Capitulo 5: Llama demoníaca
Al día siguiente:
-¡He dicho que más fuerte!-exclamó Louise por quinta vez en lo que llevaban de mañana.
-¡Y yo te he dicho que no puedo hacerlo más fuerte!-respondió Calcifer, también por quinta vez.
Desde el momento en que Louise se había levantado de un bote de la cama, gritando y con cara de estar en un buen lio, Calcifer supo que se avecinaban problemas. Y no se equivocó.
Al parecer, los estudiantes de la Academia tenían que asistir a una especie de exhibición de familiares en la que mostrarían al resto lo que fuera que hubieran invocado. Además, se esperaba que prepararan alguna clase de truco o puesta en escena para lucir sus habilidades, ya que el familiar más espectacular recibiría un premio. Y, por si fuera poco, aquel año parecía ser que iba a asistir la mismísima princesa de aquel país, algo que Louise no dejaba de decir una y otra vez a Calcifer como si eso fuera a conseguir que hiciera exactamente lo que se proponía.
Tras un breve desayuno, Louise y Calcifer habían bajado al patio, donde numerosas parejas de magos y familiares ya se encontraban enfrascados en la práctica de sus propios números, algunos más apurados que otros en función de si se les había olvidado o no. Louise, obviamente, era la que estaba más apurada.
-¿Cómo se me pudo haber olvidado…?-mascullaba una y otra vez. Furiosa, centró su rabia en Calcifer, que la miraba algo molesto desde el suelo-. ¡A ver, otra vez!
Suspirando, Calcifer volvió a prepararse. Haciendo uso de todas sus fuerzas, abrió la boca un montón, y exhaló una gran bola de fuego que media casi cuatro veces lo que él, sosteniéndola en el aire todo lo que pudo. Si bien Calcifer creía que era bastante impresionante, Louise parecía no opinar lo mismo.
-¡Ha de ser más grande! El familiar de Kirche puede hacer formas con el fuego, de manera que nosotros tenemos que superar eso.- Calcifer detuvo la llamarada.
-¿Y cómo planeas que lo hagamos? Ya te he dicho que lo de lanzar fuego no se me da bien. ¡No lo había hecho nunca con Howl!
-¡Me da igual lo que hubieras hecho con el Howl ese! A ver, si no es la bola de fuego, ¿qué otros talentos posees?-preguntó, cruzándose de brazos.
-Bueno, puedo cantar…LALALALAAAAAA…-Decir que desafinaba era como decir que el fuego era caliente. Louise y más de la mitad de los presentes en el patio se vieron obligados a cubrirse los oídos para no sucumbir al espantoso sonido que salía de la boca de aquella bola de fuego.
-¡Basta, basta, basta!-exclamó Louise, deteniendo a Calcifer-. No vuelvas a hacer eso. En serio… Nunca. Más-dijo, muy firmemente. Detrás de ella, los otros nobles y familiares asintieron casi al unísono.
-Psh…críticos…-se limitó a decir Calcifer. Louise se sentó a su lado, mirando al cielo mientras suspiraba abatida.
-Aah, ¿qué voy a hacer?-se lamentó-. ¿Por qué el santo fundador tuvo que concederme un familiar tan vasto y falto de talento como tú?
-¡Oye, que tu tampoco eres una joya, precisamente!- Louise parecía que no le oía.
-Ahora haré el ridículo delante de todos y de su majestad la princesa…-Calcifer miró a la abatida maga. Aquello no era normal. No era solamente por la humillación, lo presentía. Después de todo, a eso ella ya estaba acostumbrada. Entonces, ¿a qué venía todo aquello?
Si no era por los otros, seria por la princesa. Bueno, era obvio…Nadie quería hacer el primo delante de una princesa. Y puestos a querer, él tampoco quería hacer el ridículo, ni delante de la princesa, ni de nadie. Estaba claro que solo con lo de la llamarada no iban a solucionar nada. Había que buscar algo,… ¿pero el que? Una vez más, Calcifer se lamentó de no tener brazos ni piernas. Parecía que no, pero realmente le limitaban mucho en situaciones como aquella.
-Mira, es igual…-dijo Louise, suspirando-. Vamos, no quiero llegar tarde a clase.- Louise metió a Calcifer en su farol, y echó a andar con aire tristón y abatido hacia el salón de clases. Verla tan apagada no le gustó nada a Calcifer. Si bien Louise no era la maga más amable y paciente del mundo, en el fondo era buena chica. Solo necesitaba que la gente fuera un poco más amable con ella para que vieran quien era Louise de verdad.
Calcifer tomó una decisión. Ganaría ese concurso, exhibición o lo que fuera, y le demostraría a Louise de lo que era capaz. Tal vez así la hiciera sonreír un poco. Aunque bueno, con que dejara de gritarle también le bastaba.
Más tarde, en clase:
-Hoy os traigo algo muy interesante, estimados alumnos-anunció con orgullo Colbert, poniendo un extraño bulto sobre la mesa. Por la forma…bueno, podía ser cualquier cosa. Y tratándose de aquel profesor, lo de "cualquier cosa" alcanzaba otro nivel-. Es algo nunca visto antes en este país, algo que estoy seguro que va a revolucionar la manera que tenemos de trabajar con la magia. Ya veréis, ¡seguro que os encantara!
Sonriente, el emocionado docente retiró el manto que cubría lo que fuera que había traído. Fiel a sus palabras, era algo nunca visto en aquel país, o por lo menos algo nunca visto por aquellos alumnos. A primera vista parecía una extraña caja cuadrada de metal, con varios tubos, muelles y demás partes que parecían capaces de moverse.
-Vaya…es…-empezó a decir un alumno-…vale, me rindo, ¿qué es?- Colbert rio un poco para sí, tratando de contener su emoción. Estaba claro que había estado esperando que le preguntaran justo eso.
-Jujuju, me alegro que me hagan esa pregunta. Lo que están viendo es mi primer prototipo del…
-Vaya, un motor-dijo Calcifer, algo sorprendido. Colbert, a mitad de su proclama, miró sorprendido al flamígero familiar.
-Ehm…si, justo eso. Lo que están viendo, damas y caballeros, es un aparato que puede generar una gran cantidad de fuerza y de potencia motriz sin necesidad de que intervenga ninguna fuerza externa, ya sea humana, animal o mágica. Véanlo ustedes mismo…- Colbert cogió una jarra de agua, y vertió su contenido en el interior de la maquina. Después, con la ayuda de una cerilla, encendió un pequeño horno del lateral. Al cabo de unos instantes, la maquina empezó a crepitar y a moverse. Sus hélices giraron, los fuelles empezaron a soplar, y en definitiva empezó a generar un ruido bastante desagradable. Si bien muchos alumnos pusieron mala cara por el ruido, Colbert parecía que no cabía en sí de gozo. De pronto, una pequeña serpiente de juguete empezó a entrar y salir de la maquina a través de una portezuela.
