Tenten", pensó. Ella no había pronunciado una palabra en todo el camino. No es que Neji fuera una persona habladora, pero Tenten sí, y su mutismo era demasiado incómodo como para tratar de combatirlo con su sangre fría característica.
Neji se descubrió pensando cómo podía hacer que Tenten le perdonara, cómo poder recuperarla.
"-Estúpido, para empezar, nunca ha sido tuya" –se dijo. Pero eso no le hizo olvidar su determinación. Tenten caminaba delante de él, hablando con Hinata y reconfortándole con el sonido de su voz.
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Shikamaru había recibido la orden de presentarse en el despacho de la Godaime por un asunto internacional. Fue hasta allí, preguntándose qué demonios era ese asunto "internacional".
Temari estaba sentada en una silla, delante de Tsunade, compartiendo con ella unos sakuramochi y un té. Shikamaru se alegró sinceramente de verla restablecida.
-Ah, el chico de los Nara, muy bien, siéntate –le dijo. La rodilla de él tocó la de Temari cuando tomó asiento, provocándole una sensación electrizante.
Tsunade casi notaba el aire ondulándose alrededor de Shikamaru. Y Temari también enrarecía el ambiente, aunque su variedad de sentimientos era algo más compleja.
-Bueno, te he hecho llamar por varios motivos. En primer lugar, para agradecerte que ayudaras en la relación entre la Arena y la Hoja.
-No fue para tanto –dijo él.
-Sí, sí que lo fue. Temari fue herida por los ninjas del sonido cuando trataba de hacerme llegar este pergamino –dijo, señalando el rollo sobre su mesa –. Y tú la ayudaste desinteresadamente. En segundo lugar, hay que discutir dónde se queda Temari hasta que se recupere totalmente.
Shikamaru tuvo un mal presentimiento.
-Lamentablemente, toda Konoha está hasta arriba, no hay habitaciones de hotel, y si las hubiera, no podría pagarlas. Mala suerte, ya sabéis –dijo, con un suspiro – Y no puedo usar los fondos de la Villa para dar alojamiento a alguien.
-Así que sólo queda mi apartamento –dijo él. Tsunade sonrió satisfecha y le dio una palmada enérgica en el hombro.
-Gracias por ofrecerte, Shikamaru, ahora será mejor que lleves las cosas de Temari y que la satisfagas en todo lo que te pida.
Tsunade parpadeó sorprendida. Esos dos se habían puesto rojos como langostas.
-Bueno, ya podéis marcharos, no tengo todo el día.
Shikamaru se levantó perezosamente de la silla y cogió los bártulos de Temari. Era horrible tener que cargar con tanto peso teniendo esas agujetas asesinas. Ella se levantó y comenzó a seguirle hasta su casa.
-Bueno, ya estamos aquí –dijo él, abriendo la puerta – No es gran cosa, pero…
-Mmm… -murmuró ella, mirando el piso. Obviamente, era la casa de un ninja. Ni adornos ni muebles especialmente bonitos. Todo era funcional y necesario. Subieron unas escaleras estrechas hasta el segundo piso.
-Dormirás en mi cuarto –dijo él. Era la única zona de la casa que parecía un poco más personalizada. Los futones estaban doblados en un rincón, en vez de estar metidos en el armario, la manga de una camisa se salía de un cajón de la cómoda, y había algunas fotos pegadas en las paredes, casi todas de su equipo.
La habitación tenía un ligero olor a cerrado. Temari abrió la ventana para airearla y vio una tabla en el tejadillo.
-¿Esta es tu habitación de invitados? –preguntó. Él sólo gruñó y sacó una almohada y un futón algo más desgastados para ponerlos sobre la tabla.
-No exactamente –dijo, pero no quiso dar explicaciones sobre la función de ese rincón de la casa – Bueno, desde hoy y hasta que te recuperes, estás en tu casa, pero no pidas nada muy especial, porque ese no es mi estilo.
-Recuerda que la Hokage ha dicho que me satisfagas, Shikamaru –dijo ella, con una sonrisa maliciosa. Él enrojeció de nuevo y se giró rumbo a la cocina. Ella le estaba siguiendo.
-¿Qué haces? –le preguntó.
-Tendré que conocer la casa, ¿no? –dijo ella. Por lo menos no estaba tan enfadada como por la mañana, se dijo él.
-Bueno, voy a preparar la comida, ¿hay algo que no te guste?
-El pimiento y el tofu –dijo ella. Él tomó nota y comenzó a trastear entre las cacerolas. Cuando estaba sacando el miso, se escucharon unos golpes en la puerta.
