Homura aterrizó con pasos ligeros sobre la azotea de aquel edificio. No tenía claridad de si podría encontrar a alguien ahí a esas horas, considerando que la última vez fue durante la madrugada. Ya atardecía y no podía perder demasiado tiempo; no quería preocupar a nadie.

Menos a Madoka, a quien no le faltaban las ganas de instalarle un localizador en los últimos días.

Escuchó pasos calmos acercarse y se dijo a sí misma que no debió sorprenderle una vez identificó a la persona.

Debía instalarse bien el hecho de que las sorpresas no eran una opción en este nuevo mundo al que la habían arrastrado.

La chica en cuestión lucía unos pantalones anchos que introdujo dentro de las botas café que le cubrían hasta poco más debajo de la rodilla. Arriba llevaba una camiseta blanca sin mangas con un chaleco delgado de color naranjo que probablemente no calentaba nada. La tela era lo suficientemente fina como para que no cubriera para nada lo que había bajo ella. Se había recogido el largo cabello platinado en un moño tipo tomate, dejando un par de mechones enmarcar el rostro. Peinada de esa forma dejaba expuestas unas pequeñas orejas que parecían haber sido fabricadas hace muy poco tiempo. El rostro completo parecía libre del paso de los años.

Los ojos rojos estaban fijos, sin vacilar, en Homura. No era la intensidad asesina que tuvo alguna vez Kyouko, esta era… Como la de una persona que encuentra, por fin, algo que había buscado hace muchísimo tiempo.

Homura sintió un escalofrío.

"Llegaste."

"Sabías que iba a venir."

La chica no respondió. Se llevó ambas manos detrás de la espalda. "Tienes cosas que preguntarme."

Era extraño hablar en base a afirmaciones todo el tiempo. Afirmaciones que solo podían ocurrir en una conversación con esta persona. Homura balanceó el peso de sus pies. "Ya sabes las cosas que preguntaré. Podrías solo decirme las respuestas que necesito y nos libramos de esto más rápido, ¿no crees?"

"No deberías plantearte esa opción. Sabes lo que significa alterar los eventos de una línea temporal. Aún los más pequeños cambios pueden dar un giro dramático."

"Es solo una conversación. Que nos afectará a ambas, nada más."

"El que dejes este lugar antes o después sí puede tener efectos hacia otras personas. Akemi-san, no puedo ver todos los futuros. Por ahora, así como estamos, solo puedo decir lo que ocurrirá según el hilo de situaciones que se suceden en este mismo segundo. En este mismo latido."

"Ya lo hemos cambiado, entonces. Este ya no es el mismo latido que diste cuando viste que vendría."

Ella negó con la cabeza y esbozó una leve sonrisa. "Es el mismo latido. El mío, el tuyo. El del mundo. Todo esto ya ocurrió tras mis ojos."

"El mismo latido." Se repitió mentalmente.

Mirai fue a tomar asiento al borde del edificio y Homura la siguió para sentarse a su lado, pero considerables centímetros separándolas. De fondo se escuchaban las bocinas frenéticas de las personas que intentaban volver a sus hogares luego de largas jornadas laborales. Lo mismo que Homura debería estar haciendo ahora.

"Has venido porque querías hacerlo, Akemi-san. Yo tengo toda la disponibilidad, así que solo espero que satisfagas tus dudas."

Homura la miró de reojo. La expresión de Mirai era apacible, llena de calma. Pero era una calma trabajada. Como la de un monje budista.

"¿Por qué cooperas con Rina?"

"Porque vale la pena. Creo que es un poco más complejo manejar el tiempo como lo hago yo, a como lo haces tú. Por supuesto, solo hago suposiciones. En mi caso, a veces se siente como si pequeñas voces me susurraran al oído. Y no puedo ignorarlas. Cuando no ocupo mis poderes conscientemente, ellas me avisan. A veces son presagios lejanos. Y nunca son buenos. Hice el contrato a penas cumplí los 12 años, así que llevo casi 3 años recibiendo estos mensajes." Mirai hizo una pausa para cerrar los ojos. Parecía inmersa en su pequeño mundo de pensamientos, olvidando por completo la presencia de Homura. "Muchas veces son acontecimientos en los que no puedo intervenir, en absoluto. Porque las cartas ya han sido echadas. En algún lugar del mundo, por otras personas. Conocí a Rina cuando estaba a punto de sucumbir ante la impotencia y tristeza que me producía el ver como todo se iba abajo. Y ella me ayudó."

"¿Así te convenció?"

Mirai rió leve, como una niña pequeña. "Akemi-san, no todo en el mundo es tan sencillo como pensar que las piezas se mueven bajo mera estrategia. Rina me ayudó, dejó mi mente en blanco en el momento preciso. Detuvo las voces. Detuvo las imágenes. Pero en consecuencia, ella tuvo que absorber el daño."

Homura intentó imaginarse brevemente la imagen, pero le era imposible figurarse a Rina en un acto de sacrificio así.

"La idea fue de ambas. No como te la presentó el otro día, sino mucho más en bruto. Rina aprendió en ese momento que podía formar un lazo con la magia de otras chicas mágicas. Creímos que, si éramos dos las que llevaran esa carga, podríamos cambiar algo. Pero ya te imaginarás que no fue así."

"¿…Qué la motiva a ella? ¿Por qué querría ayudarte a llenar ese deseo?"

"Eso deberás preguntárselo directamente. Solo te puedo decir que nadie entiende mejor que Rina, ese peso. El de todos. El tuyo."

Homura sintió náuseas de pronto y Mirai alargó una mano a cubrir la ajena. "Lo siento, me expresé mal. Es cierto, en todo caso. Estar en tu mente le significa acompañar tus sensaciones, a la vez. Es una experiencia agotadora. Ella es la única persona que pudo sentir en carne propia ese infierno."

Homura miró hacia abajo, hacia la mano que había invadido la propia sin autorización alguna. Pero era reconfortante, en un sentido netamente utilitario. Como si le hubiesen servido un té de hierbas. Nada personal. Sin embargo, las palabras cubrían completamente esa carencia. Suspiró. "No proyecta ese entendimiento. Es…"

"¿Altanera? ¿Frontal?"

Homura no respondió.

Mirai removió su mano y asintió. "Es precisamente por eso."

"¿Qué quieres decir?"

"Si no lo entiendes, tampoco lo harás si te lo explico. Debes comprenderlo por ti misma."


Los últimos días parecían sacados de un sueño.

Si bien Homura pasaba una buena cantidad de tiempo fuera en la universidad, el solo saber que la vería en unas horas era suficiente para sentir su corazón tranquilo. Podía estarlo, también, porque sabía que no estaba sola en el campus. Mami estaba ahí, y como siempre, sabía que era una de las personas más confiables del grupo a la hora de velar por los demás.

Por su parte, se dedicaba a pasear con Sayaka y Kyouko durante el día cuando les apetecía salir, sino veían películas o se dedicaban a platicar.

Hoy, sin embargo, Madoka estaba sola. Fue por elección propia; quería darle espacio a su mejor amiga para que comenzara a ser más honesta con sus sentimientos, también. La conocía y siempre se percataba de la mirada que le daba cuando estaba junto a Homura. Eran celos, por no tener lo mismo, pero celos sanos al menos. Entre ella y Sayaka nunca habían existido resentimientos, menos por cosas así.

Madoka decidió dar una vuelta por el parque que estaba a una cuadra del edificio y se sentó a observar a la gente que pasaba, aunque no era mucha considerando que era día de semana y en horas de trabajo. El clima era agradable, templado, primaveral. Los árboles de cerezo aún estaban en su esplendor y ver los pétalos volar le producía una profunda sensación de calma.

Llevaba pantalones grises con el largo hasta poco más arriba del tobillo, una camiseta roja que la cubría hasta mitad del muslo con un lazo al cuello y un chaleco ligero, abierto, que traía colgado sobre el bolso por si la brisa se tornaba mezquina.

Cerró los ojos; los últimos niños que jugaban alrededor se habían apartado así que el silencio reinó, dándole vía libre a sus pensamientos.

¿Cuánto tiempo antes de que esa paz se acabara?

¿Había posibilidad de que nunca lo hiciera?

Negó con la cabeza y no se permitió dejarse llevar por el pesimismo. En definitiva, como había dicho la abuela de Homura, lo que importaba era hacer, más que preocuparse. Y tenía razón, ahí pensando solo perdía energía y ánimo, ambas cosas que no podía desperdiciar así como así en este panorama.

Se enderezó bien, espalda apegada contra la banca y sintió una cosquilla agradable recorrerle desde el estómago.

Un presentimiento.

Justo después, sintió el vibrador de su móvil y lo sacó, haciéndose una idea previa de quién podría ser.

Y en efecto, era ella.

Madoka entornó los ojos y presionó la pantalla para abrir el mensaje.

"Llegaré un poco más tarde hoy, necesito utilizar un libro específico para un ensayo, y solo puedo consultarlo en sala, pero… ¿Quieres que almorcemos juntas? Te invito algo."

Ella suspiró, emociones mixtas al respecto. Homura ya parecía saber de memoria como evitar que se molestara, y lo peor es que le funcionaba. Negó con la cabeza e hizo una mueca, casi una sonrisa.

"¡Te piden demasiado siempre! ¿Tienes algo pensado? Sabes que sí, siempre me gusta estar contigo."

La respuesta tardó un poco en llegar pero recordó que probablemente Homura seguía en clases y estaba usando el teléfono a escondidas.

"Algo así, ¿crees poder llegar hasta acá por tu cuenta? Puedes pedirle a Kyouko que te de las indicaciones. Te esperaré en la estación a la 1, si puedes."

Madoka apretó los labios en una línea delgada. Su orientación era pésima y Tokyo una ciudad enorme. Claro, podía pedirle ayuda a Kyouko, pero aun con instrucciones… No, no podía dejarse vencer por algo tan mínimo como usar el transporte público.

"Lo haré así, te avisaré si tengo algún problema. Nos vemos, Homura-chan."

Añadió el infaltable corazón al final del texto y checó la hora: 11:50. Tenía 1 hora para llegar, así que lo mejor sería ponerse en marcha ahora mismo para poder ir tranquila y con cuidado. Miró su lista de contactos, buscando el nombre de Kyouko, pero le sabía mal llamarla luego de haber decidido darle a ella y Sayaka algo de espacio. Optó por un mensaje, entonces. Escribió las primeras palabras, pero una voz ligeramente familiar la obligó a detenerse y alzar la vista.

"¿Kaname-san?"

Madoka alzó ambas cejas, su rostro transformándose en grata sorpresa. "¡Sora-san! Qué coincidencia verte por aquí."

La chica lucía un uniforme marinero de dos piezas azul marino y con bordes blancos al igual que el pañuelo que descansaba a la altura del cuello. Ojos turquesa la observaban con curiosidad, pero con aquella actitud que siempre le recordaba que era pariente de Homura.

"Sí, lo es. No me esperaría encontrarte sola por aquí."

Asintió, pero ladeó levemente la cabeza, "todos necesitamos momentos para estar solos, pero… ¿Tú no deberías estar en la escuela?"

"Ah." Miyuki miró hacia abajo, inspeccionándose, como si hubiese olvidado por completo que andaba vestida de estudiante. "Debería, pero tuve que atender mi chequeo mensual en el hospital que queda en la calle del frente."

"¿Chequeo mensual…?" Repitió, más para sí misma. Arqueó una ceja y asoció inmediatamente el lazo sanguíneo una vez más, preocupada, lo cual se transmitió de inmediato en su expresión. "¿Problemas al corazón?"