Los alumnos no acabaron de entender que estaba pasando, pero Calcifer sí. Después de todo, él mismo había formado parte del "motor" del castillo de Howl. Qué demonios,… ¡si prácticamente lo había construido él!
-¿Ven? ¿Acaso no es increíble?-preguntó emocionado Colbert. Estaba claro, por las caras que ponían, que sus alumnos no compartían el entusiasmo del docente. Kirche levantó una mano-. ¿Si, señorita Zerbst?
-¿Y eso para qué sirve?- Varios alumnos asintieron, compartiendo la pregunta de la joven pelirroja. Algo incomodo, Colbert se rascó la mejilla.
-Bueno, servir, servir…de momento, solo sirve para esto… ¡Pero en el futuro, estoy seguro de que esta máquina podrá servir para cosas asombrosas!- A pesar de las palabras de Colbert, los alumnos no parecían muy convencidos.
-¿Y para que íbamos a usar semejante artilugio cuando disponemos de la magia?-preguntó divertido Giche.
-Bueno, sí, pero…- Antes de que pudiera responder, la maquina soltó un silbido, disparando vapor a presión y sorprendiendo a Colbert, que se tropezó y cayó de culo tras su mesa, provocando algunas risas entre los alumnos. Sin embargo, Calcifer no se rió. Aquel pitido le había dado una idea.
-En fin…se acabó la clase. Son libres de marcharse ya-dijo Colbert, algo avergonzado. Antes de que Louise pudiera llevárselo, Calcifer se giró hacia ella.
-Espera. Llévame con él-dijo, señalando a Colbert, que en aquellos momentos se encontraba apagando su máquina con aire algo abatido.
-¿Por qué?
-Tú confía en mí. Llévame con él.- Aunque seguía sin saber para qué, Louise no se encontraba especialmente interesada en ponerse a discutir, de manera que llevó a Calcifer junto a Colbert, que al verlos acercarse trató de sonreírles.
-¿Si, en que puedo ayudaros?-Louise dejó a Calcifer sobre la mesa.
-Gracias, Louise. Ahora, si no te importa, quisiera hablar con el profesor a solas.
-¿Qué?-preguntó algo indignada Louise. ¿Pero que se había creído ese?- ¿Me haces bajarte hasta aquí, y luego me pides que me vaya?
-Hazme caso. Tu confía en…
-Como vuelvas a decirme eso de "confía en mí", te mando a la otra punta de la clase de un puntapié…- Calcifer y Colbert miraron algo intimidados a la mas que obviamente molesta Louise. Estaba claro que aquel día no estaba para tonterías.
-Bueno, es que es una sorpresa-dijo Calcifer, tratando de explicarse-. Además, tiene que ver con el motor del profesor, y me da que no acabarías de entender nuestra jerga técnica, ¿comprendes?- Colbert miró extrañado a Calcifer, sin acabar de entender a que se refería.
-Señorita Vallière, no se preocupe. En cuanto acabemos de hablar, le devolveré personalmente a su familiar, así que no se apure.- Si bien Louise no quería separarse de Calcifer, se fiaba del profesor Colbert. No solo había sido bueno con ella, sino que era de los pocos que no la trataban como un fracaso, ni frente a ella ni a sus espaldas. Suspirando, Louise dio media vuelta, y se fue-. Bueno, ¿en qué puedo servirle, señor Calcifer?
-No me llames señor, que no soy tan viejo-bromeó. Mentira, seguramente era más viejo que aquel país, pero mejor no decir nada. Con gesto curioso, hizo rodar su farol hasta el motor de Colbert-. Tiene un motor bastante bueno aquí, profesor. La estructura está bien, aunque es más que obvio que no puede sostener la presión del todo. Le recomiendo cambiar la válvula de escape por otra regulada, o algún día le acabará explotando en la cara…-comentó, examinando la maquina con ojo técnico. Colbert escuchaba asombrado.
-Pero… ¿cómo sabe todo eso, se-…Calcifer?
-Bueno, tú dices que en este mundo no hay motores de estos, ¿no?- Colbert asintió-. Pues de donde vengo, aunque también tenemos magia, también tenemos motores como estos, y muchas otras cosas más. Máquinas voladoras, barcos propulsados con otros medios diferentes al viento, trenes, vehículos automatizados… El progreso, amigo mío, el progreso…- Colbert escuchaba muy atentamente las palabras del familiar. Las cosas de las que hablaba…sonaban fascinantes-. Yo mismo se bastante de motores. He hecho mis pinitos en ingeniería, y estaría más que dispuesto a enseñarle un par de cositas…-Calcifer miró al profesor levantado las cejas, su gesto indicándole que, evidentemente, quería algo a cambio. Colbert decidió seguirle la corriente, frotándose la barbilla y mirando con una sonrisa de interés a Calcifer.
-¿Oh-ho? Y dime… ¿qué ganarías tú de todo esto?
-Muy sencillo: materiales y mano de obra, nunca mejor dicho. Como habrás podido notar, no tengo manos ni piernas, de manera que no puedo ir a buscar los materiales al mercado, ni poseo el capital para comprarlos. Y aunque los tuviera, hay un límite para lo que estas…-refiriéndose a las dos lenguas de fuego que solía usar a modo de manos-…pueden hacer. Ahí, mi querido y nuevo mejor amigo, es donde entras tu.
-Entiendo. Tú pones el conocimiento y la experiencia, y yo el capital y mis manos. Suena aceptable.
-¿Verdad? ¡Venga esa mano!-Calcifer y Colbert fueron a estrecharse la mano, pero al ver el flamígero apéndice de Calcifer, concluyeron en que no sería muy buena idea.
-Y dime, ¿por dónde tenias pensado comenzar?-preguntó Colbert, haciendo levitar su máquina con una mano y cargando el farol de Calcifer con la otra, mientras se dirigían al despacho del profesor.
-Por ahora, tengo en mente un proyecto rápido que seguro que encantará a los alumnos-dijo Calcifer, sonriendo ampliamente-. Dime… ¿no tendrás por ahí piezas de repuesto que no vayas a usar?
-¿Qué si tengo?-dijo Colbert, riendo un poco-. Amigo mío, tengo bastante chatarra en mi almacén como para construir otra Academia solo de desperdicios.- Los ojos de los dos parecían brillar de puro interés, a medida que se adentraban en las sombras del pasillo.
-Colbert, compañero, creo que este es el inicio de una nueva y fructífera amistad…-comentó Calcifer. La puerta se cerró a sus espaldas.
