A/N: Friend, please. – Twenty one pilots.


Pataleaba.

Estaba sentada al borde del piso más alto de un edificio, mirando a nada en especial.

El silencio era placentero, a pesar de que no estaba sola. Encontró que, lentamente, comenzaba a sentirse menos ansiosa alrededor de ella.

La miró por el rabillo del ojo y parecía inmersa en algún otro lugar, completamente desconectada.

Pensaba que, de a poco, comenzaba a entenderla. Ya se imaginaba qué pasaba por su cabeza y eso era parte de las razones por las que podía relajarse por fin al lado de Homura.

Había pasado una semana desde que se conocían, y las cosas habían ido bien. Homura había visitado dos días más a la abuela, y aunque se negó, Homura insistió en ayudarla económicamente, más aún al enterarse sobre la artritis que sufría.

Aprendió que a pesar de su poca expresividad, Homura se preocupaba mucho por las personas que apreciaba. No lo decía, y probablemente si se lo preguntaran directamente, lo negaría, pero se notaba siempre, al menos en el campo de batalla, el cómo estaba pendiente especialmente de sus amigas. Al acabar, volvía a su estado normal.

Se preguntaba si Kyouko-san o Mami-san habían reparado en ello.

Era de esas cosas que no le gustaba preguntar; las acciones dicen más que las palabras, por eso prefería observar.

Sonrió para sí misma, pero sintió la pesada mirada de Homura sobre ella.

"¿…Pasa algo?" Dijo, rostro ladeado para mirarla.

"Mhm, digamos que sí…"

La vio jugar con uno de sus mechones de cabello mientras parecía buscar las palabras, o darse el coraje para decirlas.

Era la primera vez que la veía reaccionar así frente a ella.

"¿Homura…?"

Sacudió la cabeza y pegó un suspiro, "me gustaría saber qué deseaste, Miyu. Es por precaución…" E hizo una mueca nerviosa.

"No tengo problema, te lo hubiese dicho el primer día. Pero… ¿Segura que es solo precaución?"

Homura frunció una ceja, y supo que esa sería la única respuesta que obtendría.

Alzó la mano izquierda para pegar la vista a su SoulGem. "Mamá siempre quiso ir a la nieve y ver la aurora boreal. Nosotros vivíamos en Hokkaido, y si bien los inviernos son muy helados y nieva normalmente, debido a la estructura de la isla era muy, muy poco probable que ocurriera. Ya sabes, se ve en zonas polares. Pero era un sueño alcanzable, y ella tenía planes serios para poder lograrlo."

"Oh, ¿deseaste que la pudiera ver, entonces?"

"Uhm… Más o menos." Levantó ambas piernas y las abrazó mientras miraba un punto invisible en el paisaje. "Mi madre no murió de inmediato tras el accidente. Ella se llevó la mayor parte del impacto al protegerme, pero estaba claro que no saldría de ahí con vida."

Pausó por un momento, y cerró los ojos. "En ese momento apareció Kyuubey. Cuando lo vi, fui escéptica, ¿sabes? Me dije a mí misma que si se trataba de un cuento, lo único que habría hecho esa ardilla blanca era engañarme; no era algo que me preocupara en el momento. Tras todo lo que pasó, a veces pienso que debí desear salvarlos a ambos, pero… Mis padres vivían dando lo mejor de sí. Estaban satisfechos, no tenían remordimientos. En los ojos de mi madre lo único que percibí fue su desesperación por dejarme sola. Yo sabía que de una u otra forma estaría bien, me las ingeniaría, así que no lo pensé más y lancé esa moneda al aire; le pedí a Kyuubey que nos permitiera ver la aurora boreal antes de que mi mamá muriera.

Y estoy feliz por ello." Acabó con una sonrisa leve, pero genuina.

Homura la observaba en silencio, hasta que se atrevió a estirar una mano hacia el anillo de Miyuki. Ella parpadeó, pero Homura solo asintió. "En una situación así, pienso que es lo mejor que pudiste pedir. Jugar con el destino de una persona, es... Muy complejo."

Levantó la mano de Miyuki y la acercó para ver con detalle el pequeño copo que descansaba en su uña.

Hoy no se arrepentía de haber deseado salvar a Madoka, pero no podía evitar pensar que Miyu lidió con todo de una forma mucho más sensata, aun cuando se trataba de sus padres.

"¿…Lo dices por experiencia propia, no?"

Homura parpadeó, y alzó sus ojos para encontrar turquesa moverse de un lado a otro. Luego notó sus labios apretados, y reparó en que estaba siendo increíblemente invasiva con el espacio de la otra. La liberó con tranquilidad, y le fue ligeramente gracioso lo visible que se hizo su relajo de músculos.

Siguió mirándola de reojo, claro. Su melena oscura, tan oscura como su propio cabello, ondeaba suave con el agradable viento que las acompañaba. Lo único que perturbaba la libertad del movimiento era ese lazo blanco que separaba uno de los mechones, cruzado, como simulando el recorrido de una trenza.

"Mhm, lo digo por experiencia propia."

"¿Es un mal momento para…?"

Negó con la cabeza. "Tú me contaste el tuyo, es justo que te diga el mío."

"No es necesario…"

Le dio una sonrisa de lado, muy leve. "Para mí sí, tranquila."


"Es una lástima que las demás no pudieran venir."

"No se puede evitar. Kyouko dijo que iría a ver si se encuentra algún trabajo o algo por el estilo, y Homura y Miyuki-chan tenían algo que hacer…"

"¿Tú no tienes deberes, Mami-san?"

Suspiró, aliviada. Detuvo la marcha y se volteó a Hiyori que la seguía detrás. "No, ayer entregué un proyecto, y a estas alturas del año los profesores no son tan densos."

"Ah." Hiyori ladeó levemente la cabeza, ojos entornados. "¿Y no sería mejor que descansaras hoy? Digo, hemos vigilado por dos horas, y no ha pasado nada. Puedo seguir yo sola si quieres."

Mami alzó una mano y la sacudió para que le quitara importancia. "Nada de eso, no podría dejar a mi pequeña kouhai por su cuenta solamente por descansar. Por lo general revisas la ciudad con Akari-chan, ¿no? No deberías ir sola."

"Mmm…" Hiyori caminó por su lado mientras le daba vueltas a una idea.

Mami parpadeó, ¿será que le había molestado el comentario? Se volteó para seguirla y se llevó ambas manos hacia el pecho. Justo cuando estaba a punto de preguntar, la chica habló.

"Pero tú lo hiciste sola por mucho tiempo, ¿no, Mami-san?"

Mami guardó silencio por varios segundos. Sacudió la cabeza, y decidió que ya había pasado mucho tiempo desde eso y ya no tenía la importancia que solía tener. "Así es, ¡y por eso lo digo! Sin importar lo fuerte que seas, algún día puedes verte en una situación riesgosa. En ese momento, agradecerás el tener a alguien en quien confiar a tu lado. Nuestra vida pende de un hilo todos los días, así que hay que fortalecer ese hilo, Hiyori-chan."

Hiyori no dijo nada. Procesó las palabras de Mami con cuidado, como si estuviera estudiando la información para retenerla con claridad como si fuera a rendir un examen al respecto. Finalmente asintió y le dedicó una sonrisa. "Tienes razón, Mami-san. Me alegra poder aprender de tu experiencia."

"Oh, ¿de verdad?"

"Mhm, además… ¡El conocimiento es poder también!"

La sonrisa amplia y radiante de Hiyori detuvo toda reacción de Mami. Le costaba creer que todavía existieran chicas de su edad que pudieran mantener esa actitud y pensar de esa manera. Acabó devolviéndole la sonrisa; le tranquilizaba.

En el preciso momento en que Mami iba a sugerir que dejaran la vigilia por hoy, un rastro de magia la distrajo. Se paró en seco y cerró los ojos para concentrarse. Comprobó que efectivamente no la reconocía, y pertenecía a otra chica mágica sin duda. Hiyori la miraba curiosa. Si hubiese estado sola ya estaría siguiendo a la extraña, pero no quería meter a Hiyori en eso, así que meramente sacudió la cabeza, y tras dar una sonrisa cortés, anunció el término de su patrullaje.


Abrió la puerta de su departamento y dejó las llaves colgadas. Quitó los zapatos, y tras llamar un par de veces, comprobó que Kyouko aún no regresaba.

Se encogió de hombros; aprovecharía de cocinar en su ausencia para que no viniera a meter las manos en los ingredientes antes de que los cocinara.

Caminó hasta su habitación y se cambió de ropa. Se colocó un chaleco largo que tenía reservado exclusivamente para vagar en la casa, junto con un pantalón ancho que cumplía el mismo propósito.

