A/N: Bely Basarte – Y cuando no.
"¿Problemas para dormir?"
Se volteó, ceja alzada y un chasquido de lengua, "algo así, ¿y qué contigo?"
Suspiró, "me preocupan, las dos." Cortó la distancia y entró al balcón. La noche estaba agradable, apenas se sentía el viento y los cielos estaban completamente despejados. El departamento de Mami estaba ubicado en el octavo piso del edificio, por lo que daba una amplia vista a la siempre brillante ciudad de Tokyo. No importaba la hora, la capital le hacía honor a su fama y siempre se mantenía en funcionamiento. Era conveniente la altura del lugar considerando la actividad del barrio; sería muy difícil dormir con todo el ruido que causaban las personas que deambulaban por ahí, usualmente con varios tragos encima y la necesidad de gritar a cada momento para expresarse.
Kyouko no respondió, solo volvió a cruzar los brazos y apoyarlos en el borde de la barandilla para luego descansar su mentón en ellos.
Mami se paró junto a ella, brazos imitando el movimiento, pero se mantuvo erguida; un solo ojo miraba de soslayo a la otra.
"Preferiría que dejaran de evitar el tema y fueran honestas, no es necesario conocerlas mucho como para saber que solo están aparentando, incluso Homura."
"Nah, habla por ella. Yo estoy bien, como siempre."
Mami le lanzó una mirada reprobatoria, la cual se perdió en el silencio; Kyouko no despegaba la vista del cielo y no parecía tener ninguna intención de cambiar su foco de atención.
Iba a insistir, nunca le había gustado lo testaruda que era Kyouko. A estas alturas, esperaba que hubiese mejorado su forma de enfrentar los problemas.
"¡…N-No!"
Ambas se voltearon de golpe. El sonido vino desde adentro, así que Mami abrió la puerta corrediza que separaba el balcón con la sala del apartamento y avanzó rápidamente a la única opción plausible. Kyouko venía detrás, totalmente tranquila y con las manos detrás de la nuca.
"¡Lo s-siento…! ¡N-No p-pude… De…!"
"¿Homura…?" Mami se arrodilló junto al futón donde descansaba, o más bien retorcía, el origen de los gritos.
"Oy, Mami, ¿traes una Grief Seed contigo?"
"Sí, tengo unas cuantas de reserva…" Su mirada se fijó en el rostro sudoroso de Homura. Se notaba que tenía los dientes apretados; sus cejas estaban fruncidas y sus labios temblaban con cada palabra. Cerró los ojos un momento y luego se volteó hacia Kyouko, "¿de verdad es necesario?"
"Mhm, lo es."
La repentina seriedad en el rostro de Kyouko fue lo que hizo que Mami se apresurara en movilizarse, dejando a las otras dos solas mientras su figura se alejaba dando pasos rápidos hacia el pasillo.
Kyouko ocupó el lugar de Mami, piernas cruzadas, y llevó una mano hacia la mejilla de Homura. Estaba empapada, y no por el sudor; eran las lágrimas que corrían libres en ese momento. Kyouko entornó los ojos y luego sacudió la cabeza hacia los lados.
"¡No lo hagas! P-Por f-favor-…Ya, d-detente…" El cuerpo de Homura comenzó a moverse, manos elevadas intentando agarrar algo desesperadamente. Los sollozos hacían inentendibles las demás palabras, cada uno más fuerte que el anterior.
Kyouko movió rápidamente su propia mano y fue a encontrar una de las de Homura. La apretó fuerte y sacó una servilleta de su bolsillo para secar sus mejillas, pero cuando lo iba a hacer, Homura se incorporó de golpe, ojos completamente abiertos y la mandíbula temblorosa. "¡D-Detente!"
Kyouko rodeó los hombros de la chica con un brazo y frunció ambas cejas, "ya está bien, Homs. Estamos aquí, todos estamos bien. Ella está bien."
Homura se volteó de golpe para encontrar la mirada irritada de Kyouko. Tragó pesado y sus ojos se posaron en su regazo, la culpa y vergüenza apoderándose de ella. No fue capaz de pronunciar palabra hasta que Mami apareció y le entregó algo a Kyouko.
Por su parte, Kyouko se mantuvo en la misma posición. Solo se movió para darle espacio a Homura, antes de jalarle la mano que portaba su anillo. "Invócala."
"¿Eh? No es necesario, ya-"
"No te lo pregunté, Homs. Hagamos esto rápido, así que deja el ego a un lado ahora. Repito, invócala."
Fue la mirada amenazante de Kyouko la que acabó por convencerla. Obediente, invocó la piedra, la cual no estaba con su usual color púrpura brillante. Habían muchas manchas oscuras, más de las que pensó que habría. No pudo evitar apartar la mirada; estaba completamente desconcertada por su pérdida de compostura. Eran cosas que ya no pasaban, que ya había dominado hace mucho.