Miyuki parpadeó. "No, ¿por qué pensarías…?" Pero la respuesta le vino al segundo siguiente, "¿lo dices por Homura?"

Madoka asintió, labios apretados.

"Sufro de anemia, pero está controlado. Las revisiones son por precaución nada más."

"Pero… ¿no deberías estar curada? Digo… Homura-chan sanó su visión y las disfunciones de su corazón luego de hacerse Puella Magi."

"Oh, podría. Aunque… No precisamente. Para curar enfermedades crónicas debes usar magia constantemente para sanarlas, es como si aplicaras medicina directamente, pero sigue ahí. Tampoco es involuntario, a menos de que sea efecto secundario de tus habilidades. Según lo que me contó Homura, ella siguió con sus problemas de salud aun luego de hacer el contrato. Fue cuando usó magia directamente que logró estar bien. Yo prefiero no hacerlo porque no es tan grave, puedo vivir bien con ello e incluso luchar sin problemas. No quiero depender tanto de la magia…"

Miyuki vio con curiosidad como evolucionaba lentamente la expresión de Madoka hasta llegar al punto en que parecía hacer el intento de aparentar que no le había ocurrido nada en esos segundos.

"…No sabía que era así. P-Pero me alegra que puedas llevarlo bien, Sora-san…"

Madoka no lo podía creer. Aun estando rodeada por chicas mágicas durante años… ¿Cómo era posible que no estuviera enterada de algo tan básico? Y de nuevo, ¿por qué Homura no se lo había dicho? Pero si lo pensaba bien, nunca dijo lo contrario. Más bien, Madoka asumió que las cosas eran así.

Miyuki, por su lado, tenía claro que había metido la pata al dar tanta información. No conocía mucho a Madoka, pero le bastaba con saber el aprecio que le tenía a su prima y ver bien su rostro como para hacerse la idea. Miró a todos lados, sin saber qué hacer, pero por suerte Madoka cambió el tema de golpe.

"¡Cierto! ¿Tú sabes en dónde queda la universidad de Homura-chan?"

"Claro, dudo que algún habitante de esta ciudad desconozca la ubicación de la Todai, ¿por qué lo preguntas?"

Madoka rió leve, avergonzada, "¿me podrías explicar cómo llegar?"

"Oh." Miyuki se detuvo a pensar por unos segundos, dándole vueltas a sus alternativas. Le echó un vistazo al reloj y decidió que era buena hora. "Vivo en la misma dirección, si quieres puedo acompañarte."

A Madoka se le iluminó inmediatamente el rostro, "¿de verdad? No quiero ser una molestia."

Ella negó con la cabeza, "no es molestia, no te preocupes."

Madoka se levantó del asiento y tomó rápidamente ambas manos de la otra chica, sonrisa amplia, "¡me has salvado! La verdad tenía miedo de perderme, te lo agradezco mucho."

Miyuki se tensó de inmediato, para nada acostumbrada al contacto físico tan abrupto. Apartó la mirada, escondiendo su vergüenza, "n-no es nada, Kaname-san…"

"Madoka está bien, no te preocupes por formalidades."

Ella regresó lentamente la mirada al punto original, encontrando esos ojos rosa que la miraban con ilusión. Sonrió para sí misma. "Entonces tú también llámame por mi nombre… Madoka-san."

Asintió enérgicamente, "Miyuki-chan será."

Negó con la cabeza, "Miyu, no Miyuki."


"¿Ocurrió algo, Hiyori-chan? Me llamaste tan de pronto…"

Hiyori negó con la cabeza, una sonrisa apacible en su rostro. "Solo necesito decirte algo, Mami-san. Espero no haberte interrumpido."

"Ah, no, no. Tranquila, está todo bien." Mami se acercó, haciendo lo mejor por verse tranquila a pesar de lo preocupada que estaba. Detestaba que no le dijeran las cosas de una sola vez porque, precisamente, le ponía nerviosa el no saber a qué atenerse.

"Tomemos asiento, Mami-san."

Mami asintió y siguió a Hiyori, quien la dirigió para sentarse bajo la sombra de un árbol. Los sectores aledaños al campus gozaban de cuidados especiales considerando el impacto cultural de la zona, tanto para los residentes como para los turistas. Mientras Mami colocaba un pañuelo sobre la hierba para no manchar su ropa, miró con agrado el vistoso paisaje que las rodeaba. A pesar de que le gustaba la jardinería, no identificaba muchísimas de las flores coloridas del parque. Echó un vistazo por el rabillo del ojo y encontró a Hiyori absorta en un punto invisible, o al menos así le parecía a ella.

De hecho, si lo pensaba bien, esta era una de esas pocas veces en que estaba sola con ella sin estar patrullando. Siempre eran Hiyori y Akari, Akari y Hiyori.

Hiyori se giró hacia Mami y se abrazó las piernas, "no quiero incomodarte, Mami-san… ¿Estás nerviosa, no?"

Mami se tensó pero se apresuró en negar con la cabeza, "no, claro que no, ¿por qué pensarías eso?"

"Mmm…" Hiyori parecía debatirse sobre qué palabras usar, o si de hablar o no. Acabó sonriendo con dulzura, como una madre que no encuentra como suavizarle la verdad a un niño. "Siempre lo estás, pero mucho menos cuando están tus amigas cerca. ¿Te preocupa decepcionarme? Digo, como senpai."

Mami se sintió ahogar con aire. Estaba segura de que nunca había escuchado a Hiyori hablarle de forma tan directa, pero no había pizca de agresividad o acusación en su voz. Tragó lentamente; no estaba preparada para esto, en absoluto. "Yo…"

Ella negó un par de veces con la cabeza y movió una mano para posarla sobre la ajena, "Mami-san, eres una estupenda persona. Eres fuerte, amable, considerada, inteligente… Pero deberías comenzar a darte cuenta de ello. No necesitamos que seas perfecta, es suficiente ver cómo te esfuerzas para querer seguir tus pasos."

A Mami le temblaron los labios y los ojos se le nublaron. Tenía la cabeza gacha, fija en su regazo, castigándose mentalmente por su reacción, siendo mayor que Hiyori y demostrando tanta debilidad frente a ella. Se mantuvo en silencio y su mano recibió un suave apretón.

"Mami-san, ¡está bien!" Rió leve, y Mami ahora efectivamente sintió que la trataban como a una niña pequeña. "De todos modos… Seguro no te haces una idea de por qué te estoy diciendo esto, así que iré al grano para no quitarte más tiempo, yo tengo que ayudar en casa de todos modos."

Mami llevó su brazo libre hacia su rostro y usó la manga del sweater para secarse todo atisbo de lágrima y poder alzar la vista. Hiyori mantenía la misma expresión tranquila, con una sonrisa imperturbable.

"Mami-san, yo… Bueno, han pasado muchas cosas desde que llegaste a Tokyo. Ya ha sido más de un año desde entonces…" Agachó la mirada, vista fija en un diente de león que balanceaba el viento por un momento. Luego alzó el rostro, ojos verdes con un brillo que Mami no supo identificar, solo era… Intenso. "El último ataque me ha tenido ansiosa, he pensado mucho. He soñado todas estas noches con recuerdos de ese día. A pesar de todo lo que nos has entrenado, me di cuenta de lo débil que era, pero no es lo más importante. Por un instante creí que te perdería y no podía hacer nada al respecto…"

Mami tragó sonoramente y estiró una mano con intención de reconfortarla, pero Hiyori alzó la propia y la movió hacia los lados, quitándole importancia. "No me agrada haberme dado cuenta de ese modo, pero… Mami-san," ahora sí fue a encontrar la mano de Mami y la apretó suavemente. "Tú me gustas. Es verdad que te admiro mucho, pero no es solo eso. Yo… Quería decírtelo, en caso de que ocurra algo de nuevo, no quería perder la oportunidad de comunicártelo."

Los ojos de Mami se fueron ampliando de a poco mientras Hiyori continuaba su confesión. Nunca antes le habían hablado de esa forma, dándole esa importancia, ese tipo de cariño… Y de una forma tan sincera. Nunca había visto a ninguna de sus aprendices como algo más, pero la honestidad de la chica que tenía enfrente viéndola con tanta ilusión logró sacudirle el corazón. Cerró los ojos, y…

Tampoco podía negar que pensó en alguien más.

Alguien más que nunca la vería de la misma forma y que solo perturbaría si llegara a expresarle lo que sentía.

Iba a abrir la boca para decir algo, aun cuando no tenía idea cómo actuar ni qué sería apropiado en una situación así, pero Hiyori se le adelantó.

Esbozó una sonrisa, "tranquila, no tienes que responderme nada. De hecho, es egoísta de mi parte el declararme considerando lo que estamos viviendo… Pero no está en mi naturaleza el callarme este tipo de cosas." Dijo, sin dejar de sonreír. Tomó una buena bocanada de aire, asimilando sus emociones, ya que sentía una enorme paz luego de sacarse eso del pecho. "Espero no haberte incomodado, gracias por escucharme." Por fin soltó su mano y acabó poniéndose de pie.

Mami parpadeó, impactada por su curso de acciones. Acabó siguiendo su ejemplo y la detuvo tomándola del brazo antes de que empezara la marcha, "gracias a ti por tener el valor de decírmelo. No sabes cuánto me alegra saber que una persona piensa de esa forma en mí, es… Abrumador, la verdad."

Ella apartó la vista por primera vez, logrando que Mami riera suavemente. "Mami-san…"

"Tienes razón, de todos modos… No puedo responderte nada, me has tomado por completa sorpresa, hubiese pensado que tú y Akari-chan…" No fue capaz de completar la oración, pero Hiyori entendió de inmediato.

Arqueó una ceja y sonrió de lado, profundamente divertida, "¿que tenía algo con Akari?" Negó categóricamente con la cabeza, "le tengo muchísimo cariño, pero es como una hermana pequeña para mí. Nunca la he visto de otro modo y pienso que ella tampoco."

"Oh." Mami asintió, por fin soltando su brazo. "Disculpa por hacer suposiciones apresuradas, pero es adorable que gocen de una relación así."

"Akari es una niña con mucho potencial como persona, en general. Solo hace falta que empiece a ser consciente de ello y trato de ayudarla siempre que puedo." Hiyori le echó un vistazo al reloj, luego a Mami, y ella entendió.

Ambas asintieron y se encaminaron a abandonar el lugar.


A pesar de que habían hablado normalmente hace solo unos minutos, Miyuki no había pronunciado palabra desde que subieron al tren y Madoka estaba visiblemente tensa al respecto. No le gustaba recordar sus primeros acercamientos con Homura que fueron considerablemente más tensos, pero la naturaleza era la misma.

La sangre es más fuerte, dicen.

Era extraño para Madoka también el no buscar abrir conversación siendo que tenía varias preguntas en el tintero para la otra. Desde que supo de su existencia que muchísimas dudas se acumularon en su mente, y hoy que la tenía a su lado, a solas, no era capaz de vocalizarlas.

Sin darse cuenta, acabó exhalando y soltó un largo suspiro.

Miyuki la miró por el rabillo del ojo, aunque no necesitaba hacerlo para percibir todo el estrés que emanaba la chica. No la culpaba, también estaba tensa por su presencia. Recordaba, una por una, cada palabra sobre la historia que le contó Homura, su historia con esta persona. Madoka parecía ser sincera y cariñosa, de aquellas que ven el vaso medio lleno, que viven con muchísima esperanza y sueños. Sin embargo, no creía que ameritara un deseo de esas magnitudes, pero no era quien para juzgar.