Sacó el teléfono de su bolso y revisó la hora. 7:30.

Pensó que se había demorado mucho en su paseo con Miyuki; había salido a las 3 y quedado con la chica media hora después. No era tan extraño de todos modos, su charla se extendió mucho más de lo presupuestado.

Revisó las notificaciones, y sonrió tras descubrir un mensaje de Madoka. Era simple, solo le deseaba tener un buen día, pero no podía evitar escuchar su voz mientras leía cada palabra. Llevó una mano hasta su rostro; cuando estaba sola le daba el espacio y el tiempo para reflexionar acerca de lo exageradas que podían ser sus reacciones cuando se trataba de Madoka. Contentarse tanto con cosas habituales como esa…

Solo le recordaba lo profundamente perdida que estaba por esa chica.

Cuando se disponía a guardar el móvil en el bolsillo del pantalón, empezó a vibrar y la música espantó el cómodo silencio del lugar. Miró la pantalla y parpadeó; quizás se había equivocado, y no debería ni contestar.

…Pero seguía sonando, y aunque era una canción que le gustaba, no le hacía mucha gracia escuchar el mismo coro tantas veces. Frunció ambas cejas, y acabó presionando el botón verde para aceptar.

"…Miki Sayaka, lamento informarte que llamaste a la persona equivocada, totalmente equivocada. Saludos, de todos modos."

"¡E-Espera, Homura!"

Arqueó una ceja. "¿No fue un error entonces?"

"…No, ¡claro que no! Que ingrata eres Homura, todos te extrañamos aquí y tú solo te reportas con Madoka."

"¿…Qué favor necesitas, Miki Sayaka?"

"¡H-Hey!" Intentó sonar ofendida, pero estaba en lo correcto. Rió suave, incómoda. "…Necesito hablar con Kyouko."

"Si no mal recuerdo, acabo de decirte que llamaste a la persona equivocada."

"¡Te dije que no!"

"Entonces qué. Quizás tú andas desocupada por la vida, pero yo sí tengo cosas que hacer, así que si no vas a ir al grano…"

"¡Ya, ya! Qué genio, uno pensaría que los años te habrían ablandado un poco."

"Miki Saya-"

"Vale, vale. Uhm…" Hubo otro silencio, pero Homura prefirió dejarla terminar a ver si así acababan más rápido, "de verdad necesito hablar con ella. Sé que no me contestará, así que… Si tú pudieras hablar con ella…"

Homura empezó a masajearse la sien, "tendrá sus razones para no hablarte, no me meteré en eso."

"…Las tiene, y lo acepto. Pero… Te pido que me ayudes, s-solo necesito una oportunidad y no te insistiré."

"¿Y qué te hace pensar que me hará caso?"

"Kyouko toma muy en cuenta tu opinión, por si no te has dado cuenta. Si no funciona, déjalo, pero haz el intento… Sabes que no te lo pediría si no tuviera otra alternativa."

En eso podía estar de acuerdo. Era muy, muy raro que se pidieran favores, y aún más raro que se involucraran en temas personales de la otra.

Respiró profundo, segura de que se arrepentiría. "Está bien."

"¡¿En serio?!"

Rodó los ojos. "Mhm."

"G-Gracias, pensé que no aceptarías… Te debo un favor con Madoka como agradecimiento, ¡así que pídemelo cuando quieras! Pero piénsalo bien, eh."

"Yo n-"

"¡Adiós Homura!"

Fin de la llamada.

Se quedó mirando el teléfono por un momento, y luego caminó resignada hacia la cocina.

Se arrepentiría, de eso estaba segura.


Tal como le habían dicho, el trabajo era liviano. Mitakihara era una ciudad mucho menos activa que Tokyo, así que no existía la misma efervescencia comercial. Tenían clientes, sí, era un bazar surtido después de todo, de esos que siempre son necesarios en cualquier barrio, pero era raro que atendieran a más de 3 personas seguidas.

Durante el tiempo libre, Sayaka se dedicaba a ver televisión, mientras que Madoka revisaba que los refrigeradores de los helados y bebidas estuvieran funcionando bien, así como que todo se mantuviera en orden y limpio. La verdad, si no estuviera aburrida, regañaría a Sayaka por su falta de seriedad.

Con todo y su entusiasmo, no gastaba mucha energía durante la jornada, y era lo más conveniente; por las noches se dedicaba a practicar su técnica con los pinceles, así como de dibujo simplemente, durante los días que no tenía ganas de quedarse hasta muy tarde esperando que el olor a olio se disipara.

De todos modos, el estar activa le ayudaba a mantenerse estable. A veces pensaba que la distancia había ayudado a que mejorara su relación con Homura; sentía que se podía expresar con mucha más libertad ahora que no temía caminar en tierra movediza. Sin embargo… Dicha arena la seguía jalando. Apenas estaba llegando Abril, y habían dos cosas que la preocupaban: la primera, que seguramente sería una aprehensión permanente, era que faltaba muchísimo tiempo aun para las vacaciones. Septiembre parecía a años luz de distancia. La segunda era mucho más precisa y específica; era Abril. Sabía de sobra que a pesar de los años, Abril seguía siendo un mes problemático para Homura. Todo había terminado, pero entendía que la chica se apagara siempre que llegaba ese mes.

Y era en esos momentos que tenía que suprimir la urgencia de viajar para acompañarla. No debía, probablemente solo estorbaría sus estudios, y además no podía dejar el trabajo así como así. Sus prioridades al respecto eran claras, pero sabía que Homura no aprobaría esa actitud.

Abril era extraño para ella también. Un año después del incidente, se dio cuenta de que recuerdos permanecían en lo profundo de su memoria. Soñaba todas las noches; días similares, pero sabía que no lo eran. A estas alturas comprendía que, aunque le inquietaba, prefería mantener esa conexión con las timelines pasadas. Cada vez que los recuerdos se hacían más fuertes, era como si encontrara habitaciones con piezas perdidas de sí misma.

Lamentablemente, las emociones también se intensificaban. Pero no se quejaba, hace tiempo había decidido compartir ese peso con Homura, y estaba segura de que llegaría el día en que efectivamente no pesaría más, solo serían recuerdos lejanos.

Pero aún faltaba mucho para llegar a eso.

Ese día, Touko-san se apareció por la tienda. Había estado ausente debido a su enfermedad; el doctor le ordenó hacer reposo. No dejaría de llamarle la atención la confianza que había depositado en ellas como para dejarlas solas de buenas a primeras. Vino con un chico que decía ser su nieto. Iba en la secundaria todavía, tenía 15 años a todas luces -su rostro lo gritaba- y vendría todos los días hasta que sus padres volvieran de su viaje. No parecía agradado con la idea, pero Touko-san ignoraba por completo su mala cara.

Aparentemente tendrían que matar el tiempo cuidando de él también, y a Sayaka de verdad que no le gustaba la idea; desde que se presentaron se sintió una vibra pesada entre ellos.

"¡Es un delincuente, te lo aseguro!"

Y tenía claro que su amiga se casaría con esa impresión hasta que el chico no se apareciera más.

No fue lo mismo con ella. A pesar de que Tatsuya era mucho menor en relación al nieto de Touko-san, Madoka tenía el rol de hermana mayor hirviendo por las venas.

Sumando al hecho de sus peleas con Sayaka y su actitud de completo desinterés, no podía evitar pensar en Homura y aquello la hizo más insistente en llevarse bien con él. No tenía mucho éxito, claro, con suerte había accedido a llamarlo por su nombre: Toru.

Toru siempre traía el cabello desordenado, el largo al límite de lo permitido por la escuela; oscuro y liso. Era de contextura delgada y bajo en consideración a la media de estatura de los chicos de su edad.

Sayaka siempre se burlaba de eso y le sacaba en cara el ser una cabeza entera más alta que él.

No hablaba mucho. Cuando estaba en la tienda aprovechaba el tiempo para hacer las tareas y estudiar. Era muy responsable con ello, o quizás solo lo ocupaba como distracción para ignorarlas.

Cualquiera fuera el motivo, Madoka siempre era amable con él. A Sayaka le molestaba profundamente eso ya que por alguna razón Madoka siempre acababa regañándola a ella por sobre todo luego de alguna riña. Decidió que simplemente no le agradaba ni le agradaría Toru, aun con los sermones de su mejor amiga.

Era una de esas nuevas distracciones que le servían para no atosigar a Homura con mensajes, porque dentro de sí temía estar siendo demasiado pesada. Homura no respondía siempre, aunque cada vez que lo hacía parecía compensar por todos los mensajes omitidos. Acababa aceptándolo con gusto; siempre le sacaba una sonrisa enorme el ver como lentamente se volvía más expresiva verbalmente.

