Bueno, aquí está el último capítulo...Espero que os guste =)

7

Poco rato después de ponerse en marcha, el camino se estrechó hasta llegar a un enorme socavón que tenía unas pequeñas escaleras talladas en su pared. Natsu y Lucy contemplaron las escaleras durante unos minutos, muy juntos, casi rozándose, hasta que por fin se decidieron a bajar.

Al igual que las primeras escaleras que habían bajado, estas parecían no acabarse nunca y, cuando por fin lograron llegar al final, se sentían fatigados. La sala en la que terminaban las escaleras era semicircular, con las paredes de madera y los suelos cubiertos de alfombras. En una de las paredes se veía una puerta de madera con un pomo dorado sin ningún adorno. Natsu y Lucy se miraron y se acercaron a la puerta. Los dos juntos giraron el pomo y cruzaron al otro lado de la puerta.

Lo que les esperaba tras aquel umbral, era un vergel. Flores fresca, hierba mojada, pájaros cantando y fuentes por todos lados. Sorprendidos, los dos chicos se miraron, pero no se dejaron engañar, sabían que en el Infierno había muchas trampas y por eso, aunque Natsu insistía en sentarse a descansar, Lucy no se lo permitió.

A la rubia le costó mucho evitar que su amigo se parase a beber agua de las fuentes, o a coger la fruta de los árboles pero al final lograron llegar al final de aquel paraíso y, al hacerlo, todo se derrumbó.

Primero un estruendo sordo y, después los árboles desaparecieron, la hierba se marchitó y las fuentes se secaron, mostrando el verdadero paisaje, un paisaje marchito, sombrío, de desolación y muerte. Al ver el verdadero aspecto del lugar, Lucy respiró tranquila, contenta de que Natsu no hubiese tocado nada.

—Natsu, no puedes tocar nada, prométemelo. De verdad.

—Lo prometo —dijo él solemnemente mientras abrían la siguiente puerta, que les deparaba un paraíso parecido.

Una tras otra, fueron sorteando las trampas que el Infierno les tenía preparadas, hasta llegar a la última, una sala vacía en la que sólo había un par de sofás de cuero, uno frente a otro. Los chicos los esquivaron y se dirigieron a la puerta que, sin embargo, no se abrió.

—Lucy, ¿y ahora qué hacemos? —preguntó Natsu.

—No lo sé —la chica parecía nerviosa, pero en ese momento la puerta por la que habían entrado se abrió, apareciendo una niña pequeña con el pelo muy negro y largo recogido en dos coletas atadas con dos enormes lazos negros que se paró bruscamente cuando vio que no estaba sola.

—¡Oh! ¡Habéis logrado llegar! —dijo con una voz cantarina e infantil. —Creo que le debo dinero a Hades.

—Perdona…¿quién eres? ¿Quién es Hades? —preguntó Lucy parpadeando, confusa.

—¿Cómo? ¿Habéis llegado hasta aquí y no sabéis quién es Hades? —La niña parecía enfadada. —Hades es el Rey del Inframundo. Al igual que en el Cielo está el Rey Celestial, en el infierno está el Rey Infernal, ese es Hades.

—¿Tiene un bigote enorme? —Preguntó Natsu.

—¿Bigote? No, Hades no tiene bigote, Hades no tiene pelo —respondió la niña.

—Eso responde a una de mis preguntas, pero no a la otra, ¿quién eres tú?

—Mi nombre es Eva —respondió la niña con voz melosa—, princesa del inframundo y uno de los doce espíritus demoníacos.

—¿Espíritus…demoníacos? —Lucy nunca había oído hablar de ello.

—Sí. Al igual que los espíritus celestiales, existen los espíritus demoníacos. Yo soy la doceava puerta, pero ahora no estamos aquí para hablar de mí…Estamos aquí para ver si sois capaces de sortear la última prueba. —Antes de que Natsu o Lucy pudiesen decir algo, ambos cayeron en una especie de letargo.

El gremio ardía. Mirase donde mirase, Lucy solo veía el fuego que ella misma había provocado. A su alrededor, todos luchaban por acabar con él, Gray y Juvia estaban a punto de extinguirlo por completo cuando un grito desgarrador rompió el aire, era Bisca.

La mujer se lanzó corriendo hacia el interior del gremio, ignorando a su marido, al maestro y a todos los demás, que le pedían que se detuviese, pero no podía hacerlo, su hija estaba en el interior.

Cuando por fin lograron sacar a Asuka, parte de su cuerpo se había quemado y estaba inconsciente en los brazos de su madre. Wendy corrió hacia allí para empezar a tratarla, a pesar de que se sentía agotada. Al corrió en busca de un médico y los demás comenzaron a arremolinarse a su alrededor.

El primero en increparla por lo que había cometido fue Laxus. Lucy nunca olvidaría la mirada que le lanzó, la violencia de sus palabras y el dolor que había sentido al darse cuenta de lo que había hecho.

Laxus fue solo el primero, pero los demás fueron después. Gray le dijo que estaba descontrolada, Erza que debía entrenar más y Levy, Levy no dijo nada, pero aquel silencio significaba mucho.

Lucy lloraba mientras le llovían piedras, no era capaz de defenderse, de buscar una disculpa, hasta que Natsu apareció. Lucy esperaba que él saliese en su defensa, él mejor que nadie sabía lo peligroso que era el fuego y, sin embargo, sus palabras fueron las más amargas.

—Lucy, Lucy, despierta por favor, sal de esta pesadilla —Natsu estaba desesperado mientras la zarandeaba.

—No te va a oír —canturreó Eva, que se había sentado en una silla para ver el espectáculo. La verdad era que el chico le había sorprendido, normalmente nadie escapaba de sus pesadillas.