Rock Lee estaba en el umbral, con una media sonrisa.
-Hola –dijo – otra vez se ha abierto esa gotera en mi piso, y creo que necesito ayuda –dijo. Shikamaru dedujo que Lee no sólo estaba preocupado por la gotera. Llevaban bastante siendo vecinos, lo bastante como para estrechar un poco su amistad, y nunca le había visto tan desanimado.
-Oe, Temari –dijo. Ella asomó la cabeza por la puerta de la cocina – Tengo que salir, ¿podrías vigilar tú la comida?
-Vale, vale… -dijo ella, sintiéndose extraña. Él también notó algo raro, pero cerró la puerta y siguió a Lee hasta su casa.
Ayudar a Lee le llevó sólo quince minutos, pero no consiguió sonsacarle nada sobre su estado de ánimo, y eso que él era una persona perceptiva. Regresó a casa esperando encontrar la cocina en llamas.
-Tadaima(1) –dijo, mientras se quitaba las sandalias. Temari salió al pasillo degustando la sopa de miso. Llevaba el delantal azul que se ponía la madre de Shikamaru cuando hacía limpieza, y se había cambiado las sandalias de ninja por unos zori de andar por casa.
-Okaerinasai(2) –dijo ella. Ambos se quedaron callados un momento, notando de nuevo esa sensación rara. Ella cayó en la cuenta de que parecía un ama de casa esperando a su marido, y enrojeció profundamente. Él carraspeó para disimular y entró en la cocina para ayudar un poco. Preparó un poco de pollo frito y sacó takuan para comer con el arroz.
Se sentaron a la mesa y esperaron un poco antes de comer. Todo eso era tan raro… O quizá lo raro era que se hubieran acostumbrado tan rápidamente a la presencia del otro y a la convivencia.
Shikamaru miró el misoshiru que humeaba delante de él. Tenía una pinta estupenda, y ella le había echado tofu, aunque no le gustase. Separó los palillos, intentando comportarse con naturalidad.
-Itadakimasu(3) –dijo, y tomó un sorbo de sopa. Ella le miraba con curiosidad.
-¿Te gusta? –preguntó.
Él sólo asintió, notando una calidez que no le resultó tan incómoda.
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Hinata se encontraba en una situación particularmente difícil. Quizá si hubiera tenido más confianza con su padre, no le sería tan complicado hablar con él. Lo cierto es que se sentía intimidada por la mirada clara y severa de Hiashi.
-¿Qué querías, Hinata? –dijo. Ella carraspeó y tomó un sorbo de té. Su padre hizo lo mismo y ella le rellenó la tazo cuando la hubo vaciado.
-Estaba pensando en… la independencia.
Hyuga Hiashi miró a su hija con calma, dándole tiempo para que hablara.
-¿En qué tipo de independencia? –le dijo, para animarla.
-En la…emancipación –contestó ella. Él asintió, comprendiendo.
-Ya tienes dieciocho años. Es normal.
Hinata sonrió tímidamente, interpretando las palabras de su padre afirmativamente.
-Yo… he visto un apartamento… para compartir –dijo, enrojeciendo.
-Obviamente piensas compartirlo con un chico –dijo su padre, sorprendiéndola – No necesito el Byakugan para percibir ciertas cosas. ¿Quién es?
-U…Uzumaki Naruto –contestó ella. Le extrañó que su padre pudiera oírla, su voz no había sido más que un murmullo temeroso.
Hiashi caviló unos segundos. Su propio análisis la consideró lo bastante madura como para poder vivir con un chico, probablemente con su novio. No le gustaba mucho cómo sonaba eso, pero podía soportarlo. Los polluelos vuelan del nido.
-Está bien, puedes recoger tus cosas –dijo, apurando de nuevo su taza de té.
Hinata se la rellenó con una sonrisa radiante.
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Temari dormía profundamente sobre el tatami. Shikamaru estaba jugando una partida al go consigo mismo cuando la escuchó dar un ronquido suave. Está muy guapa cuando duerme, se dijo, dándose un golpe en la frente por haber tenido ese pensamiento. Mascullando, subió a su cuarto a por un edredón y se lo puso por encima, acercándose inevitablemente a su rostro.
La idea de besarle las mejillas pasó por su mente, y no la desechó tan rápido como su apreciación anterior. Su piel era tan invitadora… Shikamaru se aproximó un poco más, tocándola con la punta de la nariz.
Y justo en ese instante se escucharon unos golpes atronadores en la puerta que hicieron que se apartara dos metros de Temari a la velocidad de la luz.
