Bueno, pues este es el penúltimo capítulo, espero que os guste ^^
6
Después del incidente en el cementerio, los ánimos entre los dos chicos no cambiaron hasta que no llegaron a una ciudad de aspecto fantasmal. Los edificios se colocaban de forma cuadriculada, y a pesar de estar medio en ruinas, no había cascotes por las calles empedradas. Algunas farolas brillaban todavía, pero su luz mortecina solo contribuía a crear una atmósfera más terrorífica.
Lucy se paró frente a un escaparate sucio y contempló el interior de la tienda, que estaba completamente vacía; mientras se miraba, creyó ver una sombra pasando tras ella pero, al girarse, no vio a nadie. Asustada, corrió a ponerse al lado de Natsu, que no pareció notar su turbación.
—¿Dónde crees que está la flor que hemos venido a buscar? —Preguntó entonces el chico. Lucy se encogió de hombros.
—En lo más profundo del Tártaro —respondió ella.
Tras una caminata que se les hizo eterna, salieron de aquella ciudad y regresaron a un camino polvoriento y lleno de basuras y cosas olvidadas. A Lucy se le iban los ojos detrás de aquellas cosas que reflejaban la luz de la antorcha, que todavía no se había apagado.
Aquel día pararon en medio de aquel camino y aunque parecía que estaba mucho más tranquilos, la relación entre ellos seguía siendo tensa. Lucy se tumbó y contempló aquel cielo sin estrellas, sintiéndose cada vez más desmoralizada.
Natsu, que se había tumbado alejado de ella, se movió hasta quedar a unos centímetros de su cuerpo. Lucy se giró y lo miró. Natsu se había apoyado sobre su brazo derecho, un mechón de pelo le tapaba medio rostro y estaba serio, pero la mirada de fiereza que había visto en sus ojos días atrás había desaparecido.
—Lo siento —susurró él. Ella sonrió y, al hacerlo, a Natsu no le importó que en aquel cielo no hubiera estrellas, pues ninguna hubiese brillado como brillaban los ojos de Lucy en aquel momento.
—No te preocupes. Es este lugar, que nos está volviendo locos. Lo que tenemos que hacer es seguir juntos, avanzar siempre hacia adelante, llegar al centro del mismo Infierno, coger lo que hemos venido a buscar y marcharnos de aquí. —Lucy hablaba despacio, masticaba cada palabra sin apartar los ojos de los de Natsu, que había alargado la mano y le acariciaba suavemente el rostro.
—Lucy, por si no logramos salir de aquí…
—Shhh —ella le puso un dedo sobre los labios y se movió para quedar más cerca de él—. No digas esas cosas, que traen mala suerte. Vamos a salir de aquí, ya lo verás.
Natsu salvó la poca distancia que los separaba y le alzó la barbilla con cuidado, perdiéndose en sus ojos. Sus alientos se entremezclaban y el chico sentía la respiración de su amiga agitándose. Sus labios estaban tan cerca que ya casi se rozaban, pero entonces un fogonazo de luz hizo que se separaran sobresaltados.
—¿Quiénes sois? —Preguntó una voz fantasmal que parecía arrastrada por el viento que, de pronto, se había levantado. Lucy y Natsu se pusieron en pie, espalda contra espalda, esperando un ataque que, sin embargo, no llegó.
—Hemos venido en busca de algo —respondió Lucy tratando de parecer segura.
—¿Qué puede interesar a los vivos del mundo de los muertos? —La voz sonaba cerca, entre ellos, pero no había nadie.
—Nosotros…somos magos y hemos recibido un encargo, debemos encontrar algo que se esconde en…el Tártaros —Lucy hablaba tan deprisa que la lengua se le trababa. La voz rompió a reír.
—El Tártaros está cerca, pero debéis prepararos para pagar el precio que se exige a los vivos que se atreven a adentrarse en el mundo de los muertos. Seguid, si creéis que sois dignos de realizar el viaje.
Natsu y Lucy se giraron, esperando ver al dueño de la voz, pero no había nadie, y el viento había parado. Después de aquello, decidieron que no iban a poder dormir, así que lo mejor era continuar avanzando, si la voz tenía razón, el Tártaro estaba cerca.
