Disclaimer: Digimon no me pertenece, ni me pertenecerá por lo pronto.

Escribe a partir de una imagen, foro Proyecto 1-8.


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Sora Takenouchi y Yamato Ishida.

Imagen 26, pareja frente a estantería llena de libros. Propuesta por jacque-kari.


Fantasía

No todos sabían lo mucho que a Sora le gustaba leer.

Todos sabían que le gustaba el fútbol y el tenis, eso era típico de Sora. Todos también sabían lo mucho que le gustaba dibujar, que era un gusto novedoso pero aun así era típico de Sora. Todos sabían que a Sora le gustaba abrazar y reír, gestos muy de ella, típicos de Sora.

Pero, ¿leer? Leer no era típico de Sora. Y no era como que le gustara esconder que leía un libro al mes en épocas de escuela, pues en vacaciones era una devoradora voraz de libros. Tomaba uno y lo terminaba en una semana; incluso podía terminarlos en un día. Los libros la hacían feliz, los libros la llevaban a lugares que no existían en el mundo común, como lo era el Digimundo. No, no lo escondía, pero era un gusto más bien privado.

Los únicos que sabían que Sora era una devoradora voraz de libros eran un par de rubios, hermanos entre sí. Con el más chico gustaba de comentar, de criticar los libros que de vez en cuando leían en conjunto. El más grande vio como Sora comenzaba a apropiarse de ese nuevo gusto poco después de que ganaran la segunda pelea contra Vamdemon., cuando Sora ya era su novia.

Solían comer los almuerzos juntos, Yamato y ella, pero había veces que Sora simplemente no estaba en el comedor, o en las canchas del colegio. La primera vez que sucedió Yamato se asustó, hasta que Koushiro le informó que la había visto entrar a la biblioteca. Entonces se sintió aliviado y la fue a buscar, encontrándola perdida en alguna novela de fantasía o de amor. Eran sus favoritas.

Esos hábitos de Sora, de perderse en la biblioteca de vez en cuando, se mantuvieron incluso cuando pasaron a la preparatoria. Ese día Yamato había preparado el almuerzo —ramen— para los dos. Pero no estaba por ningún lado. Logró divisar a Meiko y a Mimi en una mesa, con Koushiro perdido en su computador.

—¿Han visto a Sora? —preguntó sin saludar, a pesar de ya conocer la respuesta.

—A mí también me da gusto verte, Yamato. —Se quejó Mimi.

—No la he visto, Yamato —sonrió el pelirrojo, sin apartar la vista de la pantalla. Yamato logró divisar el blog de su hermano en la pantalla de Izumi, seguro lo estaba ayudando con eso.

—Yo sí —dijo Meiko tímida—. Fue a la biblioteca.

Y Yamato lo sabía. Le sonrió amablemente a la anteojuda mientras daba media vuelta y se dirigía camino a la biblioteca. La reconoció apenas puso un pie dentro del lugar, su llamativo cabello era imposible de ignorar. Estaba parada frente a un estante, seguramente decidiendo cuál sería su libro del mes. Estaban en Septiembre.

A Yamato se le achicó el corazón, se veía diminuta a comparación del gran estante repleto de libros. Comenzó a caminar lentamente hacia ella, asegurándose de no hacer ruido, no la quería desconcentrar. Se colocó justamente detrás de ella; era increíble lo más alto que era Yamato a comparación de Sora.

—Con que no elijas Crepúsculo —dijo con tono burlón. Sora ya llevaba entre sus brazos al menos tres libros gruesos.

—Este mes toca fantasía —tomó un libro más y lo abrazo, dándose una vuelta para quedar frente a frente de su novio—. Alicia en el País de las Maravillas, será.

—¿Takeru lo leerá, también? —Yamato alargó sus brazos, dejando a la pequeña Takenouchi entre ellos. A Sora se le aceleró la respiración.

—Me dijo que justo lo leyó hace poco. —Los ojos de Yamato la miraban fijamente. A pesar de llevar tres años saliendo, sus ojos la seguían volviendo loca.

—Una lástima para ti. —El rubio acercó su rostro hacia el de ella, hablando muy bajo. Estaban en la biblioteca, después de todo.

—Una lástima, de verdad —hizo un pequeño movimiento y sus labios se juntaron. Fue cálido, veloz, pero Sora sintió adrenalina recorrer su cuerpo. Besarse en la biblioteca era romper las reglas, y ella no solía romper las reglas. Le gustó.

El pequeño beso se fue intensificando. Un beso profundo, un beso prohibido. Sora lamentó que los libros se interpusieran entre sus cuerpos, pero no los iba a soltar, sería una falta de respeto hacia la biblioteca y hacia sí misma.

Se separaron y Yamato sonrió de lado, en una pequeña mueca. Sora se sonrojó intensamente, ¡todo lo hacía apropósito!

—Hice ramen —informó sin más, comenzando a caminar hacia la salida de la biblioteca. Sora maldijo por lo bajo y caminó a la recepción, para rentar los libros que había escogido.

Si de algo estaba segura, era que el resto del día no podría concentrarse.

Maldito Yamato.


Notas

Agradezco a Florence Welch y su canción Rabbit Heart por inspirar esta historia.

Dejen review :D

¡Saludos!