Kyouko procedió a purificarla en silencio, mientras Mami las miraba expectante. Sus brazos cruzados eran siempre mala señal; sabía que se venía una reprimenda. A pesar de los años, algunas cosas no cambiaban, y estaba segura que no lo harían en un buen tiempo. Una vez limpia, Kyouko la soltó y regresó la gema a su forma de anillo, pero la otra chica no había acabado; agarró a Homura de ambos hombros y la sacudió, obligándola a verla a la cara.
"Creí que ya habías superado este show, Homura. ¿Cómo se supone que crea que estarás bien sin Madoka aquí para mantenerte estable? Es la primera anoche, la primera, y ya ocurrió."
La soltó de golpe y buscó en sus bolsillos un par de dulces para lidiar con la ansiedad, "si sigues así no me dejarás otra opción que mandarte de una patada de regreso."
"¡No puedo evitarlo! No es que esté retrocediendo, es solo…" Apretó las sábanas, "…No es fácil, la dejé sola, quizás podría pasarle algo malo…"
"Claro que sí, pero debiste pensarlo antes, ¿no? Ya estamos aquí, así que deja de lamentarte y mejor haz que tu tiempo valga la pena, que haberla dejado no fuera para nada."
Homura se mantuvo en silencio con la cabeza gacha. Mami no sabía si opinar o irse, pero optó por sentarse del otro lado del futón y poner una mano sobre la de Homura, intentando relajar sus nudillos. "Entiendo que esto ha pasado antes, ¿no?"
Bufó, "solía ocurrir todas las malditas noches hasta hace unos 6 meses atrás. Ya sabes, por eso se quedaba tantas veces en casa de Madoka o ella venía a la nuestra en por defecto, solo Madoka lograba calmarla sin necesidad de que yo saliera a cazar brujas a las 4 de la mañana para conseguirle alguna Grief Seed."
"Homura…"
Negó firmemente con la cabeza, "no volverá a ocurrir. Estaré bien, no les causaré más problemas, lo siento."
Mami negó con la cabeza y apretó suavemente su mano, "al contrario, cáusanos problemas. Si algo te acongoja, háblalo, es la única forma de liberarse de la carga. Somos tus amigas, yo… No tenía conocimiento de esta situación, pero lo entiendo, así que confía en mí también."
"Mami…"
"No la mimes tanto, Mami. Hay que sacudir y darle una paliza a este tipo de nerds para que reaccionen." Se puso de pie entonces y fue a recostarse en su propio futón, "y ahora quiero dormir, así que dejen la cháchara para otro momento."
Mami y Homura se dieron una mirada antes de sonreír de lado por el mal humor de Kyouko. De todos modos, Mami se levantó y fue a apagar las luces de la habitación, no sin antes dedicarle una última sonrisa a Homura, ojos dorados reteniendo a los púrpura.
Homura parpadeó.
Encogió los hombros y descartó el pensamiento; tenía sueño y probablemente le metía cabeza a algo que no tenía importancia.
"¡Gah, me molesta tanto!"
Madoka pegó un salto por el grito y le echó una mirada confundida a la chica que revolvía cabello azul con frustración, "¿…Sayaka-chan?"
Sayaka tomó el lápiz y lo empezó a dar vueltas entre sus dedos. Hincó ambos hombros sobre la mesa y ubicó el mentón sobre la que tenía libre. "No puedo creerlo todavía, ¡es inaceptable! ¿Cuál es el problema con tener la decencia de despedirse, ah? Y se supone que somos amigas, pff."
Madoka le ofreció una sonrisa leve, cejas fruncidas por preocupación. "La verdad no lo sé, uhm… Ese día no me di cuenta hasta el final que Kyouko-chan también se iba. No tuve oportunidad de hablar con ella, y Homura-chan no ha querido contarme nada al respecto…"
Bajó la mirada. Homura apenas había respondido sus mensajes en estos días, pero no quería dar más razones para quejarse a Sayaka, en especial cuando Kyouko parecía estar ignorando olímpicamente todo tipo de contacto con ella.
"Digo, ¿qué tan difícil es coger el teléfono? De pronto jura que es una celebridad o qué se yo. Ni siquiera merece que esté aquí preocupándome por ella, maldita Kyouko."
"Ya estará bien, Sayaka-chan. Mami-san y Homura-chan están con ella, y Kyouko-chan sabe cuidarse muy bien por sí misma, todo estará bien." Una mano fue a encontrar la de Sayaka y le dio un apretón alentador, "Kyouko-chan no actúa así porque sí, estoy segura que le importa más de lo que crees, pero no sabe cómo afrontarlo."