Homura estaba feliz por tenerla a su lado y eso era más que suficiente, aun cuando le dolía recordar lo miserable que se veía durante aquellos días en que Kyouko estuvo fuera, producto de las heridas que no lograba cerrar.

Heridas que casi la llevan a su perdición.

Negó para sí misma, regañándose por dejar que esos pensamientos pasaran por su cabeza, menos en un momento así, y agradeció que ya hubiesen llegado a la estación. La voz que anunciaba el nombre de la parada retumbó en el vagón y le dio un golpecito con el hombro a Madoka para que reaccionara y la siguiera. Ella pegó un salto y casi deja caer el móvil por el susto y apuro.

Miyuki la ayudó a estabilizarse y posteriormente fueron arrastradas por la multitud que descendía del tren.


Homura tamborileaba los dedos sobre la barandilla en la que apoyaba su espalda. Había decidido escaparse un poco antes de su clase, a pesar de la mirada reprobatoria que le ofreció su maestro. Su temor ante la posibilidad de que Madoka se perdiera era mayor que un simple disgusto de su superior. Esperaba a las afueras de la estación de metro; era hora de alto tráfico. Hora de comida, después de todo. Muchas personas aprovechaban de asistir a otras zonas que ofrecieran mayor variedad de platillos, aprovechando la velocidad de los trenes.

No tardó en divisar el vistoso cabello rosa de su novia. Sus labios formaron una muy leve sonrisa y caminó en su dirección, abriéndose paso entre la manada de personas. A Madoka se le iluminó el rostro en cuánto la vio y el corazón de Homura se detuvo por un segundo. El poder que tenía esta chica en ella era colosal. Muchas habían sido las veces en que el suelo perdía gravedad y su consciencia se desconectaba del momento producto de su repentina presencia. Producto de ese rostro que emanaba tanta luz que Homura no exageraba cuando se decía a sí misma que Madoka era su sol, irremplazable. Por lo tanto, recién cuando llegó a su lado a tomar su mano fue que se percató de Miyuki.

"¿Miyu…? ¿No deberías estar en la escuela?"

Ella alzó una mano y la movió hacia los lados, bajándole la importancia. "Está bien. Madoka-san puede comentarte luego."

"Ahora que lo dices… ¿Por qué estaban juntas?"

Madoka respondió con voz animosa y un poco más alta que lo normal para poder ser escuchada entre la multitud. "Me encontré con Miyu-chan en el parque y se ofreció a traerme hasta aquí."

"Ah." Homura asintió. Luego llevó una mano a arreglarle un mechón de cabello a Miyuki, "te lo agradezco. No sé si Madoka hubiese sido capaz de llegar por su cuenta. Fue una suerte que te la encontraras en un momento tan oportuno."

Miyuki se limitó a encogerse de hombros.

"Homura-chan…"

Aunque Madoka no parecía muy feliz por cómo la subestimaba. Homura captó de inmediato el berrinche en su voz, pero Miyuki interrumpió, inclinando la cabeza hacia adelante a modo de reverencia.

"Yo me debo ir ya, Homura. Que tengan un buen día, ambas."

Miyuki no esperó respuesta y se perdió rápidamente entre la multitud y adentrándose en las calles del barrio. Madoka le echó un vistazo a Homura, como para preguntar qué había pasado, pero Homura nada más se encogió de hombros.


A Madoka le sorprendió que Homura la invitara a un restaurante. Esperaba algo simple, como la mayoría de sus salidas, porque sabía que Homura no podía ir tirando su dinero así nada más. Y bueno, Madoka recién había empezado a trabajar. Recordándolo, probablemente ya las hubiesen reemplazado. Cualquiera lo haría si te largas un día así como si nada, sin dar ninguna explicación.

Madoka suspiró, le gustaba ese trabajo.

"¿Pasa algo?"

Homura había vuelto del baño y tomado asiento frente a ella. Negó suavemente con la cabeza y desvaneció de inmediato sus preocupaciones en cuanto fijó su atención en la otra chica. Ella lucía un vestido color crema, largo hasta la mitad del muslo, y unas pantimedias negras que cubrían la piel. Sobre eso, la cubría su abrigo negro habitual que había descartado, colgado en la espalda de la silla.

"No, no me hagas caso. Más bien…" Alargó una mano y fue a encontrar la de Homura que se encontraba del otro lado de la mesa. Entrelazó sus dedos y se le quedó observando, quizás demasiado tiempo.

"¿M-Madoka…?"

Ella rió suave, "dime, ¿estamos celebrando algo?"

Homura tragó pesado. Sin importar cuántos días pasaran, no parecía poder habituarse al hecho de que estaban saliendo y que era normal que hicieran este tipo de cosas. Aún en público. Pero no apartó la mano, porque a pesar de la vergüenza, la ponía muy feliz el poder compartir así con ella. "Uhm… No hemos celebrado nuestro comienzo. Pienso que lo amerita, ¿no? Además, hace mucho que no te invito a lugares así."

Efectivamente, hace mucho. Desde aquel día. Pensó Madoka. Espantó el recuerdo y sonrió por las palabras de su novia. "Homura-chan… Pero el mejor festejo para mí es poder tenerte a mi lado. Nada me haría más feliz que poder estar contigo cada día…" Le dio un suave apretón a sus manos entrelazadas.

Homura sonrió, pero con culpabilidad. Sabía por qué decía eso. Además, era un anhelo compartido, a pesar de que había sido ella misma quien tomó la decisión. Nadie le había dicho lo mucho más difícil que se le haría pensar en el momento en que Madoka volvería a Mitakihara, luego de todo lo que había ocurrido. Tantos años añorando sentirla así, vivir momentos cotidianos como cualquier pareja, y ahora que lo tenía…

Pero sus pensamientos congeniaron, sin saberlo, con los de la otra chica. Estaban ahí para pasar un almuerzo agradable y disfrutarse la una a la otra.

Podía darse el lujo de ser feliz.


Kyouko esperaba en el café al que solía acudir con Homura, salvo que esta vez su acompañante lucía brillante cabello azulado en vez de azabache.

Sayaka se encontraba esperando sus órdenes. Había mucha gente en el local, o daba esa impresión, más bien. El establecimiento era pequeño y modesto, al estilo antiguo. Mesas llenas y conversaciones que no permitían escuchar la música que sonaba desde una rockola vieja en el rincón del fondo. Kyouko traía las piernas cruzadas, un pie meneándose impacientemente. Le gustaba esa canción.

Sayaka apareció al minuto siguiente y se desplomó en el asiento junto a Kyouko. "¡Buf! Sí que son lentos. Me imaginaba que el servicio de Tokyo sería mucho más veloz, considerando que todos caminan a las carreras."

Kyouko se encogió de hombros y destapó su café para echarle una generosa cantidad de azúcar, junto con esencias de canela y chocolate. "Lo sé. Pero la clientela está acostumbrada. No suele venir gente con prisa. Es un lugar para pasar el rato nada más," le pegó el primer sorbo, sin importarle que estuviera hirviendo, "¡y el café es buenísimo!"

"Huh." Sayaka observó el interior del suyo, ceja arqueada. No sabía si confiar en el criterio de Kyouko. Tampoco se imaginaba a Homura tomando una de esas cosas.

…Aunque solo podía imaginársela bebiendo un aburrido expreso.

Ambas bebieron sus respectivos cafés en silencio, principalmente porque Kyouko solo era capaz de ponerle atención a eso. Sayaka prefería degustarlo mientras platicaba. De hecho, la mayoría de las personas tomaban una invitación para tomar café como una invitación a platicar, más bien. Pero bueno, era Kyouko. Y Kyouko siempre era un caso especial. La miró por el rabillo del ojo, y tras dar el último sorbo, carraspeó, buscando su atención, independiente de si había o no acabado.

Kyouko ladeó la cabeza en respuesta.

Sayaka movió los dedos nerviosos en su regazo. No sabía bien por dónde empezar. No, no era eso. Solo no sabía cómo transmitirlo sin que su propio orgullo acabara arruinando todo, como había pasado tantas veces en el pasado.

"¿Qué pasa? Vamos, dilo." Kyouko había descartado su vaso y se limpió los labios con una servilleta.

Sayaka tragó pesado. Le molestaba ser así de insegura. Le molestaba muchísimo.

Probablemente fue esa misma molestia la que le permitió hablar. No puedo seguir esperando siempre. ¡No quiero seguir arrepintiéndome!

"K-Kyouko."

Ella arqueó una ceja. "¿Mhm?"

Suspiró y luego habló con voz decidida, por fin firme. Vamos, Sayaka. Puedes hacer esto. "Madoka y yo nos iremos en unos días, ¿lo recuerdas?"

"Sí, tú me pediste que fuera a comprarles los boletos. Claro que lo recuerdo."

"Mmm… Y… Bueno, digamos…"

Kyouko comenzó a tamborilear los dedos sobre la mesa.

Y no, eso no le ayudaba en absoluto. Sayaka echó un vistazo al lugar, muy brevemente. Pero no había nada en lo que pudiera fijar la atención. Solo un montón de personas amontonadas, una al lado de la otra, haciendo fila para comprar.

Kyouko pegó un silbido. "¿Entonces?"

Sayaka sintió sus ojos temblar. Era primera vez que estaba así de nerviosa. Ni siquiera cuando intentó declararse a Kyousuke había tenido tanto pavor. No entendía por qué le costaba tanto ser sincera con sus propios sentimientos. Si miraba hacia atrás, a todas sus decisiones de los últimos años, encontraba un solo factor común: siempre iba tras lo que le costara menos esfuerzo, mental, por lo menos. En cambio, ahora tenía a su lado a la primera persona que era capaz de enfrentarla con fuerza y determinación para sacarla de su zona cómoda. Una persona brutalmente honesta.

Ese era uno de los aspectos que le gustaban y admiraba de Kyouko.

"…Vuelve con nosotras." Buscó la mirada de la otra chica, sintiendo los nervios burbujeando en su estómago. "Ven conmigo, como estábamos antes de todo este desastre."

Kyouko abrió los ojos como plato. ¿Había escuchado bien? ¿Sayaka le había pedido que volviera a Mitakihara? Quiso apartar la mirada, pero le estrujó el corazón ver lo frágil que se veían esos ojos azulados. Muy pocas veces la había visto con expresiones similares, y ninguna que fuera resultado de interacciones con Kyouko. Estaba siendo honesta. Una pequeña chispa de orgullo se instaló en su pecho, porque reconocía el esfuerzo que había puesto en decir esa frase. En pedir aquello. Sabía lo mucho que le había costado, sabía lo mucho que le estaba costando en ese preciso momento. Instintivamente, fue a buscar una de sus manos y sonrió de lado, ignorando como temblaban. "¿Creías que no lo haría? Tonta. Lo venía planeando ya, pero iba a ser una sorpresa."

Sayaka parpadeó una, dos veces, tres veces, y sintió su corazón latir con fuerza. Sin darse cuenta, estaba apretando con fuerza el agarre. Necesitaba descargar la emoción en algo tangible y que fuese apropiado dentro del ambiente en el que estaba. Podrían confundirla perfectamente con una niña pequeña. "¿Lo dices en serio? D-De verdad…"

Pero Kyouko alzó su mano libre, su palma mirando el rostro de Sayaka, indicándole que se detuviera. Ella lo hizo, las palabras muriendo de golpe. "Pero no ahora."

"¿…Eh?" El entusiasmo de Sayaka se redujo considerablemente. Kyouko había apagado de inmediato la luz de la vela que había encendido, pero al menos el calor permanecía ahí. "¿A qué te refieres? ¿Cuándo…?" Frunció las cejas y desvió la mirada, "no me dirás que en un par de años, ¿verdad?"

