Capítulo 17: Seis meses.
Por: Huesos Potter
Seis meses. Seis meses habían pasado desde la noche que Ginny y Harry se había entregado a su amor, después de meses, semanas, días de rondar sus sentimientos, esa noche había cambiado sus vidas para siempre.
Seis meses en los que Harry había sido el hombre más feliz del mundo y esa felicidad se la debía a una sola persona, Ginevra Weasley. Durante esos meses hubo altibajos, celos, sufrimiento y felicidad, todo había valido la pena por tenerla entre sus brazos. Si, Harry Potter era feliz.
La observó dormir juntó a él, tenía un par de días que no se sentía bien pero había estado tan renuente de acudir al médico, que él no insistió más, tratando de contener la furia Weasley. Esa noche se encontraba tan tranquila, tan en paz, que había mitigado su preocupación por ella, él, no sería nada sin ella.
Harry besó el hombro desnudo de Ginny, que sobre salía entre las sabanas y entre la cortina sedosa de cabello pelirrojo. Ginny se estremeció un poco, mas siguió durmiendo.
Era Hermosa en todos los sentidos, las grandes pláticas, los momentos felices juntos y las grandes noches de pasión, hacían que se sintiera completo. Estar con ella, dentro de ella, era llegar a un puerto seguro después de la tempestad, era regresar a casa, era el acto puro, la perfección pura.
Ginny se estremeció un momento, sin despertarse del todo murmuró un ligero – Harry-
-Aquí estoy amor – respondió él.
-Abrázame – Dijo ella adormilada, Harry la abrazó, pasó sus brazos por su cintura envolviéndola en su calor, su espalda pegada en su pecho y sus muslos pegados a los de él, beso de nuevo su hombro pecosito, al tiempo que frotaba su estomago plano por encima del pequeño camisón que llevaba, Ginny dio un ligero ronroneo de complacencia, regresando de nuevo al mundo de los sueño.
Faltaban horas para el amanecer, y empezar de nuevo su rutina diaria. Harry suspiró fuertemente tratando de dormir el resto de la noche, beso el cuello de Ginny, mientras colocaba su cabeza en la almohada, respirando el dulce aroma del cabello de SU Ginny. Si, esos últimos seis meses había sido los mejores de su vida.
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Ginny Weasley llevaba toda la mañana distraída. El malestar estomacal y el de su cuerpo en general, no hacían nada por enfocar su concentración. Suspiró de nuevo al ver el boceto que estaba haciendo, (((es una porquería))), pensó resignadamente, tomó de nuevo la hoja, la arrugó en un puño y la tiró en el bote de la basura, junto con el resto de los papeles que estaban esparcidos en el suelo. Llevaba toda la mañana tratando de dibujar un vestido que tendría que entregar en pocos días, pero su cerebro, su cuerpo y sus ideas se encontraban en otro lugar, no quería preocupar a Harry más de la cuenta, pero no se sentía bien, las horas del día no le daban abasto, el cansancio la mareaba y las comidas que normalmente siempre eras sustentosas se había visto reducidas de manera importante.
Se inclinó sobre el escritorio colocando su frente en la superficie, no se sentía mal, mas no se sentía saludable del todo, Harry había estado igual un par de días después de que le diera una gripa de tres días, pero a ella no le había dado gripa así que esperaba que el malestar se quitara pronto, porque no tenía otra explicación.
La puerta de su oficina se abrió de pronto, al momento en que Isabel entraba al lugar, observó todo el interior y a Ginny inclinada sobre el escritorio, sabía que algo no estaba bien con su amiga, o simplemente Ginny no quería ver la realidad de la situación.
-¿Ginny te sientes bien?... – preguntó tentativamente Isabel mientras se colocaba junto a ella, apoyándose en el borde del escritorio. Ginny se acomodó de nuevo en la silla respondiéndole a su amiga quien tenía cara de preocupación.
-Si… yo…
-Te vez pálida… - interrumpió Isabel.
-Estoy bien Isabel…- Contestó bruscamente Ginny, no necesitaba que Isabel le hiciera ver todo lo mal que se sentía, pero ver la cara de su amiga por su reacción la hizo sentir deplorable, después de todo Isabel solo se preocupaba por ella. Ahora se sentía irritable, odiaba sentirse mal.
- Ginny tienes días así… - Dijo Isabel.
- ya no me siento tan mal… pero es suficiente con que Harry me esté siguiendo todo el día para ver si me encuentro bien…
-¿Ginny por que no vas al médico o con tu sanador?
-ya se me quitará… no necesito ir a ningún lado… - quiso restarle importancia al comentario de Isabel mientras tomaba otra hoja para empezar otro intento de diseño, pero las palabras de su amiga la dejaron pensando, ir a un sanador o con un medico muggle la ponía sumamente nerviosa, nunca le había gustado los hospitales y mucho menos los doctores.
Isabel no se alejó de ella, le extrañaba la actitud de su amiga sobre todo la negación ante lo evidente. Así que lo único que restaba era encarar el asunto.
-Ginny…
-mmm – fue la única contestación que tuvo Isabel por parte de su amiga, quien seguía haciendo trazos en el papel marquilla.
-Gin, ¿no estarás embarazada?-
Tal pregunta fue suficiente para hacer que Ginny tuviera toda su atención, la punta del lápiz se rompió dejando una línea profunda en el bosquejo, Ginny sintió que un balde de agua helada caía sobre ella. Ella no podía estar… no.
-No… no lo estoy… no puedo estar embarazada-
Isabel observó de lleno a Ginny quien parecía estar perdida en algún punto de la pared, no entendía porque, Ginny y Harry se amaban, supuso que su amiga estaría dando brincos de felicidad, pero la reacción de su amiga era todo lo contrario.
-¿Por qué no?-
-Harry no quiere hijos… - Dijo Ginny aunado a un "aún", que no se escuchó. Ginny parecía triste y preocupada, soltó el lápiz que todavía seguía en su mano, apoyó los codos sobre el escritorio escondiendo su cara entre sus manos. Isabel pensó que su amiga lloraría, pero esta no lo hizo, simplemente no supo describir la reacción de Ginny, no sabía porque Harry le diría tal cosa, estaba segura que él era el tipo de hombre que le daría cualquier cosa a la mujer que amaba, y Harry daría lo que fuera por Ginny Weasley con tal de que ella fuera feliz. Y sabia por conversaciones anteriores de que Ginny quería una familia, aunque nunca lo hubiera puesto en palabras, simplemente con la reacción ante los comentarios de todos sus sobrinos.
-¿Ginny?
-tengo un retraso… - Dijo Ginny después sacar las cuentas mentales de su último periodo - Dioses no sé que voy a hacer… Harry no quiere tener hijos, Isabel. Es muy pronto…. Nunca he dejado las pociones… ¿qué le voy a decir a Harry?