Dos días después, día antes de la Exhibición:
-… ¡Aaaaah! ¿Dónde demonios se han metido ese par?-preguntó una muy frustrada Louise al aire, dando vueltas nerviosa por su habitación.
Después de dejar a Calcifer a cargo de Colbert hacía ya dos días, parecía que esos dos se habían encerrado en el taller del profesor y se habían negado a salir, ni siquiera para comer. Aprovechando que no había clases con motivo de la inminente Exhibición de Familiares, Colbert había mandado que les trajeran la comida directamente a su taller, y eso había sido todo. En más de una ocasión Louise mandó a Siesta a recuperar a su familiar, pero sin excepción fue rechazada tanto por uno como por el otro, arguyendo que "estaban haciendo algo importante, así que por favor que dejara de molestarles". Louise había pensado en bajar ella misma a hablar con ese par de cabezas huecas, pero la noticia de la llegada de la princesa a la Academia le había hecho olvidar por completo el tema.
Toda la Academia había asistido (incluso Colbert se había visto obligado a salir para poder reunirse con los demás profesores y darle la bienvenida a la princesa. Calcifer se había quedado para proseguir con el proyecto, y porque dijo que realmente no le interesaba tanto ver a la princesa). Los estudiantes y los criados se mezclaron en una masa de espectadores ansiosos de poder ver de cerca a la legítima gobernanta de aquellas tierras, cuya belleza era conocida en todo el país, e incluso fuera de él. Abriendo un largo pasillo por donde pudiera pasar el carro de la princesa, la gente estalló en aplausos y exclamaciones cuando la joven princesa Henrietta finalmente salió de su carro. Los rumores no hacían justicia a su gracia y belleza. Su cabello color lavanda, sus brillantes ojos azules, sus agradables y gentiles facciones,… No había hombre o mujer presentes que no coincidieran en que la princesa era verdaderamente hermosa (a pesar de los esfuerzos de cierta pelirroja por dejar claro que ella lo era más).
A pesar de que no la había visto entre la multitud, Louise se alegraba mucho de haber podido ver de nuevo a su amiga de la infancia. Habían pasado muchos, muchos años desde la última vez que habían podido verse en persona, y si bien aun intercambiaban correspondencia, apenas aliviaba la pena de no poder volver a estar juntas como amigas de verdad.
Había sido un buen día, pensó vestida con su largo camisón mientras paseaba por su cuarto al anochecer, aunque aun había algo que no la dejaba ser feliz del todo… ¡QUE SU MALDITO FAMILIAR NO SE HABIA PRESENTADO EN DOS DIAS, Y QUE EL DIA DE LA EXHIBICION, PARA LA CUAL NO ESTABAN NI DE LEJOS PREPARADOS, ERA MAÑANA! Solo de pensar en el ridículo que iba a hacer enfrente de Henrietta cuando llegara su turno… Louise se sentía con ganas de acurrucarse en un rincón y pretender que no estaba cuando la fueran a buscar por la mañana.
Alguien picó a la puerta, sacándola de pronto de sus pensamientos y reflexiones. ¿Quién podía ser a esa hor-…? ¡Calcifer! Tenía que ser Colbert trayéndole por fin a su familiar. ¡A buenas horas!
Completamente cabreada, Louise fue a abrir la puerta, decidida a dejar bien claro lo que pensaba, tanto del maleducado de su familiar como del profesor, por mucho respeto que le pudiera tener.
-¡POR FIN LLEGAIS! ¿¡TENEIS IDEA DE LO QUE…!?-exclamó Louise, abriendo la puerta de par en par. En vez de encontrarse con aquellos quienes creía que habían picado a la puerta, fue recibida por una misteriosa figura cubierta con una larga capa y una capucha que ocultaba sus facciones. Antes de que pudiera preguntar quién era, la figura se le echó al cuello, abrazándola.
-¡Louise! Tenía tantas ganas de volver a verte…-dijo aquella persona, revelando por la voz que se trataba de una chica. Y no cualquier chica. Era…
-¿¡Su…su majestad!?-exclamó Louise, sin acabar de creérselo. Henrietta no respondió, demasiado feliz con su reencuentro.
...
-…y de eso hace ya dos días-dijo Louise, concluyendo así el relato de sus penas más recientes. Sentadas una junto a la otra en la cama de la joven maga, Henrietta escuchó pacientemente el lamento de su amiga.
-Vaya, esa sí que es una desgracia-Louise suspiró-. Bueno, estoy seguro de que ambos tienen buenas razones para hacer lo que han hecho. Ya verás como al final te sorprenden.
-No lo sé…
-Confía en él-dijo Henrietta. Louise se tensó un poco. Ya estaba empezando a cansarse de tanto "confía en mí, confía en él…", sin que le dijeran nunca nada. De habérselo dicho otro, tal vez se hubiera enfadado. Pero como había sido la princesa quien se lo dijo, se limitó a forzar una sonrisa en su rostro.
-Si su alteza lo dice, será cierto- Henrietta también le sonrió, sin percatarse de la verdad escondida tras aquella sonrisa.
-Bueno, he de irme. Me gustaría poder quedarme y seguir charlando, pero mi escolta sospechara si no aparezco pronto-dijo Henrietta, levantándose y volviendo a cubrirse con su manto. Louise la acompañó hasta la puerta.
-Ha sido maravilloso poder volver a veros, princesa.
-Lo mismo digo, amiga mía.- Ambas jóvenes se dieron un abrazo de despedida-. Te veré mañana durante la exhibición. Ya verás, seguro que tu familiar nos tiene preparado algo sorprendente-dicho lo cual, Henrietta se alejó de allí.
-Eso es lo que me preocupa…-suspiró Louise, cerrando la puerta.
Mientras tanto, en otro lugar:
-Muy bien. Última comprobación-dijo Calcifer, contemplando decidido el extraño aparato en el que él y Colbert habían estado trabajando los últimos días casi sin descanso, prueba de lo cual eran las ojeras casi idénticas que presentaban los dos. Colbert asintió, tirando con decisión de una palanca.
El oscuro taller en el que se encontraban, alumbrado solo por las velas a punto de fundirse que pugnaba por arrojar algo de luz en aquel lugar, se vio iluminado de repente cuando múltiples torres de fuego emergieron enfrente de los dos constructores, acompañadas por un profundo bramido similar al de un cuerno de batalla, solo que decenas de veces más fuerte.
-Esta vivo… ¡ESTA VIVO, VIVO! ¡MUAJAJAJAJAJA!-exclamó Calcifer, carcajeándose como un loco mientras las llamas del aparato ensombrecían sus rasgos. Colbert se lo quedó mirando extrañado.