Kyouko bufó, muy para el malhumor de Sayaka. "¡Ni de broma! Qué exagerada te has vuelto, Sayaka. ¿Tanto me extrañarías?" Lo dijo en completo tono de broma, y un puño fue a encontrar su hombro, pero no con la suficiente potencia como para que doliera. "¡Hey!"

"Estoy hablando en serio, no empieces con payasadas."

"Ya, ya. Tsk, parece que la falta de sentido del humor es contagiosa." Y ante la mirada reprobatoria de la otra, acabó carraspeando para pretender que se aclaraba la voz. "Mmm… No puedo irme así nada más, no con este panorama. Ya sabes, líos aquí, líos allá. No puedo dejar a Mami y Homura solas con esas tipas dando vueltas. Esta vez tuvimos mucha suerte de llegar a tiempo, pero esa fortuna no se repite dos veces."

Sayaka aligeró la presión de sus manos y la realidad cayó de golpe sobre ella. Kyouko tenía razón, y aunque quería, no podía objetárselo. Quería ser egoísta y llevársela de todos modos. Pero la verdad es que ninguna de las dos se permitiría que ocurriera una tragedia. Nunca se lo perdonarían. La vida era compleja, después de todo. Quizás exageraba en pensar que había perdido demasiado tiempo evadiendo lo que su corazón le gritaba desde hace más de un año. Kyouko jugaba con la pajilla que usó para revolver el café, ligeramente abstraída, respetando el silencio de Sayaka. Kyouko era así, considerada con todos los demás. Y era capaz de serlo porque había enfrentado todos sus demonios, uno por uno, por más doloroso que fuera. Vivía para y por los demás. Su intensidad podía apoyar y animar a cualquier persona, porque esa era la fuerza de su calor. Kyouko ya no era una llama que quemaba, sino una que daba calor a todo su entorno. Compartía su vida, su fuego, su pasión con los demás. Y siempre sería así, porque Kyouko era Kyouko, y nunca existiría ninguna otra Kyouko. ¿Pero Sayaka? Francamente, muchas veces se cuestionaba por qué esta persona perdía el tiempo con ella. ¿Quién era, en definitiva? ¿Cuál era su propósito en el mundo, además de matar brujas? ¿Podía caminar junto a ella, sin retrasarla, sin ser una carga?

Pensando en eso, Sayaka se mordió el labio inferior. Cerró los ojos en cuanto sintió como resbalaba una lágrima. Se sentía ridícula, egoísta. Pero los brazos fuertes de Kyouko la rodearon, sosteniéndola, manteniéndola en una pieza. Se sintió estremecer por la gentileza y seguridad que le transmitía. Olvidó por completo en dónde estaban; en qué tienda, en qué ciudad, en qué país. No importaba. Lo único que realmente le importaba era aferrarse a ese cuerpo y que no la dejara más.

"Yo estoy contigo, Sayaka. Prometo hacer pedazos a esas tipejas y luego nos volveremos a ver. Así que… No llores, que me harás llorar a mí también. Y yo no lloro, eh." Kyouko se movió lo suficiente como para poder ver su rostro y limpió los restos de lágrimas con el pulgar. "Nunca me ha gustado verte llorar. Antes podía patearles el trasero a los que te hicieran llorar, pero… No me alcanzan las piernas para patearme yo misma, así que anímate."

Sayaka no pudo evitar reírse. En definitiva, Kyouko era Kyouko. Esa persona que siempre evaporaba sus lágrimas con tanta facilidad. "Eres una idiota, ¿lo sabes?"

Ella sonrió de lado, sus ojos rojos destellando, "una idiota para una idiota."


Luego de acompañar a Madoka hasta la estación de metro, Homura regresó a la universidad para atender las clases que le quedaban.

Por supuesto, no se quedó hasta tarde como le había dicho a Madoka que haría. No había momento en que no se sintiera culpable por mentirle, pero esto era un asunto de suma importancia para ella.

Aterrizó nuevamente en la azotea de aquel edificio, tal como había hecho la vez pasada. Sin embargo, esta vez sí se encontraba alguien esperándola. Chizuru estaba recargada contra la pared que daba con la entrada de la azotea, moviendo la punta de su pie constantemente. Traía los brazos cruzados y sus dedos también se movían con impaciencia sobre sus brazos. El cabello que antes parecía corto, no lo era realmente. Usaba una trenza, hasta la mitad del torso, empujada hacia adelante; quedaba sobre el pecho. Cabello verde amarrado con un elástico oscuro, también. A diferencia de Mirai, Chizuru lucía un atuendo mucho más pulcro y a simple vista se podía decir que elegido con cuidado. Llevaba una falda ancha, hasta poco más debajo de la rodilla, de color rojo. Unas pantimedias color piel cubrían sus piernas y llevaba unos zapatos del mismo rojo con tacones bajos. Arriba lucía una blusa blanca ajustada, tan blanca que Homura pensó que debía ser nueva. Sobre eso, una chaqueta larga hasta más abajo de la cintura de color crema. Estaba maquillada también, pero un maquillaje sobrio, un poco de sombra y labial rosa pálido, discreto.

"Akemi Homura-san." La llamó.

Homura asintió, cortando la distancia. "Chizuru-san, ¿verdad?"

Ella también asintió y caminó hacia donde se encontraba la otra. Sin embargo, cuando lo hizo, Homura notó una extraña tensión en ella. Miraba hacia los costados rápidamente, como si buscara algo. Homura se atrevió a preguntar. "¿Te ocurre algo?"

Chizuru dio un pequeño salto y asintió de forma culposa. "U-Uhm… Digamos que este sitio es algo pequeño…"

Homura no podía estar de acuerdo. No era el tejado más amplio que había en su vida, eso estaba claro, pero era más que suficiente espacio para dos personas. Entornó ligeramente los ojos. "¿…Y hay algo de malo con eso?"

La chica acabó negando con la cabeza, más para sí misma. Luego caminó junto a Homura, hacia las barandillas, y apretó con fuerza el metal. Respiró profundo. "Está bien, está bien. Tienes razón."

Homura ladeó la cabeza pero decidió no hacerle caso. No estaba ahí para perder el tiempo. La acompañó para pararse cerca de ella, también apoyada en la barandilla, viendo la ciudad como había hecho con Mirai. "Chizuru-san, seré breve. ¿Cuál es tu motivación? ¿No te importa dejar toda tu vida atrás?"

Chizuru tamborileaba repetidas y rápidas veces sus dedos contra la barandilla, haciendo un suave clac, clac, clac. "Mi padre solía decir que la Tierra estaba enferma. Literalmente enferma, quiero decir, estehm… ¿Cómo decirlo? Él era investigador. Estaba encargado del departamento de recursos minerales. Él disfrutaba su trabajo, uhm… Hasta que un día… Bueno, la cosa es que repetía mucho que la Tierra estaba enferma y para tratar esa enfermedad, teníamos que buscar el núcleo. El centro de la Tierra. Pero era inalcanzable. No se podría encontrar cura. Se comenzó a obsesionar con la idea, era como si de eso dependiera su propia humanidad. Viajó mucho, desde que yo era pequeña. Me acostumbré más a su ausencia que a su presencia, pero sus palabras calaron fuerte en mí. A mi madre le daba la impresión de que no existía nada más que le importara, porque no escribía, no llamaba. Y… Estehm, cuando fui creciendo… Me fui contagiando de la enfermedad de mi madre. Comencé a aborrecer su trabajo. Los frutos de sus investigaciones eran más hijos suyos que yo misma. Pero… Las obsesiones son bombas de tiempo. Y murió producto de un síndrome que ataca a las personas que están expuestas por demasiado tiempo a materias tóxicas. Se fue pudriendo de a poco, desde el centro de su cuerpo. Así como la Tierra.

Entonces fue cuando Kyubey comenzó a rondarme. No quería revivirlo ni nada por el estilo, mi amor por él se había ido disolviendo poco a poco. Como cuando le añades mucha agua a un jugo… Luego sabe mal, más bien pierde el sabor." Chizuru hizo una pausa; el clac, clac, clac se escuchaba con mucha más velocidad. "Pero su sueño quedó grabado en mi corazón. En algún rincón de mí, transformé ese odio en anhelo. Así que pedí poder conocer el mundo con mis propios ojos. Ahora… A tu pregunta… Todos buscamos algo que le de sentido a nuestra vida. Yo ya lo encontré."

Homura no se esperaba una razón así. La tomó con la guardia baja, por completo. Más bien, tanto Mirai como Chizuru la estaban tomando con la guardia baja. Tenía la idea de que serían muy similares a Rina, pero encontró que podía entenderlas con mucha más simpleza que a ella. "¿Por qué con Rina?"

"Rina… Es por ambas, la verdad. Estehm… Lo de ellas tiene tinte heroico, pero creo que muy en el fondo, las tres apuntamos a lo mismo. La Tierra está enferma no por causas naturales, eso cualquiera lo sabe. Y ya no hay nada qué hacer al respecto. Akemi-san…" Chizuru se giró y Homura notó que le temblaban los labios. Sus ojos castaños se fijaron en los de Homura, a pesar de que temblaban, también. "Por favor, considérelo. Sé que debe tener razones para desconfiar, pero como dijo Rina… Puede dejar el viaje cuando quiera. Solo le pido que lo piense."

Homura arqueó una ceja, pero cuando iba a responder, Chizuru desapareció con un resplandor verde.

Suspiró.


Lo ocurrido con Hiyori la tuvo fuera de juego por unos días. No había asistido a sus patrullajes; le pidió a Kyouko que de posible ella y Sayaka se hicieran cargo junto a las menores. Claro, tenía el consuelo de que al menos no era su única razón. Tanto Homura como ella estaban saliendo de las semanas de exámenes, pero aún le quedaba un par que rendir. Los días se le hacían cortos. Intentaba dejar de ser tan emocional y apegarse a lo pragmático, pero no era tan sencillo. Si bien podía enfocar su energía y atención en los estudios, era imposible pensar en ello 24/7. Mami no podía evitarlo, le alegraba la idea. Sabía que no debía, pero le alegraba saber que existía al menos una persona que la mirara a ella, exclusivamente. Que la pensara de esa forma. A ratos, se sentía culpable por pensar de ese modo. Malagradecida. Pero las demás no podrían entender lo sola que se sentía cuando notaba las auras que emanaban. Estar con Homura y Madoka en la misma habitación podía ser reconfortante; se te contagiaba su felicidad. Pero a la vez llegaba el punto en que los celos la superaban e inventaba alguna excusa para salir de ahí, o por los menos irse a la cocina a preparar algo. Ahora que Kyouko y Sayaka parecían por fin listas para cruzar la línea, le daba una sensación similar.

¡Y estaba feliz por ellas! Sin embargo, Mami sentía que la dejaban atrás.

Conocer al trío de Tokyo le había ayudado mucho el año pasado. De por sí, venía nerviosa y preocupada sobre cómo manejaría todo, a pesar de estar acostumbrada a vivir sola. Tokyo es una ciudad enorme, bulliciosa, y las personas mucho más frías. Para personas como Mami, no representaba el mejor sitio donde vivir. Pero tuvo la suerte de encontrarse con ellas, y más suerte todavía porque nunca tuvieron conflicto. Mami tuvo una extraña sensación de deja vú en esos días. Recordaba cuando fue la senpai de Kyouko, de Sayaka, de Madoka… Poseían el mismo espíritu de superación e ilusiones. Mami sentía que solo con eso podría vivir 100 años más y de golpe el vivir sola en esa ciudad dejó de ser terrible y deprimente.