Sayaka detuvo el lápiz y apartó la mirada, ceño fruncido y la boca hecha un puchero. "¿…De verdad piensas eso, Madoka? Es decir, aunque no aplaudo a Homura por irse así, al menos tuvo el coraje de despedirse de ti, porque le importas, en cambio Kyouko…"
"Kyouko-chan y Homura-chan son diferentes, y lo sabes. Si bien entre las dos se entienden, tienen personalidades que difieren mucho entre sí. Además… Ya sabes, mi relación con Homura-chan es… Un poco más sincera que la tuya con Kyouko."
Sayaka abría la boca ya para replicar, pero Madoka siguió hablando, "tú sabes que Kyouko-chan siempre ha querido acercarse más a ti, pero cada vez que da un paso, tú corres tras alguna otra persona que ni siquiera te atrae. Yo sé que no tengo excusa para como acabó mi situación con Homura-chan, pero tú… Parece que tuvieras miedo de apegarte más a ella."
"N-No es eso… O quizás sí, ¡no lo sé! No me gusta pensar en estas cosas, solo…" Tomó aire y agachó la cabeza, "siempre me ha dado la impresión de que si la dejo entrar mucho en mi vida, acabará huyendo y no habrá forma de retenerla," bufó, "pero vaya, lo hizo de todos modos."
"Sayaka-chan…"
"¡Ya, está bien! Suficiente, suficiente, no podemos estar así toda la vida, Madoka. Nosotras también debemos salir con fuerza y avanzar eh, así que sigamos revisando los anuncios y busquemos algún trabajo que no sea tan basura."
Sacudió la cabeza y forzó una sonrisa torcida en su rostro. Pero Madoka sabía que con ese mero gesto ella buscaba sacudirse más que lo que aparentaba. De todos modos, tenía razón, si seguía mirando el teléfono cada 10 minutos solo para encontrarlo libre de notificaciones, se volvería loca.
"Mhm, ¡busquemos!"
Suspiró pesado mientras relajaba los hombros y tomaba asiento en el pavimento, descartando su transformación. Una mano fue a quitar el sudor de su frente y se quedó ahí mientras su respiración volvía a la normalidad.
Había un problema considerable debido a la partida de Homura y Kyouko: Sayaka se había vuelto prácticamente la única chica mágica de Mitakihara, y la cantidad de brujas no parecía disminuir en los últimos días. Había un par de chicas más, pero habían hecho el contrato hace poco y no confiaba mucho en sus capacidades, ambas eran asustadizas y apenas la veían parecían intimidarse y abandonaban el lugar.
A veces pensaba que debería considerar esto su único trabajo, pero lamentablemente no obtenía paga de ello y nunca lo había querido tampoco. Los guerreros de la justicia no buscaban recompensas, pero tampoco se morían de hambre…
Apartó el pensamiento rápidamente y se puso de pie de un salto; sentía la presencia de otra bruja cerca. Le echó un vistazo a su teléfono para revisar la hora, pero se irritó apenas se encendió la pantalla; para variar, ninguna señal de vida de Kyouko. Apretó los dientes y agradeció tener la oportunidad de patear unos cuantos traseros antes de irse a dormir.
¿…Las brujas tienen traseros? Bueno, es algo que dejaría como enigma porque ya tenía suficiente con matarlas como para traumarse con lo que sea que pudiera descubrir.
¿Y culpa de quién es que estuviera pensando esa estupidez?
Maldita Kyouko, ganas no le faltaban de pegarse un viaje a Tokyo solo para patearla hasta quedar satisfecha.
Corrió hacia la fuente de energía mágica que la dirigió hasta el fondo de un callejón donde apareció la entrada a la barrera. Sayaka suspiró; haría esto rápido y sencillo. Invocó su Soul Gem y se transformó rápidamente antes de arremeter contra el laberinto.
Alzó su espada; todos estos años no habían sido en vano, manejaba muchísimo mejor sus poderes, y sus habilidades de curación hacían todo más fácil. No tardó en acabar con los familiares, y por suerte, esta bruja fue muy fácil de manejar. Obtuvo la Grief Seed, y decidió que había sido suficiente por esta noche.
Guardó la semilla en el bolsillo de su pantalón, y caminó por las oscuras calles de Mitakihara. Aun se estaba acostumbrando a los patrullajes solitarios; había veces en las que, al acabar con algún enemigo, se volteaba para celebrar con compañeros invisibles, demasiado acostumbrada a la presencia de todas las demás.
Hoy, solo se dedicaba a patear las piedrecillas que se cruzaban en el camino. Caminó por la ruta usual que llevaba a su casa, y sintió algo apretarle el pecho cuando vio el puesto de crepes de la esquina.
Todas las veces que Kyouko la acompañaba, era casi como parte de un ritual hacer una parada ahí.