-Esto… ¿eso era necesario?- Calcifer le devolvió la mirada, su cuerpo aun en posición de seguir riéndose.
-¡Oh, venga, vamos! Estoy segurísimo que tú también querías hacerlo- Colbert no negó nada-. Venga, una vez más desde el principio, y vayámonos a dormir, ¿te parece?
Colbert se lo pensó durante unos instantes, y volvió a bajar la palanca, invocando de nuevo las columnas de fuego.
-¡VIVO!- exclamaron al unísono Colbert y Calcifer, sus risas mezclándose y reverberando por toda la estancia.
Inadvertido para los dos, una misteriosa figura se alejó de la zona a grandes pasos, habiéndolo visto todo. Sonrió.
Si, mañana sería muy interesante.
Al día siguiente:
Louise no podía estar más nerviosa.
Las actuaciones habían ido sucediéndose una por una, dejando a la audiencia cada vez más asombrada. Familiares que bailaban, manipulaban los elementos, volaban… ¡si hasta Guiche había posado junto a su familiar! Y Calcifer seguía sin aparecer. En aquellos momentos era el turno de Tabitha, que se había decantado por realizar complejas acrobacias aéreas junto a su dragón Sylphid. El siguiente turno era el suyo.
Desde detrás del escenario Louise contempló como la princesa contemplaba asombrada la actuación de la joven maga peliazul, siguiendo con la mirada los espectaculares giros aéreos y las complicadas piruetas. En su fuero interno, Louise se sintió bastante frustrada. "Dudo que yo vaya a poder impresionar así a la princesa…"
-Vaya, ese dragón si que sabe volar-comentó una voz socarrona a sus espaldas, una voz que Louise no tardó en identificar. Girándose, se encontró con Colbert, que sostenía el farol de Calcifer en una mano, y en la otra arrastraba un pequeño carro con una tela tapando su contenido. Calcifer, en esos momentos, se encontraba mirando interesado la exhibición. Tal vez fuera por eso que, aunque se alegraba de que al final hubiera aparecido, Louise estuviera tan cabreada con él.
-Desapareces dos días…me dejas con la incertidumbre de qué va a suceder… ¡¿Y LO PRIMERO QUE HACES ES IGNORARME?!- Calcifer y Colbert retrocedieron un paso, atemorizados por la oscura aura asesina de la joven.
-L-Louise…por favor, cálmate…
-Miss Vallière, siento mucho el retraso. Supongo que podría decirse que perdimos la noción del tiempo, jejeje-se excusó el profesor, rascándose la mejilla avergonzado. Louise apretó los dientes, y se obligó a soltar un suspiro, dejándolo correr.
-Bueno, da igual. Ya estás aquí, y eso es lo que importa.- Louise cogió el farol-. ¿Has tenido éxito en…lo que fuera que se te hubiera ocurrido?
-Oh, "tener éxito" es poco…-comentó Calcifer, sonriendo abiertamente mientras se frotaba las "manos"-. Créeme cuando te digo que estos mocosos nunca habrán visto nada igual, ku ku ku…
Louise miró a su familiar sin tenerlo del todo claro, pero en vista de su seguridad y de que incluso Colbert parecía emocionado con la idea, decidió seguirle la corriente.
-Vale, ¿y de que se trata?
-¿Y estropearte la sorpresa?-preguntó Calcifer, divertido-. Tú solo anúnciame, y disfruta del espectáculo.
-Pero…
-No se preocupe, miss Vallière-le dijo Colbert-. Puedo asegurarle que realmente es algo que ningún otro familiar ha hecho antes. Yo lo he visto, y es realmente impresionante.- Louise miró algo temerosa a la pareja de emocionados cabezas huecas que tenía ante sí. Los dos la miraban muy emocionados, sus ojos brillando de puro interés y expectación. Estaba claro que realmente creían lo que decían.
-Ugh…vaaaale, está bien. Pero por vuestro bien, más vale que sea algo realmente bueno-dijo, dándose la vuelta y provocando que tanto Colbert como Calcifer hicieran un gesto de victoria a sus espaldas.
-Y ahora, pasamos a la siguiente exhibición-dijo la anunciadora, una de las profesoras de la Academia, que vestía con una larga túnica blanca con marcas de color azul en las mangas y en la cintura, su larga melena negra oculta por una capucha-. Los participantes serán Louise de la Vallière y su familiar.
Louise miró indecisa hacia atrás, viendo como el profesor y la pequeña llama se apresuraban a descargar lo que fuera que hubieran traído (bueno, Colbert se esforzó. Calcifer simplemente le metía prisa). Cogiendo aire, Louise empezó a subir las escaleras del escenario.
Plantándose firme ante las miradas de los cientos de estudiantes que habían ido a ver el espectáculo y de la princesa, que la observaba sonriente desde su tienda sentada junto a Osmond, Louise levantó la cabeza decidida, y habló con voz alta y clara.
-Permítanme presentarlo…-Murmullos entre el público. ¿Presentar el que, si no había nada?- La clasificación de mi familiar es…es...-"No digas demonio, no digas demonio, no digas demonio…", se dijo a si misma varias veces-…elemental menor.-"Vale, eso servirá"-. Su nombre es…-entonces, se quedó de piedra. Subiendo por las escaleras había la cosa más rara que ella hubiera visto jamás, soltando una gran cantidad de humo al aire mientras el metálico sonido de sus pisadas resonaba por todo el escenario. Numerosas exclamaciones de sorpresa se oyeron entre el público cuando lo vieron aparecer. Era…era… ¿qué demonios era?
Calcifer apareció montado encima de un artefacto con un aspecto…francamente peculiar. A primera vista, parecía que alguien le hubiera puesto patas a un brasero, y que luego se hubiera dedicado a pegarle engranajes, chimeneas y demás accesorios, porque aquella cosa parecía un vertedero ambulante. El extraño aparato avanzaba sobre cuatro largas patas articuladas, semejantes a las de una araña, que elevaban aquel extraño aparato hasta poco más del metro de altura. En la parte de delante y de los laterales del brasero en el que viajaba Calcifer, se podían verse varias placas de hierro que cubrían los múltiples engranajes de su interior. Detrás de él, una larga estructura rectangular crecía hacia arriba, de la cual surgían numerosos tubos y válvulas de formas y tamaños diferentes, algunos rectos y otros retorcidos, de manera que sus orificios apuntaban en todas direcciones. A medida que avanzaba, alguna que otra bocanada de humo brotaba de ellas, mientras que de las chimeneas principales, las más grandes y que se encontraban orientadas hacia arriba, soltaban una voluta continua de humo blanco. En un lateral presentaba un orificio rectangular del cual colgaban varios troncos.