Hoy, además, Hiyori se encargaba de entregarle un regalo más a su corazón, y justo en el momento que lo necesitaba. Dentro de lo que conocía a la menor, confiaba en que era una chica sincera, bondadosa y sobretodo esforzada. Hacía siempre mucho por los demás. Nunca le faltaba a sus padres en la panadería, así fuera que tuviera examen, así fuera que estuviera cansada o cualquier otro asunto. Ella siempre volvía a casa con una sonrisa. De hecho, se sentía culpable por tener que mentirles las veces que debían ir a cazar brujas. También con Akari; si ella necesitaba cualquier cosa, corría en su ayuda. Potenciaba sus talentos. Incluso Mami se sentía algo influenciada por ella luego de las cosas que le dijo.

'Debes empezar a darte cuenta de ello.' Le había dicho. Una chica menor que ella era capaz de aleccionarla así, y le funcionaba. Los celos de Mami se habían reducido considerablemente desde ese día, y no solamente por la confesión en sí; ahora daba una nueva mirada a los acontecimientos y a su relación con las demás. Entendió y se dio cuenta de que todas la querían tanto como ella las quería, también.

Sin saberlo, con unas pocas palabras, Hiyori le había quitado una enorme carga de piedras que traía en la espalda desde hace años. Y encontró que sonreía con mucha más frecuencia y honestidad.

Pensando en ello mientras cruzaba el campus para volver a casa, sonreía. Le hacía muy bien al espíritu ver el lado bueno de las cosas. Miró hacia el cielo nublado y pensó que quizás debería preparar algún pastel para compartir con las chicas. Podría comprar algún tipo de té especial, además.

Mami ya enderezaba la vista cuando un rastro de magia la distrajo y devolvió su atención al cielo. Entornó los ojos para asegurarse de que no estaba equivocaba, pero no necesitaba verla para saber que era ella.

Conocía perfectamente el rastro mágico de Homura.

¿Será que había visto una bruja?

¿O vio al grupo que las atacó?

Mami se tensó y cerró los ojos un momento, concentrándose. Buscó por los alrededores, pero no encontró nada que le hiciera pensar en brujas.

Se mordió el labio inferior; no quería ser entrometida, pero…

En el panorama en el que se encontraban, el no ser precavido podía costarles muy, muy caro.


Tercera vez, y probablemente la última.

Sabía que el momento debía llegar, pero lo dejó deliberadamente para el final.

Rina estaba sentada en el suelo, apoyada contra una de las paredes. Traía una copa en la mano, y una botella de vino blanco que iba por la mitad a su lado.

No se inmutó ante la presencia de Homura. Permaneció ahí sentada, girando la copa en sus manos para que el líquido se moviera de un lado a otro. Llevaba el cabello azul oscuro suelto esta vez; le llegaba hasta la cintura y el tope era cubierto por un gorro negro de lana. Llevaba una camiseta de tirantes, de algodón, azul, y una chaqueta corta negra que traía totalmente abierta. En la zona inferior lucía unos jeans que definitivamente habían visto mejores días y zapatillas de vestir negras.

Homura se sentía incómoda. Nunca estaba a gusto alrededor de esta chica, pero le perturbaba aún más la pasividad poco característica que traía. Homura deshizo su transformación y tosió un par de veces, para llamarle la atención.

Ojos oscuros se voltearon a verla sin mucho entusiasmo. "¿Quieres una copa? Compré uno que vale la pena, deberías darle una probada."

"No. No suelo beber." Dijo con voz firme. No sabía si debería acercarse o no, así que optó por permanecer en el lugar.

"Vale, como quieras, Homura."

"…Te dije que no me llamaras por mi nombre de pila."

Rina se encogió de hombros. "¿De verdad le das tanta importancia? Por favor. El mundo avanza, tic toc, y a ti te viene a importar algo tan básico como los honoríficos. En fin, da igual. Di lo que tengas que decir, sé que no vienes por mi oferta."

Homura se estremeció por la última oración, pero pateó lejos el pensamiento. "…Estás algo más agresiva que de costumbre. El alcohol te hace mal."

Rina volteó el rostro completo esta vez para verla. "Todas las drogas hacen mal, Homura."

Lo dijo como si hubiese dicho la frase más obvia entre la historia de todas las frases. Homura respiró profundo, y aunque sabía que se arrepentiría, se sentó a su lado. Rina apestaba a vino y se preguntó brevemente si realmente esa era la primera botella que consumía durante ese día. Ella se limitaba a beber en intervalos, y luego menear la copa constantemente. No se inmutó en absoluto ante la cercanía.

"Hablé con Mirai y Chizuru-san."

Rina se mantuvo en silencio.

"…Y supongo que me falta tu parte de la historia."

"Parte de la historia," repitió, "parte de mi historia."

"Mhm."

"Pregunta lo que quieras saber. No quiero reparar en detalles innecesarios."

"¿Por qué quieres hacer esto?"

No hubo respuesta. Homura pensó brevemente que prefería a la Rina que no se callaba.

"¿Qué evento gatilló tu decisión?"

"La prisión."

"¿…la prisión?"

"Sí, ese lugar donde castigan a los infractores de la ley. Los encierran en celdas y viven una vida de mierda."

"…Sé lo que es una prisión. ¿Pero qué pasó en la prisión?"

Rina guardó silencio, y cuando Homura iba a intentar con otra pregunta, prosiguió, "mi padre ha estado mucho tiempo en prisión. Casi todas las interacciones que recuerdo entre él y yo fueron en la cárcel."

"¿Por qué estaba ahí?"

"Porque cometió crímenes. Violó mujeres."

Ahora fue Homura la que se mantuvo en silencio. De todas las cosas, no se hubiese imaginado nunca algo así. Pero… ¿Podría alguien haberse imaginado algo así, realmente? Se quedó mirando momentáneamente el líquido siempre en movimiento y Rina hizo un sonido exasperado desde el fondo de su garganta.

"Escucha, no me gusta hablar de estas cosas. Así que dejaré de esperar a que hagas alguna pregunta un poco más ingeniosa y te soltaré lo relevante, al menos para ti." Terminó el contenido de la copa y la dejó a un lado. "Mi papá violó dos chicas. Lo confinaron en prisión por ello. Voy regularmente a verlo y de paso platico con otros internos. Llevo más de la mitad de mi vida haciendo visitas, así que me consideran cara conocida. En fin, no, mi deseo no fue liberarlo. Se merece estar ahí. Es lo lógico. Si lo liberaba, probablemente volvería a violar y lo confinarían de nuevo. No tendría sentido, sería solo desperdiciar un deseo en un ser humano perdido. Mi papá es así y lo acepto como es."

Homura estuvo a punto de replicar, pero las palabras de Rina caminaron sobre las suyas, como atletas corriendo sobre el participante que tropezó. "Si ya escuchaste la historia de Chizuru, entenderás esto. Mi padre estaba enfermo, desde el fondo. Desde el core de la cuestión. Ya no tiene vuelta atrás. Está podrido y es infeliz. Y morirá así. Por más que lo intenten, no lograrán hacerlo feliz. Porque es consecuencia de una sociedad putrefacta. La gente es infeliz, Homura. Es más fácil cerrar los ojos a realidades así y solo apuntar con el dedo desde el cómodo sofá de tu casa. Porque son malos. Y es irónico, porque todos somos malos. Un árbol podrido no puede dar manzanas frescas, sanas. No da frutos, solo más putrefacción. Por eso quiero cambiar las estupideces, los virus que han enfermado este mundo. Mi papá quizás no hubiese violado a esas chicas si mis abuelos no fueran fanáticos religiosos que le enseñaron que masturbarse era pecado y que todo tipo de exploración sexual era cosa del diablo. Para mi papá, el castigo siempre estaba presente, así que llegado cierto punto no le importó romper más reglas y solo buscó lo que quería. Para ser feliz al menos por unos segundos. Chizuru quiere limpiar la naturaleza de la Tierra, y yo la de la humanidad. Y Mirai quiere ver futuros brillantes, que la hagan sonreír en vez de no dejarla dormir. Eso es todo. Simple, encajamos como piezas de puzzle."

Como piezas de puzzle. Homura se imaginó brevemente al trío de chicas como parte de un gran puzzle de muchas piezas, pero ellas eran las únicas con motivos. El resto del juego se encontraba en blanco, como un lienzo esperando ser pintado. Homura no sabía qué decir, realmente, así que haría como Rina y no diría nada. Cerró los ojos, dejando que la información se aclimatara y fundiera en su cerebro, pero repentinamente Rina estaba encima suyo, sus rodillas apoyadas en el espacio vacío que dejaban las de Homura, inclinada hacia adelante y apoyando una mano en la pared para darse equilibrio. Homura se tensó de inmediato, lista para activar su transformación y mandar a volar a esta chica, pero ella negó categóricamente con la cabeza.

"Contigo ya no funcionará, porque somos restos podridos del árbol. No tenemos salvación. Pero todos los demás sí la tienen, Homura. Yo sé que lo puedes entender. Lo puedes entender mejor que nadie. Y lo sé, porque nadie te puede entender mejor que yo. Sé todo lo que has vivido, Homura. Sé cuánto amas a esa chica. Pero debes dejarla ir, en orden de salvarla. Como podridos, si tocamos a los frutos sanos, los enfermaremos. Pero la harás más feliz que nadie."

Homura se quedó en silencio. No encontraba palabras para replicar, solo miraba intensamente a ojos azabache que brillaban con una luz que carecía en sus otros encuentros. Rina se inclinó, buscando cerrar la distancia, pero Homura reaccionó a lanzarla lejos con una patada desmedida. Aquello fue lo que necesitaba para despertar, y sin mediar palabra ni gestos, se transformó y se alejó del edificio.

Algo que le causaba tanto rechazo –y no hablaba nada más de las insinuaciones- no podía ser bueno. La causa de Rina parecía correcta y honesta, pero Homura no podía confiar en sus palabras. Simplemente no podía, por más lógicas o cuerdas que sonaran, para ella algo le decía que eso no era lo que debía hacer.

Le había dicho que de ese modo podría darle mucha más felicidad a Madoka. Esas fueron las únicas palabras que hacían que su corazón latiera con fuerza, haciendo eco en sus oídos como un martillo.

'Nada me haría más feliz que poder estar contigo cada día.'

Homura entornó los ojos y dejó que la suave voz de Madoka resonara en su mente, una y otra vez. Aquella voz que siempre, siempre la salvaba. Sonrió, y por primera vez en mucho tiempo, se convenció de que podían lograrlo juntas, sin necesidad de separarse. Que podía hacer feliz a Madoka con sus propios recursos, porque la amaba.

Y todo estaría bien, porque no permitiría que nadie ni nada le volviera a hacer daño, nunca.

La tragedia no tocaría sus vidas.


Al día siguiente, Madoka se dedicó a armar su maleta y limpiar el departamento, a pesar de que nadie se lo había pedido. No tenía mucho más qué hacer, y sabía que Homura llegaba cansada; buscaba ayudarla en lo que pudiera, como siempre. Kyouko y Sayaka estaban fuera, y pronosticaba que tardarían su rato antes de llegar.

Homura seguía en la universidad, así que, ya luego de desocuparse, optó por ir a la habitación y pegarse una siesta. Era una de las últimas siestas que podría tomar ahí, en esa cama que tenía impregnado el olor de su novia. Se sentía tonta por disfrutar con cosas así. Cuando lo veía en películas, siempre le entró curiosidad probar, pero al hacerlo, comprendió por qué se había vuelto un cliché tan popular. El olor de Homura le daba calma a su corazón, la calma necesaria para caer profundamente dormida.