Pero por supuesto, eso la ponía más ansiosa y por ende, insegura. A pesar de todo lo que parecían progresar, sentía el temor latente de que algo malo pasaría.

Era un presentimiento que no la dejaba tranquila.


Para variar, Kyouko llegaba tarde.

Ya no le sorprendía, incluso había llevado consigo un libro para distraerse mientras esperaba.

Acordaron ir a beber un café para luego dar una vuelta por la ciudad. Desde que llegaron a Tokyo no habían compartido mucho y era algo que a las dos les empezaba a mosquear. En Mitakihara tenían su rutina y pseudo rituales semanales como ir al mismo establecimiento de ramen todos los jueves por la noche. Aquí todo eso se fue a la basura, ni siquiera habían tenido tiempo para una conversación decente hace varios días.

No lo diría en voz alta, pero sabía que para ninguna de las dos era un misterio lo acostumbradas que estaban a la presencia de la otra, consecuencia de vivir tanto tiempo juntas. Era agradable y refrescante poder pasar el rato con alguien tan despreocupado como Kyouko; alguien con quien no ocupaban filtros; ninguna era lo suficientemente sensible como para ofenderse por palabras pesadas o falta de tacto. De hecho, les era simplemente normal.

Pidió un café mientras leía; tenía claro que le quedaba mínimo media hora antes de que Kyouko se apareciera. Al fondo de la cafetería había sofás apegados a la pared, los cuales solían estar siempre ocupados, pero era hora de poco público así que se instaló ahí para estar cómoda.

Agradecía mucho su elección; era una historia rápida que atrapaba con facilidad. Normalmente prefería relatos más detallados pero no era algo que quisiera leer ahí con tanto ruido ambiental.

Olvidó mirar la hora, así que no supo cuánto tiempo había pasado, pero su café se había terminado hace mucho. De pronto escuchó un sonido seco contra la mesa, y bajó el libro para encontrarse con una chica que se había sentado cerca de ella. Cabello de un azul muy oscuro recogido en una cola de caballo y ojos de un profundo color azabache. Era de contextura delgada, de mediana estatura y la miraba fijamente, apenas parpadeando.

Arqueó una ceja, y cuando estuvo a punto de decir algo, la extraña la interrumpió.

"Lamento interrumpir tu lectura, pero al parecer somos las únicas solas en este lugar, y honestamente no me agrada beber café así. Anda, te pedí uno igual al que tomabas, va por mi cuenta."

Homura guardó silencio. Esas cosas no solían pasarle, y no sabía cómo tomarlo. Había algo en esa persona que la inquietaba, en el mal sentido, pero no podía identificar aun qué era. Negó con la cabeza, y tomó la tasa para ponerla al lado de la chica. "No puedo aceptarlo. De todos modos, estoy esperando a alguien, así que busca a otra persona, estoy segura de que no faltará quien no le venga mal un café gratis."

La chica solo la miró, rostro neutro. Daba la impresión de que o no la había escuchado, o simplemente le parecía estúpido e innecesario el comentario de Homura. Su mano movió nuevamente la tasa hasta dejarla en su lugar original. Hincó un codo sobre la mesa y apoyó el mentón sobre su mano. "No te pregunté si esperabas a alguien más, ni tampoco si a otra persona le vendría bien un café gratis. Solo me senté a tu lado y te traje un café que no puedo darle a nadie más, tienes que ser tú."

"…Tu presencia comienza a molestarme, así que te pediré que escojas otro asiento; estaba bien leyendo nada más," dijo, cejas fruncidas. Hace muchísimo que no lidiaba con una persona tan frontal, y honestamente estaba comenzando a perturbarle.

Ella llevó la tasa hacia sus labios y saboreó el café como si se tratara de una catadora de vinos. Siguió con la misma expresión, como si su cara no pudiera cambiarla. "¿Me harás perder mi dinero entonces?"

"Nadie te pidió que lo compraras en primer lugar."

"Pero lo hice, y te rehúsas a beberlo. ¿No crees que estás siendo maleducada?"

"Te pedí de buena forma que te retiraras. De cualquier forma… No te conozco, así que no me es relevante lo que pienses de mí."

"Yo sí te conozco, Akemi Homura."

Sus ojos se tensaron por un momento, pero supo controlarlo. No llevaba ni un solo mes completo en Tokyo, no hacía sentido que una completa extraña la identificara. Era muy joven como para asistir a la universidad, entonces…

Y se dio cuenta por fin de qué era lo que le inquietaba. La chica hacía un muy buen trabajo ocultándolo, pero estando a su lado era obvio que eventualmente lo sentiría: magia. Sus ojos viajaron rápidamente hacia su mano izquierda, y ahí yacía el emblemático anillo.

La otra pareció darse cuenta ya que una sonrisa amplia se formó en su rostro. "Te tardaste, Akemi-san. Pensaría que alguien con tu fama sería más precavido, ¿no crees?"

"¿…Qué quieres?"

"Ya te lo dije, ¿no escuchaste? Quiero que bebamos un café juntas."

"Quieres que bebamos un café juntas." Repitió, y de su boca fruncida salió un profundo suspiro. Tomó la tasa desganadamente, y le dio un sorbo largo al café. Agradeció tener buena tolerancia al calor, porque estaba recién preparado. Bajó la tasa, y la miró con ojos entornados. "Ya está, ahora puedes retirarte."

Negó categóricamente con la cabeza.

"No has acabado, ni yo tampoco."

"Da igual, ya bebimos, eso completa tu petición."

"No tiene ningún sentido que empieces algo y lo dejes a medias, ¿sueles hacerlo?"

"Quizás, es una posibilidad."

"Una posibilidad," repitió, "La gran Akemi Homura deja las cosas a la mitad, incluso asuntos simples como beber un café."

"Escucha, quizás a ti te divierte todo esto, pero a mí no. De todos modos, ¿cómo es que sabes mi nombre? No sé de qué fama hablas."

Ella frunció una ceja y sonrió de lado, "subestimas el poder de la habladuría, Akemi-san. Muchas personas saben de ti, y ya que tenía la oportunidad, quise venir a saludarte."

"A saludarme, vale. Bueno, me gusta beber mi café en silencio, así que supongo que no hay nada más que discutir."

"Claro que sí, ¿te molesta si te llamo por tu nombre de pila?"

"Akemi está bien."

Ella hizo una mueca, parecida a un puchero. "Akemi-san, entonces. Yo soy Rina."

"¿Y tu apellido…?"

Encogió ligeramente los hombros. "Simplemente Rina."

Homura dio otro sorbo al café, y no respondió nada más. Tras un silencio prolongado, Rina acercó una mano a tocar el brazo de Homura.

"Hey, ¿te puedo preguntar algo?"

Homura se movió hacia el lado para apartarse, pero el agarre de la chica era más fuerte de lo que creía. "Puedes preguntar, yo elijo si te contesto."

"Oh, perfecto, me parece justo. ¿Hace cuánto no te echas un polvo?"

Homura hizo un serio esfuerzo por no derramar su café ahí mismo. Se giró a verla, pero la mirada que le daba Rina la calló de golpe; no era usual que se intimidara así de fácil.

"¿Entonces? ¿No me responderás? Ah, será que eres virgen."

Apartó la mirada, frente arrugada. "Te estás pasando."

"No lo negaste, así que seguro di en el clavo. Es una lástima, tienes un rostro precioso."

Kyouko, ¿llegarás algún día?

"Tu apartamento está cerca, ¿no? Podemos echarnos uno si gustas."

"Estás loca. Me iré ya, esperaré en otro sitio." Dijo, voz grave. Guardó el libro dentro de su bolso, y cuando se iba a poner de pie, la mano la atrapó de nuevo, pesada.

"No te pregunté si esperarías en otro sitio, no digas cosas innecesarias. ¿Qué tiene de malo? Vamos a tu habitación, te quito la ropa y hacemos el amor. Así de simple. Asumo que no eres heterosexual, ¿verdad?"

"No me interesa, ve a enredarte con otra persona. No necesito ni quiero tener sexo, así que déjame en paz."

Y para su suerte, Kyouko apareció poniéndole una mano sobre el hombro. "¡Disculpa la demora! Me tuvieron esperando más tiempo de lo que pensé en la tienda."

"Ya, ya, entendí. Pero nos volveremos a ver, Akemi-san. Si cambias de parecer, házmelo saber."

Y por fin se fue.

Kyouko la quedó mirando, y luego sintió los hombros de Homura relajarse considerablemente. "¿Quién era? Es raro que sociabilices sin motivo."