Louise contempló boquiabierta como el traqueteante aparato avanzaba hacia ella. Tal era la sorpresa de todos que ni siquiera pudieron burlarse de ella, demasiado ocupados como estaban tratando de entender qué demonios era esa cosa. Soltando vapor por varias juntas, Calcifer detuvo su…extraño aparato.
-¿Ves? Te dije que se iban a sorprender-le susurró a Louise con tono confidencial, pero Louise no reaccionó. No sabía si estar contenta, triste, enfadada, o simplemente desmayarse ahí mismo y desentenderse del asunto. Al final, optó por lanzarse de cabeza a la boca del lobo, y continuar como si nada. "Regla de Acero…no me falles ahora…". Total, ¿qué tenía que perder?
-El nombre de mi familiar es Calcifer. Y ahora, nos va a presentar…esto…
-Algo que ningún otro familiar había hecho antes -dijo, cogiendo el testigo. Henrietta abrió los ojos de la sorpresa. Si bien Louise ya la había avisado, verlo en primera persona la sorprendió. Realmente tenía un familiar que hablaba.
Louise se apartó a un lado, y Calcifer se situó en el centro de la plataforma. Cerrando los ojos, pareció que el cuerpo de Calcifer se encogía un poco, mientras la estructura en la que se encontraba flexionaba las patas hasta que el brasero acabó apoyado en el suelo. Numerosas volutas de humo escaparon de la maquinaria, que parecía traquetear cada vez más alto, hasta que…
¡MOOOOC! De una de las chimeneas salió una bocanada de fuego, acompañada por un sonido grave que recordaba vagamente al de una tuba. Varias bocanadas de fuego más salieron de otras dos chimeneas, cada una provocando un sonido diferente. Una de las válvulas empezó a sonar, solo que en vez de vapor soltó más fuego, provocando un sonido que, en vez de ser el típico pitido agudo, recordaba más al sonido de un órgano. Luego, se volvió a hacer el silencio.
De pronto, las múltiples chimeneas y válvulas del aparato empezaron a soltar fuego por sus orificios de forma ordenada, creando con sus múltiples sonidos una peculiar melodía bastante alegre y rimbombante. Las chimeneas soltaban grandes volutas de fuego al aire, creando un acompañamiento grave para el sonido más claro y controlado de las válvulas, que soltaban llamas más discretas, creando así la melodía. Mientras tanto, el rostro de Calcifer era uno de concentración máxima, con los mofletes hinchados como si estuviera haciendo algún esfuerzo. Su cuerpo, ahora la mitad de su tamaño normal, ardía con una extraña llama dorada y azul, el cual se iluminaba cada vez que el familiar abría la boca rápidamente y cogía aire.
Louise no podía creerse lo que estaba viendo. Ninguno de los que lo estaban viendo podía creerlo. Un familiar…estaba haciendo música. Habían visto a familiares fingir que podían cantar, seguir el ritmo, e incluso bailar. Pero el poder hacer música, música de verdad…algo con sentido, ritmo y harmonía… Eso era algo nunca visto antes. Y encima, lo que aquel familiar estaba tocando era algo nuevo, algo que ninguno pudo reconocer. Algunos creyeron que se trataba de una canción religiosa, por las notas agudas y melodiosas de lo que parecía ser un órgano. Otros creyeron que era una canción más circense, a juzgar por el ritmo desenfadado de la canción.
La canción de Calcifer prosiguió con ritmo creciente. Si bien al principio había empezado con notas sueltas, poco a poco cada vez más sonidos nuevos se fueron uniendo, creando acordes y trozos que parecían ser tocados a dos manos, aumentando el ritmo. Más de uno se quedó embobado escuchando aquella extraña música. Si bien carecía de la gracia necesaria para ser presentada en un banquete o en un concierto de alto nivel, había que reconocer que tampoco sonaba del todo mal.
Finalmente, Calcifer llegó al punto álgido de la canción, que a su vez era el final. Tocando casi todas las chimeneas y válvulas a la vez, el familiar soltó una enorme mezcla de humo y fuego al aire, completando con su impresionante forma el acorde final de la canción. Mientras el eco de aquella última nota se desvanecía en el aire, Calcifer empezó a volver a su estado normal. Satisfecho consigo mismo, miró de reojo a Louise, que se había quedado con la boca abierta y los ojos casi desorbitados, y a su público, que lo observaban sin saber bien que decir.
Plas, plas, plas… El sonido de alguien aplaudiendo sacó a todo el mundo de su estado de estupor. Girándose, comprobaron que la princesa se encontraba de pie, aplaudiendo la actuación del familiar. Poco a poco, cada vez más personas se fueron uniendo, hasta que finalmente todo el mundo acabó aplaudiendo la actuación. Louise no sabía que decir. Ni en un millón de años se hubiera esperado aquello, ni tampoco que hubiera podido tener tanto éxito. Sonriendo de pura alegría, hizo una reverencia de agradecimiento al público y a Calcifer, que inclinó su extraño vehículo para inclinarse él también. "Si, si, ¡SI!", pensó Louise, emocionada. "¡Por fin las cosas van…!".
Una explosión interrumpió su línea de pensamientos, sacudiendo la tierra y sorprendiendo a todo el mundo. Mientras intentaban descubrir que había pasado, un segundo temblor provocó que todo el mundo chillara de puro espanto.
-¡Mirad allí!- exclamó alguien.
Más grande que cualquier otro ser que hubieran visto antes, un gigantesco golem de piedra se alzaba amenazador junto a la Academia, avanzando lentamente hacia ellos. En su cabeza se encontraba una misteriosa figura encapuchada, con el cuerpo cubierto por un largo mantón marrón. La criatura descargó un poderoso golpe contra la pared de la Academia, que a pesar de sus defensas se resquebrajó un poco, provocando un tercer temblor que tiró a más de uno al suelo.
-¡Es Fouquet!
-¡Que alguien llame a la guardia!
-¡Corred por vuestras vidas!
El pánico se extendió entre los alumnos, que empezaron a correr descontroladamente en un intento de ponerse a salvo. Mientras los guardias procuraban poner a salvo a la princesa, la mitad de los profesores corrieron a evacuar a los aterrados alumnos, mientras otros tantos…bueno, se unían a los alumnos en lo de correr espantados.
-¡Calmaos! ¡No os dejéis llevar por el pánico!-exclamó Colbert, tratando de controlar a la aterrada avalancha de estudiantes. Si bien al principio parecía que no servía de nada, poco a poco el terreno se fue despejando de estudiantes, a medida que eran puestos a salvo.
Calcifer examinó algo sorprendido al enorme golem. Si bien no era el primero que veía, si que era el más grande con el que había tenido la desgracia de encontrarse.