Una sonrisa amarga; ¿cuántas veces había reprendido a la otra por arrastrarla a sus malos hábitos alimenticios? Kyouko siempre lograba mandarla directo a hacer dieta, lo cual consideraba ridículo luego de gastarse casi todos los días saltando de aquí y allá peleando con brujas.
Pasó junto al carrito, y la sonrisa del vendedor logró detenerla.
"¡Sayaka-chan! Qué gusto verte, hace días que no te veía ni a ti ni a Kyouko," ladeó la cabeza y se le quedó viendo por un momento, "¿…están peleadas, o algo así?"
Sayaka llevó una mano tras su cabeza y forzó una risa, "¡qué va! Esa tragona dejó la ciudad, así que debe estarte engañando con otros puestos allá en Tokyo."
"¡¿Qué?! ¿Pero por qué?"
Se encogió de hombros, "ni idea, solo se fue."
"Ah…"
Hubo un silencio prolongado. Sayaka embutió sus manos en los bolsillos de la chaqueta, y sacó un billete. "Pero yo seguiré siéndote fiel, Takechi-san."
El hombre dio un leve salto, pero se formó una sonrisa en su rostro, "¿lo de siempre?"
"¡Lo de siempre!"
Era extraño aun el despertar con el delicioso aroma a pancakes recién hechos, a pesar de que ya habían pasado varios días desde que llegaron.
Si algo había extrañado de la presencia de Mami en Mitakihara había sido su cocina. Sentía que con solo desayunar bien ahí con ella, sería un estupendo día.
Se incorporó para ir a darle su aprobación, y le sorprendió darse cuenta de que estaba sola en la habitación; Homura ya se había levantado aparentemente. Se encogió de hombros, y luego de dar un largo bostezo, caminó por el pasillo hasta la sala.
Al asomarse a la cocina, los buenos días quedaron atrapados en su garganta en cuanto notó al par de chicas platicando, curiosamente animadas para su gusto. Alzó una ceja, sin entender ni importarle el por qué una pequeña porción de irritación se instaló en su estómago, y se quedó junto al umbral estudiando la escena.
Dentro del lugar había una barra, similar a las que usan en los bares, aunque mucho más corta, diseñada para comidas rápidas, o en este caso, socializar mientras Mami volteaba las masas en el sartén. Homura estaba sentada en un banquillo, ambos brazos hincados en el mesón de la barra. Su mano sostenía el mentón, y su mirada estaba fija en dirección a la cocinera.
"¿De verdad es tan malo? Seguro solo quieres echarme el susto."
"Vaya, está bien, no me creas. De todos modos, lo descubrirás por ti misma en unas semanas."
Suspiró. "Seguirá siendo extraño el adaptarme a esta ciudad de nuevo, aun cuando aquí nací… Supongo que se siente que he vivido más años allá en Mitakihara que aquí."
Mami se volteó para darle una sonrisa triste, entendiendo por completo el sentido de esa frase.
"Qué complicado… Pero Homura, seguro encuentras algo que te ligue aquí, en algún lugar deben quedar restos de tus raíces, ¿no tienes familiares?"
"Uhm…" Su mirada vaciló hacia el costado por un momento, "de hecho, sí. Pensaba retomar ese vínculo, aprovechando mi regreso."
"¿Sí?" Ladeó la cabeza, "¿puedo preguntar quién es?"
"Mhm, es mi abuela materna. Tengo entendido que sufre una enfermedad, así que veré si puedo ayudarla en algo, por lo menos económicamente."
Mami giró la perilla del gas para apagar el fuego, colocó el último pancake junto con los demás, y tomó asiento frente a Homura. Un par de manos fueron a buscar las ajenas, y una sonrisa tenue acompañó el gesto. "Estoy segura de que se alegrará con tan solo verte. Después de todo, siempre es reconfortante saber que alguien te estima, que se preocupa por ti…"
El par de ojos púrpura buscaron los dorados, intentando encontrar algo más allá que le explicara la vibra peculiar que estaba sintiendo en el ambiente. "Espero que no esté enfadada, son años ya en que ni siquiera la he llamado…"
"Nadie podría enfadarse contigo si pones esa cara."
"Ahem."
Ambas saltaron, manos separadas de golpe. "¿Kyouko?"
"Lamento interrumpir su momento cursi, pero mi desayuno se enfría y tampoco quiero vomitar arcoíris antes de comérmelo, así que dejen eso para más tarde o para cuando yo no esté para verlo."
Homura simplemente rodó los ojos y se puso de pie para ayudar a Mami con los platos. "Veo que despertaste de buen humor, Kyouko."
Mami abandonó primero la cocina, y cuando Homura la iba a seguir, una mano aseguró su muñeca, casi haciéndola botar todo por la brusquedad.