-¡Nara Shikamaru, maldito desagradecido! ¡¡¡¡Vienes de una misión y no eres capaz de saludar a tu madre!!!!
-Mierda… -dijo él, girándose hacia Temari. Ella seguía dormida, pero no permanecería así mucho tiempo si Nara Yoshino seguía maldiciendo a su hijo.
Shikamaru se levantó y abrió la puerta, recibiendo un capón en la coronilla que iba destinado a la madera, pero de todas formas no obtuvo ninguna disculpa. Su madre entró en la casa con paso marcial.
-La cocina está hecha un asco, ¿sabes? –le dijo, antes de entrar al salón. Él esperaba el terrible momento en el que se encontrara con Temari.
-Cállate, mamá –susurró él.
-¡Más respeto! –gritó ella. Temari se despertó finalmente, frotándose los ojos y mirando a la causante del ruido con el ceño fruncido.
Yoshino miró a la chica rubia con los ojos abiertos de par en par. Shikamaru agradeció que se quedara sin habla por un instante, pero casi se echó a temblar cuando su madre se giró hacia él, notablemente furiosa.
-Vaya, así que tengo una nuera y no me dices nada. Muy bonito, hijo.
-No entiendes nada, ella no es…
-No, no, si no hace falta que me cuentes nada. A tu padre si que le hablas, pero mantienes a tu pobre madre desinformada.
-¡Mierda, mamá, ella es una aliada de la Arena, no es mi maldita prometida ni nada de eso! –gritó él, dejándose llevar por la ira.
-…después de doce horas de parto que… -ella se paró en seco – Ah, entonces no hay drama, supongo. De todas formas, ¿cómo se te ocurre meter a una kunoichi en esta pocilga? Debe haber un centímetro de mugre en el tatami…
-E…está bien, señora, no pasa nada –dijo Temari. Yoshino se fijó de nuevo en ella y esbozó una sonrisa – La casa está muy bien, aunque no creo que sea mérito de Shikamaru…
Palabras mágicas. Su madre era inmensamente feliz si podía hablar con alguien de los defectos de los hombres Nara. Temari había apretado algunas tuercas adecuadamente, aunque con ello no dejaba a Shikamaru en muy buen lugar.
-Oye hijo, ¿por qué no vas a comprar algo para comer? Vengo a tu casa y no me invitas ni a una miserable taza de té.
-Sí, Shikamaru, trae algo, no puedes tratar así a tu madre.
Él se largó con gusto. Se fue a comprar a la tienda más alejada y regresó con unas galletas de arroz y unas cerezas secas, el dulce favorito de su madre. Entró en casa y se las encontró compartiendo un té, tan amigas.
-La verdad es que no lo decimos a mucha gente, pero le tuve que mandar con dos pantalones a la guardería hasta los seis años. "Accidente" –susurró. Estaba pasando las hojas de un álbum de fotos.
-Vaya, bonita perspectiva –dijo Temari, ahogando una carcajada.
-Es que acababa de salir del baño.
Fue más de lo que pudo soportar. Shikamaru se acercó rechinando los dientes y completamente avergonzado.
-Me voy, he quedado con Chôji en el bar –dijo. Ellas no giraron la cabeza hasta que hizo mención al establecimiento.
-Muy bonito, Shikamaru. Si encuentras a tu padre allí, dile que será mejor que esté en casa para cuando vuelva o ya verá.
-Vale, vale… Temari, no sé cuando volveré –dijo él.
-A mí no tienes que explicarme nada –contestó ella, haciendo que Shikamaru se sintiera estúpido. Era cierto, él no tenía por qué contarle sus planes.
Así que se marchó al bar, con la esperanza de que la comprensión de Chôji y el sake calmaran su irritación.
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Hinata se había instalado en el apartamento de Naruto. Él estaba recogiendo cosas por todas partes, un poco avergonzado.
-¿Dónde quieres que te ponga…esto? –dijo ella, con un buen montón de revistas eróticas entre los brazos.
-¡E…en la basura, por supuesto! –ella las tiró, completamente roja. No estaba acostumbrada a ese tipo de artículos para chicos, pero tendría que adaptarse, ahora iba a vivir con su novio.
La casa ya tenía otro aspecto. Hinata había puesto su ropa en el armario de Naruto, habían limpiado un poco y el aroma de una cena nutritiva llenaba cada rincón de la casa. Nada de ramen esa noche, era lo primero que había aclarado Hinata, partiéndole el corazón a Naruto.