-Louise, deberíamos… ¡Louise!-gritó, al ver que la joven había echado a correr hacia aquel enorme ser de piedra. "¿Pero que tiene esta niña en la cabeza…?".
Fouquet ordenó a su golem golpear una vez más. A pesar del enorme poder de la criatura, los daños a la pared eran mínimos, prueba de las múltiples protecciones con las que contaba la Academia. Louise avanzó con decisión, plantándose a los pies del golem, y apuntó su varita a la figura sobre él.
-¡Fouquet, quedas arrestada en nombre de Louise de la Vallière! ¡Ríndete!-Fouquet se limitó a reírse, e hizo un gesto a su golem para que atacara a la joven. Al ver lo que se le venía encima, Calcifer se apresuró a llegar a su lado, pero su aparato mecánico no era lo que se dice rápido. "Nota para el futuro (si sobrevivimos): el próximo modelo ha de ser mas rápido". Como si no se diera cuenta del peligro que la amenazaba, Louise empezó a entonar un conjuro, recitando las palabras de poder sin vacilar y sin equivocarse. Finalmente, exclamó: -¡Bola de Fuego!
Lo que suponía que tenía que haber sido una bola de fuego acabó siendo una simple explosión, la cual apenas consiguió agrietar el brazo del golem.
-¡Jajajaja! ¿Y eso se supone que era una "bola de fuego"? Deja que te enseñe como se hace magia de verdad-. Con un chasquido de dedos, Fouquet hizo que la tierra bajo sus pies se convirtiera en arena, entorpeciendo los pasos de la gente y casi sepultando a más de uno. Con un gesto de la mano, la arena empezó a girar y a girar, aumentando de velocidad a medida que se formaba un tornado de arena cada vez mayor, dificultando la visibilidad. En el centro del mismo, el único lugar sin arena, se encontraban encerrados Louise, el golem y Fouquet.
-Y ahora, joven Vallière, va siendo hora de que te despidas-dijo amenazadora Fouquet, haciendo avanzar su golem hacia Louise. Demasiado aterrada para poder lanzar otro conjuro, a duras penas consiguió saltar en el último momento y escapar del fatal pisotón del golem. Aun así, la fuerza del impacto hizo temblar el suelo, mandando a volar a la joven maga.
Calcifer, que se encontraba en el exterior del tornado, trataba de encontrar una brecha por la que pasar, pero era inútil. La fuerza del viento era demasiado poderosa, y no alcanzaba a ver nada, ni siquiera el enorme cuerpo del golem. Si no se daba prisa…
De repente, una fuerte explosión despejó una zona del tornado, en la parte superior, frente a la cual dos jóvenes magas de pelos vistosos lanzaban sus conjuros a la tormenta, montadas a lomos de un dragón azul. Una de ellas, Tabitha, utilizaba su magia aérea para potenciar los conjuros de fuego de Kirche, con lo que conseguían generar un conjuro más potente que desestabilizó levemente el tornado. Sin embargo, en seguida este se recuperaba, sin importar cuantas veces lo lanzaran. Aun así, esto le dio a Calcifer una idea.
-¡Eh, chicas!-gritó, llamando la atención de las jóvenes magas-. ¡Necesito que disparéis eso aquí delante, enfrente de mí!
-Pero…
-¡Se lo que me digo! ¡Solo hacedlo!- Rápidamente, Tabitha hizo descender a Sylphid, aterrizando junto al aparato mecánico de Calcifer. Este, rápidamente, hizo inclinar dicho aparato, de manera que las chimeneas más altas quedaran apuntando hacia el tornado.
-¡Vale, a mi señal, disparad vuestra ráfaga mas fuerte! ¡Necesito una brecha para poder ver donde esta Louise!-dijo Calcifer, adentrándose en las profundidades de la maquina y metiéndose en la chimenea de mayor tamaño. Entendiendo lo que se proponía el familiar, las dos jóvenes magas se concentraron cada una en su propio hechizo, recitando las palabras de poder que aumentarían el efecto del conjuro-. ¿Listas?...¡AHORA!
-¡Gran Llamarada!-gritó Kirche.
-"Aeros Máxima"-dijo Tabitha, decidida.
Los zarcillos de aire que salieron del báculo de Tabitha se unieron a las llamas de Kirche, aumentando su tamaño hasta alcanzar casi cuatro veces su tamaño original. Cual lanza ígnea, el conjuro impactó con fuerza contra el tornado, explotando y permitiendo que se viera el interior del mismo durante unos instantes, antes de que la tormenta empezara a regenerarse de nuevo. Sin embargo, Calcifer no iba a dejar pasar esa oportunidad. Louise estaba en problemas, y él iba en camino.
-"Y pensar que hubo un tiempo en que creí que mi vida no tenía suficiente acción…"- pensó Calcifer, apretándose en el interior de la chimenea, apuntando a través de su orificio hacia su asustada maestra. Generando una gran cantidad de llamas, Calcifer hizo explotar la caldera de la maquina, propulsándole como una bala de cañón a través del largo tubo, disparándolo por el aire a gran velocidad.
Louise corría por el tornado, procurando esquivar los pisotones de este. Si bien su gran tamaño le confería una cierta ventaja, también lo hacía lento, permitiéndole a la joven maga escapar a tiempo de lo peor del impacto, si bien los temblores posteriores siempre amenazaban con tirarla al suelo. El tornado le impedía huir, y estaba claro que nadie iba a poder ir en su ayuda. "¿Qué hago? ¿Qué hago…?". De repente, una sección del tornado estalló, despejando el camino. Al otro lado, Louise vio a Kirche y Tabitha, quienes a juzgar por sus levantadas varita y báculo habían sido quienes habían causado esa explosión.
-¡Sí! ¡Una salida!-exclamó, corriendo esperanzada hacia el boquete. Se estaba cerrando, pero si conseguía alcanzarlo podría…
Junto a las dos magas, la máquina de Calcifer explotó, liberando un ígneo proyectil que se dirigía hacia ella a toda velocidad, al grito de "¡LOUIIIIIIIIIIISE!".
-¿Calcifer?-preguntó extrañada, antes de que el pequeño cometa le impactara en el estomago y la tirara de espaldas al suelo. Frente a ella, el boquete se volvió a cerrar, frustrando su intento de fuga.