-Ginny no creo que Harry no quiera… es su bebé y te ama…
-No entiendes, una vez le pregunté acerca de eso y me contestó que no deberíamos de pensar en eso aún… que no quería hijos todavía… no como están las cosas en estos momentos -
-tienes que decirle…
Una sonrisa triste acarició el rosto de la pelirroja – y lo voy a hacer… pero ni siquiera sé que le voy a decir… - Ginny respiró profundamente tratándose de tranquilizar -aun no estoy segura… no sé qué le voy a decir… - se mordió el labio inferior mientras con una pequeña sonrisa, acariciaba su plano vientre. Las cosas pasan por una razón y si con su amor habían creado un nuevo ser, las cosas serían para mejor o eso así esperaba. Muchas veces en la vida ocurrían las cosas más inesperadas.
Isabel vio la sonrisa esperanzada de su amiga, mas no comentó nada.
-Necesito estar segura… Harry está con Max… ¿me acompañas a Saint Sophie?
-El hospital mágico…
-Si.
Esperaba que fuera el que fuera el resultado, las cosas fueran para bien, su corazón gritaba de alegría, mientras que en su cabeza solo se enfocaba en una sola idea. Un bebé.
+ * + * + * + * +
Entró al departamento vacio, encendió las luces para iluminar el interior, a pesar que por la ventana entraba una tenue luz, no podía ver nada, estuvo toda la mañana y parte de la tarde entrenando con Max, después de conocerse y de la convivencia por sus respectivas parejas se había hecho buenos amigos. Se divertía con él, Max se esforzaba por aprender y ser mejor cada día, pero en esa ocasión su mente estuvo en otro lado y Max lo había notado, mas no había dicho nada, continuando son su internamiento.
No había querido ir con Max, pero Ginny estaba renuente a que la siguiera según ella "atosigando" para que fuera a visitar a un sanador. Ginevra Weasley cuando se lo proponía podía ser muy terca. Por eso aunque renuente, se había encaminado a su entrenamiento semanal con Max, donde practicaban nuevos hechizos, se mantenían en forma y Harry corregía algunas fallas del novato auror americano.
Necesitaba un baño, le hubiera gustado ir primero a la tienda a ver a Ginny pero sabía que ella no apreciaría tal hecho, pero necesitaba saber que ella estaba bien, dejó su ropa esparcida por el piso del baño mientras se metía al chorro de agua que caía de la regadera, hasta que sus músculos se sintieron lo suficientemente relajados.
Aún faltaban varias horas para que Ginny regresara, así que decidió hacer un poco de meditación, sonrió ante el recuerdo de sus últimos ejercicios de meditación interrumpidos por su mujer. Muchas veces ella tenía un poder más impresionante que él, por el simple hecho de que con su presencia todo el poder que en él habitaba se saliera de control.
Ginny Weasley tenía en sus manos a Harry Potter solo con una simple sonrisa.
No le confesaría tal afirmación, pero hasta cierto punto Harry sabia que ella lo sabía. Sonrió ante la expectativa de que ella regresara, no sabía que había hecho él para merecerla, Ginny era fuerte, inteligente e independiente, con una fuerza interior y una sensualidad natural que hacía que sus sentidos se volvieran locos por su sola presencia.
Sacudió su cabeza tratando de sacar de su mente el recuerdo de la primera vez que lo había sorprendido meditando, no la había esperado y menos esperaba que retara su control con un poder mayor, un poder que él no esperaba, un poder que lo perturbaba de tal forma.
El poder del amor.
Reflejado en sexo y sensualidad, englobado en un solo concepto Ginny Weasley.
En esa ocasión, Ginny había entrado sentándose sobre su regazo atravesando sus piernas sobre sus caderas, acomodándose perfectamente de frente a él, invadiéndolo con su aroma y su sensualidad, mientras susurraba calientes retos que perturbaban su entrenado autocontrol, como era de esperar habían terminado haciendo el amor de forma arrebatadora, Ginny había hecho lo que quiso con él, eso había ganado con su reto sensual. El control.
El control de su cuerpo, con provocación, sensualidad y pasión. Ginny era el amor y el sexo encarnado para él, y aun cuando había estado atado de manos y sumiso ante ella, lo había martirizado, provocado y jugado con él hasta que pidió a gritos su liberación, una liberación que solo ella le podía dar (*n1*).
Suspiró recordando aquel momento, seguido de su revancha, muchas veces la venganza es dulce y con el cuerpo de su mujer, era exquisita. Si seguía con ese tipo de pensamientos lo único que iba a provocar era que regresara al baño a terminar con el trabajo que su mente había comenzado.
Respiró profundamente eliminando tales pensamientos, puso su mente en blanco al tiempo que realizaba otro suspiro, dejó que la energía que habitaba en su interior bloqueara uno a uno los sonidos de su exterior.
Harry estaba concentrado, tranquilizando el poder que había en él, su torso desnudo estaba delineado por la belleza de sus músculos desarrollados, Harry Potter era un manjar para la mirada de cualquier mujer, ¿qué había hecho ella para merecer tal espécimen de hombre?, no sabía.
No era la primera vez que lo veía de tal forma, pero su cuerpo reaccionó ante el hombre que amaba, como si fuera la primera ocasión que lo veía desprendiendo tal poder, tal masculinidad.
Harry solo portaba el pantalón de la pijama, Ginny sabía que bajo esa delgada tela no había nada más, simplemente TODO Harry. Le encantaba verlo de tal modo, muchos de sus juegos empezaban de tal modo. Pero en esta ocasión no sabía que esperar, sabía que Harry la amaba, tanto como ella a él, pero su posible reacción la preocupaba. Se había negado ante la posibilidad, después de una plática que tuvieron en esta misma habitación después de una desenfrenada noche de pasión. No estaban preparados para lo que se les aproximaba, o quizás sí, ella sabía que lo estaba, lo había estado siempre, era su sueño.
Respiró profundamente, la sonrisa burlona de Harry le respondió que sabía perfectamente que tenia rato observándolo, mas él no se movió de su posición. Continuó sentado sobre el piso cruzado de piernas, con sus manos sobre sus rodillas, la espalda recta y sus bellos ojos cerrados.
Respiró profundamente, los objetos que levitaban a su alrededor permanecieron en su sitio. Solo verlo excitaba sus sentidos, tenía el cabello húmedo por el baño, los músculos fibrosos por el ejercicio, una espalda ancha y unas caderas estrechas, si, se dijo Ginny, era un manjar a la vista y a la imaginación.
Sonrió mientras se acercaba a él, la respiración de Harry cambio, el sabía lo que significaba tal situación. Un reto más. Ese juego que había empezado tiempo atrás donde ambos tentaba y fortificaban su control.
Ginny se colocó sobre él, como en tantas ocasiones atrás había estado, la sensual sonrisa de medio lado de Harry se acentuó al sentirla sobre él. Ella se sentó a horcajadas sobre el hombre que amaba, pasando sus piernas por la cintura masculina, Harry se dejó envolver por ella, aún sin abrir sus ojos, colocó sus manos sobre su cintura como tantas veces lo había hecho. Se había esforzado por que su concentración no mermara.
