Bueno, aquí tenéis el tercero de los capítulos, este es un poco más corto que los demás, pero espero que os guste ^^
3
Una semana después llegaron a su destino. Después de atravesar hermosos valles y pintorescas ciudades dignas de aparecer en postales, se encontraron con un erial desierto en el que el suelo estaba cubierto de restos humanos y armas olvidadas, signo de la cruenta batalla que, siglos atrás, había acaecido en el lugar.
Ante la lóbrega visión, Lucy se estremeció. Natsu se acercó más a ella y sus manos se rozaron, la chica le miró y sonrió, pero él no se percató, sino que estaba mirando al frente muy serio, casi preocupado.
Estaba a punto de anochecer, por lo que decidieron que lo mejor era acampar, ya por la mañana tendrían tiempo de internarse en aquel inhóspito paraje. Aquella noche no encendieron el fuego, a pesar de que las temperaturas habían descendido bruscamente, y tampoco hablaron demasiado. Los dos se tumbaron muy cerca uno del otro, y a pesar de sus esfuerzos, no lograron dormirse.
Apenas el sol comenzó a aparecer en el cielo, se levantaron y recogieron todo en silencio. Según se alejaban de las lindes de aquel páramo, el cielo parecía más oscuro, el aire más frío y la atmósfera más opresiva.
Por el lugar no había rastros de seres vivos, ni siquiera las malas hierbas se habían atrevido a crecer allí, ni los carroñeros sobrevolaban el azul en busca de alguna presa extraviada.
—Este lugar me da escalofríos —susurró Lucy, temerosa de que su voz despertase a los fantasmas que habitaban aquel lugar.
—No por nada es la Puerta del Infierno —respondió Natsu quedamente.
Aquel día no pararon más que un rato para comer algo, pero rápidamente se pusieron de nuevo en marcha, arrepentidos de haber aceptado aquel trabajo.
La Puerta del Infierno había sido el lugar en el que los primeros magos se habían enfrentado entre sí, abriendo un vórtice que conectaba el plano terrestre con el plano infernal.
La misión que tenían que cumplir, era la de descender a ese plano infernal y encontrar una rara planta que solo crecía allí…sin morir en el intento.
Muchas personas habían descendido al Infierno, pero pocas habían regresado y, de las pocas que lo habían hecho, solo tres habían mantenido la cordura y, curiosamente, esas personas eran magos celestiales.
Durante todo el camino, Natsu y Lucy habían discutido sobre si debían bajar los dos o, por el contrario, si solo debía ir Lucy. Después de mucho insistirr, Lucy le había obligado a prometer que le dejaría bajar a ella sola, que era mucho más seguro, y claro, él lo había prometido…cruzando los dedos detrás de la espalda.
Día y medio después, llegaron ante el único edificio que había en muchos kilómetros a la redonda, una enorme construcción de piedra negra que brillaba bajo la luz del sol como miles de diamantes. Aquel edificio desentonaba con el entorno en el que se encontraba. Lucy tragó saliva y miró a Natsu, que no se había apartado de su lado.
—Es la hora —dijo la chica apretando la mano de su amigo—. Pase lo que pase, prométeme que no me seguirás.
—Pero Lucy, ya te lo he prometido, ¿no te fías de mí? —Natsu sonrió y ella lo miró con ternura, desde el mismo momento en el que le había obligado a prometerle que no iría tras ella, sabía que él iba a romper esa promesa.
—Sí, claro que me fío de ti. Ahora voy a entrar, cuanto antes baje al infierno, antes podré salir. —Lucy suspiró y dio un beso a Natsu en la mejilla mientras empujaba la puerta de la construcción.
La chica se había esperado encontrar un corredor oscuro, telarañas o polvo y, sin embargo, se encontró con antorchas encendidas y suelos alfombrados que parecían estar esperándola. Tragó saliva y se giró para mirar a Natsu, que silbaba una alegre melodía con las manos en los bolsillos, tratando de parecer despreocupado. Lucy negó con la cabeza y puso un pie en el interior del pasillo.
Cuando la puerta se cerró con un ruido sordo, un escalofrío recorrió toda la columna de Lucy. Sus pasos sonaban en medio de aquel silencio con un eco cavernoso, inquieta, no dejaba de mirar a todos lados. De la tensión, había apretado tanto la mandíbula que comenzaba a dolerle la boca.
Tras un buen rato avanzando en línea recta, llegó ante una puerta de madera lisa, sin dibujos y sin cerradura, que se abrió al ejercer un poco de presión en una de las hojas. Lucy esperó que chirriase, que amenazase con caerse o que se deshiciese en polvo entre sus dedos, por eso le sorprendió que se abriese con suavidad.
Tras la puerta esperaba encontrarse con una gran sala, pero en cambio se encontró con un pequeño cuarto iluminado solo con un par de antorchas y con unas escaleras que descendían en espiral.
Lucy tomó aire y lo dejó escapar lentamente mientras se acercaba a una de las antorchas, que tomó entre sus manos, y la cercó al hueco de las escaleras deseando poder ver el final, pero sus ojos solo alcanzaron a ver oscuridad.
Después de maldecir a Natsu y a Erza por haberla metido en aquel lío, comenzó a descender lentamente, sujetando con fuerza la antorcha en una mano y apoyándose en la pared para evitar caer con la otra, deseando que aquella escalera acabase pronto.
Muchas gracias por leerme, y gracias también por los comentarios que habéis dejado en los anteriores capítulos ^^
Un saludo, y hasta el próximo capítulo =)