Calcifer se incorporó un poco sobre el pecho de Louise, quien yacía con los ojos en blanco en el suelo, casi inconsciente por el golpe. Al verla sana y salva, Calcifer sintió un gran alivio, aunque…
-¡Maldita sea, Louise! ¿Por qué tuviste que lanzarte a por el golem así? ¡Mira lo que me has hecho hacer para alcanzarte! Además, no veas que pecho más duro que tienes, hija-dijo, frotándose la cara-. Cualquiera diría que eres un chico…-Suspiró-. Qué pena que no hubiera sido la pechugona pelirroja de afuera. Con esa delantera…jejeje…¡Esos sí que es caer en blando!-bromeó Calcifer, quien entonces se dio cuenta de que Louise ya no tenía los ojos en blanco por el golpe, sino que los tenia rojos de pura rabia, mirando furiosa a la pequeña bola de fuego insolente que le había tocado por familiar.
-¡TUUUUUUU!-gruñó-. ¿¡COMO TE ATREVES A TIRARTE ENCIMA MIO DE ESA MANERA!? ¡De no ser por ti, ahora estaría fuera de aquí, a salvo! ¿¡Y QUE ES ESO DE "TENER PECHO DE HOMBRE!?-preguntó furiosa, tan furiosa que se olvidó por un momento del dolor del choque.
-¡Lo que oyes! ¡Y aun no me has respuesta a mi pregunta, pecho de tabla!-respondió Calcifer, quien se vio obligado a saltar a la hierba para no apagarse-. ¡Si no puedes ni hacer un conjuro bien, ¿cómo vas a doblegar tu sola a algo como eso?!
-¿¡PECHO DE TABLA?! ¡YA ESTAS RETIRANDO ESO, BRASA DE TERCERA!
-¡¿QUE YO QUÉEE?! ¡RETIRA TÚ ESO, TIRANA!
-¡FAMILIAR LUJURIOSO!
-¡NOBLE DE PACOTILLA!
-¡ENANO!
-¡MIRA QUIEN FUE A HABLAR, SUBDESARROLLADA!
-¡BOCAZAS!
-¡BRAVUCONA!
-Ehm…chicos…-dijo Fouquet, quien muy a su pesar se sentía un tanto ignorada, a pesar de contar con un más que obvio golem tamaño gigante.
-¡TU NO TE METAS!...¿eh?-exclamaron los dos a la vez, solo para ver que el golem había levantado de nuevo el pie, y se disponía a pisarlos a los dos-… ¿¡EEEHH!?
Cogiendo a Calcifer, Louise consiguió esquivar el ataque una vez más, tratando de poner distancia entre ellos y el gigante.
-Grrrr…Mira, tú y yo resolveremos esto más tarde. Por ahora, planeemos como nos lo vamos a cargar.
-¿Ah? ¿Es que no tienes un plan?-preguntó Louise, mirándolo mientras corría.
-Pues no, mira tú por dónde. Me corría mas prisa ir al encuentro de cierta maga ¡QUE NO CONOCE SUS PROPIOS LIMITES Y SE METE EN LIOS QUE ME TOCA RESOLVER A MI!
Louise quiso replicar, pero no pudo. Era cierto. Se había lanzado sin pensar al ataque, y ahora los dos estaban en aquel lio por su culpa. Pero es que…
-Yo…no podía…-empezó a decir Louise, con dolor y frustración en su tono. Calcifer volvió a gruñir.
-¡Louise, céntrate! Ahora no tenemos tiempo para eso. Si tienes tiempo de lamentarte, lo tienes de buscar una solución.
-…está bien-dijo, girándose para encarar el golem, que avanzaba hacia ellos-. Vale, ¿Cómo nos lo cargamos?
-Probaremos a hacerlo a la antigua: le lanzamos lo más fuerte que tengamos, y a ver si con eso basta.
-Ya… ¿y si no?
-Bueno…en ese caso somos tortilla-respondió bromeando Calcifer, aunque su sonrisa no escondía sus nervios internos. SI no lo conseguían, realmente acabarían hechos papilla.
-Calcifer, no va a funcionar. Mis conjuros no son lo bastante potentes, y dudo que siquiera una bola de fuego pudiera derribar al golem de un golpe.
-No hablo de ninguna bola de fuego. Lo que necesitamos ahora es…-Calcifer miró decidido a Louise a los ojos-…una de tus explosiones.
Louise devolvió la mirada a su familiar, convencida de que este se había vuelto loco.
-¿Estás loco?-y así se lo preguntó-. ¡Mis explosiones no son lo bastante fuertes para tumbar esa cosa!
-¿Ni siquiera si…lo hacemos juntos?-preguntó Calcifer, y entonces Louise lo entendió. Sí, eso podía funcionar, aunque…
-Si eso fuera posible…seria una explosión tremenda. ¿No crees que nos alcanzará?-Calcifer se rió un poco, claramente nervioso.
-¿Y qué otra opción tenemos? Si lo hacemos, PUEDE SER que muramos. Si no lo hacemos, fijo que morimos-dijo, sopesando sus opciones-. ¿Qué quieres que te diga? "Pocas posibilidades" es siempre mejor que "ninguna en absoluto".
Louise miró algo temerosa a su familiar, pero se vio obligada a asentir. Si, no le gustaba la idea, pero era lo que había. "Hacer, o perecer", como decía su madre. Louise miró decidida al golem, que se les acercaba por momentos.
-Calcifer-dijo, sin un ápice de miedo en su voz-, hagámoslo. Dámelo todo esta vez.- Louise empezó a canalizar poder en su varita, haciendo uso de sus reservas de energía.
-¡Acabemos con él, compañera!-exclamó Calcifer, una ancha sonrisa de decisión plasmada en su rostro, mientras unas runas azules ardían de pronto en su frente. Contrayéndose un poco sobre si, Calcifer unió su vasto poder al de Louise. Si bien antes había encauzado su fuerza para que se adaptara al conjuro que Louise había intentado lanzar, esta vez no estaba para miramientos. Agarrando el poder de ambos con sus manos (metafóricamente todo, claro), Calcifer lo mezcló todo en una masa uniforme de poder crudo, el combustible perfecto para un conjuro simple y poderoso: una explosión.
Louise sintió el descomunal poder de su interior crecer y aumentar por momentos. Esa sí que iba a ser una explosión para recordar. Mientras pensaba en que conjuro utilizar (después de todo, todos acababan igual), algo dentro de ella…cambió. De repente, fue consciente de algo, algo que se le antojaba familiar, aunque a la vez era algo ajeno a ella. Su mente se llenó con extrañas palabras que no entendía, aunque su intención era claro para ella. Su boca las pronunció sin que ella pudiera controlarlo y sin acabar de entender del todo lo que estaba diciendo. En su otra mano, Calcifer estalló en llamas azules, cambiando su aspecto inocente a otro más aterrador, con largos ojos rasgados y una boca llena de colmillos, mientras que sus apacibles llamas habituales crecían hasta convertirse en violentas llamaradas azules. En su frente, las runas habían empezado a brillar con más intensidad que nunca.