"Pero qu-"
Kyouko bajó la voz y se inclinó para que escuchara los susurros, "¿Qué fue eso, Homs?"
Parpadeó. "¿El qué? No sé de qué hablas."
Un movimiento de cabeza, gesticulando hacia donde Mami acomodaba las tazas de té. "No te hagas la pava ahora."
"Solo hablábamos, Kyouko." Y de pronto, juntó las piezas, "…Espera, no sé qué estás pensando, pero no asumas cosas por tu cuenta."
"Mhmhm, vale. Sabes que no soy de meterme en estas cosas, pero espero que la ausencia de Madoka no te comience a afectar de ese modo, esto no es ningún juego."
"¿Estás loca?" Sacudió el brazo para librarse por fin, "nunca haría eso, Madoka… No, no podría. Además, Mami es nuestra amiga, solo está preocupada, es todo."
"Si tú lo dices…"
Le molestaba.
Le molestaba mucho la forma en que Kyouko estaba diciendo las cosas, su tono. Pero lo dejaría para otro momento, solo porque Mami ya se ponía de pie para ayudarla con las cosas que cargaba.
Un salto, otro salto.
Las ciudades más pobladas deberían, por lógica, tener más actividad, ¿no?
Pero ya llevaba toda la tarde buscando, y nada.
Saltos, más saltos.
Por suerte ya oscurecía y al parecer, en esta ciudad, la gente no suele poner atención a sus alrededores. Van todos prácticamente haciendo carrera por las calles; todos demasiado ocupados, todos envueltos por el resplandor artificial de Tokyo.
La verdad no estaba segura si eso le gustaba o no. Por una parte, nadie metía sus narices en lo que hacía, pero por otro, le causaba rechazo su ensimismamiento. Ya estaba acostumbrada a otras cosas, y no le traía buenos recuerdos precisamente.
Sin embargo, la actividad debería ser mayor en todo sentido, ¿no? Entonces, ¿por qué no podía encontrar ni una sola bruja?
Odiaba hacer la asociación, pero en ambientes así seguro era bastante propicio encontrar candidatas que llenaran los requisitos de los incubadores.
Y por ende...
Bufó.
No debería preocuparle la escasez de brujas, de hecho, debería ser algo para alegrarse.
Dio vuelta sobre sus talones, y se dirigió a la zona que concentraba los puestos de comida y restaurantes. Ya que se había dado el trabajo de llegar hasta ahí, al menos lo aprovecharía, porque de algo que no se podía quejar era de la enorme diversidad de platillos que podía encontrar, y a precios razonables.
Embutió ambas manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero, y su mirada vagó a través de los anuncios brillantes. Helados, taiyaki, hotdogs, hamburguesas...
Entonces, se congeló. Sus manos se cerraron en puños y entornó los ojos mientras los clavaba en dirección a un puesto de crepes, ubicado en medio de una plaza, la cual para su sorpresa, estaba poco poblada. Un pie avanzó, pero retrocedió de golpe cuando la música estridente de su teléfono la sacó del trance.
Miró el nombre que marcaba la pantalla y sintió que su corazón dejaba de latir por un momento.
Maldición, Sayaka, ¿no podías ser menos oportuna?
...Aunque quizás era precisamente lo contrario.
Se quedó mirando como la luz parpadeaba, hasta que por fin el ruido cesó y pudo relajar la mandíbula. Pero no, cantó victoria muy pronto, porque el sonido casi la hace lanzar el aparato lejos por el susto.
El debate mental la cansaba; no era lo suyo. Llevó la mano libre hasta la nuca y revolvió el cabello ahí para descargar la frustración en algo tangible, y luego de gruñir -literalmente gruñir- presionó el botón verde y contestó.
"¿Quién se murió?"
"..."
"¿Hola?"
"¡¿Kyouko?!"
"Ajam, ¿será que te equivocaste de número?"
Se escuchó un quejido indignado por el otro lado de la línea. "¡Claro que no, idiota! ¿Se puede saber por qué demonios no cogías mis llamadas?"
"¿Llamaste para eso, Sayaka? De verdad no ando de humor para discutir contigo, menos por este medio. Si no tienes nada más que decir, disculpa, pero estoy en medio de algo."
"¡Hey, espera!" Se escuchó un silencio, seguido por un largo suspiro. "Si estás tan ocupada, ¿por qué contestas ahora?"
El cambio de tono en la voz de Sayaka fue lo que hizo que el frío recorriera su cuerpo, "...No lo sé, yo... No, olvídalo."
"No me vengas ahora con que lo olvide, Kyouko. Desapareces de un día para otro sin decirme una sola palabra, y luego no eres capaz de mantener una conversación conmigo? ¿Qué está pasando? ¿Tan poco te importo?"