No tenía idea a qué hora despertó, solo que ya parecía entrada la tarde y escuchaba las voces de Mami y Kyouko en la sala. Madoka se incorporó para ir a saludarlas y compartir un rato, pero se detuvo en seco cuando entendió de qué estaban hablando.

"¡No puedes estar hablando en serio!"

"¡Shh! Te dije que fueras discreta, baja el tono."

"Ya, ya. Como sea, quizás viste mal, Homura no-"

"No existe la opción de que haya visto mal, y lo sabes, Kyouko. Homura estaba hablando con una de las chicas que nos atacó. Reconocí la magia."

A Madoka le dio un vuelco el corazón.

"¿Pero para qué querría hablar con esas tipas? Quizás está planeando algo para echarlas abajo. Ya sabes, Homs siempre ha sido de estrategia."

"¿Y no decirnos nada? Esto es grave, Kyouko. Tomamos una decisión, todas. Y ella la está ignorando para trabajar por su lado. Además… La chica se le acercó mucho. Fue como si se conocieran, esa impresión me dio."

"…Quizás esa tipa es invasiva y ya. Homs es ciega a otras personas que no tengan cabello rosa, y menos gente así, escoria. Sabes que es testaruda. En fin, que no ganamos nada discutiendo esto, será mejor que cuando vuelva la enfrentemos y sacarle el secreto."

"…Sí, supongo que tienes razón."

"¿Mami-san…?"

Tanto Kyouko como Mami se giraron a la vez para ver horrorizadas a una Madoka en vías de ponerse pálida. Mami sintió que las palabras se atoraban y perdían en su garganta, a la vez que todo su rostro se fruncía.

Kyouko avanzó para ponerle una mano en el hombro y ofrecerle una sonrisa forzada. "Creo que la despertamos, Mami. Llevabas horas durmiendo ya, eh. Parece que cierta persona no te está dejando dor-"

"No lo hagas, Kyouko-chan." La voz de Madoka salió más fría y temblorosa de lo que ella misma se esperó. Ni reconocía esa voz como propia. "¿Es verdad lo que decían? ¿Mami-san?"

El corazón de Mami latía frenético. No podía soportar ver la destrucción en su rostro, y era toda su culpa por descuidada. Intentó obligarse a decir algo, pero cuando encontraba la intensidad de los ojos de Madoka clavados en ella, todo esfuerzo se iba en picada. Tartamudeó sílabas al azar, y esa fue su única respuesta.

Madoka se llevó una mano al pecho y respiró profundamente antes de regresar a la habitación y cerrar la puerta tras de sí. Kyouko intentó seguirla, pero ella había cerrado con pestillo y no hizo caso a los golpeteos constantes que pegó la otra. Al final, Mami puso una mano sobre su hombro y negó con la cabeza, apenada. Kyouko entendió y le dio la razón esta vez, pero se mantuvieron atentas a la puerta en caso de cualquier cosa.

Sin embargo, minutos después Madoka salió rápidamente del lugar. Se había arropado con un abrigo y llevaba su pequeño bolso a cuestas. Fue hacia la puerta a ponerse sus converse y abrió la puerta sin más, pero Kyouko ya estaba ahí evitando que la cerrara. "¿A dónde vas? No ganas nada perdiendo el control."

Madoka hizo el esfuerzo de no rechinar los dientes; funcionó. En cambio, miró por sobre el hombro a la otra chica. "Iré por ella. No puedo quedarme quieta aquí pensando en que podría estar en peligro por imprudente."

"¿Y de qué serviría eso, uh? Escucha, no quiero ser dura, pero eso es lo peor que puedes hacer. No tienes armas para protegerte, y en caso de que efectivamente ocurra algo, solo pondrás en mayor riesgo a Homura porque estará más pendiente de protegerte a ti que a ella misma. Entiéndelo."

"Lo sé. Pero no, definitivamente no puedo quedarme aquí. Lo siento, Kyouko-chan. Prometo ser cuidadosa."

"Entonces iré contigo, Homura no me-"

Pero Madoka negó rotundamente con la cabeza. "No. Quiero hacerlo yo misma."

"¡Pero…!"

Le ofreció una sonrisa forzada. "Te lo agradezco, pero estaré bien. Solo les pido que estén atentas a sus teléfonos por si fuera necesario que intervengan."

Kyouko se limitó a echar un bufido y cerrar los ojos, exasperada. Soltó la puerta, y sin mediar palabra, regresó al interior.

Madoka no esperó más, y abandonó el edificio.


Las tres se encontraban sentadas juntas, una al lado de la otra. Homura había llegado hace solo unos segundos y fue recibida con una amplia sonrisa de parte de Mirai y un leve, tímido agitar de mano de Chizuru. Rina permanecía ligeramente abstraída y solo se volteó para reconocer la presencia de la persona que se les acababa de unir.

Homura traía emociones mixtas. Si bien estaba totalmente segura de su decisión, le sabía mal el ver la ilusión con que la miraba el par. A pesar de todo lo ocurrido, no las consideraba malas chicas. Eran personas, que en definitiva, luchaban fuertemente por sus deseos. Y eso era algo que Homura podía entender perfectamente. Ella misma estaba resignada a cómo estaban las cosas con el mundo. El sistema de las Puella Magi le daba asco y más asco le daba recordar en lo que logró convertir, en otras líneas de tiempo, a las personas que hoy consideraba amigas. Así como ellas, muchas habían caído. Y la verdad es que ni siquiera hoy, que estaban juntas y que manejaban la verdad, podían estar libres de ese destino. Era un riesgo que vivían a diario, pero ya habían comprometido su vida a la batalla. Lo único que podían hacer era sobrevivir y fortalecerse de las formas que fuera para retrasar el proceso. Lo aprendió a la mala, pero tenía instalado ese chip en su mente y lo único que la motivaba a seguir era mantener a Madoka a salvo y estar junto a ella. No quería verla derramar más lágrimas, no quería verla morir, no de nuevo. Homura estaba segura que, luego de tanto, perderla de nuevo la destrozaría en mil pedazos y dudaba tener la voluntad de seguir viviendo sin ella.

Pero la protegería, a toda costa. Aunque significara perder la vida en el proceso, no permitiría que nadie la dañara nuevamente.

Era un juramento que le hacía a su alma y corazón.

Agachó un poco la cabeza, y cuando estuvo a punto de hablar, Rina la interrumpió. "Vienes a dar tu respuesta, ¿no?"

"…Sí, a eso he venido."

"Sé breve, sin rodeos. Sea cual sea tu decisión, nosotras abandonaremos esta ciudad en un plazo no mayor a una semana. Con o sin ti."

"Está bien, seré breve. Rechazo vuestra propuesta. Agradezco que hayan compartido sus vidas conmigo, pero tengo algo más importante que proteger, y confío que podré hacerlo por mi cuenta."

Rina se acercó hasta estar de pie frente a ella con ambas manos embutidas en su chaqueta. Ojos azabache escudriñaron en los púrpura y acabó soltando un suspiro, derrotada. "Como quieras. Si lo prefieres así, así será. Ya podrán estar más tranquilas, bueno… Supongo. No sé si podría llamarse tranquilidad a que aumente el número de brujas en este terreno."

"¿…A qué te refieres?"

Rina meramente se encogió de hombros, obviando la pregunta. Probablemente, porque como varias veces había pasado, la consideró una pregunta verdaderamente estúpida. Sin más, le dio la espalda y se reunió con las demás. "Probablemente no volveremos a vernos. Es una lástima. A pesar del patadón que me diste ayer, no estaba dispuesta a rendirme. Pocas veces encuentro personas que gocen de las características físicas que aprecio a la hora de escoger con quién echarme un polvo."

Homura se llevó una mano a masajearse las sienes. "…Eso fue innecesario. Si entraste en mi cabeza, deberías saber que no tengo interés, en absoluto, ni lo tendré."

Rina la miró por sobre el hombro, "lo sé, pero me encantan los desafíos. Solo lo hace más excitante."

Homura tuvo que resistir la urgencia de darle un disparo en vez de una patada, esta vez. Sin embargo, Mirai rompió completamente sus pensamientos.

Sus ojos rojos se movían rápidamente hacia todos lados, desorbitados, y tanto Rina como Chizuru se miraron con decisión. Ambas cerraron los ojos y en cuanto Rina fijó la imagen, caminó rápidamente de regreso hacia Homura y la jaló con fuerza del brazo. "Te daremos un regalo de despedida y te ayudaremos. No preguntes."

Homura jaló instintivamente hacia atrás, pero no sirvió de nada porque de golpe se encontró en un lugar completamente diferente. Las cuatro estaban de pie frente a un enorme hospital con lo que parecía ser una extensa entrada a una barrera. Cuando se aclimató a sus alrededores, tironeó con fuerza para zafarse del agarre de Rina, pero al contrario, dicha muchacha entró sin vacilar a la oscura barrera, arrastrando a Homura consigo. Mirai y Chizuru iban más atrás, pero la última, luego de que generara una potente luz verde, desapareció. Para cuando volvió, estaba delante de Homura, cargando un cuerpo que conocía muy, demasiado bien.

"Mado…ka…"


Homura no escuchaba ni veía la intensa batalla que se desataba frente suyo. En sus brazos, apretaba con fuerza el cuerpo de Madoka, intentando mantener el calor. No tenía sentido, pero para Homura todo dejó de tener sentido.

Ya había intentado curarla con sus precarias habilidades de sanación, pero Madoka ya no estaba ahí. Tenía un agujero enorme en un costado que perforó de una sola vez parte de sus órganos. La sangre seguía derramándose, probablemente buscando dejar el cuerpo completamente seco.

Homura parecía calmada en el exterior, pero internamente estaba en shock. Sus pesadillas se repetían, una y otra vez.

Y otra vez en la que le había fallado.

¿Cuántas veces iban…?

Pero de todas, estaba segura de que esta era de las más dolorosas. Siempre había sido difícil, pero años atrás Homura había creado un fuerte en su corazón para mantenerse cuerda. Encerró todo, lejos, en los rincones más profundos de su mente. Porque los sentimientos la destruían, y si cargaba con eso a cada paso que daba, perdería la lucha. Y ahora, se decía a sí misma que debió haber permanecido así. Se había vuelto suave; había bajado la guardia y estaba pagando ahora mismo el precio. Solo quería ser feliz, pensó. Pero no hay felicidad sin Madoka.

La había perdido para siempre, por culpa de su egoísmo. ¿Hacer su vida? ¿Pensar para sí misma? Su egoísmo había asesinado a Madoka. Abrazó con fuerza su cuerpo y besó repetidas veces sus labios, fríos, como nunca. Por fin estaba regresando a la realidad, pero regresar a la realidad implica enfrentar todo lo que conlleva. Su mente se iba despedazando, poco a poco, haciéndola perder el control de sí misma.

Por lo mismo, no se percató de que la barrera desaparecía y que estaban de regreso en aquel callejón junto al hospital. Lo único que la hizo levantar la mirada fue la mano de Rina en su hombro, que buscaba llamar su atención. Homura alzó el rostro, Madoka bien firme contra su pecho, como si temiera que se la fuesen a robar.

"¿Este es tu regalo? ¿Su cadáver?" Dijo, voz sorpresivamente neutra.

Las tres se veían auténticamente apenadas. Incluso Rina, quien parecía totalmente fuera de personaje al ver de esa forma tan compasiva a la otra chica. "Mirai no es omnipresente. No puede estar percibiendo el futuro de todas las personas. Tiene que focalizarse. Yo… Aunque no lo creas, de verdad lo siento por ella. Por ti."