La varita de Louise empezó a brillar de azul. El misterioso conjuro fue pronunciado. Decidida, Louise miró desafiante a la gigantesca mole que se les venía encima. Fouquet solo podía contemplar con algo de recelo como sus objetivos empezaban a brillar, mientras que un enorme poder parecía provenir de sus cuerpos, tan brillantes como un faro. En el exterior, todos los magos que no habían huido contemplaron anonadados como el interior del tornado empezaba a brillar, su luz atravesando los fuertes vientos arenosos y permitiendo ver a contraluz el enorme cuerpo del golem. Tabitha y Kirche fueron las primeras en sentirlo.
-¡Tabitha! ¿Eso es…?
Tabitha asintió:- Huyamos- Y cogiendo a su amiga, ambas se subieron a lomos de Sylphid y emprendieron la retirada. Fuera lo que fuera, iba a ser algo gordo. "Louise…ten cuidado…", pensó Kirche, preocupada por la joven Vallière.
-Calcifer, ¿estás preparado?-preguntó Louise, con calma, pero con decisión.
-¡Hagámoslo!-exclamó Calcifer, evidentemente emocionado y ebrio de poder.
Louise cerró los ojos…Inspiró…Expiró…Abrió los ojos.
-¡EXPLOSIÓN!
Puertas de la Academia, en esos momentos:
-¡Majestad, no! ¡Debemos ponerla a salvo!-exclamó uno de los caballeros, agarrando a la princesa mientras esta pugnaba por volver a entrar en la Academia.
-¡No, dejadme! ¡Aun queda gente dentro!-exclamó, aunque solo una persona vino a su mente en esos instantes, la misma que había visto quedarse encerrada en el tornado con el golem.
-¡Ya es tarde, majestad! ¡Debemos irnos!
-¡LOUISE!-exclamó Henrietta, con lagrimas en los ojos.
Y, de repente, algo explotó. Con mucha, mucha fuerza.
Si bien para los que no se encontraban cerca (y con eso queremos decir los del pueblo de al lado) lo único que sintieron fue una tremenda explosión que parecía provenir de la Academia, los que allí se encontraban lo vivieron de una forma un tanto menos clara.
Primero, fue una brillante luz. Luego, una onda expansiva que tiró a todo el mundo al suelo, deshaciendo el tornado en un instante y partiendo en mil pedazos todas y cada una de las ventanas del castillo, del cual la pared más cercana a la explosión acabó hecha casi añicos. Y, finalmente, vino el tan esperado ¡BUM! Solo que este BUM fue tan fuerte, que más que oírlo la gente lo sintió reverberando por todo su cuerpo, con una intensidad tal que era casi doloroso.
Una vez Sylphid hubo recuperado el control tras la onda expansiva, Kirche y Tabitha contemplaron sorprendidas la gigantesca nube de polvo que había levantado la explosión, tan grande que casi superaba la altura de la propia Academia.
-"Louise…"-pensó Kirche, demasiado sorprendida como para pensar algo más coherente-"…esta vez te has pasado".
Terrenos de la Academia, en el recién formado cráter:
Tierra cayendo a su cara. Miembros adormecidos. Zumbido de oídos. Polvo en sus ojos y nariz. La espalda contra el suelo. Luego, dolor. Dolor. Dolor.
Si para los de fuera había sido una explosión tremenda, Louise estaba segura de que los de dentro no tenían nada que envidiarles.
Louise yacía estirada en el suelo, su cuerpo hecho polvo tras la explosión, mientras cascotes y trozos de tierra atravesaban la nube de polvo y caían al suelo. La parte racional de su cerebro le informó de que, si le dolía el cuerpo, al menos eso significaba que había conseguido no quedarse paralitica en el intento. "Bien hecho, Louise", se dijo a sí mismo ", te has ganado una palmadita en la espalda". Levantando la cabeza del suelo, comprobó que Calcifer se encontraba junto a ella, también estirado en el suelo. A diferencia de ella, parecía estar inconsciente, su cuerpo algo más pequeño de lo normal y apagado.
"Así que así acaba todo…con una explosión final, como decían todos", pensó Louise, resignándose a su destino. "Al menos, me voy a lo grande. Seguro que a Calcifer también le hubiera encantado". Louise se esforzó por sonreír una última vez, mientras se preguntaba que había sido de Fouquet.
No tuvo que esperar mucho.
Saliendo de entre el polvo frente a ella, Fouquet avanzó con paso algo tambaleante. Su ropa había sufrido daños en varias zonas, si bien su rostro permanecía oculto por la capucha. Su brazo izquierdo colgaba inerte a su lado, sujeto por el hombro con la otra mano, mientras un reguero de sangre discurría por el hasta el suelo. Cojeaba ligeramente.
-¿Cómo…como has…sobrevivido…?-dijo Louise, esforzándose inútilmente por ponerse en pie.
-Nunca subestimes… a una maga triangular de tierra, niña-dijo, el dolor más que evidente en su voz-. Reconozco que ha sido un esfuerzo valeroso, pero inútil. Gano yo.
-¿Vas…a matarme…?-preguntó, provocando la risa de Fouquet, quien tuvo que parar de reír para agarrarse el lateral con cara de dolor.
-Ah…jaja…no me hagas reír, que creo que me has roto un par de costillas-bromeó la ladrona. Sacándose una botellita de cristal de dentro de la túnica, bebió un poco de su contenido. Luego, se dirigió hacia donde estaba Louise, caminando mejor que antes-. Si realmente te quisiera muerta, no haría esto…- Arrodillándose junto a ella, levantó con cuidado la cabeza de Louise, metiéndole el resto de la poción en la boca y forzándola a tragar para no ahogarse. Si bien inmediatamente el dolor remitió un poco, aun estaba muy débil para ponerse en pie. Fouquet se dirigió hacia Calcifer-. Entonces, con permiso, me voy…con tu familiar. Espero que no te importe.
Fouquet hizo levitar la tierra bajo Calcifer, y lo metió en un farol que se sacó de bajo la capa. Luego, empezó a alejarse de allí, mientras Louise miraba con impotencia como se llevaba a Calcifer.
-No…no…Cal…cifer…-Finalmente, el cansancio acabó por hacer mella en Louise, mientras su conciencia se desvanecía poco a poco. Lo último que alcanzó a ver antes de que la oscuridad cubriera sus ojos era la figura de la ladrona, apenas iluminada por la tenue luz del farol, desapareciendo entre la nube de polvo.
¡NOOOOOOOOOOOOO, CALCIFEEEEEER!
¡Fouquet ha secuestrado a Calcifer! ¿Por qué? ¿Cuál es su propósito?
Todo esto y mucho más, en el siguiente capítulo…esperemos.
Chao, chao.
