¡Hola de nuevo! Muchas gracias por seguir leyendo, ya queda poco, lo prometo, no era mi intención alargar tanto este fic, pero ya sabéis, a veces los personajes le controlan a uno y...jajaja Espero que os guste esta cuarta parte ^^
4
La chica estuvo bajando lo que le pareció una eternidad. Poco después de comenzar a descender, tuvo que parar porque se mareaba, pero después de recuperarse decidió seguir sin parar.
Según bajaba, la escalera se iba haciendo más empinada, los escalones más resbaladizos y el aire más irrespirable. Pequeñas gotas de sudor perlaban su frente y temía que la antorcha se apagase en cualquier momento, pero por suerte aguantó hasta el final.
Cuando por fin dejó de descender, se encontró con otro corredor, esta vez mucho más pequeño y agobiante que el anterior. Lucy respiró hondo y comenzó a avanzar, pero entonces un sonido a su espalda le hizo darse la vuelta. Entre una nube de polvo, Natsu apareció.
—¡Natsu! —Exclamó la chica mientras se acercaba a él y le ayudaba a levantarse. —¿Se puede saber qué haces aquí? —Aunque intentaba parecer enfadada con él, en el fondo se sentía contenta de que hubiera roto su promesa, porque aquel lugar le daba escalofríos.
—Lo siento —respondió el rascándose la cabeza—. Es que aquel lugar me daba escalofríos, y pensé que aquí abajo se estaría mejor. —Lucy lo miró con la boca fruncida, pero luego rompió a reír, y su risa resonó dulcemente en aquella caverna.
—Venga, anda, pongámonos en marcha.
Los dos chicos comenzaron a caminar hablando en susurros para espantar aquella soledad. No anduvieron mucho por aquel pasillo, pues enseguida se encontraron con un enorme arco labrado en piedra gris y enmohecida. El olor en aquel lugar era insoportable y Lucy se llevó la mano a la nariz.
Ante ellos se abría una enorme laguna de aguas negras y pútridas que parecían hervir. Al otro lado parecía abrirse un pequeño bosque, pero no había forma de llegar hasta él. Muy decidido, Natsu se acercó a la orilla dispuesto a entrar en el agua, pero Lucy le agarró de la bufanda, impidiéndoselo.
—¿Estás loco? —Preguntó ella asustada—. Estas aguas están envenenadas.
—¿Y qué hacemos?
—Esperar —respondió ella sentándose sobre una piedra que, probablemente, formó parte del arco de entrada en algún momento.
—¿A qué?
—A que alguien venga.
Natsu no se sentó, sino que se quedó de pie frente a Lucy, observándola a la tenue luz de la antorcha. La mitad de su rostro estaba sumido en penumbra, y la mitad, iluminado por el fuego, que se reflejaba en sus ojos, dándoles vida propia.
Al observarla en aquella situación, se dio cuenta de que en aquella temporada que había pasado en casa, había cambiado mucho. Sus rasgos habían perdido parte de su infantilidad, aunque en sus ojos seguía brillando la inocencia; sus manos jugueteaban con un anillo que el chico nunca antes había visto y por el que le preguntó.
—¿Esto? Lo encontré dentro de un armario, ¿te gusta? —Natsu asintió y metió las manos en el bolsillo del pantalón, aburrido de esperar.
—Lucy, ¿cuánto más tenemos que esperar? Tengo hambre —El chico lloriqueaba mientras hacía pucheritos. La rubia se había puesto en pie y oteaba la laguna en busca de algún movimiento, ya estaba a punto de volver a sentarse cuando oyeron un chapoteo. —¿Qué es eso? —preguntó Natsu.
—Nuestro billete al otro lado —le dijo con una gran sonrisa.
Los dos esperaron de pie en la orilla a que el barquero se acercara. Cuando lo tuvieron en frente, se dieron cuenta de que la barca en la que iba era pequeña y destartalada, la pintura se había saltado por todos lados, dejando ver una madera negra que crujía. La visión de aquella tartana hizo que Natsu se marease, y eso que todavía no había montado. Y la barca no era lo peor.
El barquero era un hombre pequeño, encorvado, cojo de una pierna y tuerto, la boca desfigurada, la nariz torcida y poco pelo, largo y graso. Cuando llegó junto a ellos, se pasó la lengua, negra como la noche, por los gruesos labios llenos de llagas, haciendo que a Lucy le costase mantener la sonrisa.
Muchas gracias por leerlo y hasta la próxima =)