Homura bajó con cuidado el cuerpo, dejándolo contra la pared. Seguía transformada, así que se quitó la chaqueta blanca de su traje y la cubrió con ella. Luego se puso de pie y fue sorpresa el ver cómo había cambiado su expresión.

O no, más bien…

Llevaba la de una Homura que había dejado hace muchísimo tiempo. Ese rostro carecía de todo. Rina tuvo que hacer el esfuerzo de no dar un paso atrás, pero se vio obligada en el momento en que Homura se encontraba con su pistola clavada en las sienes de la chica. "Tienes razón. No te creo. No eres estúpida, esto te resulta conveniente, ¿no? Matándola, me vería obligada a aceptar y unirme a ustedes, ¿no? Dudo que una persona como tú deje de vigilar al punto débil de su objetivo."

Rina la miraba impávida. "No gastaré palabras si de todos modos no me creerás. Y aunque tuvieras razón, matarme no la traerá de regreso. No malgastes tus balas."

Sin embargo, el brazo de Homura no se movió ni un ápice. "No, no la traerá de regreso. Pero necesito descargarme con algo, y ya que te diste la molestia de darme este tipo de regalo, te lo regresaré con uno equivalente."

Rina se encogió de hombros. "Si perder tu tiempo y energía te hace sentir mejor, adelante."

"No necesitaba tu autoriza-"

Rina asestó un golpe directo en el abdomen de Homura. "Te lo regreso, por ayer." Acto seguido, fue cubierta por una luz negra. Su transformación se completó en un par de segundos. Traía una delgada alabarda en mano. Su vestimenta consistía en una chaqueta negra corta hasta la cintura con runas escritas en azul a lo largo de los brazos, abierta. La cubría un top grueso negro con la insignia de un tridente en azul grabado en el medio. En la zona inferior traía unos pantalones cortos negros que no alcanzaban a cubrir ni la mitad del muslo, junto con unas sogas que parecían amarradas desde el torso. Por último, lucía unas botas que parecían metálicas, negras, que cubrían hasta la mitad del muslo. Rina respiró profundo y su alabarda fue rodeada de lo que parecían ondas de energía azules que echaban chispas, y luego pegó un salto hasta el techo del hospital.

Homura no tardó en seguirla, y sin pensarlo dos veces, sacó su ametralladora y disparó hacia Rina. Ella cambió el rumbo antes de que las balas llegaran. Pegó un salto y lanzó un golpe vertical hacia el pecho de Homura, pero ella detuvo el tiempo y se posicionó detrás para apuntar el arma directo hacia la cabeza, pero Rina lanzó un poderoso codazo hacia atrás que la apartó a una distancia considerable. Homura sentía su mejilla arder y el gusto a sangre invadió su boca. Guardó la ametralladora y la cambió por su pistola ligera; con oponentes así valía más la velocidad. Rina traía los ojos cerrados y parecía recitar algo, en susurros, y la alabarda fue cubierta por lo que ahora lucían como llamaradas azules. Arremetió contra Homura y la cuchilla se encontró con su escudo. Pasó un disparo que le rozó junto al ojo. Homura saltó hacia atrás, disparando sin cesar en su dirección, pero Rina ocupó las llamaradas como escudo. No fue suficiente, una bala logró atravesar su defensa y perforar su costado. En cosa de un parpadeo, Homura desapareció y le asestó un golpe karate en la nuca que la mandó a chocar estruendosamente contra el pavimento. Homura resistió las ganas de lanzarle una granada solo porque se encontraban sobre el techo del hospital. En cambio, cortó la distancia y fijó su blanco en la cabeza. No podía fallar. Sus dedos aplicaron fuerza en los músculos, ¡las Puella Magi no deberían pelear entre sí!. La voz de Madoka la hizo titubear en el momento clave. A ella no le gustaría saber que asesinó a una persona, pero-

"Pensé que querías regresarme el regalo. No me subestimes." Rina realizó un corte diagonal en la espalda de Homura, rasgando su blusa negra y toda la piel que se atravesó. No se sintió como un simple corte, era mucho más fuerte, una energía opresiva similar a electricidad. Apretó los dientes y pegó 5 disparos hacia atrás. Rina fue empujada por el impacto, las 5 balas dando en el blanco e incrustándose en su pecho, perforando las zonas circundantes a las costillas. Volvió al suelo, de espaldas, y Homura hizo lo posible por mantenerse consciente. Estaba apoyada con ambas manos sobre el suelo y la vista comenzaba a nublarse. Su ropa estaba empapada de sangre y rápidamente el sabor de la misma llenó su boca, haciéndola vomitar. Pero no, no podía caer tan fácil. Concentró su magia en separar el vínculo y desligarse del dolor, pero la magia de Rina parecía rechazar la maniobra. Homura se frustró, y haciendo gala de su aguante y estoicismo, se enderezó y caminó hacia la otra muchacha que se agarraba el pecho, como si quisiera escarbar entre sus vísceras. Apuntó nuevamente, esta vez decidida, a pesar de los temblores que empeoraban su puntería.

"Lo siento, Akemi-san."

La pistola de Homura voló de su mano y fue forzada hacia el suelo. Chizuru ejercía presión con su magia para mantenerla quieta, mientras que Mirai, a sangre fría, jalaba las balas que quedaban en el interior de Rina, ignorando por completo los alaridos que pegaba. Homura no podía moverse y maldecía entre dientes porque no había forma de que la redujeran así si estuviera en mejores condiciones.

Devolvió la atención al par, y vio con completo asombro como Mirai, al parecer, poseía habilidades curativas, como las de Sayaka. Entornó los ojos, presenciando como la carne se regeneraba de a poco. No acabó con Rina para cuando llegó al lado de Homura y aplicó el mismo tratamiento. Aparentemente, solo cerró las heridas críticas para dejarla fuera de peligro y atender pronto a una Homura que por milagro seguía consciente, considerando toda la sangre que estaba perdiendo. Pero cuando empezó la curación, sintió algo completamente diferente a cuando Sayaka la había sanado en el pasado. El hechizo que aplicaba siempre se sentía cálido y lentamente iba aliviando el dolor de una manera muy peculiar que no sabría describir. En cambio, ahora el dolor seguía igual de presente. Luego de varios minutos, recién comenzó a sentir algo de alivio, pero Mirai se detuvo justo en ese momento. Chizuru aun la vigilaba de cerca, pero le permitió sentarse y comprobó que efectivamente su herida estaba cerrada.

"Chizuru, ¿podrías traer la caja?"

Ella asintió, y una caja mediana apareció frente a Mirai. Sonrió en respuesta y se puso de cuclillas para abrirla.

Homura casi se ahoga con aire cuando vio el contenido.

Mirai sacó un puñado de Grief Seeds y se acercó a Homura, poniendo una semilla junto al diamante, el cual estaba considerablemente oscuro. Ella no le había puesto atención así que recién venía dándose cuenta, pero no le sorprendía. Después de todo…

Mirai repartió Grief Seeds para cada una, limpiando hasta que quedaran impecables. Y es que, al interior de la caja, guardaban una barbaridad. En ese instante fue que Homura comprendió a qué se referían con que habría más brujas cuando se fueran.

No sabía qué pensar al respecto. Tampoco podía meterle más cabeza al asunto. Homura miró hacia el costado y vio el cuerpo de Madoka que las dos chicas habían tenido la consideración de traer. Parecía sumida en un profundo sueño. Para Homura sería nostálgico si tan solo no estuviera aun bañada en sangre.

La verdad era que ella, Akemi Homura, había dejado morir a la persona más importante de su vida.

Ese era el mundo, el presente.

Un mundo sin Madoka.


El fresco olor a mar les limpiaba los pulmones, y los llenaban con gusto. Siempre se apreciaba el olor de la naturaleza luego de pasar mucho tiempo en capitales como Tokyo. La arena se sentía tibia bajo sus pies y manos, y estaban dichosas de poder compartir un día así, despejado, y prácticamente solas en esa playa.

Habían tomado el tren expreso desde Tokyo y tardaron cerca de dos horas en llegar, pero valía la pena. Estar juntas antes de que mañana llegara era lo único que necesitaban. Sin universidad, sin brujas, sin interrupciones. Solo Madoka y Homura.

Madoka, recostada sobre la arena, tenía alzado su teléfono mientras escribía un mensaje de texto para Sayaka, avisándoles que habían llegado bien. Pero el aparato fue arrebatado de sus manos sin que pudiera terminar, y lo siguiente que supo fue que tenía a Homura encima de ella besándola con apremio. Durante los últimos días, Homura había estado mucho más intensa. Sus labios impacientes, sus caricias infinitas y sus palabras encantadoras. Madoka se sentiría en el cielo de no ser por esa extraña sensación que percibía en la otra. Como si tuviera miedo. No le dio muchas vueltas, porque estaba segura de que probablemente se debía al fuerte trauma que sufrió luego del ataque. No se quejaba, de todos modos. No se cansaba de asegurarle a Homura que era suya, totalmente suya, y por lo tanto podía hacer lo que quisiera.

Madoka estaba segura de que hace muchísimo tiempo no se sentía tan feliz. Los labios de Homura trazaban besos por su cuello, por su hombro… Madoka se mordía el labio inferior, disfrutando el bombardeo de sensaciones que le provocaban gestos así, con todo y que le avergonzaba tener un intercambio así de íntimo en un lugar público.

Después de todo, ella también estaba ansiosa, pero en el mal sentido. Mañana, ella y Sayaka partirían de regreso a Mitakihara. Por eso habían decidido pasar el día de forma especial por su cuenta.

Homura acabó calmándose al cabo de unos minutos, y optó por recostarse, apoyando su cabeza en el pecho de Madoka. Ella sonrió y acarició, como tantas veces, su cabello. Lo peinaba, lo ordenaba, lo apreciaba… Le apretaba el corazón pensar en que mañana, a esta hora, tendría a Homura a varios kilómetros de distancia. Lo peor de todo era que cuando le tocaba el tema de las visitas, ella siempre respondía con evasivas. Entendía que estaría ocupada con los estudios y todo eso, pero todos los estudiantes universitarios tenían vacaciones. La Universidad de Tokyo no era la excepción. Aun presentándole ese argumento, no había caso. Si no fuera por lo amada que la había hecho sentir en los últimos días, quizás estaría pensando en que de pronto no quería estar con ella, simplemente.

Pero no, ella la conocía y le confiaba. Sería ingrato de su parte el dudar de su amor, y de que para ella también significaba una tortura el separarse. Podía verlo en sus ojos.

Homura se reincorporó solo lo suficiente para ver su rostro. Ojos púrpura se clavaron en rosa, "¿Madoka?"

"¿Mhm?"

"¿Eres feliz?"

Últimamente Homura le preguntaba mucho la misma pregunta. Madoka sonrió de lado y fue a depositar un suave beso en la frente de la otra. "¿Cómo no estarlo, Homura-chan? Me tienes totalmente consentida. Yo…" Entornó sus ojos y besó su mejilla esta vez, "…siempre me has hecho la persona más feliz, Homura-chan."

"Madoka…"

"¿Tú eres feliz…?"

Pero apenas terminó de verbalizar su pregunta, labios la encontraron de nuevo y la envolvieron en un beso lento, cálido. Madoka la atrajo instintivamente, dejándose arrastrar por el amor profundo de Homura, como si se tratara de un torbellino.

Podía morir en un torbellino, pero no le importaba si se trababa de este, en absoluto.