"No quiero hablar de eso, no ahora. Está loca, es lo único que debes saber."

Iba a replicar, pero lo perturbada que lucía la detuvo. Acabó accediendo, y prefirieron ir a otro lugar para que Kyouko cenara. Mientras, ella solo tomaba un vaso de agua mineral. Se distrajo escuchando las interminables quejas de la otra; que los uniformes eran horribles, que los horarios muy largos, que no inspiraba confianza por su aspecto, y la lista se extendía rápidamente.

Por suerte la comida no duró mucho tiempo en el plato y pudieron pagar e ir a caminar.

De verdad necesitaba pasear y ventilar la cabeza.

Aunque apenas pasaron por las primeras cuadras, recordó que Tokyo era tan bullicioso que resultaba muy poco satisfactorio salir a platicar, particularmente. Acabaron llegando a un arcade porque a Kyouko le brillaron los ojos cuando pasamos por el lado. Se quedó observándola mientras rompía el record establecido, cosa que sinceramente no le sorprendió. Históricamente, Kyouko siempre gozaba de mucho tiempo libre, y su gusto por las máquinas de baile nunca cesó.

Al menos debía admitir que eso ayudó. Los colores brillantes de la pantalla acabaron capturando su atención, y hasta se encontró siguiendo el ritmo de las canciones con la cabeza. Cuando se quedaron sin más fichas, siguieron el recorrido. No había mucho que les llamara la atención, ambas eran más bien sencillas en cuanto a pasatiempos e intereses. Las tiendas de ropa sirvieron, y aunque debían vigilar bien cuánto gastarían durante el mes, Homura lo permitió solo porque la tarjeta estaba a su nombre y solo ella podía autorizar las compras.

Porque sí, ya habían tenido problemas debido a Kyouko abusando en el pasado.

Bolsas en mano, se dispusieron a regresar. Tomaron un camino más largo solo porque había menos tráfico de gente. Homura lo tomó como una oportunidad, y tras debatírselo por última vez, procedió.

"¿Kyouko?"

La otra solamente se volteó a verla, ceja arqueada.

"Habla con Miki Sayaka." Simple y conciso. El tono que ocupó era de esos a los que Kyouko le tenía respeto, y notó su efecto cuando la vio dar un salto casi imperceptible cuando acabó la oración.

"¿Q-Qué? Creí que no te importaba…"

"No me entrometo, es diferente."

"Oh, ¿entonces sí te importa?" Sonrisa triunfal.

Homura rodó los ojos en respuesta.

"Ya, ya. Pero aunque me lo digas tú, sabes que no lo haré. No quiero hacerlo."

"Aceptaría tu réplica si no te viera todas las tardes pegada a la pantalla del teléfono revisando mensajes y jalándote el cabello de tanto en tanto."

Kyouko la miró boquiabierta, su rostro rojo como su cabello.

"No lo niegas, bien. Es un progreso." Homura tuvo que reprimir las ganas de reírse ahí mismo solo por mantener su seriedad hacia el tema, "habla con ella. No te matará darle la oportunidad."

"…No merece la oportunidad." Dijo, agachando la cabeza.

"¿No? Deberías saber lo frustrante que es saber que por no darte cuenta de tus errores a tiempo, perdiste todo antes de tener la chance de rectificar."

Kyouko embutió las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta y su espalda se curvó hacia adelante mientras arrastraba sus pasos. "¿Estás de su lado ahora, uhm?"

Un largo suspiro. "No puedo creer que me digas eso."

Aceleró el paso, y Kyouko la siguió de cerca. "¡Hey! ¡Yo debería ser la que se moleste!"

"Haz lo que quieras, mal por Miki Sayaka, pero no me meto más."

"¡Agh, ya! ¡Le contestaré la próxima vez que llame! ¿Feliz?"

Homura calmó el ritmo del paso, pero siguió muy por delante de la otra, "mhm, satisfecha."

Bueno, un problema menos.

Miki Sayaka ya no podría molestarla más.

…O eso esperaba.


Le pareció ligeramente hilarante la reacción de Mami cuando la información sobre lo que pasó durante la tarde cuando patrullaba con Hiyori no la sorprendió en absoluto. Tal como con Kyouko, se negó a entrar en detalles, solo le comentó muy por encima que probablemente se trataba de la misma chica que Mami había percibido.

Ninguna de las dos sabía cómo tomarlo, pero como siempre, la precaución iba primero. Algo que tenían muy en común era la seriedad a la hora de llegada de temas de esa índole.

Cuando colgó la llamada, su atención se desvió ante la señal de una Kyouko haciendo lo posible por mantener su voz en calma.

Ladeó el rostro; no había duda, principalmente porque Sayaka hablaba tan fuerte que ni siquiera había que estar junto a Kyouko para escuchar lo que decía. Pero, siendo honesta, no quería escuchar. No era curiosa en ese aspecto, y de todos modos, conociendo a Kyouko, seguro en 10 minutos estaría soltándole todo.

Se adelantó al hecho y decidió preparar café para ocuparse en algo mientras le tocaba escuchar el enojado monólogo de la otra.

Bostezó, y cuando iba a poner el agua dentro de la cafetera, se detuvo en seco. Un escalofrío le recorrió la espalda y miró a su alrededor para identificar de qué se trataba. La máquina quedó olvidada, y caminó a paso firme por el departamento buscando el origen.

Nada.

Miró por la ventana, y la sensación se acabó tan pronto como vino. Entornó los ojos. Sabía que existía la pequeña posibilidad de que se hubiera equivocado, o peor aún, que estuviera pensando de más a propósito de la chica de la tarde.

Una mano sobre su hombro la sacó del hilo de pensamiento, y se volteó para ver a una Kyouko a la cual por primera vez en mucho tiempo, no podía leerle la expresión. Parpadeó, confundida.

"¿Homs?"

"Ah." Homura se volteó por completo y se dispuso a reanudar la tarea que había dejado a medias. Kyouko la siguió, pasos ligeros.

Para sorpresa de Homura, se mantuvo en silencio durante todo el rato que tardó en estar listo el café. Sirvió dos tasas sobre la mesa de la cocina, y acercó una silla para sentarse frente a Kyouko.

Ella tomó la tasa, colocó azúcar –demasiada- y se dedicó a recorrer su dedo pulgar por el costado.

Homura no dijo nada, solo esperaba pacientemente a que hablara cuando lo considerara correcto.

No tardó mucho. Alzó la vista para encontrar la ajena, y suspiró. "…Estoy perdida, sabes."

Homura parpadeó. No sabía en qué sentido interpretarlo cuando lo decía con un rostro tan ambiguo. "¿Por qué lo dices?"

Bufó, una sonrisa amarga extendiéndose por su rostro. "Sin importar lo que haga, sin importar lo que diga… No puedo olvidarla."

Ah, lo había logrado.

"Estaba dispuesta a mandarla a volar luego de escuchar lo que me tuviera que decir, pero no pude. Simplemente no pude. Escuchar su voz ya es demasiado, aun cuando por primera vez en años me dice cosas así, y de una forma… Que no me permite dudar de que está siendo sincera."

"Kyouko…"

"No sé qué hacer, Homura. Me muero de ganas de viajar y arreglar las cosas, verla a la cara…"

Homura hincó ambos brazos sobre la mesa y se llevó la tasa a los labios. Luego de un largo sorbo, añadió con la voz más neutra que encontró. "Pues ve, si eso quieres."

Levantó la cabeza de golpe, ojos más abiertos que lo normal, "¿Ho-?"

"Mi apartamento en Mitakihara sigue ahí, solo. Sabes que no tengo problema en dejarte usarlo por el tiempo que necesites."

"P-Pero…"

"No tienes motivos suficientes que te anclen a este lugar, Kyouko. No sufras por cosas que tienen arreglo."

"No pued-"

"Claro que puedes. Además, seguro acabarás cansándote de permanecer en esta ciudad sin motivos de peso. Puedes encontrar trabajo en cualquier parte, pero Miki Sayaka está solo en Mitakihara."

"Homura, ya."

Naranjo se encontró con púrpura, intensidad latente en el intercambio.

"Hemos estado juntas desde hace años, Homs. Estoy segura de que a estas alturas, nadie me conoce mejor que tú, considerando todas las veces que me has conocido…" Ante eso, Homura se tensó visiblemente, "somos compañeras, no te dejaré sola."

Apartó la mirada. "No te sientas mal, Kyouko. Llevas la misma cantidad de años sufriendo por esa chica, ¿de verdad perderás la oportunidad de lograr algo concreto con ella?"