Sayaka disparó cada palabra como una metralleta. Estaba muy, muy cabreada, pero eso no era nuevo. Lo que le afectaba era la tristeza que se percibía tras toda esa rabia. Mantuvo silencio por un momento antes de responder, contrario a lo que habría hecho normalmente, o sea, solo ladrarle de vuelta.
"No entiendes nada, Sayaka. ¿Te soy honesta? No creí que fuera relevante para ti el que estuviera ahí o no. Y nah, lo tengo clarísimo, y no te lloriquearé al respecto, eso es problema mío. Pero si no te dije nada, ni he querido hablar contigo, es porque a mí sí me importa, y ¿tú solo te indignas porque no te doy boleta de cada cosa que hago? Deja de mirarte el ombligo, tú y rosita son cortadas por la misma tijera, pero eso sí que ya no es problema mío. Ahora, te pido como favor que no me llames más si será para acusarme por la tremenda ofensa que significa para ti mi decisión. Solo sigue haciendo lo que siempre has hecho, y diviértete."
Silencio.
Solo hubo silencio de respuesta.
Chasqueó la lengua y golpeteó el pavimento con la punta de su bota. "Adiós, Sayaka."
"Kyou-"
Llamada terminada.
Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no estrellar el móvil contra el suelo, y para su suerte, la presencia de actividad mágica logró sacarle una sonrisa torcida.
"Justo lo que necesitaba."
Metió el teléfono en la chaqueta y se apresuró a seguir el rastro de la energía que la dirigió hasta un edificio, mucho más viejo que los demás de la manzana, y entendió el por qué al acercarse para entrar a la barrera: Era un asilo, y aparentemente no uno de los mejores. Guardó cualquier pensamiento extra al respecto para más tarde, y se puso manos a la obra.
Como esperaba, la recibió un animado comité de bienvenida. No tardó en verse envuelta en una brillante luz roja; su transformación luciéndose entre la multitud de familiares oscuros; hacían un fuerte contraste en relación a su atuendo, así que cualquiera que entrara y pudiera verla, no tardaría en encontrarla ahí rebanando a todo quien se cruzara por su camino.
Avanzó hacia el siguiente nivel del laberinto sin mayor problema; sus oponentes no representaban amenaza así que asumía que la bruja tampoco sería la gran cosa.
Suspiró. Tenía la esperanza de que podría desahogarse como corresponde, de la forma productiva y cero dramática al contrario de Homura, pero esto era directamente aburrido. Bostezó, hurgó en los bolsillos de su uniforme y sacó una manzana que fue engullendo mientras caminaba con su lanza colgada al hombro. Pateó un par de bolas parecidas a los familiares de Charlotte que intentaron detenerla, fallando miserablemente. Para cuando alcanzó el siguiente nivel, lanzó el corazón de la fruta lejos. Estiró el brazo que no cargaba el peso de su arma y empezó a darle vueltas, haciendo el típico ejercicio de calentamiento, preparada para arremeter contra la enorme mole que era esa bruja.
No la intimidaba, luego de enfrentar a Walpurgisnacht había comprobado que aquella era de las pocas brujas cuyo tamaño se condecía con su poder destructivo; el resto era pura apariencia.
Giró su lanza y luego la posicionó en lugar, la punta dirigiendo la carrera y saltó para encestar el golpe directo con la intención de cortarla por la mitad de una vez, pero como imaginó, tampoco podía ser tan fácil. Su oponente resistió y no tardó en escupir un líquido similar a la mucosa, y Kyouko lo esquivó como si su vida dependiera de eso porque más que el daño, le daba un asco tremendo que esa cosa llegara a tocarla.
"Joder, qué asco. No quiero saber qué tipo de deseo hizo esta chica como para convertirse en este adefesio, en serio. Bueno, ¡qué más da! Acabaremos con esto rápido, señorita."
Una sonrisa ladina hizo entrever sus colmillos, y ya había transformado el cuerpo de la lanza en varias partes que maniobró con experticia para moverse con más libertad y evitar todo tipo de ataque.
Hicieron falta unos 5 golpes, en los cuales puso fuerza seria esta vez, para que la bruja viera su fin. Kyouko se encajó un palillo de pocky al aterrizar tras la última arremetida, y cuando las paredes de la barrera se empezaron a disipar, recogió su trofeo.
Estaba a punto de descartar su transformación, cuando sintió 2 presencias mágicas acercarse por su espalda. Se volteó, arma colgada en su hombro nuevamente, y alzó una ceja al divisar al par de chicas que caminaban en su dirección.
"Mala suerte nenas, sean más rápidas para la próxima. A mi realmente me resbala ese cuento de los territorios si es que empezarán con esa chorrada, eh."
Una de ellas, la más baja, que llevaba un traje naranja brillante al igual que su cabello, se acercó con ambas manos en las caderas. Frunció las cejas, pero una amplia sonrisa arruinó todo intento de seriedad.