Los objetos de su alrededor siguieron levitando, el reto estaba abierto sin palabras.
-¿Gin? – Preguntó Harry – sabes que ya no funciona - le recordó de nuevo, las ultimas ocasiones el había salido victorioso, al no dejarse llevar por la Diosa de cabellos fuego que era su mujer, a pesar de las palabras, de las insinuaciones y de las caricias, su Ginny no podía romper su concentración, ya no. Ella lo sabía, pero en esta ocasión no necesitaba palabras sugestivas, ni de caricias sensuales para romper la concentración que él tanto se esforzaba por mantener. Solo necesitaba tres palabras.
El corazón de Ginny latía a un ritmo arrollador, al igual que la respiración de Harry, quien la podía sentir en el lugar correcto por encima de la fina tela de su pantalón pijama. Ginny mordió su labio, en una clara mueca de nerviosismo, sentía las manos de Harry sobre su esbelta cintura quemándola por encima de la ropa, no sabía cómo iba a reaccionar Harry, era algo que no esperaban, la parte irracional de su cabeza tenía miedo ante la reacción del hombre que amaba y que amaría toda su vida, pero la otra parte, le gritaba que le dijera, que era el momento, que las cosas pasan por una razón, que todo lo que habían vivido, los años que había pasado separados, los meses que habían vivido junto, habían valido la pena para llegar a ese momento, solo necesitaba expresar tres palabras.
Acarició sensualmente los hombros de Harry, tanto su cuerpo como su cabella estaba húmedos por la reciente ducha que había tomado, besó lentamente su mandíbula, le encantaba su aroma a limpio, a hombre. Mordió la mandíbula de él, y millones de sensaciones recorrieron el cuerpo de Harry, la apretó más hacia sí, apretando su clara erección con el centro de la pelirroja, que solo estaba cubierta por la delgada tela de la ropa interior por debajo de su falda, ambos gimieron por el suave contacto.
-Ya no funciona eso Gin – repitió entrecortadamente Harry, hiciera lo que hiciera, esa pequeña ninfa de cabellos como el fuego, no lo podía desconcentrar, estaba entrenado para ese juego. El cuerpo de Harry se tensó por la sensación de sentir los dientes de ella sobre su lóbulo de su oreja derecha, haciéndolo estremecer. Ginny permaneció callada, algo se tramaba, pensó Harry acaloradamente, los objetos que levitaban alrededor tambalearon un poco, mientras luchaba por mantener el autocontrol, sus fosas nasales se dilataron por el ligero contoneo circular que Ginny utilizó en su contra, en su ya de por sí dura erección.
-¿Gin? – preguntó temeroso Harry, estaba excitado y extrañado por el juego de su mujer. Sabía que Ginny ya se sentía mucho mejor, las cosas que ella estaba instando a su cuerpo eran pruebas fehacientes de ello. Ella, respiró profundamente, aspirando así el perfume característico de Harry, le encantaba el aroma de él, a libertad, viento y humedad junto con la propia esencia de él, aspiró nuevamente recorriendo del hombro desnudo de él hasta el cuello, aspirando su aroma, embriagándola, era su amortentia personal.
Había llegado el momento.
-¿Harry? – Preguntó con la sensualidad que había adquirido gracias al hombre que estaba junto a ella.
-¿mmm? – dijo él, sin dejar que su concentración se descontrolara. La reacción de Harry provocó una sonrisa en ella, toda saldría bien.
Se acercó lentamente a su oído, se armo de valor, para expresar las palabras que cambiarían sus vidas, dejó un ligero beso en el hombro desnudo de él, provocándole escalofríos.
Harry podía sentir la respiración sensual en su oído, estimulando descargas eléctricas en todo su ser, necesitaba tenerla, sentirla, llenarla. Ginevra Weasley era su puerto seguro, su hogar, su felicidad.
-Harry… estoy embarazada. – susurró Ginny apenas en un suspiro.
Los objetos de cristal explotaron en la habitación, al momento que todo su control y su concentración se esfumaron, el tiempo se paralizó, al igual que su concentración.
Ambos podían sentir sus corazones acelerados tratando de salir de sus pechos. Ginny sentía como las manos de Harry se tensaban en su cintura. Tenía miedo de lo que podía ver en sus ojos, rechazo, desilusión, sin Harry ella estaría perdida.
Harry abrió sus ojos de golpe, su corazón latía a mil por hora, su cerebro solo enfocado en una idea. (((Harry… estoy embarazada))) las palabras de Ginny martillaban su cerebro, mil emociones a la vez se aglutinaron en su ser.
Ginny estaba embarazada. SU Ginny estaba embarazada. Necesitaba… no sabía lo que necesitaba, pero sabía que lo que fuera Ginny tendría la respuesta.
-¿Gin? – preguntó Harry, apenas en un suspiro liberando el aire que no sabía que estaba conteniendo, todo lo parecía fuera de foco, borroso, donde lo único real era la mujer que tenía en sus brazos. –Gin… - insistió de nuevo.
No podía retrasar más la expectativa de lo que sucedería. Se volvería loca si Harry la rechazaba o a su bebé. Harry no haría tal cosa, le dijo la parte racional de su cerebro.
Se alejó un poco de él, aún en tan intima posición, tomó fuerza para observar el rosto de la verdad.
Miró sus ojos tan verdes y profundos como el más denso bosque. Expresaban tantas emociones que su cuerpo reaccionó ante tal imagen. No había rechazo, ni desilusión, solo AMOR, un amor simple y profundo. Ginny no pudo evitar sonreír, al ver a Harry tratando de asimilar el hecho que iban a tener un bebé. Se veía aturdido, preocupado, quizás tratando de expresar algo que no sabía cómo preguntar.
Mantuvo sus brazos en sus hombros, mientras sus manos jugaban nerviosamente con la base de sus cabellos alrededor de su cuello, su cuerpo estaba ceñido al de él, sus piernas envueltas en su cintura, y Ginny no sabía si reír o llorar de felicidad.
-¿Estás segura?
Fue lo único que pudo preguntar Harry, su cerebro era un caldero en ebullición, con ideas en todas direcciones enfocadas en un mismo fin. Un bebé.
Una lágrima cruzó el rostro de Ginny, Harry instintivamente limpió con su pulgar el rostro de ella.
-Si – susurró Ginny dejándose envolver por el contacto de la cálida mano de él sobre su rostro. –Harry yo… -
Harry la interrumpió con su caricia, la mano que reposaba sobre su cintura la colocó sobre su rostro acunándolo entre sus grandes manos. Su Ginny tenía los ojos llenos de lágrimas sabia que los de él estarían en una situación similar. Necesitaba decirle, preguntarle tantas cosas, pero sus emociones solo estaban en un solo punto.
-Vamos a ser papás – Dijo él.
La voz de Harry estaba cargada de emoción, tenia lo ojos llenos de lágrimas y el corazón en un puño, Ginny soltó una risa extraña, algo nasal, cruzada por las lágrimas de felicidad que corrían por sus ojos.