"Da igual, yo-"

La tasa golpeó el platillo. "No da igual. Este es el momento, Kyouko. Toma el riesgo. Mira, si de verdad prefieres seguir viviendo conmigo en vez de estar allá, está bien. Es tú decisión. Pero haznos un favor a ambas, y viaja a verla. Quédate un par de semanas, o qué se yo, y decide qué harás luego de eso. Tienes todas las cartas a tu disposición."

Kyouko tragó pesado y cubrió su rostro con una mano. "¿Y tú que harás…?"

Se encogió de hombros. "Lo de siempre. No te preocupes por mí. Mami está aquí también si eso te tranquiliza. Y ya, deja el titubeo de una vez. Si te sientes mal por mí, estando allá aprovecha y hazme el favor de echarle un ojo a Madoka, que no le pase nada malo. Aun me enojo conmigo misma por dejarla a cargo de Miki Sayaka, es demasiado inestable."

Ante eso, Kyouko echó una risotada. "¡No tenías ni que pedírmelo!"

Homura curvó los labios en una leve sonrisa, y asintió. "Perfecto. Decidido entonces."

Se puso de pie y tomó ambas tasas vacías. Las lavó, dejó en el escurridor y cuando se encaminaba a la sala, un brazo la detuvo. Miró a Kyouko por sobre su hombro, y recién en ese momento se dio cuenta de las pequeñas lágrimas en los costados de sus ojos. "Kyou-"

"Gracias, Homura. Por todo."

Respiró profundo y relajó sus facciones. Se volteó para poner ambas manos sobre los hombros de Kyouko y les dio un suave apretón. "Agradéceme cuando me traigas buenas noticias."

Kyouko alzó el rostro, y sus labios se estiraron en una amplia sonrisa. "Así será."

Por la noche recibió una llamada de Sayaka, quien tras muchos rodeos, le agradeció la ayuda. La única respuesta de Homura fue "me debes dos favores, Miki Sayaka." Y colgó, dejando a una Sayaka mirando el teléfono mientras se desordenaba el cabello.

Extrañas estudiantes transferidas.


El apartamento se sentía considerablemente silencioso.

Kyouko había tomado el tren la mañana siguiente. Homura le entregó las llaves y le encargó que si en definitiva decidía volver, le dejara dichas llaves a Madoka para que pudiera echarle un ojo de vez en cuando.

Intercambiaron despedidas breves, y luego desapareció.

Debía admitir que por lo menos ahora podría estudiar tranquila a la hora que se le ocurriera. Aunque claro, había olvidado un detalle importante…

Y el timbre se lo recordó.

Abrió la puerta para encontrarse con una Mami que traía almuerzo preparado por ella misma, para las dos.

No se quejaba, los almuerzos de Mami siempre eran apreciados por su paladar.


Luego de acabar con el postre, la puso al día con los últimos eventos. Tuvo que hacer un gran esfuerzo por ignorar la decepción en el rostro de la otra al saber que Kyouko se había marchado, particularmente herida por el hecho de que ni siquiera pensó en despedirse.

Homura solamente pudo suavizar la situación diciéndole que fue todo muy rápido, producto de la efervescencia del momento, y que no se lo tomara personal. De todos modos, no sabía qué más podía decirle, nunca había estado en el lugar de Mami en el sentido de que nunca se tomaba las cosas como ofensas directas hacia ella misma.

Era de esas actitudes que adoptó hace tiempo y que estaba satisfecha con mantener, porque estaba segura de que años atrás, cuando aún no se transfería a Mitakihara, el cuento sería completamente distinto. Y ya había pasado demasiado tiempo como para recordar qué sentía específicamente en esas situaciones. Recordaba otras cosas sí, pero…

Estaba segura de que inconscientemente había bloqueado todo eso como mecanismo de defensa.

De todos modos, la visita de Mami nunca tuvo como objetivo discutir las razones de Kyouko ni cómo le afectaba eso a cada una.

Venía a seguir con lo que habían dejado pendiente la noche anterior.

Homura, con mucha reticencia, acabó contándole todo el encuentro. Ignoró los sonrojos de la chica, y procedió a comentarle la sensación que la alarmó luego de eso.

Mami, respecto a esos temas, era muy realista. Así que, la última preocupación de Homura quedó descartada como producto de la impresión que le dejó aquel evento. No discutió, no podía argumentar lo contrario de todos modos.

Acordaron revisar la ciudad en los días siguientes, por su cuenta. No querían incluir a ninguna de las chicas en ello, pero sí les pidieron que anduvieran con más cuidado, y ante cualquier cosa no dudaran en contactarlas.

Así, las dos barrieron toda la ciudad esa tarde hasta bien entrada la noche. Era un trabajo pesado revisar toda la ciudad considerando lo grande que era y que tenían que andar con mucho más cuidado para que no las vieran los ciudadanos.


No había pasado tanto tiempo, pero sintió una enorme nostalgia al dar el primer paso sobre la estación de Mitakihara. Respiró profundo el aire mucho más limpio en comparación al de Tokyo; tantos automóviles claramente estaban pudriendo esa ciudad.

No trajo muchas cosas consigo para no ir muy cargada, y en parte, para asegurarse de que de una forma u otra tendría que volver. Sabía que el compromiso con Homura se lo había impuesto ella misma, y por la misma razón, quería mantenerse fiel a ello.

Tuvo que respirar profundo varias veces para no sucumbir ante las ansias y empezar a correr.

No.

Tenía que estar tranquila y no hacerse expectativas.

Nada le decía que las cosas irían como esperaba –soñaba- que terminaran.

Acabó repitiéndoselo mentalmente, casi como un mantra, hasta que se situó en el corazón de la ciudad.

Se debatió varias veces si debería ir a dejar sus cosas al departamento de Homura, o ir directamente a casa de Sayaka.

Su vergüenza y su insistencia en tomarse las cosas con calma decidieron por ella, y se vio caminando a largas zancadas hacia dicho barrio.

No sabía por qué le sorprendía –y aliviaba- ver que todo seguía como lo dejaron. Las calles, la gente, los puestos… Alzó la vista al cielo, al sol de primavera, y sonrió para sí misma. Pasó por el lado de un puesto de taiyaki, y compró uno como bienvenida infaltable.

Ya dentro del sitio, entendió el por qué Homura lamentaba no haberle encargado las llaves a nadie. Había un olor a encierro repugnante, así que lo primero que hizo fue abrir todas las ventanas de par en par. No sabía de donde pudo acumularse tanto polvo, considerando que nadie había salido ni entrado en todo ese tiempo, pero estaba todo cubierto en ello. No era fanática de la limpieza en absoluto, pero cuando empezó a estornudar cada 2 minutos, se cabreó y todos sus planes de ir a ver a Sayaka de inmediato quedaron descartados. Sacó una escoba, un trapero, y se tardó una hora en dejar todo 'decente.'

Aprovechó la oportunidad y sacó una muda de ropa. Se dio un baño para quitarse de encima el sudor y restos de mugre que seguramente se le había pegado mientras sacudía y barría.

Baño terminado, y el destino fijo: Residencia de los Miki.

Se llevaba bien con los padres de Sayaka. Según la chica, su madre no era de las mejores cocineras, por eso siempre que tenía oportunidad asaltaba el almuerzo de Madoka. Pero a Kyouko nunca le importó, para ella estaba bien y eso ganó de inmediato el corazón de la mujer.

Su padre siempre estaba muy ocupado, así que en todos esos años, diría que habían hablado no más de 10 veces, como mucho.

De pie, frente a la puerta corrediza que daba paso a la entrada, tuvo que respirar varias veces para calmar los nervios. Las manos le sudaban, y le molestaba mucho el cómo estaba reaccionando. Ella no era así, estaba segura de que solo las cosas relacionadas con Sayaka la habían hecho sentirse tan ridícula.

Justo cuando se iba a dar el coraje para acercarse por fin, la madre de Sayaka salió y la llamó apenas la vio. "¡Kyouko-chan! ¡Te habías perdido, pequeña!"

Kyouko parpadeó, pero luego sonrió de lado. Esa mujer siempre sería cálida, y trató de apagar el pequeño nudo que se hizo en su garganta al verla. Ambas se acercaron, y la madre de Sayaka llevó las dos manos a tomar el rostro de Kyouko. "¿Has estado comiendo bien? ¡Seguro vives a chatarra en esa ciudad!"

"¡N-No! Mhm, bueno… Un poco, pero no siempre. Una amiga que gusta de cocinar suele invitarnos a Homura y a mí."