"¿Sabías que saludar no hace daño? Pero qué genio, no hemos dicho nada, amargadita."
Kyouko hizo una mueca y se volteó por completo para cerrar la distancia e inclinarse para ver a los ojos a la chica que era claramente un par de años más joven que ella. "¿Amargadita? Tienes cojones como para llamarme así, novata." Se enderezó, y chasqueó la lengua, "todas vamos tras lo mismo, así que no me como ese acto que intentas montar. Sé directa."
La chica se echó a reír pero no retrocedió ni un solo centímetro, "¿que sea directa? Hey, ¡creo que ya me caes bien!" La sonrisa fue sincera y un brazo fue a darle un golpe al de Kyouko. "Debes relajarte, onee-san, de verdad que nos da una pereza impresionante pelear sin motivos. Usualmente no hay exceso de brujas acá, así que tampoco nos vemos en necesidad de usar tanta magia, por ende, tampoco Grief Seeds, así que ahí tienes mi 'ser directa.' "
La otra chica, la cual portaba un traje liso, verde oscuro y con el corte que lo hacía similar a los vestidos chinos tradicionales, de melena negra, se acercó sin que ninguna de las dos se diera cuenta y ya estaba jalando del brazo a su compañera. "No seas tan frontal con ella, supongo que nosotras somos las raras aquí."
La chica solo soltó un quejido, sintiéndose regañada a pesar de la voz suave que ocupó, y dio un paso atrás.
"Disculpe, ella suele actuar así, no es nada personal. De todos modos, me gustaría presentarme, y que dentro de lo posible... ¿Intentemos llevarnos bien?"
"Heh, eres de ese tipo." Se encogió de hombros, "Sakura Kyouko."
"U-Un gusto, Sakura-san… Mi nombre es Nagano Hiyori, y ella…" Una mano fue hasta el tope de la cabeza de la más baja y la obligó a dar una reverencia con la cabeza, y no apartó la sonrisa en ningún momento, "…Es Natsuki Akari."
Akari se sacudió la mano, rostro rojo, "¡yo puedo presentarme sola, que no soy una cría, tenemos la misma edad Hiyori!"
La chica se limitó a rodar los ojos, antes de devolver la atención a Kyouko, quien ya les ofrecía su caja de pockys para que tomaran uno. "¿Quieren?"
Tragó nuevamente, las manos le temblaban y sabía que no quería llegar sudorosa, pero no podía controlarlo.
No tenía por qué estar tan nerviosa, no podía pasar nada tan malo. Ya se había puesto en todos los escenarios posibles, y optó por sacudirse todo aquello como le insistió Mami, y ahí estaba, parada frente a la puerta de un apartamento.
Subió las manos para abrazarse a sí misma y apretó los ojos. Tenía un nudo en el estómago que no la dejaba en paz, y no recordaba cuando había sido la última vez que se sintió tan enferma solo por miedo al rechazo.
Porque sí, ya lo había aceptado. La razón de sus dudas era que o no la recordara, o que no quisiera verla, o incluso…
Que estuviera muerta.
La placa que lucía el nombre del propietario no ayudaba; solo llevaba un "Akemi" a secas.
Le sorprendía, ni ella, quien por un largo tiempo se transformó en una solitaria por definición, había llegado al punto de no colocar su nombre completo en la entrada.
Archivó el pensamiento para otro momento, y luego de sacudir la cabeza, un dedo se alzó en dirección al timbre. Se relamió los labios, mano paralizada sin acabar la acción.
Por favor, ya debería superarlo de una vez, no se había pegado el viaje hasta el otro extremo de la ciudad como para irse sin haber hecho nada.
"Veamos…"
"¡No te preocupes, yo iré! Regresaré aproximadamente en una hora y así comemos juntas, nos ve- Uhm, ¿disculpa?"
Homura abrió completamente los ojos, y sintió el rubor subir por sus mejillas. Las palabras no salían, se había equivocado evidentemente y quería enterrarse ahí mismo para no enfrentar la situación.
El par de ojos turquesa la observaban con curiosidad, atentos, y daban la impresión de buscar algo. La boca estaba hecha una línea, y ladeó la cabeza al no recibir respuesta, "¿…Será que vienes a ver a mi abuela?"
"¿E-Eh? Yo, estehm…" Apartó la mirada, manos nerviosas aferradas al fin de su sweater.
"¿Miyu? ¿Con quién habl-?"
Una anciana encorvada, ojos púrpura, se asomó por encima del hombro de la chica. Se quedó callada por un momento, y simplemente pasó por el lado de la otra para poder pararse junto a Homura. La agarró del brazo, y su mirada buscó al púrpura idéntico al suyo. "¿…Homura?"