-Si… vamos a ser papás… – confirmó Ginny con una voz nasal por el feliz llanto.
Harry necesitaba besarla y así lo hizo, la besó primero en los labios y ella se dejó envolver en ese besó amoroso y seductor. La dejó con la expectativa de más, pero Harry estaba ocupado besando cada parte de la piel de Ginny que pudiera encontrar, los labios, el corte de su quijada, su cuello, jaló con una mano parte de la blusa de Ginny exponiendo su hombro, aquel hombro pecoso que tanto amaba.
Ginny estaba en la gloria. Necesitaban hablar, necesitaba contarle tantas cosas, pero la emoción los envolvía a ambos, esa emoción que nace de la creación de un nuevo ser hecho por dos almas, dos cuerpo que se amaban.
Ginny apretó con sus muslos las caderas de Harry provocando en él un gruñido primitivo. Se sentía como un león macho esponjando su melena por el orgullo de la masculinidad. Se sentía orgulloso y viril, siempre había pensado que sentirse orgulloso por algo así era una estupidez, pero ahora, ahora sentía que el animal primitivo que había en él había reclamado a la mujer que amaba, marcándola, marcándolos como suyos. Debería de estar preocupado pero no le estaba, no, se sentía feliz, emocionado, completo.
Harry la besó de nuevo, mientras que en un solo movimiento la dejaba tendida en el piso de la habitación colocándose sobre ella acomodado en la perfección de sus muslos, entre sus piernas. El rostro de Ginny era el rostro de la perfección, de la felicidad.
Su corazón latía al cien mientras Harry la besaba, tenía ganas de llorar, de reír, de gritar, de cantar, todo a la misma vez, se sentía completa, dichosa, amaba y excitada. Eso no lo podía negar. Mas cuando Harry trataba de subir su falda para tocar sus muslos y sus glúteos. Harry gimió al sentir solo piel en donde debía de haber ropa interior, subió un poco la mano hasta tocar la delgada línea de la tanga de ella.
Ginny ese día había optado por enloquecerlo o matarlo de felicidad y deseo. La besó de nuevo tan ardiente como siempre, que Ginny sentía que su respiración le faltaba.
Trató de tranquilizarse, debía de ser cuidadoso, por ella y por su hijo. Su hijo. Algo estallo dentro de su ser ante la realización total.
-Voy a ser papá. – Dijo con apenas un hilo de voz, dejó que pequeñas lágrimas salieran de su rostro. Ginny las secó con dedos temblorosos mientras tomaba el rostro de él entre sus manos.
-Si amor… vas a ser papá… VAMOS a ser papás.
-Dioses Ginny… - imploró Harry, mientras atacaba de nuevo el rostro y el cuello de ella con una nueva lluvia de besos, la hizo gemir con su efusividad, trató de controlarse pero el deseo era más fuerte que él. Tiró de la blusa de ella, dejándola solo en su falda, zapatillas y brassier. Sintió el frio de la desnudes en su cuerpo, Harry lo observó con ojos depredadores, se veía hermosa, sonrojada con sus labios hinchados por sus besos, su pechos llenos solo cubiertos por el encaje de su sujetador negro que hacían resaltar las frutas maduras de sus senos, bajó su mirada llegando a su estomago plano, era perfecto, delgado, estético, coronado con un ombligo hermoso, largo y fino, apenas parecía un pequeño corte en aquella planicie, era hermosa, en aquel lugar crecía su hijo. Su hijo. No podía esperar a verla con el estomago abultado, se vería preciosa.
-¿Harry? – preguntó Ginny extrañada por todos los matices en el rostro de Harry.
Él no respondió, simplemente acarició sus caderas, hasta llegar a su estomago, se inclinó para besarlo, Ginny en ese instante supo lo que se proponía, y por tal hecho lo amó un poco más, no sabía que era posible amarlo mas, desearlo mas, como la hacía en ese momento.
Harry dejó ligeros besos sobre el estomago de su ninfa de fuego.
-Hicimos un bebé. – dijo de la nada alzando su mirada para observar a los ojos a su mujer.
–Si – contestó ella, acarició con delicadeza el rostro de él. –Te amo Harry.
-Dioses Ginny, yo igual. Te amo – afirmó Harry mientras se abalanzaba de nuevo sobre ella, para reclamar sus labios, se besaron cálida y tiernamente – Te amo Ginny – Dijo él de nuevo, para bajar a donde se encontraba su hijo.
-Bebé… Hola… soy tu papá - se presentó Harry a través del estomago de Ginny, quien por sus ojos caían una gruesas lágrimas. Sentir a Harry susurrándole a su bebé a través de hecho de ella, era un momento mágico, no existía tal palabra para describir el momento. –voy a ser todo por cuidarlos a ti y a tu mamá… prometo protegerlos… yo… - Harry no pudo continuar ya que su voz se quebró por la emoción.
-Amor… - Dijo Ginny, jalándolo de nuevo hasta su rostro, limpiando sus lágrimas y sus preocupaciones con sus besos. –Te amo – dijo Ginny avivando de nuevo la excitación olvidada mas no perdida.
Un gruñido nació de nuevo en Harry, cuando el animal dentro de él se despertó de nuevo para el ataque, para el reclamo, para el enviste. Él necesitaba rodearse por ella, por su cálida humedad y ella necesitaba ser llenada como solo él podía hacerlo. Harry estaba arrodillado en las piernas de Ginny la falda que estaba enroscada en su cintura le molestaba para seguir adorando el cuerpo de ella.
-Harry – Gimió Ginny por la necesidad.
Con un movimiento de sus manos junto con un Evanesco, la falda desapareció, dejándola solo con la fina lencería. Harry gruño y ella gimió mientras atacaba con anhelo el duro pezón a través del encaje negro.
–Harry- gritó ella, ahora sabia porque sus senos estaban tan sensible, el dolor y el placer mezclados era intoxicante. Él sentía como las uñas de ella rasguñaban sus hombros por la necesidad, Ginny apretó la cintura de Harry con sus muslos, haciendo que la erección de él tocara el punto especial de su ser por encima de la prenda interior.
Harry tenía la pasión desbordada, pero no la quería lastimar, ni a ella ni a su bebé, y así se lo hizo saber, pero Ginny estaba más allá de la necesidad.
-vamos a estar bien… no nos vas a lastimar… Harry… Dioses te necesito… - Gimió ella.
En un movimiento la alzó en vilo, sin despegarse ni soltarse, no quería tomarla en el piso, en un rápido y descontrolado apareamiento. Quería satisfacerla, llenarla, cuidarla, CELEBRAR con ella, su felicidad, su amor, su creación.
Ginny apretó sus muslos en sus caderas y sus brazos alrededor de su cuello mientras Harry tomaba en sus manos los glúteos de ella para transportarla a la blandura de la cama. La depositó con delicadeza sobre las sabanas blancas, (((Dioses))), era hermosa, recostada de esa forma, sobre la blancura del fondo su piel tersa y nívea, sus cabellos rojos esparcidos sobre las almohadas, la ropa interior negra resaltando las perfecciones de su cuerpo, el deseo y la excitación lo estaban matando, al igual que a ella.