"¡Oh, ahora que lo dices!" Apartó ambas manos y las llevó a su cadera, cejas fruncidas. "Dile a Homura-san que no le perdono que te haya arrastrado con ella."

Kyouko subió una mano para rascarse la mejilla, risa incómoda, "no fue así, Miki-san. De hecho, es gracias a ella que ando por aquí. Me dejó las llaves de su casa incluso."

La señora parpadeó, pero acabó asintiendo con remordimiento.

Internamente, a Kyouko le daba mucha risa el ver como Sayaka parecía haber heredado esa característica de juzgar demasiado rápido.

"Bueno… Imagino que vienes a ver a Sayaka, ¿no?"

Dudó un poco, pero asintió.

"No está aquí, cariño. Consiguió trabajo en un bazar de aquí cerca. De hecho, voy en camino a dejarle un encargo, si quieres te muestro donde es."

"¡Se lo agradecería!"


La madre de Sayaka insistió en que pasaría ella primero. Acabaría los asuntos que tenía que hablar con su hija, y una vez que se fuera, podía entrar.

Kyouko se encogió de hombros y recostó su espalda contra la pared. Recordó suprimir lo mejor posible su aura mágica, aunque Sayaka nunca había entrenado bien el mejorar su sensibilidad a ello. Echó un vistazo a la pantalla de su teléfono y recordó enviarle un texto a Homura para avisarle que había llegado bien y que la casa seguía en pie. Miró la hora, más de las 5.

Luego de esperar aproximadamente 10 minutos, la madre de Sayaka salió y le guiñó un ojo antes de tomar el camino de regreso. Kyouko estiró los labios en una línea y sintió que su cuerpo se le hacía cada vez más pesado, como queriendo enterrarla en el suelo para evitar que se moviera.

En eso, sintió su teléfono vibrar. Revisó qué era: respuesta de Homura.

"Ok. No te acobardes."

Breve.

Muy breve, pero directo en donde le dolía.

Rechinó los dientes, y el orgullo herido acabó haciéndola caminar al interior del almacén. Recordó relajar el rostro, irguió la espalda, y embutió ambas manos en el bolsillo canguro de su hoodie.

Tragó pesado, y lo primero que vio fue un familiar montón de cabello rosa en el mesón, pero con su atención puesta en un chico que parecía ignorar su presencia, sumergido en sus quehaceres. Luego vio a la persona que buscaba, ojos fijos en la novela de la tarde.

Resistió la urgencia de reventar en risa ahí mismo. Ni siquiera en el trabajo podía dejar lo holgazana. De hecho, Kyouko también lo era, pero Sayaka le ganaba por mucho el título de la más floja.

Tomó un paquete de pockys que estaba a la pasada y lo posó con fuerza sobre el mostrador, sonido sordo que tuvo a las dos chicas dando un salto y volteándose de golpe a la vez.

Ambas se quedaron boquiabiertas y pasmadas ahí. Kyouko rodó los ojos, y acabó sacando un billete para pagar los pocky que había sacado. "En una bolsa, por favor."

"K-Ky…"

"¡Kyouko-chan!" Y sin previo aviso se vio envuelta en los brazos de Madoka. "¡Qué sorpresa! ¿Qué haces aquí?"

Notó como Madoka rápidamente miró detrás de ella, claramente buscando algo.

A alguien.

Kyouko hizo una mueca, y una mano fue dar un par de palmadas en el hombro de la chica antes de responder la pregunta que no logró vocalizar. "¡Tiempo sin verte, rosita! Oh, tengo unos… Asuntos que resolver. Homura me ofreció su sitio para hospedarme mientras estoy aquí."

Lo trató de ocultar lo mejor que pudo, pero le apretó el pecho la decepción en el rostro de Madoka. Duró solo unos segundos, claro, y luego obligó una sonrisa para no aguar la llegada de Kyouko. "Ah, ¡con que eso!" Rió leve, y se volteó hacia Sayaka. Chasqueó los dedos en su cara para que reaccionara, y Sayaka acabó sonrojándose por completo. Sacudió la cabeza, y para cuando se sintió más tranquila, le sonrió a Kyouko.

"¡Pudiste avisarme cuando hablamos anoche!"

Kyouko simplemente rió nerviosa, incapaz de confesar la verdad.

Rápidamente se relajó el ambiente. Madoka y Sayaka insistieron en que les contara sobre lo que había pasado por allá; la gente, las tiendas, la comida, las chicas mágicas

Le parecía ligeramente extraño que nadie las reprendiera por estar haciendo el tonto por tanto rato, pero no era problema suyo, así que acabó ignorándolo por completo.

Sayaka, por su lado, comprendió totalmente a qué se refirió Homura anoche y estuvo completamente de acuerdo en qué le debía más de un favor.


"Entonces… ¿Por qué viniste?"

Suspiró, haciendo el mejor esfuerzo por apagar los nervios y que Sayaka no los percibiera.

Era de noche ya, habían hablado hasta tarde y Madoka las invitó a cenar a su casa. Luego de pasar el rato ahí, Kyouko le ofreció a Sayaka acompañarla en el camino de regreso.

El cual, acabó completamente desviado.

Estaban sentadas frente al canal, una al lado de la otra. Kyouko tomó una roca por inercia, pero no la lanzó. Sintió la mirada de Sayaka expectante; esperaba respuesta.

"No me creerás de todas formas."

No la veía, pero sabía que Sayaka la fulminaba con la mirada. Aun así, su respuesta quedó en eso.

"Ahem." Kyouko se aclaró la voz, "…Es extraño, estar aquí de nuevo."

Sayaka parpadeó y siguió el camino de la vista de Kyouko. El cielo.

"Eso es obvio, luego de todo este tiempo fuera, ¿qué esperabas?"

"No fue tanto tiempo realmente."

"A-Ah…" Agachó la cabeza, temiendo a donde iba la conversación.

"¿O para ti sí se te hizo mucho?"

Ahí estaba.

Kyouko bufó. Sabía que no había forma de que le respondiera, incluso cuando su tono fue totalmente en broma.

"…Sí." Murmuró, con ganas de enterrarse lo más abajo que pudiera.

Kyouko se volteó lentamente para verla, solo para regresar de golpe a su posición original, rostro ardiendo, quizás peor que el de Sayaka. "Ahaha… ¡C-Claro! Seguro te aburriste mucho en esta ciudad tan quieta, eh." Llevó una mano hacia su nuca y frotó ahí para tenerla ocupada en algo.

"No respondiste a lo que te pregunté, Kyouko."

Sayaka usaba muy pocas veces un tono tan fríamente serio con ella, así que un solo ojo anaranjado se asomó por el rabillo para verla, y donde pensó que vería a una Sayaka molesta, encontró a una que se veía al borde de largarse a llorar.

Kyouko se sintió entrar en pánico internamente porque no sabía qué hacer.

Habían sido muchísimas las veces en que tuvo que buscar formas de animarla, de sacarla de sus continuas decepciones amorosas del mes. Pero… Ahora –al parecer- lloraría por ella y nunca se puso en la situación donde tendría que presenciarlo. Apretó la quijada, y tras darse ánimo, agachó la cabeza, vista fija en la hierba. "Ya lo sabes, Sayaka. Vine para que habláramos…"

Pestañeó rápidamente para espantar las lágrimas, y tras tomar un largo respiro, respondió, voz temblorosa, "¿d-de verdad solo viniste por eso…?"

"…Mhm, solo por-eso." Balbuceó. Llevó una mano a cubrir el puente de su nariz para esconder el sonrojo que sabía que se expandía con libertad.

"¿No estabas molesta?"

"Mhmhm. Pero… No puedo estar molesta eternamente contigo."

"De poder, puedes…"

Y ahí Kyouko por fin se volteó, ceja fruncida y con ganas de ponerle la piedra en la cabeza. "Pero no quiero, Sayaka."

Ella pegó un salto y apartó la mirada. Kyouko la vio mover los dedos de sus manos nerviosos apretando el borde de sus shorts y suspiró. "Ya relájate, ¿quieres? Sigo siendo yo, nada más que yo." Acabó recostándose, ambos brazos detrás de su cabeza sirviéndole de almohada. "No te sienta bien actuar de ese modo."

Vio a Sayaka voltearse, ceño fruncido, labios curvos en un puchero, y la sonrisa ladina brotó por si sola. Aquello no pasó desapercibido por la otra, quien no tardó en darle un golpe certero en el brazo.

"¡¿Qué quiere decir eso?!"

"Ow. Que eres muy brutita como para cohibirte tanto. Recuérdame no enojarme más si te pondrás así, es demasiado raro."