Homura sintió un leve alivio al comprobar que parte de sus dudas, de sus temores, se habían disipado. Pero ahora le tocaba enfrentar lo más difícil, no sabía siquiera como empezar, no sabía si la echaría una vez que le confirmara su identidad.
"Mhm, soy H-Homura…" Dudó, pero alzó el rostro para verla a la cara, "…A-Abuela."
"Dios mío…" Una mano encontró la mejilla de Homura, una sonrisa suave en su cara completamente poblada por arrugas, "ha pasado tanto tiempo… No sabes lo preocupada que me tenías, te busqué, pero no hubo caso…"
Homura abría la boca para responder, cuando un par de brazos familiares la rodearon. Fue automático como las lágrimas cayeron, la angustia atrapada en su garganta. Tenía claro que si hablaba, sería solo para perder la dignidad con chillidos inentendibles.
"Te extrañé, Homura-chan… Has crecido tanto, y estás tan bonita…"
Homura solo se aferró con fuerza al sweater de su abuela y hundió el rostro en su hombro.
La anciana sonrió, manos acariciando su espalda de arriba a abajo, reconfortándola. Era un gesto tan gentil, tan de ella, que solo lograba hacer llorar más a Homura. El calor, el aroma a hibiscos… Todo era tan lejano, un recuerdo que poco a poco comenzaba a tomar forma, como si se tratara de encontrar las piezas perdidas de un rompecabezas.
Ambas se vieron obligadas a separarse, porque la verdad, no estaban solas. La chica no expresaba nada, solo observaba en silencio la escena, pero aun así era de mala educación tenerla así.
"¡Oh! No las he presentado todavía. Esta chica aquí, es tu prima. No creo que la recuerdes, como tu madre se enemistó hace tantísimos años con su hermana… De todos modos, su nombre es Miyuki."
La otra chica dio una sonrisa leve, educada, una mano abrazando su propio brazo y agachó la cabeza como saludo. "Un gusto… ¿Homura-san, no?"
Homura parpadeó. No, no era por su timidez, sino porque su atención se centró en el anillo que portaba Miyuki.
Soul Gem, y una marca con forma de copo de nieve en la uña de su dedo.
"Ah, sí… El gusto es mío, uhm… Disculpa por mi comportamiento hace un momento." Llevó su propia mano a secar las lágrimas con la manga de su sweater, la segunda intención obvia.
"¡Pasa, pasa! Miyu, mañana ve a comprar eso, hay mucho que platicar, y quiero que se conozcan, así que vamos."
El par de chicas se quedaron viéndose fijo sin decir nada, y Miyuki falló miserablemente en su intento de no demostrar sorpresa. La abuela cortó el intercambio, jalando a Homura de la mano para arrastrarla dentro del apartamento.
Bueno, podía decir que su visita se había vuelto…
Interesante.
A/N: OCs, OCs everywheeere.
Odio con todo mi ser usar OCs porque siempre que los leo en otros fics suelen acabar volviéndose Mary Sues o Gary Stues, pero como escribí en mi perfil, es poco realista que al cambiar de ciudad no aparezcan otros personajes. Nueva ciudad significa la posible presencia de otras chicas mágicas, especialmente en la capital, o al menos eso pienso, tiene lógica, ¿no? Pero no se preocupen, me di el trabajo de definir por completo a estas 3 nenas, con sus virtudes y sus defectos correspondientes y me tardé MUCHO en eso, así que por ese motivo me demoré tanto en actualizar, y que ahem, bueno… Me entretuve mucho en los retos 8) pero ya, recordé que este es mi proyecto principal y posteé los retos con el fin de ayudarme en los momentos que me bloquee, así que esto teóricamente debería tener prioridad. De todos modos, me daré un break luego de publicar este cap para actualizar en los retos antes de que me acumulen mássss
¿Qué más? Sí, apesto horriblemente con el KyouSaya pero es primera vez que lo escribo de forma más seria, la única experiencia previa que tuve ha sido en los retos, y pos eso es mucho más relax y han sido AUs. Por lo mesmo, críticas constructivas son completamente bienvenidas para las personas más fans de la parejita ;c
Hago la aclaración de que mis OCs no tomarán rol protagónico porque ahm, ya dije que en sí no me gusta usarlos, pero tendrán su pequeña relevancia por ahí, ya se sabrá. Gracias a las personitas que siguen este fic, son bellos, en especial aquellos que leen la mayoría de mis fics fails.
NOTA: Me quebré la cabeza con los nombres, y meh, sé que suena raro el de Akari porque Natsuki también es un nombre, pero lol, todos los apellidos de las megucas son nombres también XD Kaname no estoy segura, solo recuerdo que me suena de Vampire Knight pero x, me da pereza buscar.
Danny out!