Observó su torso desnudo, con músculos perfectos, una delgada línea de vello casi imperceptible perdiéndose en la fina tela del pantalón pijama, pero sobre todo podía ver lo que reclamaba por sentir dentro de ella, tensando el frente del pijama, apuntando hacía su territorio, era enorme, estaba segura que no había nadie como él, y aunque hubiera miles, no cambiaría por nada del mundo TODO lo que representaba Harry.
Siguió el punto donde se dirigía la mirada de Ginny, estaba sonrojada y mordiendo ese labio que tanto le fascinaba. Una sonrisa maliciosa se curvo en los labios de él, sabía lo que ella quería, pero aun no, aún faltaba mucho por hacer.
-Aún no amor – dijo Harry cuando le roba un beso a Ginny en sus labios, a lo que ella respondió de inmediato, mezcló sus dedos en la cabellera negra, pegándola más a ella. La lengua de Harry la volvía loca de deseo, demostrándole lo que podía hacer con ella. Gimió al sentir los dedos de él sobre su pezón apretándolo sobre el brassier, tiró de él, provocando su dureza de inmediato.
Harry rompió el beso bajando esa boca experta hasta el cuello, el hombro, hasta llegar a su objetivo sobre la tela del encaje, lo humedeció hasta hacerla gritar, las manos de ella revoloteaban sobre la cabellera de Harry manteniéndolo en el lugar correcto. Se separó de ella, para continuar su recorrido hasta su parte favorita, por encima del delgado hilo de la prenda inferior. Se detuvo, besando el punto húmedo de la pequeña prenda, estremeciendo a Ginny.
Otra sonrisa maliciosa de medio lado surcó su rostro. Regresó de nuevo a su estomago plano, lo besó delicadamente, aun no se hacía a la idea, le parecía tan irreal, como un sueño, un sueño del que pronto despertaría. Ginny vio la vacilación en su rostro, se había dicho que era una tonta por pensar que el la rechazaría, pero al verlo emocionado, feliz y excitado por la noticia, había calmado sus temores, sabía dentro de ella que también tendría que calmar los de él.
Lo tomó del rostro jalándolo hacia ella, acomodándolo entre sus piernas, Harry compensó su peso entre sus manos y si piernas, para no caer totalmente sobre Ginny. Lo besó, cálida y tiernamente callando una vez más todas las dudas que él tenía. Harry se dejó besar, los labios, las mejillas la mandíbula, de nuevo la boca.
- Tenia tanto miedo de tu reacción… no estaba segura como reaccionarías…-
- No debí de decir nada aquella noche… - se disculpo Harry. No sabía porque había dicho tales cosas, negarles a ambos esa posibilidad, esa posibilidad que estaban viviendo en ese momento, pero el miedo, los fantasmas que lo acosaban le habían impedido ver más allá.
- No importa amor… estamos tu, yo y ahora… nuestro bebé… - Dijo Ginny con toda la emoción en sus palabras, (((nuestro bebé))), pensó ella, era todo lo que había soñado, sus sueños se estaban realizando, quería darle al hombre que amaba, la felicidad, el amor y la familia que tanto anhelaba. Quería tener sus hijos, pequeños niños con cabellos negros y revueltos como su padre, con esos ojos verdes que tanto amaba.
-Nuestro bebé. – Dijo de nuevo Ginny reafirmando sus palabras, Harry llevó su mano al vientre de ella, Ginny era tan pequeña tan estrecha que su mano se veía enorme a lo largo de su vientre, ella también colocó su mano sobre la de él, mientras con la otra, lo tomaba por la nuca para pegarlo a ella, manteniéndolo así con un beso cargado de promesas.
Harry se separó de ella de forma desesperada, dejándola deseosa de mas besos. Besó su vientre, susurrando un "Te amo", que Ginny apenas escuchó, pero sabía que esas palabras no eran para ella, sino para el pequeño ser que crecía dentro de ella.
Su corazón se aceleró cuando él volvió a besar de nuevo el punto dentro de su calidez sobre su pequeña lencería. Tomó los delgados hilos de sus caderas que sostenían la tanguilla negra, los sacó delicadamente por sus piernas hasta quedar libre de ella y expuesta ante Harry. Con él, se había vuelto desinhibida y orgullosa de su desnudes.
Tomó su delicado pie entre sus manos para besar todo lo largo de su pierna, desde el empeine hasta el interior de su muslo, deteniéndose antes de llegar al punto donde ella quería ser tocada. Le sonrió maliciosamente, pasando a la otra pierna, recorriéndola lentamente, cuando llegó al interior del muslo repitió el mismo movimiento de besos, mas Ginny nunca se esperó de la mordiera, tan leve y tan erótico que provocó un jadeó en ella.
-¡Harry! – Gritó Ginny.
Harry rió por lo bajo, al ver la cara de sorpresa y excitación de su mujer, besó el punto mordido, haciendo un recorrido de besos húmedos por su piel, saltando aquella zona que era resguardada por un fino valle rojizo, llegó de nuevo a su estomago besando el punto de su ombligo, Harry no tenía prisa, cada movimiento, cada beso y cada caricia eran calculados para llevarla al límite de la cordura, volviéndola loca de deseo.
Subió por su cuerpo y Ginny tiró del cabello de Harry alborotado y tan sensual como siempre. Besó su camino hasta llegar al valle de sus senos, jugueteando con las puntas duras de sus pezones, necesitaba llenarse de ella, que no existiera mas nada que solo piel. Harry bajó con desesperación las copas del brassier de ella liberando así los pezones rosas y tersos de la pelirroja, besó de nuevo la punta, haciendo gemir a Ginny al tiempo en que lo succionaba por completo, la humedad y la frescura en tan sensible zona la hicieron estremecer, le encantaba saborearla, sentirla así, gustosa y excitada, le fascinaba las pecas que cubrían sus senos, de un color marrón característico, que resaltaban sobre su piel pálida, enmarcando los pezones de una coloración rosa, casi aterciopelada como el pétalo de una flor, se concentró en el otro succionándolo, lamiéndolo, chupando su fruta favorita, su manjar favorito.
En las últimas semanas sus pechos habían estado sensibles, así que Ginny estaba en un delgado límite entre el placer, la necesidad y un dolor tan satisfactorio, como excitante. Le dolía el cuerpo por el deseo, el deseo de él, de ser llenada por su hombría, por su masculinidad, por el hombre de sus sueños.
-Harry… por favor… -
Con una sonrisa Harry preguntó – Por favor ¿qué?, amor… Dime…-
Ese hombre iba a ser su muerte.
-Dioses Harry, tócame… -
-Lo estoy haciendo… - dijo él mientras acariciaba de nuevo el vientre de Ginny depositando un beso jugando con sus dedos el pezón erguido de ella.