"Kyouko…"

Se echó a reír. Luego de que Sayaka prácticamente invocara mentalmente sus espadas para atravesarla, se incorporó y cruzó las piernas. "También te extrañé, tonta."

Tragó pesado, "yo…"

"Shh."

Levantó la mirada y Kyouko la miraba con los ojos entornados, irritados.

"Tenemos tiempo para platicar bien las cosas, me quedaré unos días, así que no te fuerces."

"Pero-"

"Relájate, Sayaka, en serio. Como te dije, soy solo yo." Y dicho eso, se puso de pie y le ofreció una mano a la otra para ayudarla a levantarse. Sayaka dudó un poco antes de tomarla, pero accedió. Cuando Kyouko ya retiraba la mano, Sayaka la retuvo, y apartando la mirada, la arrastró consigo.

"¿Sayaka…?"

No respondió, solo siguió caminando y dándole la espalda para que no se diera cuenta de lo rojo que traía el rostro; Kyouko lo agradeció, porque ella estaba peor. No podía decirlo a ciencia cierta, pero la mano de Sayaka parecía temblar, mientras que la propia sudaba vergonzosamente.


Dos semanas pasaron.

Más de un mes de clases significaba que ya tenía que preparar parciales. No estaba muy preocupada por ello porque el primer semestre en casi todas las carreras se tomaba como cursos de nivelación, así que eran temáticas que ya manejaba mayormente.

Además…

Tampoco estaba de ánimo.

Desde el lunes pasado que traía el teléfono apagado, y a pesar de las quejas de Mami al respecto –porque Kyouko no dejaba de quejarse- no tenía planes de encenderlo. No tenía ganas de hablar con nadie, y sinceramente,

menos con Madoka.

Era el primer año que pasaría lejos de ella; el primer Abril que no la tenía a su lado. Por el momento, estaba increíblemente irritable, y no quería arriesgarse a hablarle mal o acabar preocupándola por temas que no eran su responsabilidad. Era algo con lo que tenía que lidiar de una vez, y aunque todos le hicieran ver que no lo hacía de la forma correcta, la tenía sin cuidado.

Miyuki se había dado cuenta, por supuesto. Notó los signos a los primeros días, y era normal que se pasara un rato luego de la escuela cuando Homura no tenía clases en la tarde. No hacían mucho, la verdad. Homura estudiaba, Miyuki hacía sus deberes a un lado. Bebían té, merendaban algo rápido, y luego se despedían.

Apreciaba que fuera así.

No tenía ganas de hablar con nadie, pero la presencia de alguien que efectivamente entendiera eso y no la forzara, le relajaba muchísimo. También sabía que si en algún momento le apetecía hablar, Miyuki era todo oídos y solo daba su opinión si se lo pedían, al menos en temas que eran muy personales.

Además, su abuela le enviaba un frasco con galletas frescas cada vez que venía, y eso era algo que difícilmente se pudiera rechazar.

Por las noches, había acordado salir con Mami a continuar revisando la zona. Encontraron cosas interesantes en los últimos días: la presencia que sentían no era solo una, sino mínimo dos, aunque tenían la sospecha de que eran tres, pero la rapidez con que desaparecía el rastro no les permitía analizarlo más allá, solo podían hacer su mejor esfuerzo en retener el patrón, porque ni con ayuda de la magia del tiempo de Homura lograban alcanzar a las dueñas del rastro.

Homura había sugerido que estaban pensándolo demasiado y que simplemente podía tratarse de chicas mágicas que vinieran de paso, o que hubiesen contratado hace poco, pero a Mami había algo más que la inquietaba: la ausencia de Kyuubey.

En el pasado, sin importar cuantas veces lo intimidaron, volvía. Era poco creíble que ahora de la nada se volviera tan sumiso, porque según las chicas, ni siquiera a ellas se les había acercado.

En cualquier otro momento, Homura hubiese puesto manos a la obra y rastreado a la pequeña ardilla blanca, pero eran esos días en que, dentro de lo posible, prefería ni siquiera transformarse. Mami lo entendía, y no quiso ser pesada, por lo que siguió viendo el tema por su cuenta luego de que Homura regresaba a casa.


El tiempo de Kyouko en Mitakihara se reducía a dos cosas: eliminar brujas, guardar GriefSeeds que sabía harían falta en Tokyo y pasar el rato en el bazar donde trabajaban Madoka y Sayaka.

La señora a cargo del local le ofreció trabajo también a los pocos días, y a pesar del brillo en los ojos de las otras dos chicas, lo rechazó de inmediato. No se permitiría echar raíces ahí, menos cuando Homura estaba siendo una completa cretina y no le faltaban las ganas de volver para patearle el trasero por desconsiderada.

Ya era directamente molesto ver a Madoka llegar todas las mañanas decaída, solo para encontrarla el resto del día en lo mismo.

Al menos, cuando no llegaba Toru todavía.

Kyouko compartió la impresión de Sayaka apenas lo conoció. Estaba segura de que era mucho más borde de lo que era Homura cuando la conoció, y eso era decir mucho.

Y por lo mismo, no se tragaba tanto la explicación de que Madoka simplemente se preocupaba por el debido al parecido.

Compartía la política de Homura respecto a no entrometerse, pero era difícil mantenerse fiel a eso cuando ella estaba kilómetros lejos. Le irritaba, tanto como si fuera Sayaka quien estuviera haciendo el tonto con un mocoso. Por suerte, Madoka estaba tan inmersa en su propia miseria que no parecía darse cuenta, aunque era cuento distinto con Sayaka.

Por un lado, estaba feliz de que no fuera la única que la llevara mal con el chico, pero irse a los extremos que sugería Kyouko era demasiado. Le ofendía que pudiera pensar así siendo que nadie sabía qué podía estar haciendo Homura ahora que había decidido desconectarse del mundo.

Así que optaron por no hablar más del tema, ya que siempre que empezaban, terminaban en discusiones de horas que al final de todo se daban cuenta que no valían la pena. En lugar de eso, aprovechaban el tiempo para reponer todo el que estuvieron lejos. Los paseos nocturnos eran cosa de todos los días, las charlas interrumpidas más que nada por la hora.

El problema estaba cuando se disponía a hacer planes para regresar. Nunca lo decía, pero Sayaka siempre lograba darse cuenta en el mismo momento que lo pensaba y empujaba lejos toda idea de que se fuera nuevamente. No estaba segura cómo sentirse al respecto; por un lado, le estremecía de felicidad el ver que le importara tanto, pero por otro, se sentía pésimo por estar ahí en esa fecha en particular.

No quería decepcionar a nadie.

Pero principalmente, no quería decepcionarse a sí misma. No quería más arrepentimientos acumulados con la pila que traía cargados a la espalda.

Al menos, cada vez que hablaba con Mami, le aseguraba que todo estaría bien y que ella estaba velando porque todo estuviera bien allá, en general.

Confiaba en eso porque sentía el lado de mamá gallina de Mami relucir en esplendor.


Un día, cuando ya se preparaban para cerrar, Madoka le pidió que platicaran un rato, que tenía cosas que debía tratar con ella. Kyouko simplemente se encogió de hombros, y le avisó a Sayaka para que se adelantara.

Tomaron el camino común de regreso; el departamento de Homura quedaba más lejos pero en la misma ruta que la casa de Madoka. Caminaban en silencio, Kyouko masticando una manzana mientras que Madoka traía los ojos pegados al pavimento.

No sabía si estaba esperando que ella hablara, pero…

"¿He hecho algo que te moleste?"

Tenía la manzana a media morder, así que terminó de mascarla con fuerza antes de lanzar los restos hacia un basurero que había en el camino. "¿Crees que haces algo que podría molestarme?"

Madoka alzó la vista y parpadeó. Kyouko no la veía, tenía la vista fija hacia adelante. "¿…No lo sé? Por eso te lo estoy preguntando, Kyouko-chan."

"No lo preguntarías si no pensaras en algo que efectivamente podría molestarme."

Hubo un silencio prolongado. Los pasos hacían eco en un terreno donde no transitaban más personas ni se escuchaba el sonido de automóviles. Madoka carraspeó, y Kyouko solo la miró por el rabillo del ojo. "¿Crees que pasa algo entre Toru-kun y yo?"

"No."

"Ah…"

Pero Kyouko continuó. "No, no creo que haya algo entre tú y el. Apenas te hace caso, así que no haría sentido." Se detuvo, y ahora sí la miró fijo, "pero no sé si todo lo que está pasando, o más bien, no pasando entre Homura y tú, te ha hecho confundirlo por algo más, y eso sí me cabrea."

"De qué-"

"Solía cabrearme de Homura también." Siguió caminando, y pegó un suspiro largo.