-¿No… ramen? –lloriqueo él. Ella sonrió, juntando los índices.
-Puedes comer ramen siempre que quieras, pero yo quería… prepararte una cena especial… Aunque si no quieres…
Él negó con fuerza, con los ojos brillantes. En toda su vida, nadie había cuidado tanto de él, ni siquiera Iruka-sensei. Se acercó a ella y la cogió las manos.
-Gracias, Hinata-chan.
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Chôji casi podía ver las nubes negras alrededor de la cabeza de Shikamaru. Otra vez había tenido bronca con su madre.
-¿Qué te ha dicho esta vez? –le preguntó cuando él se sentó enfrente suyo.
-Paso de hablar del tema. ¿Qué has pedido? –dijo.
-Ku-bak de gambas, yakisoba en tempura y un poco de arroz. Algo suave, para empezar –dijo, cogiendo otra cucharada de ku-bak.
-Vale, yo no tengo mucha hambre, pero creo que probaré la tempura de verduras. Y una botella de sake frío.
-Ahogando las penas.
-Ya ves… Mujeres.
Chôji asintió, pensativo.
-Dímelo a mí.
-¿Sigues igual?
-Si –la camarera se acercó y Chôji pidió la comida y el sake.
-¿Y ella no…? –preguntó Shikamaru.
-No sé qué pensar.
Trajeron el sake y la tempura, pero Shikamaru dejó la comida a un lado.
-Kampai(4) –dijo, con tono lúgubre. Chôji levantó su vaso y ambos apuraron la bebida de un trago.
-Tú también tienes tus problemas –le dijo Chôji.
-En eso no te equivocas. Es que me siento…
-Raro.
-Sí. No estoy incómodo, pero…
-Te entiendo.
-Dejemos de hablar de mí. ¿Cómo va el tema floral?
-Me rindo. Ella no me entiende.
-Yo creo que sí –Shikamaru llenó los vasos otra vez –Kampai.
-No sé… ¿Debería seguir comprándole flores? –preguntó.
-No pierdes nada.
Chôji sonrió y llenó los vasos. Bebieron durante horas, sin decir nada. No era necesario. Alguien entró en el local al atardecer, haciendo que todos levantaran la cabeza.
Sakura se acercó a la mesa donde estaban Shikamaru y Chôji, enormemente sorprendida. ¿Qué hacían esos dos ahí sentados, ahogando las penas? Le dieron ganas de unirse a ellos.
-Konban wa(5) –dijo – La Hokage me ha dado esto –agitó unos papeles en el aire – Son unas entradas para el balneario, las ganó en una partida de mah jong, aunque no me fío mucho de lo que dice esa vieja Tsunade.
-¿Y por qué te las ha dado? –preguntó Shikamaru.
-Dice que son en pago por haber realizado nuestras misiones correctamente. Te ha mencionado a ti especialmente, dijo que había tenido que meter a un aliado en tu casa. ¿Quién es?
Shikamaru volvió a vaciar su vaso. Lo dejó con un golpe seco en la mesa antes de contestar.
-Temari.
Sakura alzó las cejas, comprendiendo. Shikamaru no tenía en muy alta estima a las mujeres, no debía ser fácil para él tener a una tan… enérgica como Temari en casa.
-Bueno, tomad las vuestras, ahora tengo que ir a ver a Naruto para…
-Aquí me tienes, Sakura-chan –canturreó el recién llegado Naruto.
Sakura le explicó lo del balneario mientras él pedía unos dulces y una botella pequeña de sake para llevar. Ella miró el pedido, levantando una ceja.
-Hinata me espera en casa, le prometí que prepararía el postre, pero cocinar no es nada fácil –dijo, ruborizándose y rascándose la nuca.
Shikamaru levantó la cabeza. Tuvo que cerrar los ojos un momento por el mareo.
-La Godaime también te ha encasquetado una mujer, ¿eh, Naruto? –dijo.
Naruto hinchó el pecho y sonrió. Se acercó a la mesa de Shikamaru y Chôji y apoyó las manos en los hombros del último.
-Yo mismo invité a Hinata a vivir en mi piso –miró el cuadro que representaban los otros dos y volvió a sonreír, esta vez con suficiencia – Que pena me dan los tíos que tienen problemas con sus novias, a Hinata y a mí nos va tan bien…
-Tendrías que convivir con Temari –dijo Shikamaru, callándose de inmediato, al darse cuenta de que no había negado que Temari fuera su novia. Sólo levantó la mano para pedir otra botella, enrojeciendo profundamente. Chôji se rió bajito, para sí mismo. Al parecer Shikamaru tenía más problemas de los que admitía.