Las pocas personas que esperaban la llegada del expreso miraban curiosas al numeroso grupo de chicas. Miyuki, Hiyori y Akari habían faltado a la escuela para asistir también, e incluso la abuela de Homura se encontraba presente. Aunque fue corto tiempo, ella y Madoka habían establecido un lazo especial. Sumire estaba en la época de su vida en que se volvía más sentimental, y sentía verdadera tristeza por la partida de la chica. Con todo, no lo demostraba del todo porque no quería hacerle las cosas más difíciles a su nieta. Después de todo, sabía lo destrozada que debía estar.

Madoka y Sayaka hablaban animadamente con las demás. Promesas de verse de nuevo, e incluso intercambio de números de móvil. Como era de esperarse, la naturaleza de ambas chicas hizo que fuera fácil y rápido simpatizar con ellas. Los padres de Hiyori le habían enviado pasteles de regalo para el camino, y ahora tenían una caja de gran tamaño que cargaba con todos. No, no serían sólo para el viaje, estaba claro. Kyouko se veía nostálgica, pero había un brillo distinto en sus ojos. Madoka se había dado cuenta de que cada vez que Sayaka y Kyouko cruzaban miradas, parecía haber una especie de complicidad entre ellas.

De hecho, ninguna de las dos se veía ansiosa o nerviosa por el viaje.

Madoka le echó un vistazo a su teléfono para comprobar la hora y se espantó al ver que quedaban solo 5 minutos. Rastreó el lugar rápidamente en busca de Homura, a la cual encontró recargada contra la pared. Apenas encontraron miradas, Madoka se dio cuenta de que los ojos de Homura estaban rojos y su pecho se apretó dolorosamente ante la imagen. Se apresuró a su lado y tomó sus manos, viéndola con una sonrisa. "Homura-chan."

Ella asintió, pero la jaló hacia el pasillo por el que habían entrado al andén. Madoka parpadeó; perpleja, pero no tuvo tiempo para replicar porque Homura la presionaba contra la pared y la besó ansiosamente. O no, más que ansias, notó desesperación. Madoka no pudo retener las lágrimas y rodeó el cuerpo de la otra con fuerza, aferrándose a ella y deseando que los relojes del mundo les hicieran el favor de detenerse. Poco después, Homura rompió el beso. Tenía una mano apoyada contra la pared y la mirada fija en la ajena. Madoka no podía detener las lágrimas y lo devastada que se veía su novia no ayudaba en absoluto. No podía culparla, ella se sentía igual o peor. Pensar en volver a Mitakihara se le hacía una idea extraña, como si Tokyo fuese su verdadera ciudad natal. Pero no, no era eso. Era que Homura había logrado llenar tantos vacíos y darle tantas alegrías en tan poco tiempo y no podía concebir el concepto de hogar sin ella incluida. Le hacía mal pensar en estas cosas justo antes de irse, porque temía que si Homura fuese a pedirle que se quedara, no podría negarse. Estaría más que feliz de hacerlo, sin importar las consecuencias.

Homura separó sus labios y le habló lento, en un susurro exclusivo para ella. "…Madoka. A partir de ahora, debes vivir como gustes."

Las palabras de Homura le sonaban como un último deseo de muerte y la miró con ojos desconcertados, sus manos subiendo para tomar su rostro. "¿…Homura-chan?"

Ella la envolvió en un fuerte abrazo, sus manos finas recorriendo el cabello rosa de Madoka. "Te amo, Madoka. Y siempre, siempre lo haré."

"¡Yo también a ti, Homura-chan! Yo siempre…" Su voz temblorosa fue totalmente opacada por el sonido agudo que anunciaba la llegada del tren. Antes de que pudiera reaccionar por sí misma, Homura la tomó de la mano y caminó a grandes zancadas hacia el vagón. Sayaka esperaba en la entrada, y cuando vio que Madoka ya venía, entró para acomodarse en su asiento.

Homura se detuvo precisamente enfrente y Madoka buscó su rostro una vez más. "Homura-chan, te pasa algo, tú…"

Ella negó con la cabeza. "Estará todo bien, lo prometo. No debes preocuparte por nada, Madoka." Buscó la mano izquierda de Madoka y depositó un beso suave sobre sus nudillos. Madoka se sonrojó por el gesto, y al segundo después se dio cuenta de que Homura había jalado el lazo rojo que tenía amarrado en la muñeca, como una promesa, como un juramento.

Frunció todo el rostro y la tomó de los brazos, jalando y forcejando para recuperarlo. "Homura-chan." Dijo, en tono de advertencia, "no es momento de-"

"Señorita, ya cerraremos las puertas."

"Ya va, descuide." Homura la enredó en sus brazos nuevamente para mantenerla quieta e ignoró los golpes que le daba para liberarse.

"¡Homura-chan!"

Ella la levantó, cuerpo completo, y le entregó la maleta al encargado. La bajó al interior del vagón, y aunque Madoka quiso luchar y salir de nuevo, el encargado le negó el paso. Cerraron la puerta y Madoka se apegó desesperadamente a la ventana, solo para ver horrorizada a una Homura que la miraba con la sonrisa más triste que hubiese visto en su vida. A lo lejos se notaba su rostro empapado y pronunció palabras que Madoka no supo descifrar.

Al segundo siguiente, el tren comenzó a andar, y la última imagen que quedó grabada en su retina fue la de Homura que desaparecía, consumida por una luz verde brillante.

Madoka se tomó el pecho con ambas manos, intentando soportar esa sensación de vacío brutal que la invadió. Sayaka llegó a su lado, pero para cuando le preguntó qué había pasado, no supo responderle.

No sabía qué o quién había dejado ese doloroso agujero en su pecho.


"Incluso a mí me dolió presenciar eso."

"No tenías por qué verlo. Cada vez te vuelves más fisgona, Rina."

Ella bufó, "claro que tenía por qué. ¿Olvidas quién es la que las junta a ustedes tres, uhm?"

Pero Homura no respondió.

Rina se cruzó de brazos y fue a reunirse con el otro par que miraban con profunda lástima a una Homura que les daba la espalda y traía las manos embutidas en su abrigo.

En su mente, aún se preguntaba si lo que había hecho era lo mejor. Pero siempre se respondía que era su egoísmo el que hablaba por ella, intentando hacerla caer de nuevo.

No titubearía más.

Madoka y ella habían llegado al final del camino juntas, pero se encargaría de cuidar que nadie pudriera sus frutos.

Viviría y moriría por Madoka, y eso era suficiente para hacerla feliz. Tuvo el privilegio de recibir todo su amor, y ese sería el combustible que la ayudaría a seguir en pie.

"Homura, ¿de verdad estás segura?"

Homura la miró por sobre el hombro. "Lo estoy."

"Puede que mueras sin volver a hablarle."

"No importa."

"¿No importa?"

Ella esbozó una sonrisa ladina, "porque amo."

"Si te otorgaran la posibilidad de regresar en el tiempo para cambiar el destino de ambas, ¿estarías dispuesto a hacerlo?"

"Por mis hijas, lo haría una y mil veces."

Amaba.

Madoka le había enseñado a amar.

Su principal motivo para emprender este viaje era velar por la felicidad de Madoka, pero en su corazón existían más personas que llenaron su vida, unas más, otras menos, pero todas fundamentales. Tenía amigas incondicionales y una familia que adoraba. También lucharía por darles un mejor fin a sus vidas, porque amaba.

Nunca dijo adiós, pero todo perdía sentido si no podía abrazarla.

En esta noche, de otro año, de otro lugar, comenzaba a nevar con fuerza.

Homura solo podía rogar que alguien la arropara en noches frías así.

Hurgó en su bolsillo y sacó el listón rojo que le había quitado. Descartó el cintillo que siempre usaba, y lo reemplazó, con movimientos ágiles, con la promesa que guardaban. Ya no lo consideraba una promesa, porque el destino ya no jugaba cartas. Ahora representaba un símbolo de su juramento por proteger su felicidad y la propia.

Porque…

No podía ser feliz en un mundo donde no habitara Madoka.

Adiós a todos mis amigos
Cada uno de ellos tuvo un trágico final
Con cada día que pasa, estaría mintiendo si no dijera que los extraño a todos esta noche
Y si tan solo supieran lo que les diría si yo…

…Pudiera estar contigo esta noche,
te cantaría hasta que duermas
Nunca dejaré que nadie se lleve la luz que se esconde en tus ojos
Algún día perderé esta batalla
Mientras nos desvanecemos en la oscuridad…
…Solo recuerda que tú siempre arderás con el mismo brillo.

Sé fuerte y toma mi mano
Los tiempos mejorarán para nosotros, ya lo entenderás
Hoy nos diremos adiós
Y lamento que todo acabe de esta forma
Si prometes no llorar…
…Entonces te diré lo que te hubiera dicho si es que…

…Pudiera estar contigo esta noche,
te cantaría hasta que duermas
Nunca dejaré que se lleven la luz que se esconde en tus ojos
Fracasaré y perderé esta batalla
Nunca te apagues en la oscuridad…
…Solo recuerda que tú siempre arderás con el mismo brillo.

A veces debemos fortalecernos y…
…no puedes fortalecerte en la oscuridad.
Cuando yo ya no esté aquí

debes
ser
más fuerte

…Y si yo pudiera estar contigo esta noche,
te cantaría hasta que duermas
Nunca dejaré que se lleven la luz que se esconde en tus ojos
Fallé
y
perdí esta batalla
Nunca te apagues en la oscuridad,
solo recuerda que tú siempre arderás con el mismo brillo.

La luz que se esconde en tus ojos…

A/N:

Primero, agradezco a todas las personas que han leído esta historia hasta este punto. Es mi primer longfic desde hace mucho tiempo y es un milagro que lo esté terminando, de hecho. Aprecio cada uno de los comentarios que me han hecho y gracias a ello he intentado pulirme de a poco. El camino es largo, por supuesto. Y quizás ni haya progresado, pero meh.

Lamento mucho la tardanza en actualizar. En el capítulo anterior dije 2 semanas que se transformaron en 2 meses completos. Me tenía nerviosa publicar este capítulo y se juntó con mi baja de motivación. No prometo actualizar e semanas, porque probablemente estaría mintiendo; volví a clases y ahí va la prioridad.

En fin, respecto a este cap, haré unas aclaraciones:

Miyuki no se apellida Akemi, porque Akemi es el apellido de su mamá y está reconocida por su padre, quien se apellida Sora. –Y sí, acá tengo a Homu bebé como no reconocida(¿)-

Los poderes de Mirai no tienen nada que ver con sanación. Lo que hizo fue acelerar el tiempo de curación natural de Rina y Homura, solo en las zonas en las que aplica la magia.

El último texto es claramente una canción. Creo que es una de las más importantes que he asociado a este fic, así que recomiendo escucharla. Es "The light behind your eyes" de My Chemical Romance. Shame on me, no me gusta ese conjunto, pero esta canción en particular es tan emotiva, la amo mucho y es pero ideal y precisa para este final.

Y los más importante –supongo- es que este es el fin del primer arco de esta historia. Solo serán 2 arcos, btw. Como dije antes, aspiro que sean aproximadamente 12 caps en total.

Ratchet, tenía pensado hacer un interlude después de este cap enfocado en los backstory de todas las OC megucas, pero conociéndome probablemente no lo haga, orz.

Lord! Aw, fue tan hermoso tu review, lo amé, en serio. Así, de principio a fin. Ojalá este cap también incluya tu dosis de emociones. Lamento la eterna demora, pero ahí te respondí en priv el review del Barrio Rojo.

En fin, saludos a todos los que leyeron hasta aquí, independiente de si les gustó o no. El que se dieran el tiempo es suficiente para mí.

Danny out.