-Harry…
-Shhh… te amo Gin… - Harry no le dio tiempo a reaccionar mientras dirigía su manos a su hendidura húmeda de su ser, Ginny gritó y jadeó, cuando él como un experto la manipuló, con dedos agiles, dentro y fuera, uno, dos dedos se perdieron dentro de ella, sabía que estaba gritando, siempre gritaba de satisfacción con él.
-Vamos amor… sabes que me fascina verte así… - Harry se inclinó a succionar el pezón más cercano, descargándola de un placer mayor, quería a Harry, quería terminar con Harry, pero sabía que él no se detendría hasta que estuviera encaminada hasta el límite del placer.
Harry estaba a punto de desgarrar el frente de su pantalón con su erección pero no importaba, quería verla así, se veía hermosa, exquisita cuando llegaba al orgasmo.
Los dedos en su interior estaban haciendo magia en ella, se estremeció en la cama, tomando las sabanas en sus puños para un soporte que necesitaba, le faltaba poco para acabar y Harry lo sabía.
-Harry - gritó Ginny con una voz ronca por el uso.
Sonrió al escucharla de tal modo, bajó su cabeza, y ayudó a sus dedos con su boca, no había mejor sabor que el de su mujer, la madre de su hijo.
Su boca se ocupó de la protuberancia de su interior, ese botón mágico que solo él conocía y saboreaba a sus anchas, sus dedos se movían rápidamente al compas de su lengua, y Ginny no sabía ni el lugar, ni el día ni quien era en ese momento, simplemente estaba Harry, sus dedos y su boca, tomó el cabello de Harry tiró de él, avisando instintivamente que estaba a punto de llegar al lugar que se proponía. Harry puso énfasis en su tortura hasta que él nombre de "Harry" invadió toda la habitación. Ginny sentía que caía ligera como una pluma en el vacio de la realidad. Besó el punto con el que había jugado, provocando en ella un ligero temblor, ella tenía los ojos cerrados, todo su cuerpo sonrojado, el cabello alborotado y una sonrisa satisfecha en su rostro.
Abrió poco a poco sus ojos para encontrarse con la mirada de Harry que tenía una sonrisa de satisfacción en su rostro.
-¿Orgulloso?
-No tienes idea.
-Ven aquí… - Dijo Ginny, mientras jalaba de él, para besarlo, sin importarle que el sabor que encontraría en sus labios era de ella, el de su propio cuerpo, se besaron poco a poco disfrutando de cada quien, hasta que el beso fue creciendo hasta llegar a un punto donde solo el beso no fue suficiente.
-Te necesito… -
-¿estás segura que está bien?... no quiero lastimarlos… -
Ginny lo interrumpió con un beso, mientras su mano bajaba por su espalda rosándolo con sus uñas. La espalda y los hombros de Harry eran dignos de alabanza, anchos, esculpido, marcados, ninguno de los modelos que había visto tenía un cuerpo como el de él. Las mejores pasarelas matarían por tenerlo modelando para sus firmas, pero Harry solo era de ella.
-no nos vas a lastimar… te necesito… por favor… -
Fue todo lo que necesito él para bajar de la cama y quitarse los pantalones, su erección se liberó de inmediato observando su presa de forma horizontal, como una anaconda dispuesta a saltar, Ginny quitó la última prenda que tenia puesta quedando ambos completamente desnudos como el día que nacieron.
Harry se colocó hincándose entre las piernas de ella que estaba extendidas a sus costados, donde acceso a lo que quisiera tomar de ella. Era una de las tantas razones por la que la amaba, confiaba en él, con su alma, su corazón y su cuerpo. No había parte de ella que él no hubiera tomado (*n2*). Se posiciono aun más entre sus piernas, ella instintivamente abrió más sus muslos, Harry jugó de nuevo con el centro de Ginny para prepararla aun más, una mano en Ginny la otra en su masculinidad.
-Pon tu pierna en mi hombro – Dijo Harry con el ceño fruncido, toda la concentración estaba en ella, Ginny así lo hizo colocando su pierna primero en su brazo hasta llegar a su hombro, dejándose expuesta a él, Harry se dirigió lentamente dentro de ella, solo una mínima parte se adentro en su cálida humedad.
-Harry… - Gimió ella. Harry se detuvo de golpe, preocupado porque de alguna forma le hiciera daño – Dioses no te detengas… Harry… quiero… -
No le dio tiempo a más explicaciones al hundirse en ella, ambos jadearon por el contacto, él la tomó de las caderas empujando y embistiendo dentro de ella, lentamente, muy lentamente, subiendo de ritmo hasta que ambos se dejaron envolver por la pasión.
Harry solo tenía tres palabras dentro de su cabeza, caliente, húmeda y apretada, no sabía que las estaba diciendo hasta que notó la mirada de Ginny quien tenía una sonrisa conocedora, sabía, que ni siquiera él estaba consciente de sus palabras, al estar en vuelto por el placer que ella le daba. Harry mordió la pantorrilla interna de Ginny que tenía cerca de su boca, haciéndola estremecer, provocándole un jadeo estremecedor, el placer la estaba penetrando por todos sus poros.
No había mejor visión que Harry Potter haciéndole el amor.
Los músculos de su pecho y los abdominales estaban tensos por el ejercicio que estaba realizando, marcándolos aun más, perlas de sudor recorrían aquel camino hasta llegar a donde sus cuerpos estaban unidos, los tendones de su cuello se marcaban y su cabello estaba húmedo y revuelto, dándole un aspecto salvaje y primitivo.
Ambos respiraban entre cortadamente, cada que ambos empujaban y recibían. Harry le regaló una sonrisa salvaje mientras observa como sus cuerpos se unían una y otra vez, Ginny también lo hizo, su cuerpo recibía al de él, embonándolo con un guante satinado, el contraste de sus colores, de sus tamaños y sus texturas era la perfección erótica del apareamiento. Gemidos, jadeos, palabras entre cortadas llenaron el ambiente junto con sonidos acuosos proveniente de las uniones húmedas de sus cuerpos, en un chapoteo estremecedor.
Ginny era hermosa, no tenia palabras para describir a su mujer, sus caderas, su cintura estrecha, su abdomen plano y sus senos llenos que se movían cada que un embiste llegaba. Lo estaban volviendo loco, no faltaba mucho para que terminara llegando al paraíso donde solo Ginny lo transportaba, gritó cuando tocó un punto sensible de ella, haciéndola palpitar y a él junto con ella. Necesitaba besarla, saborearla, y así lo hizo se inclino sobre ella aun con la pierna de Ginny sobre su hombro, profundizando la penetración casi tocando su matriz, la fricción de su hueso púbico el de ella, la hicieron jadear; excitándola cada vez mas. Ginny lo recibió gustosa, el beso era salvaje y pasional, como todo lo que hacían, no se sorprendió de su flexibilidad, ya no le extrañaba lo que ambos podían hacer con sus cuerpos cuando estaban entregados en el frenesí sexual.
-te amo – dijo Ginny entre jadeos.