¿Por qué tenían que importarle todas estas cosas? Sentía que estaba metida en un drama de esos que pasan por la tarde, esos que le encantaban a Sayaka.

"¿…También?" La voz de Madoka se hizo inestable por un momento, pero logró controlarla para que no se notara.

Por supuesto, Kyouko lo notó. "Mhm, solo que yo me equivoqué con ella. Fue mi error por imaginar cosas donde a todas luces solo es un cariño fraternal. Seguro ya te ha hablado de ella, y no hay motivo para que sea secreto, pero esa niña no se parece en nada a ti. Es como una mini Homura suavizada, mucho más sensible y ligeramente más sociable. Me da la impresión de que se tratan como las hermanas que nunca tuvieron, y prácticamente el único lazo sanguíneo que tienen; deberías saberlo, la sangre tira. Pero me tiene tranquila, porque probablemente ella ha visto por Homura mientras no estoy, y en todo este tiempo nunca la he visto mirarla de la misma forma que te ve a ti. Pero… No puedo decir lo mismo de ti, y eso sí me molesta mucho, por más que sé que no es problema mío. Homura no es mi mejor amiga, es más que eso… Es mi compañera, y veré por su espalda aun cuando a ti te considero una buena amiga. Solo sé franca, si te cansaste tan pronto de esperarla, díselo, así ella sigue con su vida."

"¡No es así!" Madoka se había detenido, puños apretados al igual que sus ojos, cabeza gacha. "¡No es así, Kyouko-chan! No hay forma de que-"

"¿No la hay?"

El tono frío que usó obligó a Madoka a levantar la mirada. Podía jurar que veía llamas en los ojos de Kyouko, y se sintió lo suficientemente intimidada como para dar un paso atrás. "¡P-Por supuesto que no! Toru-kun se ve muy solo, nada más."

"¿Te consta que sea así? ¿Se lo has preguntado? ¿Te lo ha dicho directamente?"

"No…"

"Madoka, ¿buscas convencerme a mí o a ti misma? Si te gusta, vale, solo te pido que tengas las pelotas para ser sincera, es todo."

"…Yo quiero a Homura-chan, más de lo que te puedes llegar a imaginar, p-pero me duele ver como vuelve a encerrarse, incluso para mí…"

"¿Entonces? ¿Te rindes porque las cosas se ponen difíciles? Es en los momentos duros que se comprueban los sentimientos. La verdad es que cuando la gente dice en las buenas y en las malas, siempre lo dicen solamente para las buenas."

"Kyouko-chan, nadie ha dicho que me he rendido." Dijo, con la voz más firme que Kyouko había escuchado de ella, lo cual provocó que relajara su expresión y entornara los ojos. "Nunca me rendiré, le prometí a Homura-chan que la esperaría, y lo haré porque aunque no quisiera, la q-quiero tanto que me es imposible pensar en nadie más de esa forma. No, tampoco quiero hacerlo. Homura-chan es la única, y siempre será la única que haga que mi corazón se altere de este modo."

La sonrisa de Kyouko creció lentamente. "Vas en serio, rosita. Sería bueno que pudieras decirle lo mismo a ella, es más insegura de lo que crees cuando se trata de ti."

Madoka llevó ambas manos hacia su pecho y apartó la mirada, "¿…lo dices en serio?"

"Pff, ya me acostumbré a ni tocarle el tema." Comenzó a caminar, manos embutidas en su chaqueta. "Peeeero…" Y sacó un aparato que traía escondido en el bolsillo. Madoka parpadeó y entornó los ojos haciendo el esfuerzo de identificarlo.

"¡Benditos sean las teléfonos y sus grabadoras!"

"K-Kyouko-chan…" Se quedó boquiabierta, y para cuando reaccionó corrió tras la otra que soltaba una risa que estaba segura se podía escuchar por todo el parque. "¡Deja eso, no puedes estar hablando en serio!"

"¡Será el mejor recuerdo que pueda llevarle!" Dijo, fácilmente librándose de los intentos de Madoka por quitarla el móvil.

Ambas se detuvieron de golpe cuando comenzó a sonar de la nada. Kyouko cogió la llamada, y se llevó el auricular a la oreja. Madoka alcanzó a reconocer la voz alterada de Mami, y sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

"¡¿Cómo dejaste que pasara?! ¡Joder, Mami! Demonios, tomaré el primer tren disponible. Haz lo posible por mantenerlas quietas mientras, no te preocupes si no tienes GriefSeeds, junté una buena cantidad en estos días. Sí, vale, nos vemos."

"¿…Kyouko-chan?"

Apretó la quijada con tanta fuerza que se podía escuchar el rechinar de sus dientes. Guardó el teléfono y cerró un puño mientras la otra mano fue a cubrir su rostro para esconder las lágrimas furiosas que empezaron a recorrer sus mejillas.

Madoka sintió que la sangre se le helaba por completo junto con ese mal presentimiento que hizo que le temblaran las piernas. Cerró los ojos, y rezó rápidamente para que no fuera…

"¡Maldición! Las atacaron. Y por lo que me dijo Mami, el objetivo era Homura desde el principio. Tengo que irme, Madoka, iré por mis cosas lo más rápido posible, y… ¿Crees que puedas prestarme dinero para tomar un expreso?"

"C-Claro… También ir-"

"No. Lo siento, pero si fueron capaces de superarla, no puedo asegurar que podré mantenerte a salvo si las cosas se ponen feas, y eso…" Se volteó a verla, ojos brillantes aun, "…es algo que Homura nunca me perdonaría."

Madoka sintió que el nudo en su garganta no la dejaba respirar, pero asintió débil. "I-Iré a comprarlo, m-mientras…"

"Mhm, eso será útil. Nos vemos allá."

Kyouko se hizo humo, claramente usando magia para aumentar la velocidad. Tragó pesado, haciendo el mejor esfuerzo por no colapsar ahí mismo. El corazón le pesaba, le ardía como si se los estuvieran quemando. Las lágrimas corrieron libres, pero a pesar de ello, avanzó lo más rápido que sus piernas temblorosas le permitieron.

En ese momento maldecía lo inútil que era al no tener magia para intervenir y ayudarlas a todas a salvarla, a asegurarse de traerla con vida y amarrarla a su lado.

A estas alturas, la universidad le importaba una mierda.

Solo podía confiar en que Kyouko-chan y las demás lo solucionarían. Después de todo, también estaba Miyuki, quien parecía valorarla casi tanto como las demás del grupo. Esperaba que eso les diera más fuerza, pero que todas salieran sanas y salvas.

Llegó a la estación, y por suerte, quedaban boletos para la salida del último expreso de ese día que partía en una hora.

Le escribió rápidamente un texto a Kyouko, y luego abrió los ojos amplios al olvidar un importante detalle: Sayaka se especializaba en habilidades de curación. Se apresuró en avisarle también, cruzando los dedos para que accediera, pero independiente de su respuesta, se puso de pie y compró un segundo boleto.


A/N: HAHAHAH esto es PMMM después de todo. Being meguca is suffering.

*Dato: En Japón son negreros y solo tienen vacaciones durante Febrero. Ya en Marzo vuelven a sus estudios.

*EDIT: Me soplaron por interno que me equivoqué horriblemente con el dato y lo negrero es para el ambito laboral que son oficialmente el país con menos vacaciones a nivel mundial 8) edité ahí un detalle, pero tomando en cuenta que el semestre la verdad empezaba en Abril y no Marzo, OBVIEN el detalle de que recién es Abril porque me harán llorar editando todo para atrás. *Sufrien2*

Disculpen la demora y poca actividad de esta semana ;_; las fiestas me ocuparon mucho tiempo de responsabilidades sociales y una persona que está siendo increíblemente pesada por su afán de arreglar las cosas conmigo antes de que el 2016 empiece, y eso me ha tenido la cabeza en muchos lados –aunque a nadie le importa así que sigo con lo relevante-

Este capítulo es el más largo que he escrito para este fic, -11 mil palabras, orz- así que compenso la demora con eso porque eso también provocó que me tardara; me costó más avanzarlo porque quería sentar un avance considerable y que ocurrieran cosas que me dieran piso para todos los planes que tengo para el futuro de esto.

Esta semana no sé si siga igual porque es año nuevo y tengo encargos de postres así que seguiré en plan Mami-san, orz. Mi último examen es el 30, así que tengo que estudiars. Probablemente le ponga pausa a esto hasta la semana siguiente, pero avanzaré en los retos que los tengo botados Y DESEO CON TODO MI SER PONER MIS MANOS A TRABAJAR EN EL AKUMADOKA AHH.

Saludosss y como siempre, gracias por leeeer.