Natsu la ignoró y siguió luchando por despertar a Lucy, que se retorcía sentada en el sillón mientras lloraba y gritaba. Natsu se sentía al borde de sus fuerzas, pero no se rindió, tenía que salir de allí, y tenía que salir con Lucy.

—Lucy, por favor —susurró el chico con lágrimas en los ojos. Una de las lágrimas cayó sobre la mano de la chica, que poco a poco pareció tranquilizarse. Eva se incorporó de golpe, observando, asombrada, el despertar de Lucy.

—¡Natsu! —Gritó la chica tirándose a sus brazos sin dejar de llorar. —¿Me odias? —Susurró. El chico abrió mucho los ojos mientras le acariciaba el pelo.

—Claro que no te odio, ¿cómo iba a hacerlo? Pero ahora deja de llorar, porque creo que el Tártaro nos espera.

Natsu se incorporó sujetando a Lucy y miraron a Eva, que había puesto gesto de fastidio.

—Sí, el Tártaro os espera, podéis pasar —la niña hizo un gesto con la mano y la última puerta se abrió.

El Tártaro no era lo que ellos esperaban. Cuando te hablan de lo más profundo del Infierno te imaginas un lugar lleno de torturas, de almas condenadas, de gente pagando por sus penas y, en cambio, ante ellos se abría un hermoso jardín.

—Aquí es donde descansan las almas de los condenados más peligrosos —explicó Eva, que había entrado tras ellos.

—Pero…Si es un jardín.

—Sí, y esa es la peor tortura que existe. Ellos ven el jardín, pero no pueden disfrutarlo. ¿Os dais cuenta de que el aire aquí es fresco? Mirad arriba, ahora es de noche, pero durante el día sale el sol, un sol que no les calienta. Toda esa comida está al alcance de su mano, pero no pueden comerla y, lo que es peor, cuando tratan de dormir, horribles pesadillas acuden a ellos. Pesadillas como las que vosotros habéis sufrido. —La niña había trepado a un árbol mientras hablaba y había arrancado una pequeña y delicada flor, que le tendió a Lucy. —Creo que esto es lo que habéis venido a buscar.

—Eva…¿Para qué sirve exactamente esta flor? —Preguntó Natsu.

—Es la Flor del Eterno Descanso. Con ella se crea un potente bebedizo que te provoca la muerte instantánea, pero al hacerlo tu alma se condena directamente y viene a parar aquí…Hay que estar muy desesperado para querer bajar al Tártaro —la voz de Eva se había convertido en un susurro y los dos chicos se tuvieron que acercar mucho para oír sus últimas palabras—.Bueno, creo que ha llegado la hora de que abandonéis este lugar, seguid hasta el final y entonces la puerta os llevará directamente hasta vuestro plano.

Después de darle las gracias, Lucy guardó con cuidado la flor en su bolso y se encaminó hacia la puerta, pero antes de alejarse demasiado, Eva corrió detrás de ellos y le puso algo a Lucy en la mano.

—No lo mires hasta que no estés fuera de aquí —le dijo con una tétrica sonrisa. Lucy asintió y cerró la mano con fuerza, luchando contra su impulso de ver qué era lo que la niña le había entregado.

Tal y como Eva había dicho, encontraron una puerta que les llevó al exterior. Una vez fuera del Infierno, los dos se abrazaron llorando de felicidad, después pusieron rumbo a Magnolia, a su hogar.

Después de poner distancia entre ellos y la Puerta del Infierno, Lucy recordó lo que Eva le había dado y, pidiendo a Natsu que esperase un momento, abrió la palma de la mano. Aquello brilló cuando un rayo de sol impactó en su superficie, golpeando a la chica en los ojos; cuando lo volvió a mirar, se dio cuenta de que era una llave.

—¿Qué es? —Preguntó Natsu.

—Creo que es una llave…como las mías —sin pensarlo demasiado, Lucy cogió una de las llaves que llevaba en el cinto y la colocó al lado de la de Eva—. Mira, son iguales, solo que la de Eva es negra…Natsu, es una de las doce llaves del Infierno. —Natsu miró a Lucy, que no sabía qué decir.

—¿Ahora vas a dedicarte a abrir las puertas de Infierno? —Preguntó él. Lucy se encogió de hombros mientras guardaba aquellas llaves con las demás, quizá era hora de ampliar sus horizontes mágicos.

Llegaron a Magnolia pocos días después. Después de mucho discutirlo, habían decidido regresar en tren, pero por desgracia habían sufrido un retraso considerable debido a un incidente que, en absoluto, había sido su culpa.

Bajaron un día por la noche, por lo que decidieron que ya irían al gremio al día siguiente. Después de lo movido del viaje, Natsu no se sentía con fuerzas para caminar, por lo que Lucy lo llevó hasta su casa.

Natsu estaba tumbado en la cama con los ojos entrecerrados cuando Lucy, ya en pijama, se tumbó a su lado dejando escapar un gran suspiro. Al cerrar los ojos, Lucy recordó algo y se incorporó, arrastrando la sábana con la que Natsu se cubría.

—¡Eeeeh! —Exclamó el chico— ¿Se puede saber qué pasa?

—Natsu, poco antes de entrar al Tártaro dijiste que había algo que me querías decir, algo por si todo salía mal, ¿qué era? —Natsu se levantó apoyándose sobre el codo derecho y mirándola fijamente.

—Pues no sé, no me acuerdo —sus mejillas se habían sonrojado.

—Venga, Natsu, dímelo…—suplicó ella. Natsu se levantó y la rodeó la cintura, quedando muy cerca el uno del otro.

—No era nada, de verdad.

—Eres cruel —respondió la chica acercándose un poco más a él. Natsu sonrió, y los dos rodaron por la cama.

Muchas gracias por haberme leído, y espero veros pronto ^^