Harry no contestó, no podía, liberó la pierna de Ginny, y esta instintivamente la colocó alrededor de su cintura pegándolo cada vez más a ella, las uñas de ella carcomían su espalda, los pechos de ella chocando con el torso duro de él.
-Harry… Harry… - Gritaba Ginny. Ya no faltaba mucho, colocó sus manos a cada costado de la cabeza de ella sobre la cama, mientras se empujaba mas dentro de ella, estirándose hacia atrás, casi moviéndola con el respaldo de la cama, podía sentir a Harry tan profundo como nunca lo había sentido, Harry era enorme, rasguño sus hombros, al momento en que llegó a un nuevo clímax, provocado por el cuerpo y las embestidas de Harry, ella lo apretó, succionándolo con su cuerpo, Harry gritó – ¡Ahh! – estaba en el éxtasis.
Empujo uno, dos, otra vez mas, hasta que se liberó dentro de ella, con una nueva embestida, Ginny gritó desgarradoramente – ¡HARRY! – una y otra vez. Sus corazones latían como estruendos dentro de su cuerpo al igual que las partes utilizadas y amadas.
Harry se dejó caer sobre ella, aun con sus cuerpos unidos, como en tantas ocasiones después de hacer el amor necesitaban sentirse, necesitaban esa satisfacción post-orgásmica que solo llena la persona amaba, lo que diferenciaba un simple revolcón del amor real.
Aun sentía su cuerpo vibrar por ligeros temblores de placer, Harry todavía permanecía dentro de ella, acarició su espalda y plantó un ligero beso en su cabellera revuelta, aun enrollada en él, cual Koala en su bambú. Harry estaba rendido, provocando en ella una sonrisilla de satisfacción y orgullo.
Harry se movió, saliendo de ella provocando un jadeo entre cortado entre ambos, se sentía vacía por la falta de él y completa al mismo tiempo. Harry se recostó sobre su espalda y Ginny se acomodó en su pecho, plantando un beso en el centro de su torso, Ginny se acomodaba a la perfección entre sus brazos, con un movimiento de su mano, Harry movió las sabanas que estaba caídas y descompuestas en la cama, para así cubrirse con ellas.
Se sentía completo y en paz.
Depositó un beso en su cien, mientras su mano viajaba al vientre de ella.
-Te amo Ginny… -
-Y yo a ti amor… -
Se besaron sellando sus palabras, Harry acarició su estomago plano, visiblemente emocionado, por un motivo diferente a la pasión desbordada.
-Aun no lo puedo creer… vamos a ser papás -comentó él acomodándose de costado para que ambos pudieran estar en contacto pero poder ver sus rostro, acarició el de ella con apenas las yemas de sus dedos - ¿Gin como pasó? – Preguntó Harry.
Ahora fue el momento de Ginny para sonreír maliciosamente – por situaciones como las de hace unos momentos Harry… -
-¿qué… có…? ¡Ginny! – Dijo Harry cuando calló en cuenta de la contestación de la pelirroja. Ginny lo besó ligeramente en los labios, silenciando el momento.
-Ginny, creí que nos cuidábamos… ¿Qué pasó?
No era una reclamación, no era que no quisiera al bebé, simplemente quería saber. Y Ginny así lo tomó, ella también tenía la misma duda que él, si tomaban precauciones, si nunca dejó de tomar la posición anti-conceptiva como pudo embarazarse.
-soy una Weasley. Y aparentemente tu un Potter – Dijo en un suspiro.
-¿Gin? – se esperaba cualquier contestación menos esa.
-mi cuerpo desecha naturalmente después de un tiempo la acasia (*n3*) de las pociones… cada determinado tiempo mi cuerpo las hace inmunes… - observó a Harry quien trataba de entender todo lo que estaba explicando. Si las posiciones no servían entonces…
-¿Por qué crees que tengo tantos hermanos?, al parecer, ese detalle mi mamá nunca me lo contó, las mujeres de mi familia, apalabras de la sanadora, no podemos utilizar el mismo método durante mucho tiempo.
-¿quiere decir que vamos a tener muchos hijos? – Preguntó con una sonrisa tontuela en su rostro. Nunca pensó que era el tipo de querer hijos, mucho menos muchos, pero ahora que se planteaba la idea, se ilusionó al pensar en niñas pelirrojas parecidas a Ginny corriendo por doquier en una casa en el campo. Ginny no le contestó de inmediato, quería muchos hijos, quizás no estaba preparada para tantos como sus papás, pero si, quería una familia con Harry. Quería darle una familia, su propia familia a Harry.
-Algunos… -
La sonrisa radiante de Harry la envolvió de un amor infinito. Pasara lo que pasara, estarían juntos y serian felices por eso las cosas pasaban por alguna extraña y loca razón.
Ambos se siguieron amando durante el resto de la tarde, las noche calló sobre la ciudad y ninguno de los dos se dio cuenta de ello, estaban perdidos en su mundo, celebrando la nueva vida que habían creado con su amor. Ginny calló rendida, después de la pasión compartida en los brazos del hombre de su vida.
+ * + * + * + * +
Se despertó al sentir la ausencia de él en la cama, pensó que estaría en el baño, mas la luz de este estaba apagada. Observó el reloj que estaba en una mesita al costado de su cama, eran las 4 de la mañana. Recorrió con su mirada la periferia de la habitación hasta que lo encontró, como una bella escultura, más hermosa, imponente, y varonil que el David del Miguel Ángel o cualquier escultura griega.
Harry estaba parado de espaldas a ella, observando a través de la ventana la ciudad que nunca dormía. Podía ver su espalda denuda, y el pantalón cayendo perezosamente por debajo de sus caderas masculinas, tenia los brazos cruzados sobre su pecho, haciendo que sus hombros, su espalda y sus brazos se vieran más anchos entre las sombras. Ginny solo podía ver la sombra de él delineada por la luz del exterior.
-¿Harry? – Preguntó desde la cama con voz adormilada, este no contestó, parecía que ni siquiera la había escuchado, al estar tan perdido en sus pensamientos, lentamente se levanto de la cama, colocándose la camisa de la pijama de Harry que estaba entre las sabanas.
Parecía que Harry tenía de nuevo el mundo sobre sus hombros. Y ella sabía perfectamente la razón. Se habían amado y celebrado, negándose la posibilidad de que los miedos y los fantasmas del pasado de él se interpusieran en su felicidad.
A pesar de estar detrás, él no se movió, parecía ni siquiera notar su presencia. Pasó sus manos por su cintura, abrazándolo por detrás, besó él omoplato de Harry mientras se pegaba a él en ese abrazo, la piel de Harry estaba fría por la noche. Ginny lo podía sentir en su mejilla que estaba pegada en su espalda y en sus manos que estaban sobre el estomago de él. Pasaron unos segundos para que Ginny lo sintiera relajarse. Suspiró fuertemente haciendo que Ginny colocara un nuevo beso en su espalda.
-¿Qué tienes?