-Bueno, yo tengo que seguir entregando esto –dijo Sakura – Os veré mañana, intentad no llegar tarde al balneario, o Tsunade os despellejará. Palabras textuales.
-Genial… -musitaron.
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Lee estaba leyendo un viejo manual de taijutsu cuando llamaron a la puerta. Se levantó con agilidad para abrir al visitante.
No supo cómo reaccionar cuando vio a Sakura. Ella miraba al suelo, enrollando un mechón de pelo en su dedo índice.
-¿Sakura-san? –dijo él, apartándose para dejarla pasar.
-Con permiso… -ella entró – La Godaime me ha encargado repartir esto. Son unas entradas para el balneario.
-¿Por qué…? –preguntó él.
-Es en pago por completar nuestra misión con éxito –contestó ella. Lee no estaba muy de acuerdo con la parte del "éxito" – Van a ir todos los ninjas de nuestra promoción.
Él asintió y se quedó de pie, sin saber qué decir. Decidió invitarla a un té. Podía estar hecho polvo, pero no iba a ser descortés con una invitada.
-¿Sakura-san, quieres…? –no le dio tiempo a decir más. Ella le había abrazado, enterrando la cara en su pecho. Lee pensó que estaba llorando, pero se equivocaba.
Sakura pasó un rato así, examinando sus sentimientos. Notaba cómo el calor de Lee le calentaba el corazón y llenaba los recovecos helados de su mente.
No había sentido eso al abrazar a Sasuke.
Lee permaneció unos segundos quieto, con los brazos colgando a los lados de su cuerpo, sin atreverse a mover un músculo. Finalmente la abrazó también, sintiendo que la opresión de su pecho aumentaba.
-Yo… -dijo ella – llevo mucho tiempo confundida... tú me haces sentir cosas que no he sentido nunca, pero…Sasuke… Necesito... Te necesito, Lee.
Él asintió, creyendo comprender. Ella seguía sintiendo algo por Sasuke, pero anhelaba contacto físico. Su contacto físico. Sólo eso.
Lee se debatió entre resistir en defensa de sus sentimientos y sucumbir ante su propia necesidad y su amor por Sakura. Tuvo que rendirse cuando ella le miró, con sus ojos verdes llenos de súplica. Se inclinó hasta tocar la frente de ella con la suya, intentando calmar su torbellino interior. Lentamente, ella alzó el rostro y le rozó los labios, en un mudo interrogante. Lee se dejó arrastrar y la besó con fuerza, empujándola hasta que su espalda tocó la pared. Sakura entrecerró los ojos, notando cómo él la guiaba hacia su cuarto, dando pasos lentos y sin interrumpir el beso.
Sakura miró a su alrededor. La cama estaba fría en contraste con su piel caliente. Lee desabrochó su ropa, mirando sus formas con ternura, besándola a medida que iba retirando la tela de su cuerpo. Ella buscó la cremallera de su traje, encontrándola a la altura de su nuca, y se la bajó hasta la cintura. Él se movió para desnudarse y luego regresó a ella, hambriento.
Quería tocarla, olerla y saborearla, hasta que se fundieran y fuera imposible separarlos. Necesitaba besarla con adoración, rendirle culto con sus caricias. Ella suspiraba y gemía, acariciando su torso y clavando con suavidad las uñas en su espalda. Sakura estaba inmersa en el placer que Lee provocaba sólo con respirar sobre su piel, calentándola hasta volverla incandescente.
Lee, sin embargo, no estaba dejándose llevar por completo. Sus manos se movían con cierta racionalidad sobre Sakura, dándolo todo pero siendo consciente de su dominio. Si ella se lo pedía, él le daría placer, pero no podía entregarse enteramente. Eso hubiera hecho que la tristeza le inundase por completo cuando ella le abandonase a la mañana siguiente.
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Ohoho, como sufren mis personajes... Me encantó escribir el diálogo críptico de Chôji y Shikamaru en el bar, lo dicen todo sin decir gran cosa. Nos vemos en el siguiente cap.
Aclaraciones :
1.Tadaima : "ya estoy en casa"
2.Okaeri nasai: "bienvenido a casa"
3.Itadakimasu : "voy a empezar a comer", más o menos como nuestro "que aproveche.
4.Kampai : expresión para brindar. Como "chin-chin", pero en Japón no podéis decir eso, porque CHINCHIN significa POLLA, jajajaja XD
5.Konban wa : "buenas noches"