Como decirle que estaba aterrado. Aterrado por todo, por el futuro, por lo que era, por todo lo que había sucedido en el pasado, ¿cómo sacar todo? ¿Cómo expresar sus miedos?
-¿en qué piensas? – Preguntó de nuevo ella, mientras besaba de nuevo su espalda, haciéndolo estremecer. Suspiró cansadamente, no podía negarle nada a su Ginny.
-En tantas cosas.
La abrazó, pasando sus manos por su cintura, ella se acomodó en sus brazos, aspirando el rico aroma de él, Harry dejó un ligero beso en su cien, suspiró de nuevo, y Ginny sintió que él se relajaba otra vez, no del todo, pero parecía que parte del mundo que carga sobre sus hombros se aligeraba un poco. –Estoy aterrado Ginny – confesó Harry – tengo miedo que por mi culpa les pase algo a ti o al bebé.
Ginny lo abrazó por la cintura, al tiempo que el bajaba hasta acomodar su rostro en el cuello de ella. Estaría perdido si algo les sucediera. Su temor ahora era mayor, no solo ella corría peligro por lo que él era, si no ahora el temor también era por su hijo.
Ella entendió a la perfección a Harry, había pasado más de un año alejándose de todas esas situaciones, de todas esas personas que de una u otra forma querían hacerle daño, consciente o inconscientemente.
Ahora era el turno de ella de respirar profundamente para tomar fuerzas, besó el centro de su pecho, alejándose un poco de él, aún abrazados de sus cinturas. Se observaron mutuamente, no había lágrimas, ni dolor, ni arrepentimiento, simplemente preocupación y el amor característico que sus rostros reflejaban por la presencia del otro.
Ginny se inclinó sobre sus puntas para alcanzar los labios de Harry, para poder mitigar los temores y adsorber sus fantasmas con un beso. Lo besó lenta y sensualmente, él se dejó besar, los labios de Ginny sobre los suyos, sintió su lengua pedir permiso para invadir el interior de su boca, él lo hizo de inmediato, dejando que Ginny tocara la de él en su interior, Ginny Weasely podía hacer de él lo que quisiera. Acarició su espalda, levantando con el movimiento su camisa. Le fascinaba sentirla y observarla de ese modo, solo con su camisa, su interior ronroneaba al saber que la única prenda que portaba sobre su piel completamente desnuda esa la camisa de su pijama, le quedaba grande, de hombros, de mangas, de largo, pero eso la hacía verla aun más sensual, pequeña y sexy, con su cabello desacomodado por las actividades experimentadas y el letargo que vino después. No podía perderla. Perderlos. Daría su vida por ellos.
Ginny rompió el beso que compartían tomó el rostro de Harry entre sus manos, tenía las mejillas rasposos como una fina lija gracias a la barba nocturna, que siempre le crecía por las noches. Roso de nuevo sus labios con los de ella dejando un ligero beso.
-No nos pasará nada Harry, mientras estemos juntos, lo protegeremos, no nos vas a perder… y no voy a dejar que a ti te pase algo, así tenga que protegerte de ti mismo – tal fervor en sus palabras provocaron una sonrisa torcida en él. – Te amo. - limpiando los miedos y quitando las dudas, del hombre que amaba.
-y yo a ti amor – dijo él.
Se quedaron un rato, ahí junto a la ventana, viendo los edificios, la calle y las personas esporádicas que caminaban en ella. Podía escuchar el corazón de Harry latir, y su calor envolverla.
Recordó las palabras de ella, sus momentos juntos, sus sueños cumplidos y los que faltaban por realizar. Debía de dejar de huir de su pasado, para poder hacerle frente al futuro. Ya no se podía seguir escondiendo en la distancia, alejándose de las cosas que lo acosaban, marcando su presente, había cometido errores, pero quizás era tiempo de tratar de enmendarlos y de superarlos de una u otra forma.
Le encantaba tenerla de esa forma entre sus brazos, se sentía poderoso y que podía lograr todo lo que se propusiera, pero al mismo tiempo se sentía protegido y amado por esa pequeña mujer de alma de fuego.
-¿Harry? -
-¿Mmm? -
-Quiero regresar a casa… - Dijo ella apenas en un susurro. La mano que acariciaba la espalda de ella se detuvo de pronto, y Ginny notó como el corazón de él se aceleraba, alzó su cabeza para observar la reacción de él, que estaba perdida en el exterior. –Harry, creo que es tiempo… yo… quiero ver a mi familia, no podemos seguir ocultándonos aquí – Harry sabía que tenía razón era tiempo de regresar, que él, al esconder y alejarse también hacía que ella tomara las mismas medidas. –Quiero que nuestro bebé, nazca en Inglaterra.
(((Que nuestro bebé nazca en Inglaterra))) Esas palabras retumbaron en su cabeza, el también lo quería, quería que su hijo conociera a sus tíos, a sus abuelos, a sus primos, quería compartir su experiencia con sus mejores amigos, quería conocer al bebé Ron y Hermione, después de todo él, era padrino del pequeño Hugo, y quizás, algún día fuera su tío oficial.
Si, era tiempo de regresar.
El verde de sus ojos era un verde profundo, mezclados con la miel de los ojos de ella, Harry tomó un mechón que caía por el rostro de ella, acomodándolo de nuevo en su sitio, detrás de su oreja, Ginny se estremeció por el cálido contacto, esperando la respuesta de él, después de todo fuera lo que fuera, no lo dejaría solo, estarían junto, en Inglaterra, América o en La Luna, mientras estuvieran juntos, envueltos en su amor.
-vamos a regresar… - dijo él.
Ginny lo abrazó de nuevo, pegándose a él, envolviéndose con su calor, haciéndose una promesa, no dejaría que nadie le hiciera daño, el se merecía lo que tenían, se merecía ser feliz, y no importaba cual fuera el sacrificio que tuviera que hacer para lograrlo.
Se quedaron ahí, abrazados por un largo tiempo, perdidos en su conversación, en sus planos para el futuro, para el regreso, hasta que la noche y la luna se perdieron, dándole paso al amanecer.
En seis meses sus vidas habían cambiado. Donde la felicidad se había presentado en diferentes formas. Ahora era tiempo de regresar, a enfrentar a los demonios de su pasado, solo esperaba que su amor fuera fuerte para enfrentar todo y a todos.
Haría cualquier sacrificio por proteger todo lo que amaba.
Era tiempo de regresar a casa.
+ * + * + * + * +
N/A: ves Silvia... No lo abandoné, solo que mi tiempo es una porquería…
(*n1*) – A lo que se hace referencia en esta parte, era un one-shot que tenía planeado desde hace años, pero por una u otra razón se quedó inconcluso, de hecho me había retrasado en la entrega de este capítulo por ese one shot… pero simplemente lo voy a dejar en un posible missing momment.
(*n2*) el que entendió… entendió…
(*n3*) Los antiguos egipcios utilizaban la acasia y la miel como un método de control natal, lo preparaban en tipos tés (Pociones)
Sé que es mucho pedir, ¿pero podrían dejar reviews o comentarios?
